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Nacionales - 24-11-2018 / 09:11
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Hasta los billonarios se quejan del Gobierno de los Ricos

Hasta los billonarios se quejan del Gobierno de los Ricos
Eduardo Costantini, el empresario dueño del Malba y Nordelta, se refirió a la compleja situación económica que atraviesa el país y dijo que en el barrio privado ubicado en Tigre la crisis "se siente" pero "es más leve que en otros lugares". Según la revista Forbes, Costantini es una de las personas más ricas de la Argentina con un patrimonio de más de mil millones de dólares. El empresario fue muy crítico con la gestión de Mauricio Macri y cuestionó al Gobierno. En una entrevista sostuvo que "hubo una enorme pérdida patrimonial" y se quejó: "En Argentina dejamos de ser billonarios muchos". Y siguió: "Porque valúan el precio de las acciones y el precio de las acciones lo voy a tener siempre. Hoy valen mucho, después no valen nada"."Ahora Consultatio (la empresa de la que es CEO) es una risa, hoy vale el 30% de lo que valía”.
"Muchos dejamos de ser billonarios." ¡Zambomba! La queja de Eduardo Costantini cayó como un chiste en el país donde poco menos de la mitad gana por encima de los 24 mil pesos que marca la línea de pobreza.
 
No fue broma, ni siquiera petulancia. El millonario se quejó, pobre. En un país donde los ricos solamente se han quejado bajo gobiernos populares, este lamento de un súper millonario en un gobierno de otros millonarios fue síntoma de la enorme  crisis que provocó Mauricio Macri.
 
Hay pocos ganadores y muchos afectados también en el círculo rojo. Arcor, uno de los selectos protagonistas de la AEA, perdió 6700 millones de pesos en los primeros nueve meses del año. El macrismo asusta con el viejo relato, dice que la sombra de Cristina ahuyenta las inversiones. Pero en el mundo empresario, lo que se dice es que nadie invierte mientras esté Macri y su política económica.
 
Sordos ruidos en el mundo de los ricos. Y palos en el de los pobres. Por enésima vez, la represión a la protesta social se cobró esta semana la vida de Rodolfo Orellana, militante de la CTEP.
 
Macri y su deslucida caravana de ministros fueron auxiliados por el Fondo Monetario para llegar al 2019. Condicionado por vencimientos imposibles, el que llegue después tendrá que negociar a cara de perro. Pero el 2019 se presenta cada vez más difícil a Cambiemos que va perdiendo apoyo entre los factores de poder, aunque todavía pueda mostrar encuestas con un relativo respaldo.
 
Paradojas: cuando ya están pensando en un recambio los millonarios que sostuvieron la campaña de mentiras, fake news y posverdades del "se robaron todo", esa consigna a prueba de neuronas sigue siendo el único sostén de este gobierno desacreditado.
 
Algunas encuestas empiezan a mostrar que si Cristina fuera candidata de la oposición, podría derrotar en segunda vuelta a Macri. Falta mucho para las elecciones. Son encuestas muy lábiles y a veces puede tratarse de operaciones. Pero coinciden en mostrar movilidad, ascensos y descensos en la percepción positiva y negativa de la sociedad.
 
Cristina no ha dicho si será candidata. En el oficialismo hay muchos que así lo desean y muchos que ya dudan. Así como el eje del discurso opositor será la crítica a la gestión macrista, el oficialismo tiene puesta toda su esperanza en la eficacia que demostró la campaña negativa contra el kirchnerismo en las dos elecciones pasadas.
 
Los campeones de lo propositivo ganaron con campaña negativa y ahora es lo único que tienen, se les acabó lo "pro". Pero los focos de esa campaña fueron tan burdos que aún teniendo el control de gran parte del Poder Judicial, esas denuncias empiezan a desinflarse y a poner al desnudo el mecanismo mafioso que las sostuvo. Pocas veces la política ha sido tan sucia.

 
"A mí, Luis Barrionuevo y Jorge Lanata me llenaron la cabeza diciéndome que Lázaro Báez me quería matar. Y como yo creía que Báez me debía cuatro millones de dólares, pensé que era cierto que me quería matar. Yo tenía 25 años y acepté decir en televisión lo que ellos me dijeron que dijera. Fue una operación política contra el gobierno de Cristina, porque querían instalar que el dinero era del kirchnerismo."
 
