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Nacionales - 10-04-2019 / 10:04

El Fondo Monetario ataca de nuevo

El Fondo Monetario ataca de nuevo
Las políticas del FMI pusieron en escena al mismo organismo añejo que, cada vez que tomó control de una economía en problemas, empeoró gravemente su crisis. Por supuesto, probar otra vez con el mismo veneno no puede ser un error.
Las políticas del FMI pusieron en escena al mismo organismo añejo que, cada vez que tomó control de una economía en problemas, empeoró gravemente su crisis. Por supuesto, probar otra vez con el mismo veneno no puede ser un error.
 
Detrás del aparente tecnicismo exhibido por su staff y por los funcionarios del gobierno de Mauricio Macri, hay una decisión política dura, omitida en los análisis de los medios de comunicación dominantes: reprimarizar la economía para hacerla más dependiente del interés de las grandes potencias. Es el mismo resultado de los ensayos de la última dictadura militar y de la Convertibilidad.
 
Si bien el Gobierno ya venía transitando ese camino desde que asumió, como resultado de la reducción del crédito a la producción, de los recursos a la ciencia y la tecnología, de la liberalización comercial y financiera, de la baja del consumo y del aumento del costo energético y del transporte, el enorme aporte de capital del FMI y sus exigencias de recorte más acelerado del gasto público, imprimen una mayor velocidad al proceso de degradación de la estructura productiva.
 
El notable desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación de los últimos 25 años es la principal razón de que la película dure mucho menos que, por ejemplo, en la destrucción de los años noventa, cuando el soporte de las telecomunicaciones todavía no estaba tan extendido.
 
Los capitales financieros pueden realizar sus operaciones de transferencias de recursos de la producción al capital financiero en mucho menor tiempo.
 
Igual que en las dos experiencias neoliberales previas, el gobierno se muestra como un alumno ejemplar. La reducción del déficit fiscal primario es un hecho, a costa esencialmente de un brusco recorte del gasto público, pero también de contramarchas en materia impositiva.
 
Al igual que en los acuerdos anteriores con el FMI, en el presente arreglo y en sus respectivas revisiones no hay ninguna referencia sobre cómo la estructura productiva debería transformarse para honrar los compromisos de capital e intereses de la deuda.
 
¿Cómo es el final? Igual que en los anteriores ciclos neoliberales. Mayores exigencias en materia de ajuste del gasto público y pérdida de derechos de la población y, ante la imposibilidad de cumplimiento por la reacción social, un súbito vuelco de los funcionarios del FMI en contra del financiamiento de nuestra economía que representará el golpe de gracia definitivo.

 
Si bien el resultado de la recaudación viene cediendo en términos reales en los últimos meses, la suba de las tarifas de los servicios públicos, el aumento de los impuestos y de los precios de los combustibles, la generalización de las retenciones y la quita de reintegros a las exportaciones son los principales pilares que moderan la merma de la capacidad recaudatoria.
 
La oferta de esos sectores es de fácil percepción impositiva y, en el caso de las tarifas y los combustibles, además, poseen una demanda poco sensible a las variaciones de los precios y así van captando una creciente porción del presupuesto de los hogares y de las empresas.
 
Eso permite que el desplome de la recaudación por la caída del consumo, de la inversión y de la producción que generan las actuales políticas sea compensado en buena medida.
 
Una economía que recibe un aporte superior al 10% de su PBI en un año y que lo deberá devolver mayoritariamente en el lapso de cuatro años debería tener una planificación de políticas públicas de estímulo a la producción y especialmente a la exportación para generar los recursos que hagan sustentable el proceso, sobre todo considerando que hoy, a pesar de ese ingreso de capitales, la situación es muy compleja y en los siguientes años deberá devolver esos capitales con una estructura productiva disminuida.
 
Ese es el motivo central por el cual el riesgo país sigue en ascenso y esta semana ya alcanzó los máximos niveles de la administración de Cambiemos, sin que, como el año pasado, el panorama internacional se haya modificado negativamente para el país y que las metas de reducción del déficit fiscal se hayan sobre cumplido.
 
