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Nacionales - 26-11-2018 / 10:11

Tras el bochorno del superclásico, el Gobierno de Macri negocia contra reloj para frenar las protestas del G20

Tras el bochorno del superclásico, el Gobierno de Macri negocia contra reloj para frenar las protestas del G20
Entre las fuerzas de seguridad que participarán del enorme operativo dicen no preocupan tanto las movilizaciones, aún si fueran masivas; sino lo que denominan “desprendimientos violentos”, conformados por grupos radicalizados. “La respuesta será contundente, mucho más que lo conocido, si intentan traspasar las vallas para meterse en lugares no permitidos”, deslizó una fuente de inteligencia al tanto de los preparativos. La paralización de los trenes que unen la capital y el Conurbano bonaerense buscan, sin decirlo abiertamente, desmovilizar a los manifestantes.
El gobierno de Mauricio Macri negocia a contrarreloj para limitar el impacto de las protestas contra el G20. La tensión subió en las últimas horas con las advertencias de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien aseguró que no permitirá encapuchados ni palos en las calles, una medida adoptada por muchas organizaciones.
 
Por lo bajo, en tanto, el jefe de Gabinete de su cartera, Gerardo Milman, y funcionarios de la Ciudad se reunieron el viernes con organizadores de la "semana de acción global" contra el G20. Buscan que el conflicto social no se desmadre por la crisis. La última semana mostró: ocho muertos en un incendio en una comisaría de Esteban Echeverría; una barra que maneja droga hizo retroceder a la policía; un muerto de bala en un operativo de la Bonaerense en una toma de tierras; una jornada de Barrios de Pie en reclamo de comida a supermercados.
 
Por otra parte, los incidentes que obligaron a suspender la final de la Copa Libertadores entre Boca y River encendieron el alerta. El ataque al ómnibus de Boca Juniors dejó en evidencia el mal diseño del operativo de seguridad justo en la semana en la que Buenos Aires se prepara para recibir a los líderes de los países más importantes del mundo.
 
Las imágenes de los incidentes dieron la vuelta al mundo y fueron objeto de editoriales críticos en los diarios más influyentes. Tras lo ocurrido ya se produjo una pelea interna en el propio gobierno: no por casualidad, el jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, tuvo que salir a declarar que él era el responsable político por lo ocurrido.
 
Los acontecimientos superaron los planes de Bullrich, quien había minimizado la gravedad de los posibles incidentes: "Vamos a tener el G20, imagínese que el Boca y River parece algo menor al lado de tener 20 presidentes 8 organismos internacionales y todo lo que implica en seguridad eso, no?", había declarado la Ministra de Seguridad, en el canal 26 unos días antes de la fecha del partido original.
 
Esa pregunta retórica, en tono sobrador, buscaba transmitir calma. Y ahora tuvo un verdadero efecto boomerang. Las autoridades que no fueron capaces de contener a una barra brava deberán garantizar la seguridad durante las protestas de movimientos, sindicatos, partidos de izquierda y grupos anti globalización, mientras las calles de Buenos Aires estarán en la vidriera mundial.
 
"La responsabilidad es de la policía de la Ciudad", comentó Rodríguez Larreta. Igualmente, se lavó las manos cuando aseguró que están haciendo un sumario interno para determinar la entidad responsable de la falla en el operativo y culpó a las barras. Por otro lado, Bullrich ahora se llamó al silencio. Pero ¿quién se hace cargo?
 
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Negociaciones
 
En las últimas semanas, Bullrich pidió reunirse con Adolfo Pérez Esquivel, del Serpaj, uno de los referentes de la convocatoria contra la cumbre. Las autoridades aseguran que quieren evitar "infiltrados violentos", pero el Premio Nóbel de la Paz responsabilizó al Estado por la seguridad. Pérez Esquivel integra "Confluencia Fuera G20 FMI", un agrupamiento de más de 100 organizaciones que denunció una "campaña intimidatoria" y un "combo represivo" para impedir movilizaciones que se prevén masivas.
 
La principal puja es por la marcha del viernes, que concentrará desde las 15 en la Avenida 9 de Julio y San Juan pero cuyo recorrido todavía no fue definido para evitar la "zona de exclusión" extendida esta semana por el Gobierno. "Nuestra manifestación tomó tanto color que nos llaman a dialogar, pero nosotros tratamos de que sea lo más pacífica por eso pedimos que nos garanticen que no van a reprimir y permitan manifestarnos", dijo a este medio Luciana Ghiotto, integrante de Attac, uno de los grupos que lanzó Confluencia.
 
