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“El carácter inevitable de la derrota solo desalienta a los cobardes”. Alejandro Dolina
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Nacionales - 26-12-2018 / 11:12
EL GOBIERNO PERDIÓ CREDIBILIDAD Y SE AMPARA EN LA GRIETA PARA REINVENTARSE

La crisis se llevó puesto el relato macrista, que resiste a costa de la división del peronismo

La crisis se llevó puesto el relato macrista, que resiste a costa de la división del peronismo
Cuando el discurso y la realidad se alejan irreversiblemente los discursos terminan por resultar ridículos. Al presidente Mauricio Macri y, especialmente, a Marcos Peña, uno de sus principales inspiradores políticos, les tocó atravesar ese límite durante este 2018.
Contra todos los pronósticos, la gestión macrista se desenvolvió con mucha mayor maestría en el campo político que en el económico. Dicho de otro modo, con su propio relato (gobernar es, en gran medida, relatar) logró sobrevivir en la escena nacional durante tres años en los que nunca consiguió domar la economía.
 
La fantástica invención del segundo semestre y el gradualismo presentado como máxima expresión de sensibilidad, entre otros, fueron pilares discursivos que acompañaron una administración que nunca hizo pie pero que se las arregló para mostrarse siempre a punto de enderezarse.
 
Alcanzó con un veranito estadístico en 2017 y la decisión (en contra de uno de sus tres mandatos fundacionales) de reeditar la grieta para superar el test de medio término.
 
Sin embargo, cuando el discurso y la realidad se alejan irreversiblemente los discursos terminan por resultar ridículos. Al presidente Mauricio Macri y, especialmente, a Marcos Peña, uno de sus principales inspiradores políticos, les tocó atravesar ese límite durante este 2018.
 
A la hora de descular porqué no estamos frente a un nuevo 2001 a pesar de que las variables económicas se muestran desesperanzadoras, se apela a dos respuestas: la sociedad maduró y no quiere otro quiebre institucional y, la restante, los mecanismos de ayuda social que nacieron de aquella crisis dan una red de contención que en esa época no existía.
 
Sin duda son ciertas, pero la desgracia hubiera estado mucho más cerca, 17 años después, si la crisis hubiera encontrado al peronismo unido.

 
El anticipo micro se dio en los últimos días de 2017, cuando Peña quiso desafiar groseramente la realidad y juntó en una mesa a Federico Sturzenegger, Luis Caputo y Nicolás Dujovne para intentar disfrazar de armonía las profundas diferencias internas que habían anulado la gestión de Cambiemos en la primera mitad del mandato.
 
El armador político terminó pintando un cuadro esquizofrénico. El círculo rojo supo ese día que no había plan, o por lo menos se encontró con le evidencia incontrastable.
 
Más grave aun, cuando las "tormentas" externas hicieron estallar esa molotov que acá se presentaba como el mejor trago de autor, Macri y Peña volvieron a confiar en lograr acomodar la realidad a su mensaje. Y solo agravaron las cosas.
 
Así, el jefe de Estado acentuó una de las corridas del dólar al asegurar: "tranquilos, que no pasa nada". El jefe de Gabinete hizo lo propio unos días más tarde cuando dijo, con gran convencimiento, que lo que todos estaban viendo no merecía definirse como un "fracaso económico", disparando a 41 pesos la cotización.
 
Esa mañana de agosto, Peña dejó de ser el jefe de Gabinete. Al menos en lo que respecta a la función sui géneris de comunicador del Poder Ejecutivo ante la sociedad que en Argentina adquirió la figura introducida en la reforma constitucional de 1994.
 
De ahí en adelante, más allá de de que mintiera o dijera la verdad, el funcionario reconoció que no lograría entusiasmar a nadie con su gesto optimista.
 
El fracaso había quedado expuesto. Por impericia propia o fatalidad externa el gradualismo no alcanzó y el mazazo obligó a recurrir a la economía de guerra, a la épica del esfuerzo extremo para poner el país en caja.
 
El ideal de veinte años de crecimiento continuo para licuar la colosal deuda que permitiera resolver el demonio inflacionario duró apenas unos meses.
 
Una nueva invención se puso en marcha para sobrevivir políticamente a la derrota económica. Con los mismos ideólogos pero, todavía, sin intérpretes definidos.
 
