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“Si la fuerza material está monopolizada por el régimen, las fuerzas morales, los valores que no se afincan en lo material están de nuestro lado, del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora”. John W. Cooke
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Nacionales - 05-01-2019 / 10:01
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Mauricio Macri y Jair Bolsonaro: el mismo cataclismo político

Mauricio Macri y Jair Bolsonaro: el mismo cataclismo político
Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil, afirmó que considera que hay “un exceso de derechos del trabajo” y que piensa eliminar la Justicia Laboral. Ya anunció en su programa una reforma laboral que obtendrá a través de una reforma constitucional. Y en principio hizo desaparecer el Ministerio de Trabajo. ¡¡¡Coincidencia!!! Desde que asumió, Mauricio Macri trata de aplicar la Reforma Laboral. Y en principio hizo desaparecer el Ministerio de Trabajo para convertirlo en una secretaría que quedó prácticamente subordinada al Ministerio de Producción y Trabajo.
Algunos que votaron a Mauricio Macri en Argentina están erizados por el discurso de Jair Bolsonaro cuando asumió en Brasil el domingo pasado y no entienden que los dos presidentes expresan el mismo cataclismo político.
 
Ayer, los horrorizados ni se mosquearon cuando la ministra preferida del presidente, Patricia Bullrich, anunció que en los aeropuertos y en los trenes se usarán las pistolas Taser que en Estados Unidos produjeron más de 300 muertes y que son rechazadas por organismos internacionales.
 
Poco después de asumir, Bolsonaro anunció que despedirá a los empleados estatales comunistas y petistas "para hacer más eficiente y menos ideológico el Estado". Y eso fue lo primero que hizo Macri con los empleados que cometían el error de expresar sus simpatías políticas por el gobierno anterior en facebook o en mensajes en las redes que el macrismo se dedicó a espiar apenas asumió.
 
Las Taser y la persecución ideológica se hermanan con el neoliberalismo en el plano económico. Es fácil ver que Macri y Bolsonaro son parte del mismo fenómeno. Pero es difícil encontrarle explicación a este fenómeno que asemeja a un suicidio en masa.
 
El prodigio de los que se horrorizan de lo que pasa allá y no se dan cuenta de lo que pasa acá está relacionado con la esencia de un mecanismo que impregna a una parte importante de la sociedad con las viejas ideas que son y han sido reaccionarias por su raíz de individualismo extremo.
 
Una de las marcas del "progreso" de la humanidad ha sido justamente tomar distancia -por lo menos- de esa amoralidad primitiva. Se trata de aceptar, por ejemplo, que está mal matar a otra persona o que la condición humana conlleva derechos para todos. Así se abolió la esclavitud. Ningún ser humano, rico o pobre, puede ser esclavo de otro.
 
Bolsonaro pidió ayer la aprobación urgente de una ley que "proteja" a los efectivos de seguridad. Es una norma en consonancia con la doctrina Chocobar que Macri está tratando de imponer aquí. Eso quiere decir, por ejemplo, que pueden disparar por la espalda, sin estar seguro de que sea un ladrón, a una persona que está corriendo.
 
Cuando una sociedad pierde de vista sus ligamentos de civilidad, como el respeto por la vida, y por los derechos del otro, no percibe que el policía que mata en esa circunstancia por la espalda, se embrutece, pero además embrutece al conjunto.
 
Ayer también, en una entrevista el presidente de Brasil afirmó que considera que hay "un exceso de derechos del trabajo" y que piensa eliminar la Justicia Laboral. Ya anunció en su programa una reforma laboral que obtendrá a través de una reforma constitucional. Y en principio hizo desaparecer el Ministerio de Trabajo.
 
¡¡¡Coincidencia!!! Desde que asumió, Macri trata de aplicar la Reforma Laboral. Y en principio hizo desaparecer el Ministerio de Trabajo para convertirlo en una secretaría que quedó prácticamente subordinada al Ministerio de Producción y Trabajo.

 
Las coincidencias se van apilando, como la devoción de ambos por Estados Unidos y por el Israel racista y guerrerista de Netanyahu.
 
