La Opinión Popular
                  02:10  |  Lunes 19 de Noviembre de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“Han venido a saquear al país, y lo saquearon: deuda externa eterna, fuga de capitales, condonación de deudas privadas, bicicleta financiera y un plan de Macri con el FMI que es irrealizable”. “Pino” Solanas
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Nacionales - 28-10-2018 / 18:10

El alegre camino hacia un Bolsonaro argentino

El alegre camino hacia un Bolsonaro argentino
Brasil, en estas horas, si las encuestas no se equivocan, elegirá como presidente a Jair Messias Bolsonaro, un hombre que reivindica la tortura; desprecia a los homosexuales, a las mujeres y a los negros; defiende el derecho de la policía a disparar contra inocentes; amenaza con violencia a la prensa independiente y advierte que a los disidentes les espera la cárcel y el exilio si no se convierten al credo de la mayoría. Si ocurre lo que parece, el clima político del continente habrá cambiado radicalmente.
El país viene de una larga decepción. Hace más de una década parecía que, definitivamente, despegaría de la mano de líderes jóvenes y transgresores que habían reparado heridas recientes y prometían un futuro próspero.
 
Desde entonces, todo se desbarrancó y sus habitantes fueron cada día un poco más pobres. El empobrecimiento duele más que la pobreza, porque le suma la frustración, la percepción de un fracaso, una esperanza rota: creíamos que el país, finalmente, tendría destino. No sucedió.
 
Esa situación incrementó un problema endémico que, en los últimos años, había cambiado dramáticamente a la sociedad: la inseguridad se instaló y ataca cada vez un poco más, de la mano del narcotráfico. En zonas de alta densidad poblacional, salir a trabajar implica un riesgo alto y cotidiano de ser, como mínimo, asaltado. El sonido de disparos se ha transformado en algo habitual.
 
Los líderes del país, mientras tanto, se echan la culpa, desde hace años, los unos a los otros, con una virulencia descarnada. No hay ninguna posibilidad de acuerdo entre ellos, entre otras razones, porque tampoco se dirigen la palabra: cada uno cree que el otro debe estar preso. Está instalada una competencia despiadada en la que ninguno de ellos se imagina que puede siquiera vivir en el país si es el otro el que gobierna.
 
A tal punto sucede así que muchas personas han comenzado a creer en lo que dicen los líderes acerca de sus enemigos: unos son ladrones, los otros hambrean al pueblo. La democracia solo ofrece esas opciones.
 
La prensa militante, de un lado o del otro, agrega cada día su granito de arena para que esta sensación se profundice. Si esta gente nos ha instalado en la pobreza y la inseguridad, si unos son ladrones que se robaron un PBI, si los otros instalaron la dictadura del capital financiero internacional, tal vez sea necesario que aparezca otro tipo de liderazgo que barra con todo, incluida la prensa que forma parte de este circo.
 
Los párrafos que preceden no se refieren a la Argentina sino al Brasil que, en estas horas, si las encuestas no se equivocan, elegirá como presidente a Jair Messias Bolsonaro, un hombre que reivindica la tortura; desprecia a los homosexuales, a las mujeres y a los negros; defiende el derecho de la policía a disparar contra inocentes; amenaza con violencia a la prensa independiente y advierte que a los disidentes les espera la cárcel y el exilio si no se convierten al credo de la mayoría. Si ocurre lo que parece, el clima político del continente habrá cambiado radicalmente.
 
Nunca los países son iguales entre sí. Brasil vive una crisis de inseguridad incomparable con la Argentina. Su última presidenta fue derrocada. El político que, hasta hace unas semanas era el más popular del país está encarcelado.
 
Pero basta con releer el comienzo de esta nota para preguntarse si en la Argentina no está preparado el caldo de cultivo para que emerja, aquí también, algún líder con los valores de Bolsonaro

 
Los procesos políticos, en ambos países, muchas veces siguieron las mismas direcciones: las democracias volvieron casi en el mismo momento, los dúos Vargas-Perón, Lula-Kirchner, Menem-Fernando Henrique, Alfonsín-Sarney compartieron visiones similares, distintas a quienes los precedieron o los sucedieron. ¿Sucederá lo mismo con la ola bolsonarista?
 
