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Sociedad e Interés General - 14-02-2019 / 17:02
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 15 DE FEBRERO DE 1966 ES MUERTO EL SACERDOTE CAMILO TORRES RESTREPO

Camilo Torres, primer sacerdote guerrillero

Camilo Torres, primer sacerdote guerrillero
Camilo Torres, primer sacerdote guerrillero. El 15 de febrero de 1966, tropas de la Quinta Brigada, dieron muerte al cura partisano, cuando trataba de apoderarse del fusil de un soldado.
Camilo Torres Restrepo fue un sacerdote católico colombiano, pionero de la Teología de la Liberación, cofundador de la primera Facultad de Sociología de Colombia y miembro del grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN).
 
Durante su corta vida, promovió el diálogo entre el marxismo y el catolicismo. Su trabajo en los Llanos Orientales con campesinos, y su participación en la junta del Instituto Colombiano de Reforma Agraria, entre 1962 y 1964, terminaron por convencerlo de la necesidad de un cambio social radical en Colombia.
 
Entre mayo y octubre de 1965 realizó actividad de agitación popular: recorrió el país, participó en manifestaciones y encuentros, dirigió el periódico Frente Unido y aglutinó un grupo de simpatizantes y aliados que incluían al partido comunista, a los grupos urbanos del ELN, a marxistas e izquierdistas independientes y a dirigentes sindicales.
 
A pesar de las prohibiciones del estado de sitio, grandes manifestaciones lo recibían, en las que su figura carismática y su lenguaje sencillo ganaron el compromiso popular para su propuesta política.
 
El éxito de sus primeros actos se conjugó con una visión romántica y optimista del papel de la guerrilla para convencerlo de que el país estaba al borde de una revolución, en la que triunfarían las guerrillas del ELN.
 
Por ello, en vez de tratar de construir un movimiento político alternativo con una perspectiva de largo plazo, entendió su acción como una preparación de la opinión para su gesto de adhesión a la guerrilla.
 
Esta se produjo en octubre de 1965, cuando anunció públicamente su compromiso con la guerrilla. El 15 de febrero de 1966, tropas de la Quinta Brigada, dieron muerte al cura guerrillero, cuando trataba de apoderarse del fusil de un soldado.
 
Su impacto sobre la Iglesia latinoamericana fue amplio y prolongado. Influyó en la opción guerrillera de muchos sacerdotes y religiosos durante los años siguientes, y sus ideas marcaron la mentalidad de los teólogos de la Liberación y de grupos guerrilleros.
 
Su rechazo de los mecanismos electorales desvió de la acción democrática a los nuevos movimientos de izquierda. Su honestidad y carisma, reforzados por su muerte como martirio, sirvieron para consolidar y dar un aura heroica y de generosidad a esa alternativa que ha sido tan costosa: la insurrección armada y la violencia como formas de lucha política. 
 
Por Carlos Morales

Camilo Torres, primer sacerdote guerrillero

 
Camilo Torres, Primer sacerdote guerrillero 
 
Camilo Torres, quien moriría como guerrillero en un enfrentamiento con el Ejército, había nacido en Bogotá, en una familia de clase alta y de tradiciones liberales, el 3 de febrero de 1929. Sus primeros años fueron similares a los de otros jóvenes de su grupo social, excepto quizás por la separación entre sus padres, insólita entonces, y por el estrecho lazo que desarrolló con su madre, doña Isabel Restrepo Gaviria, con quien viviría hasta pocos meses antes de su muerte.
 
En 1947, cuando estudiaba Derecho en la Universidad Nacional, decidió sorpresivamente hacerse sacerdote. Como seminarista mostró una temprana preocupación por los asuntos sociales y, ordenado en 1954, viajó a la Universidad Católica de Lovaina a estudiar sociología. Desde entonces eran claros su afán de sacrificio, su deseo de influir en el conjunto de la sociedad y su voluntad de vincularse a los problemas de los grupos sociales más pobres.
 
Con una formación académica moderna, diferente a la de la mayoría del clero colombiano, convencional, escolástico y aferrado al partido conservador y al status quo, regresó en 1956 a Colombia a preparar su tesis.
 
Sus debates con un amigo marxista se convirtieron en el libro Conversaciones con un sacerdote colombiano, de Rafael Maldonado Piedrahíta, en el que se advierte un pensamiento de avanzada, pero todavía firmemente anclado en las doctrinas católicas.
 
Cuando viajó a Europa nuevamente, en 1958, para obtener su licenciatura, conoció a Margarita María Olivieri, una activista social que sería su más cercana colaboradora en Colombia. Después de graduarse tomó unos breves cursos en la Universidad de Minnesota, y regresó a trabajar a su país.
 
En 1959 fue nombrado capellán de la Universidad Nacional, donde comenzaba a afianzarse el pensamiento radical influido por el marxismo y la revolución cubana. Buscó acercarse a los jóvenes universitarios, estimuló los trabajos sociales en áreas marginadas y enseñó sociología en la Facultades de Economía y Sociología.
 
