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“El carácter inevitable de la derrota solo desalienta a los cobardes”. Alejandro Dolina
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Nacionales - 02-01-2019 / 11:01
EL PRESIDENTE IMPONE UN ESQUEMA PARA EVITAR UNA DEVALUACIÓN BRUSCA ANTES DE LOS COMICIOS

Macri tiene su propio cepo: no puede usar dólares, ni bajar la tasa, ni impulsar la economía

Macri tiene su propio cepo: no puede usar dólares, ni bajar la tasa, ni impulsar la economía
Ya están apareciendo los efectos colaterales del acuerdo con el FMI, el cual le permitió a Macri encontrar los fondos que el mercado financiero le venía negando y, de esa manera, estabilizar la situación cambiaria. Pero, como contrapartida, lo que terminó perdiendo fue margen de maniobra.
Mauricio Macri tiene su propio "cepo". No es un "cepo" como el que había activado Cristina Kirchner para sacar adelante su segundo mandato, entre 2011 y 2015. Se trata de un "cepo" diferente, pero que -como antes le sucedió la entonces mandataria- le pone límites muy claros a su margen de maniobra. El punto en contacto entre el "cepo de Macri" y el "cepo de Cristina" es el dólar.
 
Lo de CFK fue muy evidente: a fines de 2011, una vez conseguida la reelección, y con un atraso cambiario que imponía una devaluación, la ahora ex presidenta optó por encorsetar a las divisas que quedaban en las reservas y que debían resguardarse para pagar los vencimientos de la deuda.
 
Dicho de una manera cruda: los únicos privilegiados fueron los acreedores. El resto tuvo problemas para conseguir billetes verdes. Así fue como se impusieron cupos para importar, se creó un tipo de cambio más elevado para hacer turismo en el exterior y se generó un dólar "paralelo" para los ahorristas que querían atesorar.
 
Está claro que lo de Macri luce diferente. Bajo el gobierno de Cambiemos, los dólares están ahí, a disposición de quienes quieran, necesiten y puedan. Pero no es tan fácil acceder a ellos. Mejor dicho: no es más fácil que durante el segundo mandato de Cristina. Y aquí es donde aparece el concepto del "cepo de Macri".
 
Una pista: la salida de Javier Iguacel de la secretaría de Energía guarda relación con ese hecho. El ahora ex secretario, un funcionario fiel a Macri y que gozaba de su plena confianza, se tuvo que ir luego de que Nicolás Dujovne se negara a aplicar subsidios para las inversiones en Vaca Muerta.
 
La negativa del ministro de Hacienda forma parte del menú impuesto por el Fondo Monetario Internacional para cumplir con el objetivo de déficit cero. Como Iguacel sigue muy convencido en que esos aportes resultan clave para el desarrollo del área, y que atraerán inversiones privadas en el corto plazo, terminó por dar el portazo.
 
Un antecedente muy similar ocurrió un par de semanas atrás, cuando el propio Dujovne anunció el final de las PPP, el ambicioso plan de inversiones de obras público-privadas. Incluso, el Gobierno explicó que la determinación se tomó porque este tipo de emprendimientos no hacían más que elevar el "riesgo país" de la Argentina.
 
De hecho, la negativa provino del propio FMI, que buscó evitar que la Argentina termine involucrada en el financiamiento externo de obras públicas. Sucede que, para el staff del Fondo, ese mecanismo termina teniendo un efecto similar al de un incremento de la deuda externa del país. Y por eso lo vetó.

 
De modo que ya están apareciendo los efectos colaterales del acuerdo con el FMI, el cual le permitió a Macri encontrar los fondos que el mercado financiero le venía negando y, de esa manera, estabilizar la situación cambiaria. Pero, como contrapartida, lo que terminó perdiendo fue margen de maniobra.
 
Son los típicos condicionamientos que exige el organismo para asegurarse el repago del dinero que en su momento accedió a prestar.
 
 
Efectos en el mercado financiero
 
Hay un segundo capítulo de esta realidad: la estrechez no sólo merodea el plano productivo. El "cepo" también se armó alrededor del segmento financiero.
 
