es creíble aunque no se sabe si es cierto. Así funcionan los servicios de inteligencia. Así funcionan las operaciones mediáticas. Así han sido las operaciones judiciales que se dispararon contra funcionarios del gobierno anterior.
 
Suena creíble pero nunca se sabe si es cierto. Si así funciona todo eso, entonces es probable que D'Alessio sea un servicio. Y si es un servicio, entonces es más posible que todo lo que dice sea cierto.
 
Los servicios de inteligencia, los periodistas, políticos y funcionarios judiciales enredados en el mundo de este personaje tienen el mismo modus operandi que el personaje en cuestión.
 
Más que el contacto físico recurrente, sostenido y demostrado entre ellos, lo que además los relaciona es que funcionan de manera parecida. Todos ellos, desde la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich o el fiscal Carlos Stornelli, hasta el periodista de Clarín, Daniel Santoro, o la diputada Elisa Carrió, tienen algo de D'Alessio.
 
Hay D'Alessio por todos lados. Cada vez que se levanta la alfombra que esconde la basura judicial aparece el calvito. Es algo más que un mitómano. Es la parte mitómana de una sociedad. La mentira sistemática concebida como instrumento de la política. Es una degeneración de la política.
 
En la jerga de la dictadura, D'Alessio fue el exceso. Eso fue lo que lo expuso y en su caída arrastró a un sistema montado como instrumento de persecución a una fuerza política.
 
La corrupción durante los gobiernos K (que seguramente pudo haber existido) no interesa, lo que busca es lo que la sociedad pueda percibir o creer. Es más importante el montaje que la realidad.
 
Lo que importa es la política y no la corrupción. Una mentira de diseño para hacerla creíble, construida como la respuesta a una expectativa inducida previamente: "No hacen falta las pruebas, porque esto ya me lo imaginaba".
 
Esa trama descalifica al fiscal Stornelli y destruye la credibilidad de Santoro. Para los dos, D'Alessio fue el informante de oro, el hacedor de lo imposible caído del cielo, pero ahora se convirtió en la mancha venenosa.
 
No hay muchas explicaciones. Quedan enchastrados aunque nadie los acuse de participar en prácticas extorsivas, aunque juren que fueron engañados, o peor, que afirmen que apenas lo conocían cuando todo el mundo sabe que tenían una estrecha relación profesional y personal con el personaje.
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Nacionales - 09-03-2019 / 17:03
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

La mentira sistemática como instrumento para perseguir a dirigentes opositores

La mentira sistemática como instrumento para perseguir a dirigentes opositores
Los servicios de inteligencia, los periodistas, políticos y funcionarios judiciales enredados en el mundo de D’Alessio tienen el mismo modus operandi que el personaje en cuestión. Más que el contacto físico recurrente, sostenido y demostrado entre ellos, lo que además los relaciona es que funcionan de manera parecida. Todos ellos, desde la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich o el fiscal Carlos Stornelli, hasta el periodista de Clarín, Daniel Santoro, o la diputada Elisa Carrió, tienen algo de D’Alessio.
Todo lo que dice Marcelo D'Alessio es creíble aunque no se sabe si es cierto. Así funcionan los servicios de inteligencia. Así funcionan las operaciones mediáticas. Así han sido las operaciones judiciales que se dispararon contra funcionarios del gobierno anterior.
 
Suena creíble pero nunca se sabe si es cierto. Si así funciona todo eso, entonces es probable que D'Alessio sea un servicio. Y si es un servicio, entonces es más posible que todo lo que dice sea cierto.
 
Los servicios de inteligencia, los periodistas, políticos y funcionarios judiciales enredados en el mundo de este personaje tienen el mismo modus operandi que el personaje en cuestión.
 
Más que el contacto físico recurrente, sostenido y demostrado entre ellos, lo que además los relaciona es que funcionan de manera parecida. Todos ellos, desde la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich o el fiscal Carlos Stornelli, hasta el periodista de Clarín, Daniel Santoro, o la diputada Elisa Carrió, tienen algo de D'Alessio.
 
Hay D'Alessio por todos lados. Cada vez que se levanta la alfombra que esconde la basura judicial aparece el calvito. Es algo más que un mitómano. Es la parte mitómana de una sociedad. La mentira sistemática concebida como instrumento de la política. Es una degeneración de la política.
 
En la jerga de la dictadura, D'Alessio fue el exceso. Eso fue lo que lo expuso y en su caída arrastró a un sistema montado como instrumento de persecución a una fuerza política.
 
