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Nacionales - 23-11-2018 / 08:11

Con Macri, la desigualdad social es enorme porque el poder económico capturó al Estado

Con Macri, la desigualdad social es enorme porque el poder económico capturó al Estado
La captura del Estado por las elites poderosas está mellando la confianza en la democracia. Según una encuesta de Latinbarómetro mencionada en el trabajo el 65% de los latinoamericanos dice estar insatisfecho con una democracia gobernada a favor de los ricos. Un 75% de argentinos considera que Macri gobierna para los poderosos.
El 10% de argentinos de mayores ingresos paga efectivamente de impuesto a las Ganancias un promedio de tan solo 9,6% de lo que recibe, según el Panorama Social de América Latina que la Cepal publicó este año. El porcentaje de 10% es obviamente muy inferior a la tasa legal vigente de Impuesto a las Ganancias y es menos de la mitad del porcentaje que el decil más alto abona en los países de la Unión Europea, donde llega al 21,3 por ciento.
 
A pesar de esa evidente escasa carga tributaria sobre los contribuyentes más acomodados, hay una idea bastante extendida en el sentido contrario, y una insistente y profusa campaña que se queja de que el gravamen a la renta personal es muy elevado e insiste y machaca para que se lo reduzca aún más.
 
Las élites económicas vienen ganando influencia en el funcionamiento de las democracias y en la determinación de las ideas dominantes. Entre los mecanismos de captura más destacados figura el financiamiento de las campañas electorales y de la política en general, con el elemental objetivo de obtener la correspondiente contraprestación a través de la promoción de medidas favorables o el bloqueo de políticas inconvenientes.
 
Otro de los mecanismos de captura es la denominada "puerta giratoria", a través de la cual empresarios o ejecutivos de grandes compañías pasan a ocupar cargos estratégicos en el Estado, y en muchos casos regresan al sector privado sin que medie una ventana de tiempo razonable y prudencial.
 
Al respecto la Argentina es un ejemplo arquetípico. Un porcentaje importante de los funcionarios de Mauricio Macri ocupó alguna vez un puesto de alta o media/alta gerencia en el sector privado, particularmente en la actividad financiera, en el negocio de la energía y en los servicios.
 
Otra de las vías de captura son las campañas mediáticas, que a través de dinero y aprovechando la gran concentración de medios existente en la región facilitan que el poder instale agenda y difunda ampliamente su mensaje, ya sea a favor de medidas de su conveniencia o con campañas que buscan instalar el miedo a la desinversión si se aplican políticas contrarias a sus intereses.
 
La captura del Estado determina los altísimos niveles de desigualdad vigentes en la región. En América Latina y el Caribe el 10 % más rico concentra el 68 % de la riqueza, mientras el 50 % más pobre sólo accede al 3,5 %. A su vez, el 1 % más rico concentra el 37 % de la riqueza, superando el 33 % que tenía a comienzos de este siglo.
 
La captura del Estado por las elites poderosas está mellando la confianza en la democracia. Según una encuesta de Latinbarómetro mencionada en el trabajo el 65% de los latinoamericanos dice estar insatisfecho con una democracia gobernada a favor de los ricos. Un 75% de argentinos considera que Macri gobierna para los poderosos.

Este fenómeno que es una de las causas de la inequidad tributaria vigente en la Argentina fue descripto por la española Rosa Cañete Alonso en una de las tantas presentaciones que formaron parte del Foro de Pensamiento Crítico que se desarrolló esta semana en Buenos Aires.
 
El trabajo elaborado en conjunto por la ONG Oxfam y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) detectó los mecanismos a través de los cuales las élites económicas de América Latina vienen ganando influencia en el funcionamiento de las democracias y en la determinación de las ideas dominantes.
 
Lógicamente, la presentación de Rosa Cañete Alonso no tuvo la repercusión de la exposición que realizaron en ese evento Cristina Fernández de  Kirchner o de Dilma Rousseff, pero su lectura y comprensión aportaría mucho a los interesados en comprender por qué el poder económico y sus ideas están ganando espacio en la Argentina, en Brasil y en varios otros países de la región.
 
