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Sociedad e Interés General - 06-03-2019 / 20:03
EFEMÉRIDES POPULARES: CARRILLO NACIÓ EN SANTIAGO DEL ESTERO, EL 07 DE MARZO DE 1906

Ramón Carrillo, fundador de la Medicina Social

Ramón Carrillo, fundador de la Medicina Social
El 07 de marzo de 1906, en Santiago del Estero, nace el Ramón Carrillo, que fue un eminente neurocirujano y primer ministro de Salud Pública de la Nación, durante el primer gobierno de Juan Perón, en 1949.
El 07 de marzo de 1906, en Santiago del Estero, nace el Ramón Carrillo, que fue un eminente neurocirujano y primer ministro de Salud Pública de la Nación, durante el primer gobierno de Juan Perón, en 1949.
 
Fue el gran sanitarista argentino y el mentor de un cambio revolucionario a favor de la salud de la población, en especial en la de menores recursos. Creó puestos sanitarios de frontera y numerosos centros de salud y hospitales y eliminó casi totalmente el paludismo, que era una endemia en varias provincias.
 
Perseguido por la dictadura militar de la "Revolución Libertadora", falleció siendo médico rural y en la pobreza, en Belem do Pará, Brasil.
 
Escribe: Atilio Martinez

Sus primeros años

Ramón Carrillo nació en Santiago del Estero, el 7 de marzo de 1906. Hijo del profesor Ramón Carrillo y de la señora María Salomé Gómez Carrillo.

En la capital santiagueña cursó sus estudios primarios, en la Escuela Manuel Belgrano, donde rinde quinto y sexto grado libre. Esto le permite ingresar al Colegio Nacional de Santiago del Estero con sólo doce años, graduándose como bachiller en 1923, con Medalla de Oro.

Cuando todavía cursaba el secundario, escribió una temprana obra literaria en la que ya dejaba ver su interés por los temas sociales. A los dieciséis años escribe "Glosa para los Humildes", en donde hace referencia a la situación de los empleados públicos que no tenían posibilidad de jubilarse.

Vocación por la medicina y la causa popular

En 1924 abandona Santiago del Estero y se radica en Buenos Aires, con el objetivo de cursar estudios en la Facultad de Medicina de la UBA. Inició las clases con sólo 17 años, siendo el más joven de su curso.

De este viaje, Augusto Carrillo, su sobrino y uno de los autores del libro "Ramón Carrillo: El hombre, el médico, el sanitarista", cuenta que cuando él se va de Santiago del Estero y toma el tren para estudiar medicina en Buenos Aires, queda impactado por la pobreza de los niños que ve pasar por la ventilla de su vagón en cada estación donde el tren se detiene. Esto lo marca mucho.

Actividad académica e inicios en la profesión

En 1927 obtuvo, por concurso, el cargo de Practicante Externo del Hospital de Clínicas y, casi al mismo tiempo, comenzó sus tareas como redactor de la Revista del Círculo Médico Argentino y Centro de Estudiantes de Medicina.

Al cumplir veinte años, conoce al doctor Manuel Balado quien había llegado desde los Estados Unidos con las últimas novedades sobre neurocirugía. Fruto de esta relación, Carrillo se orienta hacia la cirugía del sistema nervioso. Junto a Balado publicaría trabajos científicos que fueron calificados como los primeros trabajos publicados en serie y fueran elogiados por su alta calidad en los métodos de investigación.

En 1928 fue designado, por concurso de calificaciones, practicante menor interno del Hospital Nacional de Clínicas y, sin descuidar otra de sus pasiones, al año siguiente asume como director de la Revista del Círculo Médico Argentino y del Centro de Estudiantes de Medicina.

Siendo estudiante continúa profundizando su preocupación por los temas sociales y su identificación con las ideas nacionales. Desde lo político, sentía que faltaba un movimiento político que contuviese a la masa de necesitados, a esto lo dejó expresado en diversas críticas realizadas en artículos, cuestionando a la prensa, las letras y las artes, ya que pensaba que no representaban cabalmente a la Argentina, en especial al interior, sino que estaban impregnadas de ideas extranjeras.

