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Nacionales - 17-11-2018 / 10:11
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Cambiemos aprobó un presupuesto que es la expresión más clara de su dramático fracaso

Cambiemos aprobó un presupuesto que es la expresión más clara de su dramático fracaso
El Presupuesto 2019 en rojo que aprobó el Senado, en vez de asignar partidas, las retira. Es un presupuesto al revés. Se trata de una lista que enumera cuánto se saca de cada rubro, un anti presupuesto. El país está en rojo pero no por comunista sino por quebrado. El gobierno de Cambiemos aprobó un presupuesto que es la expresión más clara de su dramático fracaso. Dramático para la gente de a pie, a la que los mismos que han hecho este desastre le reclaman sacrificios.
El Presupuesto 2019 en rojo que aprobó el Senado, en vez de asignar partidas, las retira. Es un presupuesto al revés. Se trata de una lista que enumera cuánto se saca de cada rubro, un anti presupuesto.
 
El país está en rojo pero no por comunista sino por quebrado. El gobierno de Cambiemos aprobó un presupuesto que es la expresión más clara de su dramático fracaso. Dramático para la gente de a pie, a la que los mismos que han hecho este desastre le reclaman sacrificios.
 
Muchos de ellos lo votaron, engañados, seducidos por promesas que nunca se cumplieron o por razones en las que cada uno habrá creído, pero ya no se trata de creer, las consecuencias están a la vista, duelen en el alma, en la panza y en el bolsillo: casi 50 por ciento de inflación en 2018 y cien por ciento de devaluación, con un 20 por ciento de pérdida de capacidad adquisitiva del salario y el cierre de miles de empresas y comercios.
 
Eso fue 2018, pero el Presupuesto que se aprobó el miércoles anuncia un 2019 aun peor. Ni siquiera lo pueden ocultar los medios y los periodistas del oficialismo.
 
La quiebra del país es indefendible, 2019 será un año difícil para la clase media y los sectores más humildes. La caída de la industria, más del 11 por ciento, es un dato que arrastra a miles de familias a la miseria. En todo el planeta hubo un sólo país con peor resultado en ese andarivel y fue Burundi.
 
No se está pagando ninguna fiesta. El gobierno de radicales y macristas asumió con muy poca deuda. Si hubo una fiesta, ya estaba pagada cuando asumió Mauricio Macri.
 
En cambio el país que recibirán los que ganen las próximas elecciones arrastrará la deuda inmensa que se tomó en estos años y que solamente sirvió para enriquecer a unos pocos.
 
Una deuda que el Fondo Monetario no tendría que haber concedido en condiciones claramente impagables. En el nuevo presupuesto bajan las partidas para salud y educación y la única que aumenta es para el pago de deuda externa.
 
Los medios, incluso los oficialistas, cuentan las monedas que habrá para ciencia y técnica, imaginan lo que faltará en los hospitales o los precios a los que volará el transporte y los demás servicios dolarizados y sin subsidios. Ha sido el avispón que molestó al gobierno. Empieza el año electoral y cada vez es más evidente que el eje de los opositores será la demolición de la gestión de Cambiemos

 
Empieza el año electoral y cada vez es más evidente que el eje de los opositores será la demolición de la gestión de Cambiemos. El gobierno también lo sabe. Y apela entonces a su único argumento: la persecución al kirchnerismo y a Cristina Kirchner en particular.
 
Es como el cuento del tío. Cambiemos dice "oia, miren para allá", y cuando el tipo se dio vuelta para ver el pajarito, lo dejaron sin billetera. El Presupuesto se aprobó el miércoles, al otro día los medios se rasgaban las vestiduras por las penurias que anuncia.
 
Inmediatamente los legisladores del oficialismo anunciaron que insistirán el martes con el desafuero de Cristina Kirchner en la causa de fantasía donde se la acusa de traición a la patria. A esta altura, el señor tiene que darse cuenta que esas causas son el pajarito con que lo distraen para manotearle la billetera.
 
