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Nacionales - 28-11-2018 / 10:11

La tensión del G20 por la guerra entre EE.UU. y China (y Macri en el medio)

La tensión del G20 por la guerra entre EE.UU. y China (y Macri en el medio)
Hay un proverbio africano que dice: "Cuando los elefantes pelean, las hormigas son las que sufren". Mauricio Macri, en el medio de esta pelea de titanes, debe mostrarse amigable con ambos países, por un lado, le debe a Trump todo el apoyo para que se diera el desembolso del Fondo Monetario Internacional (FMI), por el otro, se encuentra China como el principal comprador de aceite de soja y además, la reciente renovación de swaps de monedas.
El G20 es el escenario donde los líderes imperialistas "debaten" cómo se reparten el mundo. Allí estarán los presidentes de 19 países y representantes de la Unión Europea, pero también los jefes del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). O sea, los organismos internacionales que comandan el saqueo a la Argentina y a otros pueblos del mundo.
 
Recibiremos a una caterva de "líderes" que los repudian en sus países. Saqueadores, racistas, misóginos y guerreristas. A Donald Trump, el millonario que gobierna EEUU y le ha declarado la guerra a las familias migrantes, encarcelando hasta a sus hijos. A Xi Jinping, que aportó la mayor parte del armamento para la Cumbre, con el mismo espíritu represivo con el que persigue en su país a huelguistas y homosexuales. A su "gemelo" Vladimir Putin.


A Angela Merkel, la canciller alemana que diseñó el brutal ajuste a Grecia. A Emanuel Macron, cuya imagen cayó al 25% tras las reformas previsionales y el aumento de los combustibles. A Giuseppe Conte, el primer ministro italiano que quiere expulsar 500.000 inmigrantes a los que sus funcionarios llaman "esclavos".
 
También al golpista y ajustador Temer, que no pudo traer de compañero de viaje al "facho" Bolsonaro, como hubiera querido. A Peña Nieto, el presidente mexicano que termina su gestión con los asesinos de los estudiantes de Ayotzinapa impunes. A Sebastián Piñera, el derechista mandatario chileno experimentado en reprimir estudiantes y asesinar mapuches. A Theresa May, la heredera de Tatcher que sigue con la ocupación inglesa de las Malvinas.
 
El principal enfrentamiento se dará será entre Estados Unidos y China. Su raíz no es una "guerra comercial" o la irrupción de una figura política polémica como Trump. El fondo del conflicto es sobre proyectos distintos de esas dos potencias en el orden mundial. La nueva Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos define a China como competidora estratégica y desafiante de los valores e influencia yanquis.
 
Argentina tiene varios desafíos en lo que será la última y más importante etapa del G20, y a menos de 72 horas hay algunos puntos que preocupan más que otros. Por ejemplo, se encontrarán los Presidentes de Estados Unidos y China, en medio de una guerra comercial que ha trabado varios acuerdos de la política internacional.
 
Mauricio Macri, en el medio de esta pelea de titanes, debe mostrarse amigable con ambos países, por un lado, le debe a Trump todo el apoyo para que se diera el desembolso del FMI, por el otro, se encuentra China como el principal comprador de aceite de soja y además, la reciente renovación de swaps de monedas.
 
El país entonces, como mediador, debe lograr, con Macri a la cabeza, que se firme el documento unánime en la cumbre del G20. También se aspira a que se recupere la confianza de los inversores globales, pero la tarea también es difícil, en un contexto de crisis social.
 
La Opinión Popular

 
Falta muy poco para que se celebre en la Argentina la última y más importante etapa de la cumbre del G20, y mientras llega el día, el país no recibe con tan buen escenario a los representantes más importantes de la política mundial, ya que en los últimos días imágenes de una sociedad convulsionada y una seguridad pública bochornosa han recorrido el mundo.
 
El Estado tiene que cumplir objetivos muy importantes durante la cumbre del G20. Recuperar la confianza de los inversores extranjeros es clave, y esto se estaría complicando con el escenario social actual, además, de la suba del dólar y de que el riesgo país está cada vez más alto.
 
En las últimas horas se supo además, que el Presidente de los Estados Unidos cambió su cronograma para la cumbre del G20. En medio de la guerra comercial con China, se reunirá con el jefe de Estado asiático el sábado 01/12 por la noche, en un lugar secreto.
 
