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"El Gobierno de Macri solo quiere que nos hagamos cargo de su fracaso". Sergio Massa
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Nacionales - 17-02-2019 / 08:02

La lucha de Macri con la realidad

La lucha de Macri con la realidad
Mauricio Macri no tiene la capacidad suficiente para ejercer la Presidencia de la Republica, para ocupar ese puesto. Especialmente es sorprendente la incapacidad que tiene para pensar de manera flexible, para solucionar los problemas. Un eventual segundo mandato puede ser aun peor que el primero.
El miércoles por la tarde, el presidente Mauricio Macri sostuvo que la inflación estaba bajando y que comenzaba el tiempo de volver a crecer en la Argentina. Un día después, el Indec -o sea, la realidad- lo desmintió: la inflación está subiendo y, dentro de ella, lo que más sube es el precio de los alimentos.
 
No se trató de un episodio aislado. Pocos días antes de asumir, el Presidente anunció que eliminaría los controles de cambios y que eso no tendría efectos sobre los precios porque "ya están al nivel del dólar a 15": la respuesta de la realidad fue tremenda.
 
En aquellos días felices, el Gobierno pronosticó también que la inflación sería de 24 puntos en 2016 y de un dígito este año: la realidad volvió a responder con violencia.
 
En esa seguidilla de derrotas se puede percibir un problema histórico del país -su dificultad para vencer la inflación- y otro del presidente -su limitación para entender los motivos de su propio fracaso, la persistencia en el error, su rigidez extrema.
 
En unos años, este problema podría ser motivo de un interesante debate teórico titulado "¿por qué la Argentina fracasó nuevamente?". Pero en estos días, se trata de un asunto serio, en parte porque, al menos hasta hoy, Mauricio Macri sigue siendo, por leve margen, el favorito para gobernar la Argentina en el período que viene.
 
En el Gobierno, algunas personas repiten como un mantra que los primeros mandatos de Macri -en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires- fueron muy turbulentos y los segundos compensaron con resultados sorprendentes.
 
Si no aplica nuevos enfoques, ese eventual segundo mandato puede ser aun más accidentado que el primero. Pero además, si llega a perder las elecciones, los fracasos de Macri encierran lecciones para quien lo suceda.
 
Quien recorra brevemente hacia atrás la lucha del Presidente contra la inflación, deberá rendirse ante cierta perplejidad. En el principio, el Presidente anunció que la liberación del cepo no produciría un aumento precios.
 
¿De dónde salió semejante idea, en un país donde la relación entre la suba del dólar y la de los precios es un clásico, una constante, una patología? Gran parte del mundo económico -Espert, la UIA, Ferreres, Melconian- le advirtió que estaba equivocado. Era una obviedad. Él decidió apretar el botón.
 
Luego, pronosticó que la tasa de inflación del primer año sería del 24 por ciento. Otro contrasentido. Ese había sido el aumento de precios del 2015. Y el Gobierno le echaría nafta con un aumento fuerte de tarifas y una bruta devaluación. ¿Por qué razón la inflación no iba a aumentar si se tomaban medidas que, para cualquier principiante, tendrían ese efecto? 

 
Para compensar tantos desbarajustes, el Banco Central subió violentamente la tasa de interés. Eso frenó la economía -como ocurre ahora-, produjo un vuelco hacia la especulación financiera -como ahora-, fracasó en el objetivo de bajar la inflación -como ahora- y generó una bomba de tiempo -¿cómo ahora?-.
 
Si muchas veces se ataca un problema con la misma metodología, y eso nunca funciona, ¿no sería hora de revisar el enfoque? ¿No habrá llegado el momento de ser más amplio respecto de los economistas a los que consulta, una y otra vez, el Presidente?
 
En todo este periplo hay varias ideas que se repiten compulsivamente: una exagerada confianza en el aumento de la tasa de interés, una subestimación de los efectos inflacionarios de medidas que toma el mismo Gobierno -como el aumento de tarifas-, la negación absoluta a que el Estado intervenga en la formación de precios aun de una manera moderada o en momentos de especial tensión. Un ejemplo entre cientos: en septiembre, la harina subió un 20 por ciento.
 
Naturalmente, eso se debe a la aplicación parcial de la devaluación a su precio interno. La mayoría de los economistas coincide en que los precios máximos no son la mejor medida para impulsar la economía de un país.
 
Pero, en un momento de altísima incertidumbre, ¿el Estado no debe jugar ningún rol frente un aumento tan brutal de un bien que afecta tanto la dieta de los más pobres? ¿No hay un punto de equilibrio entre la brutalidad de Guillermo Moreno y la de Miguel Braun?
 
