El principal gestor de esta idea, que movió los hilos durante este período desde el Ministerio del Interior, fue Rodolfo Martínez. El frente reaviva el sentimiento "gorila" de los sectores militares. El ex dictador Pedro Aramburu inicia su campaña al frente de la Udelpa (Unión del Pueblo Argentino) y los radicales levantan la fórmula Illia-Perette, que resultaría ganadora gracias a la proscripción del peronismo y de toda fuerza o persona que pretendiera su representación política.
 
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Sociedad e Interés General - 03-05-2019 / 08:05
EFEMÉRIDES POPULARES

Se arma el Frente Nacional y Popular, una parodia de partido democrático creado por los antiperonistas de la dictadura

Se arma el Frente Nacional y Popular, una parodia de partido democrático creado por los antiperonistas de la dictadura
El frente reaviva el sentimiento "gorila" de los sectores militares. El ex dictador Pedro Aramburu inicia su campaña al frente de la Udelpa (Unión del Pueblo Argentino) y los radicales levantan la fórmula Illia-Perette (foto), que resultaría ganadora gracias a la proscripción del peronismo y de toda fuerza o persona que pretendiera su representación política.
El 03 de mayo de 1963, en Buenos Aires, se constituye el Frente Nacional y Popular -una parodia de partido democrático creado por varios personeros antiperonistas de la dictadura, como el periodista Mariano Grondona, el político Oscar Camilión y el general Justo Bengoa-: sus candidatos son los políticos no peronistas Silvestre Begnis y Vicente Solano Lima.
 
El Frente Nacional y Popular estaba integrado, por lo tanto, por la UCRI, la Unión Popular, el Partido Conservador Popular, el Movimiento del Frente Nacional, el Movimiento por un solo Radicalismo, el Partido Federal y la Unión Federal.
 
Alain Rouquié define este frente como el lugar donde "los militares azules tenían que ponerse de acuerdo con los peronistas respetuosos, notables locales o burócratas sindicales, a fin de formar una alianza de grupos políticos y de clases sociales análoga a la que anhelaban Frigerio y sus acólitos: una coalición de 'productores' (obreros e industriales) interesados en modernizar el país con el apoyo de un Ejército resueltamente industrialista".
 
El principal gestor de esta idea, que movió los hilos durante este período desde el Ministerio del Interior, fue Rodolfo Martínez. El frente reaviva el sentimiento "gorila" de los sectores militares. El ex dictador Pedro Aramburu inicia su campaña al frente de la Udelpa (Unión del Pueblo Argentino) y los radicales levantan la fórmula Illia-Perette, que resultaría ganadora gracias a la proscripción del peronismo y de toda fuerza o persona que pretendiera su representación política.
 
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En 1963, Frondizi y Frigerio vinieron a llamar "productores" a los que Perón, apoyado por la clase obrera, llamó "una sola clase de hombres: los que trabajan". El interés era "defenderlos", no "igualarlos" oponiéndolos como unidad frente a la oligarquía agroexportadora que creía que podía prescindir de los sectores industriales que tanto conflicto traían al país; una clase ociosa que vive de rentas y que está aliada al imperialismo por su extrema dependencia del mercado exterior.
 
En el Ejército, por un lado crecía el compromiso con la política de defensa continental delineada desde el Pentágono, por la cual los enemigos estaban, ahora, de las fronteras para "adentro" y, como lógica contrapartida, los aliados estaban "afuera", concepción que empezó a delinearse al final de la guerra, en 1945.
 
Pero, por otra parte, los mandos cada vez tomaban más conciencia de las falencias del material bélico que Estados Unidos les "prestaba" por algunos años, manteniendo, con la propiedad, el derecho a intervenir en las decisiones para su utilización.
 
Lo que la potencia del Norte vendía a los ejércitos latinoamericanos era material de desecho, casi inútil, pagado a altos costos. La falta de modernización hundía más a las Fuerzas Armadas, convirtiéndolas en meros custodios de los intereses norteamericanos en la región.
 
Esta situación, alimentó posiciones industrialistas, sobre todo en el Ejército, e impulsó planes de desarrollo de industrias de base -en especial las vinculadas con la producción de guerra-, de modernización del Estado y de actualización de la infraestructura: todo cuanto a usinas hidroeléctricas, puentes y caminos se refiere.
 
Había condiciones para que estos sectores del Ejército se sumaran a un proyecto "industrialista" digitado por el frigerismo. Civiles y militares se pusieron en marcha con el fin de hacer coincidir, en la práctica política, un plan que, desde afuera, desde el punto de vista de un observador ajeno a las particulares características de nuestro país, parecería totalmente descabellado.
 
