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“Si la fuerza material está monopolizada por el régimen, las fuerzas morales, los valores que no se afincan en lo material están de nuestro lado, del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora”. John W. Cooke
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Internacionales - 02-01-2019 / 10:01
RATIFICÓ SU ALINEAMIENTO TOTAL CON DONALD TRUMP

El facho Jair Bolsonaro asumió la presidencia de Brasil

El facho Jair Bolsonaro asumió la presidencia de Brasil
El carácter y los límites de la presidencia de Bolsonaro son múltiples, ya sea por los condicionamientos que pueda ponerle la coalición (heterogénea) que lo llevó al poder, por la falta de un cheque en blanco de parte de sus electores que lo votaron centralmente por sus promesas honestistas y securitarias (pero no por su perfil racista, misógino y xenófobo), por las adversas condiciones económicas internacionales, y sobre todo porque para poder pasar los brutales planes de ajuste y privatizaciones que anunció deberá lidiar con una clase trabajadora que no fue derrotada y viene de enfrentar la reforma previsional de Temer en 2017.
Como subproducto de la intensidad de las luchas políticas, en el década del 70, en Córdoba, se acuñó el vocablo "facho", un término que sintetiza la idea del gorila derechista que no sólo odia al pueblo y a sus organizaciones sino que, además, lo combate activamente.
 
En la tarde de este martes 1ro de enero el facho Jair Bolsonaro asumió oficialmente como el 38° presidente de Brasil, tras haber triunfado en segunda vuelta en las elecciones más manipuladas de la historia reciente del país. "Brasil por encima de todo y Dios por encima de todo", anunció, tomando una frase que evoca al nazismo.
 
Bolsonaro se impuso en el balotage de octubre, en el cual enfrentó al candidato del Partido de Trabajadores (PT), Fernando Haddad. El excapitán ultraderechista se había convertido en el candidato de una coalición poderosa que incluyó a la corporación judicial y mediática, el estáblishment económico, las iglesias evangélicas, los grandes terratenientes y la cúpula militar.
 
Con una manipulación sin precedentes, el poder judicial llevó adelante todo tipo de arbitrariedades para encarcelar a Lula, el único candidato que podía ganar en primera vuelta, eliminando en ese acto el derecho democrático elemental del pueblo brasileño a votar a quién quiera. A ese primer acto le siguió una serie de maniobras para evitar que Lula aparezca en las publicidades del PT e incluso que pueda dar reportajes o enviar mensajes a los votantes.
 
A las arbitrariedades del partido judicial se sumó la injerencia directa de la cúpula del Ejército, que primero salió a amenazar a los jueces con intervenir en caso de que dejaran a Lula en libertad y luego dieron todo su respaldo público a Bolsonaro como candidato de la fuerza.
 
La manipulación se completó con la corporación mediática suavizando los rasgos más repudiables de Bolsonaro y dejando correr las "fake news" contra Haddad, mientras que los empresarios financiaban en forma ilegal una campaña multimillonaria de spam via whatsapp para fortalecer la figura del excapitán y degradar la de sus opositores.
 
Este delito de financiamiento ilegal fue encubierto por la justicia, que se negó a investigar, como así también lo viene haciendo con el reciente escándalo que involucra a varios miembros del clan Bolsonaro por depósitos y transferencias irregulares de parte del policía retirado Fabricio Queiroz, exchofer del hijo de Bolsonaro.
 
La escandalosa trama de apoyo de la corporación judicial a la candidatura del ultraderechista quedó en evidencia con el otorgamiento del Ministerio de Justicia al juez Sergio Moro, el principal responsable de la operación Lava Jato, que incluyó todo tipo de arbitrariedades como detenciones coercitivas, prisión preventiva y delación premiada, hasta llegar a la detención de Lula sentenciado a 12 años de prisión.
 
El juez que deja fuera de juego al único candidato que puede ganar en primera vuelta y después allana el camino para el triunfo de Bolsonaro, es quién termina siendo premiado con el Ministerio de Justicia del Gobierno. Todo en el marco de su alineamiento total con el yanqui Donald Trump.
 
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 El facho Jair Bolsonaro asumió la presidencia de Brasil

EL EXCAPITÁN PROMETIÓ COMBATIR LA IDEOLOGÍA EN LAS AULAS Y DEFENDIÓ LA PORTACIÓN DE ARMAS
 
Asumió Bolsonaro y la pesadilla se hace realidad
 
La democracia parece haber quedado atrás. Sin la presencia de la bancada del Partido de los Trabajadores (PT), la principal de Diputados, Jair Bolsonaro juró en el Palacio Legislativo como 38º presidente de Brasil prometiendo combatir la "ideología", en escuelas y universidades, defendiendo la portación de armas y agradeciendo a Dios por haber sobrevivido al ataque sufrido durante la campaña electoral.
 
Brasilia fue blindada y los periodistas sometidos a maltratos de los que no se tenía memoria en ninguno de los gobiernos civiles de derecha o izquierda que se sucedieron a partir de 1985.
 
