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                  13:07  |  Lunes 21 de Enero de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“Si la fuerza material está monopolizada por el régimen, las fuerzas morales, los valores que no se afincan en lo material están de nuestro lado, del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora”. John W. Cooke
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Nacionales - 28-10-2018 / 18:10

El alegre camino hacia un Bolsonaro argentino

El alegre camino hacia un Bolsonaro argentino
Brasil, en estas horas, si las encuestas no se equivocan, elegirá como presidente a Jair Messias Bolsonaro, un hombre que reivindica la tortura; desprecia a los homosexuales, a las mujeres y a los negros; defiende el derecho de la policía a disparar contra inocentes; amenaza con violencia a la prensa independiente y advierte que a los disidentes les espera la cárcel y el exilio si no se convierten al credo de la mayoría. Si ocurre lo que parece, el clima político del continente habrá cambiado radicalmente.
El país viene de una larga decepción. Hace más de una década parecía que, definitivamente, despegaría de la mano de líderes jóvenes y transgresores que habían reparado heridas recientes y prometían un futuro próspero.
 
Desde entonces, todo se desbarrancó y sus habitantes fueron cada día un poco más pobres. El empobrecimiento duele más que la pobreza, porque le suma la frustración, la percepción de un fracaso, una esperanza rota: creíamos que el país, finalmente, tendría destino. No sucedió.
 
Esa situación incrementó un problema endémico que, en los últimos años, había cambiado dramáticamente a la sociedad: la inseguridad se instaló y ataca cada vez un poco más, de la mano del narcotráfico. En zonas de alta densidad poblacional, salir a trabajar implica un riesgo alto y cotidiano de ser, como mínimo, asaltado. El sonido de disparos se ha transformado en algo habitual.
 
Los líderes del país, mientras tanto, se echan la culpa, desde hace años, los unos a los otros, con una virulencia descarnada. No hay ninguna posibilidad de acuerdo entre ellos, entre otras razones, porque tampoco se dirigen la palabra: cada uno cree que el otro debe estar preso. Está instalada una competencia despiadada en la que ninguno de ellos se imagina que puede siquiera vivir en el país si es el otro el que gobierna.
 
A tal punto sucede así que muchas personas han comenzado a creer en lo que dicen los líderes acerca de sus enemigos: unos son ladrones, los otros hambrean al pueblo. La democracia solo ofrece esas opciones.
 
La prensa militante, de un lado o del otro, agrega cada día su granito de arena para que esta sensación se profundice. Si esta gente nos ha instalado en la pobreza y la inseguridad, si unos son ladrones que se robaron un PBI, si los otros instalaron la dictadura del capital financiero internacional, tal vez sea necesario que aparezca otro tipo de liderazgo que barra con todo, incluida la prensa que forma parte de este circo.
 
Los párrafos que preceden no se refieren a la Argentina sino al Brasil que, en estas horas, si las encuestas no se equivocan, elegirá como presidente a Jair Messias Bolsonaro, un hombre que reivindica la tortura; desprecia a los homosexuales, a las mujeres y a los negros; defiende el derecho de la policía a disparar contra inocentes; amenaza con violencia a la prensa independiente y advierte que a los disidentes les espera la cárcel y el exilio si no se convierten al credo de la mayoría. Si ocurre lo que parece, el clima político del continente habrá cambiado radicalmente.
 
Nunca los países son iguales entre sí. Brasil vive una crisis de inseguridad incomparable con la Argentina. Su última presidenta fue derrocada. El político que, hasta hace unas semanas era el más popular del país está encarcelado.
 
Pero basta con releer el comienzo de esta nota para preguntarse si en la Argentina no está preparado el caldo de cultivo para que emerja, aquí también, algún líder con los valores de Bolsonaro

 
Los procesos políticos, en ambos países, muchas veces siguieron las mismas direcciones: las democracias volvieron casi en el mismo momento, los dúos Vargas-Perón, Lula-Kirchner, Menem-Fernando Henrique, Alfonsín-Sarney compartieron visiones similares, distintas a quienes los precedieron o los sucedieron. ¿Sucederá lo mismo con la ola bolsonarista?
 
En principio, hay algunos elementos que se repiten de manera idéntica en ambos países: una crisis socioeconómica muy delicada, cierta inconsciencia de la clase dirigente sobre los riesgos que asoman y un rechazo contundente hacia las principales figuras políticas del país, con pocas excepciones.
 
Los candidatos presidenciales Mauricio Macri y Cristina Kirchner baten récords de imagen negativa, y cada uno de ellos cifra sus esperanzas para el 2019 en el rechazo que genera el otro.
 
