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Nacionales - 25-11-2018 / 09:11
UNA FINAL QUE SE CONVIRTIÓ EN PAPELÓN

El Boca-River es una muestra más de la ineptitud del gobierno de Macri

El Boca-River es una muestra más de la ineptitud del gobierno de Macri
LO QUE OCURRIÓ AYER FUE ESCALOFRIANTE. La segunda superfinal de la Copa Libertadores de América entre River y Boca tuvo que ser suspendido este sábado a raíz del ataque que sufrió el micro que trasladaba a los jugadores de Boca al estadio Monumental y que dejó dos heridos leves. Por estos incidentes, el plantel de Boca pidió, con Carlos Tevez y Fernando Gago de voceros, la suspensión de este duelo mientras que FIFA y Conmebol presionaban para se jugara postergando la hora y con Infantino en la cancha. Angelici, por su parte, hacía presión para no jugar. D'Onofrio, en solidaridad, también pidió la suspensión. Con los incidentes aún en las calles aledañas al estadio, Conmebol cedió y pasó el partido para este domingo a las 17:00. Luego vino la clausura del Monumental, aunque River pagaría una multa para que se juegue. El inicio de todo lo ocurrido este domingo tendría que buscarse este viernes con los allanamientos a barras de River donde se incautaron 7 millones y 300 entradas. Fue llamativa la ausencia de los Borrachos del Tablón en el estadio. Ellos habrían promovido el ataque al colectivo 'xeneize' como un pase de facturas.
El fracaso del Boca-River es una muestra más de la inutilidad y el fiasco del gobierno de Mauricio Macri. Esto comenzó a vislumbrarse hace un mes cuando el Presidente anunció su decisión de que la serie se jugara con hinchada visitante.
 
En pocos minutos, su voluntad quedó desautorizada por dos de sus hombres de confianza: Daniel Angelici, el que lo sucedió en Boca Juniors, y Horacio Rodríguez Larreta, el que lo sucedió en el Gobierno de la Ciudad. Los clubes y el Gobierno de la Ciudad impusieron su voluntad que se jugara sin visitantes.
 
El partido revancha fue precedido por un grave hecho de violencia luego de que Atlanta ganara en la cancha de All Boys. La barra brava del club local atacó al puñado de hinchas visitantes y destrozó parte del club. Cuando llegó la policía, fue corrida por los violentos y debió retirarse de manera humillante del lugar.
 
Dos días después, Boca Juniors convocó a su hinchada para un bombonerazo, una concentración de decenas de miles de personas sin haber realizado un operativo de seguridad serio. La desconexión entre las fuerzas de seguridad, nacionales y locales, es absoluta, pese a que sus jefes políticos pertenecen al macrismo.
 
El desmanejo de la situación llegó hasta el día de ayer. Es una exhibición de impericia gigantesca que el micro de Boca atraviese un sector donde hay miles de hinchas de River, sin haberlo liberado previamente. ¿Por qué no se previó que el micro que llevaba a los jugadores no pasara por el lugar donde estaban los barrabravas de River? ¿No sabían los servicios de inteligencia que estaban allí?
 
Una mirada sesgada sobre lo que sucedió sostendría que todo se puede explicar por la enfermedad de un pequeño grupo de hinchas. Es el lugar común que le adjudica estos problemas a "los inadaptados de siempre", como Daniel Angelici, que se hace el gil cuando le preguntan por las fallas del operativo de seguridad macrista.
 
La ministra Patricia Bullrich dijo, sobradoramente, que en su gobierno están capacitados para garantizar la seguridad: "Al lado del G-20 un Boca-River es algo bastante menor", mientras las fuerzas que ella conduce no pueden garantizar la llegada de un micro a un estadio.
 
Este gobierno no garantiza nada y todo este proceso ha contribuido a mostrar la inutilidad esencial de Macri. La Argentina que él heredó tenía problemas, él los agravó a todos. Ahora quedó evidenciado que hay uno más que no supo, no quiso o no pudo resolver: el de la violencia en el fútbol.
 
Encima, ocurrió durante el partido más importante de la historia del fútbol argentino. Quiso imponer un criterio, que fue desautorizado, sus colaboradores se pelearon entre sí, sus sucesores convocaron a actos masivos de manera muy imprudente, y no pudieron garantizar por lo menos un operativo de seguridad razonable.
 