Las declaraciones de Federico Elaskar, el principal testigo en la causa denominada "la ruta del dinero k", muestran a Barrionuevo y Lanata como chantajistas que aprietan a un rehén para obtener las declaraciones que necesitaban. Barrionuevo se jactó, incluso, en el programa de Fantino, de haber tenido encerrado en su casa a Elaskar para evitar que se desdiga antes del programa de Lanata.
 
En el mismo sentido, otro Lanatta, el condenado por el triple crimen de General Rodríguez, reconoció hace unas semanas que el equipo de Lanata (el periodista denunciado por Elaskar) cuando lo fue a entrevistar a la cárcel quería que dijera que un supuesto jefe narco, "La morsa", era Aníbal Fernández, y que toda la entrevista fue montada para que hiciera esa mención, la cual era una patraña.
 
Esa abierta operación mediática fue tan efectista que a pesar de que no tenía densidad para la justicia y no motivó ninguna causa en los tribunales, afectó el desempeño del candidato a gobernador bonaerense.
 
El juez Sebastián Casanello sobreseyó a Cristina Kirchner en la causa por  "la ruta del dinero k". Pero Elaskar afirmó que la Cámara va a rechazar la medida del juez, porque "armaron esa causa para cocinar" a la ex presidenta.
 
El mismo día que Elaskar hacía esas declaraciones, el juez Martínez de Giorgi declaraba la inexistencia del delito en otra causa abierta a raíz de denuncias mediáticas falsas contra Máximo Kirchner y Nilda Garré.
 
Las autoridades de Estados Unidos informaron que no existe ni existió ninguna cuenta a nombre de los acusados en el paraíso fiscal de Delaware. La falsa denuncia fue publicada en Brasil por la revista Veja y reproducida y amplificada aquí por el periodista de Clarín Daniel Santoro. 
 
En 2013 ni en 2015 se hablaba todavía de las fake news, de la posverdad y de la utilización de la manipulación mediática desaforada o "periodismo de guerra". Ya nadie duda de su existencia porque se han repetido en muchos países y finalmente han puesto en crisis el ejercicio del periodismo.
 
Estos dispositivos que a veces usan a periodistas corruptos cuando se trata de medios convencionales y otras veces emplean recursos más sofisticados como robots, trolls o granjas de trolls, cuando se trata de las redes sociales, son estudiados en las carreras y en los foros de comunicación y han sido motivo de escándalos internacionales, denuncias judiciales y de comisiones parlamentarias que las investigan.
 
Las sociedades van encontrando anticuerpos, gimnasia para leer entrelíneas o detectar mentiras o para descubrir el interés que se esconde detrás de la información.
 
Aún así, el macrismo y sus aliados radicales confían para la campaña del 2019 en este mecanismo envenenado con el cual una parte de la sociedad ya perdió su virginidad.
 
Quizás no se equivoquen. Son dispositivos cuyos resultados todavía son imprevisibles a pesar de todo lo que se ha hablado, porque la campaña negativa se basa en golpes efectistas, irracionales, que impactan en lo emotivo, en el prejuicio o el egoísmo. Y la condición humana tiene todos esos componentes.
 
"Si no se van, habrá guerra" fue la frase de los efectivos policiales a los vecinos que habían tomado unas parcelas de tierras fiscales en las cercanías de Puente 12, en La Matanza. Los vecinos estaban desarmados. Cuando solamente una parte está armada no es guerra, es masacre.
 
Los vecinos afirman que la policía fue al predio a provocar, que hasta ese momento la toma era pacífica. Cuando empezó la represión policial, Rodolfo Orellana cayó al suelo con dos impactos de bala. Si Costantini perdió parte de sus millones, Orellana perdió la vida y se sumó a la larga lista de víctimas de este gobierno que trata como enemigos a los humildes.
 
Aunque el gobierno de María Eugenia Vidal se resista a reconocerlo, tiene que haber un autor material de los disparos entre los efectivos de la represión. Pero el principal responsable de estas muertes, el autor intelectual, es el gobierno que baja una línea dura hacia las fuerzas de seguridad.
 
