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Sociedad e Interés General - 31-01-2019 / 20:01
EFEMÉRIDES HISTÓRICAS. PANCHO RAMÍREZ Y LAS MONTONERAS FEDERALES CONTRA LA OLIGARQUÍA PORTEÑA Y LA CONSTITUCIÓN UNITARIA DE 1819

Batalla de Cepeda: Bautismo de fuego del Federalismo

Batalla de Cepeda: Bautismo de fuego del Federalismo
El 01 de febrero de 1820 ocurrió la Batalla de Cepeda que puso fin al proyecto oligárquico del Directorio de Buenos Aires, derogando de facto la organización constitucional aristocrática de 1819. Las montoneras federales de Francisco "Pancho" Ramírez y Estanislao López entran en Buenos Aires y atan la caballada a la Pirámide de Mayo recién construida.
El 01 de febrero de 1820 ocurrió la Batalla de Cepeda que puso fin al proyecto oligárquico del Directorio de Buenos Aires, derogando de facto la organización constitucional aristocrática de 1819. Las montoneras federales de Francisco "Pancho" Ramírez y Estanislao López entran en Buenos Aires y atan la caballada a la Pirámide de Mayo recién construida. Comienza lo que la historia liberal mitrista denominó la "Anarquía del Año XX".
 
Más que "Anarquía", en el año 1820 se empieza con un proceso de reencuentro con la realidad natural y desnuda de un pueblo que se alza en contra de una Constitución y un régimen de gobierno elitista y antipopular, con la pretensión política de sustituir las jerarquías de la sociedad colonial por otras que contuvieran los valores igualitarios asumidos en la Revolución de Mayo. Y a ese proceso lo encarnan los caudillos federales, con un protagonismo central de Francisco "Pancho" Ramírez.
 
Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro


Alejandro Gonzalo García Garro

 
"El año 20, decían los aristócratas, era el que debía marcar el fin de la revolución, estableciendo el poder absoluto para consumar nuestro exterminio repartiéndose entre si los empleos y riquezas del país a la sombra de un niño coronado que ni por sí ni por la impotente familia a que pertenece podía oponerse a la regencia intrigante establecida y sostenida por ellos mismos". Francisco Ramírez.
 
 
El proyecto de la oligarquía porteña y la Constitución de 1819
 
A mediados de la primera década del Siglo 19, el antiguo virreinato del Río de la Plata ya se perfilaba como un país, faltaba formalmente declarar la independencia de España, las condiciones internacionales apremiaban y los movimientos revolucionarios la exigían. De tal manera el Congreso reunido en Tucumán en 1816 homologa estos hechos enunciando que "las Provincias de la Unión fuesen una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli". Y ..."declaramos solemnemente a la faz de la tierra que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas e investirse del alto carácter de nación libre e independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli".
 
Una vez declarada la independencia quedaba un problema a resolver. La pregunta era la siguiente: ¿Qué forma de gobierno elegir? En el congreso de Tucumán se planteó seriamente la posibilidad de convertir al país en una monarquía. Napoleón había sido definitivamente vencido y en Europa señoreaba la Santa Alianza, que era un conjunto de monarquías aliadas muy reaccionarias, que se oponían a la constitución de republicas ya que éstas eran sinónimos de subversión, caos, ateismo y jacobinismo.
 
Los impulsores de esquemas monárquicos no tenían todos las mismas motivaciones. No se puede equiparar el monarquismo de San Martín, que proponía además una monarquía parlamentaria, admitiendo en la monarquía la posibilidad de un gobierno fuerte adecuado a las características y las grandes extensiones del país. No se lo puede comparar, repito, con el concepto monárquico de un Manuel José García enajenado por fuerzas internacionales. Y cosa parecida ocurría con los republicanos. Algunos de los republicanos criollos coincidían en los intereses con Inglaterra. Gran Bretaña, estaba mucho mas interesada en instalar una republica en el Plata porque resultaba un régimen de más fácil penetración y dominación en razón a las propias tendencias y contradicciones del republicanismo como sistema. Los federales de las primeras dos décadas revolucionarias eran republicanos, porque asumían en el republicanismo la tendencia popular hacia el pluralismo democrático, por reacción histórica contra el unitarismo centralista establecido por los virreyes.
 