Católicos y ateos, frondicistas, desarrollistas, corporativistas y peronistas, obreros y burgueses, civiles y militares sumaban fuerzas que serian coordinados por tres figuras ausentes: Perón desde Madrid, a través de su delegado personal y de una amplia y bien manejada correspondencia, mantenía casi intacto su poder de convocatoria. Frondizi, desde su confinación en Bariloche y Rogelio Frigerio -el "Maquiavelo" de la política desarrollista- que actuaba incansablemente desde su exilio en Montevideo.
 
El peronismo había encontrado la fórmula para participar de las elecciones a través de un pequeño partido, la Unión Popular, fundado en 1955 por el ex ministro de Perón, Bramuglia, y liderado por Rodolfo Tecera del Franco, que formaba parte del Consejo Coordinador del Justicialismo.
 
El Frente Nacional y Popular estaba integrado, por lo tanto, por la UCRI, la Unión Popular, el Partido Conservador Popular, el Movimiento del Frente Nacional, el Movimiento por un solo Radicalismo, el Partido Federal y la Unión Federal.
 
El problema era encontrar candidato..., pero ésa es otra historia. Antes de que se empezaran a barajar los nombres, la Marina reaccionó enérgicamente, en febrero, para que se aplicara a la Unión Popular el decreto nº 7165/62 por el que se reprimía al peronismo y a toda fuerza o persona que pretendiera su presentación política.
 
Fuente: El Ortiba

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24-05-2019 / 18:05
24-05-2019 / 18:05
En 1809, la Junta Central de Sevilla envió como nuevo virrey del Río de la Plata a Baltazar Hidalgo de Cisneros, quien ordenó la desmovilización de las milicias que habían defendido Buenos Aires de las invasiones inglesas de 1806 y 1807, además de exigir el restablecimiento del monopolio comercial español. Los criollos bonaerenses rechazaron ambas medidas.
 
Mantuvieron sus tropas armadas y presionaron por la tolerancia de comercio con Inglaterra, que ahora era aliada de la Junta Central de España en la guerra contra Napoleón. El virrey, consciente de la debilidad de sus fuerzas y sin esperanza de recibir ayuda de la metrópoli, aceptó las demandas de Buenos Aires.
 
Un grupo de criollos se reunía secretamente discutiendo diversos planes para derrocar al virrey. Los más activos eran los militares Cornelio Saavedra Miguel de Azcuénaga, los abogados Manuel Belgrano, José Castelli y Mariano Moreno, y los comerciantes Juan Larrea y Domingo Matheu.
 
El 17 de mayo de 1810 llegó una noticia que desencadenó la revolución. En España había caído la Junta Central, la que había nombrado virrey a Cisneros, y se había instalado un Consejo de Regencia, arrogándose la representatividad de España y las colonias. En los días siguientes, los conspiradores bonaerenses movilizaron las milicias y convocaron al pueblo a Cabildo Abierto y destituyeron al virrey, declarando que su autoridad era ilegítima, al no existir la Junta que le había otorgado el cargo.

La Revolución de Mayo inició el proceso de surgimiento del Estado Argentino sin proclamación de la independencia formal, ya que la Primera Junta no reconocía la autoridad del Consejo de Regencia de España e Indias, pero aún gobernaba nominalmente en nombre del rey de España, Fernando VII, quien había sido depuesto por las Abdicaciones de Bayona y su lugar ocupado por el francés José Bonaparte.
 
Aun así, dicha manifestación de lealtad, conocida como la máscara de Fernando VII, es considerada una maniobra política que ocultaba las intenciones independentistas de los revolucionarios, inspirados en la Revolución Francesa y la Independencia de Estados Unidos. Así, el 25 de mayo de 1810 tiene más valor simbólico que histórico. Valor simbólico de un hecho fundacional que todo pueblo necesita reconocer para afianzar su identidad.
 
No hubo violencia, que es una de las características ineludibles que tiene el vocablo revolución, ni hubo cambios radicales. No fue tampoco una gran movilización popular como lo fue la reconquista de Buenos Aires durante las invasiones inglesas. No fue un gesto imperativo de la masa sublevada como el 17 de octubre de 1945, pero tampoco una decisión tomada exclusivamente por los doctores y la "gente decente" como lo cuenta la historia liberal mitrista.
 
No declaró la independencia pues se hizo en nombre de Fernando VII. Destituyó un virrey, pero ese hecho ya tenía antecedentes con la destitución de Sobremonte cuando se eligió a Liniers. No existieron las escarapelas celestes y blancas que nos enseñó falsamente la historia oficial porque se repartían estampitas con la efigie de Fernando VII, con un tono rojizo como el de la bandera española.
 
