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Nacionales - 31-12-2018 / 10:12

El infinito favor que Cristina le hace a Macri

El infinito favor que Cristina le hace a Macri
La imagen de fin de año —un presidente descansando en un paraíso inaccesible mientras aumenta las tarifas una vez más por encima de la pauta de aumento salarial— solo es posible en un gobierno que cree que tiene enfrente al candidato más favorable a sus intereses. Es que el favor de Cristina a Macri, finalmente, no es algo personal: es el favor que ella le hace también a un proyecto cada vez más conservador y menos criterioso.
La Argentina termina en las próximas horas uno de los peores años de su economía desde la instalación de la convertibilidad, en 1991.
 
Los datos de la evolución de producción, pobreza, desocupación, endeudamiento, inflación, poder adquisitivo, son todos malos en cualquier comparación que se tome: contra cualquier otro año del país en los últimos 15, contra el desempeño de casi cualquier otra economía mundial, contra las expectativas que existían a principios de año.
 
La experiencia universal indica que, en situaciones tan adversas como esta, el Gobierno no estaría en condiciones de ganar elecciones. Sin embargo, la gran paradoja política de este final de año es que todas las encuestadoras relevantes sostienen que si las elecciones se realizaran hoy, Mauricio Macri sería reelecto.
 
Esa posibilidad, que dado el año que termina parece inverosímil, se explica por una razón dominante: la líder de la oposición se llama Cristina Kirchner. Desde que ocurrió la tragedia de Once, en febrero del 2012, hay una mayoría sostenida que está dispuesta a votar en función de que ella salga del poder o no vuelva.
 
La militancia kirchnerista se enoja ante este tipo de razonamiento o lo atribuye a conspiraciones fantasiosas. Pero lo cierto es que hay elementos objetivos que lo respaldan. Uno de ellos, no el único, son las encuestas.
 
En las últimas semanas, los resultados difundidos por Poliarquía, Aurelio, Synopsis, González y Valladares, Isonomía coinciden en que Macri es hoy, a fines del durísimo 2018, favorito para ser reelecto a fin de año próximo.
 
El segundo elemento objetivo es la historia reciente. Desde que Cristina asumió la conducción del país, en el 2007, el peronismo perdió cuatro de las cinco elecciones que se realizaron. Cristina logró que fuera derrotado incluso en la provincia de Buenos Aires, algo que no sucedía desde 1985.
 
La última vez la que perdió fue ella como candidata, contra un dirigente de segundo nivel de la coalición gobernante. ¿Esos militantes que se enojan no se habrán equivocado en todos esos años respecto de lo que iba a pasar en tantas elecciones?
 
Todos estos datos sugieren que el peronismo debería optar por otro candidato, de manera de tener más posibilidades de volver al poder. El problema es que ese 30% que apoya a la ex Presidente define cualquier interna a su favor.
 
Y entonces no está en manos del peronismo sino de ella misma la posibilidad de que surja un candidato potencialmente más dañino para Macri.

 
Correrse del centro de la escena no parece una alternativa en el ADN Kirchner. Desde que Néstor llegó a la intendencia de Río Gallegos, siempre es un Kirchner el que encabeza las listas: Néstor en 2003, Cristina en 2005, Cristina en 2007, Néstor en 2009, Cristina en 2011, Máximo y Alicia en 2015, Cristina en 2017. Néstor, Cristina, Alicia o Máximo, para diputados, senadores, gobernadores o presidentes.
 
El sitio de La Cámpora es un reflejo de esa cultura: cada dos noticias aparece una declaración irrelevante de Máximo, y de absolutamente ningún otro dirigente. Pero correrse tampoco es lo que hacen habitualmente los líderes políticos: si la generosidad fuese su sello, seguramente no llegarían alto.
 
Sin embargo, hay experiencias alternativas en la joven democracia argentina. Desde que dejó el poder en adelante, Raúl Alfonsín nunca fue candidato a un cargo ejecutivo. En cada elección, privilegió la posibilidad de fortalecer una opción opositora a Carlos Menem.
 
En el año 2003, Eduardo Duhalde podría haberse presentado a las elecciones con una gran posibilidad de triunfar sobre Carlos Menem. Sin embargo, lideró el proceso que llevó a Néstor Kirchner a la Presidencia de la Nación.
 
Hace pocos días, Cristina Kirchner insinuó que estaría dispuesta ser líder en lugar de candidata. Aunque es cierto que la gente cambia, sería una decisión muy contraria a la tradición familiar y personal.
 