Existen diferencias, pero Macri y Bolsonaro, cada uno a su manera, son parte del mismo fenómeno de embrutecimiento de las sociedades que los votaron. Muchas de las personas que lo hicieron dicen que no votaron a la derecha. Se sorprenden cuando se los interpela.
 
Y algunos hasta quieren arriesgar que Macri es de "izquierda progresista". Esta inconsciencia, o negación, de un amplio sector de sus electores lubricó el camino a ese embrutecimiento de punitivismo salvaje y justificación antinatura de su sufrimiento económico.
 
Son fenómenos que no se pueden visualizar con las mismas herramientas teóricas del pasado. En Argentina siempre se pensó que los conflictos políticos y socioeconómicos se agudizaban en las fiestas de fin de año. Que eran fechas sensibles. Levantamientos carapintada, saqueos y la rebelión popular del 2001 fueron confirmando esa creencia.
 
Fue desconcertante que el gobierno eligiera el fin de año para anunciar los tarifazos: 40 por ciento en los transportes, hasta 80 por ciento en los peajes, 31 por ciento la electricidad, 45 por ciento el gas, más los aumentos en las naftas.
 
Todo se va a los precios. Con esos aumentos que ya afectan a una clase media empobrecida que le dio su voto, la inflación no cederá. Ya se calcula que la inflación de arrastre para el año que viene no puede bajar del 30 por ciento.
 
Inflación y tarifazos son los números que van para arriba. Para abajo: el consumo y los salarios que perdieron otro 15 por ciento este año, la actividad industrial que bajó más del 13 por ciento en la última medición de noviembre y la recaudación que estuvo más de diez puntos por debajo de la inflación.
 
Son los números calamitosos de la economía macrista. Un bombazo en la línea de flotación de la economía familiar de la mayoría. No son cifras abstractas, se sienten en el bolsillo. El gobierno eligió esos días que se suponían el colmo de la sensibilidad y no pasó nada cuando los hizo públicos. Misterio.
 
Nadie puede negar esas cifras, son pocos los que podrán decir que no los perjudica. Sin embargo no hubo protesta. Fue uno de los fines de año más tranquilos. Sin piquetes ni concentraciones en los súpermercados para pedir alimentos.
 
Circulan muchas explicaciones de esta supuesta anomalía o probable nueva realidad. Hay quienes explican la poca reacción porque el gobierno bajó muchos recursos en estas fechas a los movimientos territoriales, que son siempre los más movilizados y los que primero perciben el malestar y el descontento, la primera línea de choque en la crisis.
 
Con relación a los trabajadores organizados, el vendaval de despidos y caídas de fuentes de trabajo ponen más el foco de preocupación en el mantenimiento de la fuente de trabajo que en la protesta por la escasez y la caída de la calidad de vida. Ha sido así también en otros momentos recientes, como durante el menemismo.
 
Son dos explicaciones materiales. Hay otras más ideológicas. Una gran parte de los votantes de Macri aceptan la explicación oficial y justifican el saqueo de sus economías aceptando los lugares comunes que les propone el gobierno como "hay que pagar la fiesta irresponsable" o "el populismo les hizo creer que tenían derecho a vacaciones o un televisor, etc.".
 
Es el pensamiento de la resignación y el signo del embrutecimiento y de la esclavitud. El esclavo que justifica al amo.
 
La otra explicación es que la gente sabe que se entró en un año electoral. Que tiene la posibilidad de cambiar la situación a través del voto opositor. Que la bronca crece pero se acumula silenciosa en la expectativa de generar ese cambio con las elecciones de este año.
 
Estos fenómenos no se explican por un solo motivo. Seguramente habrá otros y seguramente interactúan entre todos ellos de una manera compleja entrelazando intereses concretos, contextos y subjetividad.
 
En Argentina, la experiencia de la derecha conservadora sustentada por el capital concentrado dejó un saldo devastador en la economía. La gestión del macrismo ha sido de los peores fracasos en la historia del país. Hay una sociedad que es víctima de ese fracaso y es lógico que haya un aprendizaje.
 