Por último, aunque parece evidente que no puede asignarse a un día y a un hecho puntual la carga simbólica de la independencia y constitución de la Argentina libre y soberana, hay quienes consideran el 9 de julio, fecha de la declaración de la Independencia, como ícono del nacimiento del país, y otros, a la fecha del 25 de mayo.
 
Uno de los motivos del debate tiene que ver con el hecho de que hay quienes consideran que la Revolución de Mayo fue un acontecimiento protagonizado solo por Buenos Aires mientras que la Declaración de la Independencia fue un acto que contó con la activa participación de las provincias. Parece claro, eso sí, que la Revolución de Mayo es la celebración del inicio de una serie de acontecimientos que desembocaron en la formalización de la independencia en 1816.
 
La Opinión Popular



24-05-2019 / 18:05
El Club Atlético River Plate es un club deportivo de la ciudad de Buenos Aires. Es el equipo que ganó más campeonatos locales de índole profesional en la Argentina. Fue fundado, de acuerdo a la versión oficial del club, el 25 de mayo de 1901.
 
Originalmente instalado en el barrio de La Boca, luego se mudó al barrio de Palermo, donde tenía su propio estadio, pero con el paso de los años el club creció en popularidad y tuvo que trasladarse en 1938 al barrio de Belgrano, al norte de la ciudad de Buenos Aires, donde se ubican sus instalaciones, aunque generalmente se relaciona la ubicación del club con el barrio de Núñez. Su histórico rival es el Club Atlético Boca Juniors, con quien disputa el llamado Superclásico del fútbol argentino.
 
Es el club más ganador del profesionalismo, con 56 títulos. En el plano nacional, ostenta el récord de haber ganado 36 campeonatos de Primera División (1 durante el amateurismo y 35 en el profesionalismo), lo que lo hace el máximo campeón del fútbol argentino. Además, también alcanzó el título de campeón en 8 copas nacionales oficiales (1 en la era amateur y 7 en la profesional) y 2 títulos de Segunda División (1 en la era amateur y 1 en la era profesional).
 
El club también posee 15 títulos internacionales oficiales de mayores,16 entre los que se cuentan una Copa Intercontinental, tres Copas Libertadores, una Copa Interamericana, una Copa Sudamericana, una Supercopa Sudamericana, una Recopa Sudamericana y una Copa Suruga Bank, todos ellos organizados por la Conmebol.
 
La Opinión Popular

24-05-2019 / 18:05
24-05-2019 / 17:05
Néstor Carlos Kirchner fue una figura política decisiva en la  Argentina de los últimos tiempos. Asumió como presidente el 25 de mayo de 2003 y su gobierno generó un estilo que rescató la política del descrédito en que había caído, privilegió la militancia y jerarquizó la figura presidencial y su autoridad, degradada después de la crisis de 2001.
 
Significó un cambio total respecto al nefasto modelo neoliberal que se implantó con el golpe militar de 1976, se profundizó en la década de los 90 con el menemismo, explotó con la crisis de 2001 y terminó con el gobierno radical de la Alianza.
 
Hoy todos debemos reconocer los logros concretos de su gestión, como: el crecimiento económico; el desarrollo de la industria nacional y la importante contracción de la tasa del desempleo; las mejoras salariales en la mayoría de las actividades, que han superado las proyecciones inflacionarias; el auge del consumo y el crédito; la ampliación de los beneficios jubilatorios para personas que no habían hecho aportes; la función activa del Estado desplazando al "mercado".
 
Además, el discurso reivindicativo, nacional y popular, frente a las grandes corporaciones empresariales y a organismos internacionales como el FMI; la renovación de la Corte Suprema; el desendeudamiento con el Fondo Monetario Internacional; la política de Derechos Humanos y la nulidad de las leyes de obediencia debida: la integración regional... Por todo esto, ya tiene un lugar en la historia, con toda justicia.
 
El oficialismo quiso construir un mito con la figura de Néstor Kirchner, para que cumpla una función unificadora de los K, corriendo el riesgo de transformarlo en fábula. Antes de convertirlo en mito, sus seguidores deberían darle la oportunidad de ser juzgado sin pasiones, simplemente como un hombre de su tiempo.  
 
Lo real es que Néstor Kirchner ha marcado un antes y un después. Es parte fundamental en la realidad argentina, vive en el corazón de su pueblo, porque puso nuevamente en marcha un proyecto político peronista transformador que forjó nuevos derechos, en la pelea por la igualdad de oportunidades y la equidad social, en la lucha permanente de la causa nacional y popular por: la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Justicia Social.
 
Transcribimos aquí su discurso completo en la asunción presidencial en la Asamblea Nacional.
 
Por Blas García

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