Desde 1961 sus posiciones en defensa de los estudiantes le crearon conflictos con la jerarquía eclesiástica y con el establecimiento político. Por ello debió retirarse de la capellanía de la Universidad y pasó a la parroquia de la Veracruz, en el centro.
 
Esto no impidió nuevos conflictos, como los provocados por sus críticas a Acción Cultural Popular, el sistema de educación radial campesino dirigido por monseñor José Joaquín Salcedo, o por el apoyo a los universitarios en la huelga que hicieron para protestar por la expulsión de María Arango y otros estudiantes.
 
Los conflictos con las autoridades eclesiásticas y civiles, empeñadas en reprimir la protesta social y controlar toda forma de disidencia, lo acercaron a los grupos radicales de la Universidad y lo llevaron a la conclusión de que los cristianos que quisieran el cambio social debían trabajar al lado de socialistas y marxistas, e incluso a considerar que la violencia era lícita en situaciones de grave injusticia social.
 
Su trabajo en los Llanos Orientales con campesinos, y su participación en la junta del Instituto Colombiano de Reforma Agraria, entre 1962 y 1964, terminaron por convencerlo de la necesidad de un cambio social radical en Colombia.
 
A mediados de 1964 se agudizó el conflicto de orden público en el país. El ataque gubernamental a las llamadas "repúblicas independientes" reforzó las guerrillas del partido comunista y, en enero de 1965, con el asalto a la población santandereana de Simacota, hizo su aparición el Ejército de Liberación Nacional (ELN), una guerrilla inspirada y entrenada por la revolución cubana.
 
El padre Camilo, decidido ya a impulsar una clara acción política, lanzó en marzo de 1965, en Medellín, la plataforma de un movimiento que debería unificar los distintos grupos populares y revolucionarios: el Frente Unido.
 
La oposición del cardenal Luis Concha Córdoba a sus actuaciones políticas le hizo vacilar momentáneamente y aceptó viajar a Lovaina a doctorarse en sociología. Pero la acogida a sus tesis por parte de sectores descontentos y el clima político agitado y algo insurreccional lo llevaron a aceptar la presión de sus amigos y decidió quedarse, lo que llevó a una ruptura definitiva con la jerarquía y a su retiro del sacerdocio.
 
Entre mayo y octubre de 1965 realizó actividad de agitación popular: recorrió el país, participó en manifestaciones y encuentros, dirigió el periódico Frente Unido y aglutinó un grupo de simpatizantes y aliados que incluían al partido comunista, a los grupos urbanos del ELN, a marxistas e izquierdistas independientes y a dirigentes sindicales.
 
A pesar de las prohibiciones del estado de sitio, grandes manifestaciones lo recibían, en las que su figura carismática y su lenguaje sencillo parecían ganar el compromiso popular para su propuesta política.
 
Sin embargo, su acción era profundamente ajena a la realidad. El fácil éxito de sus primeros actos se conjugó con una visión romántica y optimista del papel de la guerrilla para convencerlo de que el país estaba al borde de una revolución, en la que triunfarían las guerrillas del ELN.
 
Por ello, en vez de tratar de construir un movimiento político alternativo con una perspectiva de largo plazo, entendió su acción como una preparación de la opinión para su gesto de adhesión a la guerrilla.
 
Esta se produjo, sin que el país se enterara, en octubre de 1965, cuando, temeroso por su seguridad, anticipó su viaje al monte. El 7 de enero de 1966, un año después del asalto a Simacota por el ELN, anunció públicamente su compromiso con la guerrilla.
 
Apenas un mes después, el 15 de febrero, tropas de la Quinta Brigada, dirigida entonces por su amigo el coronel Alvaro Valencia Tovar, dieron muerte al cura guerrillero, cuando trataba de apoderarse del fusil de un soldado. El Frente Unido no había sobrevivido a su ingreso en la guerrilla, roto entre tendencias divergentes.
 
A pesar de que su influencia inmediata fue efímera, su impacto sobre la Iglesia latinoamericana fue amplio y prolongado. Influyó en la opción guerrillera de muchos sacerdotes y religiosos durante los quince años siguientes, y sus ideas marcaron la mentalidad de los teólogos de la Liberación y de los grupos guerrilleros.
 
Su rechazo de los mecanismos electorales hizo mucho para debilitar la acción democrática de los nuevos movimientos de izquierda. Su honestidad y carisma, reforzados por una muerte que se vio como un martirio, sirvieron para consolidar y dar un aura heroica y de generosidad a esa alternativa que tan costosa ha sido para Colombia: la insurrección armada y la violencia como formas de lucha política. 
 
Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 18, Junio de 1991
 
 
Referencias básicas  
 
Broderick, Walter Joe, Camilo Torres: el cura guerrillero, epílogo de Antonio Caballero.: Bogotá : Editorial El Labrador, 1987.
 
Pérez Ramírez, Gustavo.  Camilo Torres Restrepo: profeta para nuestro tiempo; colaboración Jaime Díaz Castañeda; aporte de Fernando Torres Restrepo. Bogotá: Editorial Kimpres, 1996.
 
Torres Restrepo, Camilo, 1929-1966. Escritos escogidos: 1966-1986 Bogotá: Cimarrón Editores, [1986?]: 2 v.
 