El discurso impecable de Cristina Kirchner para fundamentar su rechazo al Presupuesto confirmó que está muy por encima del promedio de la política local y explicó el temor que le tienen. Al que le guste la política, puede estar de acuerdo o no, hasta le puede caer antipática la ex presidenta, pero es imposible dejar de reconocer su calidad.
 
Y esa estrategia de persecución para polarizar con ella o distraer la atención, como en este caso, tiene un punto de inflexión que ya no está muy lejos. Es un proceso que todavía está en su inicio, pero a partir de ese punto la confrontación terminará convirtiéndose en proselitismo.
 
Por más boba que sea la víctima, el cuento del tío y el de mirar al pajarito sirven para una vez, aunque el votante de Cambiemos puede dar sorpresas que después pagará el resto de la sociedad.
 
El escenario parlamentario dejó entrever hilachas del movedizo universo electoral. Aunque todo está fluido, la foto de hoy perfila dos centros de confluencia en el peronismo.
 
Por un lado la estructura del PJ que conduce José Luis Gioja, más el kirchnerismo y el grueso del movimiento gremial, algunos gobernadores, los intendentes bonaerenses y una parte que viene del massismo. Por la otra, Miguel Pichetto, algunos gobernadores, como Juan Schiaretti, más la mayoría del Frente Renovador que quedó con Sergio Massa.
 
En los últimos poroteos, las alianzas entre peronistas pesaron más que los cantos de sirena del oficialismo, que sacaba provecho de las diferencias en el peronismo.
 
La aprobación del Presupuesto implicó el resquebrajamiento del bloque que encabeza Pichetto en el Senado. Y en la votación para la Magistratura, el peronismo ganó dos representantes del Senado y otros dos en Diputados, para lo que debieron confluir el interbloque de Felipe Solá, el del Frente Renovador, el Bloque Justicialista y el Frente para la Victoria.
 
Analistas y focus group decían hasta hace poco que el votante del massismo se inclinaba más hacia el macrismo que hacia el peronismo en una segunda vuelta. Los movimientos en el Congreso estarían dando cuenta de los corrimientos en el ánimo de esas bases.
 
Los focus group empiezan a dar señales de que la molestia por el desastre en la economía pesa más que el rechazo al peronismo. Es una señal de segunda vuelta que modela nuevos realineamientos.
 
Hay que borrar el recuerdo nefasto del presupuesto y el recuento de las penurias que implica. Sale el pedido de desafuero a Cristina con fritas para que los medios oficialistas titulen sus primeras planas. Y de aperitivo, aparecen los atentados anarkotrozkokirchneristas.
 
En el del cementerio, salió herida la joven que fue a poner la bomba en una tumba. El blanco era un muerto y le salió mal. Y además resulta que según las redes, tiene una tía kirchnerista. En el otro atentado, en el domicilio del juez Claudio Bonadio, el terrorista es filmado de frente y perfil mientras pone la bomba. Son de terror. Más catrasca, imposible.
 
Están los dos presos, junto con una cantidad de punk y okupas en casas derruidas y comunidades cuasimenesterosas. Se viene el G-20 y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, se quiso lucir por la rapidez con que detuvo a los frustrados terroristas.
 
Ya llega el G-20 y Bullrich tiene a los anarquistas para mostrar, y ahora se consiguió a dos ciudadanos musulmanes acusados de integrar Hezbollah a los que vienen investigando desde enero. Pero el circo es para las visitas importantes.
 
Los vienen investigando desde enero y no tienen una sola prueba para sostener la acusación ni el humillante operativo y detención a las que fueron sometidos. La historia del video que no existe se parece a la de los cuadernos que no existen pero que sirvieron para meter presa a un montón de personas como parte de un gran operativo mediático que trató de ocultar la desesperada negociación del gobierno con el FMI.
 
Un tipo anónimo denunció a la DAIA que había un video donde los muchachos detenidos entrenaban con un fusil AK47. No existe el video y tampoco el fusil. No se entiende para qué los detuvieron ni porqué los investigaron tanto tiempo si no había siquiera indicios para hacerlo.
 