En principio, hay algunos elementos que se repiten de manera idéntica en ambos países: una crisis socioeconómica muy delicada, cierta inconsciencia de la clase dirigente sobre los riesgos que asoman y un rechazo contundente hacia las principales figuras políticas del país, con pocas excepciones.
 
Los candidatos presidenciales Mauricio Macri y Cristina Kirchner baten récords de imagen negativa, y cada uno de ellos cifra sus esperanzas para el 2019 en el rechazo que genera el otro.
 
Un ejemplo de lo que ocurre se pudo ver esta semana. El Gobierno envió al Congreso un presupuesto donde se recortan gastos muy sensibles para pagar una deuda que el mismo Gobierno contrajo, sin que eso signifique ningún beneficio para los perjudicados ahora.
 
La Cámara de Diputados lo aprobó en medio de un espectáculo triste que solo puede alejar más a la sociedad de su dirigencia. Todo empezó con un brote de violencia contra las fuerzas de seguridad que fue respondido con una represión inexplicable, a kilómetros de los hechos, contra personas que no habían hecho nada.
 
Los principales diputados de la oposición no repudiaron el estallido, seguramente porque algunos de los suyos estaban implicados. Funcionarios oficiales distribuyeron información falsa para justificar que habían detenido a dirigentes sociales o instalaron el absurdo debate sobre la necesidad de expulsar extranjeros sin poder demostrar que algún inmigrante estuvo involucrado en los disturbios.
 
Mientras esto ocurría, algunos diputados se desafiaban a agarrarse a trompadas. Otros distribuían a los gritos información falsa para demostrar que la policía había iniciado la agresión. Y todo eso frente a una sociedad agobiada por una crisis social en la que ninguno de los gritones es inocente.
 
¿Qué podría salir de ese baile en las cubiertas del Titanic, donde las personas sensatas son desbordadas por aquellos que lucran con los gestos aparatosos y extremos?
 
En las semanas previas, otros integrantes de la dirigencia se sumaron al ágape. En la ciudad de Luján, tres sectores se reunieron para plantear una alternativa al Gobierno actual.
 
Por un lado, la Iglesia Católica Argentina: una organización que en las últimas décadas se opuso a los mejores avances de la democracia, como el divorcio, el juicio a los militares de la dictadura, el matrimonio igualitario y, además, está implicada en un escándalo por el encubrimiento de la jerarquía a cientos de casos de abuso sexual.
 
En ese mismo acto estuvo gran parte del sindicalismo argentino. Su principal referente es investigado por su ostensible vínculo con barras bravas repletas de delincuentes. Para defenderse, pegó afiches contra un periodista y su mujer, desparramó amenazas personales, insultos homofóbicos y llamados a derrocar al Gobierno. El tercer sector eran los intendentes del Conurbano bonaerense, una zona destruida por sus propias gestiones.
 
En paralelo, los empresarios se reunieron en el Coloquio de IDEA. Solo se les ocurrieron tres recomendaciones: bajar los sueldos, reducir los derechos de los trabajadores y pagar menos impuestos.
 
En los días en que se realizaba ese coloquio, el diario La Nación contó que en Francia, durante el 2010, las principales empresas del país decidieron aportar el 2% de sus ganancias para aplicarlo en proyectos sociales. ¿Se darán cuenta los ricos empresarios de IDEA lo que se ve de ellos cuando lo único que piden son más y más ventajas? Esos empresarios ovacionaron al Presidente de la Nación.
 
Unos días antes, uno de los sectores del peronismo se reunió en Tucumán para celebrar el Día de la Lealtad: gran parte de los dirigentes viajaron hasta allí en carísimos aviones privados. Ese mismo día, el máximo dirigente de una poderosa organización juvenil, el dirigente supera ya los 40 años, visitó en la cárcel a un ex ministro condenado por hechos de corrupción que causaron decenas de muertos.
 
Y todo eso apenas en una quincena.
 