Especialización en Europa y retorno a la patria

A los 22 años recibió su título de médico y en 1930, gracias a sus altas calificaciones y a la calidad de sus trabajos, ganó la Beca de la Universidad de Buenos Aires que consistía en tres años de perfeccionamiento en Europa.

Eligió capacitarse en Holanda, Francia y Alemania. En octubre de 1932, Carrillo representó a la Argentina en el Primer Congreso de Neurología, en Berna, Suiza, siendo el participante más joven y uno de los más activos.

En 1933 vuelve a Buenos Aires consagrado, con tan sólo 27 años, como uno de los más brillantes neurocirujanos de la época. En su retorno, decidió dedicar su tiempo a la cirugía y a la investigación junto al doctor Manuel Balado, confiándole este último la organización del laboratorio de Neuropatología del Instituto de Clínica Quirúrgica, lo que pudo ejecutar dividiendo su tiempo entre la neurocirugía a la mañana y el laboratorio a la tarde.

Durante todos esos años, posteriores a su graduación, se dedicó exclusivamente a la investigación y estudio de las materias básicas de su especialidad y a la elaboración de numerosos trabajos científicos, de la misma orientación, manteniendo estrecha relación e intercambios de informaciones profesionales con los investigadores de la Escuela Neurobiológica Argentina en el Hospital de Alienadas y el Hospicio de las Mercedes, hoy Hospitales Moyano y Borda.

En 1944 dirige el Instituto Nacional de Neurocirugía y crea, organiza y preside la Escuela de Postgrado de la Facultad de Medicina de la UBA, con orientación a la medicina social y preventiva.

También, y valorando el aporte de la historia a todas las ramas de la ciencia, funda la Sociedad Argentina de Historia de la Medicina.

FORJA y la década infame

Su vuelta a la Argentina lo encuentra también en el pleno apogeo de lo que después se llamó la "Década Infame". Eran tiempos del sistemático saqueo y destrucción de la patria, un período caracterizado por la profunda decadencia moral de la dirigencia, donde se impone la corrupción, el negociado, la enajenación del patrimonio nacional y el empobrecimiento de una gran mayoría del pueblo.

En ese derrotero, su pensamiento nacional lo conduce al encuentro del grupo FORJA, el que sin dudas fue un faro en la desolación, vinculándose con Raúl Scalabrini Ortiz y, principalmente, con Homero Manzi, de quien era coterráneo (los dos eran santiagueños hasta el tuétano) y condiscípulo en la infancia. En este período complementa su educación científica con las ideas políticas y culturales que éstos propugnaban.

La política y su relación con Balado

Sus posiciones políticas los llevan a distanciarse de su maestro, el doctor Balado. Rodolfo Alzugaray, biógrafo de Carrillo, cuenta que esta ruptura se da al ser designado como profesor adjunto por concurso en 1942, porque quien se opone de manera inesperada a esta designación es justamente su antiguo maestro. Tal actitud, dice que se debe analizar dentro del contexto político que se vivía en la Universidad por esos años.

La segunda guerra mundial había dividido al país en "neutralistas y "rupturistas". Carrillo era neutralista, coincidiendo con los argumentos de FORJA en el sentido que la guerra mundial era un problema entre países imperialistas, en el que Argentina no debía participar. Por esta razón fue tildado injustamente de "pro-nazi", infamia con la que se calumnió a muchos de nuestros prohombres de esa época. A esta altura el que la repite no es más que un cómplice por interés y enemigo declarado de la causa nacional y popular o un tarado con iniciativa difamatoria.

Así fue como se le orquestó al Dr. Carrillo una campaña para evitar que ganara el concurso, por lo que Alzugaray sostiene que la oposición del doctor Balado se debió a las presiones de los centros de poder que manejaban la Universidad.

Encuentro con Perón

En 1939 se hace cargo del Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar Central. Allí vive dos hechos trascendentales en su vida.

María Salome Carrillo, sobrina del Dr. Carrillo, relata que su tío siendo el jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital Militar Central y poco antes del 17 de octubre se conoce con Perón en un pasillo. Por entonces, Juan Perón ya tenía referencias sobre Carrillo, porque sus trabajos ya eran muy conocidos en el país y en el extranjero.