La Opinión Popular

 
COPA LIBERTADORES
 
Superbochorno: River y Boca jugarán este domingo, a las 17 en el Monumental
 
Este sábado (24/11) Boca Juniors y River Plate ya tendrían que haber jugado la segunda superfinal de la Copa Libertadores de América 2018 y uno de los dos equipos tendría que estar festejando en el estadio o en el Obelisco, tal como estaba previsto. Sin embargo, nada de eso ocurrió porque en horas tempranas de este mismo sábado, un grupo de barras bravas del 'Millonario' atacó a botellazos y piedrazos el micro que trasladaba a la delegación 'xeneize' al estadio Monumental.
 
Todo indica que el ataque al micro de Boca fue un pase de factura por lo ocurrido el viernes 23/11 luego de que en dos allanamientos realizados en domicilios de barras de River Plate, descubrieran 300 tickets para el partido de la final de la Copa Libertadores y unos 7 millones de pesos en efectivo que serían producto de la reventa ilegal de entradas que aún se investiga si eran truchas o habían sido dadas a los barras.
 
El fiscal Norberto Brotto, a cargo de la causa, seguía a esta organización desde abril pasado a través de escuchas telefónicas. Los líderes del grupo ya habrían también vendido tickets para otros partidos de la Libertadores.
 
Fue llamativa la ausencia de los 'borrachos del Tablón' en el Estado. Su espacio en la tribuna estaba vacío como notaron muchos asistentes al frustrado partido.
 
Tras el ataque, los efectivos de la Policía de la Ciudad contestaron a la agresión de los vándalos con gases lacrimógenos y 'gas pimienta'. Una vez producido el hecho, los jugadores de Boca, Carlos Tevez, Nahitan Nández, Darío Benedetto, Leonardo Jara se vieron seriamente afectados con fuertes dolores de cabeza, de ojos y hasta sufrieron vómitos mientras que Fernando Gago padeció una reacción alérgica. 
 
No obstante, el más afectado fue Pablo Pérez, que debió ser trasladado al Sanatorio Otamendi luego de que algunos trozos de los vidrios de las ventanas del omnibus impactarán en uno de sus ojos por lo que tuvo que ser vendado en uno de ellos.
 
Eso motivó a que Boca pidiera suspender el partido. No tenía garantías de seguridad y sus jugadores estaban afectados, sin mencionar a su capitán con serias heridas.
 
En medio de los desmanes, los dirigentes de Boca y de River, fueron presionados por la Conmebol a quien se sumó el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, asistente al encuentro. La Conmebol postergó la hora del inicio del encuentro dos veces, pese a que los jugadores de Boca, con Tevez y Gago como vocero del plantel, pidieron la suspensión por considerar que no estaban dadas las condiciones. Pero la Conmebol y FIFA, resolvieron primero que el partido se dispute a las 18 horas. Una vez pasado ese lapso de tiempo, tanto Domínguez como Infantino, retrasaron el encuentro a las 19:15.
 
Justo en el momento en que Alejandro Domínguez (Conmebol), Rodolfo D'Onofrio (River) y Daniel Angelici, debatían la postergación del encuentro, un centenar de simpatizantes riverplatenses, sin entradas, se enfrentó con efectivos de la Policía de la Ciudad y de la Prefectura Naval Argentina en las afueras del estadio Monumental. Hubo corridas, piedrazos, balas de goma y gases lacrimógenos lo que rápidamente derivó en su suspensión.  
 
Primó la presión de Boca y el apoyo de River y la Conmebol suspendió el partido y lo pasó a este domingo 25/11.
 
Una vez finalizados los hechos, la cancha de River fue clausurada. "Me acaban de decir que la cancha de River está clausurada. No sabemos dónde ni cuándo se juega", declaró el secretario de Boca, Christian Gribaudo, un rato después de que se suspendiera el encuentro.
 
Teniendo en cuenta los antecedentes inmediatos que hay, con la Bombonera siendo clausura por haber excedido la capacidad pocas horas después de que se realizara el entrenamiento abierto, suena lógico que al Monumental le pongan la faja: amén de los serios incidentes que se produjeron adentro y afuera es probable que haya habido más público del permitido en el estadio.
 