En su discurso ante miles de seguidores desde el  Palacio del Planalto el excapitán estrenó su primera "fake news" de Estado, al prometer que Brasil no volverá a vivir bajo el yugo del "socialismo", un sistema político jamás aplicado en esta nación que fue la última de América en abolir la esclavitud y cuya dictadura fue una de las más prolongadas de Latinoamérica. Tanto fue así que al retirarse del gobierno en 1985 los militares mantuvieron la tutela de la transición, que no llevó al pais hacia el socialismo imaginado en la alocución de ayer. "No podemos permitir que ideologías nefastas vengan a dividir a los brasileños, ideologías que destruyen nuestros valores y tradiciones, y a nuestras familias, que son la base de nuestra sociedad, los convido a iniciar un movimiento en este sentido".
 
El flamante mandatario pidió ante los parlamentarios y las autoridades del Poder Judicial la aprobación de una legislación que garantice la impunidad de los policías acusados de matar a sospechosos y aseguró que inaugurará una nueva era diplomática sin "sesgo ideológico".
 
"La política externa retomará su papel en la defensa de la soberanía, en la construcción de la grandeza y en desarrollo".
 
El nuevo signo de esa política externa quedó retratado en la lista de presentes y ausentes en los fastos de ayer. Las estrellas de los actos en el Congreso y el Planalto, y el cóctel nocturno en la Cancillería, fueron el secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo y el premier israelí Benjamin Netanyahu.
 
No quedan dudas sobre el alineamiento casi automático con Washington, a partir de fundamentos que rompen con la tradición construida durante décadas por los cuadros del Palacio Itamaraty, donde no predomina la izquierda.
 
En uno de los pocos tuits publicados ayer Bolsonaro agradeció a Donald Trump los elogios sobre su discurso en el Congreso y anunció que "juntos, bajo la protección de Dios, traeremos más prosperidad a nuestros pueblos".
 
El presidente recibe hoy a Mike Pompeo con quien hablará sobre la política conjunta frente a Venezuela, Cuba y Nicaragua, según fue anticipado oficialmente. No se descarta que durante el encuentro se formalice un convite para una visita a Washington durante el primer semestre del año.
 
También estuvieron en la toma de posesión el presidente chileno Sebastián Piñera y el neofascista Viktor Orbán, jefe de gobierno en Hungría país donde la proyección de poder brasileña es cero, pero hay una creciente afinidad ideológica.
 
No estuvo Mauricio Macri, una ausencia que alimentó dudas sobre la relación que mantendrán los dos principales socios del Mercosur. También faltó el mexicano Andrés Manuel López Obrador, el presidente de la segunda potencia regional y faro del progresismo antineolberal, pero estuvo el mandatario boliviano Evo Morales, un viejo amigo de Luiz Inácio Lula da Silva.
 
Desde Curitiba, donde está preso, Lula prometió que "2019 será un año de mucha resistencia para impedir que nuestro pueblo sea más castigado de lo que ya fue".
 
Cientos de militantes se reunieron a metros de la Superintendencia de la Policía Federal curitibana para desearle feliz año y cantar el himno de los partisanos Bella Ciao.
 
En Brasilia, Lula fue hostilizado por los "bolsominions" concentrados en la Plaza de los Tres Poderes ubicada frente al Palacio del Planalto, que reunió bastante menos gente que las 500 personas mil previstas por los organizadores. En su mayoría blancos, muchos vestidos con la camiseta de Brasil, los adictos al bolsonarismo llegaron al delirio, incluso al llanto, cuando el "mito" apareció en el balcón presidencial.
 
Uno de los cánticos escuchados en la plaza fue "la bandera brasileña nunca será roja", en alusión a la frase que dijo ayer Bolsonaro. Entre los personajes venerados en la concentración amarilla estuvo el fallecido coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el torturador más emblemático de la dictadura.
 
Hubo amenazas contra los periodistas, y una reportera de la TV Globo fue impedida de hacer un despacho. Pero la verdadera intimidación provino de las autoridades que obstruyeron el trabajo periodístico con el pretexto de aplicar medidas de seguridad nunca vistas.
 
La presidenta de la Federación Nacional de Periodistas, Maria José Braga teme que se avecinen días "difíciles" para la prensa (ver recuadro). La Asociación Brasileña de Periodismo Investigativo criticó el trato "antidemocrático" dado a los comunicadores "confinados" en salas de donde se les prohibió salir. Cuatro periodistas extranjeros optaron por irse de la Cancillería porque fueron obligados a permanecer en una habitación virtualmente encerrados.
 
En la concepción de los ideólogos del nuevo orden a ser implantado por el gobierno cívico-militar la prensa, tanto la independiente como la dominante, es uno de los objetivos a ser alcanzados en la "guerra" cultural en curso. "Los periodistas son los más grandes enemigos del pueblo sea en Estados Unidos o Brasil", dijo hace una semana Olavo Carvalho, que es  considerado la eminencia parda que está por detrás de los nombramientos del canciller Ernesto Araújo y el titular de Educación Ricardo Vélez Rodriguez.
 