El trabajo se titula Democracias Capturadas: El Gobierno de Unos Pocos, y desarrolla los mecanismos por los cuales las élites se adueñan de la política fiscal y su impacto desfavorable para los niveles de desigualdad.
 
Plantea que sólo en un "Estado capturado que privilegia a unos pocos frente a la mayoría de la población puede ocurrir que las políticas públicas reduzcan y limiten los derechos de la ciudadanía", y sostiene que esa captura es posible debido a que "las desigualdades de poder y de influencia les permiten a ciertas élites dominar los procesos de decisiones políticas y poner al Estado a su servicio".
 
El análisis se basa en 13 casos en diversos países de la región en los que las élites actuaron para diseñar e implementar la política fiscal en su propio beneficio y a costa del bien común.
 
Entre los mecanismos de captura más destacados figura el financiamiento de las campañas electorales y de la política en general, con el elemental objetivo de obtener la correspondiente contraprestación a través de la promoción de medidas favorables o el bloqueo de políticas inconvenientes.
 
Aunque este ensayo no lo cita, el ejemplo más elocuente lo reveló el periodista Hugo Alconada Mon en su libro La Raíz de todos los Males, donde relató que Mauricio Macri les pedía a los empresarios que aporten a la campaña el 1% del patrimonio con el argumento de que el restante 99% iba a valer mucho más si él ganaba la presidencia.
 
Aunque es probable que el fracaso económico de Cambiemos no haya favorecido a muchos de los grandes empresarios, hay sobrados indicios y razones para creer que la primera parte del trato se cumplió.
 
 
La puerta giratoria
 
Volviendo al trabajo dirigido por Rosa Cañete Alonso, otro de los mecanismos de captura es la denominada "puerta giratoria", a través de la cual empresarios o ejecutivos de grandes compañías pasan a ocupar cargos estratégicos en el Estado, y en muchos casos regresan al sector privado sin que medie una ventana de tiempo razonable y prudencial.
 
Al respecto la Argentina es un ejemplo arquetípico. El estudio cita una investigación de la Universidad Nacional de San Martín que demostró que casi un tercio de los funcionarios del gabinete de Macri ocupó alguna vez un puesto de alta o media/alta gerencia en el sector privado, particularmente en la actividad financiera, en el negocio de la energía y en los servicios profesionales.
 
En la lista de mecanismos de captura sobresale la corrupción. Como ejemplo paradigmático de la región el ensayo ejemplifica con el caso Odebrecht, y en una elaboración propia sobre la base del acuerdo al que llegó la compañía brasileña con el Departamento de Justicia de Estados Unidos establece que los USD 35 millones de sobornos que pagaron en la Argentina les permitió obtener ganancias por USD 278 millones. Un rendimiento descomunal.
 
Otra de las vías de captura son las campañas mediáticas, que a través de dinero y aprovechando la gran concentración de medios existente en la región facilitan que el poder instale agenda y difunda ampliamente su mensaje, ya sea a favor de medidas de su conveniencia o con campañas que buscan instalar el miedo a la desinversión si se aplican políticas contrarias a sus intereses.
 
El llamado "velo técnico" es otra de las herramientas. Refiere a la supuesta autoridad y legitimidad argumental en asuntos intrincados que las elites logran imponer a través de especialistas y think tanks financiados por ellos.
 
El trabajo atribuye a la captura del Estado los altísimos niveles de desigualdad vigentes en la región. En América Latina y el Caribe el 10 por ciento más rico concentra el 68 por ciento de la riqueza, mientras el 50 por ciento más pobre sólo accede al 3,5 por ciento. A su vez, el 1 por ciento más rico concentra el 37 por ciento de la riqueza, superando el 33 por ciento que tenía a comienzos de este siglo.
 