Además de todo el escenario expuesto, Argentina queda en el medio de la guerra comercial de USA contra China. El Estado debe ser amigable con ambos países, teniendo en cuenta que el Gobierno de Mauricio Macri le debe a Donald Trump su "apoyo irrestricto" para lograr el acuerdo del FMI. Del otro lado está China, con una reciente renovación de swaps de monedas y el principal comprador de aceite de soja.
 
En medio de todo esto, Macri tendrá la difícil tarea de que el G20 sea un fracaso más en fila dentro de su gestión, o un éxito con la firma de un documento de concenso. "Si no hay confrontación entre Estados Unidos y China, eso va a ayudar mucho", dicen desde la Casa Rosada. Y agregan: "Trataremos de mantener la armonía pese a que existan puntos de vista diferentes entre los países, pero lo que se quiere es lograr el consenso" (refiriéndose al documento final del G20).
 
Con Estados Unidos y el Gobierno argentino "está todo bien", por lo que las reuniones entre los representantes de USA y Argentina serán "protocolares" con el fin de ratificar el apoyo del acuerdo con el Fondo. Además, se espera que Macri y Trump se reúnan para firmar documentos con los que la administración macrista espera fortalecer aún más la relación bilateral. Uno de ellos es un acuerdo de cooperación y asesoramiento que buscará generar inversiones directas de empresas de los Estados Unidos por hasta US$ 20.000 millones en energía al año.
 
Con China el Gobierno también aspira a fortalecer la relación a través de la firma de varios tratados comerciales, entre los que destaca un préstamo a la Argentina por US$ 1000 millones.
 
Además de los asuntos ya mencionados, será relevante la probable presencia en la reunión de Mohammed bin Salman, el príncipe coronado de Arabia Saudí, y de Vladimir Putin, presidente de Rusia, dos de los grandes productores de petróleo. El precio de este ha caído por debajo de los 60 dólares el barril de Brent (una caída de casi el 30% en dos meses) y los dos países están negociando reducir la producción para aumentar el precio. El mundo occidental, empezando por el presidente Donald Trump, que ha mostrado su apoyo al régimen saudí reiteradamente, les presiona para que no lo hagan y el precio baje incluso más. La OPEP se reúne la semana siguiente, pero hay quien considera que el futuro inmediato del petróleo se decidirá en el G20.
 
Mientras tanto, no hay que olvidar que mientras se da la reunión anual de las principales economías mundiales, la región sigue siendo débil económicamente hablando, región que lucha en medio de conflictos económicos y escándalos de corrupción. La reunión ha dejado a algunos diplomáticos nerviosos acerca de cómo el empeoramiento de la economía argentina, la corrupción en todo el continente y la incertidumbre sobre los nuevos líderes en Brasil y México repercutirán en el resto de la región.
 
Fuente: Urgente 24 y La Izquierda Diario
 

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17-02-2019 / 09:02
La aceleración de los precios en el comienzo del año hizo saltar las alarmas en la Casa Rosada.
 
Es que las consecuencias del repunte inflacionario registrado por el INDEC durante enero (2,9% versus 2,6% de diciembre) van más allá del offside presidencial de Macri, quien dijo que "está empezando a bajar la inflación" un día antes de ser desmentido por el dato oficial.
 
El hecho es que la inflación vuelve a crecer como la principal preocupación de los argentinos y, a la par, baja la imagen del Gobierno y se perjudican sus perspectivas para las elecciones.
 
Según una encuesta de la consultora Synopsis, el 34,9% de los argentinos consideran hoy al alza de precios como el principal problema del país. Así, el tema vuelve al primer plano (subió 4,3% en el último sondeo) luego de haber venido en baja desde noviembre, acompañando el freno a la inflación que se vio en el último bimestre de 2018.
 
El desempleo (19,1%) es otra cuestión económica que escala como amenazante en el imaginario de los encuestados, escoltado por la corrupción (19,7%) y la inseguridad (13,1), dos temas que dan más comodidad a Cambiemos de cara a la disputa en las urnas.
 
Ante los precios que no detienen su marcha, la valoración negativa del desempeño de la administración nacional registró un fuerte incremento (+6,5%) y una leve caída de la valoración positiva (-1,1%). De esta manera, un 58% evalúa de manera negativa al Gobierno y se reducen a un 25,6% los que lo ven bajo una luz positiva.
 