Augusto Carrillo agrega que ambos trabaron una gran amistad, destacando el trato directo que mantenían, lo que le permitió trabajar con un gran apoyo. Sosteniendo además que ese día que se conocieron en un pasillo del Hospital Militar, Perón ya le anticipó su idea de crear un Ministerio de Salud Pública, con una reflexión que caló hondo en el pensamiento de Carrillo, "No puede ser, que en este país tengamos un ministerio para las vacas y no tengamos uno para atender la salud de la gente. Cuidamos más a las vacas que a los pobres".

También con Evita tenía una relación muy especial, al punto que ella y Perón son los testigos de su casamiento.

La medicina se cruza con la cuestión social

El otro hecho trascendente que vive desde este cargo en el Hospital Militar Central es conocer con mayor profundidad la realidad sanitaria del país.

Al tomar contacto con las historias clínicas de los aspirantes al servicio militar, procedentes de toda la Argentina, puede comprobar la prevalencia de enfermedades vinculadas con la pobreza, sobre todo en los aspirantes de las provincias más postergadas.

Lleva a cabo estudios estadísticos que determinan que el país sólo contaba con el 45% de las camas necesarias, además distribuidas de manera desigual, con regiones que contaban con 0,00% de camas por mil habitantes. Confirmó de esta manera sus recuerdos e imágenes de provincia, que mostraban el estado de postergación en que se encontraba gran parte del interior argentino.

Su participación en el 17 de Octubre

El 17 de Octubre de 1945 lo encuentra como un partícipe fundamental de la epopeya popular más importante del siglo XX, convenciendo a los médicos militares de un supuesto grave estado de salud de Perón. Lo hizo utilizando unas radiografías que mostraban una pronunciada infección pulmonar, pero que databan de una fecha casi 10 años anteriores, que supo ocultar.

De este modo se convirtió en un testigo privilegiado de la llegada de Perón en las primeras horas del 17 octubre de 1945. Fue el quien dispone que se reserve una habitación para Perón, al tomar conocimiento de que éste sería trasladado desde la isla Martín García.

Según cuentan testigos de ese día, después de una reunión con Perón, salió del hospital con una serie de misivas para activos participantes de la histórica movilización obrera. También relatan algunos colegas de Carrillo en el Hospital, que hizo varios viajes del Hospital Militar a la Casa Rosada, en calidad de interlocutor de Perón.

Carrillo: la revolución de la Salud Pública

Al iniciar sus funciones como Ministro de Salud Pública y Asistencia Social de la Nación, se encontró con una gran desorganización, con instalaciones sanitarias inadecuadas, falta de camas, de equipamiento médico, de insumos y de personal capacitado.

De este diagnostico surge la política sanitaria que Carrillo implementó, fundamentada en tres principios: 1. Todos los hombres tienen igual derecho a la vida y a la sanidad, 2. No puede haber política sanitaria sin política social y 3. De nada sirven las conquistas de la técnica médica si ésta no puede llegar al pueblo por medio de dispositivos adecuados.

Además de su profesionalidad, su formación científica y su abnegación al trabajo, el gran descubrimiento de Carrillo, es incorporar la dimensión social a la medicina. Advierte que lo social es clave y promueve en el campo de la medicina y de la salud una concepción sobre el hombre en su triple dimensión bio, psicoespiritual y social. Lo espiritual como expresión de los valores del ser humano que todos portamos.

La base de la medicina social

Carrillo afirmaba que el hombre no sólo se enferma en su bios, se enferma también en su alma y en su mente, si una persona no tiene trabajo digno, alimentación adecuada, vivienda, es muy difícil que ese hombre pueda vivir sano.

Carrillo inaugura la medicina social en la Argentina, producto de haber estudiado las experiencias que ya se registraban en Europa y en los grandes movimientos sociales de su tiempo. La medicina social trabaja sobre todo en la prevención y esta tarea involucra, desde luego, a la medicina, pero también otros campos del conocimiento.

Conceptos doctrinarios de la política de salud justicialista

El primer paso de Carrillo fue realizar un estudio integral de los problemas de salud en la República Argentina. Fue el primer sanitarista en realizar un trabajo semejante.