La corrupción durante los gobiernos K (que seguramente pudo haber existido) no interesa, lo que busca es lo que la sociedad pueda percibir o creer. Es más importante el montaje que la realidad.
 
Lo que importa es la política y no la corrupción. Una mentira de diseño para hacerla creíble, construida como la respuesta a una expectativa inducida previamente: "No hacen falta las pruebas, porque esto ya me lo imaginaba".
 
Esa trama descalifica al fiscal Stornelli y destruye la credibilidad de Santoro. Para los dos, D'Alessio fue el informante de oro, el hacedor de lo imposible caído del cielo, pero ahora se convirtió en la mancha venenosa.
 
No hay muchas explicaciones. Quedan enchastrados aunque nadie los acuse de participar en prácticas extorsivas, aunque juren que fueron engañados, o peor, que afirmen que apenas lo conocían cuando todo el mundo sabe que tenían una estrecha relación profesional y personal con el personaje.

 
D'Alessio aparece sentado en una reunión del gabinete de Bullrich durante el G-20; D'Alessio habría llevado a la casa de Carrió a José Luis Salerno, involucrado en el triple crimen; D'Alessio armó la primera causa contra Julio De Vido, junto al fiscal Stornelli; D'Alessio aparece en numerosas fotos en reuniones privadas con el periodista Santoro;
 
Además, D'Alessio interviene en la entrega a la DEA, de Ibar Pérez Corradi, el jefe de la banda del triple crimen de General Rodríguez; D'Alessio aparece como defensor del supuesto arrepentido estrella Leonardo Fariña, en la causa de la ruta del dinero K.
 
A Stornelli lo descalifica como el acusador de una ex presidenta, que además ha cumplido con todas las requisitorias de los tribunales, incluyendo las más humillantes y absurdas. Mientras la acusada cumplió cada uno de esos requerimientos, el fiscal que la acusa utilizó chicanas para evadir la indagatoria y para no entregar su celular a la investigación.
 
El acusador no tiene autoridad moral para exigirle a la acusada lo que él se rehúsa a cumplir. Todo lo que se ha escuchado son las chicanas de procedimiento y el intento de difamar al juez que encabeza la investigación.
 
Nadie explica su cercanía con D'Alessio ni que el supuesto o real agente manejara información muy precisa y reservada de las causas judiciales. De eso, el fiscal no dice ni mu. Pero sus amigos, como la diputada Elisa Carrió, acusan al juez Alejo Ramos Padilla y a D'Alessio de ser parte de una conspiración de la Cámpora junto con presos kirchneristas desde la cárcel. La defensa resulta más acusadora que una confesión.
 
Sentar frente a un tribunal a una ex presidenta que tiene un fuerte respaldo, al punto que es la política que más mide en las encuestas, es una cuestión tan delicada que puede arrastrar a la sociedad a una espiral de violencia de la que este país tiene una desgraciada experiencia. La acusación tiene que ser transparente, impecable, para evitar en lo posible que se convierta en materia del debate político.
 
Una ex presidenta, como Cristina Kirchner, con el fuerte respaldo que mantiene, sentada en el banquillo de los acusados, representa el prestigio de una institución, frente al prestigio de la Justicia representada por jueces y fiscales. Esa escena tiene una fuerza simbólica que excede a los personajes. En todo caso, ellos personifican a las instituciones que se exponen allí.
 
Cualquier opacidad o turbulencia convierte a ese juicio en una trapisonda de los poderosos de la política y la economía, en maniobra oscura del poder que maneja este gobierno y a los estamentos judiciales. Ese juicio será juzgado por la historia indefectible e implacablemente como sucedió con los perseguidores del general Perón.
 
Enredado en la trama de D'Alessio, sospechado de operaciones ilegales de inteligencia y sin respuesta a esta suma de interrogantes sobre su desempeño, si Stornelli continúa como fiscal de las causas contra Cristina Kirchner confirmará ante una gran parte de la sociedad que no se trata de Justicia, sino de revancha o contraofensiva, lo cual implica manipulación del Poder Judicial por el Ejecutivo, lo que a su vez equivale a un país sin Justicia.
 
Algo parecido sucedió en el proceso contra Lula, en Brasil. Ni Cristina Kirchner ni Lula optaron por exiliarse o refugiarse en fueros. La ex presidenta estuvo dos años en el país sin fueros que la protegieran.
 
Tanto Lula como ella aceptaron todas las requisitorias de los jueces, a pesar de saber que muchos de ellos ya los habían prejuzgado. Podrían haberse refugiado en el exterior, pero no lo hicieron. Hubo en esa actitud tanto de uno como de otra, una intención pedagógica frente a la Justicia y hacia la sociedad.
 