Si existe un vínculo entre el nivel de la inflación y la valoración de la gestión, las cosas podrían empeorar para Macri. Distintas consultoras anticipan que en febrero los precios no se aplacarán, sino que su trepada será todavía más importante que la de enero.
 
Desde LG -fundada por Martín Lousteau- prevén un índice de 3,5%, mientras que Elypsis calcula una suba del 3,8%. Las más moderadas, como Eco Go, postulan un 3%.
 
En medio de la recesión que marcan los indicadores de actividad en la industria, construcción y comercio, el ánimo de los votantes no evoluciona de la mejor manera para Cambiemos.

17-02-2019 / 08:02
El miércoles por la tarde, el presidente Mauricio Macri sostuvo que la inflación estaba bajando y que comenzaba el tiempo de volver a crecer en la Argentina. Un día después, el Indec -o sea, la realidad- lo desmintió: la inflación está subiendo y, dentro de ella, lo que más sube es el precio de los alimentos.
 
No se trató de un episodio aislado. Pocos días antes de asumir, el Presidente anunció que eliminaría los controles de cambios y que eso no tendría efectos sobre los precios porque "ya están al nivel del dólar a 15": la respuesta de la realidad fue tremenda.
 
En aquellos días felices, el Gobierno pronosticó también que la inflación sería de 24 puntos en 2016 y de un dígito este año: la realidad volvió a responder con violencia.
 
En esa seguidilla de derrotas se puede percibir un problema histórico del país -su dificultad para vencer la inflación- y otro del presidente -su limitación para entender los motivos de su propio fracaso, la persistencia en el error, su rigidez extrema.
 
En unos años, este problema podría ser motivo de un interesante debate teórico titulado "¿por qué la Argentina fracasó nuevamente?". Pero en estos días, se trata de un asunto serio, en parte porque, al menos hasta hoy, Mauricio Macri sigue siendo, por leve margen, el favorito para gobernar la Argentina en el período que viene.
 
En el Gobierno, algunas personas repiten como un mantra que los primeros mandatos de Macri -en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires- fueron muy turbulentos y los segundos compensaron con resultados sorprendentes.
 
Si no aplica nuevos enfoques, ese eventual segundo mandato puede ser aun más accidentado que el primero. Pero además, si llega a perder las elecciones, los fracasos de Macri encierran lecciones para quien lo suceda.
 
Quien recorra brevemente hacia atrás la lucha del Presidente contra la inflación, deberá rendirse ante cierta perplejidad. En el principio, el Presidente anunció que la liberación del cepo no produciría un aumento precios.
 
¿De dónde salió semejante idea, en un país donde la relación entre la suba del dólar y la de los precios es un clásico, una constante, una patología? Gran parte del mundo económico -Espert, la UIA, Ferreres, Melconian- le advirtió que estaba equivocado. Era una obviedad. Él decidió apretar el botón.
 
Luego, pronosticó que la tasa de inflación del primer año sería del 24 por ciento. Otro contrasentido. Ese había sido el aumento de precios del 2015. Y el Gobierno le echaría nafta con un aumento fuerte de tarifas y una bruta devaluación. ¿Por qué razón la inflación no iba a aumentar si se tomaban medidas que, para cualquier principiante, tendrían ese efecto? 

16-02-2019 / 09:02
A continuación, las palabras del excelentísimo señor presidente de la Nación, don Mauricio Macri: "Tras el golpe duro del año pasado, ya está bajando la inflación". El hombre habla porque es gratis. El miércoles, un día antes de que el Indec anunciara que la inflación de enero fue casi del ¡¡¡treees por ciento!!! (2,9), Macri largó suelto de cuerpo que el flagelo va en descenso.
 
No hay salario que aguante y el mayor responsable se hace el oso. Las cifras de la economía parecen un campo de batalla con la industria que funciona al 56 por ciento de su capacidad, con 750 Pymes y 2550 comercios que cierran por mes.
 
Un escenario dramático que los medios del oficialismo tratan de ocultar como pueden aunque esas cifras destrozan la economía familiar, aumentan el desempleo, la pobreza y la marginalidad. "Estamos mejor que en el 2015", repitió con desparpajo en esa entrevista a una radio de San Luis.
 
La clase media que ha sido el principal argumento del triunfo electoral del macrismo es fuertemente agredida por este bombardeo persistente sobre su calidad de vida. Una clase media que se dispone a votar en este año con la cabeza repartida entre la tragedia concreta de la economía y el imaginario casi infantil que le propone el discurso macrista contra viento y marea.
 