El ejercicio del poder tiene siempre un componente psicológico. En este caso, es sorprendente la dificultad que tiene el equipo oficial para pensar de manera flexible.
 
En estos días, por enésima vez, se repite el relato bíblico de que la tierra prometida está cada vez más cerca. Solo es cuestión de esperar que termine el traslado de la devaluación a precios, que se apliquen los últimos aumentos de tarifas, que los precios absorban algo de las paritarias pendientes y, finalmente, entonces sí, la inflación empezará a bajar.
 
¿A nadie le suena un poco trillada esa esperanza en los alrededores de Duijovne? ¿No será que esa esperanza es el preludio de un nuevo sacudón y vuelta a empezar? ¿No se trata de una reedición del famoso segundo semestre?
 
En medio de la confusión general, un economista apareció con una idea que parece disparatada, pero tal vez no lo sea tanto. Emmanuel Álvarez Agis, titular de la consultora PxQ, arriesgó: "Una de las causas de la inflación es la grieta".
 
Lo explica así: "En todos los países que decidieron combatir la inflación hubo un amplio acuerdo político y económico. Eso pasó en Brasil, Perú, Israel, en España con el Pacto de la Moncloa, en Colombia. Siempre existió una mesa con empresarios, con sindicalistas y políticos de todos los partidos. Esa mesa tenía una razón de ser: todos iban a ceder algo porque la carrera inflacionaria, al final, los perjudicaba. Esa mesa debía conducir un equilibrio inestable. Porque si salta, por ejemplo, el precio de la energía, hay que replantear todo. Con esos acuerdos, no alcanza. Pero sin esos acuerdos, es imposible bajar la inflación".
 
Alvarez Agis fue viceministro de Axel Kicillof. Naturalmente, del otro lado de la grieta se argumentará que formó parte de un gobierno que no pudo derrotar la inflación. Pero eso no invalida ni el enfoque ni los argumentos.
 
Que Cristina Kirchner sea una de las creadoras y militantes de la grieta no cambia que los acuerdos de precios y salarios hayan jugado un rol en todos los países que, con tiempo y paciencia, derrotaron el problema.
 
Ese enfoque alternativo plantea desafíos complejísimos, porque la grieta está muy instalada en la conducción argentina. ¿Cómo armarían una mesa de acuerdo Macri y Kirchner, si no se hablan entre sí, si no se resignan a entender que las ideas de ambos han fracasado frente a este desafío, si son los principales beneficiarios de ese desacuerdo?
 
¿Cómo realizar acuerdos permanentes en un país que no tiene esa cultura? ¿Quién podría ser el líder que articule para desarmar tanto grito de guerra, quién será el que se anime a atenuar por un tiempo todas las grietas, las que existen entre asalariados y empresarios, entre consumidores y formadores de precios, entre trabajadores en negro y en blanco? ¿Cómo garantizar que esa aventura funcione mientras el país recorre estrechos caminos de cornisa?
 
Es una propuesta compleja, extenuante y seguramente imposible. ¿En una misma mesa, los formadores de precios, los asalariados, los que deciden las tarifas, las empresas de energía, el presidente actual, el que podría sucederlo, todos comprometidos en un desafío a diez años? Eso cambiaría la Argentina en muchos sentidos. Pero parece que hay un gen que lo hace imposible.
 
Los dos principales candidatos para las próximas elecciones expresan, de hecho, todo lo contrario. Una llevó la inflación al 25 por ciento, mientras producía un fuerte atraso cambiario y pisaba las tarifas. El otro la puso en 50 por ciento. Es curioso que ambos se crean dueños de alguna verdad luego de fracasos tan estruendosos.
 
El 2,9 por ciento de enero no es el fracaso de un mes. Es el fracaso de un país y un reflejo de las limitaciones de sus líderes.
 
Solo que ellos no se dan cuenta.
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 

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20-05-2019 / 09:05
Sergio Ziliotto ratificó el invicto del peronismo pampeano en elecciones para gobernador desde 1983 con cómoda diferencia sobre el radical Daniel Kroneberger. Ziliotto expresa al sector del gobernador Carlos Verna, uno de los "hombres fuertes" de la provincia, como antes fueron Rubén Marín u Oscar Jorge. Verna se había excluido de la competencia por razones de salud.
 
La capital, Santa Rosa, sabe ser fiel al peronismo pero en 2015 venció el radical Leandro Altolaguirre con Cambiemos. Ayer, la intendencia fue recobrada por el peronismo, representado por el joven K Luciano Di Nápoli, quien será el primer dirigente de La Cámpora que gobierne una capital de provincia. No se concretó el temor a una eventual fuga de votos de quienes perdieron la interna.
 
