en enero de 1818. Y participó muy cerca de San Martín en la preparación de la campaña libertadora al Perú. En Lima, el general lo nombró ministro de Guerra y Marina y, más adelante, de Gobierno y Relaciones Exteriores. Vivía en Quito cuando Simón Bolívar ya le había confiado la preparación del Congreso de Panamá para establecer una confederación que incorporara a todos los estados de América.
 
La noche del 28 de enero de 1825, cuando salía a ver a Juanita Salguero, su amante en Lima, fue apuñalado. Bolívar, ni bien se enteró del magnicidio, dijo: ¡Monteagudo! Serás vengado.

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Sociedad e Interés General - 28-01-2019 / 08:01
EFEMÉRIDES HISTÓRICAS

Bernardo de Monteagudo: Un latinoamericano de pasiones intensas y sueños de libertad

Bernardo de Monteagudo: Un latinoamericano de pasiones intensas y sueños de libertad
La revolución, el periodismo y las mujeres. Tres pasiones conjugadas en un argentino que defendió fervorosamente el sueño independentista del siglo XIX: Bernardo de Monteagudo. Los aires de la Revolución Francesa le llegaron desde su nacimiento, un mes después de la Toma de la Bastilla. La noche del 28 de enero de 1825, cuando salía a ver a Juanita Salguero, su amante en Lima, fue apuñalado. Bolívar, ni bien se enteró del magnicidio, dijo: ¡Monteagudo! Serás vengado.
La revolución, el periodismo y las mujeres. Tres pasiones conjugadas en un argentino que defendió fervorosamente el sueño independentista del siglo XIX: Bernardo de Monteagudo. Los aires de la Revolución Francesa le llegaron desde su nacimiento, el 20 de agosto de 1789, un mes después de la Toma de la Bastilla.
 
Ni la cárcel pudo frenar a este abogado graduado en 1808 en la Universidad de Chuquisaca (actual Bolivia). La corte de esta ciudad lo encerró por el "abominable delito de deslealtad a la causa del rey", ya que fue uno de los promotores de la rebelión de 1809 contra la administración del virrey.
 
Decidido a no perder tiempo de lucha engrillado, arguyó "tener una merienda con unas damas" en el jardín lindante a la prisión para obtener la llave de la libertad. Una vez afuera, se dirigió a Potosí para unirse al ejército comandado por Juan José Castelli, que lo nombró su secretario.
 
Además de haber dirigido La Gazeta de Buenos Aires, fundó en 1812 su propio periódico, el Mártir o Libre, en el que resaltaba la necesidad urgente de proclamar la independencia. Ese año, Monteagudo comandó la Sociedad Patriótica, un grupo opositor al Primer Triunvirato que unió sus fuerzas con la Logia Lautaro de José de San Martín para derrocar el régimen. Una vez instalado el Segundo Triunvirato, Monteagudo participó como diputado por Mendoza en el Congreso Constituyente, conocido como Asamblea del Año XIII.
 
En 1815, el polémico periodista tuvo que exiliarse en Europa cuando cayó el directorio de Carlos María de Alvear, a quien apoyaba en el periódico El Independiente. Después de vivir en Londres y en París, pudo volver al país en 1817. A su regreso, Monteagudo va a reunirse con San Martín. A pesar de la anterior complicidad con su rival Alvear, El Libertador depositó su confianza en las condiciones del tucumano y lo nombró auditor del Ejército de los Andes, como Teniente Coronel.
 
Monteagudo redacta el acta de la independencia de Chile que firmó Bernardo de O'Higgins en enero de 1818. Y participó muy cerca de San Martín en la preparación de la campaña libertadora al Perú. En Lima, el general lo nombró ministro de Guerra y Marina y, más adelante, de Gobierno y Relaciones Exteriores. Vivía en Quito cuando Simón Bolívar ya le había confiado la preparación del Congreso de Panamá para establecer una confederación que incorporara a todos los estados de América.
 
La noche del 28 de enero de 1825, cuando salía a ver a Juanita Salguero, su amante en Lima, fue apuñalado. Bolívar, ni bien se enteró del magnicidio, dijo: ¡Monteagudo! Serás vengado.