Para evitar un nuevo salto del tipo de cambio, el acuerdo con el Fondo contempla un plan de emisión monetaria "cero" y tasas de interés reales elevadas.
 
En este punto, precisamente, se hace evidente la similitud entre el "cepo de Cristina" con el "cepo de Macri".
 
Así como entre 2011 y 2015 todo el mundo reconocía que el valor del dólar oficial no reflejaba la cotización real si se liberalizaba el mercado -y por ese motivo el billete paralelo se mantenía varios puntos por encima-, ahora ocurre algo similar.
 
¿A cuánto subiría el tipo de cambio si el Banco Central rebaja la tasa de interés a un nivel acorde con una economía que necesita volver a crecer?
 
¿Y a cuánto se iría esa cotización si el BCRA acompaña el nivel inflacionario y el potencial de crecimiento con la emisión de pesos?
 
Cualquiera de estas preguntas podrían responderse en ejercicios financieros. No existe una cotización "paralela" que dé una idea. Lo que sí se sabe es que el objetivo del plan monetario oficial pasa por mantener seca la plaza para que no haya pesos dando vueltas que terminen por acelerar la devaluación.
 
En esta disyuntiva, el índice de "riesgo país" es el mejor reflejo de que las expectativas andan por el piso. Y que el mercado financiero palpa que el equilibrio de hoy es inestable. Y, tal vez, pasajero. Nadie lo sabe a ciencia cierta. Lo único que salta a la vista es que, así como luce, la economía es inviable.
 
En el Gobierno y en el Banco Central, los funcionarios se muestran conscientes de las limitaciones. Y en tren de sincerarse, aseguran: "Acá lo único que interesa es mantener la paz cambiaria hasta las elecciones".
 
Los funcionarios saben que nuevas turbulencias cambiarias podrían significar el final de la posible reelección del Presidente. Y hay un consenso interno pleno por mantener en calma el tipo de cambio.
 
En la City porteña y en Wall Street observan los números de la Argentina, y las cuentas no cierran. Más allá del nerviosismo que genera una eventual candidatura de CFK (y ni hablar su posible triunfo), los financistas tienen serias dudas sobre la capacidad del país de generar los dólares necesarios para afrontar los compromisos de la deuda, una vez que se acaben los dólares prestados por el FMI.
 
Y ahí es donde vuelven a unirse los caminos entre el "cepo de Cristina" y el "cepo de Macri": ambos se vieron forzados a imponer esquemas de emergencia con un único fin: que el sinceramiento de las variables no terminen por hacer ingobernables sus respectivos mandatos.
 
Lo dicho: el "riesgo país" por encima de los 800 puntos revela la incertidumbre y la desconfianza de los inversores. Y, en los hechos, le impide al Gobierno un descenso de la tasa de interés sin que ello se traduzca en una nueva devaluación.
 
Ese indicador -como a Cristina el "paralelo"- le recuerdan a diario a Macri que las cosas no están funcionando.
 
Entre 2011 y 2015, el kirchnerismo ideó diversas estrategias para prolongar el statu quo. Elevó el impuesto a los viajeros, puso a la AFIP a monitorear las cuevas del microcentro, mostró en vivo y en directo a CFK y a Guillermo Moreno desde Angola, como si esa propaganda pudiera generar los dólares que le hacían falta a la economía. Culpó a Shell por la devaluación del 20% de 2014. Y el Banco Central vendió $70.000 millones en futuros para evitar el salto cambiario previo a las elecciones.
 
No hace falta recordar con detalle de qué manera terminó ese esquema.
 
 
El mercado descree
  
Ahora los funcionarios de Macri se juegan a que la estrategia lanzada para estabilizar el mercado tras la devaluación de mediados de 2018 dé lugar a un nuevo escenario virtuoso.
 
Sin embargo, la gran mayoría de las consultoras privadas descree de esa mirada optimista. Con la excepción de Orlando Ferreres, las demás esperan un 2019 con caídas en el PIB. Y, en todo caso, las diferencias se juegan en torno de la profundidad y la extensión de la recesión.
 
Hay consultoras, incluso, que plantean una inflación por encima de la de 2017, que no estuvo contaminada por la devaluación. Es el caso de Eco Go (comandada por Marina Dal Poggetto), que prevé un índice de precios cercano al 35 por ciento anual.
 