Por el contrario, vuelven a tomar medidas que erosionan la capacidad productiva. La crisis que promueve el FMI también busca ser ocultada a través de absurdas previsiones de las variables económicas plasmadas en las revisiones del acuerdo, realizadas en octubre y marzo últimos.
 
En particular, es asombroso que la titular del FMI felicite públicamente la labor del gobierno nacional y, al mismo tiempo y sin factores externos que hayan perjudicado la evolución de la economía, aumente en 10 puntos porcentuales su proyección de inflación anual de 2019 del 20% al 30% cuando esa variable es central desde la óptica del organismo financiero.
 
Evidentemente, la parcialidad del Fondo para aportar recursos no se limita solo al capital del préstamo que prácticamente se agota al momento de finalización del período preelectoral, sino que también hace campaña inventando escenarios ridículamente optimistas.
 
Es claro que los inversores financieros ya comenzaron a avizorar el final de esta acelerada película repetida y, por eso, los depósitos a plazo fijo, pese a pagar tasas superiores al 45% desde mediados de marzo, comenzaron a contraerse durante el último mes, por primera vez desde el inicio de la crisis macrista.
 
Por Mariano Kestelboim
 
Fuente: BAE Negocios
 

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18-04-2019 / 10:04
18-04-2019 / 09:04
Durante semanas los medios ultraoficialistas: Clarín, La Nación e Infobae, estuvieron anticipando supuestas medidas para conjurar el impacto inflacionario, para aguantar hasta las elecciones. Es que el desquicio de precios descontrolados, tarifas en incesante aumento, despidos y suspensiones masivas complican las posibilidades de reelección de Mauricio Macri.
 
Y el anuncio falló desde su misma presentación. Se supone que la intención, ante una realidad económica que le es absolutamente esquiva al gobierno de Macri, y tras un golpe de nocaut como el dato de la inflación de marzo, era que el Gobierno demostrara que estaba de pie, que generara confianza como para que le creyeran que podía llegar a las elecciones entero.
 
Lo calificaron de Plan Aspirina, Plan Parche, "paquetito" y hasta hubo quien lo comparó con la táctica de un técnico de fútbol que se sabe despedido y juega en el último partido con toda la audacia que nunca tuvo, con los jugadores y la estrategia en los que nunca creyó, para despedirse, fracasado, diciendo "hice lo que me pedía la gente".
 
El primer gesto fue esconder al Presidente y mostrarlo apenas asomado a un video mal editado del cual se presumía ser producto de una charla espontánea con una vecina. Mala elección. Peor aún para quienes tuvieron que dar la cara y responder ante la inevitable pregunta del periodismo. ¿Por qué no hizo los anuncios el Presidente?
 
También hizo agua el fondo de las medidas. ¿Hacía falta recurrir justamente a medidas K, tantas veces vilipendiadas, para ser presentadas ahora como salvavidas? Procrear, Precios Cuidados, congelamiento de tarifas, créditos con fondos de Anses, son conceptos que el gobierno demonizó durante tres años y medio como emblemas K, y hoy se convierten en instrumentos "para llevar alivio a las familias".
 
Es un paquete de medidas confusas, "parches" que no pueden provocar un impacto en el consumo: precios accesibles de la carne pero con reducido alcance en su disponibilidad, créditos de costo elevadísimo para familias que cobran dos mangos, tarifas ya a niveles exorbitantes sobre las que se promete no aplicarles más aumentos hasta fin de año, acuerdo de estabilidad de precios sobre una cantidad muy limitada de productos y luego de haber tenido un fuerte aumento previo.
 
