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Sociedad e Interés General - 03-03-2019 / 08:03
EFEMÉRIDES POPULARES. EL FIN DE LA COLIMBA

Carrasco se incorpora al Servicio Militar Obligatorio

Carrasco se incorpora al Servicio Militar Obligatorio
El 03 de marzo de 1994, hace 25 años, Omar Octavio Carrasco se incorporó al Servicio Militar Obligatorio (SMO). Lo mataron a tres días de llegar a su regimiento en Zapala, en un “baile” ordenado por un subteniente. Hubo tres condenas y un altísimo grado de interferencia para que la causa no creciera. Menem eliminó el servicio militar.
 
El 03 de marzo de 1994, hace 25 años, el joven Omar Octavio Carrasco, de 18 años, un chico modesto, silencioso, nacido en la ciudad neuquina de Cutral Co, se incorporó al Servicio Militar Obligatorio (SMO) en el Grupo de Artillería 161 de Zapala.
 
La historia oficial dice que su muerte se produjo apenas tres días después como consecuencia de un hemotórax producto de una golpiza que le dieron dos conscriptos durante un "baile", el eufemismo de la jerga militar que alude al castigo físico. La orden la dio un subteniente.
 
En la primera visita a su hijo en el cuartel, luego de la incorporación, los padres fueron notificados de la desaparición de su hijo, a quien habían declarado "desertor". Fue la primera mentira de tantas que signaron el caso.
 
El encubrimiento quedó al desnudo el 06 de abril de ese año, cuando el cuerpo del joven fue encontrado en el cerro Gaucho, en los terrenos del Grupo de Artillería, donde ya se habían realizado varios rastrillajes sin éxito.
 
El presidente de la Nación era Carlos Menem, quien para cerrar el escándalo le puso fin al servicio militar obligatorio. 

 
El cadáver de Carrasco había sido vestido con ropa recién planchada y fue "plantado" en el lugar cuando llevaba muerto un mes. La entomóloga Adriana Oliva demostró en el juicio que habían escondido el cuerpo en un recinto cerrado y poco transitado dentro del predio militar. La pista fue una picadura de avispa que presentaba el cuerpo.
 
El subteniente y los dos conscriptos que "bailaron" a Carrasco fueron condenados por el crimen en enero de 1996, pero quedó trunco un segundo juicio oral por encubrimiento en el que eran investigados cerca de diez altos jefes del cuartel y del servicio de Inteligencia del Ejército.
 
El entonces juez federal de Neuquén Guillermo Labate, a cargo de la causa por encubrimiento, incluso acusó por "falso testimonio" al ex jefe del Ejército Martín Balza, por presunto ocultamiento de la existencia de una operación de inteligencia destinada a cerrar el caso con las tres condenas por el crimen. La posibilidad de enjuiciar a Balza fue rechazada en julio de 1997 por el Tripunal de Apelaciones de General Roca.
 
La causa por el encubrimiento fue languideciendo en una madeja de apelaciones y chicanas de los abogados de los altos mandos, incluyendo al ex jefe de Inteligencia de la fuerza, general Jorge Miná.
 
La duda central del caso, que nunca fue aclarada, es si Carrasco murió efectivamente el 6 de marzo de 1994, como se dio por comprobado en el juicio oral por el crimen o si tuvo una sobrevida de dos, tres o más días.
 
La sospecha, avalada por fuertes indicios que nunca fueron investigados a fondo, es que Carrasco fue asistido en el hospital del propio regimiento por la herida interna recibida pero sin los cuidados necesarios por la carencia de medios.
 
De haber sido así, la responsabilidad de la muerte sería de los médicos y las autoridades del cuartel, por "abandono de persona", dado que se cree que de haber sido llevado al Hospital de Zapala, podrían haberle salvado la vida.
 
En ese caso, el subteniente Ignacio Canevaro, condenado a quince años de prisión, y los soldados Víctor Salazar y Cristian Suárez, que recibieron una pena de diez años, tendrían que haber sido juzgados sólo por lesiones graves o por intento de homicidio, en el peor de los casos. En la causa por encubrimiento, el juez Labate había avanzado en algunas comprobaciones que ponían en seria duda la historia oficial.
 