Un ejemplo de lo que ocurre se pudo ver esta semana. El Gobierno envió al Congreso un presupuesto donde se recortan gastos muy sensibles para pagar una deuda que el mismo Gobierno contrajo, sin que eso signifique ningún beneficio para los perjudicados ahora.
 
La Cámara de Diputados lo aprobó en medio de un espectáculo triste que solo puede alejar más a la sociedad de su dirigencia. Todo empezó con un brote de violencia contra las fuerzas de seguridad que fue respondido con una represión inexplicable, a kilómetros de los hechos, contra personas que no habían hecho nada.
 
Los principales diputados de la oposición no repudiaron el estallido, seguramente porque algunos de los suyos estaban implicados. Funcionarios oficiales distribuyeron información falsa para justificar que habían detenido a dirigentes sociales o instalaron el absurdo debate sobre la necesidad de expulsar extranjeros sin poder demostrar que algún inmigrante estuvo involucrado en los disturbios.
 
Mientras esto ocurría, algunos diputados se desafiaban a agarrarse a trompadas. Otros distribuían a los gritos información falsa para demostrar que la policía había iniciado la agresión. Y todo eso frente a una sociedad agobiada por una crisis social en la que ninguno de los gritones es inocente.
 
¿Qué podría salir de ese baile en las cubiertas del Titanic, donde las personas sensatas son desbordadas por aquellos que lucran con los gestos aparatosos y extremos?
 
En las semanas previas, otros integrantes de la dirigencia se sumaron al ágape. En la ciudad de Luján, tres sectores se reunieron para plantear una alternativa al Gobierno actual.
 
Por un lado, la Iglesia Católica Argentina: una organización que en las últimas décadas se opuso a los mejores avances de la democracia, como el divorcio, el juicio a los militares de la dictadura, el matrimonio igualitario y, además, está implicada en un escándalo por el encubrimiento de la jerarquía a cientos de casos de abuso sexual.
 
En ese mismo acto estuvo gran parte del sindicalismo argentino. Su principal referente es investigado por su ostensible vínculo con barras bravas repletas de delincuentes. Para defenderse, pegó afiches contra un periodista y su mujer, desparramó amenazas personales, insultos homofóbicos y llamados a derrocar al Gobierno. El tercer sector eran los intendentes del Conurbano bonaerense, una zona destruida por sus propias gestiones.
 
En paralelo, los empresarios se reunieron en el Coloquio de IDEA. Solo se les ocurrieron tres recomendaciones: bajar los sueldos, reducir los derechos de los trabajadores y pagar menos impuestos.
 
En los días en que se realizaba ese coloquio, el diario La Nación contó que en Francia, durante el 2010, las principales empresas del país decidieron aportar el 2% de sus ganancias para aplicarlo en proyectos sociales. ¿Se darán cuenta los ricos empresarios de IDEA lo que se ve de ellos cuando lo único que piden son más y más ventajas? Esos empresarios ovacionaron al Presidente de la Nación.
 
Unos días antes, uno de los sectores del peronismo se reunió en Tucumán para celebrar el Día de la Lealtad: gran parte de los dirigentes viajaron hasta allí en carísimos aviones privados. Ese mismo día, el máximo dirigente de una poderosa organización juvenil, el dirigente supera ya los 40 años, visitó en la cárcel a un ex ministro condenado por hechos de corrupción que causaron decenas de muertos.
 
Y todo eso apenas en una quincena.
 
Brasil está ofreciendo en estos días una solución fantasiosa a tantos problemas. La dirigencia argentina procede como la brasileña, antes de Bolsonaro, como si el riesgo de Bolsonaro no existiera.
 
Un prestigioso consultor analiza: "La Argentina tiene que agradecer a la grieta que Bolsonaro no exista. Con todos sus defectos, Macri y Cristina concentran dos tercios del electorado. Pero en los focus group de los desencantados, emergen los valores de Baby Etchecopar. Unos son ladrones, los otros ricos e ineptos. Están enojados. Probablemente, la mayor parte de ellos voten con bronca a Macri. Pero quieren otra cosa. Y, sobre todo, están hastiados de todo lo que ven. Sería tonto no ver allí una advertencia muy concreta".
 
Pero en la Argentina, seguro, eso no va a ocurrir. Nosotros somos distintos.
 
Brasil, decime qué se siente.
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 

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21-01-2019 / 09:01
"Voy a ser candidato a presidente y quiero ser el presidente de la Argentina del crecimiento para salir de este fracaso", señaló Sergio Massa, líder del Frente Renovador y ahora precandidato de Alternativa Federal, ante las voces que impulsan la postulación del ex ministro de Economía Roberto Lavagna como candidato de un armado peronista sin el cristinismo.
 