Algunos hombres importantes, Belgrano entre ellos, aconsejaron erigir una monarquía. La propuesta tuvo algunas posibilidades de cristalizar a través de gestiones diplomáticas muy complejas en Europa; también se barajó la idea de restaurar el trono de un Inca. Sin embargo, y más allá de las tratativas, estos proyectos no fueron más que sondeos de opinión que por más exigua que fuese, repudiaba la posibilidad de un monarca en Buenos Aires: eso habría sido el fin de la Revolución iniciada en 1810 que encontraba en Mariano Moreno a su pro hombre. El Pueblo, a pesar de ser en ese entonces (como lo es ahora) una entidad heterogénea, variopinta, impalpable, rechazaba esa posibilidad y prefería una opción más abierta y democrática.
 
De manera tal que el Congreso en principio descarta el sistema monárquico. Pero deja aún abierta la posibilidad para que sigua siendo tratada en Buenos Aires cuando sigua sesionando el Congreso para dictar una constitución. Ese vacío legal es llenado por los unitarios.
 
Corolario de lo dicho, en abril de 1819, el Congreso sanciona una Constitución, unitaria y absolutista, que no era ni monárquica ni republicana pero que dejaba las puertas abiertas para la entrada de un príncipe o un infante. Se trataba de una Carta Magna aristocratizante, con un Senado formado por delegados por las provincias, pero que al mismo tiempo incluía personajes designados por su propio carácter, tales como: rectores de universidad, generales, obispos etc. El texto no mencionaba la palabra república.
 
La llamada constitución de 1819 no tuvo prácticamente vigencia y no funcionó porque la disidencia federal era ya muy grande, como muy profunda era también la desconfianza de los pueblos frente a las intrigas monárquicas de los porteños. Así las cosas, y después de una serie de hechos políticos y militares menores se sanciona la Constitución y esto resultó una afrenta, una provocación para los pueblos del interior que conducidos por Ramírez y López marchan con sus montoneras gauchas hacia la ciudad Buenos Aires.
 
 
La Batalla de Cepeda, bautismo de fuego del Federalismo
 
Ramírez, como lugarteniente del Protector Artigas, asumirá la función de jefe supremo del ejército federal. Estanislao López, el caudillo santafesino, se agrega a las fuerzas en calidad de aliado histórico del caudillo oriental. Se le pliegan también algunos desterrados del régimen: Alvear que prometía apoyo de importantes sectores porteños y el chileno Miguel Carreras que aporta alguna tropa y una imprenta que había comprado en Estados Unidos. Esta imprenta, volante, editaba un boletín, "La Gaceta Federal", explosivo en su contenido.
 
En octubre de 1819 se reúnen los dos jefes, Ramírez y López, en Coronda para establecer planes comunes. Días después, el entrerriano lanza una proclama declarándole la guerra al Directorio, sostén político de la Constitución aristocrática y antipopular, e invitando a sus paisanos a compartir la insurrección.
 
Allí está ahora, Francisco "Pancho" Ramírez, como jefe supremo de los ejércitos federales en el umbral de la historia. Está frente a sus "Dragones de la Muerte" como se llamaban las disciplinadas montoneras entrerrianas. Conduce también a los dragones santafesinos de López, los guaraníes de Misiones, los mocovíes del Chaco y toda la montonera artiguista. En ese momento el régimen directorial se derrumba.
 
Pueyrredón renuncia al Directorio y asume Rondeau. El mismo Rondeau que nueve años antes fuera convencido por Ramírez para desertar del ejército español e ingresar a las filas revolucionaria artiguistas. El mismo Rondeau que está frente a él, comandando las tropas porteñas.
 