Si no quiere sufrir la campaña como una tortura personal, Macri deberá depositar, en lo inmediato, su confianza en algún vocero. Aún como libretista, Peña sabe que no le haría un bien al proyecto de poder asumiendo nuevamente ese rol frente a las cámaras.
 
La estrategia está clara y es la copia exacta de la utilizada por el kirchnerismo mientras estuvo en el poder. Agigantar la grieta asegura, al menos un rol protagónico en la disputa. Las diferencias de estilo entre macristas y kirchneristas para aumentar la división sólo tienen que ver con las características de los públicos a quienes van dirigidas.
 
"Armen un partido", recomendó, omnipotente, Cristina Fernández cuando todo lo que veía enfrente era confusión frente a su modelo victorioso.
 
Contrastó con tanta confianza su ministro de Economía, cuando no supo cómo justificar que las estadísticas oficiales omitieran contar que un tercio de la población fuera pobre tras 12 años ganados y apelara a no hablar para "no estigmatizar". Solo comparable a Peña diciendo que lo que todos sentían no se podía catalogar como fracaso.
 
No pensó Cristina en ese momento que su desafío sería cumplido al pie de la letra. El Gobierno de Cambiemos está en la misma. Se ríe de la división del peronismo y le sube la apuesta a la ex presidenta para mantenerla siempre como principal contendiente.
 
Difícilmente la vertientes justicialistas logren confluir en un cauce común. Y, tal vez, dos candidatos que concentran más repudios que apoyos en la sociedad jueguen a ver quién es menos malo.
 
Por Gabriel Buttazzoni
 
Fuente: BAE Negocios
 

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18-06-2019 / 08:06
Las elecciones provinciales realizadas hasta ahora arrojan una combinación de datos abrumadores: el peronismo arrasa en muchas provincias, o gana más cómodo que antes, o pierde por menos diferencia. Pero en todos lados crece, y mucho. Al contrario, Cambiemos se achica significativamente. Si se proyectara, la suerte de Mauricio Macri estaría echada. Tal vez sea así.
 
El domingo, Omar Perotti recuperó la provincia de Santa Fe para el peronismo luego de 12 años de gobierno socialista. En Formosa, el peronista Gildo Insfrán logró el 70% de los votos y comenzará el 10 de diciembre su séptimo gobierno consecutivo.
 
En San Luis, el peronista Alberto Rodríguez Saá seguirá en el poder. Obtuvo 42% de los votos. Si le suman los que obtuvo su hermano, el peronista Adolfo Rodríguez Saá, representan dos tercios de la provincia puntana. En Tierra del Fuego, el candidato K Gustavo Melella, superó el 50% de los votos. La gobernadora peronista Roxana Bertone consiguió el 38%. Casi un 90% en total.
 
En todas las provincias hay muchos más votos para el Peronismo y muchos menos votos para Cambiemos. Si se miran objetivamente, los números describen una poderosa ola peronista en las provincias. En este panorama, la fórmula Fernández -Fernández es la gran favorita. 

Adelante en la carrera está hoy la oposición encarnada en la fórmula Alberto-Cristina, con una distancia entre cinco y diez puntos porcentuales (según la encuestadora) por sobre el oficialismo de Macri-Pichetto por lo que no hay que descartar que la diferencia siga estirándose y la elección se resuelva en primera ronda.
 
El efecto mayoría se produjo por el apoyo a la fórmula del PJ por parte de casi todos los gobernadores peronistas exitosos encadenado con la incorporación de una figura de peso nacional como Sergio Massa a la coalición opositora.
 
Esta unidad del peronismo tiene su origen en la necesidad de derrotar a Macri. La realidad política que el poder son los votos. Al sumarse Massa se integra además una superestructura con significación electoral. Ese plus que le agrega la presencia de Massa puede definir la elección en la primera vuelta.
 
La unidad del peronismo es un objetivo anhelado por la mayor parte del electorado argentino que se define como opositor y que está convencido que el peronismo debía unirse con el principal objetivo de derrotar a Cambiemos y poner en marcha un gobierno con un modelo económico y social diferente.
 
La Opinión Popular

17-06-2019 / 12:06
17-06-2019 / 12:06
Durante y después del apagón masivo que colapsó el sistema energético y dejó al país entero en penumbras, dirigentes de la oposición cuestionaron el nefasto rol del gobierno de Mauricio Macri.