La ambición de Cristina favorece a Macri no solo por el rechazo de un sector muy importante de la sociedad hacia ella, sino también por otro elemento clave.
 
Desde 1987, la política argentina repite una estructura en la que, si los dos sectores van unidos, el peronismo logra un caudal de votos cercano al 50%, y la propuesta no peronista se arrima al 40. Eso cambió de manera brutal y sostenida en el año 2008, cuando, luego de la crisis del campo, el peronismo se dividió.
 
Actualmente, el voto no peronista está unificado detrás de Macri. La última encuesta de Poliarquía expresa que, sumados, los votantes del Presidente, de María Eugenia Vidal y Elisa Carrió llegan al 39 por ciento. Pero el peronismo está dividido. En la misma encuesta, los candidatos kirchneristas sumados reúnen el 31% y los del PJ no K, un 18 por ciento. La misma estructura de siempre, solo que unos van juntos y los otros, no.
 
Frente a esta situación, el kirchnerismo propone una interna amplia donde todos participen. El problema de esa propuesta es que ignora un elemento central: el PJ no K es un fenómeno popular, no superestructural. El peronismo que rechaza a Cristina existe.
 
Juan Schiaretti no podría acercarse a ella aunque quisiera, porque perdería la provincia de Córdoba. Así sucede también en Santa Fe, La Pampa, el interior de la provincia de Buenos Aires. Al contrario: si ella retirara su candidatura, esa resistencia se debilitaría, y sería posible que el peronismo se uniera.
 
Las posibilidades de que Macri fuera reelecto, en ese caso, se complicarían mucho. El problema -otra vez- es que es ella la que debe decidir sacrificarse en función de la unidad peronista, es decir, contra la permanencia de Macri en el poder. Salvo ella misma, nadie puede resolver ese intríngulis.
 
Uno de los argumentos que circulan en el peronismo para justificar la candidatura de Cristina es que se lo piden los intendentes del Conurbano porque ella arrasa en esa zona. Ese mismo planteo justificó la candidatura a senadora del año 2017 por la provincia de Buenos Aires.
 
Efectivamente, la estrategia les sirvió a esos intendentes. La mayoría, sobre todo en la tercera sección electoral, triunfó en sus distritos. Pero Cristina perdió. Y el que festejó fue Macri. Tal vez, en este sentido, los intereses de Macri y Martín Insaurralde no sean divergentes: a los dos les conviene que Cristina sea candidata. El operativo clamor es más transversal de lo que parece.
 
Otro de los argumentos es que Cristina es la candidata más querida del peronismo. Efectivamente, es así. Pero eso no asegura la victoria, sino, a veces, lo contrario.
 
En el 2003, Carlos Menem fue el candidato más votado entre los tres peronistas que se presentaron. Pero no le alcanzó. Hubiera ganado cualquier interna, pero perdido contra cualquier opositor.
 
De hecho, las mismas encuestas que pronostican un triunfo de Macri contra Cristina, no son tan claras cuando el candidato opositor es otro: en distintos sondeos, desde Axel Kicillof hasta Sergio Massa aparecen por encima del Presidente.
 
Esta situación produce un dilema de ribetes dramáticos entre aquellos que aman a Cristina y odian a Macri con la misma intensidad. Tal vez deban elegir entre los dos sentimientos: seguir a la primera aun a costa de que ello puede facilitar la reelección de Macri o abandonarla para privilegiar que Macri salga del poder.
 
Ese mismo dilema, si las encuestas no cambian o el dólar no se dispara, será el que enfrentará Cristina en los próximos meses. En cambio, el oficialismo siente que la presencia de Cristina le da un aire infinito.
 
La imagen de fin de año -un presidente descansando en un paraíso inaccesible mientras aumenta las tarifas una vez más por encima de la pauta de aumento salarial- solo es posible en un gobierno que cree que tiene enfrente al candidato más favorable a sus intereses.
 
Es que el favor de Cristina a Macri, finalmente, no es algo personal: es el favor que ella le hace también a un proyecto cada vez más conservador y menos criterioso.
 
Faltan muchos meses para que Cristina tome la decisión final. Sus movimientos sugieren que será candidata a presidente, pero a tanta distancia nada se puede asegurar. De hecho, si se produce otra estampida del dólar, los números pueden cambiar.
 
¿Cuál sería el sentido de renunciar antes de tiempo a una carrera cuyas condiciones aun no se conocen? Hasta ahora, desde que asumió en 2007 la Presidencia, Cristina le ha hecho muchos favores a Mauricio. Sin ellos, él no estaría donde está ni haciendo las cosas que hace.
 