En su momento, sin éxito porque la causa naufragó, Labate quería que la Facultad de Medicina de la UBA hiciera un informe académico sobre un estudio realizado por el perito oficial del juzgado, el médico legista Alberto Brailovsky.
 
En ese estudio se argumentaba que Carrasco no murió el 6 de marzo como se dejó sentado en el juicio sino "48 o 60 horas después". De haber sido así, la investigación sobre las causas de la muerte del joven podrían haber sido responsabilidad de un capitán médico, un teniente primero neurólogo, un cardiólogo civil y tres subtenientes enfermeras, además de las máximas autoridades militares del cuartel.
 
Hacia allí se había avanzado a partir del testimonio de un sargento ayudante enfermero que dio una confusa explicación sobre por qué había dejado asentado, en la ficha médica de Omar Carrasco, que el conscripto había recibido, el 8 de marzo de 1994, -dos días después de su muerte "oficial"- la vacuna militar llamada tabdite, que incluye la antitetánica, un medicamento que podría ser necesario para alguien con un cuadro clínico similar al del conscripto.
 
O más simple: ¿por qué vacunar a un muerto? El sargento ayudante enfermero dijo que la "vacunación masiva" había sido el 8 de marzo, aunque después se comprobó que en realidad fue el 12 de ese mes, lo que agrega más dudas.
 
La famosa vacuna salió de la farmacia del hospital del cuartel el 8 de marzo. Brailovsky, en diálogo con Página 12 en aquellos tiempos, sostuvo que "a menos que en el cuartel vacunaran cadáveres, a Carrasco lo vacunaron cuando todavía estaba vivo, porque los médicos lo asistían (en el hospital del cuartel), en un sitio sin asepsia médica y temían una infección".
 
Parte de la investigación del juez Labate, tropezó con algunas deficiencias heredadas de la investigación realizada, en la instrucción del caso, por el juez federal de Zapala, Rubén Caro, y por el fiscal Luis María Viaut. El juez Caro, doce años después de la muerte de Carrasco, fue investigado, acusado de permitir que el Ejército le manejara la causa para limitar el caso a los tres condenados por el crimen.
 
En el juicio oral, los peritos de la Corte Suprema de Justicia, que analizaron los resultados de la primera autopsia del cuerpo del soldado Carrasco, determinaron que la agonía de la víctima no había durado más de tres horas y que, en consecuencia, había fallecido el 6 de marzo de 1994.
 
El primer forense, Rodolfo Villagra, hizo la autopsia en el cuartel, en precarias condiciones y rodeado por militares que podrían haber tenido responsabilidad en el hecho.
 
En su declaración testimonial en el juicio, Villagra sostuvo que encontró fracturas en las costillas derechas segunda, tercera y cuarta, y "aproximadamente 1500 centímetros cúbicos de líquido de tinte hemático" en la región pleural. Aclaró que fue un cálculo "a ojo de buen cubero". El líquido hallado fue volcado en un frasco vacío, usado antes para guardar mayonesa.
 
En la reautopsia, los forenses de la Corte Osvaldo Raffo, Osvaldo Curci y Julio Ravioli establecieron que las costillas fracturadas eran la sexta y la octava, pero en el primer informe sólo hablaron de una luxación en la costilla sexta. El estado del cuerpo, en la reautopsia, impidió dar mayores precisiones sobre la arteria afectada y la gravedad del estado del paciente.
 
A 25 años del Caso Carrasco, las dudas siguen siendo tan rotundas como el primer día, pero ya no existe ninguna posibilidad de barajar y dar de nuevo. Las únicas certezas, en cuanto a fechas, es que el 3 de marzo de 1994 Omar Octavio Carrasco se hizo colimba y que su cuerpo apareció el 6 de abril de ese año, en el cerro Gaucho. 
 
Por Carlos Rodríguez
 
Fuente: Página12
 

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22-03-2019 / 19:03
Un 23 de marzo como hoy... pero de 1942 moría Marcelo Torcuato de Alvear, abogado y político argentino, presidente de la Nación desde el 12 de octubre de 1922 y el mismo día de 1928. Participó activamente de las revoluciones radicales de 1890 y 1893, integrándose en la Unión Cívica que luego dio origen a la Unión Cívica Radical, en el sector denominado "galeritas" (más cercanos al conservadurismo). Cuando Yrigoyen asumió la presidencia en 1916 nombró a Alvear embajador en Francia, y éste fue electo Presidente en momentos en que se encontraba en ese país.
 