La resistencia al G20 está compuesta por un arco variopinto: las tres versiones de la CTA (Pablo Micheli, Hugo Godoy y Hugo Yasky), organismos de derechos humanos (el Serpaj, Correpi, y el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia), movimientos sociales (CTEP, Barrios Pie, CCC, Evita, Frente Popular Darío Santillan, FOL), partidos de izquierda (PO, PTS, IS, MST, MAS, PSTU, PCR, Patria Grande), grupos campesinos e indígenas, agrupaciones estudiantiles y feministas. La Cámpora, en cambio, no participará.
 
En medio de los cruces, el Gobierno avanzó en los últimos detalles de su mega operativo de seguridad, que fue apoyado por varios países como Estados Unidos, China, Israel, y sobre todo por Alemania. El plan implicará una paralización de los servicios de subte, trenes y aeropuertos, junto con el cierre de las principales autopistas y del puerto de Buenos Aires. A lo que se sumarán fuertes controles en Palermo, Retiro y Recoleta, además de Puerto Madero y microcentro. Una ciudad virtualmente sitiada.
 
 
El modelo "alemán"
 
El despliegue de 22.000 efectivos será desafiado por las organizaciones que este el lunes iniciarán una semana intensa de actividades, con una contracumbre frente al Congreso el miércoles y jueves, y una protesta nacional el viernes. La convocatoria coincidirá con el paro de aeronáuticos del lunes en contra de las suspensiones y las asambleas del martes anunciadas por los gremios del transporte por paritarias libres y Ganancias. Así, la conflictividad social volvió al tope de la agenda oficial antes de diciembre.
 
Preocupado por los grupos radicales, el secretario de Seguridad, Eugenio Burzaco, se capacitó en Alemania para interiorizarse sobre los anarquistas que protagonizaron duros enfrentamientos en la última cumbre realizada en Hamburgo. El esquema en marcha contempla el freno al ingreso de extranjeros con antecedentes y el "monitoreo" por parte de la Agencia de Federal de Inteligencia (AFI) de las reuniones de la CTA Autónoma, Attac y ATE, entre otros grupos que integran Confluencia, según reveló Perfil.
 
El macrismo ya había recibido en julio la recomendación de infiltrar a los manifestantes. "A los argentinos que llevarán a cabo el G20 en Buenos Aires, tengo un consejo: es inútil contarles cómo nos engañaron acá. Intentarán engañarlos. Esto, a su vez, lleva a una conclusión: debemos recuperar más conocimientos en la escena de extrema izquierda. Necesitamos poder anticipar tales acciones. Y eso solo es posible con investigadores encubiertos y otras medidas conspirativas", advirtió el jefe de policía de Hamburgo, Ralf Martin Meyer, en una entrevista en el diario Welt.
 
Un año después de los disturbios, las instalaciones donde se reunieron los mandatarios en la ciudad alemana siguen adornadas de alambre de púa y las autoridades locales se preguntan en qué fallaron. Pese a los más de $5.000 millones (125 millones de euros) invertidos en el operativo, a la zona de exclusión dispuesta y a los 30.000 efectivos, hubo un quiebre respecto a las anteriores cumbres por la magnitud de las protestas en las que más de 80.000 manifestantes desbordaron a la policía, ocuparon dos barrios y levantaron barricadas.
 
Un dato importante es que Hamburgo concentra uno de los principales movimientos antifascistas y anarquistas, simbolizado por el barrio St Pauli y su club de fútbol con la mayor hinchada de izquierda del mundo que enfrenta en las calles a los neonazis y que en Buenos Aires tiene una filial bajo el nombre "Piratas del Sur". Nada que se le parezca a los 11 anarquistas que detuvieron en una casa tomada de Constitución por su presunto vínculo con la fallida bomba casera que apareció en la casa del juez Claudio Bonadio.
 
"Se ha metido un miedo muy fuerte en los comunicados oficiales de que va a repetirse lo de Hamburgo, y allá eran miles y miles de Black Bloc, es una dinamica social completamente diferente", explica Ghiotto. Por caso, la policía alemana no puede reprimir sin antes advertir tres veces, una situación que contrasta con los recientes sucesos en La Matanza, donde el jueves mataron a balazos a un miembro de la CTEP durante la represión policial en una toma de tierras, lo que recalentó el ambiente en la previa al G20.
 
