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Nacionales - 14-11-2018 / 10:11

Correo Argentino: imputaron a Laura Alonso por dictar una resolución que benefició a Macri

Correo Argentino: imputaron a Laura Alonso por dictar una resolución que benefició a Macri
Laura Alonso sostuvo en su dictamen, luego convalidado por la vicepresidenta Gabriela Michetti, que Macri no incurrió en conflicto de intereses porque no es accionista de Socma (Sociedades Macri), la controlante del Correo. En los hechos, la “enamorada del Presidente” –como ha dicho reiteradamente Alonso– no investigó nada, tomó dictámenes que favorecían a Macri y ocultó todo lo que demuestra el evidente conflicto de intereses.
La fiscal federal Paloma Ochoa imputó a la titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso, por el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público a raíz del increíble blanqueo que Alonso le brindó a Mauricio Macri en la causa por el Correo Argentino.
 
En los hechos, la "enamorada del Presidente" -como ha dicho reiteradamente Alonso- batió records al sostener que Macri no tenía conflicto de intereses en el caso del Correo Argentino porque no es accionista de las empresas controlantes y que nunca dio instrucciones en lo que hizo el Estado.
 
Tanto el mandatario como sus hijos fueron y son accionistas de Socma y Sideco, firmas dueñas del Correo, y además fue público aquel contacto con los periodistas en que el Presidente dijo que había ordenado volver a "fojas cero" el impresentable acuerdo que se intentó firmar entre el Correo (del Grupo Macri) y el Estado (con Macri presidente). Aquella intentona significaba una inmensa condonación de deuda, como dictaminó la fiscal general Gabriela Boquin.
 
La denuncia contra Alonso fue realizada por los diputados Graciela Camaño, Alejandro Grandinetti y Cecilia Moreau, quienes señalaron que la funcionaria no investigó nada, tomó dictámenes que favorecían a Macri y ocultó todo lo que demuestra el evidente conflicto de intereses. En concreto, la fiscal considera que hay elementos fundados que indican que Alonso encubrió a Macri en el escándalo del Correo, retardando y denegando la acción judicial.
 
Laura Alonso sostuvo en su dictamen, luego convalidado por la vicepresidenta Gabriela Michetti, que Macri no incurrió en conflicto de intereses porque no es accionista de Socma (Sociedades Macri), la controlante del Correo.
 
En la causa judicial quedó claro que el Presidente era dueño de acciones del Correo, pero que se las cedió a sus hijos. Esto lo deja incurso en la cuestión ética porque el conflicto de intereses abarca a los descendientes y ascendientes de cualquier funcionario.
 
Es más, Franco Macri, padre de Mauricio, figura como beneficiario de la sociedad del Correo, es decir que el conflicto de intereses está planteado -según la causa judicial- de forma plena, a través de los hijos y el padre del Presidente.
 
Pero, además, Camaño, Grandinetti y Moreau señalan en su denuncia que cuando Macri presentó su declaración de bienes en 2014 seguía teniendo acciones de Socma, la sociedad que controla Sideco Americana, que a su vez controla el Correo.
 
El Gobierno de los Ricos, que asumió bajo la promesa de la "transparencia" cada vez se ve más implicado en casos de corrupción utilizando el poder del Estado para sus propios intereses económicos.
 
La Opinión Popular

 
Ciega, sorda, muda
 
Laura Alonso fue imputada por apartar al Presidente Macri de la investigación por el intento de perdonar la millonaria deuda de los Macri con el Correo. La titular de la Oficina Anticorrupción evaluó que no había conflicto de intereses, pero el mandatario y sus hijos eran accionistas de Socma y Sideco, cuando ambas empresas manejaban el Correo
 
En concreto, los legisladores indican que en su declaración Macri afirma que posee "acciones, cuotas, participaciones en Sideco Americana, Socma Corp, Socma Cárnicos, Socma Financieros. Dichas acciones ingresaron en su patrimonio en 2001".
 