Los radicales se habían dado el gusto de superar con amplitud al macrista Carlos Mac Allister en la interna. En campaña, habrán agradecido la ausencia de dirigentes nacionales de Cambiemos. Llevaron el nombre de esa coalición en las boletas pero usaron el slogan "Venceremos".
 
Prescindieron, asimismo, del color amarillo para disimular. No les bastó, por lo visto. Ayer se le fue de las manos a los correligionarios la intendencia de una capital de provincia, la segunda en dos semanas. La primera, de mucho mayor población y peso económico, fue Córdoba.
 
Si vencen oficialismos territoriales de distintos colores, en comarcas bien diferentes las claves son locales pero los resultados rebotan e impactan en el escenario nacional. Más allá de las peculiaridades se reitera la tendencia: van cuatro gobernadores que revalidan, con score holgado. Van cuatro territorios con desastroso desempeño de Cambiemos.
 
Hace dos años, pareció que el oficialismo nacional coparía muchos distritos, como un Pacman jugando al TEG. Los radicales se restregaban las manos. Pasaron cosas, las provincias conservan sus ejecutivos y la espuma de Cambiemos bajó, mucho.
 
Tras los comicios, Verna vinculó el resultado con el escenario nacional. Aludió al enfrentamiento entre dos modelos: el peronista y el neoliberal del Gobierno nacional. Lo "bajó a tierra" con datos duros: en tiempos K se construían en La Pampa mil viviendas por año, cifra que bajó a cero durante el mandato del presidente Mauricio Macri.
 
Ensalzó cómo se conformaron las listas en su distrito. Un Frente provincial (FREJUPA) liderado por el peronismo y sumando al Frente Renovador, Nuevo Encuentro y el Partido Comunista entre otros. "La sabiduría" de todos los sectores al confluir en lista única para la gobernación.
 
Todas las votaciones que vienen serán con resultados desoladores para las huestes de Macri y sus aliados radicales. Habrá que esperar, de todas maneras: los partidos solo terminan con la pitada final.
 
La Opinión Popular

19-05-2019 / 13:05
El Peronismo aguarda por un nuevo festejo. Esta vez en La Pampa, la provincia donde comenzó el año electoral. El gobernador Carlos Verna se bajó de la reelección tras ser diagnosticado de cáncer, y eligió para la sucesión al diputado nacional Sergio Ziliotto.
 
El panorama viene más complicado para el radical Daniel Kroneberger, también diputado nacional, que derrotó por amplio margen en la interna de Cambiemos al ex futbolista de Boca y ex secretario de Deportes de Macri, el macrista Carlos Mac Alllister.
 
Aquella victoria en febrero infló el pecho de los correligionarios que se animaron a plantarse en otras provincias y sacudir la disputa nacional de la alianza gobernante.
 
En La Pampa ya no existe la alianza antiperonista Cambiemos, ahora se presenta como Avancemos y con el amarillo desterrado de la campaña. Macri tiene una imagen negativa que ninguna encuesta ubica por debajo del 60 por ciento.
 
La incógnita está en cuántos puntos habrá de diferencia y si el peronismo logra recuperar la ciudad de Santa Rosa con un cristinista puro, Luciano Di Nápoli, que venció en la disputa interna a un peronista tradicional, y que dedicó el triunfo especialmente a Cristina. Tendría que producirse un corte de boleta descomunal e histórico para que la UCR no pierda otra capital provincial en su aventura macrista.
 
Otro dato que el peronismo podrá celebrar es la afinada unidad interna, y que seguramente será elevada como un ejemplo de construcción para el ansiado Frente Patriótico que se persigue a nivel nacional.
 
En La Pampa aprendieron de los errores y el tiempo sanó algunas heridas. El PJ pampeano olfateó el riesgo de la división en 2017, cuando ganó la legislativa nacional por 76 votos y zafó de ser arrasado por la ola amarilla que inundaba el centro del país.
 
Verna fue uno de los primeros gobernadores que se le plantó al Presidente y comenzó a impulsar la idea de unir al peronismo para derrotar al macrismo. Asegura que Macri fracasó y que "delega todo en el mercado y el FMI".
 
Para esta elección se conformó el Frente Justicialista Pampeano (FREJUPA), que reúne a todas las líneas internas y que sumó al Frente Renovador, Patria Grande, Nuevo Encuentro, Humanismo y Comunismo. Todos adentro.
 
La Opinión Popular

19-05-2019 / 09:05
Hasta hace unas horas, la Argentina se encaminaba, casi inevitablemente, hacia una nueva versión del enfrentamiento, la polarización, el fanatismo y la grieta. Ahora, esa situación cambió. Al menos una de las dos opciones no se va a producir. Cristina no va a ser presidenta en el próximo período porque decidió no postularse a ese cargo. ¿Cambió de verdad? ¿No será una trampa? ¿Cambió solo un poco?
 