Un rato después el que habló fue el presidente de River, Rodolfo D'Onofrio y disparó que "cuando estábamos conversando con suspender el partido, le dije a Angelici: 'Vos tenés allegados con las autoridades de la Ciudad de Buenos Aires que yo no tengo'. Le pedí que no haya raro y que nos garantice que no haya nada raro que nos impida jugar en nuestro estadio y con nuestro público. No vaya a ser cosa que se les ocurra clausurar, no hay ninguna razón. Angelici no es la autoridad, pero tiene contactos con la gente de seguridad de la Ciudad de Buenos Aires y me dejó tranquilo".
 
En el momento que los jugadores de Boca se retiraban del estadio, Carlos Tevez y Darío Benedetto enfrentaron los micrófonos de los periodistas acreditados. De ahí, el 'Pipa' Benedetto fue tajante: "Dénle la Copa a River que tiene tanto peso en la Conmebol". Por lo tanto, Tevez fue mucho más duro: "Todos estamos tristes. Perdió el fútbol. Teníamos que vivirlo como una fiesta e irnos así no es bueno para nadie".  
 
Asimismo, el 'Apache' lanzó que "lo de la Conmebol es una vergüenza. Se portó muy mal con nosotros. Nos obligaba a jugar con jugadores heridos y vomitando. Que le den la Copa a River y listo". Por otro lado, Carlos Tevez se quejó de que "el veedor de la Conmebol es el mismo que cuando fue lo del gas pimienta en La Bombonera dijo que no se podía jugar el partido" y agregó que "River siempre hizo lo que quiso".
 
Por último, Tevez, ofuscado, remató: "No se tenía que jugar. Si hubiese pasado en La Boca, la Copa se la daban a River" y subrayó que "si nos íbamos de la cancha el campeón era River. Nos obligaron a jugar" .
 
Ahora, el partido fue reprogramado para el domingo, a las 17, con público. River pagaría una multa para evitar que no se juegue en su cancha y tendrá que revisarse todo el operativo de seguridad.
 
Fuentes: Urgente24, Infobae y Página12
 

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El Boca-River es una muestra más de la ineptitud del gobierno de Macri
Tuit de Macri: "Lo que vamos a vivir los argentinos en unas semanas es una final histórica. También una oportunidad de demostrar madurez y que estamos cambiando, que se puede jugar en paz", escribió en esa oportunidad Macri al tiempo que sumó: "Le pedí a la Ministra de Seguridad que trabaje con la Ciudad para que el público visitante pueda ir".
17-02-2019 / 09:02
La aceleración de los precios en el comienzo del año hizo saltar las alarmas en la Casa Rosada.
 
Es que las consecuencias del repunte inflacionario registrado por el INDEC durante enero (2,9% versus 2,6% de diciembre) van más allá del offside presidencial de Macri, quien dijo que "está empezando a bajar la inflación" un día antes de ser desmentido por el dato oficial.
 
El hecho es que la inflación vuelve a crecer como la principal preocupación de los argentinos y, a la par, baja la imagen del Gobierno y se perjudican sus perspectivas para las elecciones.
 
Según una encuesta de la consultora Synopsis, el 34,9% de los argentinos consideran hoy al alza de precios como el principal problema del país. Así, el tema vuelve al primer plano (subió 4,3% en el último sondeo) luego de haber venido en baja desde noviembre, acompañando el freno a la inflación que se vio en el último bimestre de 2018.
 
El desempleo (19,1%) es otra cuestión económica que escala como amenazante en el imaginario de los encuestados, escoltado por la corrupción (19,7%) y la inseguridad (13,1), dos temas que dan más comodidad a Cambiemos de cara a la disputa en las urnas.
 
Ante los precios que no detienen su marcha, la valoración negativa del desempeño de la administración nacional registró un fuerte incremento (+6,5%) y una leve caída de la valoración positiva (-1,1%). De esta manera, un 58% evalúa de manera negativa al Gobierno y se reducen a un 25,6% los que lo ven bajo una luz positiva.
 
Si existe un vínculo entre el nivel de la inflación y la valoración de la gestión, las cosas podrían empeorar para Macri. Distintas consultoras anticipan que en febrero los precios no se aplacarán, sino que su trepada será todavía más importante que la de enero.
 