Para el caso argentino, una manera de ilustrar las consecuencias de la interferencia de las elites en la política es la escasa mejora que registra la desigualdad por el accionar del Estado.
 
 
Indicador de brecha de ingresos
 
Si se lo mide por el índice Gini (un indicador que varía entre 0 y 1, siendo 0 en el hipotético caso que todos reciban lo mismo y 1 en el extremo opuesto donde uno se queda con todo), la intervención del Estado mediante impuestos y subsidios sólo reduce el Gini de 0,54 a 0,47. El impacto sería mucho mayor si se aplicaran las medidas que el estudio propone, como por ejemplo más impuestos patrimoniales y a los altos ingresos en desmedro de los impuestos al consumo.
 
El ensayo da cuenta de un estudio realizado en la Argentina hace algunos años por la ONG Commitment to Equity (Compromiso con la Equidad), según el cual debido a la aplicación de un IVA muy elevado e impuestos progresivos bajos, 2,2 millones de personas caían en la categoría de pobres.
 
La captura del Estado por las elites poderosas está mellando la confianza en la democracia. Según una encuesta de Latinbarómetro mencionada en el trabajo el 65% de los latinoamericanos dice estar insatisfecho con una democracia gobernada a favor de los ricos.
 
Y esta no es una caracterización original para con el gobierno de Macri. Como se advierte en el gráfico previo un 75% de argentinos considera que gobierna para los poderosos.  Es un porcentaje impactante, pero equivalente al promedio de la región.
 
Por Marcelo Zlotogwiazda
 
Fuente: Infobae
 

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17-02-2019 / 09:02
La aceleración de los precios en el comienzo del año hizo saltar las alarmas en la Casa Rosada.
 
Es que las consecuencias del repunte inflacionario registrado por el INDEC durante enero (2,9% versus 2,6% de diciembre) van más allá del offside presidencial de Macri, quien dijo que "está empezando a bajar la inflación" un día antes de ser desmentido por el dato oficial.
 
El hecho es que la inflación vuelve a crecer como la principal preocupación de los argentinos y, a la par, baja la imagen del Gobierno y se perjudican sus perspectivas para las elecciones.
 
Según una encuesta de la consultora Synopsis, el 34,9% de los argentinos consideran hoy al alza de precios como el principal problema del país. Así, el tema vuelve al primer plano (subió 4,3% en el último sondeo) luego de haber venido en baja desde noviembre, acompañando el freno a la inflación que se vio en el último bimestre de 2018.
 
El desempleo (19,1%) es otra cuestión económica que escala como amenazante en el imaginario de los encuestados, escoltado por la corrupción (19,7%) y la inseguridad (13,1), dos temas que dan más comodidad a Cambiemos de cara a la disputa en las urnas.
 
Ante los precios que no detienen su marcha, la valoración negativa del desempeño de la administración nacional registró un fuerte incremento (+6,5%) y una leve caída de la valoración positiva (-1,1%). De esta manera, un 58% evalúa de manera negativa al Gobierno y se reducen a un 25,6% los que lo ven bajo una luz positiva.
 
Si existe un vínculo entre el nivel de la inflación y la valoración de la gestión, las cosas podrían empeorar para Macri. Distintas consultoras anticipan que en febrero los precios no se aplacarán, sino que su trepada será todavía más importante que la de enero.
 
Desde LG -fundada por Martín Lousteau- prevén un índice de 3,5%, mientras que Elypsis calcula una suba del 3,8%. Las más moderadas, como Eco Go, postulan un 3%.
 
En medio de la recesión que marcan los indicadores de actividad en la industria, construcción y comercio, el ánimo de los votantes no evoluciona de la mejor manera para Cambiemos.

17-02-2019 / 08:02
El miércoles por la tarde, el presidente Mauricio Macri sostuvo que la inflación estaba bajando y que comenzaba el tiempo de volver a crecer en la Argentina. Un día después, el Indec -o sea, la realidad- lo desmintió: la inflación está subiendo y, dentro de ella, lo que más sube es el precio de los alimentos.
 