Pero en el mundo de los jefes de policía y organismos de seguridad occidentales que ya están llegando al país cotiza detener a dos jóvenes musulmanes y acusarlos de pertenecer a Hezbollah.
 
Aunque los muchachos detenidos sean inocentes, el barullo que armó Bullrich le sirve para demostrar identidad de intereses, afinidad ideológica y colaboración con los peces gordos que vienen con la seguridad de Donald Trump y otros mandatarios occidentales.
 
Argentina tiene una honrosa tradición de convivencia pacífica entre las colectividades árabe y judía. En el barrio de Floresta, donde se produjeron las detenciones, se puede ver a las mujeres árabes con sus hiyab y a judíos ortodoxos con el shtreimel en sus cabezas. Hay una política que no quiere esa convivencia y está dispuesta a introducir en el país la lógica de la violencia que la reemplaza en otros lugares.
 
Con los atentados anarkotrozkokichneristas y las detenciones de los muchachos musulmanes como telón de fondo, Bullrich advirtió que "las acciones que vamos a tomar si existe violencia serán inmediatas".
 
Y aconsejó a los porteños que mejor se vayan de la ciudad para el fin de semana que se realizará la reunión de jefes de gobierno del G-20. Lo dijo en serio y en un sentido muy concreto.
 
Esa entrega física de la ciudad, con sus habitantes expulsados por un infernal despliegue de seguridad, actuó también  como acento y confirmación de lo que había perpetrado el gobierno y el Congreso en estos días al entregar la economía del país servida en bandeja al Fondo Monetario Internacional.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página 12
 

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17-02-2019 / 09:02
La aceleración de los precios en el comienzo del año hizo saltar las alarmas en la Casa Rosada.
 
Es que las consecuencias del repunte inflacionario registrado por el INDEC durante enero (2,9% versus 2,6% de diciembre) van más allá del offside presidencial de Macri, quien dijo que "está empezando a bajar la inflación" un día antes de ser desmentido por el dato oficial.
 
El hecho es que la inflación vuelve a crecer como la principal preocupación de los argentinos y, a la par, baja la imagen del Gobierno y se perjudican sus perspectivas para las elecciones.
 
Según una encuesta de la consultora Synopsis, el 34,9% de los argentinos consideran hoy al alza de precios como el principal problema del país. Así, el tema vuelve al primer plano (subió 4,3% en el último sondeo) luego de haber venido en baja desde noviembre, acompañando el freno a la inflación que se vio en el último bimestre de 2018.
 
El desempleo (19,1%) es otra cuestión económica que escala como amenazante en el imaginario de los encuestados, escoltado por la corrupción (19,7%) y la inseguridad (13,1), dos temas que dan más comodidad a Cambiemos de cara a la disputa en las urnas.
 
Ante los precios que no detienen su marcha, la valoración negativa del desempeño de la administración nacional registró un fuerte incremento (+6,5%) y una leve caída de la valoración positiva (-1,1%). De esta manera, un 58% evalúa de manera negativa al Gobierno y se reducen a un 25,6% los que lo ven bajo una luz positiva.
 
Si existe un vínculo entre el nivel de la inflación y la valoración de la gestión, las cosas podrían empeorar para Macri. Distintas consultoras anticipan que en febrero los precios no se aplacarán, sino que su trepada será todavía más importante que la de enero.
 
Desde LG -fundada por Martín Lousteau- prevén un índice de 3,5%, mientras que Elypsis calcula una suba del 3,8%. Las más moderadas, como Eco Go, postulan un 3%.
 
En medio de la recesión que marcan los indicadores de actividad en la industria, construcción y comercio, el ánimo de los votantes no evoluciona de la mejor manera para Cambiemos.

17-02-2019 / 08:02
El miércoles por la tarde, el presidente Mauricio Macri sostuvo que la inflación estaba bajando y que comenzaba el tiempo de volver a crecer en la Argentina. Un día después, el Indec -o sea, la realidad- lo desmintió: la inflación está subiendo y, dentro de ella, lo que más sube es el precio de los alimentos.
 