Plan de pagos de la AFIP para deudas impositivas que no resuelven el problema central que genera la inactividad de las empresas. Créditos que no solucionan los problemas que afectan al conjunto de la sociedad, y que el programa del FMI eterniza: la debacle del ingreso y la producción. El verdadero "precio cuidado" (o congelado) es el salario. Y sin recomposición de los ingresos y sin reactivación productiva, no hay posibilidad de tener un horizonte distinto al de un colapso, que es lo que hoy se tiene por delante.
 
La Opinión Popular
 

17-04-2019 / 10:04
Ayer fue otro día negro para el Gobierno de Mauricio Macri, la inflación trepó al 4,7% en marzo y acumuló en el primer trimestre 11,8%, según informó el Indec. Desesperados por la elevada inflación y el posible resultado adverso en las próximas elecciones, el Gobierno le pidió FMI congelar las bandas de no intervención del Banco Central hasta fin de año entre un piso de $ 39,75 y un techo de $ 51,45.
 
Es claro que el FMI maneja el rumbo del país. Luego del anuncio del presidente del Central, Guido Sandleris, el Fondo destacó la medida y sostuvo que la inflación es un "desafío difícil para las autoridades argentinas", pero que se reduciría en los próximos meses. Con el combo de tarifazos y posibles saltos del dólar difícilmente caiga la inflación.
 
En los últimos doce meses la inflación alcanzó los 54,7 %, los rubros que más se encarecieron en marzo fueron los alimentos y bebidas, la educación y las prendas de vestir y calzado. La suba de precios impacta con más fuerza en los sectores más pobres ya que destinan la mayor parte de sus ingresos a la compra de los alimentos (lo que más aumentó).
 
Por los altos precios y el menor poder adquisitivo, el consumo se desplomó. Según un relevamiento, las ventas de los productos que componen la canasta básica (alimentos, bebidas, artículos de limpieza) registraron el mes pasado una baja del 8,7 % en volumen. Una baja que sólo se compara con lo registrado en la gran crisis del 2002.
 
Este miércoles el Presidente, y luego en conferencia de prensa los ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne; de Salud y Desarrollo Social, Carolina Stanley, y de Producción y Trabajo, Dante Sica, anunciarán medidas cosméticas electoralistas para "tolerar" la inflación, que incluirían una ampliación del programa Precios Cuidados, descuentos en supermercados y créditos de Anses para jubilados y beneficiarios de AUH. Hubo empresas como Molinos y La Paulina que se adelantaron y ya remarcaron sus precios.
 
El Gobierno apuesta a impedir una posible corrida cambiaria que hunda las aspiraciones de Macri de ser reelecto aunque cuenta con herramientas limitadas para evitar un nuevo salto del dólar. El FMI es partidario de la libre flotación del dólar, es decir que haya más devaluación si el "mercado" así lo exige, pero más devaluación dispararía aún más la inflación, la situación sería caótica y el macrismo se tendría que despedir de cualquier chance electoral.
 
El FMI respalda a Macri, pero como ya adelantó la directora gerente Christine Lagarde "sería una tontería que cualquier candidato diera la espalda al trabajo que se está haciendo", es decir gane quien gane oficialistas u opositores el mensaje es claro: habrá que seguir bajo la bota del FMI con más ajustes, reforma laboral y previsional. En tanto, la estrategia de Cambiemos es aguantar hasta las elecciones sin que se produzca una debacle, pero después el futuro es tétrico.
 
La Opinión Popular
 

16-04-2019 / 09:04
El 11 de abril pasado, Mauricio Macri lanzó entre bombos y platillos un fenomenal Plan Nacional Anticorrupción 2019-2023 para poner bajo la lupa a todas las dependencias del gobierno, pero ahora, la titular de la Oficina Anticorrupción, que diseñó este aparatoso plan, Laura Alonso, ha dicho que ni ella ni su oficina intervendrán en causas de corrupción de funcionarios de Cambiemos. No existe.
 
Así cualquiera. Es fabuloso tener un plan anticorrupción contra los otros y al mismo tiempo encubrir la corrupción de los propios al paralizar al organismo que los debería investigar. Laura Alonso se convierte con estas declaraciones en la luchadora Anticorrupción típica del discurso de Cambiemos.
 
