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"El resultado electoral nos genera una gran responsabilidad". Gustavo Bordet
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Nacionales - 07-04-2019 / 11:04

Bailando en la cubierta del Titanic

Bailando en la cubierta del Titanic
La imagen del presidente Mauricio Macri ha caído a niveles ínfimos: 13% positiva, 75% negativa. Así las cosas, la confirmación de que no existe una ola K convive con la certidumbre de que, con esos números, es casi imposible que Macri reelija.
El viernes por la tarde, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, recibió dos encuestas sobre lo que podría pasar en el día de hoy en la provincia de Río Negro. Esos estudios tenían buenas y malas noticias.
 
Contra lo que parecía hace unas semanas, cuando la Corte prohibió la rereelección del gobernador Alberto Weretilneck, el kirchnerismo no ganaría en Río Negro. La candidata oficialista lograría aventajar en, al menos, diez puntos a Martín Soria, del Frente para la Victoria. Esa era la buena noticia.
 
La mala es que, en la misma provincia, la imagen del presidente Mauricio Macri ha caído a niveles ínfimos: 13% positiva, 75% negativa. Así las cosas, la confirmación de que no existe una ola K convive con la certidumbre de que, con esos números, es casi imposible que Macri reelija.
 
Ese sabor agridulce -si es que esta vez las encuestas de la Casa Rosada son precisas- es una continuidad de algo que ya ocurrió y un anticipo de lo que está por ocurrir.
 
Eso mismo que anticipan las encuestas en Río Negro ya sucedió en Neuquén -no hubo ola K, pero la opción M se hundió en un irrelevante tercer lugar. Algo parecido se repitió en las PASO de San Juan: triunfó un candidato peronista que postula una tercera vía entre Macri y Cristina. Y sucederá en la inmensa mayoría de las provincias de aquí a octubre.
 
En casi todas ellas, Cristina aceptó que su gente se integre a las listas que encabezan candidatos no kirchneristas o directamente retiró a sus candidatos, como sucedió en Córdoba. De haber tenido la posibilidad, hubiera empujado a personas leales, pero no hay ola cristinista.
 
En términos electorales, el kirchnerismo tiene hoy un solo activo: ella misma. Al mismo tiempo, en la mayoría de los distritos, con las dos excepciones de Mendoza y Jujuy, que desdoblaron para evitarlo, Cambiemos se hunde en la intrascendencia y el rechazo social.
 
En una abrumadora mayoría de los casos, la tercera vía, sea del color que sea -peronista, provincial, radical- domina el territorio nacional.
 

 
Sin embargo, esa corriente tienes serias dificultades para instalarse en las presidenciales. Eso sucede, en parte, porque la polarización, la grieta, está cristalizada desde hace años y no parece ceder fácilmente.
 
Pero, además, sus principales referentes, Roberto Lavagna y Sergio Massa, están haciendo lo imposible para que eso no cambie: esta semana, por ejemplo, se pusieron al borde de la ruptura. Las razones para que eso ocurra son tan menores que revelan una evidente incapacidad política.
 
Cada sector tiene sus argumentos, pero la suma de ellos no debería producir una crisis, salvo que se le sume una dosis importante de impericia política.
 
Massa tiene razón cuando sostiene que la estrategia de Lavagna es caprichosa a niveles ofensivos. Lavagna intenta ser candidato de un espacio que existía antes de su llegada y que, al mismo tiempo, todos se sometan a sus deseos.
 
En esa estrategia, hay algo exótico: para ser presidente Raúl Alfonsín debió ganar una interna muy dura, y Carlos Menem, otra. Hasta Mauricio Macri se presentó a las PASO en 2015.
 
¿Cuál sería la razón en el mundo por la cual Lavagna sería bendecido sin someterse a ese proceso? Tal vez exista la ilusión de que la sola insinuación de su candidatura provocaría un aluvión de votos hacia ella. Pero no parece estar ocurriendo.
 