No se trató de un episodio aislado. Pocos días antes de asumir, el Presidente anunció que eliminaría los controles de cambios y que eso no tendría efectos sobre los precios porque "ya están al nivel del dólar a 15": la respuesta de la realidad fue tremenda.
 
En aquellos días felices, el Gobierno pronosticó también que la inflación sería de 24 puntos en 2016 y de un dígito este año: la realidad volvió a responder con violencia.
 
En esa seguidilla de derrotas se puede percibir un problema histórico del país -su dificultad para vencer la inflación- y otro del presidente -su limitación para entender los motivos de su propio fracaso, la persistencia en el error, su rigidez extrema.
 
En unos años, este problema podría ser motivo de un interesante debate teórico titulado "¿por qué la Argentina fracasó nuevamente?". Pero en estos días, se trata de un asunto serio, en parte porque, al menos hasta hoy, Mauricio Macri sigue siendo, por leve margen, el favorito para gobernar la Argentina en el período que viene.
 
En el Gobierno, algunas personas repiten como un mantra que los primeros mandatos de Macri -en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires- fueron muy turbulentos y los segundos compensaron con resultados sorprendentes.
 
Si no aplica nuevos enfoques, ese eventual segundo mandato puede ser aun más accidentado que el primero. Pero además, si llega a perder las elecciones, los fracasos de Macri encierran lecciones para quien lo suceda.
 
Quien recorra brevemente hacia atrás la lucha del Presidente contra la inflación, deberá rendirse ante cierta perplejidad. En el principio, el Presidente anunció que la liberación del cepo no produciría un aumento precios.
 
¿De dónde salió semejante idea, en un país donde la relación entre la suba del dólar y la de los precios es un clásico, una constante, una patología? Gran parte del mundo económico -Espert, la UIA, Ferreres, Melconian- le advirtió que estaba equivocado. Era una obviedad. Él decidió apretar el botón.
 
Luego, pronosticó que la tasa de inflación del primer año sería del 24 por ciento. Otro contrasentido. Ese había sido el aumento de precios del 2015. Y el Gobierno le echaría nafta con un aumento fuerte de tarifas y una bruta devaluación. ¿Por qué razón la inflación no iba a aumentar si se tomaban medidas que, para cualquier principiante, tendrían ese efecto? 

16-02-2019 / 09:02
A continuación, las palabras del excelentísimo señor presidente de la Nación, don Mauricio Macri: "Tras el golpe duro del año pasado, ya está bajando la inflación". El hombre habla porque es gratis. El miércoles, un día antes de que el Indec anunciara que la inflación de enero fue casi del ¡¡¡treees por ciento!!! (2,9), Macri largó suelto de cuerpo que el flagelo va en descenso.
 
No hay salario que aguante y el mayor responsable se hace el oso. Las cifras de la economía parecen un campo de batalla con la industria que funciona al 56 por ciento de su capacidad, con 750 Pymes y 2550 comercios que cierran por mes.
 
Un escenario dramático que los medios del oficialismo tratan de ocultar como pueden aunque esas cifras destrozan la economía familiar, aumentan el desempleo, la pobreza y la marginalidad. "Estamos mejor que en el 2015", repitió con desparpajo en esa entrevista a una radio de San Luis.
 
La clase media que ha sido el principal argumento del triunfo electoral del macrismo es fuertemente agredida por este bombardeo persistente sobre su calidad de vida. Una clase media que se dispone a votar en este año con la cabeza repartida entre la tragedia concreta de la economía y el imaginario casi infantil que le propone el discurso macrista contra viento y marea.
 
Las encuestas pivotean sobre esa disputa sorprendente entre el imaginario emotivo y la inteligencia y muestran todavía que una parte significativa de esa misma clase media se resiste a abandonar los sueños incumplidos. Es la puja fascinante entre la carga subjetiva que la pinta rubia y de ojos celestes y una economía que la está mandando al tacho.
 
