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“Han venido a saquear al país, y lo saquearon: deuda externa eterna, fuga de capitales, condonación de deudas privadas, bicicleta financiera y un plan de Macri con el FMI que es irrealizable”. “Pino” Solanas
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Nacionales - 06-11-2018 / 09:11
ESPERAN QUE LA CAÍDA DE VENTAS Y LA FUGA DE CLIENTES SE MANTENGA

Pesimismo en los supermercados: se preparan para una de las peores temporadas navideñas

Pesimismo en los supermercados: se preparan para una de las peores temporadas navideñas
La notable retracción del consumo, la falta de financiamiento a largo plazo y a tasas razonables y la migración de consumidores hacia otros canales de compra se combinan para que las grandes cadenas de hipermercados ya estén anticipando que soportarán un fin de año con una crisis mucho más profunda que la que va vienen sufriendo desde el 2016.
La notable retracción del consumo, la falta de financiamiento a largo plazo y a tasas razonables y la migración de consumidores hacia otros canales de compra se combinan para que las grandes cadenas de hipermercados ya estén anticipando que soportarán un fin de año con una crisis mucho más profunda que la que va vienen sufriendo desde el 2016.
 
El escenario plantea un cierre del 2018 peor que como lo iniciaron y hasta con mayores complicaciones que las que atravesaron a partir de la segunda mitad del 2017.
 
Ni la quietud actual del dólar, ni la tranquilidad financiera que el acuerdo con el FMI le dio a la economía ni las nuevas subas de salarios previstas tras la reapertura de algunas paritarias parecen convencer a los empresarios del sobre la llegada de un panorama más calmo, estable y con horizonte de reactivación.
 
El último trimestre es considerado fundamental para los hiper y supermercados, ya que entre octubre y diciembre suelen concentrar las mayores ventas de indumentaria, calzado, juguetería y de productos con licencia. En especial, a partir de la cercanía de las fiestas de Navidad y Año Nuevo.
 
Se trata de rubros que podrían compensar en algo el fuerte descenso en las ventas de alimentos que se viene evidenciando mes a mes, a pesar de la innumerable cantidad de ofertas, promociones, descuentos y rebajas vinculadas al comercio electrónico, como el último Cyber Monday o los Black Friday.
 
El escenario pesimista es admitido por fuentes de las principales cadenas del sector, que no esperan cerrar 2018 con mejores datos y que anticipan que, por lo menos, el primer semestre del 2019 continuará por la misma senda de retracción y recesión.
 
De hecho, admiten que las casas matrices volverán a girarles fondos a sus filiales argentinas, como ya lo hicieron durante el año pasado, cuando la crisis cambiaria, el proceso recesivo y la inflación impactaron con fuerza en este negocio. A tal punto que han tenido que admitir ante sus centrales que pierden dinero por primera vez en casi 17 años.
 
Desde el cimbronazo de 2001 no cierran balances en rojo como, anticipan, volverá a suceder en este ejercicio, que tendrá un nivel de rentabilidad escaso y hasta menor al del 2016, que fue de sólo el 1%.
 
Lejos de mejorar, su situación empeoró todavía más durante el primer semestre de este año. Reconocen que el proceso de achique de personal y sucursales continuará para poder adecuar sus estructuras a esta realidad e intentar competir con mayoristas, almacenes de barrio y comercios de origen asiático, que están concentrando la demanda de los clientes que se alejan de las góndolas de Walmart, Carrefour, Jumbo, Disco o Vea.

 
Un año de números en rojo
  
Hasta agosto, cuatro meses resultaron viables para estas cadenas y los otros cuatro cerraron en rojo. Positivos fueron febrero, marzo, mayo y junio que, según las estadísticas del INDEC, registraron crecimiento de ventas de 1,7%, 9,5%, 3,2% y 4,8% respectivamente y en comparación con los mismos meses del 2017.
 
El resto de los meses mostraron datos preocupantes: enero, con -2,7%; abril, con -2,3%; julio, -2,9% y agosto con -4,2%. Se supone que los meses que restan mantendrán esta foto pesimista, aunque hasta ahora el acumulado anual refleja ingresos estancados, con una leve suba de 0,8% con relación a los primeros ocho meses del año pasado.
 