En ese contexto, Lavagna tiene una chance de construir algo sólido, pero eso requiere de un armado artesanal, paciente e inteligente. Esta semana pareció hacer lo contrario cuando dijo que él y Massa están en caminos distintos.
 
Lavagna, por su parte, tiene razón cuando sostiene que el espacio llamado Alternativa Federal era apenas un sello testimonial hasta que él llegó y le arrimó sus votos, alrededor de un 10% del electorado que no confía en Massa.
 
En ese contexto, Lavagna esperaba que Massa se pusiera a colaborar con él y pospusiera sus ambiciones por cuatro años. Pero resulta que en las encuestas no está claro quién de los dos ganaría una primaria. Y entonces Massa no se baja.
 
Lo cierto es que Lavagna sin Massa no tiene chances, al menos hasta lo que puede verse, y lo mismo ocurre al revés. Ese dato de la realidad permite imaginar que, al final, encontrarán la manera: juntos podrían armar una primarias en las que reciban muchos votos y de la cual surja un candidato con alguna chance de ingresar al ballotage.
 
Encima, en la mayoría de las provincias, los gobernadores están esperando que se constituya una tercera opción que saque al país de la trampa en la que está encerrado, en momentos muy difíciles. Pero la racionalidad y el talento no siempre es lo que prima entre los seres humanos, y allí andan Massa y Lavagna, peleando en público como principiantes.
 
Esos problemitas en el tercer sector dejan al país en manos de los dos referentes de la grieta. Si no hay un cambio vertiginoso de último momento -que uno de ellos se retire, que surja con fuerza una tercera opción-, el próximo 10 de diciembre reasumirá el poder Mauricio Macri o lo hará Cristina Kirchner.
 
Esa noche, cerca de la mitad de los argentinos sentirá una gran tensión, como si su futuro estuviera en riesgo: será el inicio de un nuevo ciclo gobernado por alguien a quien consideran un enemigo.
 
Macri y Kirchner cosechan, desde hace bastante tiempo, mucho más rechazo que aprobación en la sociedad, no se hablan entre sí, han conducido gobiernos durante los cuales el país empeoró en casi todos sus indicadores, representan los dos polos de una grieta que ha dañado mucho a la sociedad, obturan el surgimiento de nuevos dirigentes con una mirada más fresca, tienen dificultades serias para explicar el origen de sus fortunas familiares.
 
Sus recetas económicas se han demostrado fallidas. Una llevó la inflación de 0 a 25. El otro, de 25 a 50. ¿A cuánto la llevará la nueva versión del uno o de la otra?
 
La situación sería muy distinta si el 10 de diciembre asumiera cualquier otro de los presidenciables: María Eugenia Vidal, Axel Kicillof, Horacio Rodríguez Larreta, Agustín Rossi, Felipe Solá, Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, Roberto Lavagna o el que fuera.
 
En un caso, sería la repetición de algo conocido y rechazado por una mayoría que, en la mejor de las alternativas, habrá decidido elegirlo como el mal menor.
 
En el otro, la aparición de una novedad, de una expectativa, de una nueva posibilidad, que no registra los problemas de los anteriores. Sin embargo, Cristina está decidida a jugar y Macri, también. Eso, más los problemas infantiles que existen en la llamada tercera vía, dejará al país en una situación aún más incierta que la actual.
 
En los dimes y diretes de Macri, Cristina, Lavagna y Massa se conjuga cierta dificultad para percibir el peligrosísimo momento que atraviesa el país con una autopercepción realmente muy halagadora de sí mismos.
 
Pero, en todo caso, si ellos son las opciones más salientes, está claro que el sistema democrático atraviesa un momento difícil para promover liderazgos alternativos: no es solo un problema de los candidatos.
 
Cerca de Macri hay montones de dirigentes que consideran que, dados los resultados económicos, no sería inteligente para él competir por la reelección. Pero nadie se atreve a decirlo en voz alta.
 