Uno de ellos fue el precandidato a presidente por el Frente de Todos, Alberto Fernández, quien primero compartió un tweet de Macri del 18 de diciembre de 2013 en el que el Presidente decía: "Estos cortes son el símbolo del fracaso de la política energética nacional". Y luego agregó: "Millones de argentinos, que han debido pagar sumas siderales en tarifas con las que se benefician los amigos del poder, aún esperan que la energía vuelva a sus hogares".
 
El precandidato resaltó que el Gobierno de Cambiemos "hace solo seis días se jactaba de 'exportar energía'" y exigió: "devuelvan la luz a las casas de los argentinos".
 
Por último compartió un video en el que Macri, durante un almuerzo con Mirtha Legrand, dijo: "si nosotros no aumentábamos las tarifas estábamos a una materia de ser Venezuela, nos íbamos a quedar en un apagón general". Fernández explicó que "subieron las tarifas tanto como sus amigos les reclamaron y generaron el apagón más grande de la historia. No es Venezuela. Es Argentina. Ya es hora de darse cuenta".
 
Sergio Massa, también parte del Frente de Todos, planteó que "el Gobierno debe abrir una investigación urgente y explicarle a la sociedad lo que pasó". Y agregó que "los responsables del sistema eléctrico, energía Cammesa, deben ir mañana mismo al Congreso a explicar semejante desastre. Defensa del Consumidor debe resolver cómo va a reparar el daño económico, pérdidas de equipos y alimentos que hoy viven millones de familias argentinas".
 
Finalmente, sentenció: "El apagón viene después de 3 años de tarifazos de más del 1000 por ciento en energía. Nos dijeron que era para inversión. Y el resultado es un enorme apagón. Desde el 10 de diciembre y con un nuevo gobierno, hay que transformar la matriz y el desarrollo energético en un programa a 10 años de política de Estado".
 
Desde el FIT, la diputada Myriam Bregman cuestionó al Gobierno y reclamó: "Ahora discutamos en serio cómo terminamos con el enorme curro de la privatización del sistema energético. Todo lo demás, spot electoral".
 
El senador Fernando "Pino" Solanas, por su parte, señaló que "entre 2015 y 2017 la electricidad aumentó 562 por ciento. En 2019 la tarifa de electricidad aumentará un 55 por ciento de promedio acumulado. Mientras tanto, los argentinos estamos ante el mayor corte de energía que hayamos sufrido por una falla en la distribución".
 
Y luego agregó: "Esto no fue un 'corte' más. Acá falló el centro neurálgico de nuestro sistema eléctrico. Macri se cansó de obedecer los pedidos de aumentos de tarifas de las compañías eléctricas. En cualquier país del mundo lloverían las demandas del Estado contra las empresas".
 
La Opinión Popular

17-06-2019 / 10:06
Las alegrías que trajo el 'efecto Pichetto' duraron muy poco para el macrismo, y es que este fue un domingo negro para Cambiemos (ahora Juntos por el Cambio). Primero, con un megaapagón, el corte de energía más grande de la historia nacional, y posteriormente, el triunfo del PJ en San Luis, Formosa y Tierra del Fuego y en la provincia de Santa Fe, que es un distrito electoral clave.
 
Este domingo de elecciones volvió a arrojar victorias para el peronismo y derrotas para Cambiemos en varias provincias, a dos meses de las PASO. Santa Fe, San Luis, Formosa y Tierra del Fuego celebraron este domingo elecciones y eligieron a sus gobernadores. El gobierno de Macri sigue con la cosecha de un solo triunfo electoral: el de Jujuy.
 
El senador nacional peronista Omar Perotti, del Frente Juntos, se transformó este domingo en el nuevo gobernador de la provincia de Santa Fe, al imponerse con más del 40% de los votos sobre el socialista Antonio Bonfatti, del Frente Progresista Cívico y Social, quien obtuvo el 36,34. En tercer lugar cómodo quedó el intendente de Santa Fe y candidato de Cambiemos, José Corral, con el 18.96.
 
Mientras tanto, el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, fue reelecto más del 42 por cientos de los votos y se impuso sobre el senador de Cambiemos, Claudio Poggi, quien consiguió el 34.53%, por delante de Adolfo Rodríguez Saá, con el 22.27%.
 