En volumen, las ventas a precios constantes suman $215.036 millones contra $213.331 millones de igual período del 2017, reflejando esa fuerte retracción que marcan las estadísticas oficiales y teniendo en cuenta que la inflación acumulada en igual lapso supera el 24%.
 
De hecho, si los datos se los compara a precios corrientes ofrecen otro escenario, con una suba del 26% en agosto y del 24% en los primeros ocho meses, con ventas que totalizan $287.356 millones en comparación con los $230.252 millones del año pasado.
 
En cuanto a las formas de pago, las tarjetas ya superan al efectivo, más que nada por la posibilidad de aprovechar descuentos, promociones y cuotas que ofrecen las emisoras de dinero plástico. En agosto pasado, por ejemplo, las ventas con tarjeta de débito y crédito representaron el 58,5% del total, contra el 34,9% del efectivo y 6,5% de otros medios. El promedio de compras por consumidor no superó los $400.
 
Con respecto al personal, se evidencia una caída del 2% con respecto al mismo lapso del 2017: 99.236 empleados, entre cargos jerárquicos, cajeros, administrativos y repositores. Por obra de las paritarias, las cadenas vieron incrementar su costo laboral un 19%, lo cual fortalece las perspectivas de que sigan reduciendo trabajadores como forma de achicar sus estructuras ante la preocupante realidad.
 
 
El cambio cultural del cliente low cost
 
 "Los factores que complican el cierre del año tienen que ver con la recesión, la falta de cuotas fijas y la decisión de nuestros clientes de buscar otros canales de compra. También, con elegir productos más baratos, como segundas marcas y marcas propias", admite un directivo de una de las mayores cadenas supermercadistas del país, que pide el off the record por la "sensibilidad de la situación".
 
Sus palabras encuentran sustento en un trabajo de la consultora Kantar Worldpanel, que indica que el sector local de retail inició una -necesaria y esperada-, fase de reconversión con el objetivo de adecuarse a los nuevos hábitos de compra de los clientes. Incluso, revela que el consumo masivo en Argentina lleva más de una década de estancamiento y asegura que hoy tiene el mismo nivel en volumen de compras que en 2007.
 
"Si el mercado total no crece, la única forma de evolución positiva es ganarle a la competencia. En este caso, a otros canales de compra", señala el informe de Kantar, que deja en evidencia que los mayoristas y almacenes más chicos hicieron mejor la tarea que los hipermercados a la hora de atraer consumidores.
 
También se habla de clientes "low cost". Es decir, aquellos que buscan marcas de segunda línea, corren atrás de las promociones, comparan precios y, principalmente, eligen el canal que se percibe como más económico, en donde el mayorista está ganando la batalla.
 
Además el consumo masivo perdió relevancia en todos los niveles de la pirámide social. Por ejemplo, los estratos altos y medios priorizan turismo, bienes durables, ahorro; mientras que los niveles bajos lo hacen por obligación, dado el impacto del ajuste en servicios públicos e inflación.
 
"Interpretamos que los supermercados leyeron los cambios de hábitos de los últimos años como temporales y no como una nueva normalidad. Que lo entendieron del punto de venta mayorista como coyuntural y perdieron la batalla de la percepción de precios, asegura el trabajo a modo de crítica a la estrategia comercial adoptada por las cadenas para sobrevivir a la crisis actual.
 
Según Kantar, el 90% de los hogares cree que el canal mayorista es al menos 15% más barato que los hipermercados, creencia que será muy difícil de revertir en el corto plazo.
 
"Los hipermercados centraron el esfuerzo en la activación cada vez más agresiva de promociones, minando la rentabilidad. Está comprobado que pierden efecto en el tiempo, que el consumidor se acostumbra y que sólo generan ventas adicionales si crecen en cantidad, agravando el problema", agrega el informe.
 
Recién en 2017 algunos retailers se animaron a volver a las bases y empezaron a comunicar precios bajos siempre, compitiendo con lo que el consumidor valora del mayorista.
 
Otro cuestionamiento a los híper se basa en la poca innovación, con un bajo desarrollo del e-commerce en consumo masivo que sólo representa el 0,5% del total. "La salida del actual contexto será una compleja suma de pequeñas partes, de difícil articulación, y requerirá tiempo. Hay que esperar que el sector siga en reconversión, quizás con fusiones, adquisiciones, y nuevos jugadores emergiendo", se anima a sostener Kantar a modo de conclusión.
 