El Director Rondeau pide auxilio a los ejércitos regulares. Ya se sabe que el General San Martín, fiel a su conducta patriótica, popular y revolucionaria, se niega a desenvainar su gloriosa espada en esta guerra civil, mucho menos en contra del pueblo. Sólo le queda al Directorio el veterano Ejercito del Norte comandado por Belgrano al que Rondeau pide auxilio. Esta fuerza se niega también a participar en la contienda civil, se amotina en Arequito y esa sublevación deja al Directorio -ya debilitado políticamente- en un estado de total vulnerabilidad militar.
 
El 1º de febrero de 1820 en la cañada de Cepeda, en una atropellada de las montoneras federales se sella la suerte del Directorio oligárquico.
 
El historiador entrerriano Aníbal Vásquez escribe en su libro "Ramírez": "El triunfo de Cepeda debe considerarse como el bautismo de sangre del federalismo argentino, y como la primera afirmación colectiva de la mayoría popular a favor de la organización nacional, republicana, democrática y federal".
 
 
Bisagra histórica, lo militar y lo jurídico-político
 
La Batalla de Cepeda desde el punto de vista del aspecto militar fue de las más "pobres" en la historia argentina, pero en sus proyecciones políticas fue de las más fecundas. Las milicias directoriales, formadas en mayor parte por esclavos comprados por el gobierno para convertirlos en soldados, se desbandaron ante el ataque montonero. Una sola carga bastó para desmoronar a los porteños que "en menos de un minuto" se dispersaron dejando la artillería en poder de los gauchos entrerrianos.
 
Políticamente, institucionalmente había caído por primera vez desde 1810 la autoridad nacional, por primera vez desaparecía una entidad estatal que había ejercido, a veces solo formalmente, el poder sobre todo el antiguo virreinato.
 
Los sectores oligárquicos de Buenos Aires entran en pánico ante una supuesta posibilidad de "invasión" de las tropas federales. Vicente Fidel López, el ensayista quintaesencia de la versión mitrista de nuestra historia, expresa su repugnancia cuando relata el episodio: ... "numerosas escoltas (de Ramírez y López) compuestas de indios sucios y mal trajeados a término de dar asco ataron sus caballos en los postes y cadenas de la Pirámide de Mayo mientras sus jefes se solazaban en el salón del ayuntamiento". Relato que habla por sí solo acerca del desprecio y el odio que siente la oligarquía y la antipatria por la causa federal y el recuerdo de la Batalla de Cepeda.
 
Las montoneras de Ramírez y López entran en un Buenos Aires y atan la caballada a la Pirámide de Mayo recién construida...Comienza lo que la historia liberal denominó la "anarquía del año '20″. Más que "anarquía" en el año 20 se empieza con un proceso de reencuentro con la realidad natural y desnuda de un pueblo que debía sustituir las jerarquías de la sociedad colonial por otras que contuvieran los valores igualitarios asumidos en la Revolución de Mayo.
 
Ese es el valor de Cepeda y de la entrada de los caudillos del litoral a Buenos Aires. Fue una directa confrontación con la verdad nacional, que en 1820 era cruel y la guerra era la continuación de la política por otros medios. Para aprender esa verdad no servían los argumentos de los doctores unitarios y sus leyes y constituciones. Servían sí esos hombres espontáneamente surgidos de sus realidades locales, de los rincones del interior federal y profundo. Ellos, los caudillos, tuvieron la responsabilidad histórica de encauzar de manera pragmática y progresiva esa fluida verdad nacional que desfilaba a caballos por las calles de Buenos Aires. Esta es la gran gloria histórica de nuestro "Pancho" Ramírez.
 
Por Alejandro Gonzalo García Garro

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22-04-2019 / 08:04
El 22 de abril de 1996, en Vicente López, muere Hernán Benítez. Fue un sacerdote católico argentino, que ejerció gran influencia en el peronismo inicial -en particular en Eva Perón, de quien fue asesor y confesor- y en la Juventud Peronista de comienzos de los años setenta.
 