El estudio dio origen al "Plan Analítico de Salud Pública", que en sus 4 mil páginas expresaba todas las acciones a desarrollar por la Secretaría de Salud Pública.

La centralización normativa

El Plan establecía dos principios fundamentales de planificación. El primero era la centralización normativa, en el cual se obligaba a la unificación de definiciones, criterios, regímenes de trabajo, normas sobre administración de fondos, economatos, depósitos, personal, contrataciones y contabilidad patrimonial; así como a la unificación de procedimientos y a la tipificación de planillas, formularios, muebles, etcétera.

También se iniciaron tratativas para acordar con las provincias y municipalidades un solo tipo de organización hospitalaria y un mínimo de la cantidad y calidad de las prestaciones.

Descentralización ejecutiva

El segundo principio de planificación era la descentralización ejecutiva, la cual en la práctica dio lugar a la participación directa, tanto de grandes hospitales como de modestas postas sanitarias, cada uno dentro de su radio de acción, en tareas concretas de defensa de la salud popular.

Para ello, Carrillo dividió el país en grandes áreas geográficas, delegando gradualmente funciones y atribuciones técnicas y administrativas en distintos niveles, lo que le permitió multiplicar los organismos de ejecución del Plan.

La Teoría del Hospital

Dentro de las normas y medios para implementar los procedimientos y acciones administrativas y técnicas detalladas en el Plan debe agregarse la Teoría del Hospital. Este compendio doctrinario contiene los principios orgánicos sobre la conformación arquitectónica, técnica y administrativa del Hospital moderno.

Carrillo estaba convencido de que los hospitales no se organizaban a base de libros, ni a conocimientos estrictamente técnico-médicos, sino principalmente al conocimiento de la problemática social de la población que el establecimiento va a servir, y de la política sanitaria que se ha trazado un gobierno.

La salud: prioridad de la obra pública

Ante la necesidad de dotar a la Argentina de infraestructura hospitalaria acorde a las necesidades de toda su geografía, se incluyó en el Primer Plan Quinquenal, la construcción de hospitales, institutos, sanatorios para crónicos, centros de salud, hogares para niños y ancianos, hogares escuelas, entre otras obras. La situación la resolvió con un criterio pragmático y ejecutivo.

Para lo cual se adoptó un estilo arquitectónico, confeccionando planos de prototipos de construcciones de diferente complejidad y capacidad, estudiando el equipamiento necesario para cada complejidad

Un nuevo paradigma

La prioridad dejó de ser poner el acento en la enfermedad para ponerlo en la medicina preventiva, en la organización hospitalaria, en conceptos como la "centralización normativa y descentralización ejecutiva", que nada tiene que ver con la descentralización que se realizó en los últimos años a nivel hospitalario en nuestro país, que solo responde a fines meramente económicos impuestos por el mercado.

La obra del gran sanitarista argentino

Resulta una tarea casi infinita enumerar la prolífera obra del Dr. Carrillo frente a la cartera de Salud. Se desarrollaron acciones que no tienen parangón hasta nuestros días, en lo que sin titubeos podríamos denominar una revolución sanitaria.

Por citar sólo algunos ejemplos: erradicó, en sólo dos años, enfermedades endémicas como el paludismo, con campañas sumamente agresivas; hizo desaparecer prácticamente la sífilis y las enfermedades venéreas; disminuyó el índice de mortalidad por tuberculosis de 130 por 100.000 a 36 por 100.000; terminó con epidemias como el tifus y la brucelosis y redujo drásticamente el índice de mortalidad infantil del 90 por mil a 56 por mil.

Su gestión aumentó el número de camas existentes en el país, de 66.300 en 1946 a 132.000 en 1954, gran merito tuvieron en esta tarea el Ministerio de Obras Públicas, la Subsecretaría de Construcciones del Ministerio de Salud (que creó con ese fin) y la Fundación Eva Perón. Los pilares de este fenomenal proceso fueron los dos brazos de la antiburocracia, Eva Perón y Ramón Carrillo.

La salud en manos del Estado

También bajo su conducción fue creada EMESTA, primera fábrica nacional de medicamentos, pese a las fuertes presiones de las multinacionales. EMESTA, que estaba dedicada a abastecer a todos los establecimientos públicos del país, constituyó un gran freno para las multinacionales ya que les impidió dominar el mercado y abusar de los precios.