Desde LG -fundada por Martín Lousteau- prevén un índice de 3,5%, mientras que Elypsis calcula una suba del 3,8%. Las más moderadas, como Eco Go, postulan un 3%.
 
En medio de la recesión que marcan los indicadores de actividad en la industria, construcción y comercio, el ánimo de los votantes no evoluciona de la mejor manera para Cambiemos.

17-02-2019 / 08:02
El miércoles por la tarde, el presidente Mauricio Macri sostuvo que la inflación estaba bajando y que comenzaba el tiempo de volver a crecer en la Argentina. Un día después, el Indec -o sea, la realidad- lo desmintió: la inflación está subiendo y, dentro de ella, lo que más sube es el precio de los alimentos.
 
No se trató de un episodio aislado. Pocos días antes de asumir, el Presidente anunció que eliminaría los controles de cambios y que eso no tendría efectos sobre los precios porque "ya están al nivel del dólar a 15": la respuesta de la realidad fue tremenda.
 
En aquellos días felices, el Gobierno pronosticó también que la inflación sería de 24 puntos en 2016 y de un dígito este año: la realidad volvió a responder con violencia.
 
En esa seguidilla de derrotas se puede percibir un problema histórico del país -su dificultad para vencer la inflación- y otro del presidente -su limitación para entender los motivos de su propio fracaso, la persistencia en el error, su rigidez extrema.
 
En unos años, este problema podría ser motivo de un interesante debate teórico titulado "¿por qué la Argentina fracasó nuevamente?". Pero en estos días, se trata de un asunto serio, en parte porque, al menos hasta hoy, Mauricio Macri sigue siendo, por leve margen, el favorito para gobernar la Argentina en el período que viene.
 
En el Gobierno, algunas personas repiten como un mantra que los primeros mandatos de Macri -en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires- fueron muy turbulentos y los segundos compensaron con resultados sorprendentes.
 
Si no aplica nuevos enfoques, ese eventual segundo mandato puede ser aun más accidentado que el primero. Pero además, si llega a perder las elecciones, los fracasos de Macri encierran lecciones para quien lo suceda.
 
Quien recorra brevemente hacia atrás la lucha del Presidente contra la inflación, deberá rendirse ante cierta perplejidad. En el principio, el Presidente anunció que la liberación del cepo no produciría un aumento precios.
 
¿De dónde salió semejante idea, en un país donde la relación entre la suba del dólar y la de los precios es un clásico, una constante, una patología? Gran parte del mundo económico -Espert, la UIA, Ferreres, Melconian- le advirtió que estaba equivocado. Era una obviedad. Él decidió apretar el botón.
 
Luego, pronosticó que la tasa de inflación del primer año sería del 24 por ciento. Otro contrasentido. Ese había sido el aumento de precios del 2015. Y el Gobierno le echaría nafta con un aumento fuerte de tarifas y una bruta devaluación. ¿Por qué razón la inflación no iba a aumentar si se tomaban medidas que, para cualquier principiante, tendrían ese efecto? 

16-02-2019 / 09:02
A continuación, las palabras del excelentísimo señor presidente de la Nación, don Mauricio Macri: "Tras el golpe duro del año pasado, ya está bajando la inflación". El hombre habla porque es gratis. El miércoles, un día antes de que el Indec anunciara que la inflación de enero fue casi del ¡¡¡treees por ciento!!! (2,9), Macri largó suelto de cuerpo que el flagelo va en descenso.
 
No hay salario que aguante y el mayor responsable se hace el oso. Las cifras de la economía parecen un campo de batalla con la industria que funciona al 56 por ciento de su capacidad, con 750 Pymes y 2550 comercios que cierran por mes.
 
Un escenario dramático que los medios del oficialismo tratan de ocultar como pueden aunque esas cifras destrozan la economía familiar, aumentan el desempleo, la pobreza y la marginalidad. "Estamos mejor que en el 2015", repitió con desparpajo en esa entrevista a una radio de San Luis.
 
La clase media que ha sido el principal argumento del triunfo electoral del macrismo es fuertemente agredida por este bombardeo persistente sobre su calidad de vida. Una clase media que se dispone a votar en este año con la cabeza repartida entre la tragedia concreta de la economía y el imaginario casi infantil que le propone el discurso macrista contra viento y marea.
 