A partir del momento en que obtuvo la concesión, durante el gobierno de Carlos Menem, el Grupo Macri empezó a deber el canon que tenía que pagar y ya en 2001 se le reclamaban 296 millones de pesos. "Entraron así al concurso de acreedores más largo de la historia", reflexionan los diputados.
 
Es decir que, según la imputación de la fiscal, tras la denuncia de Camaño, Grandinetti y Moreau, el Presidente incurría en conflicto de intereses ya sea porque cedió las acciones a sus hijos, porque su padre es beneficiario o porque él mismo sigue siendo accionista. Alonso no investigó todo esto como corresponde, sino que se limitó a copiar y pegar dictámenes favorables al mandatario.
 
Pero también está el aspecto del involucramiento directo de Macri en la negociación para perdonarle la deuda al Correo, es decir, a su familia. Alonso dictaminó que no se involucró.
 
Pero el titular de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA), Sergio Rodríguez, sostuvo que el Presidente, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, el ministro de Comunicaciones, Oscar Aguad, y el director de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Comunicaciones, Juan Mocoroa -éste último firmante del frustrado acuerdo para hacerle una quita monumental a la deuda del Grupo Macri-, se reunieron en la Casa Rosada.
 
Cuando el fiscal Rodríguez pidió una investigación sobre esas reuniones, el flamante procurador del Tesoro, Bernardo Saravia Frías, cuyo estudio tuvo al Grupo Macri como cliente, rechazó ese pedido de investigación de Rodríguez. Saravia Frías fue convocado para ocupar el cargo -por los amigos de Macri del colegio Cardenal Newman- con el objetivo de sofocar el intento de investigar del anterior procurador.
 
Más pública todavía fue esa conferencia de prensa en la que el Presidente anunció haber dado instrucciones para que el caso del Correo volviera a "fojas cero". Es decir que quedó expuesta la intervención del mandatario, al punto que Aguad se presentó en el expediente "por expresas instrucciones del Presidente", lo que constituye una evidencia contundente. Todo significó nuevas demoras en el expediente judicial.
 
Las maniobras en el caso del Correo fueron evidentes. El procurador del Tesoro original, Carlos Balbin, ordenó medidas de prueba, pero lo hicieron renunciar. Pusieron en su lugar a un hombre del Presidente, Saravia Frías, que rechazó todas las medidas de investigación.
 
En el transcurso, el Ministerio de Comunicaciones pidió instrucciones para actuar en el expediente respecto de una propuesta que ni siquiera se había presentado, lo que exhibió todo el manejo existente. Para redondear el escándalo, la vicepresidenta Michetti -convocada para que no firmara Macri- terminó cerrando el expediente administrativo.
 
Camaño, Grandinetti y Moreau sostienen que ni Laura Alonso ni la Oficina Anticorrupción hicieron nada respecto de este festival de irregularidades e incompatibilidades.
 
De entrada nomás, afirman que una persona que sostiene que "está enamorada del Presidente" no es la más apta para controlar el accionar del mandatario.
 
Pero, además, sintetizan todo al señalar que "Alonso no podría bajo ningún punto de vista estar al mando de dicha Oficina toda vez que, al tener una relación cercana con el Sr. Macri, resulta ilógico e increíble que sea ella quien debe llevar adelante investigaciones que involucren al mencionado precedentemente".
 
Agregan que ella le debe el cargo porque Macri firmó un decreto adecuando las condiciones que se requerían para encabezar la OA, para posibilitar la asunción de Alonso: antes era imprescindible ser abogado y la funcionaria no lo es.
 
"Alonso ha demostrado no estar a la altura profesional, ética y moral para ser la titular de la Oficina Anticorrupción -dice la denuncia de los diputados-, dado que siempre sus investigaciones son posteriores a las denuncias penales, cuando el objetivo principal de la oficina que dirige debe ser iniciar investigaciones previas tendientes a despejar todo tipo de duda."
 