Vaya un reconocimiento aquí a Gines González García, quien al frente del Ministerio de Salud, ese que habitó Carrillo, 50 años más tarde impulsó los medicamentos genéricos, que sin dudas significaron un freno a la ambición de esas mismas multinacionales, que todavía hegemonizan la producción de medicamentos, como si la salud es un bien de mercado, que de acuerdo al poder adquisitivo de los sujetos es más o menos accesible.

Una bisagra histórica

En resumen, las obras más importantes entre 1946 y 1954 del Dr. Ramón Carrillo nos dan las siguientes estadísticas: 141 nuevos hospitales, 60 Institutos de Especialización, 50 Centros Materno-Infantiles, 16 escuelas técnicas, 23 laboratorios e instituciones de diagnóstico, 9 hogares-escuela, Centros Sanitarios y Centros de Salud en todas las provincias; "campañas integrales" contra las endemias, logrando la eliminación del paludismo, sífilis, tifus y tuberculosis, etc., etc.

El mito de la pelea con Perón

Ramón Carrillo padecía una cruel enfermedad, la que era grave y progresiva y fue la razón de su deceso: hipertensión arterial maligna con manifestaciones encefalopáticas.

Por aquel motivo, a partir de 1951 su salud empieza a deteriorarse de manera sostenida, no obstante continúa al frente del Ministerio ya que no quería abandonar a Perón y al proyecto de salud como derecho universal, que él mismo había fundado.

Sin embargo, hay quienes sostuvieron y sostienen que por esos años, comenzó a evidenciarse las diferencias ideológicas de los principales ministros y colaboradores de Perón. Lo que habría hecho que a pesar de su devoción por su labor, comenzará a recibir cuestionamientos, la mayoría injustificados, por parte de otros miembros del gabinete, con los que supuestamente estaba enfrentado en una interna o cosa parecida.

Estas versiones o mitos, creadas generalmente por quienes se opusieron y oponen a los proyectos liberación nacional, han sido una constante como herramienta o método de descrédito o deslegitimación de los grandes hombres de nuestro pueblo. En especial cuando la realidad de los hechos los vuelve incuestionables. Una verdadera "chismografía" historiográfica se ha desatado sobre este punto, tanto por la carencia de argumentos como por la tilinguería de quien enuncia y quien repite.

Paradojal: la enfermedad frenó la obra del gran sanitarista

Recurrimos a los dichos la sobrina del gran sanitarista, Maria Salome Carrillo, para dar por finalizada es ficticia polémica, por ausencia de sentido y fundamentos.

Cuando se la consulta sobre la salida de Carrillo del Gobierno, ella no deja lugar a dudas y expresa categóricamente, "...se dijeron muchas mentiras, como por ejemplo que mi tío y Perón se habían peleado. No es así. El estaba muy enfermo y no podía continuar al frente del ministerio. Perón le ofrece otro cargo pero él decide viajar a los Estados Unidos en virtud del mal que lo aquejaba. Se va sin un peso y sin trabajo".

Muerte en el exilio: Infamia sufrida por patriotas

En 1954 parte a Nueva York en la motonave "Evita", junto a su esposa Susana y sus cuatro hijos, para tratarse de su enfermedad.

La "fusiladora" de los canallas Aramburu y Rojas lo encontró lejos de su patria. El gobierno del pusilánime de Lonardi, lo acusó de enriquecimiento ilícito e impuso interdicción a dos departamentos que tenía y confiscó sus cuadros y sus libros, pese a la justificación que hizo de todos y cada uno de sus bienes a través de su hermana.

Sus últimos días en Brasil

En Estados Unidos, recibe un tratamiento que solo logró atenuar los efectos de su enfermedad, pero debido a lo costoso de vivir ahí, decidió emplearse en la empresa Hanna Mineralization and Co., que tenía un emprendimiento a unos kilómetros de Belem do Pará, en Brasil.