En San Luis, Gildo Insfrán se encamina seguro a un nuevo mandato. Con más del 70% de las mesas escrutadas, el peronista alcanzaba holgadamente el 72% de los votos y dejaba en el segundo lugar al postulante de la Confederación Frente Amplio Formoseño, Adrián Bogado, con el 26.75%."Esto demuestra que el camino que elegimos hace mucho tiempo es la respuesta para volver a tener el 10 de diciembre en la Casa Rosada un gobierno de tinte nacional y popular", reflexionó el formoseño Insfrán.
 
En el caso de Tierra del Fuego, con un muy lento escrutinio, la gobernadora peronista de Tierra del Fuego, Rosana Bertone, sacaba alrededor del 40% ante el intendente de Río Grande y aliado al kirchnerismo, Gustavo Melella, quien obtenía el 48.4 e irían al balotaje el próximo 23 de julio.
 
Con los resultados en la mano, le resta al Gobierno de Macri en primer lugar, seguir engañando a los mercados para mantener el clima de entusiasmo y optimismo económico tras el anuncio de la fórmula Macri-Pichetto, y por otro lado, y al parecer el más difícil, convencer al electorado sobre el planteo de la reelección, que con un nuevo triunfo peronista superior a lo previsto, se suma una derrota más al macrismo a nivel nacional, alejando a Macri de la Casa Rosada y acercando un poco más al frente peronista opositor TODOS.
 
La Opinión Popular

16-06-2019 / 10:06
En el día que se oficializaron las alianzas electorales que competirán en agosto en las PASO y en octubre en la primera vuelta, los bancos devengaron intereses por 3126 millones de pesos solamente por la tenencia de Leliq emitidas por el Banco Central para contener la paridad cambiaria. A la cotización de ese día, ese monto de intereses es equivalente a 71 millones de dólares.
 
El reloj del taxi de los intereses de las Leliq no se detiene. La proyección de esos números diarios a términos anuales es abrumadora. Mientras algunos eligen  el camino de sumar angustia haciendo ese ejercicio, ya existen otras cifras que son lo suficientemente contundentes para estar intranquilos.
 
Los intereses ya anotados por los bancos por las Leliq desde octubre del año pasado, cuando fueron lanzadas al mercado por el Banco Central bajo la conducción de Guido Sandleris, hasta el viernes pasado, suman 350.799 millones de pesos. En apenas ocho meses y medio, el instrumento monetario utilizado por el Gobierno para evitar una corrida contra el peso ha acumulado intereses equivalentes a unos 7.973 millones de dólares.
 
La campaña electoral de Cambiemos está siendo muy cara, factura inmensa que será saldada, con una elevada probabilidad, con un evento económico traumático que afectará a la mayoría de la población. Al crédito extraordinario del FMI, de 57 mil millones de dólares entregado al gobierno de Macri para evitar el default de la deuda, se debe sumar la emisión, hasta ahora, de casi 1,2 billones de pesos de Leliq (Letras de Liquidez), negocio espectacular para el sistema financiero, para evitar otra megadevaluación.
 
La cesación de pagos y/o otra vuelta de la corrida cambiaria serían devastadoras para la ambición de reelección de Macri. Para evitar en este año electoral la irrupción de esos acontecimientos críticos, situación de inestabilidad a la que se llegó por la política económica neoliberal aplicada desde el comienzo del gobierno, la economía macrista necesita del pulmotor del endeudamiento.
 
Financiamientos dado por el FMI vía un stand by y por los bancos del sistema local con las Leliq. El proyecto electoral del oficialismo está teniendo de ese modo un costo inmenso.
 
Los bancos están haciendo así un negocio fabuloso, que está siendo reflejado en el cuadro de resultados de los balances. Captan fondos de ahorristas, a quienes les pagan de 48 a 53 por ciento anual, y esos mismos recursos son inmediatamente entregados al Banco Central que estuvo pagando por ellos de 70 a 74 por ciento anual. En un rápido pase de manos, las entidades estuvieron anotando una utilidad de por lo menos 20 puntos porcentuales.
 
El balance global de las entidades privadas en el primer trimestre del año refleja el resultado de esa bicicleta fabulosa a cuenta del Banco Central. Ese grupo de bancos contabilizó una ganancia total de unos 56 mil millones de pesos (1200 millones de dólares), de acuerdo a información proporcionada por el Banco Central. 

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