Cerca de Cristina sucede lo mismo; muchos de los que la apoyan en público observan con muchísima preocupación la posibilidad de su regreso. Pero callan.
 
Algo parecido a eso ocurría con la Alianza a fines de los noventa. Eran muchísimos los dirigentes que no creían que Fernando de la Rúa pudiera gobernar el país. Lo conocían demasiado. Pero medía. Y cuando alguien mide en las encuestas, el resto de los políticos se disciplina.
 
El dólar cerró a 45 pesos el viernes. La recaudación, como sucede cada vez que un gobierno pone en marcha un plan de ajuste, cayó violentamente: o sea que el déficit no se achicó como se esperaba. La inflación de marzo volvió a superar el 3,5 por ciento. Los vencimientos de deuda para el año que viene son gigantescos.
 
El Fondo Monetario le exige a la Argentina condiciones que no han tenido éxito en ninguna parte. La pobreza y la desocupación han subido significativamente. No está claro si el tipo de cambio no producirá problemas graves de aquí a las elecciones. Cada semana, hay un día en que el abismo parece demasiado cerca.
 
Entre las complicaciones de la realidad y los actores que están más cerca de ocupar un rol protagónico para resolverlas, no sería raro que la Argentina esté por ingresar en otro de esos períodos tan intensos e inolvidables.
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 

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18-04-2019 / 10:04
18-04-2019 / 09:04
Durante semanas los medios ultraoficialistas: Clarín, La Nación e Infobae, estuvieron anticipando supuestas medidas para conjurar el impacto inflacionario, para aguantar hasta las elecciones. Es que el desquicio de precios descontrolados, tarifas en incesante aumento, despidos y suspensiones masivas complican las posibilidades de reelección de Mauricio Macri.
 
Y el anuncio falló desde su misma presentación. Se supone que la intención, ante una realidad económica que le es absolutamente esquiva al gobierno de Macri, y tras un golpe de nocaut como el dato de la inflación de marzo, era que el Gobierno demostrara que estaba de pie, que generara confianza como para que le creyeran que podía llegar a las elecciones entero.
 
Lo calificaron de Plan Aspirina, Plan Parche, "paquetito" y hasta hubo quien lo comparó con la táctica de un técnico de fútbol que se sabe despedido y juega en el último partido con toda la audacia que nunca tuvo, con los jugadores y la estrategia en los que nunca creyó, para despedirse, fracasado, diciendo "hice lo que me pedía la gente".
 
El primer gesto fue esconder al Presidente y mostrarlo apenas asomado a un video mal editado del cual se presumía ser producto de una charla espontánea con una vecina. Mala elección. Peor aún para quienes tuvieron que dar la cara y responder ante la inevitable pregunta del periodismo. ¿Por qué no hizo los anuncios el Presidente?
 
También hizo agua el fondo de las medidas. ¿Hacía falta recurrir justamente a medidas K, tantas veces vilipendiadas, para ser presentadas ahora como salvavidas? Procrear, Precios Cuidados, congelamiento de tarifas, créditos con fondos de Anses, son conceptos que el gobierno demonizó durante tres años y medio como emblemas K, y hoy se convierten en instrumentos "para llevar alivio a las familias".
 
Es un paquete de medidas confusas, "parches" que no pueden provocar un impacto en el consumo: precios accesibles de la carne pero con reducido alcance en su disponibilidad, créditos de costo elevadísimo para familias que cobran dos mangos, tarifas ya a niveles exorbitantes sobre las que se promete no aplicarles más aumentos hasta fin de año, acuerdo de estabilidad de precios sobre una cantidad muy limitada de productos y luego de haber tenido un fuerte aumento previo.
 
Plan de pagos de la AFIP para deudas impositivas que no resuelven el problema central que genera la inactividad de las empresas. Créditos que no solucionan los problemas que afectan al conjunto de la sociedad, y que el programa del FMI eterniza: la debacle del ingreso y la producción. El verdadero "precio cuidado" (o congelado) es el salario. Y sin recomposición de los ingresos y sin reactivación productiva, no hay posibilidad de tener un horizonte distinto al de un colapso, que es lo que hoy se tiene por delante.
 