Todas las fuerzas antiyrigoyenistas y antipopulares levantaron la cabeza a partir del momento en que Alvear se hizo cargo del gobierno. Desde el inicio de su gestión nombró a ministros que no tenían relación alguna con los sectores yrigoyenistas, por lo que la unión entre ambos comenzó a quebrarse. Su gabinete era una clara demostración de que don Marcelo afirmaba su "independencia" con respecto al caudillo.
 
Alvear, como hijo predilecto de la fortuna, gozó de las ventajas envidiables que le ofrecía el período de "estabilización relativa del capitalismo" que transcurre entre la posguerra y la crisis mundial del 30. Los altos índices de exportación de nuestros productos agropecuarios llenaron de oro a la Tesorería.
 
Su gobierno coincidió con el fin de la crisis mundial de la posguerra, lo que le permitió mejorar la economía y las finanzas del país, además de destacarse el desarrollo de la industria automotriz y la explotación petrolera, que alcanzó una prosperidad económica desconocida hasta entonces para la Argentina.
 
Con todo ello, llegó a números insospechados en lo que respecta al PIB por habitante, que en 1928 había alcanzado el sexto puesto entre los más altos del mundo. Incluso, se registró un aumento de la clase media, una subida del salario real y una disminución de las huelgas y conflictos.
 
Pero la interna radical estaba a la orden del día y las intrigas en todos los órdenes. Si el ministro de Hacienda Víctor Molina proclamaba orgullosamente su doctrina librecambista, la actitud de Alvear hacia la reforma universitaria, el gran movimiento cultural que había apoyado Yrigoyen en 1918, se volvía abiertamente hostil y la conspiración oligárquica se pone en marcha para impedir la segunda presidencia del Caudillo.
 
La interna radical se dirimió en 1928 con la elección nacional. La fórmula Hipólito Yrigoyen-Francisco Beiró se impuso por el 57,4 de los votos. Al dejar la presidencia, Alvear se radicó en Francia. 
 
Por Carlos Morales para La Opinión Popular

22-03-2019 / 19:03
21-03-2019 / 18:03
20-03-2019 / 18:03
La Siberia argentina, como la definió Osvaldo Bayer, cerró sus puertas el 21 de marzo de 1947 a orillas del canal de Beagle. Hace 71 años un decreto no demasiado recordado del presidente Juan Perón señalaba el final para la inhumana cárcel de Ushuaia, la más austral del mundo.
 
Había sido centro de castigo y aislamiento durante 45 años. Por sus 380 celdas de 1,93 por 1,93 pasaron desde el Petiso Orejudo hasta el anarquista ucraniano Simón Radowitzky, quien mató de un bombazo al comisario y represor de obreros, Ramón Falcón. La cárcel de Ushuaia fue usada como un depósito del Estado para alojar presos políticos.
 
El dictador José Félix Uriburu envió a Tierra del Fuego a militantes anarquistas, comunistas, trotskistas y socialistas. Entre ellos estaban el cronista del diario La AntorchaHoracio Badaraco y el de La ProtestaJosé Berenger, torturado con una prensa. Agustín P. Justo, el presidente que llegó de la mano del fraude en 1931, siguió mandándolos por barco hacia la isla.
 
La cárcel que cerró Perón se volvió a abrir dos veces más en las décadas del 50 y 60. La Revolución Libertadora envió a partidarios del General. Jorge Antonio (empresario), Guillermo P. Kelly (dirigente de la Alianza Libertadora Nacionalista) Héctor Cámpora(Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación) John W. Cooke (Diputado Nacional), y el dirigente de la CGT, José Espejo; por orden del Almirante Isaac Rojas son trasladados al Penal del sur.
 
Sufren allí condiciones tremendas de prisión con temperaturas extremas que alcanzaban a 40 grados bajo cero, sin calefacción, sin agua, engrillados, condiciones éstas que se suman a un sin fin de vejámenes por orden de la "Revolución Libertadora". También la utilizó por última vez Arturo Frondizi en 1960 cuando aplicó el Plan Conintes para meter presos a militantes de la resistencia peronista juzgados por consejos de guerra especiales.
 
La Opinión Popular

20-03-2019 / 18:03
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