Brasil está ofreciendo en estos días una solución fantasiosa a tantos problemas. La dirigencia argentina procede como la brasileña, antes de Bolsonaro, como si el riesgo de Bolsonaro no existiera.
 
Un prestigioso consultor analiza: "La Argentina tiene que agradecer a la grieta que Bolsonaro no exista. Con todos sus defectos, Macri y Cristina concentran dos tercios del electorado. Pero en los focus group de los desencantados, emergen los valores de Baby Etchecopar. Unos son ladrones, los otros ricos e ineptos. Están enojados. Probablemente, la mayor parte de ellos voten con bronca a Macri. Pero quieren otra cosa. Y, sobre todo, están hastiados de todo lo que ven. Sería tonto no ver allí una advertencia muy concreta".
 
Pero en la Argentina, seguro, eso no va a ocurrir. Nosotros somos distintos.
 
Brasil, decime qué se siente.
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 

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18-11-2018 / 09:11
La semana del peronismo terminó muy diferente a como había arrancado. De la fractura en el Senado por la votación del Presupuesto, cerró con la muestra de unidad exhibida para darle un golpe a la alianza Cambiemos y evitar que se quedara con los dos tercios de los miembros del Consejo de la Magistratura.
 
Es un nuevo error de cálculo político por parte de Mauricio Macri, Marcos Peña y de los operadores macristas en el Congreso que le causaron a Cambiemos una enorme derrota política en el Congreso de la Magistratura.
 
¿Qué ocurrió? Lo que los "PRO Puros" dijeron que no podía ocurrir: Todas los sectores peronistas olvidaron sus diferencias para ganar dos sillas en el poderoso Consejo de la Magistratura. La Casa Rosada creía que eso era imposible y que tenían aseguradas las poltronas de Pablo Tonelli y Mario Negri, con lo cual, tendrían aseguradas 8 de las 13 bancas necesarias para controlar el organismo judicial que selecciona y destituye jueces, y manipular así la justicia.
 
Lo ocurrido confirma que el entorno de Macri ha exagerado al minimizar la posibilidad de unidad de todos los peronistas para las elecciones del año que viene, lo que obliga a replantear toda la estrategia electoral que se elaboró y aplicó hasta ahora. En caso contrario, hay un riesgo cierto de derrota en las urnas en 10 meses.
 
Otra señal de unidad: el peronismo en su conjunto se reunió en Buenos Aires y lanzó un llamado a un gran frente opositor. "Se acabó definitivamente la mentira, el jolgorio y la fiesta amarilla en la Argentina", sentenció el presidente del Partido Justicialista nacional, José Luis Gioja, en el cierre del acto por el Día del Militante Peronista que conmemoró el regreso del ex presidente Juan Perón al país tras 17 años en el exilio.
 
El encuentro, organizado por el presidente del PJ bonaerense e intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, reunió en el Club Deportivo de esa localidad a Gioja, Magario, Scioli, Moyano, Yasky, entre otros dirigentes políticos y gremiales, de todo el arco peronista y dejó una foto histórica de unidad de cara a las elecciones presidenciales del próximo año.
 
Igual, pese al paso adelante, prevaleció la cautela acerca de si lo que sucedió es un indicativo acerca de que la oposición marcha hacia un proceso de unidad en 2019. "Es un paso importante, pero no sacaría conclusiones apresuradas. Todavía falta recorrer mucho para saber si va a haber unidad", definió el jefe del bloque de diputado del FpV-PJ, Agustín Rossi, uno de los anotados en la carrera presidencial.
 
De hecho, hasta ahora resultaron negativas las gestiones realizadas desde el PJ Nacional que encabeza Gioja para sumar a los referentes del sector Alternativa Argentina a la Mesa de Acción Política. El camino hacia la unidad no está libre de escollos, pero hay indicios favorables.
 
La Opinión Popular

17-11-2018 / 10:11
El Presupuesto 2019 en rojo que aprobó el Senado, en vez de asignar partidas, las retira. Es un presupuesto al revés. Se trata de una lista que enumera cuánto se saca de cada rubro, un anti presupuesto.
 