Mentor de aseveraciones como que Obama fue financiado por Bin Laden o que el Foro de San Pablo es una logia que gobierna la región, Carvalho también ejerce influencia en el clan Bolsonaro del que son parte sus tres hijos y la nueva primera dama Michelle.
 
Ayer la bonita evangélica de 38 años, 24 menos que su marido, hizo su lanzamiento político durante la ceremonia en el Palacio del Planalto cuando alterando el protocolo se dirigió al público y millones de televidentes con un discurso en lenguaje de señas para sordomudos.
 
"Agradezco a Dios poder ayudar a los que más lo necesitan, como primera dama voy a poder ayudar a todos los brasileños", dijo Michelle con un vestido que prometió donar el cual fue realizado por una de las diseñadoras más solicitadas de Rio que dijo haberse inspirado en los vestidos de Grece Kelly y Jaqueline Kennedy.
 
El lado menos angelical de Michelle saltó hace un mes cuando se descubrió que un ex policía, sospechado de vínculos con las "milicias" parapoliciales, depositó dinero en su cuenta.
 
El "clan" de los Bolsonaro surge como uno de los polos de poder del nuevo régimen: los otros son Fuerzas Armadas y los superministros Sergio Moro, de Justicia y Paulo Guedes de Economía. La convivencia entre estas facciones no ha sido armoniosa desde la creación del gobierno de transición y nada indica que lo será de aquí en más.
 
El diputado Eduardo Bolsonaro, el más votado del país, es el miembro más notorio del grupo de poder familia. Además de ser un devoto del gurú Carvalho se mueve como un operador todoterreno de su padre, especialmente en la agenda internacional. A poco de la victoria presidencial de octubre Eduardo inició una gira por Estados Unidos, Colombia y Chile, y fue el anfitrión de un encuentro de agrupaciones de ultraderecha en Foz de Iguazú.
 
El otro miembro destacado de la familia presidencial es el concejal Carlos Bolsonaro, a quien se atribuye un talento especial para lanzar ataques y formular campañas sucias a través de las redes sociales, en las que su padre se maneja como pez en el agua.
 
Carlos ocupó ayer el asiento trasero del Rolls Royce en el que su padre y su madrastra desfilaron por la avenida principal de Brasilia.
 
Ese lugar de privilegio de Carlos Bolsonaro en el vehículo descapotado se prestó a varias interpretaciones, una de las cuales sostiene que pese a no ocupar ningún cargo en el nuevo gobierno será uno de los consejeros del jefe de Estado posiblemente en la política de medios donde el objetivo es formar un nuevo imperio junto a la cadena evangélica Record, para eclipsar al grupo Globo que es el dominante.
 
Se trata de un proyecto central para la fundación de un nuevo orden ultraconservador que acabe con lo "políticamente correcto", como dijo ayer el presidente en su discurso desde el Planalto con la bandera brasileña entre las manos.
 
Por Dario Pignotti
 
Fuentes: Página12 y La Izquierda Diario
 

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21-01-2019 / 20:01
21-01-2019 / 20:01
21-01-2019 / 10:01
La Segunda Guerra Mundial, desatada por las potencias imperialistas, y que arrastró a la Unión Soviética y a otros pueblos de Europa y de Asia, criminalmente invadidos, los llevó a una sangrienta lucha de liberación.
 
El 21 de enero de 1944, en Leningrado, los soviéticos rompen el asedio alemán a la ciudad, que duró 29 meses. El sitio de Leningrado fue una acción militar alemana durante la Segunda Guerra Mundial encabezada por Wilhelm Ritter von Leeb, que buscó inicialmente apoderarse de la ciudad de Leningrado (la actual San Petersburgo).
 
El objetivo de las tropas nazis era borrar a Leningrado de la faz de la tierra: acabar con la cuna de la revolución bolchevique y el símbolo de la cultura rusa sería una solución perfecta para socavar la resistencia soviética.
 
Había otros factores también: era un puerto marítimo estratégico y alojaba la única fábrica productora de tanques pesados, coches y trenes blindados del mundo. Los comandantes nazis analizaron la posible escalada de la resistencia y decidieron matar a la ciudad de hambre.
 
Adolf Hitler, ante la perspectiva de tener que mantener a una población enemiga de más de 3.000.000 de habitantes, instruyó que se la sitiara y se dejara morir a la población por hambre y frío. El sitio duró casi 900 días, desde 1941 hasta 1944, uno de los asedios más largos de la historia de la humanidad.
 
La ciudad estuvo a punto de perecer si no hubiera sido que se estableció un corredor a través del helado lago Ládoga por donde llegaba una escuálida ayuda a los sitiados. 
 
Los muertos hasta ser liberada la ciudad superaron la cifra extraoficial de 1.200.000, más personas de las que perdieron EE.UU. y el Reino Unido juntos a lo largo de toda la Segunda Guerra Mundial, que culminó en la derrota del fascismo, la formación del campo mundial del socialismo y la lucha por su soberanía de los pueblos coloniales y dependientes.
 
La Opinión Popular

20-01-2019 / 08:01
20-01-2019 / 08:01
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