No se trató de un episodio aislado. Pocos días antes de asumir, el Presidente anunció que eliminaría los controles de cambios y que eso no tendría efectos sobre los precios porque "ya están al nivel del dólar a 15": la respuesta de la realidad fue tremenda.
 
En aquellos días felices, el Gobierno pronosticó también que la inflación sería de 24 puntos en 2016 y de un dígito este año: la realidad volvió a responder con violencia.
 
En esa seguidilla de derrotas se puede percibir un problema histórico del país -su dificultad para vencer la inflación- y otro del presidente -su limitación para entender los motivos de su propio fracaso, la persistencia en el error, su rigidez extrema.
 
En unos años, este problema podría ser motivo de un interesante debate teórico titulado "¿por qué la Argentina fracasó nuevamente?". Pero en estos días, se trata de un asunto serio, en parte porque, al menos hasta hoy, Mauricio Macri sigue siendo, por leve margen, el favorito para gobernar la Argentina en el período que viene.
 
En el Gobierno, algunas personas repiten como un mantra que los primeros mandatos de Macri -en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires- fueron muy turbulentos y los segundos compensaron con resultados sorprendentes.
 
Si no aplica nuevos enfoques, ese eventual segundo mandato puede ser aun más accidentado que el primero. Pero además, si llega a perder las elecciones, los fracasos de Macri encierran lecciones para quien lo suceda.
 
Quien recorra brevemente hacia atrás la lucha del Presidente contra la inflación, deberá rendirse ante cierta perplejidad. En el principio, el Presidente anunció que la liberación del cepo no produciría un aumento precios.
 
¿De dónde salió semejante idea, en un país donde la relación entre la suba del dólar y la de los precios es un clásico, una constante, una patología? Gran parte del mundo económico -Espert, la UIA, Ferreres, Melconian- le advirtió que estaba equivocado. Era una obviedad. Él decidió apretar el botón.
 
Luego, pronosticó que la tasa de inflación del primer año sería del 24 por ciento. Otro contrasentido. Ese había sido el aumento de precios del 2015. Y el Gobierno le echaría nafta con un aumento fuerte de tarifas y una bruta devaluación. ¿Por qué razón la inflación no iba a aumentar si se tomaban medidas que, para cualquier principiante, tendrían ese efecto? 

16-02-2019 / 09:02
A continuación, las palabras del excelentísimo señor presidente de la Nación, don Mauricio Macri: "Tras el golpe duro del año pasado, ya está bajando la inflación". El hombre habla porque es gratis. El miércoles, un día antes de que el Indec anunciara que la inflación de enero fue casi del ¡¡¡treees por ciento!!! (2,9), Macri largó suelto de cuerpo que el flagelo va en descenso.
 
No hay salario que aguante y el mayor responsable se hace el oso. Las cifras de la economía parecen un campo de batalla con la industria que funciona al 56 por ciento de su capacidad, con 750 Pymes y 2550 comercios que cierran por mes.
 
Un escenario dramático que los medios del oficialismo tratan de ocultar como pueden aunque esas cifras destrozan la economía familiar, aumentan el desempleo, la pobreza y la marginalidad. "Estamos mejor que en el 2015", repitió con desparpajo en esa entrevista a una radio de San Luis.
 
La clase media que ha sido el principal argumento del triunfo electoral del macrismo es fuertemente agredida por este bombardeo persistente sobre su calidad de vida. Una clase media que se dispone a votar en este año con la cabeza repartida entre la tragedia concreta de la economía y el imaginario casi infantil que le propone el discurso macrista contra viento y marea.
 
Las encuestas pivotean sobre esa disputa sorprendente entre el imaginario emotivo y la inteligencia y muestran todavía que una parte significativa de esa misma clase media se resiste a abandonar los sueños incumplidos. Es la puja fascinante entre la carga subjetiva que la pinta rubia y de ojos celestes y una economía que la está mandando al tacho.
 
