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Internacionales - 01-05-2019 / 10:05
EL ALZAMIENTO MILITAR QUE NO FUE

Fracasó el intento de golpe militar proyanqui en Venezuela

Fracasó el intento de golpe militar proyanqui en Venezuela
UNA VERGÜENZA LO DE GUAIDO Y LÓPEZ. Ni batallones repletos de soldados hastiados se sumaron a la "rebelión" popular, ni las calles se llenaron de opositores dispuestos a llegar al Palacio de Miraflores para acabar con lo que el jefe del Parlamento y "presidente encargado" llama "la usurpación". Y, mucho menos, ha caído el régimen chavista, que sigue en pie, aunque con la salud algo esmerilada.
 
Unas 10 horas después del anuncio de Juan Guaidó sobre la "liberación" del líder opositor Leopoldo López, poco ha cambiado en la Venezuela de Nicolás Maduro: ni batallones repletos de soldados hastiados se sumaron a la "rebelión" popular, ni las calles se llenaron de opositores dispuestos a llegar al Palacio de Miraflores para acabar con lo que el jefe del Parlamento y "presidente encargado" llama "la usurpación". Y, mucho menos, ha caído el régimen chavista, que sigue en pie, aunque con la salud algo esmerilada.
 
Con la "liberación" de López -es justo aclarar que estaba con prisión domiciliaria y que no resultaba muy difícil romper ese encierro en un país en el que el propio Guaidó entra y sale de Venezuela aún teniendo orden de captura-, el líder opositor pretendía generar un golpe de efecto en una alicaída resistencia, que había fracasado ya en cercar a Maduro cuando fue nombrado por la Asamblea Nacional como presidente encargado, en enero, o cuando intentó distribuir la ayuda humanitaria que se había acopiado en Colombia, Miami y Curazao.
 
Todo con un fuerte respaldo internacional y la presión constante del gobierno de Estados Unidos sobre el régimen, que aún se las ingenia para retener las adhesiones de Cuba, Bolivia y Nicaragua, pero que ha sumado el respaldo de jugadores con más peso en el escenario internacional, no sólo político sino económico, clave para un país arrasado por la hiperinflación y la escasez: Rusia, Turquía y, de algún modo, también China.
 
Pese al llamado de Guaidó y a las insinuantes declaraciones golpistas de John Bolton -el "halcón" asesor de seguridad nacional del polémico Donald Trump- dirigidas a los militares para que se subleven contra Maduro, no ha habido ni un solo alto mando o mando intermedio con influencia sobre las tropas que haya dado el paso al frente para reconocer al titular del Parlamento como legítimo presidente de Venezuela.
 
¿Todo esto fue para que Leopoldo López pudiera marcharse al exilio? Es una conclusión no tan apresurada al observar que la llamada "Fase Final de la Operación Libertad" fue un desastre.
 
Por ahora, las novedades son: 1. Leopoldo López se encuentra en la embajada de España en Caracas, junto a su familia; 2. Nicolás Maduro cambió a su jefe de inteligencia y anunció que tres fiscales investigarán a los involucrados en la intentona golpista; 3. ¿Realmente Mike Pompeo, el secretario de Estado yanqui, creyó que Maduro se marchaba al exilio cuando dos días antes ya había sido advertido por Rusia de lo que estaba  en preparación y se realizaron procedimientos preventivos?
 
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No hay en la historia reciente de América latina regímenes autoritarios o democráticos que hayan caído en desgracia sólo por la presión popular. Si el grueso de las fuerzas armadas no le quitan la alfombra o se muestran prescindente, poco puede cambiar. 
 
Ocurrió con Alfredo Stroessner en Paraguay, con Abdalá Bucaram y Lucio Gutiérrez en Ecuador, con Alberto Fujimori en Perú, Manuel Zelaya en Honduras, Jorge Serrano Elías en Guatemala y hasta Raoul Cedrás en Haití. Todos ellos fueron arrastrados al ostracismo cuando los generales les dieron la espalda.
 
Que lo diga, si no, el régimen nicaragüense de Daniel Ortega, que lleva un año resistiendo manifestaciones de protesta a punta de represión, paramilitares en las calles y arrestos indiscriminados de opositores. 
 
El mismo manual de Maduro, que esta vez, pese a los 60 heridos y los 11 arrestados, parece haberse cuidado de no desatar una represión indiscriminada por parte de las fuerza de seguridad o de los llamados "colectivos", que regularmente aterrorizan las manifestaciones opositoras y tiran a matar al amparo de las caras cubiertas.
 
El respaldo militar a Maduro es clave, pero no la única pata que le permite mantenerse en el poder. Es innegable que aún, y pese al descalabro de la economía que golpea por igual a chavistas y antichavistas, el régimen goza de un respetable apoyo en sectores de la sociedad que viven del sueño de la "Revolución Bolivariana" inaugurada hace ya larguísimos 20 años.
 