En este escenario queda claro por qué en los centros financieros comienzan a preocuparse por las chances electorales que tiene Cristina Kirchner. Y, aun en el caso de que Macri retenga su hospedaje en la Casa Rosada, a nadie escapa que la situación económica y financiera es muy compleja.
 
Por lo pronto, crece el consenso respecto de que el "cepo" que armó el equipo económico tendrá un nuevo test en algún momento previo a las elecciones. Como suele suceder antes de los comicios, en la Argentina recrudece el nivel de dolarización por parte de ahorristas y de empresas.
 
Como Cristina antes, ahora Macri también podrá fortalecer su "cepo". A sabiendas, claro, de que la economía se va a resentir, todavía más. Y que, al fin de cuentas, el kirchnerismo no se pudo mantener en el poder por más controles que haya puesto.
 
Una vez más, la moneda está en el aire.
 
Por Claudio Zlotnik
 
Fuente: iProfesional
 

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18-06-2019 / 08:06
Las elecciones provinciales realizadas hasta ahora arrojan una combinación de datos abrumadores: el peronismo arrasa en muchas provincias, o gana más cómodo que antes, o pierde por menos diferencia. Pero en todos lados crece, y mucho. Al contrario, Cambiemos se achica significativamente. Si se proyectara, la suerte de Mauricio Macri estaría echada. Tal vez sea así.
 
El domingo, Omar Perotti recuperó la provincia de Santa Fe para el peronismo luego de 12 años de gobierno socialista. En Formosa, el peronista Gildo Insfrán logró el 70% de los votos y comenzará el 10 de diciembre su séptimo gobierno consecutivo.
 
En San Luis, el peronista Alberto Rodríguez Saá seguirá en el poder. Obtuvo 42% de los votos. Si le suman los que obtuvo su hermano, el peronista Adolfo Rodríguez Saá, representan dos tercios de la provincia puntana. En Tierra del Fuego, el candidato K Gustavo Melella, superó el 50% de los votos. La gobernadora peronista Roxana Bertone consiguió el 38%. Casi un 90% en total.
 
En todas las provincias hay muchos más votos para el Peronismo y muchos menos votos para Cambiemos. Si se miran objetivamente, los números describen una poderosa ola peronista en las provincias. En este panorama, la fórmula Fernández -Fernández es la gran favorita. 

Adelante en la carrera está hoy la oposición encarnada en la fórmula Alberto-Cristina, con una distancia entre cinco y diez puntos porcentuales (según la encuestadora) por sobre el oficialismo de Macri-Pichetto por lo que no hay que descartar que la diferencia siga estirándose y la elección se resuelva en primera ronda.
 
El efecto mayoría se produjo por el apoyo a la fórmula del PJ por parte de casi todos los gobernadores peronistas exitosos encadenado con la incorporación de una figura de peso nacional como Sergio Massa a la coalición opositora.
 
Esta unidad del peronismo tiene su origen en la necesidad de derrotar a Macri. La realidad política que el poder son los votos. Al sumarse Massa se integra además una superestructura con significación electoral. Ese plus que le agrega la presencia de Massa puede definir la elección en la primera vuelta.
 
La unidad del peronismo es un objetivo anhelado por la mayor parte del electorado argentino que se define como opositor y que está convencido que el peronismo debía unirse con el principal objetivo de derrotar a Cambiemos y poner en marcha un gobierno con un modelo económico y social diferente.
 
La Opinión Popular

17-06-2019 / 12:06
17-06-2019 / 12:06
Durante y después del apagón masivo que colapsó el sistema energético y dejó al país entero en penumbras, dirigentes de la oposición cuestionaron el nefasto rol del gobierno de Mauricio Macri.

Uno de ellos fue el precandidato a presidente por el Frente de Todos, Alberto Fernández, quien primero compartió un tweet de Macri del 18 de diciembre de 2013 en el que el Presidente decía: "Estos cortes son el símbolo del fracaso de la política energética nacional". Y luego agregó: "Millones de argentinos, que han debido pagar sumas siderales en tarifas con las que se benefician los amigos del poder, aún esperan que la energía vuelva a sus hogares".
 