Pero la escalada de encuestas muestra escenarios electorales con poca movilidad. Y con una porción importante de la sociedad que todavía respalda a esta gestión desastrosa, como consecuencia de que estaría incapacitada para transitar ese camino de aprendizaje.
 
Como el ganado llevado al matadero, la maquinaria oficialista no solamente genera un sentido común concreto de resignación ante el sacrificio y de asumir los argumentos de quienes se benefician con ese sacrificio. Es probable que esa apropiadora de subjetividades y generadora de sentido común incluya la incapacidad del aprendizaje, obturándolo con una carga de odio.
 
Se abre un año repleto de interrogantes sobre la sociedad de los argentinos, la identidad de una nacionalidad tan valiosa como cualquier otra, pero específica y particular. El gran interrogante es si todo cambió tanto que ya es imposible reconocerla con la misma mirada construida por su propia historia. O si los cambios se verifican en muchos aspectos pero no alteran los mecanismos profundos de sobrevivencia y rebelión ante la injusticia.
 
Estos tres años de macrismo implicaron un enorme retroceso en el proceso de democratización de un país que durante muchos años, hasta la dictadura, vivió tan sólo simulacros de democracia.
 
Han sido tres años en los que se naturalizó el saqueo por parte de los poderosos, la negación de los derechos y garantías elementales, se estimuló la falta de solidaridad, se dividió al país con odios prefabricados y se profundizaron desigualdades.
 
El 2020 es un año electoral. Es difícil leer encuestas que muestran la superficie quieta del lago mientras se produce la tormenta perfecta. Tiene que haber movimientos en lo profundo, antagónicos, cuya consecuencia serán países diferentes. Lo que se va a elegir esta vez será mucho más que candidatos. Será el futuro.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 

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17-01-2019 / 08:01
En los mentideros cuyanos aún es motivo de comentarios el estupor que le causaron al presidente Mauricio Macri las encuestas que la semana anterior le alcanzó el gobernador Alfredo Cornejo al encuentro en el country Cumellén de Villa La Angostura.
 
Ahí se mostraba que los 13 intendentes mendocinos radicales llevan la delantera con holgura en la intención de voto dentro de cada uno de sus distritos, pero en cuanto nacionalizan la boleta, vaya quien vaya a la provincial, la mayoría pierde no menos de 20 puntos.
 
El caso más llamativo resultó ser el de Godoy Cruz, de donde es oriundo el titular de la Convención Nacional de la UCR: el alcalde correligionario, Tadeo García Zalazar, midió 72%, pero en sábana con el Presidente de la Nación bajaba a 40 puntos.
 
Ese tal vez fue el motivo que llevó a la Casa Rosada a replantear su estrategia y, en lugar de negociar elección unificada para apalancarle votos a Macri en primera vuelta, optar por desactivar la candidatura del intendente de Luján de Cuyo, Omar De Marchi, para suceder a Cornejo, que propiciaba Marcos Peña, y dejarlo librado a la interna local.
 
La advertencia había sido: "Ojo que el titular del día siguiente podría enfocarse por el lado de que perdió el candidato de Macri", como sugiere una nota aparecida en el medio local Mendozapost.
 
En Buenos Aires ahora se conforman con que Cornejo se las arregle con su gente, pero que dé la cara como socio de Cambiemos encabezando la lista de diputados nacionales de la provincia.
 
Lo está pensando, pero igual en febrero seguramente lo tratará la convención nacional que preside, en la cual el partido de Alem tendrá que decidir hasta dónde acompañar la reelección de Macri y bajo qué condiciones, o si irá por afuera en las PASO.
 
Estarán expectantes de si el Pro mantiene a Daniel Salvador como vice en la provincia de Buenos Aires y si hay espacio para apoyar una tercera vía alternativa a la polarización con Cristina.
 
Hasta ahora, los nombres que se tiraron han sido Martín Lousteau, apadrinado por Ricardo Alfonsín, y Roberto Lavagna, como prenda de unidad, que le instalaron al círculo rojo.
 