Cuando el juez Sergio Moro reconoció que no tenía pruebas contra Lula, pero que lo condenaba porque tenía la "íntima convicción" de su culpabilidad, tendría que haber preservado más que nunca su imagen transparente y políticamente acéptica.
 
Cuando aceptó, como premio a esa condena, el cargo de Ministro de Justicia, Moro expuso públicamente que todo había sido una farsa y que su "íntima convicción" ya estaba comprada o que había sido puro prejuicio.
 
Hasta un antilulista o un antikirchnerista tendría que reconocer esa actitud de Lula y Cristina Kirchner de afrontar sin cortapisas las acusaciones en la Justicia.
 
Y que frente a esa actitud resulta escandaloso que los condenen sin pruebas, por la "íntima convicción" de funcionarios judiciales sospechados de mal desempeño y de parcialidad, o que persigan a sus familias o que consigan supuestas confesiones incriminatorias con prácticas extorsivas, como queda claro en la documentación de D'Alessio.
 
Hay más para deshojar en ese tema. Estados Unidos, que en la década anterior priorizó la zona de Medio Oriente, ha vuelto a interesarse cada vez más agresivamente en la región.
 
Como antes fue la Escuela de las Américas para los ejércitos de la región, ahora diseñó una intensa actividad de conferencias y congresos destinados a funcionarios judiciales, sobre el combate al terrorismo, el narco y el lavado de dinero.
 
Pero la principal temática bajo esos títulos de fantasía fue la manipulación de instrumentos legales que en realidad fue utilizada para perseguir a fuerzas políticas populares. Sucede en Ecuador contra Rafael Correa, sucedió en Brasil, con Lula. Y de hecho está pasando en la Argentina.
 
No es casual que el embajador elegido por la administración Donald Trump sea el ex juez conservador Edward Prado. Su designación, así como sus declaraciones pusieron de manifiesto la importancia que le da Washington a esta guerra jurídica o lawfare.
 
Y aquí asoma otra vez la calva brillante de D'Alessio. En el allanamiento de su domicilio fueron encontradas carpetas con informes de inteligencia en inglés, con el membrete de la DEA. Se encontró por lo menos un fusil muy sofisticado que es muy difícil introducir en el país. Conoce detalles de operaciones relacionadas con la inteligencia norteamericana que no han sido de dominio público. Participó en la entrega a la DEA del jefe narco Ibar Pérez Corradi, que fue trasladado a Estados Unidos.
 
El submundo de los servicios de inteligencia se asienta en la simulación, el escondrijo y la mentira. A eso se le llama inteligencia. Que D'Alessio sea un gran simulador no lo exime de ser un agente, sino que, por el contrario, aumenta la certeza de que lo sea: un operador de inteligencia relacionado con el espionaje internacional, con los denunciadores mediáticos y políticos y con muchas de las causas judiciales que involucran al gobierno anterior.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 

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22-03-2019 / 12:03
El rebrote inflacionario, la ola de despidos y la nueva corrida al dólar le llegaron al Gobierno de Mauricio Macri en el peor momento político posible, con su imagen pública en picada y la pólvora de la corrupción K mojada por el creciente escándalo del espía Marcelo Dalessio.
 
Desesperado por huir hacia adelante, el Presidente apeló esta semana al viejo truco de mostrar autoridad con un puñetazo a la mesa. Pero el efecto fue, como suele pasar cuando se sobreactúa, el contrario: el establishment lo mira perplejo, Wall Street espera sin jugar una sola ficha, la Corte Suprema lo ignora, sus aliados toman distancia, la CGT se despereza y el peronismo sonríe, al fin, ante la perspectiva ahora menos remota de que el ballotage termine enfrentando a dos opositores.
 
La metáfora desafortunada de la semana corrió por cuenta del presidente del Banco Nación, Javier González Fraga, a quien secundará por lo que le quede de mandato el fallido exvice de Federico Sturzenegger en el Central, Lucas Llach. "¿Qué prefieren, estar en un auto a más de 100 kilómetros por hora que va hacia la pared o haber chocado ya con la pared y no tener más que un par de huesos rotos?", preguntó González Fraga a un auditorio de financistas, quienes por las dudas no arriesgaron respuesta.
 
Muerte o dunga-dunga. Casi tan alentador como el "estamos bailando en la cubierta del Titanic" que soltó Dante Sica ante bodegueros.
 