En el plano de la política pareciera que la mayoría apuesta a los efectos destructivos de la economía macrista por sobre lo subjetivo. Así, los aliados del oficialismo se alejan cada vez más o se muestran más reacios. Y los aliados más débiles, aprovechan para comer de las sobras.
 
El radicalismo, que le ha dado territorialidad a la alianza de gobierno empieza a sacudirse la subordinación que mantuvo con el PRO y está logrando imponer sus candidatos a gobernador. Al mismo tiempo desdobló las elecciones en sus distritos para no ser arrastrado por la presumible caída de la imagen de Macri.
 
El protagonismo que adquirió el radicalismo, tras ser el amigo sumiso del gobierno, ahora lo lleva a insistir con una interna con Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta en la CABA, al mismo tiempo que interviene a la regional Santa Fe porque no quiso separarse de los socialistas. Son movimientos en los que apuestan al debilitamiento de Macri como candidato, pero no para confrontarlo, sino para disputar espacio en la interna oficialista.
 
La base radical conservadora, que ha sido fiel a la alianza con el macrismo, es la que expresa con más claridad esa dualidad entre el imaginario y la economía, o entre la subjetividad y la razón. La cúpula partidaria oscila en esa dicotomía esquizofrénica y la representa en la política con el riesgo de convertirse ante la historia en responsable de los desatinos del PRO.

15-02-2019 / 11:02
El presidente Mauricio Macri volvió a ser cacheteado por el INDEC. Luego de asegurar -otra vez- que "la inflación está bajando", contra todos los pronósticos del Gobierno la inflación en lugar de caer volvió a acelerarse.
 
El Indec reconoció una suba del 2,9%, muy por encima del 2,6% de diciembre. Si se toman los últimos doce meses, llega a 49,3%, la más alta desde enero de 1992. Los alimentos empujaron la escalada. En la Ciudad de Buenos Aires, la suba de los precios minoristas fue de 3,8 por ciento en enero.
 
La inflación de enero fue impulsada por alimentos y bebidas, servicios públicos, comunicación y turismo. En alimentos y bebidas, que compone el centro de la canasta básica, el aumento de los precios en los últimos doce meses es del 53%, lo cual explica el fuerte aumento de los indicadores de pobreza e indigencia en la última parte del año pasado.
 
La inercia inflacionaria de 2018, junto a los aumentos de costos derivados de la devaluación que todavía no se trasladaron a los precios minoristas y la catarata de aumentos de servicios públicos determinan que la expectativa de inflación para este año no baje del 30%.
 
La inflación de 2,9% en enero es sorprendente en una economía en donde el consumo interno está muy debilitado y el dólar no registró mucha movilidad en el marco de un profundo ajuste fiscal y monetario. Sin embargo, la suba del dólar de 120% el año pasado junto a los grandes tarifazos sobre una economía cuyos precios se movía al 25 % anual antes de la crisis cambiaria multiplicó la inercia inflacionaria.
 
Esto quiere decir que los actores económicos incorporaron la indexación de los precios con números cada vez más grandes. Además, todavía existe una brecha de 20 puntos entre la suba que registran los precios mayoristas y el incremento de los minoristas.
 
El dato del 49,3% es horrible porque pone en tela de juicio el sentido del enorme sacrificio que Macri le pide a la sociedad, con el único objetivo visible de equilibrar el déficit para bajar la inflación. Sería difícil esperar que febrero muestre un incremento de precios menor al de enero. Este mes empezaron a regir nuevos aumentos en el transporte, la luz, las prepagas y la garrafa social. También se preparan nuevos aumentos en el gas (de 35 %).
 
Aunque los medios afines al gobierno se empeñan en pronosticar para el año una inflación por debajo de 30 %, las decisiones oficiales le meten fuerte presión a los precios. Según transcendidos periodísticos, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne le advirtió a Macri que no va a bajar hasta mayo pero, ¿si tampoco baja en mayo?
 
La Opinión Popular

14-02-2019 / 10:02
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