La Opinión Popular
 

17-04-2019 / 10:04
Ayer fue otro día negro para el Gobierno de Mauricio Macri, la inflación trepó al 4,7% en marzo y acumuló en el primer trimestre 11,8%, según informó el Indec. Desesperados por la elevada inflación y el posible resultado adverso en las próximas elecciones, el Gobierno le pidió FMI congelar las bandas de no intervención del Banco Central hasta fin de año entre un piso de $ 39,75 y un techo de $ 51,45.
 
Es claro que el FMI maneja el rumbo del país. Luego del anuncio del presidente del Central, Guido Sandleris, el Fondo destacó la medida y sostuvo que la inflación es un "desafío difícil para las autoridades argentinas", pero que se reduciría en los próximos meses. Con el combo de tarifazos y posibles saltos del dólar difícilmente caiga la inflación.
 
En los últimos doce meses la inflación alcanzó los 54,7 %, los rubros que más se encarecieron en marzo fueron los alimentos y bebidas, la educación y las prendas de vestir y calzado. La suba de precios impacta con más fuerza en los sectores más pobres ya que destinan la mayor parte de sus ingresos a la compra de los alimentos (lo que más aumentó).
 
Por los altos precios y el menor poder adquisitivo, el consumo se desplomó. Según un relevamiento, las ventas de los productos que componen la canasta básica (alimentos, bebidas, artículos de limpieza) registraron el mes pasado una baja del 8,7 % en volumen. Una baja que sólo se compara con lo registrado en la gran crisis del 2002.
 
Este miércoles el Presidente, y luego en conferencia de prensa los ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne; de Salud y Desarrollo Social, Carolina Stanley, y de Producción y Trabajo, Dante Sica, anunciarán medidas cosméticas electoralistas para "tolerar" la inflación, que incluirían una ampliación del programa Precios Cuidados, descuentos en supermercados y créditos de Anses para jubilados y beneficiarios de AUH. Hubo empresas como Molinos y La Paulina que se adelantaron y ya remarcaron sus precios.
 
El Gobierno apuesta a impedir una posible corrida cambiaria que hunda las aspiraciones de Macri de ser reelecto aunque cuenta con herramientas limitadas para evitar un nuevo salto del dólar. El FMI es partidario de la libre flotación del dólar, es decir que haya más devaluación si el "mercado" así lo exige, pero más devaluación dispararía aún más la inflación, la situación sería caótica y el macrismo se tendría que despedir de cualquier chance electoral.
 
El FMI respalda a Macri, pero como ya adelantó la directora gerente Christine Lagarde "sería una tontería que cualquier candidato diera la espalda al trabajo que se está haciendo", es decir gane quien gane oficialistas u opositores el mensaje es claro: habrá que seguir bajo la bota del FMI con más ajustes, reforma laboral y previsional. En tanto, la estrategia de Cambiemos es aguantar hasta las elecciones sin que se produzca una debacle, pero después el futuro es tétrico.
 
La Opinión Popular
 

16-04-2019 / 09:04
El 11 de abril pasado, Mauricio Macri lanzó entre bombos y platillos un fenomenal Plan Nacional Anticorrupción 2019-2023 para poner bajo la lupa a todas las dependencias del gobierno, pero ahora, la titular de la Oficina Anticorrupción, que diseñó este aparatoso plan, Laura Alonso, ha dicho que ni ella ni su oficina intervendrán en causas de corrupción de funcionarios de Cambiemos. No existe.
 
Así cualquiera. Es fabuloso tener un plan anticorrupción contra los otros y al mismo tiempo encubrir la corrupción de los propios al paralizar al organismo que los debería investigar. Laura Alonso se convierte con estas declaraciones en la luchadora Anticorrupción típica del discurso de Cambiemos.
 