La Opinión Popular

Bernardo de Monteagudo
 
Autor: Felipe Pigna
 
Bernardo de Monteagudo nació en Tucumán el 20 de agosto de 1789, un mes después de que estallara en París la que pasaría a la historia como la Revolución Francesa. Estudió en Córdoba y luego, como Mariano Moreno y Juan José Castelli, en la Universidad de Chuquisaca (actual Bolivia) donde, en junio de 1808, se graduó como abogado, con una tesis muy conservadora y monárquica titulada: "Sobre el origen de la sociedad y sus medios de mantenimiento". Pero vertiginosamente, al calor de los acontecimientos europeos que precipitarán las decisiones en América, sus lecturas y sus ideas se van radicalizando. Mientras Napoleón invadía España y tomaba prisionero a Fernando VII, creando un conflicto de legitimidad que será en adelante el argumento más fuerte de los patriotas para proponer el inicio de la marcha hacia la independencia, Monteagudo escribe el "Diálogo entre Fernando VII y Atahualpa", una sátira política en la que los dos reyes se lamentan de sus reinos perdidos a manos de los invasores. El tucumano le hace decir a Fernando: "El más infame de todos los hombres vivientes, es decir, el ambicioso Napoleón, el usurpador Bonaparte, con engaños, me arrancó del dulce regazo de la patria y de mi reino, e imputándome delitos falsos y ficticios, prisionero me condujo al centro de Francia". Atahualpa le responde: "Tus desdichas me lastiman, tanto más cuanto por propia experiencia, sé que es inmenso el dolor de quien padece quien se ve injustamente privado de su cetro y su corona."
 
Allí aparece una de las primeras proclamas independentistas de la historia de esta parte del continente: "Habitantes del Perú: si desnaturalizados e insensibles habéis mirado hasta el día con semblante tranquilo y sereno la desolación e infortunio de vuestra desgraciada Patria, despertad ya del penoso letargo en que habéis estado sumergidos. Desaparezca la penosa y funesta noche de la usurpación, y amanezca luminoso y claro el día de la libertad. Quebrantad las terribles cadenas de la esclavitud y empezad a disfrutar de los deliciosos encantos de la independencia".
 
Al año siguiente, exactamente el 25 de mayo de 1809, fue uno de los promotores de la rebelión  de Chuquisaca contra los abusos de la administración virreinal y a favor de un gobierno propio que sería la chispa de la Revolución que estallaría un año después en Buenos Aires. Con apenas diecinueve años de edad, será el redactor de la proclama, donde dice: "Hasta aquí hemos tolerado esta especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria, hemos visto con indiferencia por más de tres siglos inmolada nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usurpador injusto (se refiere a España, es claro) que degradándonos de la especie humana nos ha perpetuado por salvajes y mirados como esclavos. Hemos guardado un silencio bastante análogo a la estupidez que se nos atribuye por el inculto español, sufriendo con tranquilidad que el mérito de los americanos haya sido siempre un presagio cierto de su humillación y ruina". El virrey Cisneros ordenó una violenta represión que llevarán adelante Nieto, desde el sur, y Goyeneche, desde el norte. Ambos hacen una verdadera masacre y Monteagudo va a parar engrillado a la Real Cárcel de la Corte de Chuquisaca por el "abominable delito de deslealtad a la causa del rey". El mariscal Nieto había enviado a  todos los efectivos disponibles para combatir a los patriotas, en apoyo del Capitán de Fragata José de Córdova. La ciudad universitaria había quedado virtualmente desamparada. Monteagudo, ansioso por plegarse a las filas patriotas que se acercaban decidió preparar un plan para fugarse. Alegando "tener una merienda con unas damas" en el jardín contiguo de la prisión, obtuvo la codiciada llave que le abría la puerta de salida.1 Así, el 4 de noviembre de 1810, recuperó su libertad, partió hacia Potosí, y se puso a disposición del ejército expedicionario, que al mando de Castelli, había tomado la estratégica ciudad el 25 de noviembre. El delegado de la junta, que conocía los antecedentes revolucionarios del joven tucumano, no dudó en nombrarlo su secretario.
 
La dupla empezó a poner nerviosos por igual a realistas y  saavedristas que veían en ellos a los "esbirros del sistema robespierriano de la Revolución Francesa".
 