Si bien se atribuye al ADN de la lealtad peronista el dicho de que "te acompañan hasta la puerta del cementerio pero no entran", por los últimos movimientos que se vieron en la coalición gobernante Cambiemos se nota que los radicales también lo incorporaron a su acervo en la relación con Mauricio Macri.

17-01-2019 / 08:01
Como dos viejos amigos (que no son), el derechista Mauricio Macri y el ultraderechista Jair Bolsonaro se mostraron sonrientes en su primer encuentro. La relación entre ellos comenzó con una fuerte desconfianza, entre otras cosas, porque los ministros brasileños aseguraron que ni la Argentina ni el Mercosur serían prioridad para el nuevo gobierno.
 
Con la asunción de Bolsonaro se confirma un nuevo eje de la derecha sudamericana. "Tenemos muchas coincidencias con Bolsonaro", dijo Macri al término de la reunión. Ambos presidentes buscarán redoblar sus ataques sobre el pueblo trabajador de la región. Reformas previsionales, entrega al capital financiero, ajustes fiscales, discriminación, privatizaciones en el caso de Brasil, y represión al pueblo, entre los principales lineamientos de ambos gobiernos.
 
A pedido del imperialismo yanqui, uno de los primeros focos de ataque del eje neoliberal conservador Bolsonaro-Macri es Venezuela. Al finalizar la reunión entre los dos presidentes, Macri afirmó que "estamos de acuerdo respecto a la crisis de Venezuela. No hay dudas respecto a que Maduro es un dictador".

De este modo, el golpista Bolsonaro, que reivindica la dictadura militar brasileña, y el presidente Macri, cuya familia hizo fortunas de la mano del genocidio dictatorial argentino, se arrogaron la potestad de dar clase de democracia y cuestionar el régimen político venezolano.
 
También coincidieron en mayores planes de entrega al capital financiero. A pesar de que la economía argentina está sumida en una profunda crisis, con recesión, récords de inflación, aumento de la pobreza y un default de deuda en el horizonte, Bolsonaro aseguró que Brasil ve "con interés y admiración los esfuerzos de Macri por levantar la economía argentina e integrarla al mundo".
 
También derrocharon demagogia en sus "luchas" contra la corrupción y la "inseguridad". "Combatir el narcotráfico, el crimen organizado y el lavado de activos", fue uno de los acuerdos de la reunión. De las delegaciones de ambos países participaron los polémicos Patricia Bullrich y Sergio Moro. A su vez, Bolsonaro viene hablando de la posibilidad de instalar una base militar yanqui en Brasil y la habilitación de portar armas como parte de su política de mano dura.
 
Por último, hay que señalar que Brasil es el principal socio de la economía argentina. Un 20% de los productos que exporta tienen ese destino. Sin embargo, lo que se habló de economía fue pura sanata. La balanza comercial entre los dos países tuvo un rojo de 4.648 millones de dólares en el 2018 en contra de Argentina.
 
Al parecer, de eso no se habló. Y si Macri hizo algún intento, fue rápidamente abortado por el brasileño que no está dispuesto a mantener el mismo trato de negociación y diálogo permanente que establecían los gobiernos anteriores para limar los problemas de asimetrías económicas.
 
La Opinión Popular

16-01-2019 / 09:01
16-01-2019 / 08:01
Primero, Mauricio Macri la canchereó, después la subestimó y luego se les fue de las manos. Y así la alianza Cambiemos se enfrenta ahora a cerrar el último año del mandato incumpliendo la promesa central de su discurso económico: no habrán podido tener ningún año de inflación bien por debajo de la que promedió Cristina Fernández.
 
"Que era lo más fácil de hacer porque dependía del gobierno", decía el presidente Macri o que abrir el cepo era gratis porque "los precios ya estaban a 15" como decía el primer ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, quedaron como ejemplos históricos del que sobra un problema nada menos que el costo de vida en Argentina.
 