En un documento publicado en la red titulado "A nuestros compas en Buenos Aires", los protagonistas de la cumbre en Hamburgo comparten sus lecciones: "Probablemente se prohibirán las protestas en muchas partes de Buenos Aires...y la libertad de movimiento en toda la Ciudad estará restringida masivamente. Haganse la idea de que al final será incluso peor de lo que ustedes se imaginan ahora y sera definitivamente peor que lo que digan los políticos".
 
En vistas de las crecientes restricciones, Confluencia pidió el 16 de noviembre autorización a la Ciudad para las manifestaciones pero aún no les respondieron. Por su lado, el CELS solicitó a la cartera de Bullrich un informe sobre el operativo sin conocer por ahora el lugar a donde van a ser alojados los detenidos ni la lista de 2.000 personas a las que se les prohibiría el ingreso al páis. Lo que sí se sabe es que la ministra tendrá línea directa las 24 horas con jueces y fiscales federales para coordinar acciones durante la cumbre.
 
En las últimas horas, los organizadores también mantuvieron contactos con la CGT, pero buena parte de la dirigencia sindical peronista está más preocupada por las paritarias, la recesión y la interna peronista que por la llegada de Donald Trump, Angela Merkel o Xi Jinping. "No les interesa el tema, lo que les recalienta es que Macri salga alardear y mostrar supuestos resultados para conseguir el aval del FMI y las potencias", dijeron desde Azopardo.
 
El extriunviro y líder de los gremios transportistas Juan Carlos Schmid fue uno de los pocos que criticó a la cumbre por "promover la inversión extanjera en base a un mayor endeudamiento" y se pronunció contra la "uberización" de la economía, desconociendo la legislación laboral y los convenios colectivos. Los aeronaúticos, en tanto, iniciarán el lunes un paro de 24 horas y no descartan adoptar más medidas durante la cumbre.
 
El conflicto en Aerolíneas ganó altura tras la suspensión anunciada de 376 empleados. Ante el malestar de los gremios, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, viajó el viernes a Córdoba en Austral custodiado por Policía de Seguridad Aeroporturia. También genera inquietud el decreto que permite en caso de necesidad la participación de personal de la Fuerza Aérea en todos los aeropuertos nacionales para garantizar los servicios en el marco del G20, como adelantó el mes pasado iProfesional.
 
Por Juan Manuel Barca
 
Fuente: iProfesional
 

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17-02-2019 / 09:02
La aceleración de los precios en el comienzo del año hizo saltar las alarmas en la Casa Rosada.
 
Es que las consecuencias del repunte inflacionario registrado por el INDEC durante enero (2,9% versus 2,6% de diciembre) van más allá del offside presidencial de Macri, quien dijo que "está empezando a bajar la inflación" un día antes de ser desmentido por el dato oficial.
 
El hecho es que la inflación vuelve a crecer como la principal preocupación de los argentinos y, a la par, baja la imagen del Gobierno y se perjudican sus perspectivas para las elecciones.
 
Según una encuesta de la consultora Synopsis, el 34,9% de los argentinos consideran hoy al alza de precios como el principal problema del país. Así, el tema vuelve al primer plano (subió 4,3% en el último sondeo) luego de haber venido en baja desde noviembre, acompañando el freno a la inflación que se vio en el último bimestre de 2018.
 
El desempleo (19,1%) es otra cuestión económica que escala como amenazante en el imaginario de los encuestados, escoltado por la corrupción (19,7%) y la inseguridad (13,1), dos temas que dan más comodidad a Cambiemos de cara a la disputa en las urnas.
 
Ante los precios que no detienen su marcha, la valoración negativa del desempeño de la administración nacional registró un fuerte incremento (+6,5%) y una leve caída de la valoración positiva (-1,1%). De esta manera, un 58% evalúa de manera negativa al Gobierno y se reducen a un 25,6% los que lo ven bajo una luz positiva.
 
Si existe un vínculo entre el nivel de la inflación y la valoración de la gestión, las cosas podrían empeorar para Macri. Distintas consultoras anticipan que en febrero los precios no se aplacarán, sino que su trepada será todavía más importante que la de enero.
 