En el plano de la política pareciera que la mayoría apuesta a los efectos destructivos de la economía macrista por sobre lo subjetivo. Así, los aliados del oficialismo se alejan cada vez más o se muestran más reacios. Y los aliados más débiles, aprovechan para comer de las sobras.
 
El radicalismo, que le ha dado territorialidad a la alianza de gobierno empieza a sacudirse la subordinación que mantuvo con el PRO y está logrando imponer sus candidatos a gobernador. Al mismo tiempo desdobló las elecciones en sus distritos para no ser arrastrado por la presumible caída de la imagen de Macri.
 
El protagonismo que adquirió el radicalismo, tras ser el amigo sumiso del gobierno, ahora lo lleva a insistir con una interna con Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta en la CABA, al mismo tiempo que interviene a la regional Santa Fe porque no quiso separarse de los socialistas. Son movimientos en los que apuestan al debilitamiento de Macri como candidato, pero no para confrontarlo, sino para disputar espacio en la interna oficialista.
 
La base radical conservadora, que ha sido fiel a la alianza con el macrismo, es la que expresa con más claridad esa dualidad entre el imaginario y la economía, o entre la subjetividad y la razón. La cúpula partidaria oscila en esa dicotomía esquizofrénica y la representa en la política con el riesgo de convertirse ante la historia en responsable de los desatinos del PRO.

15-02-2019 / 11:02
El presidente Mauricio Macri volvió a ser cacheteado por el INDEC. Luego de asegurar -otra vez- que "la inflación está bajando", contra todos los pronósticos del Gobierno la inflación en lugar de caer volvió a acelerarse.
 
El Indec reconoció una suba del 2,9%, muy por encima del 2,6% de diciembre. Si se toman los últimos doce meses, llega a 49,3%, la más alta desde enero de 1992. Los alimentos empujaron la escalada. En la Ciudad de Buenos Aires, la suba de los precios minoristas fue de 3,8 por ciento en enero.
 
La inflación de enero fue impulsada por alimentos y bebidas, servicios públicos, comunicación y turismo. En alimentos y bebidas, que compone el centro de la canasta básica, el aumento de los precios en los últimos doce meses es del 53%, lo cual explica el fuerte aumento de los indicadores de pobreza e indigencia en la última parte del año pasado.
 
La inercia inflacionaria de 2018, junto a los aumentos de costos derivados de la devaluación que todavía no se trasladaron a los precios minoristas y la catarata de aumentos de servicios públicos determinan que la expectativa de inflación para este año no baje del 30%.
 
La inflación de 2,9% en enero es sorprendente en una economía en donde el consumo interno está muy debilitado y el dólar no registró mucha movilidad en el marco de un profundo ajuste fiscal y monetario. Sin embargo, la suba del dólar de 120% el año pasado junto a los grandes tarifazos sobre una economía cuyos precios se movía al 25 % anual antes de la crisis cambiaria multiplicó la inercia inflacionaria.
 
Esto quiere decir que los actores económicos incorporaron la indexación de los precios con números cada vez más grandes. Además, todavía existe una brecha de 20 puntos entre la suba que registran los precios mayoristas y el incremento de los minoristas.
 
El dato del 49,3% es horrible porque pone en tela de juicio el sentido del enorme sacrificio que Macri le pide a la sociedad, con el único objetivo visible de equilibrar el déficit para bajar la inflación. Sería difícil esperar que febrero muestre un incremento de precios menor al de enero. Este mes empezaron a regir nuevos aumentos en el transporte, la luz, las prepagas y la garrafa social. También se preparan nuevos aumentos en el gas (de 35 %).
 
Aunque los medios afines al gobierno se empeñan en pronosticar para el año una inflación por debajo de 30 %, las decisiones oficiales le meten fuerte presión a los precios. Según transcendidos periodísticos, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne le advirtió a Macri que no va a bajar hasta mayo pero, ¿si tampoco baja en mayo?
 
La Opinión Popular

14-02-2019 / 10:02
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