Las cadenas saben que fin de año "no será bueno", así lo reconocen desde otra de las grandes jugadoras del rubro que, además, ya se resignó a tener que ser sostenida con fondos provenientes de su casa matriz, en este caso, ubicada en Europa.
 
"Esperamos una rentabilidad más baja que la del año pasado, con una perspectiva para 2019 que recién podría recuperarse a partir de la segunda mitad", argumentan en otra cadena con acento norteamericano.
 
Si bien todavía no están seguros de que recibirán asistencia monetaria de su sede, admiten que hace ya varios años que no giran ganancias a las arcas de su matriz. "Hasta ahora, venimos operando con el poco margen que tenemos, pero la verdad es que no sabemos cuánto tiempo más podremos hacerlo", advierten.
 
Las fuentes consultadas por iProfesional coinciden en un punto: la torta del negocio se seguirá achicando a favor de los mayoristas y comercios de proximidad. "Los clientes se siguen yendo del canal moderno y regresan al tradicional, al almacén de barrio, al mayorista, ya que les pueden ofrecer otros precios, mas diferenciales al no tener que soportar tanta presión fiscal como nosotros", indica un referente del sector.
 
 
Achiques de estructura
 
Así las cosas, anticipan que para el año próximo deberán seguir agudizando el ingenio para evitar profundizar la crisis que ya soportan o copiar la estrategia que adoptó Carrefour al presentarse ante el Gobierno solicitando la apertura de un procedimiento preventivo de crisis que le permitió cerrar algunas sucursales y despedir personal.
 
A Rami Baitieh, quien reemplazó a Daniel Fernández como director Ejecutivo, le toca liderar la reconversión de 16 hipermercados en maxi mercados para enfrentar de manera más directa a los supermercados mayoristas. Se trata de un formato que el año pasado le ganó a los hipermercados la batalla por los clientes, apalancado en menores superficies de venta, costos más reducidos y precios más bajos.
 
En el caso de Walmart, también redujo su estructura, aunque usando otra modalidad como fue la de directamente cerrar la sucursal del shopping porteño Dot y vender una docena de locales de su formato de menor superficie a la cadena Día.
 
Disco, Vea y Supervea, propiedad del grupo chileno Cencosud, también nutrieron sus cajas de fondos provenientes del país vecino como forma de evitar o postergar la elección de un camino de achique similar al de sus competidores. "Habrá, seguramente, algo de esto el año próximo si el negocio se sigue achicando", advierten cerca de Horst Paulmann, el empresario dueño de Cencosud.
 
También esperan que todo el mercado mantenga las fórmulas comerciales que entremezclan ofertas, descuentos y cuotas en ciertos días de la semana, con subas de precios limitadas y que no llegan a compensar los incrementos de costos y de la inflación. "Si lo hacemos, vendemos mucho menos que ahora", señalan a modo de justificación.
 
Con estos datos y advertencias a la vista solo resta esperar que el sector supermercadista tenga la obligación de continuar por el camino del achique, el despido de personal y el freno de cualquier tipo de plan de expansión, por lo menos durante los próximos dos años.
 
Además, deberán ampliar las propuestas de descuentos, promociones y los acuerdos con las emisoras de las tarjetas de crédito para extender las cuotas y las rebajas a quienes compran con dinero plástico.
 
Tanto Carrefour como Walmart aplicarán, además, de manera permanente sus habituales estrategias con las que intentan ya no recuperar, sino mantener sus clientes, ganar volumen y tratar de dejar de depender de los aportes de capital de sus sedes en el exterior.
 
Volverán a volcar los esfuerzos con rebajas puntuales casi todos los días, descuentos con el uso de determinadas tarjetas de crédito o de afinidad y ofertas por cantidad de productos comprados (como los tradicionales 4x2 o 6x4).
 
Por Andrés Sanguinetti
 
Fuente: iProfesional
 

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18-11-2018 / 09:11
La semana del peronismo terminó muy diferente a como había arrancado. De la fractura en el Senado por la votación del Presupuesto, cerró con la muestra de unidad exhibida para darle un golpe a la alianza Cambiemos y evitar que se quedara con los dos tercios de los miembros del Consejo de la Magistratura.
 