El precandidato resaltó que el Gobierno de Cambiemos "hace solo seis días se jactaba de 'exportar energía'" y exigió: "devuelvan la luz a las casas de los argentinos".
 
Por último compartió un video en el que Macri, durante un almuerzo con Mirtha Legrand, dijo: "si nosotros no aumentábamos las tarifas estábamos a una materia de ser Venezuela, nos íbamos a quedar en un apagón general". Fernández explicó que "subieron las tarifas tanto como sus amigos les reclamaron y generaron el apagón más grande de la historia. No es Venezuela. Es Argentina. Ya es hora de darse cuenta".
 
Sergio Massa, también parte del Frente de Todos, planteó que "el Gobierno debe abrir una investigación urgente y explicarle a la sociedad lo que pasó". Y agregó que "los responsables del sistema eléctrico, energía Cammesa, deben ir mañana mismo al Congreso a explicar semejante desastre. Defensa del Consumidor debe resolver cómo va a reparar el daño económico, pérdidas de equipos y alimentos que hoy viven millones de familias argentinas".
 
Finalmente, sentenció: "El apagón viene después de 3 años de tarifazos de más del 1000 por ciento en energía. Nos dijeron que era para inversión. Y el resultado es un enorme apagón. Desde el 10 de diciembre y con un nuevo gobierno, hay que transformar la matriz y el desarrollo energético en un programa a 10 años de política de Estado".
 
Desde el FIT, la diputada Myriam Bregman cuestionó al Gobierno y reclamó: "Ahora discutamos en serio cómo terminamos con el enorme curro de la privatización del sistema energético. Todo lo demás, spot electoral".
 
El senador Fernando "Pino" Solanas, por su parte, señaló que "entre 2015 y 2017 la electricidad aumentó 562 por ciento. En 2019 la tarifa de electricidad aumentará un 55 por ciento de promedio acumulado. Mientras tanto, los argentinos estamos ante el mayor corte de energía que hayamos sufrido por una falla en la distribución".
 
Y luego agregó: "Esto no fue un 'corte' más. Acá falló el centro neurálgico de nuestro sistema eléctrico. Macri se cansó de obedecer los pedidos de aumentos de tarifas de las compañías eléctricas. En cualquier país del mundo lloverían las demandas del Estado contra las empresas".
 
La Opinión Popular

17-06-2019 / 10:06
Las alegrías que trajo el 'efecto Pichetto' duraron muy poco para el macrismo, y es que este fue un domingo negro para Cambiemos (ahora Juntos por el Cambio). Primero, con un megaapagón, el corte de energía más grande de la historia nacional, y posteriormente, el triunfo del PJ en San Luis, Formosa y Tierra del Fuego y en la provincia de Santa Fe, que es un distrito electoral clave.
 
Este domingo de elecciones volvió a arrojar victorias para el peronismo y derrotas para Cambiemos en varias provincias, a dos meses de las PASO. Santa Fe, San Luis, Formosa y Tierra del Fuego celebraron este domingo elecciones y eligieron a sus gobernadores. El gobierno de Macri sigue con la cosecha de un solo triunfo electoral: el de Jujuy.
 
El senador nacional peronista Omar Perotti, del Frente Juntos, se transformó este domingo en el nuevo gobernador de la provincia de Santa Fe, al imponerse con más del 40% de los votos sobre el socialista Antonio Bonfatti, del Frente Progresista Cívico y Social, quien obtuvo el 36,34. En tercer lugar cómodo quedó el intendente de Santa Fe y candidato de Cambiemos, José Corral, con el 18.96.
 
Mientras tanto, el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, fue reelecto más del 42 por cientos de los votos y se impuso sobre el senador de Cambiemos, Claudio Poggi, quien consiguió el 34.53%, por delante de Adolfo Rodríguez Saá, con el 22.27%.
 