Desde LG -fundada por Martín Lousteau- prevén un índice de 3,5%, mientras que Elypsis calcula una suba del 3,8%. Las más moderadas, como Eco Go, postulan un 3%.
 
En medio de la recesión que marcan los indicadores de actividad en la industria, construcción y comercio, el ánimo de los votantes no evoluciona de la mejor manera para Cambiemos.

17-02-2019 / 08:02
El miércoles por la tarde, el presidente Mauricio Macri sostuvo que la inflación estaba bajando y que comenzaba el tiempo de volver a crecer en la Argentina. Un día después, el Indec -o sea, la realidad- lo desmintió: la inflación está subiendo y, dentro de ella, lo que más sube es el precio de los alimentos.
 
No se trató de un episodio aislado. Pocos días antes de asumir, el Presidente anunció que eliminaría los controles de cambios y que eso no tendría efectos sobre los precios porque "ya están al nivel del dólar a 15": la respuesta de la realidad fue tremenda.
 
En aquellos días felices, el Gobierno pronosticó también que la inflación sería de 24 puntos en 2016 y de un dígito este año: la realidad volvió a responder con violencia.
 
En esa seguidilla de derrotas se puede percibir un problema histórico del país -su dificultad para vencer la inflación- y otro del presidente -su limitación para entender los motivos de su propio fracaso, la persistencia en el error, su rigidez extrema.
 
En unos años, este problema podría ser motivo de un interesante debate teórico titulado "¿por qué la Argentina fracasó nuevamente?". Pero en estos días, se trata de un asunto serio, en parte porque, al menos hasta hoy, Mauricio Macri sigue siendo, por leve margen, el favorito para gobernar la Argentina en el período que viene.
 
En el Gobierno, algunas personas repiten como un mantra que los primeros mandatos de Macri -en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires- fueron muy turbulentos y los segundos compensaron con resultados sorprendentes.
 
Si no aplica nuevos enfoques, ese eventual segundo mandato puede ser aun más accidentado que el primero. Pero además, si llega a perder las elecciones, los fracasos de Macri encierran lecciones para quien lo suceda.
 
Quien recorra brevemente hacia atrás la lucha del Presidente contra la inflación, deberá rendirse ante cierta perplejidad. En el principio, el Presidente anunció que la liberación del cepo no produciría un aumento precios.
 
¿De dónde salió semejante idea, en un país donde la relación entre la suba del dólar y la de los precios es un clásico, una constante, una patología? Gran parte del mundo económico -Espert, la UIA, Ferreres, Melconian- le advirtió que estaba equivocado. Era una obviedad. Él decidió apretar el botón.
 
Luego, pronosticó que la tasa de inflación del primer año sería del 24 por ciento. Otro contrasentido. Ese había sido el aumento de precios del 2015. Y el Gobierno le echaría nafta con un aumento fuerte de tarifas y una bruta devaluación. ¿Por qué razón la inflación no iba a aumentar si se tomaban medidas que, para cualquier principiante, tendrían ese efecto? 

16-02-2019 / 09:02
A continuación, las palabras del excelentísimo señor presidente de la Nación, don Mauricio Macri: "Tras el golpe duro del año pasado, ya está bajando la inflación". El hombre habla porque es gratis. El miércoles, un día antes de que el Indec anunciara que la inflación de enero fue casi del ¡¡¡treees por ciento!!! (2,9), Macri largó suelto de cuerpo que el flagelo va en descenso.
 
No hay salario que aguante y el mayor responsable se hace el oso. Las cifras de la economía parecen un campo de batalla con la industria que funciona al 56 por ciento de su capacidad, con 750 Pymes y 2550 comercios que cierran por mes.
 
Un escenario dramático que los medios del oficialismo tratan de ocultar como pueden aunque esas cifras destrozan la economía familiar, aumentan el desempleo, la pobreza y la marginalidad. "Estamos mejor que en el 2015", repitió con desparpajo en esa entrevista a una radio de San Luis.
 
La clase media que ha sido el principal argumento del triunfo electoral del macrismo es fuertemente agredida por este bombardeo persistente sobre su calidad de vida. Una clase media que se dispone a votar en este año con la cabeza repartida entre la tragedia concreta de la economía y el imaginario casi infantil que le propone el discurso macrista contra viento y marea.
 