En el campo rumian su malestar por el regreso de las retenciones y la suba de costos, dos coletazos de la devaluación de fines de septiembre. Hasta reaparecieron juntos los referentes de la vieja Mesa de Enlace de 2008, aunque esta vez para castigar a Macri. Fue un lamento muy sintomático del momento que se vive en el empresariado.
 
Conmovidos o irónicos, los integrantes del Comité Ejecutivo de la UIA se cansaron de reenviar por whatsapp el video del reencuentro ruralista. "Parecen industriales", comentó con sorna uno de los tres que envió el recorte a BAE Negocios. ¿Y el Grupo de los Siete, donde hasta hace un año compartían amables almuerzos? Bien, gracias.
 
A los industriales, anteayer, Sica los reprendió por primera vez en un tono similar al que usaba su antecesor que los trató de "llorones", Francisco Cabrera. Sica se enojó porque un rotario cuchicheó que su discurso era "puro piripipí" y acusó entonces al empresariado de asociarse con los sindicatos para después pedirle prebendas al Estado. "Ya nos ponen en la misma bolsa a todos. Están en la fase yo contra el mundo", comentó un dueño de fábrica presente en el salón.
 
Más allá de las intenciones, gobernar bajo emoción violenta empieza a granjearle enemigos al macrismo.

22-03-2019 / 08:03
La funesta política económica neoliberal de Mauricio Macri, dirigida por el FMI, aumentó la desocupación urbana que alcanzó en el último trimestre de 2018 al 9,1 por ciento de la población económicamente activa, lo cual representa un aumento de casi dos puntos con respecto al 7,2 por ciento registrado por el Indec en el mismo período del año anterior.
 
Esto significa que 1.752.000 personas se encuentran desempleadas y en busca de trabajo, de un total de casi 13 millones que representan la población activa en núcleos urbanos de todo el país. El aumento de la tasa de desempleo representaría que, a lo largo de 2018, se sumaron unos 260 mil personas al ejército de desocupados.  Si se proyecta al total de la población laboral, la cantidad de desempleados nuevos sería del orden de los 400 mil sobre un total de 1 millón 750 mil.
 
La proporción de ocupados demandantes de empleo llegó en el cuarto trimestre de 2018 al 17,3 por ciento, lo cual representa un salto importante con respecto a un año atrás, cuando medía 14,7 por ciento. Esta cifra refleja los subocupados que buscan otro empleo sin conseguirlo, o bien ocupados plenos en busca de sumar otro trabajo o reemplazar el que tienen, presumiblemente por insuficiencia de ingresos.  
 
En el período informado por el Indec, también aumentó la tasa de subocupados con respecto a la de un año atrás. La proporción de trabajadores que, si bien tienen empleo, no llegan a cubrir una jornada completa, representa el 12 por ciento de la población activa, cuando a fines de 2017 representaba el 10,2 por ciento.
 
De acuerdo a las cifras del Indec, los subocupados sumaban un millón 557 mil personas a fines de 2018, unos 260 mil más que en el cuarto trimestre del año anterior. Por sexo y edad, la franja de población con mayores problemas de desempleo son los jóvenes de hasta 29 años. Entre las mujeres, el desempleo llega al 21,4 por ciento. Entre los varones, la tasa es del 15,4 por ciento.
 
En el primer caso, el aumento en relación al año anterior es de 2,6 puntos (era de 18,8 por ciento a fines de 2017). El desempleo joven de los varones creció en un año cuatro puntos, a partir del 11,4 por ciento en la medición del último cuarto de 2017.
 
De los 31 aglomerados urbanos, en cinco la desocupación alcanzó a los dos dígitos (es decir, que superó el 10 por ciento). Ellos son: Gran Rosario (12,8 por ciento), Mar del Plata (12,8), partidos del conurbano bonaerense (11,4), San Nicolás-Villa Constitución (11,3) y Santa Rosa-Toay (10,1). Mar del Plata es, además, el aglomerado urbano con mayor subocupación: 17,5 por ciento. En 2019 el mercado de trabajo no se recuperará y el desempleo volverá a subir.
 
La Opinión Popular

21-03-2019 / 12:03
Jaime Durán Barba, consultor de imagen y asesor político ecuatoriano de Mauricio Macri, en noviembre de 2013 declaró que "¡Hitler era un tipo espectacular! ¡Era muy importante en el mundo!". Descontamos que esa admiración no es por las atrocidades cometidas por la dictadura nazi, el antisemitismo que llevó al holocausto o el culto a la violencia que provocó la Segunda Guerra Mundial, sino por sus aporte a la propaganda.