Que "hay que mirar la inflación núcleo" porque ahí no hay impacto de tarifas, que "las metas no se cambian porque están para cumplirlas" y que "todos los países del mundo controlan la inflación con tasa de interés" son los regalos para los libros de la ilusión y el desencanto que dejaron los días de Federico Sturzenegger en el Banco Central.
 
Que "recalibramos las metas" del 12 al 15% para 2018 y "atrasamos un año" llegar al objetivo del 5% son los epígrafes que acompañarán por siempre la conferencia del jefe de Gabinete, Marcos Peña, del 28 de diciembre de 2017 que fue el punto de partida de la peor crisis desde 2002.
 
La inflación de 2018 fue la más alta en 27 años. Este martes el Indec dio a conocer la inflación del año pasado que llegó al 47,6%, y fue el nivel más elevado desde 1991 cuando la variación de precios fue del 84%. En diciembre la variación del índice de precios (IPC) fue del 2,6%.
 
Este "logro" del gobierno de Cambiemos no fue un acto de magia, sino que fue tejido en años previos en base a un deterioro cada vez más marcado de la situación externa que estalló en abril pasado, fue acompañado por tarifazos y falta de control de parte del Estado de precios sensibles para el bolsillo popular.
 
El estudio Eco Go calcula que si la luz, el gas y el transporte sólo se hubieran movido igual que la inflación (y no con subas del 1000% como tuvieron) el costo de vida acumulado de los tres años igual llega al 131,2%. Con los aumentos en pleno, da 158% hasta ahora. ¿Puede haber un número que resuma más el fracaso económico de Macri?
 
La contracara de la inflación es el brutal deterioro del poder adquisitivo de los salarios. Los trabajadores registrados del sector privado perdieron en noviembre de 2018 un 16 % de su poder de compra con respecto a noviembre de 2015. Los empleados públicos tuvieron una perdida mayor en los últimos tres años que alcanzó al 20 % en el mismo período. Mientras que los jubilados y todos los beneficiarios de asignaciones familiares, AUH, pensiones y otras prestaciones atadas a la movilidad, perdieron 23,7 % entre noviembre de 2015 y mismo mes de 2018.
 
La inflación produjo el hundimiento de la economía nacional, un deterioro generalizado de las condiciones de vida y es determinante en el giro del clima político en contra del incapaz Gobierno de los Ricos.
 
La Opinión Popular

15-01-2019 / 09:01
Mauricio Macri ha realizado todos los deberes para el FMI, impulsó una batería de reformas estructurales neoliberales de la economía y buscó alianzas de dependencia estratégica con EE.UU., pero la "lluvia de inversiones" no llega.
 
Según Fundación Capital (FC), en el cuarto trimestre del 2018 la inversión tuvo una estrepitosa caída de 22,7% interanual. Así, para la consultora dirigida por el ex presidente del BCRA, Martín Redrado, ese componente clave de la demanda agregada marcaría un deterioro de 4,9% durante la totalidad del año pasado.
 
Si a ese derrotero se le suma la contracción del 10,5% que proyecta el Gobierno para el 2019, se acumulará un negativo de 15% durante el último bienio de la gestión y la inversión cerrará con niveles de formación de capital fijo tan bajos como no se veían desde la crisis global generada por las subprime.
 
Desde FC son un poco más optimistas que el Gobierno acerca de lo que ocurrirá en 2019 y esperan una caída 8%. En ese caso el bienio acumularía una contracción de "apenas" 12,6%. Pero para otros analistas incluso la proyección oficial de 10,5%, publicada en el Programa Financiero 2019 que salió a la luz la semana pasada, peca de optimista.
 
La inversión es un componente clave de la demanda agregada. Un PBI traccionado por ella garantiza a priori un crecimiento más sostenible y en base a una mayor productividad.
 
Las altas tasas de interés y a la vez la posibilidad de una devaluación holgada atentan hoy contra su despegue. A eso se le suma el parate en la obra pública, que es la base del acuerdo de ajuste con el FMI, y la fuerte caída del consumo, por la caída récord del salario real.
 
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