El país está en rojo pero no por comunista sino por quebrado. El gobierno de Cambiemos aprobó un presupuesto que es la expresión más clara de su dramático fracaso. Dramático para la gente de a pie, a la que los mismos que han hecho este desastre le reclaman sacrificios.
 
Muchos de ellos lo votaron, engañados, seducidos por promesas que nunca se cumplieron o por razones en las que cada uno habrá creído, pero ya no se trata de creer, las consecuencias están a la vista, duelen en el alma, en la panza y en el bolsillo: casi 50 por ciento de inflación en 2018 y cien por ciento de devaluación, con un 20 por ciento de pérdida de capacidad adquisitiva del salario y el cierre de miles de empresas y comercios.
 
Eso fue 2018, pero el Presupuesto que se aprobó el miércoles anuncia un 2019 aun peor. Ni siquiera lo pueden ocultar los medios y los periodistas del oficialismo.
 
La quiebra del país es indefendible, 2019 será un año difícil para la clase media y los sectores más humildes. La caída de la industria, más del 11 por ciento, es un dato que arrastra a miles de familias a la miseria. En todo el planeta hubo un sólo país con peor resultado en ese andarivel y fue Burundi.
 
No se está pagando ninguna fiesta. El gobierno de radicales y macristas asumió con muy poca deuda. Si hubo una fiesta, ya estaba pagada cuando asumió Mauricio Macri.
 
En cambio el país que recibirán los que ganen las próximas elecciones arrastrará la deuda inmensa que se tomó en estos años y que solamente sirvió para enriquecer a unos pocos.
 
Una deuda que el Fondo Monetario no tendría que haber concedido en condiciones claramente impagables. En el nuevo presupuesto bajan las partidas para salud y educación y la única que aumenta es para el pago de deuda externa.
 
Los medios, incluso los oficialistas, cuentan las monedas que habrá para ciencia y técnica, imaginan lo que faltará en los hospitales o los precios a los que volará el transporte y los demás servicios dolarizados y sin subsidios. Ha sido el avispón que molestó al gobierno. Empieza el año electoral y cada vez es más evidente que el eje de los opositores será la demolición de la gestión de Cambiemos

16-11-2018 / 10:11
Un estudio privado estimó que el promedio de los trabajadores perdió este año $57.500 por la suba de los precios no trasladada a los salarios. Con $57.500 una familia tipo cubre dos meses y medio el costo de la Canasta Básica Total que calculó el Indec para setiembre pasado.
 
Como alternativa, con esos $57.500 esa familia también podría pasar por una tienda de electrodomésticos y comprar por $19.000 una heladera de 280 litros y un televisor de 32 pulgadas a un precio de 11.000 pesos.
 
El resto les alcanzaría para aprovechar este fin de semana largo y hacerse una escapada a Mar del Plata a un Apart de 4 estrellas les cobraría $11.877 por 3 noches con desayuno incluido en habitaciones separadas para padres e hijos, y en el Bus de larga distancia pagarían algo menos de $7.000 por los viajes ida y vuelta en coche cama.
 
Haciendo las cuentas les sobraría suficiente dinero para las comidas y alguna comprita.
 
Cualquiera de las dos alternativas ilustra el poder de compra que en promedio perderá un trabajador asalariado en 2018, según un estudio realizado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP).
 
El cálculo es muy sencillo: sumaron la diferencia entre el salario promedio que efectivamente cobraron los trabajadores registrados del sector privado en cada uno de los meses y lo que hubieran cobrado si el salario se hubiera ajustado mensualmente de acuerdo a la inflación.
 
Ese cálculo arrojó $57.500, el equivalente a dos canastas y media o a ese paquete de electrodomésticos y fin de semana de miniturismo.
 
Para cuando termine el año la pérdida puede llegar a ser incluso algo mayor a $57.500, porque el estudio estimó que la inflación de octubre sería del 4,5%  pero resultó del 5,4%, según difundió el Indec. Para noviembre y diciembre estimaron 3% y 3,5%, respectivamente.
 