La mera existencia de esas preguntas representa una gran novedad. Si Cristina era candidata, y era una candidata tan fuerte como lo reflejaban las últimas encuestas, esas preguntas no hubieran existido. Macri o Cristina iban a ser las dos opciones más fuertes: nada habría cambiado.
 
La primera noticia, entonces, es que uno de los símbolos de la polarización, de la grieta, no ocupará la presidencia de la Nación. O, más fuerte aún: que Cristina no será la próxima presidenta. La segunda es que la persona elegida (por ella) para reemplazarla tiene rasgos propios, que varían según quién los describa, pero que son diferentes.
 
Alberto Fernández, por ejemplo, almuerza frecuentemente con periodistas, un detalle que ha generado duras críticas y descalificaciones desde la militancia más sectaria del kirchnerismo. Que él haya sido elegido por Cristina, con ese antecedente, es un dato simbólico muy fuerte: ¿Una picardía? ¿La admisión de un serio error? ¿Una capitulación?
 
Es, además, un hombre que mantiene una relación muy razonable con la embajada norteamericana y con múltiples personalidades, empresarios, intelectuales con los que Cristina y el kirchnerismo duro cortaron lazos desde hace años. "Eso lo hace más peligroso porque es un cínico", dirán quienes lo odian. "Eso permite pensar un gobierno más sereno y racional de lo que hubiera sido uno presidido por Cristina", dirán los que se esperancen.
 
Los dos Fernández son parecidos y diferentes. Es cierto, por ejemplo, que Alberto se alejó cuando el gobierno de Cristina se radicalizó después del conflicto con el sector agropecuario.
 
En los últimos tiempos, su llamativo acercamiento a Cristina permitía preguntarse quién influiría más sobre quién. La manera en que ella volvió a acercarse al peronismo parecía una estrategia influenciada por él. La forma que en que él, por ejemplo, difundió la lista de los jueces que "algún día deberán dar explicaciones por las barbaridades que escribieron", permitía entender hasta dónde ella lo estaba radicalizando.

18-05-2019 / 19:05
En el Gobierno de Mauricio Macri se enteraron que Cristina no sería candidata a presidente como lo hizo el resto de los mortales: a través del canal de Youtube. Más allá del esfuerzo por filtrar que se esperaban una movida semejante, en la Rosada entraron en shock al conocer la noticia que impactó de lleno en la estrategia de polarización que diseñaron Marcos Peña y Jaime Durán Barba para convertir a Macri en presidente y buscar su reelección.
 
La reacción inmediata del Ejecutivo fue definir a Alberto Fernández como un candidato "pésimo" a priori, más que nada por la diferencia abismal del ex jefe de gabinete en términos de conocimiento en la sociedad tanto con Macri como con Cristina.
 
El análisis más frío no tardó en llegar: en la Rosada admiten que el temor no está en la persona de Alberto Fernández sino en el armado de fondo que pueda desembocar su candidatura, en especial por el renunciamiento a medias de Cristina.
 
En el Ejecutivo creen que esta movida inesperada abre una puerta muy grande para la unidad del peronismo contra la candidatura de Macri, que ya de por sí viene golpeado dentro y fuera de su propio espacio.
 
"Si van a unas Paso con todo el peronismo nos liquidan", aseguraron en el Gobierno. Y advierten que esas primarias, que la propia Cristina resalta en su video, son factibles.
 
"Esta es la fórmula para el 40-30", dijeron otras fuentes del Ejecutivo. Creen, en ese sentido, que Cristina declinó su candidatura para favorecer un triunfo del peronismo en primera vuelta, tras meses y meses de especulaciones en torno a lo que sucedería en un ballotage entre ella y Macri.
 
En la Rosada suponen que Sergio Massa y Daniel Scioli terminarán de cerrar con Cristina en agosto. La esperanza del macrismo está puesta en que los gobernadores más poderosos, como Juan Schiaretti, y figuras como las de Roberto Lavagna, Miguel Pichetto y Juan Manuel Urtubey, jueguen por afuera de la fórmula Fernández.
 
Sin embargo, incluso creen que no está todo dicho y que Cristina tiene tiempo de hacer otro renunciamiento: bajarse de la vice para dejársela a Alternativa Federal y pulverizar las chances de Macri.
 
Por el momento, en la Rosada siguen sosteniendo que el candidato es Macri. Otras fuentes del Gobierno no son tan determinantes y sugieren un cambio de estrategia: "Si se bajó Cristina, ¿por qué no lo puede hacer Mauricio?".
 
La Opinión Popular

18-05-2019 / 09:05
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