"Otra muestra evidente de su intencional mal desempeño es que la licenciada se ha presentado como parte querellante en todas las causas en las que los imputados no forman parte del gobierno del señor Macri y no lo ha hecho en las que los investigados son los funcionarios del gobierno de turno", concluyeron los legisladores.
 
La OA se desesperó por ser aceptada como querellante, por ejemplo, en la causa de lavado de dinero de Lázaro Báez, pese a que otros dos organismos del Ejecutivo también son querellantes, la AFIP y la Unidad de Información Financiera. En esa misma causa, Alonso intentó una y otra vez que se involucre a Cristina Fernández de Kirchner, el mismo empeño que puso para mirar a otro lado en la causa del Correo.
 
La fiscal Ochoa toma gran parte de los argumentos de la denuncia, sobre todo el hecho de que Alonso fundamenta su dictamen absolutorio de Macri en lo que es favorable al presidente y oculta las evidencias contrarias al mandatario. No realizó investigación alguna y directamente blanqueó a Macri en su intervención para que se concretara el pacto que le permitía al Grupo Macri dejar de pagar miles de millones de pesos.
 
Aunque Ochoa no dio a conocer las medidas de prueba que le pidió a la jueza Servini de Cubría, todo indica que pedirá la prueba documental de las declaraciones del Presidente, el testimonio de Carlos Balbin y las evidencias que muestran que Alonso no investigó nada y que, por lo tanto, violó su deber como funcionaria pública, además de retrasar el accionar de la Justicia.
 
Por Raúl Kollmann y Irina Hauser
 
Fuente: Página 12
 

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17-02-2019 / 09:02
La aceleración de los precios en el comienzo del año hizo saltar las alarmas en la Casa Rosada.
 
Es que las consecuencias del repunte inflacionario registrado por el INDEC durante enero (2,9% versus 2,6% de diciembre) van más allá del offside presidencial de Macri, quien dijo que "está empezando a bajar la inflación" un día antes de ser desmentido por el dato oficial.
 
El hecho es que la inflación vuelve a crecer como la principal preocupación de los argentinos y, a la par, baja la imagen del Gobierno y se perjudican sus perspectivas para las elecciones.
 
Según una encuesta de la consultora Synopsis, el 34,9% de los argentinos consideran hoy al alza de precios como el principal problema del país. Así, el tema vuelve al primer plano (subió 4,3% en el último sondeo) luego de haber venido en baja desde noviembre, acompañando el freno a la inflación que se vio en el último bimestre de 2018.
 
El desempleo (19,1%) es otra cuestión económica que escala como amenazante en el imaginario de los encuestados, escoltado por la corrupción (19,7%) y la inseguridad (13,1), dos temas que dan más comodidad a Cambiemos de cara a la disputa en las urnas.
 
Ante los precios que no detienen su marcha, la valoración negativa del desempeño de la administración nacional registró un fuerte incremento (+6,5%) y una leve caída de la valoración positiva (-1,1%). De esta manera, un 58% evalúa de manera negativa al Gobierno y se reducen a un 25,6% los que lo ven bajo una luz positiva.
 
Si existe un vínculo entre el nivel de la inflación y la valoración de la gestión, las cosas podrían empeorar para Macri. Distintas consultoras anticipan que en febrero los precios no se aplacarán, sino que su trepada será todavía más importante que la de enero.
 
Desde LG -fundada por Martín Lousteau- prevén un índice de 3,5%, mientras que Elypsis calcula una suba del 3,8%. Las más moderadas, como Eco Go, postulan un 3%.
 
En medio de la recesión que marcan los indicadores de actividad en la industria, construcción y comercio, el ánimo de los votantes no evoluciona de la mejor manera para Cambiemos.

17-02-2019 / 08:02
El miércoles por la tarde, el presidente Mauricio Macri sostuvo que la inflación estaba bajando y que comenzaba el tiempo de volver a crecer en la Argentina. Un día después, el Indec -o sea, la realidad- lo desmintió: la inflación está subiendo y, dentro de ella, lo que más sube es el precio de los alimentos.
 