En San Luis, Gildo Insfrán se encamina seguro a un nuevo mandato. Con más del 70% de las mesas escrutadas, el peronista alcanzaba holgadamente el 72% de los votos y dejaba en el segundo lugar al postulante de la Confederación Frente Amplio Formoseño, Adrián Bogado, con el 26.75%."Esto demuestra que el camino que elegimos hace mucho tiempo es la respuesta para volver a tener el 10 de diciembre en la Casa Rosada un gobierno de tinte nacional y popular", reflexionó el formoseño Insfrán.
 
En el caso de Tierra del Fuego, con un muy lento escrutinio, la gobernadora peronista de Tierra del Fuego, Rosana Bertone, sacaba alrededor del 40% ante el intendente de Río Grande y aliado al kirchnerismo, Gustavo Melella, quien obtenía el 48.4 e irían al balotaje el próximo 23 de julio.
 
Con los resultados en la mano, le resta al Gobierno de Macri en primer lugar, seguir engañando a los mercados para mantener el clima de entusiasmo y optimismo económico tras el anuncio de la fórmula Macri-Pichetto, y por otro lado, y al parecer el más difícil, convencer al electorado sobre el planteo de la reelección, que con un nuevo triunfo peronista superior a lo previsto, se suma una derrota más al macrismo a nivel nacional, alejando a Macri de la Casa Rosada y acercando un poco más al frente peronista opositor TODOS.
 
La Opinión Popular

16-06-2019 / 10:06
En el día que se oficializaron las alianzas electorales que competirán en agosto en las PASO y en octubre en la primera vuelta, los bancos devengaron intereses por 3126 millones de pesos solamente por la tenencia de Leliq emitidas por el Banco Central para contener la paridad cambiaria. A la cotización de ese día, ese monto de intereses es equivalente a 71 millones de dólares.
 
El reloj del taxi de los intereses de las Leliq no se detiene. La proyección de esos números diarios a términos anuales es abrumadora. Mientras algunos eligen  el camino de sumar angustia haciendo ese ejercicio, ya existen otras cifras que son lo suficientemente contundentes para estar intranquilos.
 
Los intereses ya anotados por los bancos por las Leliq desde octubre del año pasado, cuando fueron lanzadas al mercado por el Banco Central bajo la conducción de Guido Sandleris, hasta el viernes pasado, suman 350.799 millones de pesos. En apenas ocho meses y medio, el instrumento monetario utilizado por el Gobierno para evitar una corrida contra el peso ha acumulado intereses equivalentes a unos 7.973 millones de dólares.
 
La campaña electoral de Cambiemos está siendo muy cara, factura inmensa que será saldada, con una elevada probabilidad, con un evento económico traumático que afectará a la mayoría de la población. Al crédito extraordinario del FMI, de 57 mil millones de dólares entregado al gobierno de Macri para evitar el default de la deuda, se debe sumar la emisión, hasta ahora, de casi 1,2 billones de pesos de Leliq (Letras de Liquidez), negocio espectacular para el sistema financiero, para evitar otra megadevaluación.
 
La cesación de pagos y/o otra vuelta de la corrida cambiaria serían devastadoras para la ambición de reelección de Macri. Para evitar en este año electoral la irrupción de esos acontecimientos críticos, situación de inestabilidad a la que se llegó por la política económica neoliberal aplicada desde el comienzo del gobierno, la economía macrista necesita del pulmotor del endeudamiento.
 
Financiamientos dado por el FMI vía un stand by y por los bancos del sistema local con las Leliq. El proyecto electoral del oficialismo está teniendo de ese modo un costo inmenso.
 
Los bancos están haciendo así un negocio fabuloso, que está siendo reflejado en el cuadro de resultados de los balances. Captan fondos de ahorristas, a quienes les pagan de 48 a 53 por ciento anual, y esos mismos recursos son inmediatamente entregados al Banco Central que estuvo pagando por ellos de 70 a 74 por ciento anual. En un rápido pase de manos, las entidades estuvieron anotando una utilidad de por lo menos 20 puntos porcentuales.
 
El balance global de las entidades privadas en el primer trimestre del año refleja el resultado de esa bicicleta fabulosa a cuenta del Banco Central. Ese grupo de bancos contabilizó una ganancia total de unos 56 mil millones de pesos (1200 millones de dólares), de acuerdo a información proporcionada por el Banco Central. 

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