Es un nuevo error de cálculo político por parte de Mauricio Macri, Marcos Peña y de los operadores macristas en el Congreso que le causaron a Cambiemos una enorme derrota política en el Congreso de la Magistratura.
 
¿Qué ocurrió? Lo que los "PRO Puros" dijeron que no podía ocurrir: Todas los sectores peronistas olvidaron sus diferencias para ganar dos sillas en el poderoso Consejo de la Magistratura. La Casa Rosada creía que eso era imposible y que tenían aseguradas las poltronas de Pablo Tonelli y Mario Negri, con lo cual, tendrían aseguradas 8 de las 13 bancas necesarias para controlar el organismo judicial que selecciona y destituye jueces, y manipular así la justicia.
 
Lo ocurrido confirma que el entorno de Macri ha exagerado al minimizar la posibilidad de unidad de todos los peronistas para las elecciones del año que viene, lo que obliga a replantear toda la estrategia electoral que se elaboró y aplicó hasta ahora. En caso contrario, hay un riesgo cierto de derrota en las urnas en 10 meses.
 
Otra señal de unidad: el peronismo en su conjunto se reunió en Buenos Aires y lanzó un llamado a un gran frente opositor. "Se acabó definitivamente la mentira, el jolgorio y la fiesta amarilla en la Argentina", sentenció el presidente del Partido Justicialista nacional, José Luis Gioja, en el cierre del acto por el Día del Militante Peronista que conmemoró el regreso del ex presidente Juan Perón al país tras 17 años en el exilio.
 
El encuentro, organizado por el presidente del PJ bonaerense e intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, reunió en el Club Deportivo de esa localidad a Gioja, Magario, Scioli, Moyano, Yasky, entre otros dirigentes políticos y gremiales, de todo el arco peronista y dejó una foto histórica de unidad de cara a las elecciones presidenciales del próximo año.
 
Igual, pese al paso adelante, prevaleció la cautela acerca de si lo que sucedió es un indicativo acerca de que la oposición marcha hacia un proceso de unidad en 2019. "Es un paso importante, pero no sacaría conclusiones apresuradas. Todavía falta recorrer mucho para saber si va a haber unidad", definió el jefe del bloque de diputado del FpV-PJ, Agustín Rossi, uno de los anotados en la carrera presidencial.
 
De hecho, hasta ahora resultaron negativas las gestiones realizadas desde el PJ Nacional que encabeza Gioja para sumar a los referentes del sector Alternativa Argentina a la Mesa de Acción Política. El camino hacia la unidad no está libre de escollos, pero hay indicios favorables.
 
La Opinión Popular

17-11-2018 / 10:11
El Presupuesto 2019 en rojo que aprobó el Senado, en vez de asignar partidas, las retira. Es un presupuesto al revés. Se trata de una lista que enumera cuánto se saca de cada rubro, un anti presupuesto.
 
El país está en rojo pero no por comunista sino por quebrado. El gobierno de Cambiemos aprobó un presupuesto que es la expresión más clara de su dramático fracaso. Dramático para la gente de a pie, a la que los mismos que han hecho este desastre le reclaman sacrificios.
 
Muchos de ellos lo votaron, engañados, seducidos por promesas que nunca se cumplieron o por razones en las que cada uno habrá creído, pero ya no se trata de creer, las consecuencias están a la vista, duelen en el alma, en la panza y en el bolsillo: casi 50 por ciento de inflación en 2018 y cien por ciento de devaluación, con un 20 por ciento de pérdida de capacidad adquisitiva del salario y el cierre de miles de empresas y comercios.
 
Eso fue 2018, pero el Presupuesto que se aprobó el miércoles anuncia un 2019 aun peor. Ni siquiera lo pueden ocultar los medios y los periodistas del oficialismo.
 
La quiebra del país es indefendible, 2019 será un año difícil para la clase media y los sectores más humildes. La caída de la industria, más del 11 por ciento, es un dato que arrastra a miles de familias a la miseria. En todo el planeta hubo un sólo país con peor resultado en ese andarivel y fue Burundi.
 