Su estancia en Brasil grafica la humildad y grandeza que habitaba en el espíritu de Carrillo. Su llegada es el 1º de noviembre de 1955 y desde el primer momento se vincula con el Hospital de la Universidad local, la Santa Casa de la Misericordia, sin darse a conocer. Sin embargo, en el Hospital le dicen que no pueden emplearlo como médico, a lo que él responde que sólo desea colaborar.

En dicho hospital conoce a un joven médico, el doctor Jourdy, quien se convertiría en su amigo y discípulo. Los avanzados conocimientos que Jourdy había recibido de Carrillo llamaron la atención de los profesionales del hospital. Por esta razón, pidieron informes a Río de Janeiro de quien era para ellos un total desconocido. Por medio de estos informes se enteraron de su actuación científica y política.

A partir de allí es convocado para importantes consultas, exponer en conferencias y dar clases en el Hospital de Aeronáutica y en la Santa Casa de la Misericordia. Fiel a su convicción de la salud como derecho universal, durante su paso en Belem, ejerce su profesión en la tribu de los indios caboclos, que jamás habían visto un médico.

Muerte y repatriación

Ante el avance incesante de la enfermedad que lo aquejaba, su salud seguía empeorándose de manera creciente.

En marzo de 1956 le anuncia a su esposa que sólo le quedaban 9 meses de vida, por lo que pretende retornar a su tierra, pero no lo pudo lograr, porque la "fusiladora" se lo impedía.

El 28 de noviembre de 1956 sufrió un accidente cerebrovascular, falleciendo el 20 de diciembre de 1956, cuando apenas tenía cincuenta años. La dictadura oligarca además de negarle el derecho a morir en su patria, que largamente se la había ganado, no permite repatriar sus restos.

En 1972 sus restos fueron repatriados y enterrados en Santiago del Estero, como él lo había pedido. Los periódicos ignoraron en su casi totalidad la noticia, o escuetamente publicaron una breve referencia.

En el aeroparque de Buenos Aires, entre los presentes para rendirle homenaje se encontraba otro gigante de nuestra historia, Don Arturo Jauretche.

Cuando Perón asume la tercera presidencia, pide al pueblo argentino rendirle un homenaje y por fin se pudo velarlo y darle la sepultura que se merecía.

Su obra y legado: un norte para todos los peronistas

La obra y el trabajo de Ramón Carrillo son una llama ardiente que esta viva y latente, por razones fundamentales como lo revolucionario de su gestión, por las vidas que se salvaron, por la infraestructura sanitaria que dejó instalada, por la concepción de salud pública que dejó grabada a fuego en la conciencia de miles argentinos.

Pero su obra es un proceso inconcluso, interrumpido por el autoritarismo y la oligarquía, al igual que la liberación nacional, la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.

Mucho resta todavía para reestablecer la política sanitaria de otrora. Lo que resta o aún falta, no será producto solo de la decisión de hombres y mujeres al frente de un Ministerio, sino que será producto de un proceso político que reponga la soberanía política, la independencia económica y la justicia social de manera efectiva, lo que necesariamente implica la activa participación del pueblo y sus dirigentes, proceso que debe tener en cuenta esta coyuntura histórica y los cambios de época, pero que nos lleve a reestablecer las condiciones que revindiquen el derecho de la persona como una integralidad inalienable.

Hasta que ese día llegue, el legado de Carrillo ocupa una centralidad, que al menos nosotros, los peronistas y quienes abrevan en el pensamiento nacional y popular, no podemos obviar.

Su dedicación al estudio y al trabajo y el compromiso con los que menos tienen, deben ser nuestras directrices en cada acción que emprendamos por mínima o ínfima que sea.

Escribe: Atilio Martinez

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22-03-2019 / 19:03
Un 23 de marzo como hoy... pero de 1942 moría Marcelo Torcuato de Alvear, abogado y político argentino, presidente de la Nación desde el 12 de octubre de 1922 y el mismo día de 1928. Participó activamente de las revoluciones radicales de 1890 y 1893, integrándose en la Unión Cívica que luego dio origen a la Unión Cívica Radical, en el sector denominado "galeritas" (más cercanos al conservadurismo). Cuando Yrigoyen asumió la presidencia en 1916 nombró a Alvear embajador en Francia, y éste fue electo Presidente en momentos en que se encontraba en ese país.
 