No se trató de un episodio aislado. Pocos días antes de asumir, el Presidente anunció que eliminaría los controles de cambios y que eso no tendría efectos sobre los precios porque "ya están al nivel del dólar a 15": la respuesta de la realidad fue tremenda.
 
En aquellos días felices, el Gobierno pronosticó también que la inflación sería de 24 puntos en 2016 y de un dígito este año: la realidad volvió a responder con violencia.
 
En esa seguidilla de derrotas se puede percibir un problema histórico del país -su dificultad para vencer la inflación- y otro del presidente -su limitación para entender los motivos de su propio fracaso, la persistencia en el error, su rigidez extrema.
 
En unos años, este problema podría ser motivo de un interesante debate teórico titulado "¿por qué la Argentina fracasó nuevamente?". Pero en estos días, se trata de un asunto serio, en parte porque, al menos hasta hoy, Mauricio Macri sigue siendo, por leve margen, el favorito para gobernar la Argentina en el período que viene.
 
En el Gobierno, algunas personas repiten como un mantra que los primeros mandatos de Macri -en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires- fueron muy turbulentos y los segundos compensaron con resultados sorprendentes.
 
Si no aplica nuevos enfoques, ese eventual segundo mandato puede ser aun más accidentado que el primero. Pero además, si llega a perder las elecciones, los fracasos de Macri encierran lecciones para quien lo suceda.
 
Quien recorra brevemente hacia atrás la lucha del Presidente contra la inflación, deberá rendirse ante cierta perplejidad. En el principio, el Presidente anunció que la liberación del cepo no produciría un aumento precios.
 
¿De dónde salió semejante idea, en un país donde la relación entre la suba del dólar y la de los precios es un clásico, una constante, una patología? Gran parte del mundo económico -Espert, la UIA, Ferreres, Melconian- le advirtió que estaba equivocado. Era una obviedad. Él decidió apretar el botón.
 
Luego, pronosticó que la tasa de inflación del primer año sería del 24 por ciento. Otro contrasentido. Ese había sido el aumento de precios del 2015. Y el Gobierno le echaría nafta con un aumento fuerte de tarifas y una bruta devaluación. ¿Por qué razón la inflación no iba a aumentar si se tomaban medidas que, para cualquier principiante, tendrían ese efecto? 

16-02-2019 / 09:02
A continuación, las palabras del excelentísimo señor presidente de la Nación, don Mauricio Macri: "Tras el golpe duro del año pasado, ya está bajando la inflación". El hombre habla porque es gratis. El miércoles, un día antes de que el Indec anunciara que la inflación de enero fue casi del ¡¡¡treees por ciento!!! (2,9), Macri largó suelto de cuerpo que el flagelo va en descenso.
 
No hay salario que aguante y el mayor responsable se hace el oso. Las cifras de la economía parecen un campo de batalla con la industria que funciona al 56 por ciento de su capacidad, con 750 Pymes y 2550 comercios que cierran por mes.
 
Un escenario dramático que los medios del oficialismo tratan de ocultar como pueden aunque esas cifras destrozan la economía familiar, aumentan el desempleo, la pobreza y la marginalidad. "Estamos mejor que en el 2015", repitió con desparpajo en esa entrevista a una radio de San Luis.
 
La clase media que ha sido el principal argumento del triunfo electoral del macrismo es fuertemente agredida por este bombardeo persistente sobre su calidad de vida. Una clase media que se dispone a votar en este año con la cabeza repartida entre la tragedia concreta de la economía y el imaginario casi infantil que le propone el discurso macrista contra viento y marea.
 
Las encuestas pivotean sobre esa disputa sorprendente entre el imaginario emotivo y la inteligencia y muestran todavía que una parte significativa de esa misma clase media se resiste a abandonar los sueños incumplidos. Es la puja fascinante entre la carga subjetiva que la pinta rubia y de ojos celestes y una economía que la está mandando al tacho.
 