"De ninguna manera voy a ser candidato a gobernador", afirmó el ex intendente de Tigre y así descartó bajar su precandidatura que por ahora disputaría con el senador del PJ Miguel Ángel Pichetto y el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey.
 
Con el año electoral ya corriendo a los candidatos y al propio gobierno, Massa apuntó que "el próximo presidente, y sin dudas yo lo tengo claro e impregnado en la piel, después de recorrer parte del país con el auto y tomar contacto con la gente, va a tener que llamar a un gran acuerdo por la unidad".
 
Alternativa Federal nació una vez que el camino de unidad encarado por el peronismo comenzó a concretarse y los dirigentes de Alternativa Federal tomaron la vía de diferenciarse confrontando con el cristinismo.
 
Integrado por gobernadores justicialistas, descartan a la ex presidenta Cristina Fernández como candidata, se declaman como un agrupamiento "superador" de la disyuntiva macrismo- cristinismo. Los dirigentes promueven que las candidaturas se resuelvan a través de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias.
 
"Cuando vos mirás las serie histórica de la Argentina y... ¿viste que se habla mucho de los últimos 50 años? Roberto (Lavagna), Martín Redrado, José Ignacio de Mendiguren, Aldo Pignanelli, y yo mismo en ese momento desde la seguridad social, pusimos una serie histórica, que cruzó dos gobiernos, el de (Eduardo) Duhalde y el de la primera etapa del de (Néstor) Kirchner", señaló Massa sobre algunos de los funcionarios que pasaron o forman parte del Frente Renovador (FR).
 
"Con Lavagna vamos a ser parte de la solución a los problemas de la Argentina", agregó, buscando mostrar cercanía con el economista. El líder del FR insistió en mostrar su buena relación con Lavagna, con quien dijo reunirse cada quince días, y de quien dijo que es "el faro más importante que tienen aquellos que creen en la Argentina del desarrollo y el crecimiento".
 
La Opinión Popular

20-01-2019 / 09:01
Chico conoce chica, la comedia de Hollywood le saca el jugo. Presidente conoce presidente, las Cancillerías y los medios afines abusan del paralelismo: hablan de "química", "empatía", "onda" y otras simplezas. Como en las comedias o en la vida real el primer encuentro puede influir, pero la larga convivencia siempre es crucial.
 
El presidente brasileño, Jair Messias Bolsonaro, recibió a su colega argentino Mauricio Macri en Brasilia. Dos desaires anteriores (ahora dicen) quedaron atrás: Bolsonaro no vino para el G-20, Macri veraneaba cuando asumió su par. Sobreactuaron amistad aunque a Macri (cultor de la doctrina Chocobar) sus asesores le aconsejan no fotografiarse "disparando" con las manos.
 
Objetivamente tienen un destino común, una frontera gigantesca, un intercambio comercial único. Ningún país es soberano del todo, en la aldea global. Pero hay mandatarios o visiones ideológicas que se empeñan en ampliar los márgenes nacionales de decisión. Otros prefieren el alineamiento con los países hegemónicos aunque jamás hablen de dependencia.
 
A los contertulios de Brasilia no los unen el amor ni el espanto, sí intereses  y la subordinación al Departamento de Estado.
 
Como Aníbal Troilo, Estados Unidos nunca se fue de este Sur, pero su política exterior posterior al atentado a las Torres Gemelas permitió un resuello. Coincidió con la llegada de experiencias populares variadas, más o menos radicales pero muchas antagónicas con la herencia neoconservadora de los '90.
 
Prevalecieron la paz y la no intervención en otros Estados, por un lapso prolongado y con una intensidad tal vez sin precedentes. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) medió exitosamente para frenar sangrientos intentos golpistas contra el presidente boliviano, Evo Morales, y contra el ecuatoriano Rafael Correa que incluso fue secuestrado por fuerzas de seguridad.
 
Las coincidencias políticas gravitaban pero todos los gobiernos cooperaban en un organismo flamante, de nimia institucionalidad cuyas resoluciones exigen unanimidad de los presidentes. O, cuanto menos, inexistencia de vetos así fuera de uno solo.
 
Diplomacia presidencial al rojo vivo que eleva el protagonismo de los mandatarios y confina a las Cancillerías. Néstor Kirchner fue electo presidente del organismo con la anuencia de todos sus integrantes: una sola bolilla negra bastaba para dejarlo afuera.
 