La historia no está condenada a repetirse, pero, al menos en este aspecto, ha dejado ya muchas señales de lo que puede ocurrir si, finalmente, se produce una contienda entre los dos líderes que, de 2007 en adelante, han conducido a la Argentina hasta la situación actual.
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 

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23-03-2019 / 09:03
Una actividad cerrada y de gestión volvió a traerle complicaciones a Mauricio Macri. El Presidente terminó ofuscado con un obrero que hizo el gesto de la "V" peronista mientras se fotografiaba en el Paseo del Bajo.
 
El enojo y posterior reto ocurrieron ayer, pero la escena se viralizó hoy y muestra una faceta de Macri desconocida para el público.
 
Al percatarse del gesto del obrero, un Macri visiblemente enojado le ordena que se aparte y salga de la foto. Mientras, Horacio Rodríguez Larreta observa la escena junto a María Eugenia Vidal.
 
Si bien la imagen circula sin audio, parece una verdadera pesadilla para los asesores del PRO que durante años se esforzaron por cambiar la imagen del Macri frío y distante. "Faltó una sonrisa", se resignó uno de sus más fieles laderos que vivió la transformación que le permitió llegar a la Presidencia.
 
"Lo que pasa que antes no te podías acercar a un Presidente y ahora cualquiera le falta el respeto", analizó un dirigente macrista que pidió mantener su nombre en reserva.
 
Un mes atrás el mandatario fue escrachado por otro obrero que lo abordó en medio de un acto oficial del plan Procrear en el sur de la Ciudad y le reclamó que hiciera "algo".
 
"Soy un laburante, vivo día a día, todos los días a las 5 de la mañana me levanto", sorprendió el obrero a Macri, que intentaba meter un bocado. "Perdón que se lo tengo que decir, con respeto, no me importa el Gobierno pasado, ahora es el problema", advirtió el trabajador.
 
"Tratemos de hacer rápido las cosas, se lo pido por favor presidente, estamos peor", aseveró el obrero. Macri intentó darle un final al episodio al buscar un abrazo de compromiso con el trabajador de la Uocra. "Hagan algo, la concha de mi hermana", fue el último comentario que deslizó el trabajador.
 
La Opinión Popular

23-03-2019 / 09:03
El espía Marcelo D'Alessio puso por primera vez al macrismo a la defensiva desde que asumió el gobierno. Hostigado por la crisis, la alianza Cambiemos contraatacó siempre con alguna denuncia amplificada por la corporación mediática.
 
Esta vez, al tiempo que la crisis es devastadora, la denuncia surgió con una potencia inusitada desde la oposición y logró romper el blindaje mediático para impactar de lleno en el ámbito judicial. El gobierno aparece inerme ante la espiral ascendente de una crisis que no puede controlar y el frente judicial se le desmorona.
 
En medios políticos ya se habla de que Mauricio Macri no está para ninguna reelección en este contexto. Y se espera que la movilización del 24 sea de una gran masividad por el clima de fuerte malestar. "Por la Patria que soñamos, contra la miseria planificada", es la consigna.
 
Con el dólar que sube, las tasas de interés más altas del planeta y una inflación que está entre las primeras de todo el mundo, el gobierno ya no puede recurrir a su bazooka judicial para distraer la atención porque tiene en aprietos a uno de sus principales alfiles, el fiscal macrista Carlos Stornelli.
 
La reacción frente a la investigación del juez Alejo Ramos Padilla y la detención de D'Alessio fue casi instintiva o impulsada por el pánico. Cambiemos no la derivó hacia ninguno de sus operadores subterráneos.
 
El disparo salió directamente de la Casa Rosada. Y hubo otras defensas también a la desesperada, mientras el jueves se producían grandes movilizaciones espontáneas en Buenos Aires, Dolores y Mar del Plata, pero en defensa del juez.
 
Si la Magistratura o la Corte aceptaban ese acto intervencionista casi brutal de Macri hubieran quedado en evidencia. No solamente como agentes de un poder que tendría que ser independiente, sino que también hubiera dado todo el aspecto de reacción corporativa en defensa del fiscal. El Ejecutivo trató de atacar desde la Magistratura y la Corte a un juez que está investigando al poder político. Ese desmanejo tuvo fuerte repercusión en el exterior.
 