Monteagudo confirmó que estaba en el lugar correcto cuando fue testigo de la dureza de las medidas aplicadas por el Representante y el aplicado cumplimiento de las órdenes de Moreno que insistía: "Las circunstancias de ser europeos los que únicamente se han distinguido contra nuestro ejército en el último ataque, produce la circunstancia de sacarlos de Potosí, llegando al extremo de que no quede uno solo en aquella villa".
 
Así salieron, el 13 de diciembre de 1810, los primeros 53 españoles desterrados para la ciudad de Salta. La lista fue armada personalmente por Castelli. 
 
El Alto Perú tenía una doble connotación para hombres como Monteagudo y Castelli. Era sin duda la amenaza más temible a la subsistencia de la revolución y era la tierra que los había visto hacerse intelectuales. Fue en las aulas y en las bibliotecas de Chuquisaca donde Mariano Moreno, Bernardo de Monteagudo y Juan José Castelli habían conocido la obra de Rousseau y fue en las calles y en las minas del Potosí donde habían tomado contacto con los grados más altos y perversos de la explotación humana admitida en estos términos por uno de  los principales responsables de la masacre, el Virrey Conde de Lemus: "Las piedras de Potosí y sus minerales están bañadas en sangre de indios y si se exprimiera el dinero que de ellos se saca había de brotar más sangre que plata."2 Allí también se habían enterado de una epopeya sepultada por la historia oficial del virreinato: la gran rebelión tupamarista. Fueron los indios los que les hicieron saber que hubo un breve tiempo de dignidad y justicia y que guardaban aquellos recuerdos como un tesoro, como una herencia que debían transmitir de padres a hijos para que nadie olvidara lo que los mandones soñaban que nunca había ocurrido.
 
El 14 de diciembre de 1810, Castelli firmó la sentencia que condenaba a muerte a los enemigos de la revolución y principales ejecutores de las masacres de Chuquisaca y La Paz, recientemente capturados por las fuerzas patriotas. A las nueve de la noche fueron puestos en capilla, destinándoseles habitaciones separadas para que "pudiesen prepararse a morir cristianamente".
 
El día 15, en la Plaza Mayor de la imperial villa, entre las 10 y 11 horas de la mañana, se ejecutó la sentencia, previa lectura en alta voz que de la misma se hizo a los reos, hincados delante de las banderas de los regimientos.
 
Entre los espectadores que rodeaban el patíbulo, hubo uno que siguió ansioso el desarrollo de la escena. Bernardo de Monteagudo, que había visto las masacres perpetradas por Paula Sanz y Nieto apenas un año atrás en Chuquisaca, no olvidará nunca el episodio que sus ojos contemplaron:
 
"¡Oh, sombras ilustres de los dignos ciudadanos Victorio y Gregorio Lanza!3 ¡Oh, vosotros todos los que descansáis en esos sepulcros solitarios! Levantad la cabeza: Yo lo he visto expiar sus crímenes y me he acercado con placer a los patíbulos de Sanz, Nieto y Córdova, para observar los efectos de la ira de la patria y bendecirla con su triunfo"4.
 
Cumpliendo con las órdenes de la junta, Castelli había iniciado conversaciones secretas con el jefe enemigo Goyeneche para tratar de lograr una tregua. Una pieza clave en las negociaciones fue Domingo Tristán, gobernador de la Paz y primo de Goyeneche. Finalmente el armisticio se firmó el 16 de mayo de 1811.
Como era de esperar, la noche del 6 de junio de 1811, las tropas de Goyeneche rompieron la tregua: una fuerza de 500 hombres atacó sorpresivamente a la avanzada patriota. Goyeneche pretendía que las que habían violado la tregua eran nuestras tropas por haberse defendido.
 
Los dos ejércitos velaban sus armas a cada lado del río Desaguadero, cerca del poblado de Huaqui. Las tropas de Castelli, Balcarce, Viamonte y Díaz Vélez, en la margen izquierda, sumaban 6.000 hombres. Del otro lado, Goyeneche había reunido 8.000. A las 7 de la mañana del 20 de junio de 1811 el ejército español lanzó un ataque fulminante. El desastre fue total. 
 