Como los periodistas que se llaman "independientes" y ahora nos enteramos que trabajan para los servicios de inteligencia, Laura Alonso es lo contrario de lo que dice. En el programa de Luis Majul, indicó que es una decisión no investigar ni ser querellante en las causas de corrupción del Gobierno "para preservar cualquier tipo de sospecha o duda sobre la falta de imparcialidad". Es al revés: esa decisión confirma la falta de imparcialidad de Alonso.
 
Esta Oficina Anticorrupción es un chiste desde el momento en que Macri emitió un decreto que cambiaba los requisitos que debería cumplir el titular de la OA y los dibujó a imagen y semejanza de Laura Alonso, su candidata.
 
De hecho, Anticorrupción intervino en varios casos del gobierno de Cambiemos, el partido al cual pertenece Alonso. A mediados de 2016 fue acusada por su actuación en los Panamá Papers por la Fundación por la Paz y el Cambio Climático de Argentina: "mal desempeño de sus funciones", "abuso de autoridad" e "incumplimiento de deberes públicos". Laura Alonso defendió a Macri argumentando que constituir sociedad en paraíso fiscal no es delito en sí mismo.
 
El ex ministro de Energía Juan José Aranguren fue denunciado por comprar gas a Chile, sin licitación, mediante un acuerdo con ese país con un sobreprecio 53% mayor que el GNL que llega por barco y 128% más caro que las importaciones de Bolivia, y favorecer con ese procedimiento a la empresa Shell, de la cual es accionista. Alonso archivó la denuncia.
 
Hay muchas situaciones de este tipo. Alonso tiene denuncias en la Justicia por "persecución selectiva" por la manera como decide en qué causas intervenir y en cuáles no. En febrero de 2017, un grupo de diputados denunció a la Oficina Anticorrupción de Laura Alonso, por el escandaloso acuerdo firmado entre el gobierno de Macri con el Correo Argentino, por el cual se le condonaba al Grupo Macri, una deuda de 70 mil millones de pesos con el Estado. Alonso no es anticorrupta, usa a su organismo para hacer politiquería, lo cual es corrupción.
 
La Opinión Popular
 

16-04-2019 / 09:04
A diez semanas del cierre de listas, los u$s60 millones diarios del FMI empezarán a sellar la estrategia electoral del Gobierno de Mauricio Macri.
 
Si la mayor oferta de dólares, ayudada por la liquidación de la cosecha, alcanza a neutralizar la presión de la catástrofe inflacionaria y de la incertidumbre electoral sobre el dólar, Macri ratificará de forma definitiva su armado político electoral y todo el PRO se pondrá la camiseta de Durán Barba conducción.
 
El primer hecho, la estabilización del dólar, es el más deseado por todos en el oficialismo. Pero su consecuencia, la ratificación del modelo, es el más temido.
 
No lo quieren los radicales, no lo quiere María Eugenia Vidal, no lo quiere Horacio Rodríguez Larreta y no lo quiere Emilio Monzó. Creen que un veranito antes del cierre de listas provocará cinco meses de turbulencias.
 
"Si el dólar se mantiene o cede, el Gobierno lo va a tomar como una señal de acierto y va a ratificar todo lo de siempre. Si eso pasa, el verdadero enigma arranca entre el cierre de listas y el ballotage. Hay tres hitos: el día que Cristina anuncie que es candidata, el día de la PASO, en que muestre que es competitiva, y el día de la primera vuelta, cuando se meta en el ballotage. Esos tres días son un samba cambiario", vaticina una de las caras más visibles del Gobierno.
 
Agrega un dato más: "Y toda la sangría desde ahora hasta el ballotage, es responsabilidad de nuestro candidato, el Presidente de la Nación. Se la van a cobrar en la factura electoral de él". Por eso, ya hay quienes dicen en Cambiemos: cuanto mejor, peor.
 

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