Aunque aún es prematuro imaginar cómo evolucionará esta intentona de Guaidó, una movida con más impacto mediático en el exterior que eficiencia política en Venezuela, parece claro que Maduro no ha sido derrotado y que sabe cómo pasar a la ofensiva. 
 
Ya ha cortado las transmisiones de medios opositores o cadenas internacionales, no dudará en en "reprimir selectivamente" a la oposición y en movilizar a sus bases, mientras gana tiempo, en busca de que pase el temporal. 
 
Los 25 militares que se sublevaron por la mañana pidieron asilo en la embajada de Brasil y López ingresó a la de Chile. Guaidó, en tanto, como líder de una oposición que no logra encolumnarse detrás de un objetivo claro, deberá seguir mendigando el apoyo de los cuarteles.
 
Autor: Pablo Biffi
 
Fuente: Clarín
 

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22-09-2019 / 09:09
22-09-2019 / 09:09
20-09-2019 / 20:09
La crisis comenzó en el día 21 de septiembre de 1993 cuando el presidente Borís Yeltsin decretó la disolución del Congreso de los Diputados del Pueblo de Rusia y el Sóviet Supremo de Rusia, organismos que eran un obstáculo para su consolidación en el poder y la realización de la reforma neoliberal. El decreto de Yeltsin era ilegal al ir en contra de la vigente Constitución de la RSFS de Rusia de 1978.
 
El Congreso rechazó el decreto presidencial y aprobó la destitución del presidente Yeltsin mediante una apelación. El vicepresidente en vigor, Aleksandr Rutskói, fue nombrado presidente, tal y como mandaba la constitución. El 28 de septiembre las protestas públicas contra el gobierno de Yeltsin tomaron las calles en Moscú. En la represión de las mismas se produjeron varios muertos.
 
El ejército, bajo el control de Yeltsin, determinó el final de la crisis. Los diputados se encerraron en la Casa Blanca, edificio sede del Parlamento ruso, y se dispusieron a resistir el asedio de las fuerzas bajo control del depuesto presidente. La semana siguiente las protestas populares contra Yeltsin y en apoyo al Parlamento y al Soviet fueron creciendo. Alcanzaron el punto álgido el día 2 de octubre. Rusia se encontraba a las puertas de una guerra civil.
 
En ese punto, las cúpulas militares mostraron su apoyo al depuesto presidente y este ordenó el desalojo de la Casa Blanca a la fuerza. La orden de Yeltsin se materializó mediante el bombardeo, por carros de combate y artillería del edificio sede de la soberanía popular. La Casa Blanca fue destruida y muchos de sus ocupantes murieron en el ataque. El propio gobierno estimó el número de muertos en 187 y en 473 el de heridos.
 
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20-09-2019 / 20:09
20-09-2019 / 20:09
Anastasio Somoza García fue un militar, empresario, terrateniente y dictador nicaragüense, conocido por "Tacho", que fue presidente de Nicaragua de 1937 a 1947 y una segunda ocasión de 1950 a 1956, sumando en total dieciséis años de ejercicio pleno del cargo, además de mantener un grupo de gobiernos títeres entre sus dos períodos, sobre los cuales ejerció un poder dictatorial notorio.
 
De clase acomodada, era hijo del senador y hacendado Anastasio Somoza Reyes, se inició trabajando como empresario, ámbito en el que obtuvo poco éxito, para luego pasar a involucrarse en la política, tras la intervención de Estados Unidos en Nicaragua, a causa de las políticas antiimperialistas de José Santos Zelaya, pasando Anastasio Somoza a formar parte de la rebelión, logrando ganarse la confianza de los principales dirigentes yanquis en Nicaragua, ascendiendo rápidamente en la Guardia Nacional.
 
Somoza pasó a ocupar la presidencia de Nicaragua con el pleno apoyo de Estados Unidos, consolidando cada vez más su poder, mediante la persecución política y la represión, consiguiendo mantenerse al frente de Nicaragua durante casi dos décadas, al mismo tiempo que fue capaz de amasar una vasta fortuna que lo transformó a él y a su familia en una de las más acaudaladas de toda Latinoamérica, siendo Somoza catalogado, poco antes de morir, como el quinto hombre más Rico del Mundo.
 
Un patriota ejemplar, el poeta Rigoberto López Pérez, que se inmoló, ejecuta el tiranicidio del general Anastasio Somoza García, dictador de Nicaragua. Tras haber sido postulado para una nueva reelección, previa reforma constitucional, el 21 de septiembre de 1956 es atacado, muriendo pocos días después. Su hijo Luis Somoza Debayle lo sucedió en el poder como dictador.
 
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