Como los periodistas que se llaman "independientes" y ahora nos enteramos que trabajan para los servicios de inteligencia, Laura Alonso es lo contrario de lo que dice. En el programa de Luis Majul, indicó que es una decisión no investigar ni ser querellante en las causas de corrupción del Gobierno "para preservar cualquier tipo de sospecha o duda sobre la falta de imparcialidad". Es al revés: esa decisión confirma la falta de imparcialidad de Alonso.
 
Esta Oficina Anticorrupción es un chiste desde el momento en que Macri emitió un decreto que cambiaba los requisitos que debería cumplir el titular de la OA y los dibujó a imagen y semejanza de Laura Alonso, su candidata.
 
De hecho, Anticorrupción intervino en varios casos del gobierno de Cambiemos, el partido al cual pertenece Alonso. A mediados de 2016 fue acusada por su actuación en los Panamá Papers por la Fundación por la Paz y el Cambio Climático de Argentina: "mal desempeño de sus funciones", "abuso de autoridad" e "incumplimiento de deberes públicos". Laura Alonso defendió a Macri argumentando que constituir sociedad en paraíso fiscal no es delito en sí mismo.
 
El ex ministro de Energía Juan José Aranguren fue denunciado por comprar gas a Chile, sin licitación, mediante un acuerdo con ese país con un sobreprecio 53% mayor que el GNL que llega por barco y 128% más caro que las importaciones de Bolivia, y favorecer con ese procedimiento a la empresa Shell, de la cual es accionista. Alonso archivó la denuncia.
 
Hay muchas situaciones de este tipo. Alonso tiene denuncias en la Justicia por "persecución selectiva" por la manera como decide en qué causas intervenir y en cuáles no. En febrero de 2017, un grupo de diputados denunció a la Oficina Anticorrupción de Laura Alonso, por el escandaloso acuerdo firmado entre el gobierno de Macri con el Correo Argentino, por el cual se le condonaba al Grupo Macri, una deuda de 70 mil millones de pesos con el Estado. Alonso no es anticorrupta, usa a su organismo para hacer politiquería, lo cual es corrupción.
 
La Opinión Popular
 

16-04-2019 / 09:04
A diez semanas del cierre de listas, los u$s60 millones diarios del FMI empezarán a sellar la estrategia electoral del Gobierno de Mauricio Macri.
 
Si la mayor oferta de dólares, ayudada por la liquidación de la cosecha, alcanza a neutralizar la presión de la catástrofe inflacionaria y de la incertidumbre electoral sobre el dólar, Macri ratificará de forma definitiva su armado político electoral y todo el PRO se pondrá la camiseta de Durán Barba conducción.
 
El primer hecho, la estabilización del dólar, es el más deseado por todos en el oficialismo. Pero su consecuencia, la ratificación del modelo, es el más temido.
 
No lo quieren los radicales, no lo quiere María Eugenia Vidal, no lo quiere Horacio Rodríguez Larreta y no lo quiere Emilio Monzó. Creen que un veranito antes del cierre de listas provocará cinco meses de turbulencias.
 
"Si el dólar se mantiene o cede, el Gobierno lo va a tomar como una señal de acierto y va a ratificar todo lo de siempre. Si eso pasa, el verdadero enigma arranca entre el cierre de listas y el ballotage. Hay tres hitos: el día que Cristina anuncie que es candidata, el día de la PASO, en que muestre que es competitiva, y el día de la primera vuelta, cuando se meta en el ballotage. Esos tres días son un samba cambiario", vaticina una de las caras más visibles del Gobierno.
 
Agrega un dato más: "Y toda la sangría desde ahora hasta el ballotage, es responsabilidad de nuestro candidato, el Presidente de la Nación. Se la van a cobrar en la factura electoral de él". Por eso, ya hay quienes dicen en Cambiemos: cuanto mejor, peor.
 

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