No se está pagando ninguna fiesta. El gobierno de radicales y macristas asumió con muy poca deuda. Si hubo una fiesta, ya estaba pagada cuando asumió Mauricio Macri.
 
En cambio el país que recibirán los que ganen las próximas elecciones arrastrará la deuda inmensa que se tomó en estos años y que solamente sirvió para enriquecer a unos pocos.
 
Una deuda que el Fondo Monetario no tendría que haber concedido en condiciones claramente impagables. En el nuevo presupuesto bajan las partidas para salud y educación y la única que aumenta es para el pago de deuda externa.
 
Los medios, incluso los oficialistas, cuentan las monedas que habrá para ciencia y técnica, imaginan lo que faltará en los hospitales o los precios a los que volará el transporte y los demás servicios dolarizados y sin subsidios. Ha sido el avispón que molestó al gobierno. Empieza el año electoral y cada vez es más evidente que el eje de los opositores será la demolición de la gestión de Cambiemos

16-11-2018 / 10:11
Un estudio privado estimó que el promedio de los trabajadores perdió este año $57.500 por la suba de los precios no trasladada a los salarios. Con $57.500 una familia tipo cubre dos meses y medio el costo de la Canasta Básica Total que calculó el Indec para setiembre pasado.
 
Como alternativa, con esos $57.500 esa familia también podría pasar por una tienda de electrodomésticos y comprar por $19.000 una heladera de 280 litros y un televisor de 32 pulgadas a un precio de 11.000 pesos.
 
El resto les alcanzaría para aprovechar este fin de semana largo y hacerse una escapada a Mar del Plata a un Apart de 4 estrellas les cobraría $11.877 por 3 noches con desayuno incluido en habitaciones separadas para padres e hijos, y en el Bus de larga distancia pagarían algo menos de $7.000 por los viajes ida y vuelta en coche cama.
 
Haciendo las cuentas les sobraría suficiente dinero para las comidas y alguna comprita.
 
Cualquiera de las dos alternativas ilustra el poder de compra que en promedio perderá un trabajador asalariado en 2018, según un estudio realizado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP).
 
El cálculo es muy sencillo: sumaron la diferencia entre el salario promedio que efectivamente cobraron los trabajadores registrados del sector privado en cada uno de los meses y lo que hubieran cobrado si el salario se hubiera ajustado mensualmente de acuerdo a la inflación.
 
Ese cálculo arrojó $57.500, el equivalente a dos canastas y media o a ese paquete de electrodomésticos y fin de semana de miniturismo.
 
Para cuando termine el año la pérdida puede llegar a ser incluso algo mayor a $57.500, porque el estudio estimó que la inflación de octubre sería del 4,5%  pero resultó del 5,4%, según difundió el Indec. Para noviembre y diciembre estimaron 3% y 3,5%, respectivamente.
 
Con el mismo método, el trabajo coordinado por Ana Rameri y Claudio Lozano también calculó la merma del poder adquisitivo acumulada desde que asumió Mauricio Macri. La reducción en esos tres años asciende a 117.581 pesos.
 
En comparación con esas pérdidas, el bono de $5.000 tiene el efecto de una aspirina para un enfermo grave. Compensa menos del 10% del perjuicio de 2018 y equivale a menos del 5% de lo que se les esfumó desde diciembre de 2015.

16-11-2018 / 09:11
Ayer quedó en claro, una vez más, el fracaso de la política económica neoliberal de Mauricio Macri. El índice de precios al consumidor del Indec registró en octubre un alza del 5,4% a nivel nacional, empujado por alimentos y bebidas, las tarifas del gas, el transporte y las prepagas. En la comparación anual, la inflación de octubre se ubica en el 45,9%.
 
En diez meses, la inflación asciende al 39,5% y puntualmente los rubros esenciales de la canasta básica muestran en promedio un incremento del 43,7%, cuya contracara es el grave deterioro del poder adquisitivo de los sectores trabajadores y jubilados.
 
El año cerraría con una inflación del orden del 48%, la más alta desde 1991, y se calcula que el año que viene, si las variables financieras no se vuelven a disparar, la inflación no bajaría de del 30%. Los números de inflación se dan en el marco de una dura caída de la producción, inversión y empleo, tasas de interés siderales y aumento record de la deuda externa, de la pobreza y la indigencia.
 