Una política económica que está destrozando fuentes de trabajo y todos los días envía decenas de miles de personas a la pobreza y la miseria, solamente puede contener la protesta con represión. Y para eso necesita meterle en la cabeza a las fuerzas de seguridad que sus compatriotas son posibles enemigos.
 
En esa línea de pensamiento, cuando fue interpelada en el Congreso por la muerte y desaparición de Santiago Maldonado en el sur, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich dijo que no iba "a tirar a un policía o a un gendarme por la ventana, esa es la fácil, la que han hecho siempre". Y agregó: "necesito a esa institución para todo lo que estamos haciendo, para la tarea de fondo que está haciendo este gobierno".
 
No está en la voluntad de este gobierno  castigar a un efectivo de las fuerzas de seguridad que abuse de la violencia, que dispare con plomo o que mate por la espalda en el contexto de la represión a un grupo de civiles desarmados, porque los necesita para "la tarea de fondo que estamos haciendo", como lo explicó con diáfana claridad la ministra Bullrich.
 
Es la línea que los efectivos reciben en las escuelas y los cursos de formación junto con la promesa de que serán protegidos cuando apliquen esa violencia.
 
En esa sesión en el Congreso, la ministra dijo que este gobierno respeta los derechos humanos. Pero cada vez que se plantea una situación de este tipo pareciera que no corren para la protesta social y que los entienden como en los viejos dichos de los defensores de la represión: "los argentinos somos derechos y humanos" o "derechos humanos para los humanos derechos".
 
Para la derecha, los derechos humanos son un juego de palabras, pero lo que está en juego es la vida.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 

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Hasta los billonarios se quejan del Gobierno de los Ricos
Urtubey: otro que se queja, dice que no le alcanza el sueldo. Mientas el índice de inflación sigue creciendo y la canasta de bienes y servicios básicos deja a más gente por debajo de la línea de pobreza –subió un 54,6 por ciento en los últimos doce meses-, el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, aseguró que su sueldo como gobernador no le alcanza y que “afortunadamente” tiene ingresos de la actividad agropecuaria. “La vamos peleando”, sostuvo. De acuerdo a la información publicada en el sitio oficial de la provincia, el gobernador percibe un salario bruto de 114.595 pesos, unos 97.854 pesos de bolsillo.
17-02-2019 / 09:02
La aceleración de los precios en el comienzo del año hizo saltar las alarmas en la Casa Rosada.
 
Es que las consecuencias del repunte inflacionario registrado por el INDEC durante enero (2,9% versus 2,6% de diciembre) van más allá del offside presidencial de Macri, quien dijo que "está empezando a bajar la inflación" un día antes de ser desmentido por el dato oficial.
 
El hecho es que la inflación vuelve a crecer como la principal preocupación de los argentinos y, a la par, baja la imagen del Gobierno y se perjudican sus perspectivas para las elecciones.
 
Según una encuesta de la consultora Synopsis, el 34,9% de los argentinos consideran hoy al alza de precios como el principal problema del país. Así, el tema vuelve al primer plano (subió 4,3% en el último sondeo) luego de haber venido en baja desde noviembre, acompañando el freno a la inflación que se vio en el último bimestre de 2018.
 
El desempleo (19,1%) es otra cuestión económica que escala como amenazante en el imaginario de los encuestados, escoltado por la corrupción (19,7%) y la inseguridad (13,1), dos temas que dan más comodidad a Cambiemos de cara a la disputa en las urnas.
 
Ante los precios que no detienen su marcha, la valoración negativa del desempeño de la administración nacional registró un fuerte incremento (+6,5%) y una leve caída de la valoración positiva (-1,1%). De esta manera, un 58% evalúa de manera negativa al Gobierno y se reducen a un 25,6% los que lo ven bajo una luz positiva.
 
Si existe un vínculo entre el nivel de la inflación y la valoración de la gestión, las cosas podrían empeorar para Macri. Distintas consultoras anticipan que en febrero los precios no se aplacarán, sino que su trepada será todavía más importante que la de enero.
 
Desde LG -fundada por Martín Lousteau- prevén un índice de 3,5%, mientras que Elypsis calcula una suba del 3,8%. Las más moderadas, como Eco Go, postulan un 3%.
 