Las encuestas pivotean sobre esa disputa sorprendente entre el imaginario emotivo y la inteligencia y muestran todavía que una parte significativa de esa misma clase media se resiste a abandonar los sueños incumplidos. Es la puja fascinante entre la carga subjetiva que la pinta rubia y de ojos celestes y una economía que la está mandando al tacho.
 
En el plano de la política pareciera que la mayoría apuesta a los efectos destructivos de la economía macrista por sobre lo subjetivo. Así, los aliados del oficialismo se alejan cada vez más o se muestran más reacios. Y los aliados más débiles, aprovechan para comer de las sobras.
 
El radicalismo, que le ha dado territorialidad a la alianza de gobierno empieza a sacudirse la subordinación que mantuvo con el PRO y está logrando imponer sus candidatos a gobernador. Al mismo tiempo desdobló las elecciones en sus distritos para no ser arrastrado por la presumible caída de la imagen de Macri.
 
El protagonismo que adquirió el radicalismo, tras ser el amigo sumiso del gobierno, ahora lo lleva a insistir con una interna con Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta en la CABA, al mismo tiempo que interviene a la regional Santa Fe porque no quiso separarse de los socialistas. Son movimientos en los que apuestan al debilitamiento de Macri como candidato, pero no para confrontarlo, sino para disputar espacio en la interna oficialista.
 
La base radical conservadora, que ha sido fiel a la alianza con el macrismo, es la que expresa con más claridad esa dualidad entre el imaginario y la economía, o entre la subjetividad y la razón. La cúpula partidaria oscila en esa dicotomía esquizofrénica y la representa en la política con el riesgo de convertirse ante la historia en responsable de los desatinos del PRO.

15-02-2019 / 11:02
El presidente Mauricio Macri volvió a ser cacheteado por el INDEC. Luego de asegurar -otra vez- que "la inflación está bajando", contra todos los pronósticos del Gobierno la inflación en lugar de caer volvió a acelerarse.
 
El Indec reconoció una suba del 2,9%, muy por encima del 2,6% de diciembre. Si se toman los últimos doce meses, llega a 49,3%, la más alta desde enero de 1992. Los alimentos empujaron la escalada. En la Ciudad de Buenos Aires, la suba de los precios minoristas fue de 3,8 por ciento en enero.
 
La inflación de enero fue impulsada por alimentos y bebidas, servicios públicos, comunicación y turismo. En alimentos y bebidas, que compone el centro de la canasta básica, el aumento de los precios en los últimos doce meses es del 53%, lo cual explica el fuerte aumento de los indicadores de pobreza e indigencia en la última parte del año pasado.
 
La inercia inflacionaria de 2018, junto a los aumentos de costos derivados de la devaluación que todavía no se trasladaron a los precios minoristas y la catarata de aumentos de servicios públicos determinan que la expectativa de inflación para este año no baje del 30%.
 
La inflación de 2,9% en enero es sorprendente en una economía en donde el consumo interno está muy debilitado y el dólar no registró mucha movilidad en el marco de un profundo ajuste fiscal y monetario. Sin embargo, la suba del dólar de 120% el año pasado junto a los grandes tarifazos sobre una economía cuyos precios se movía al 25 % anual antes de la crisis cambiaria multiplicó la inercia inflacionaria.
 
Esto quiere decir que los actores económicos incorporaron la indexación de los precios con números cada vez más grandes. Además, todavía existe una brecha de 20 puntos entre la suba que registran los precios mayoristas y el incremento de los minoristas.
 
El dato del 49,3% es horrible porque pone en tela de juicio el sentido del enorme sacrificio que Macri le pide a la sociedad, con el único objetivo visible de equilibrar el déficit para bajar la inflación. Sería difícil esperar que febrero muestre un incremento de precios menor al de enero. Este mes empezaron a regir nuevos aumentos en el transporte, la luz, las prepagas y la garrafa social. También se preparan nuevos aumentos en el gas (de 35 %).
 
Aunque los medios afines al gobierno se empeñan en pronosticar para el año una inflación por debajo de 30 %, las decisiones oficiales le meten fuerte presión a los precios. Según transcendidos periodísticos, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne le advirtió a Macri que no va a bajar hasta mayo pero, ¿si tampoco baja en mayo?
 
La Opinión Popular

14-02-2019 / 10:02
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