No fue solamente el gobierno el que se salió de caja. La reacción de Elisa Carrió está entre las más desquiciadas de su curriculum. Y hasta la misma diputada Graciela Camaño -del ala del massismo que resiste cualquier contacto con el PJ y los K- atinó a salir en defensa del fiscal Carlos Stornelli, cuyo proceso puede embarrar a gran parte del mundo político que se benefició de las andanzas de D'Alessio con el fiscal.
 
El rechazo de la Cámara de Mar del Plata a la recusación del juez, planteada por Stornelli y la respuesta afirmativa de la Corte al pedido del juez de respaldo material, más el probable fracaso del pedido de juicio político en la Magistratura, dan cuenta de que el ámbito judicial optó por un camino más complejo que el propuesto por el macrismo.
 
Entre la crisis económica y este escándalo de espionaje ilegal para alimentar causas judiciales, el lawfare o guerra jurídica, una práctica muy usada por el macrismo para reemplazar a la política, perdió credibilidad.

22-03-2019 / 12:03
El rebrote inflacionario, la ola de despidos y la nueva corrida al dólar le llegaron al Gobierno de Mauricio Macri en el peor momento político posible, con su imagen pública en picada y la pólvora de la corrupción K mojada por el creciente escándalo del espía Marcelo Dalessio.
 
Desesperado por huir hacia adelante, el Presidente apeló esta semana al viejo truco de mostrar autoridad con un puñetazo a la mesa. Pero el efecto fue, como suele pasar cuando se sobreactúa, el contrario: el establishment lo mira perplejo, Wall Street espera sin jugar una sola ficha, la Corte Suprema lo ignora, sus aliados toman distancia, la CGT se despereza y el peronismo sonríe, al fin, ante la perspectiva ahora menos remota de que el ballotage termine enfrentando a dos opositores.
 
La metáfora desafortunada de la semana corrió por cuenta del presidente del Banco Nación, Javier González Fraga, a quien secundará por lo que le quede de mandato el fallido exvice de Federico Sturzenegger en el Central, Lucas Llach. "¿Qué prefieren, estar en un auto a más de 100 kilómetros por hora que va hacia la pared o haber chocado ya con la pared y no tener más que un par de huesos rotos?", preguntó González Fraga a un auditorio de financistas, quienes por las dudas no arriesgaron respuesta.
 
Muerte o dunga-dunga. Casi tan alentador como el "estamos bailando en la cubierta del Titanic" que soltó Dante Sica ante bodegueros.
 
En el campo rumian su malestar por el regreso de las retenciones y la suba de costos, dos coletazos de la devaluación de fines de septiembre. Hasta reaparecieron juntos los referentes de la vieja Mesa de Enlace de 2008, aunque esta vez para castigar a Macri. Fue un lamento muy sintomático del momento que se vive en el empresariado.
 
Conmovidos o irónicos, los integrantes del Comité Ejecutivo de la UIA se cansaron de reenviar por whatsapp el video del reencuentro ruralista. "Parecen industriales", comentó con sorna uno de los tres que envió el recorte a BAE Negocios. ¿Y el Grupo de los Siete, donde hasta hace un año compartían amables almuerzos? Bien, gracias.
 
A los industriales, anteayer, Sica los reprendió por primera vez en un tono similar al que usaba su antecesor que los trató de "llorones", Francisco Cabrera. Sica se enojó porque un rotario cuchicheó que su discurso era "puro piripipí" y acusó entonces al empresariado de asociarse con los sindicatos para después pedirle prebendas al Estado. "Ya nos ponen en la misma bolsa a todos. Están en la fase yo contra el mundo", comentó un dueño de fábrica presente en el salón.
 
Más allá de las intenciones, gobernar bajo emoción violenta empieza a granjearle enemigos al macrismo.

22-03-2019 / 08:03
La funesta política económica neoliberal de Mauricio Macri, dirigida por el FMI, aumentó la desocupación urbana que alcanzó en el último trimestre de 2018 al 9,1 por ciento de la población económicamente activa, lo cual representa un aumento de casi dos puntos con respecto al 7,2 por ciento registrado por el Indec en el mismo período del año anterior.
 
Esto significa que 1.752.000 personas se encuentran desempleadas y en busca de trabajo, de un total de casi 13 millones que representan la población activa en núcleos urbanos de todo el país. El aumento de la tasa de desempleo representaría que, a lo largo de 2018, se sumaron unos 260 mil personas al ejército de desocupados.  Si se proyecta al total de la población laboral, la cantidad de desempleados nuevos sería del orden de los 400 mil sobre un total de 1 millón 750 mil.
 