Es así que el esquema macrista funciona gracias al doble principio que enuncia la propaganda nazi: a) la gente cree más rápido una gran mentira que una pequeña, b) una mentira repetida insistentemente acaba siendo creída.

Durán Barba le hizo decir a Macri, entre otras promesas de campaña: "Yo no he hablado nunca de ajustar", "El dólar no va a estar a más de 15 pesos", "Creemos que hay que desarrollar la economía", "Nuestra prioridad es la Pobreza Cero", "Vamos a crear dos millones de puestos de trabajo", "Ningún trabajador pagará impuesto a las ganancias" y "Vamos a dar un millón de créditos a 30 años".
 
Todas mentiras que en ningún momento pensaron cumplir y que siguen repitiendo hasta el cansancio y hasta que ellos mismos, ingenuamente, acaban creyendo.
 
La falsedad macrista no es algo que requiera más pruebas de las que están a la vista, sólo que hay muchos que las pasan por alto, sea por fanatismo ideológico, por interés de clase o por cooptación. En relación con el engaño, por ejemplo, se expone el brutal endeudamiento como un supuesto logro: "El mundo confía en nosotros". Un favor a los actuales funcionarios, pero en desmedro de los futuros gobiernos y de las generaciones venideras.
 
Una de las últimas muletillas del gobierno macrista es repetir y repetir "nosotros siempre decimos la verdad". Después de haber mentido en casi todo durante la campaña y convencido a más de un incauto con que no perderían nada de lo que tenían, asumen que está todo mal. Y encima hay que agradecerles la "valentía" de decirlo.

La habilidad dialéctica de argumentar lo imposible es apreciada por el macrismo. Durán Barba utilizó las técnicas de manipulación goebbeliana a todo nivel en la estrategia comunicacional de Cambiemos y toda su parafernalia mediática y orquestada, que evita el razonamiento o la prueba y convoca a la reacción emotiva, fanática o prejuiciosa.
 
Por Blas García


Columnista, Ingeniero, ex diputado en Córdoba, ex funcionario en Santiago del Estero y Entre Ríos.

21-03-2019 / 09:03
21-03-2019 / 08:03
La brutal crisis económica que desató la alianza gobernante Cambiemos impactó también en la felicidad de los argentinos. El país cayó del  puesto 29 al 47 en el Ranking de la Felicidad 2019 realizado por un grupo de expertos independientes con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
 
El informe fue difundido en el Día Internacional de la Felicidad y evalúa la calidad de vida de las personas mediante "una variedad de medidas de bienestar subjetivo", asegura el documento que se publica desde hace siete años. Pero también considera otras variables como los niveles de educación, el apoyo social, la eficiencia de los gobiernos, la expectativa de vida o la corrupción.
 
Los investigadores encontraron una tendencia creciente hacia la desigualdad en la felicidad a nivel mundial, que es el paralelo psicológico de la desigualdad de ingresos: cuánto difieren los miembros de una sociedad en su satisfacción respecto de la vida que tienen.
 
Con respecto al informe de 2018, Argentina fue superada por países como Chile (en el puesto 26), Guatemala (27), Brasil (32), Uruguay (33), El Salvador (35), Colombia (43), Nicaragua (45) y Kosovo (46). En cuanto a los países de América Latina, el país se ubica en el décimo puesto, por debajo de Trinidad y Tobago (39) y Panamá (31)
 
La Asamblea General de la ONU decretó en 2012 el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad "para reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno".
 
También reconoce "la necesidad de que se aplique al crecimiento económico un enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado, que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad y el bienestar de todos los pueblos".
 
Los que viven en un estado de felicidad plena son los funcionarios del gobierno de Cambiemos. Si hay algo que no se les puede reprochar es su optimismo a toda prueba. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, por ejemplo, dijo ayer que "Argentina está desplegando un potencial que estaba dormido" y que "están madurando las reformas".
 
El martes, el presidente Mauricio Macri había señalado que el país "está saliendo del pantano" y que se encamina a una "lenta recuperación hacia lo que todos necesitamos, con fortaleza para encarar los problemas y resolverlos".
 
Y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, en un balance de tres años de gestión, planteó que "la economía, a pesar de las dificultades de los últimos meses, es más sólida que la de 2015". No todos comparten esa visión optimista patológica. En el ranking de felicidad que elaboran ONG y la ONU, Argentina cayó del puesto 29 al 47. ¿Qué fuman en el Gobierno para estar tan felices?
 
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