Todas las fuerzas antiyrigoyenistas y antipopulares levantaron la cabeza a partir del momento en que Alvear se hizo cargo del gobierno. Desde el inicio de su gestión nombró a ministros que no tenían relación alguna con los sectores yrigoyenistas, por lo que la unión entre ambos comenzó a quebrarse. Su gabinete era una clara demostración de que don Marcelo afirmaba su "independencia" con respecto al caudillo.
 
Alvear, como hijo predilecto de la fortuna, gozó de las ventajas envidiables que le ofrecía el período de "estabilización relativa del capitalismo" que transcurre entre la posguerra y la crisis mundial del 30. Los altos índices de exportación de nuestros productos agropecuarios llenaron de oro a la Tesorería.
 
Su gobierno coincidió con el fin de la crisis mundial de la posguerra, lo que le permitió mejorar la economía y las finanzas del país, además de destacarse el desarrollo de la industria automotriz y la explotación petrolera, que alcanzó una prosperidad económica desconocida hasta entonces para la Argentina.
 
Con todo ello, llegó a números insospechados en lo que respecta al PIB por habitante, que en 1928 había alcanzado el sexto puesto entre los más altos del mundo. Incluso, se registró un aumento de la clase media, una subida del salario real y una disminución de las huelgas y conflictos.
 
Pero la interna radical estaba a la orden del día y las intrigas en todos los órdenes. Si el ministro de Hacienda Víctor Molina proclamaba orgullosamente su doctrina librecambista, la actitud de Alvear hacia la reforma universitaria, el gran movimiento cultural que había apoyado Yrigoyen en 1918, se volvía abiertamente hostil y la conspiración oligárquica se pone en marcha para impedir la segunda presidencia del Caudillo.
 
La interna radical se dirimió en 1928 con la elección nacional. La fórmula Hipólito Yrigoyen-Francisco Beiró se impuso por el 57,4 de los votos. Al dejar la presidencia, Alvear se radicó en Francia. 
 
Por Carlos Morales para La Opinión Popular

22-03-2019 / 19:03
21-03-2019 / 18:03
20-03-2019 / 18:03
La Siberia argentina, como la definió Osvaldo Bayer, cerró sus puertas el 21 de marzo de 1947 a orillas del canal de Beagle. Hace 71 años un decreto no demasiado recordado del presidente Juan Perón señalaba el final para la inhumana cárcel de Ushuaia, la más austral del mundo.
 
Había sido centro de castigo y aislamiento durante 45 años. Por sus 380 celdas de 1,93 por 1,93 pasaron desde el Petiso Orejudo hasta el anarquista ucraniano Simón Radowitzky, quien mató de un bombazo al comisario y represor de obreros, Ramón Falcón. La cárcel de Ushuaia fue usada como un depósito del Estado para alojar presos políticos.
 
El dictador José Félix Uriburu envió a Tierra del Fuego a militantes anarquistas, comunistas, trotskistas y socialistas. Entre ellos estaban el cronista del diario La AntorchaHoracio Badaraco y el de La ProtestaJosé Berenger, torturado con una prensa. Agustín P. Justo, el presidente que llegó de la mano del fraude en 1931, siguió mandándolos por barco hacia la isla.
 
La cárcel que cerró Perón se volvió a abrir dos veces más en las décadas del 50 y 60. La Revolución Libertadora envió a partidarios del General. Jorge Antonio (empresario), Guillermo P. Kelly (dirigente de la Alianza Libertadora Nacionalista) Héctor Cámpora(Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación) John W. Cooke (Diputado Nacional), y el dirigente de la CGT, José Espejo; por orden del Almirante Isaac Rojas son trasladados al Penal del sur.
 
Sufren allí condiciones tremendas de prisión con temperaturas extremas que alcanzaban a 40 grados bajo cero, sin calefacción, sin agua, engrillados, condiciones éstas que se suman a un sin fin de vejámenes por orden de la "Revolución Libertadora". También la utilizó por última vez Arturo Frondizi en 1960 cuando aplicó el Plan Conintes para meter presos a militantes de la resistencia peronista juzgados por consejos de guerra especiales.
 
La Opinión Popular

20-03-2019 / 18:03
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