En medio de la recesión que marcan los indicadores de actividad en la industria, construcción y comercio, el ánimo de los votantes no evoluciona de la mejor manera para Cambiemos.

17-02-2019 / 08:02
El miércoles por la tarde, el presidente Mauricio Macri sostuvo que la inflación estaba bajando y que comenzaba el tiempo de volver a crecer en la Argentina. Un día después, el Indec -o sea, la realidad- lo desmintió: la inflación está subiendo y, dentro de ella, lo que más sube es el precio de los alimentos.
 
No se trató de un episodio aislado. Pocos días antes de asumir, el Presidente anunció que eliminaría los controles de cambios y que eso no tendría efectos sobre los precios porque "ya están al nivel del dólar a 15": la respuesta de la realidad fue tremenda.
 
En aquellos días felices, el Gobierno pronosticó también que la inflación sería de 24 puntos en 2016 y de un dígito este año: la realidad volvió a responder con violencia.
 
En esa seguidilla de derrotas se puede percibir un problema histórico del país -su dificultad para vencer la inflación- y otro del presidente -su limitación para entender los motivos de su propio fracaso, la persistencia en el error, su rigidez extrema.
 
En unos años, este problema podría ser motivo de un interesante debate teórico titulado "¿por qué la Argentina fracasó nuevamente?". Pero en estos días, se trata de un asunto serio, en parte porque, al menos hasta hoy, Mauricio Macri sigue siendo, por leve margen, el favorito para gobernar la Argentina en el período que viene.
 
En el Gobierno, algunas personas repiten como un mantra que los primeros mandatos de Macri -en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires- fueron muy turbulentos y los segundos compensaron con resultados sorprendentes.
 
Si no aplica nuevos enfoques, ese eventual segundo mandato puede ser aun más accidentado que el primero. Pero además, si llega a perder las elecciones, los fracasos de Macri encierran lecciones para quien lo suceda.
 
Quien recorra brevemente hacia atrás la lucha del Presidente contra la inflación, deberá rendirse ante cierta perplejidad. En el principio, el Presidente anunció que la liberación del cepo no produciría un aumento precios.
 
¿De dónde salió semejante idea, en un país donde la relación entre la suba del dólar y la de los precios es un clásico, una constante, una patología? Gran parte del mundo económico -Espert, la UIA, Ferreres, Melconian- le advirtió que estaba equivocado. Era una obviedad. Él decidió apretar el botón.
 
Luego, pronosticó que la tasa de inflación del primer año sería del 24 por ciento. Otro contrasentido. Ese había sido el aumento de precios del 2015. Y el Gobierno le echaría nafta con un aumento fuerte de tarifas y una bruta devaluación. ¿Por qué razón la inflación no iba a aumentar si se tomaban medidas que, para cualquier principiante, tendrían ese efecto? 

16-02-2019 / 09:02
A continuación, las palabras del excelentísimo señor presidente de la Nación, don Mauricio Macri: "Tras el golpe duro del año pasado, ya está bajando la inflación". El hombre habla porque es gratis. El miércoles, un día antes de que el Indec anunciara que la inflación de enero fue casi del ¡¡¡treees por ciento!!! (2,9), Macri largó suelto de cuerpo que el flagelo va en descenso.
 
No hay salario que aguante y el mayor responsable se hace el oso. Las cifras de la economía parecen un campo de batalla con la industria que funciona al 56 por ciento de su capacidad, con 750 Pymes y 2550 comercios que cierran por mes.
 
Un escenario dramático que los medios del oficialismo tratan de ocultar como pueden aunque esas cifras destrozan la economía familiar, aumentan el desempleo, la pobreza y la marginalidad. "Estamos mejor que en el 2015", repitió con desparpajo en esa entrevista a una radio de San Luis.
 
La clase media que ha sido el principal argumento del triunfo electoral del macrismo es fuertemente agredida por este bombardeo persistente sobre su calidad de vida. Una clase media que se dispone a votar en este año con la cabeza repartida entre la tragedia concreta de la economía y el imaginario casi infantil que le propone el discurso macrista contra viento y marea.
 