Pero aún en la derrota, aquellos hombres no se daban por vencidos. Quizás en aquellas noches de charlas interminables en los Valles andinos haya nacido el plan político que los morenistas sobrevivientes a la represión expondrían en la Sociedad Patriótica, y es muy probable que Bernardo de Monteagudo haya esbozado las primeras líneas del proyecto constitucional más moderno y justo de la época y que publicaría en la Gaceta de Buenos Aires meses después. Allí decía el tucumano: Los tribunos no tendrán algún poder ejecutivo, ni mucho menos legislativo. Su obligación será únicamente proteger la libertad, seguridad y sagrados derechos de los pueblos contra la usurpación el gobierno de alguna corporación o individuo particular, pero dando y haciéndoselos ver en sus comicios y juntas para cuyo efecto -con la previa licencia del gobierno- podrán convocar al pueblo. Pero como el gobierno puede negar esa licencia, porque ninguno quiere que sus usurpaciones sean conocidas y contradicha por los pueblos, se establece que de tres en tres meses se junte el pueblo en el primer días del mes que corresponda, para deliberar por sufragios lo que a él pertenezca según la constitución y entonces podrán exponer los tribunos lo que juzgaren necesario y conveniente en razón de su oficio a no ser que la cosa sea tan urgente que precise antes de dicho tiempo la convocación del pueblo, y no conseguida, podrá hacerlo".
 
Castelli fue enjuiciado y obligado a bajar a Buenos Aires para ser juzgado por la derrota de Huaqui y por su conducta calificada de "impropia" para con la Iglesia católica y los poderosos del Alto Perú. Ningún testigo confirmó los cargos formulados por los enemigos de la revolución. La nota destacada la dio el testigo Bernardo de Monteagudo cuando se le preguntó "si la fidelidad a Fernando VII fue atacada, procurándose inducir el sistema de la libertad, igualdad e independencia. Si el Dr. Castelli supo esto". Monteagudocontestó con orgullo en homenaje a su compañero: "Se atacó formalmente el dominio ilegitimo de los reyes de España y procuró el Dr. Castelli por todos los medios directos e indirectos, propagar el sistema de igualdad e independencia.".
 
Monteagudo se hizo cargo de la dirección de la Gaceta de Buenos Aires, donde escribía textos como el que sigue: "Me lisonjeo de que el bello sexo corresponderá a mis esperanzas y dará a los hombres las primeras lecciones de energía y entusiasmo por nuestra santa causa. Si ellas que por sus atractivos tienen derecho a los homenajes de la juventud, emplearan el imperio de su belleza en conquistar además de los cuerpos las mentes de los hombres, ¿qué progresos no haría nuestro sistema?". Este artículo le valió el reto de Rivadavia, por entonces secretario del Triunvirato en estos términos: "El gobierno no le ha dado a usted la poderosa voz de su imprenta para predicar la corrupción de las niñas". Monteagudo decide fundar su propio periódico el Mártir o Libre.
 
El 13 de enero de 1812 participa de la fundación de la Sociedad Patriótica y comienza a dirigir su órgano de difusión,  El Grito del Sud.  La Sociedad Patriótica junto a la recién fundada Logia de Caballeros Racionales (mal llamada Logia Lautaro) con San Martín a la cabeza participará el 8 de octubre de 1812 del derrocamiento del Primer Triunvirato y la instalación del Segundo que convocará al Congreso Constituyente que conocemos como la Asamblea del Año XIII en la que Monteagudo participará como diputado por Mendoza. La Asamblea adoptará una serie de medidas que Castelli y Monteagudo habían concretado en el Alto Perú: la abolición de los tributos de los indios; la eliminación de la Inquisición; la supresión de los títulos de nobleza y de los instrumentos de tortura.
 
El 10 de enero de 1815 edita el periódico El Independiente, que apoya incondicionalmente la política del director Supremo Carlos María de  Alvear. Al producirse la caída del Director, Monteagudo es desterrado y viaja a Europa. Residirá en Londres, París y en la casa de Juan Larrea en Burdeos.  Pudo regresar al país en 1817 cuando San Martín lo nombra Auditor de Guerra del ejército de los Andes con el grado de Teniente Coronel. Redactó el Acta de la Independencia de Chile que firmó O'Higgins el 1º de enero de 1818.
 