Las encuestas pivotean sobre esa disputa sorprendente entre el imaginario emotivo y la inteligencia y muestran todavía que una parte significativa de esa misma clase media se resiste a abandonar los sueños incumplidos. Es la puja fascinante entre la carga subjetiva que la pinta rubia y de ojos celestes y una economía que la está mandando al tacho.
 
En el plano de la política pareciera que la mayoría apuesta a los efectos destructivos de la economía macrista por sobre lo subjetivo. Así, los aliados del oficialismo se alejan cada vez más o se muestran más reacios. Y los aliados más débiles, aprovechan para comer de las sobras.
 
El radicalismo, que le ha dado territorialidad a la alianza de gobierno empieza a sacudirse la subordinación que mantuvo con el PRO y está logrando imponer sus candidatos a gobernador. Al mismo tiempo desdobló las elecciones en sus distritos para no ser arrastrado por la presumible caída de la imagen de Macri.
 
El protagonismo que adquirió el radicalismo, tras ser el amigo sumiso del gobierno, ahora lo lleva a insistir con una interna con Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta en la CABA, al mismo tiempo que interviene a la regional Santa Fe porque no quiso separarse de los socialistas. Son movimientos en los que apuestan al debilitamiento de Macri como candidato, pero no para confrontarlo, sino para disputar espacio en la interna oficialista.
 
La base radical conservadora, que ha sido fiel a la alianza con el macrismo, es la que expresa con más claridad esa dualidad entre el imaginario y la economía, o entre la subjetividad y la razón. La cúpula partidaria oscila en esa dicotomía esquizofrénica y la representa en la política con el riesgo de convertirse ante la historia en responsable de los desatinos del PRO.

15-02-2019 / 11:02
El presidente Mauricio Macri volvió a ser cacheteado por el INDEC. Luego de asegurar -otra vez- que "la inflación está bajando", contra todos los pronósticos del Gobierno la inflación en lugar de caer volvió a acelerarse.
 
El Indec reconoció una suba del 2,9%, muy por encima del 2,6% de diciembre. Si se toman los últimos doce meses, llega a 49,3%, la más alta desde enero de 1992. Los alimentos empujaron la escalada. En la Ciudad de Buenos Aires, la suba de los precios minoristas fue de 3,8 por ciento en enero.
 
La inflación de enero fue impulsada por alimentos y bebidas, servicios públicos, comunicación y turismo. En alimentos y bebidas, que compone el centro de la canasta básica, el aumento de los precios en los últimos doce meses es del 53%, lo cual explica el fuerte aumento de los indicadores de pobreza e indigencia en la última parte del año pasado.
 
La inercia inflacionaria de 2018, junto a los aumentos de costos derivados de la devaluación que todavía no se trasladaron a los precios minoristas y la catarata de aumentos de servicios públicos determinan que la expectativa de inflación para este año no baje del 30%.
 
La inflación de 2,9% en enero es sorprendente en una economía en donde el consumo interno está muy debilitado y el dólar no registró mucha movilidad en el marco de un profundo ajuste fiscal y monetario. Sin embargo, la suba del dólar de 120% el año pasado junto a los grandes tarifazos sobre una economía cuyos precios se movía al 25 % anual antes de la crisis cambiaria multiplicó la inercia inflacionaria.
 
Esto quiere decir que los actores económicos incorporaron la indexación de los precios con números cada vez más grandes. Además, todavía existe una brecha de 20 puntos entre la suba que registran los precios mayoristas y el incremento de los minoristas.
 
El dato del 49,3% es horrible porque pone en tela de juicio el sentido del enorme sacrificio que Macri le pide a la sociedad, con el único objetivo visible de equilibrar el déficit para bajar la inflación. Sería difícil esperar que febrero muestre un incremento de precios menor al de enero. Este mes empezaron a regir nuevos aumentos en el transporte, la luz, las prepagas y la garrafa social. También se preparan nuevos aumentos en el gas (de 35 %).
 
Aunque los medios afines al gobierno se empeñan en pronosticar para el año una inflación por debajo de 30 %, las decisiones oficiales le meten fuerte presión a los precios. Según transcendidos periodísticos, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne le advirtió a Macri que no va a bajar hasta mayo pero, ¿si tampoco baja en mayo?
 
La Opinión Popular

14-02-2019 / 10:02
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