Las encuestas pivotean sobre esa disputa sorprendente entre el imaginario emotivo y la inteligencia y muestran todavía que una parte significativa de esa misma clase media se resiste a abandonar los sueños incumplidos. Es la puja fascinante entre la carga subjetiva que la pinta rubia y de ojos celestes y una economía que la está mandando al tacho.
 
En el plano de la política pareciera que la mayoría apuesta a los efectos destructivos de la economía macrista por sobre lo subjetivo. Así, los aliados del oficialismo se alejan cada vez más o se muestran más reacios. Y los aliados más débiles, aprovechan para comer de las sobras.
 
El radicalismo, que le ha dado territorialidad a la alianza de gobierno empieza a sacudirse la subordinación que mantuvo con el PRO y está logrando imponer sus candidatos a gobernador. Al mismo tiempo desdobló las elecciones en sus distritos para no ser arrastrado por la presumible caída de la imagen de Macri.
 
El protagonismo que adquirió el radicalismo, tras ser el amigo sumiso del gobierno, ahora lo lleva a insistir con una interna con Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta en la CABA, al mismo tiempo que interviene a la regional Santa Fe porque no quiso separarse de los socialistas. Son movimientos en los que apuestan al debilitamiento de Macri como candidato, pero no para confrontarlo, sino para disputar espacio en la interna oficialista.
 
La base radical conservadora, que ha sido fiel a la alianza con el macrismo, es la que expresa con más claridad esa dualidad entre el imaginario y la economía, o entre la subjetividad y la razón. La cúpula partidaria oscila en esa dicotomía esquizofrénica y la representa en la política con el riesgo de convertirse ante la historia en responsable de los desatinos del PRO.

15-02-2019 / 11:02
El presidente Mauricio Macri volvió a ser cacheteado por el INDEC. Luego de asegurar -otra vez- que "la inflación está bajando", contra todos los pronósticos del Gobierno la inflación en lugar de caer volvió a acelerarse.
 
El Indec reconoció una suba del 2,9%, muy por encima del 2,6% de diciembre. Si se toman los últimos doce meses, llega a 49,3%, la más alta desde enero de 1992. Los alimentos empujaron la escalada. En la Ciudad de Buenos Aires, la suba de los precios minoristas fue de 3,8 por ciento en enero.
 
La inflación de enero fue impulsada por alimentos y bebidas, servicios públicos, comunicación y turismo. En alimentos y bebidas, que compone el centro de la canasta básica, el aumento de los precios en los últimos doce meses es del 53%, lo cual explica el fuerte aumento de los indicadores de pobreza e indigencia en la última parte del año pasado.
 
La inercia inflacionaria de 2018, junto a los aumentos de costos derivados de la devaluación que todavía no se trasladaron a los precios minoristas y la catarata de aumentos de servicios públicos determinan que la expectativa de inflación para este año no baje del 30%.
 
La inflación de 2,9% en enero es sorprendente en una economía en donde el consumo interno está muy debilitado y el dólar no registró mucha movilidad en el marco de un profundo ajuste fiscal y monetario. Sin embargo, la suba del dólar de 120% el año pasado junto a los grandes tarifazos sobre una economía cuyos precios se movía al 25 % anual antes de la crisis cambiaria multiplicó la inercia inflacionaria.
 
Esto quiere decir que los actores económicos incorporaron la indexación de los precios con números cada vez más grandes. Además, todavía existe una brecha de 20 puntos entre la suba que registran los precios mayoristas y el incremento de los minoristas.
 
El dato del 49,3% es horrible porque pone en tela de juicio el sentido del enorme sacrificio que Macri le pide a la sociedad, con el único objetivo visible de equilibrar el déficit para bajar la inflación. Sería difícil esperar que febrero muestre un incremento de precios menor al de enero. Este mes empezaron a regir nuevos aumentos en el transporte, la luz, las prepagas y la garrafa social. También se preparan nuevos aumentos en el gas (de 35 %).
 
Aunque los medios afines al gobierno se empeñan en pronosticar para el año una inflación por debajo de 30 %, las decisiones oficiales le meten fuerte presión a los precios. Según transcendidos periodísticos, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne le advirtió a Macri que no va a bajar hasta mayo pero, ¿si tampoco baja en mayo?
 
La Opinión Popular

14-02-2019 / 10:02
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