A comienzos de 1820 fundó en Santiago el periódico El Censor de la Revolución y participó de los preparativos de la expedición libertadora al Perú. Colaboró estrechamente con San Martín quien lo nombrará, poco después de entrar en Lima, su ministro de Guerra y Marina y, posteriormente, ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores. Muchas de las medidas tomadas por San Martín, como la fundación de la Biblioteca de Lima y de la Sociedad Patriótica local, fueron impulsadas por Monteagudo. Propició la expropiación de las fortunas de los españoles enemigos de la revolución: "Ya no se encuentran esos grandes propietarios que, unidos al gobierno, absorbían todos los productos de nuestro suelo; subdivididas las fortunas, hoy vive con decencia una porción considerable de americanos que no ha mucho tenían que mendigar al amparo de los españoles".
 
El 25 de julio de 1822, mientras San Martín se encaminaba hacia Guayaquil (actual Ecuador) para entrevistarse con Bolívar, se produjo un golpe contra Monteagudo en Lima. El alzamiento fue promovido por los sectores más conservadores, que encontraron eco en el Cabildo de la ciudad virreinal y consiguieron la destitución y la deportación del colaborador de San Martín. Monteagudo se radicó por algún tiempo en Quito, tras ser un testigo privilegiado de la decisión de San Martín de renunciar a sus cargos y delegar el mando de sus tropas en Bolívar. El libertador venezolano lo incorporó a su círculo íntimo y le confió la tarea de preparar la reunión del Congreso anfictiónico que debía reunirse en Panamá para concretar la ansiada unidad latinoamericana. Pero entre la gente más cercana a Bolívar había importantes enemigos de Monteagudo, como el secretario del Libertador, el republicano José Sánchez Carrió, que desconfiaba del tucumano porque lo creía un monárquico. Estaba ocupado y entusiasmado en la concreción de aquel sueño de la Confederación sudamericana, cuando recibió un anónimo que decía: "Zambo Monteagudo, de esta no te desquitas". Sin darle la menor importancia a la amenaza, la noche del 28 de enero de 1825 iba con sus mejores ropas a visitar a su amante, Juanita Salguero, cuando fue sorprendido  frente al convento de San Juan de Dios de Lima por Ramón Moreira  y Candelario Espinosa, quien le hundió un puñal en el pecho. Un vecino del lugar, Mariano Billinghurst, acudió al lugar y trató de auxiliarlo ordenando su traslado al convento, donde fue atendido por un cirujano y un boticario que nada pudieron hacer para salvar su vida.
 
Espinosa fue detenido y Bolívar lo interrogó personalmente para saber quién lo había contratado para matar a Monteagudo, pero el sicario mantuvo el secreto. Según distintas versiones nunca confirmadas, el instigador del crimen fue Sánchez Carrió quien poco tiempo después murió envenenado.
 
Varios años después, el 25 de abril de 1833, San Martín le escribía a su amigo Mariano Álvarez, residente en Lima, diciéndole que debía hacerle "...una pregunta sobre la cual hace años deseo tener una solución verídica y nadie como usted puede dármela, con datos más positivos, tanto por su carácter como por la posición de su empleo. Se trata del asesinato de Monteagudo: no ha habido una sola persona que venga del Perú, Chile o Buenos Aires, a quien no haya interrogado sobre el asunto, pero cada uno me ha dado una diferente versión; los unos lo atribuyen a Sánchez Carrió, los otros a unos españoles, otro a un coronel celoso de su mujer. Algunos dicen que este hecho se halla cubierto de un velo impenetrable, en fin, hasta el mismo Bolívar no se ha libertado de esta inicua imputación, tanto más grosera cuanto que prescindiendo de su carácter particular incapaz de tal bajeza, estaba en su arbitrio si la presencia de un Monteagudo le hubiese sido embarazosa, separarlo de su lado, sin recurrir a un crimen, que en mi opinión jamás se cometen sin un objeto particular".
 
Monteagudo, previendo a sus críticos contemporáneos y futuros publicó en La Gaceta de Buenos Aires: "Sé que mi intención será siempre un problema para unos, mi conducta un escándalo para otros y mis esfuerzos una prueba de heroísmo en el concepto de algunos, me importa todo muy poco, y no me olvidaré lo que decía Sócrates, los que sirven a la Patria deben contarse felices si antes de elevarles altares no le levantan cadalsos".
 