Los precios en el promedio de toda la economía se multiplicaron por 2,5 en apenas tres años de gestión Cambiemos, lo cual está bastante alejado del slogan de campaña de Macri acerca de que "en mi gobierno la inflación no va a ser un problema". Una mentira más para engañar a los votantes y llegar al poder.
 
El Gobierno preparó los ingredientes para el caldo ideal de inflación: brutal devaluación, violenta suba de tarifas y tasas de interés siderales. Así, en octubre los precios de alimentos y bebidas avanzaron un 5,9% a nivel nacional, acumulan un 43,7 en diez meses y el 46,4% en la comparación interanual. El traslado de la suba del dólar de fines de agosto y septiembre a bienes de consumo masivo, como por ejemplo la harina y panificados, aceites, carnes y lácteos, fue letal.
 
Según los datos del Indec, en el último año el kilo de pan francés subió un 84% y los fideos guiseros lo hicieron en un 80%, ambos empujados por la harina, que avanzó un 173%. El arroz subió un 66% y el aceite de girasol lo hizo en un 79%. Entre los lácteos, la leche en sachet subió un 40% y el queso cremoso, un 31%. La sal fina creció un 60%.
 
Los incrementos de precios de alimentos y bebidas, el colectivo, tren y subte, naftas y los servicios esenciales para el funcionamiento del hogar fue muy fuerte en el último año, lo cual, conjugado con un escenario de caída del empleo, paritarias a la baja, recorte de horas extra, suspensiones, caída del poder adquisitivo de jubilaciones y asignaciones familiares, configura un delicado escenario social.
 
Los creadores de "pobreza cero", "en mi gobierno la inflación no va a ser un problema", "el segundo semestre", "no vamos a ajustar", " se viene la lluvia de inversiones"... ahora dicen que "después de la próxima cosecha todo va a cambiar"  y "en noviembre la inflación se va a reducir a menos del 3 % mensual". Para diciembre frutean con un guarismo similar. Se trata del nivel más elevado desde 2002.
 
La Opinión Popular

15-11-2018 / 10:11
La declaración reciente del ministro de Hacienda Nicolás Dujovne: "Nunca se hizo un ajuste de esta magnitud sin que caiga el Gobierno", es una forma de sincericidio del que no se tiene memoria en las últimas décadas en el país.
 
Hay una excepción: la del radical Juan Carlos Pugliese, quien tomó las riendas del ministerio en el último tiempo del gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín. Se dirigió entonces al mundo de las finanzas, pidiendo respaldo y comprensión: "Yo les hablo con el corazón -dijo- pero ustedes me responden con el bolsillo".
 
Dujovne pudo decir lo que dijo hace horas porque los militares argentinos no son una amenaza, por suerte. Fueron los golpes de Estado en la segunda mitad del siglo XX los que ayudaron a perturbar la economía. No dejaban hacer, nadie podía tomar previsiones ni asumir políticas de largo plazo.
 
Sólo Arturo Frondizi fue víctima de 32 planteos militares. Uno de sus ministros de Economía, Álvaro Alsogaray, pudo remontar la instancia crítica sólo porque estaba respaldado por los militares (entre ellos el general Julio Alsogaray, su hermano).
 
José Alfredo Martínez de Hoz, ministro con el siniestro Golpe Militar de 1976, pudo concretar su modelo de apertura de la economía, más las privatizaciones, más el amparo de la timba financiera, más su lucha contra la industria nacional, el tiempo de "la plata dulce", porque lo apoyaba la mayoría de los militares.
 
Los ministros de Economía acompañaron el paso de los años con engaños, con mentiras y ocultamientos. La sorpresa de Dujovne es que está diciendo la verdad. En otro momento, habida cuenta de la actual realidad económica, la aflicción de la clase media, la imposición de un programa que sólo genera víctimas, el crecimiento de la pobreza, ya habrían bastado para acorralar a cualquier gobierno de cualquier signo político.
 
Así, el ministro puede decir lo que dice porque en la vereda política de la oposición no hay unidad, ni candidato, ni organización de ninguna naturaleza. El peronismo está dividido. Y no hay otra cosa.
 
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