Las encuestas pivotean sobre esa disputa sorprendente entre el imaginario emotivo y la inteligencia y muestran todavía que una parte significativa de esa misma clase media se resiste a abandonar los sueños incumplidos. Es la puja fascinante entre la carga subjetiva que la pinta rubia y de ojos celestes y una economía que la está mandando al tacho.
 
En el plano de la política pareciera que la mayoría apuesta a los efectos destructivos de la economía macrista por sobre lo subjetivo. Así, los aliados del oficialismo se alejan cada vez más o se muestran más reacios. Y los aliados más débiles, aprovechan para comer de las sobras.
 
El radicalismo, que le ha dado territorialidad a la alianza de gobierno empieza a sacudirse la subordinación que mantuvo con el PRO y está logrando imponer sus candidatos a gobernador. Al mismo tiempo desdobló las elecciones en sus distritos para no ser arrastrado por la presumible caída de la imagen de Macri.
 
El protagonismo que adquirió el radicalismo, tras ser el amigo sumiso del gobierno, ahora lo lleva a insistir con una interna con Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta en la CABA, al mismo tiempo que interviene a la regional Santa Fe porque no quiso separarse de los socialistas. Son movimientos en los que apuestan al debilitamiento de Macri como candidato, pero no para confrontarlo, sino para disputar espacio en la interna oficialista.
 
La base radical conservadora, que ha sido fiel a la alianza con el macrismo, es la que expresa con más claridad esa dualidad entre el imaginario y la economía, o entre la subjetividad y la razón. La cúpula partidaria oscila en esa dicotomía esquizofrénica y la representa en la política con el riesgo de convertirse ante la historia en responsable de los desatinos del PRO.

15-02-2019 / 11:02
El presidente Mauricio Macri volvió a ser cacheteado por el INDEC. Luego de asegurar -otra vez- que "la inflación está bajando", contra todos los pronósticos del Gobierno la inflación en lugar de caer volvió a acelerarse.
 
El Indec reconoció una suba del 2,9%, muy por encima del 2,6% de diciembre. Si se toman los últimos doce meses, llega a 49,3%, la más alta desde enero de 1992. Los alimentos empujaron la escalada. En la Ciudad de Buenos Aires, la suba de los precios minoristas fue de 3,8 por ciento en enero.
 
La inflación de enero fue impulsada por alimentos y bebidas, servicios públicos, comunicación y turismo. En alimentos y bebidas, que compone el centro de la canasta básica, el aumento de los precios en los últimos doce meses es del 53%, lo cual explica el fuerte aumento de los indicadores de pobreza e indigencia en la última parte del año pasado.
 
La inercia inflacionaria de 2018, junto a los aumentos de costos derivados de la devaluación que todavía no se trasladaron a los precios minoristas y la catarata de aumentos de servicios públicos determinan que la expectativa de inflación para este año no baje del 30%.
 
La inflación de 2,9% en enero es sorprendente en una economía en donde el consumo interno está muy debilitado y el dólar no registró mucha movilidad en el marco de un profundo ajuste fiscal y monetario. Sin embargo, la suba del dólar de 120% el año pasado junto a los grandes tarifazos sobre una economía cuyos precios se movía al 25 % anual antes de la crisis cambiaria multiplicó la inercia inflacionaria.
 
Esto quiere decir que los actores económicos incorporaron la indexación de los precios con números cada vez más grandes. Además, todavía existe una brecha de 20 puntos entre la suba que registran los precios mayoristas y el incremento de los minoristas.
 
El dato del 49,3% es horrible porque pone en tela de juicio el sentido del enorme sacrificio que Macri le pide a la sociedad, con el único objetivo visible de equilibrar el déficit para bajar la inflación. Sería difícil esperar que febrero muestre un incremento de precios menor al de enero. Este mes empezaron a regir nuevos aumentos en el transporte, la luz, las prepagas y la garrafa social. También se preparan nuevos aumentos en el gas (de 35 %).
 
Aunque los medios afines al gobierno se empeñan en pronosticar para el año una inflación por debajo de 30 %, las decisiones oficiales le meten fuerte presión a los precios. Según transcendidos periodísticos, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne le advirtió a Macri que no va a bajar hasta mayo pero, ¿si tampoco baja en mayo?
 
La Opinión Popular

14-02-2019 / 10:02
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