Las derechas autóctonas, con la cooperación recurrente de "la Embajada" de EE.UU. le coparon la parada a Unasur. Cambiaron la correlación de fuerzas mediante golpes de Estado atípicos, novedosos: en Paraguay, Honduras, Brasil y ahora van por Venezuela. Macri y Bolsonaro 2019 se contraponen a Lula da Silva-Néstor Kirchner en 2003. Pasaron cosas, caramba. 

19-01-2019 / 11:01
19-01-2019 / 10:01
Es cada vez mayor la cantidad de personas que se suman a la protesta callejera contra la suba de los servicios públicos que implementa el gobierno de Mauricio Macri. Por cuarto viernes consecutivo, miles de porteños cortaron anoche las avenidas Rivadavia, Corrientes o Cabildo, entre otras, para protagonizar un nuevo "ruidazo" por los padecimientos derivados de las políticas de la alianza Cambiemos. También hubo manifestaciones en el conurbano bonaerense y en ciudades del interior de la provincia.
 
Las quejas por los aumentos de tarifas, por sueldos y jubilaciones cada vez más insignificantes frente a la inflación, se combinaron con reclamos puntuales de docentes por el cierre de las escuelas nocturnas resuelto por el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta.
 
De fondo se alternaba el ya tradicional "Mauricio Macri la puta que te parió", como el menos usual "fuera, fuera, fuera Macri fuera". "Macri son un fracaso como presidente. La inflación es un cáncer. Sos un inepto, le mentís a la gente", se expresa un vecino desde su cartel. "Nos sacaron el Fútbol para Todos para hacer 3000 jardines. ¿Dónde están?", indaga otro.
 
Anoche volvieron a sentirse las cacerolas, los bocinazos y ruidazos en distintas ciudades del país. Se dan después de la segunda marcha de la multisectorial contra los tarifazos que este jueves se realizó en Rosario y que continuará en Mar del Plata y Mendoza. Así como los ruidazos seguirán todos los viernes por la noche.
 
El motivo central de las protestas es el mismo: la crisis económica del modelo neoliberal macrista. La gente se une para marchar o golpear cacerolas, para reclamar por los despidos, los bajos salarios, los aumentos del transporte y de los servicios públicos, porque la plata ya no alcanza.
 
La bronca se acumula de la misma manera que los gastos para llegar a fin de mes. La gente se junta por un reclamo, por una inconformidad que la unifica. Es una queja por el presente, pero con la esperanza de lograr un cambio en el futuro. Protestan porque entienden que quedarse en la comodidad de sus casas se convierte en un silencio cómplice del ajuste macrista.
 
Las protestas continuarán, con mayor o menor presencia en las esquinas de las ciudades, o terminar diluyéndose ante la falta de respuestas positivas. O pueden aumentar, si este año vuelven a golpear los bolsillos populares de manera intolerable. ¿Influirán en las elecciones? Es una pregunta difícil de responder. Por ahora, el ruido sigue. La gente está harta de Macri.
 
La Opinión Popular

18-01-2019 / 09:01
Con Mauricio Macri, se profundizó un fenómeno que había arrancado en la primera mitad del 2018 y que muestra de lleno cuál fue el sector más perjudicado por la crisis económica: los trabajadores asalariados perdieron otra vez participación en el reparto de la torta de ingresos y así se alejan cada vez más del famoso fifty fifty.
 
El fifty-fifty (cincuenta y cincuenta) que impulsó el primer peronismo proponía que trabajadores y empresas se repartieran en partes iguales los ingresos que genera el país.
 
Esta vez la caída de su porción fue de 4,7 puntos durante el tercer trimestre: pasaron de recibir el 50,6% de la torta al 45,9%. Así, volvió a niveles distributivos del 2010.
 
A la par, eso significó un crecimiento de la parte del producto que se quedaron los empresarios, a costa del salario de los trabajadores. Ahí el salto fue casi en espejo y los dueños de las empresas pasaron a recibir el 45,7% del total, lo que implicó un crecimiento de 4,8% puntos.
 
Es decir que el 4% de los que participan en la producción, o sea los empresarios tal como señala el propio Indec, se quedaron con una porción casi idéntica a la del 74% representado por los asalariados.
 
La cuestión del fifty-fifty tiene un poder simbólico fuerte en la Argentina, aunque en los países desarrollados la distribución capital-trabajo es bastante más favorable para los asalariados: la participación asalariada ronda el 60% y durante los 70 giraba en torno al 65%, tal el caso de Estados Unidos.
 
Aunque en 1945 esta proporción era vista como una conquista social, en la actualidad es insuficiente. Para reducir la pobreza y aumentar la equidad es necesario impulsar reformas para que los trabajadores aumenten su participación a niveles más parecidos a los observados en los países desarrollados. Todo lo contrario de lo que está haciendo el gobierno de Mauricio Macri.
 
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