Acompañó a Eva Perón en su gira europea de 1947, en la que tuvo varias participaciones protocolares y políticas de importancia; también informaba al ya presidente Juan Perón de todo lo ocurrido en la gira. También fue Benítez quien gestionó ante el futuro Pablo VI un encuentro con el papa Pío XII.
 
Fue designado Consejero Espiritual de la Fundación Eva Perón. En este cargo pudo observar de cerca la actuación de Evita, su «indisimulada enemistad con las castas privilegiadas» y su entrega personal a favor de los más pobres.
 
Su trayectoria posterior al golpe de Estado de 1955 estuvo centrada en la publicación de libros y artículos. Durante la dictadura fue expulsado de su cátedra en el seminario y perseguido, su casa allanada en tres oportunidades y en el mes de febrero de 1956 intentaron asesinarlo, aunque salvó su vida huyendo por los techos.
 
Publicó el periódico Rebeldía, con el que tuvo una importante participación en la resistencia peronista de esos años. Apoyó públicamente la Revolución Cubana y mostró su admiración por la acción del sacerdote colombiano Camilo Torres, muerto como miembro de una organización guerrillera.
 
En 1970 dio, junto con el padre Carlos Mujica, el responso ante los cuerpos de Gustavo Ramus y Fernando Abal Medina, miembros de la organización Montoneros, que poco antes había ejecutado al ex dictador Pedro Eugenio Aramburu. Ambos fueron arrestados, acusados de apología del crimen e incitación a la violencia.
 
La Opinión Popular

 
22-04-2019 / 08:04
22-04-2019 / 08:04
21-04-2019 / 09:04
El Ejército Guerrillero del Pueblo fue una organización guerrillera que se estableció en Argentina en 1963 y 1964, en Salta. Comandada por Jorge Masetti e integrada por combatientes argentinos y cubanos. Ernesto Che Guevara pensaba que la guerrilla obraba como «foco» revolucionario, provocando en los pueblos una toma de conciencia que los llevaba a apoyar masivamente la insurrección.
 
Luego del derrocamiento del presidente Arturo Frondizi por las fuerzas armadas en 1962 el Che Guevara y Masetti comenzaron a pensar en la posibilidad de instalar un «foco» guerrillero en la Argentina. Finalmente tomaron la decisión de hacerlo en la provincia de Salta, en el noroeste argentino, en Orán, una zona selvática limítrofe con Bolivia.
 
Se trataba de un grupo de cerca de 30 guerrilleros, mayoritariamente argentinos con algunos cubanos experimentados, que adoptó el nombre de Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP). Masetti recibió el grado de Comandante Segundo, mientras el Che Guevara quedaba como Comandante Primero, dispuesto a sumarse al grupo una vez que el mismo se hubiera asentado.
 
La incipiente organización y la soledad política que rodeó este primer intento guevarista de insurrección armada facilitaron el éxito de la "Operación Santa Rosa" que dirigió el jefe de la Gendarmería, general Julio Alzogaray. En uno de los pocos combates librados por el EGP, mataron a Hermes Peña y a otros cuatro guerrilleros, detuvieron a 14 de ellos, entre otros a Héctor Jouvé, Federico Méndez y Henry Lerner, quienes fueron torturados cruelmente antes de someterlos a procesos judiciales que violaron todas las normas legales vigentes.
 
De Masetti, que no estaba con el grupo cuando se produjo el encuentro, no se tuvieron más noticias, suponiéndose que se internó en la selva y allí murió. Se toma como fecha de la desaparición de Masetti el 21 de abril de 1964. En palabras de Walsh"Masetti no aparece nunca. Se ha disuelto en la selva, en la lluvia, en el tiempo. En algún lugar desconocido el cadáver del comandante Segundo empuña un fusil herrumbrado".
 
Carlos Morales para La Opinión Popular



21-04-2019 / 09:04
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