En el plano de la política pareciera que la mayoría apuesta a los efectos destructivos de la economía macrista por sobre lo subjetivo. Así, los aliados del oficialismo se alejan cada vez más o se muestran más reacios. Y los aliados más débiles, aprovechan para comer de las sobras.
 
El radicalismo, que le ha dado territorialidad a la alianza de gobierno empieza a sacudirse la subordinación que mantuvo con el PRO y está logrando imponer sus candidatos a gobernador. Al mismo tiempo desdobló las elecciones en sus distritos para no ser arrastrado por la presumible caída de la imagen de Macri.
 
El protagonismo que adquirió el radicalismo, tras ser el amigo sumiso del gobierno, ahora lo lleva a insistir con una interna con Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta en la CABA, al mismo tiempo que interviene a la regional Santa Fe porque no quiso separarse de los socialistas. Son movimientos en los que apuestan al debilitamiento de Macri como candidato, pero no para confrontarlo, sino para disputar espacio en la interna oficialista.
 
La base radical conservadora, que ha sido fiel a la alianza con el macrismo, es la que expresa con más claridad esa dualidad entre el imaginario y la economía, o entre la subjetividad y la razón. La cúpula partidaria oscila en esa dicotomía esquizofrénica y la representa en la política con el riesgo de convertirse ante la historia en responsable de los desatinos del PRO.

15-02-2019 / 11:02
El presidente Mauricio Macri volvió a ser cacheteado por el INDEC. Luego de asegurar -otra vez- que "la inflación está bajando", contra todos los pronósticos del Gobierno la inflación en lugar de caer volvió a acelerarse.
 
El Indec reconoció una suba del 2,9%, muy por encima del 2,6% de diciembre. Si se toman los últimos doce meses, llega a 49,3%, la más alta desde enero de 1992. Los alimentos empujaron la escalada. En la Ciudad de Buenos Aires, la suba de los precios minoristas fue de 3,8 por ciento en enero.
 
La inflación de enero fue impulsada por alimentos y bebidas, servicios públicos, comunicación y turismo. En alimentos y bebidas, que compone el centro de la canasta básica, el aumento de los precios en los últimos doce meses es del 53%, lo cual explica el fuerte aumento de los indicadores de pobreza e indigencia en la última parte del año pasado.
 
La inercia inflacionaria de 2018, junto a los aumentos de costos derivados de la devaluación que todavía no se trasladaron a los precios minoristas y la catarata de aumentos de servicios públicos determinan que la expectativa de inflación para este año no baje del 30%.
 
La inflación de 2,9% en enero es sorprendente en una economía en donde el consumo interno está muy debilitado y el dólar no registró mucha movilidad en el marco de un profundo ajuste fiscal y monetario. Sin embargo, la suba del dólar de 120% el año pasado junto a los grandes tarifazos sobre una economía cuyos precios se movía al 25 % anual antes de la crisis cambiaria multiplicó la inercia inflacionaria.
 
Esto quiere decir que los actores económicos incorporaron la indexación de los precios con números cada vez más grandes. Además, todavía existe una brecha de 20 puntos entre la suba que registran los precios mayoristas y el incremento de los minoristas.
 
El dato del 49,3% es horrible porque pone en tela de juicio el sentido del enorme sacrificio que Macri le pide a la sociedad, con el único objetivo visible de equilibrar el déficit para bajar la inflación. Sería difícil esperar que febrero muestre un incremento de precios menor al de enero. Este mes empezaron a regir nuevos aumentos en el transporte, la luz, las prepagas y la garrafa social. También se preparan nuevos aumentos en el gas (de 35 %).
 
Aunque los medios afines al gobierno se empeñan en pronosticar para el año una inflación por debajo de 30 %, las decisiones oficiales le meten fuerte presión a los precios. Según transcendidos periodísticos, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne le advirtió a Macri que no va a bajar hasta mayo pero, ¿si tampoco baja en mayo?
 
La Opinión Popular

14-02-2019 / 10:02
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