Maldonado Piedrahita, Rafael, 1936- Conversaciones con un sacerdote colombiano, (Puntos de choque con la Iglesia),: Bogotá : Antares, [1957]. 102 p.; 21 cm.

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22-03-2019 / 19:03
Un 23 de marzo como hoy... pero de 1942 moría Marcelo Torcuato de Alvear, abogado y político argentino, presidente de la Nación desde el 12 de octubre de 1922 y el mismo día de 1928. Participó activamente de las revoluciones radicales de 1890 y 1893, integrándose en la Unión Cívica que luego dio origen a la Unión Cívica Radical, en el sector denominado "galeritas" (más cercanos al conservadurismo). Cuando Yrigoyen asumió la presidencia en 1916 nombró a Alvear embajador en Francia, y éste fue electo Presidente en momentos en que se encontraba en ese país.
 
Todas las fuerzas antiyrigoyenistas y antipopulares levantaron la cabeza a partir del momento en que Alvear se hizo cargo del gobierno. Desde el inicio de su gestión nombró a ministros que no tenían relación alguna con los sectores yrigoyenistas, por lo que la unión entre ambos comenzó a quebrarse. Su gabinete era una clara demostración de que don Marcelo afirmaba su "independencia" con respecto al caudillo.
 
Alvear, como hijo predilecto de la fortuna, gozó de las ventajas envidiables que le ofrecía el período de "estabilización relativa del capitalismo" que transcurre entre la posguerra y la crisis mundial del 30. Los altos índices de exportación de nuestros productos agropecuarios llenaron de oro a la Tesorería.
 
Su gobierno coincidió con el fin de la crisis mundial de la posguerra, lo que le permitió mejorar la economía y las finanzas del país, además de destacarse el desarrollo de la industria automotriz y la explotación petrolera, que alcanzó una prosperidad económica desconocida hasta entonces para la Argentina.
 
Con todo ello, llegó a números insospechados en lo que respecta al PIB por habitante, que en 1928 había alcanzado el sexto puesto entre los más altos del mundo. Incluso, se registró un aumento de la clase media, una subida del salario real y una disminución de las huelgas y conflictos.
 
Pero la interna radical estaba a la orden del día y las intrigas en todos los órdenes. Si el ministro de Hacienda Víctor Molina proclamaba orgullosamente su doctrina librecambista, la actitud de Alvear hacia la reforma universitaria, el gran movimiento cultural que había apoyado Yrigoyen en 1918, se volvía abiertamente hostil y la conspiración oligárquica se pone en marcha para impedir la segunda presidencia del Caudillo.
 
La interna radical se dirimió en 1928 con la elección nacional. La fórmula Hipólito Yrigoyen-Francisco Beiró se impuso por el 57,4 de los votos. Al dejar la presidencia, Alvear se radicó en Francia. 
 
Por Carlos Morales para La Opinión Popular

22-03-2019 / 19:03
21-03-2019 / 18:03
20-03-2019 / 18:03
La Siberia argentina, como la definió Osvaldo Bayer, cerró sus puertas el 21 de marzo de 1947 a orillas del canal de Beagle. Hace 71 años un decreto no demasiado recordado del presidente Juan Perón señalaba el final para la inhumana cárcel de Ushuaia, la más austral del mundo.
 
Había sido centro de castigo y aislamiento durante 45 años. Por sus 380 celdas de 1,93 por 1,93 pasaron desde el Petiso Orejudo hasta el anarquista ucraniano Simón Radowitzky, quien mató de un bombazo al comisario y represor de obreros, Ramón Falcón. La cárcel de Ushuaia fue usada como un depósito del Estado para alojar presos políticos.
 
El dictador José Félix Uriburu envió a Tierra del Fuego a militantes anarquistas, comunistas, trotskistas y socialistas. Entre ellos estaban el cronista del diario La AntorchaHoracio Badaraco y el de La ProtestaJosé Berenger, torturado con una prensa. Agustín P. Justo, el presidente que llegó de la mano del fraude en 1931, siguió mandándolos por barco hacia la isla.
 
La cárcel que cerró Perón se volvió a abrir dos veces más en las décadas del 50 y 60. La Revolución Libertadora envió a partidarios del General. Jorge Antonio (empresario), Guillermo P. Kelly (dirigente de la Alianza Libertadora Nacionalista) Héctor Cámpora(Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación) John W. Cooke (Diputado Nacional), y el dirigente de la CGT, José Espejo; por orden del Almirante Isaac Rojas son trasladados al Penal del sur.
 
Sufren allí condiciones tremendas de prisión con temperaturas extremas que alcanzaban a 40 grados bajo cero, sin calefacción, sin agua, engrillados, condiciones éstas que se suman a un sin fin de vejámenes por orden de la "Revolución Libertadora". También la utilizó por última vez Arturo Frondizi en 1960 cuando aplicó el Plan Conintes para meter presos a militantes de la resistencia peronista juzgados por consejos de guerra especiales.
 
La Opinión Popular

20-03-2019 / 18:03
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