La proporción de ocupados demandantes de empleo llegó en el cuarto trimestre de 2018 al 17,3 por ciento, lo cual representa un salto importante con respecto a un año atrás, cuando medía 14,7 por ciento. Esta cifra refleja los subocupados que buscan otro empleo sin conseguirlo, o bien ocupados plenos en busca de sumar otro trabajo o reemplazar el que tienen, presumiblemente por insuficiencia de ingresos.  
 
En el período informado por el Indec, también aumentó la tasa de subocupados con respecto a la de un año atrás. La proporción de trabajadores que, si bien tienen empleo, no llegan a cubrir una jornada completa, representa el 12 por ciento de la población activa, cuando a fines de 2017 representaba el 10,2 por ciento.
 
De acuerdo a las cifras del Indec, los subocupados sumaban un millón 557 mil personas a fines de 2018, unos 260 mil más que en el cuarto trimestre del año anterior. Por sexo y edad, la franja de población con mayores problemas de desempleo son los jóvenes de hasta 29 años. Entre las mujeres, el desempleo llega al 21,4 por ciento. Entre los varones, la tasa es del 15,4 por ciento.
 
En el primer caso, el aumento en relación al año anterior es de 2,6 puntos (era de 18,8 por ciento a fines de 2017). El desempleo joven de los varones creció en un año cuatro puntos, a partir del 11,4 por ciento en la medición del último cuarto de 2017.
 
De los 31 aglomerados urbanos, en cinco la desocupación alcanzó a los dos dígitos (es decir, que superó el 10 por ciento). Ellos son: Gran Rosario (12,8 por ciento), Mar del Plata (12,8), partidos del conurbano bonaerense (11,4), San Nicolás-Villa Constitución (11,3) y Santa Rosa-Toay (10,1). Mar del Plata es, además, el aglomerado urbano con mayor subocupación: 17,5 por ciento. En 2019 el mercado de trabajo no se recuperará y el desempleo volverá a subir.
 
La Opinión Popular

21-03-2019 / 12:03
Jaime Durán Barba, consultor de imagen y asesor político ecuatoriano de Mauricio Macri, en noviembre de 2013 declaró que "¡Hitler era un tipo espectacular! ¡Era muy importante en el mundo!". Descontamos que esa admiración no es por las atrocidades cometidas por la dictadura nazi, el antisemitismo que llevó al holocausto o el culto a la violencia que provocó la Segunda Guerra Mundial, sino por sus aporte a la propaganda.

Es así que el esquema macrista funciona gracias al doble principio que enuncia la propaganda nazi: a) la gente cree más rápido una gran mentira que una pequeña, b) una mentira repetida insistentemente acaba siendo creída.

Durán Barba le hizo decir a Macri, entre otras promesas de campaña: "Yo no he hablado nunca de ajustar", "El dólar no va a estar a más de 15 pesos", "Creemos que hay que desarrollar la economía", "Nuestra prioridad es la Pobreza Cero", "Vamos a crear dos millones de puestos de trabajo", "Ningún trabajador pagará impuesto a las ganancias" y "Vamos a dar un millón de créditos a 30 años".
 
Todas mentiras que en ningún momento pensaron cumplir y que siguen repitiendo hasta el cansancio y hasta que ellos mismos, ingenuamente, acaban creyendo.
 
La falsedad macrista no es algo que requiera más pruebas de las que están a la vista, sólo que hay muchos que las pasan por alto, sea por fanatismo ideológico, por interés de clase o por cooptación. En relación con el engaño, por ejemplo, se expone el brutal endeudamiento como un supuesto logro: "El mundo confía en nosotros". Un favor a los actuales funcionarios, pero en desmedro de los futuros gobiernos y de las generaciones venideras.
 
Una de las últimas muletillas del gobierno macrista es repetir y repetir "nosotros siempre decimos la verdad". Después de haber mentido en casi todo durante la campaña y convencido a más de un incauto con que no perderían nada de lo que tenían, asumen que está todo mal. Y encima hay que agradecerles la "valentía" de decirlo.

La habilidad dialéctica de argumentar lo imposible es apreciada por el macrismo. Durán Barba utilizó las técnicas de manipulación goebbeliana a todo nivel en la estrategia comunicacional de Cambiemos y toda su parafernalia mediática y orquestada, que evita el razonamiento o la prueba y convoca a la reacción emotiva, fanática o prejuiciosa.
 
Por Blas García


Columnista, Ingeniero, ex diputado en Córdoba, ex funcionario en Santiago del Estero y Entre Ríos.

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