Referencias:
1 Documentación original en poder de G. René Moreno. Cfr. MARIANO A.PELLIZA, Monteagudo, su vida y sus escritos. Buenos Aires, 1880.
2 El Conde de Lemus a Su Majestad, en Contrarréplica a Victorian de Villava; en Ricardo Levene, Ensayo histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno, Apéndice, Buenos Aires, Peuser, 1960.
 
3 Revolucionarios asesinados por Nieto y Paula Sanz
 
4 BERNARDO MONTEAGUDO: Ensayo sobre la Revolución del Río de la Plata desde el 25 de Mayo de 1809, en Mártir o Libre, Buenos Aires, 1812.
 
Fuente: El Historiador

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20-08-2019 / 20:08
El voto femenino era un reclamo histórico de los movimientos feministas, que exigían la igualdad de derechos, deberes y oportunidades entre las mujeres y los hombres. En la Argentina, con excepción de la breve experiencia sanjuanina de 1927 y los simulacros de votación de las mujeres socialistas, se seguía demorando. 
 
Durante la campaña presidencial de febrero de 1946, el Partido Laborista, que presentaba a Juan Perón como candidato a presidente, prometió su aprobación. En julio de 1946, se presentó un proyecto de ley que contemplaba los derechos políticos de la mujer, que otorgaba igualdad de género en todos los derechos y deberes que la Constitución y las leyes argentinas otorgaban al hombre. La Comisión de Negocios Constitucionales del Senado aconsejó la sanción.
 
El 21 de agosto de 1946, el Senado aprobó el proyecto de ley que otorgaba los derechos políticos a la mujer; y quien iba a apurar el expediente parlamentario se llamaba Eva Perón, flamante Primera Dama. Apenas repuesta de sus problemas de salud, el 11 de septiembre del mismo año, visitó la Cámara de Diputados y reclamó el pronto tratamiento del proyecto, que ya contaba con media sanción, ante los parlamentarios Ricardo C. Guardo, Raúl Bustos Fierro, Oscar Albrieu y Alcides Montiel.
 
Y no descansó ante el trámite pendiente. Esto fue fundamental para que se estableciera el voto femenino y la posibilidad de que una mujer pudiera ser elegida en la Ley N° 13010. Finalmente, a mediados del siglo XX, por primera vez en la historia del país, las mujeres argentinas pudieron depositar su voto en las urnas. Era 11 de noviembre de 1951. Entonces, lograba su reelección Juan Perón.
 
Por Blas García para La Opinión Popular


19-08-2019 / 20:08
19-08-2019 / 20:08
José María Rosa (también conocido como Pepe Rosa) nació en Buenos Aires, el 20 de agosto de 1906. Fue un notable historiador, político y diplomático argentino.
 
Después de 1955, participó activamente en la Resistencia Peronista convirtiéndose en uno de sus referentes más respetados y queridos. En 1966 lo llevamos a Córdoba para que diera un ciclo de conferencias en la Facultad de Ingeniería, ante una juventud que tomó con entusiasmo las banderas históricas revisionistas y las hace suyas, oponiéndose a la historia oficial.
 
El éxito de ese ciclo lo alentó para que publicara su monumental  "Historia Argentina", obra en 13 tomos, a los que luego de su muerte se le agregaron cuatro más. Lo volvimos a convocar en 1969, en vísperas del Cordobazo, junto a Rodolfo Ortega Peña Eduardo Luis Duhalde, para desarrollar, durante una semana, el tema: "Los caudillos argentinos".
 
Rosa integraría la comitiva de notables que van a buscar a Juan Perón en el famoso vuelo chárter del 17-11-72. Y a su pedido se declara el día 20 de noviembre, en conmemoración de la Batalla de la Vuelta de Obligado, Día de la Soberanía Nacional.
 
Fundador de la Revista Línea ("la voz de los que no tienen voz") que se opuso a la dictadura militar de 1976-1983, abogado y profesor universitario fue uno de los más respetados y consultados historiadores de la corriente que se llamó revisionista.
 
Para quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo personalmente y aprender de él, "Don Pepe" es uno de los historiadores que mas influyó en la construcción del pensamiento nacional y popular en varias generaciones de argentinos.
 
Por Blas García



19-08-2019 / 10:08
19-08-2019 / 10:08
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