Con el mismo método, el trabajo coordinado por Ana Rameri y Claudio Lozano también calculó la merma del poder adquisitivo acumulada desde que asumió Mauricio Macri. La reducción en esos tres años asciende a 117.581 pesos.
 
En comparación con esas pérdidas, el bono de $5.000 tiene el efecto de una aspirina para un enfermo grave. Compensa menos del 10% del perjuicio de 2018 y equivale a menos del 5% de lo que se les esfumó desde diciembre de 2015.

16-11-2018 / 09:11
Ayer quedó en claro, una vez más, el fracaso de la política económica neoliberal de Mauricio Macri. El índice de precios al consumidor del Indec registró en octubre un alza del 5,4% a nivel nacional, empujado por alimentos y bebidas, las tarifas del gas, el transporte y las prepagas. En la comparación anual, la inflación de octubre se ubica en el 45,9%.
 
En diez meses, la inflación asciende al 39,5% y puntualmente los rubros esenciales de la canasta básica muestran en promedio un incremento del 43,7%, cuya contracara es el grave deterioro del poder adquisitivo de los sectores trabajadores y jubilados.
 
El año cerraría con una inflación del orden del 48%, la más alta desde 1991, y se calcula que el año que viene, si las variables financieras no se vuelven a disparar, la inflación no bajaría de del 30%. Los números de inflación se dan en el marco de una dura caída de la producción, inversión y empleo, tasas de interés siderales y aumento record de la deuda externa, de la pobreza y la indigencia.
 
Los precios en el promedio de toda la economía se multiplicaron por 2,5 en apenas tres años de gestión Cambiemos, lo cual está bastante alejado del slogan de campaña de Macri acerca de que "en mi gobierno la inflación no va a ser un problema". Una mentira más para engañar a los votantes y llegar al poder.
 
El Gobierno preparó los ingredientes para el caldo ideal de inflación: brutal devaluación, violenta suba de tarifas y tasas de interés siderales. Así, en octubre los precios de alimentos y bebidas avanzaron un 5,9% a nivel nacional, acumulan un 43,7 en diez meses y el 46,4% en la comparación interanual. El traslado de la suba del dólar de fines de agosto y septiembre a bienes de consumo masivo, como por ejemplo la harina y panificados, aceites, carnes y lácteos, fue letal.
 
Según los datos del Indec, en el último año el kilo de pan francés subió un 84% y los fideos guiseros lo hicieron en un 80%, ambos empujados por la harina, que avanzó un 173%. El arroz subió un 66% y el aceite de girasol lo hizo en un 79%. Entre los lácteos, la leche en sachet subió un 40% y el queso cremoso, un 31%. La sal fina creció un 60%.
 
Los incrementos de precios de alimentos y bebidas, el colectivo, tren y subte, naftas y los servicios esenciales para el funcionamiento del hogar fue muy fuerte en el último año, lo cual, conjugado con un escenario de caída del empleo, paritarias a la baja, recorte de horas extra, suspensiones, caída del poder adquisitivo de jubilaciones y asignaciones familiares, configura un delicado escenario social.
 
Los creadores de "pobreza cero", "en mi gobierno la inflación no va a ser un problema", "el segundo semestre", "no vamos a ajustar", " se viene la lluvia de inversiones"... ahora dicen que "después de la próxima cosecha todo va a cambiar"  y "en noviembre la inflación se va a reducir a menos del 3 % mensual". Para diciembre frutean con un guarismo similar. Se trata del nivel más elevado desde 2002.
 
La Opinión Popular

15-11-2018 / 10:11
La declaración reciente del ministro de Hacienda Nicolás Dujovne: "Nunca se hizo un ajuste de esta magnitud sin que caiga el Gobierno", es una forma de sincericidio del que no se tiene memoria en las últimas décadas en el país.
 
Hay una excepción: la del radical Juan Carlos Pugliese, quien tomó las riendas del ministerio en el último tiempo del gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín. Se dirigió entonces al mundo de las finanzas, pidiendo respaldo y comprensión: "Yo les hablo con el corazón -dijo- pero ustedes me responden con el bolsillo".
 
Dujovne pudo decir lo que dijo hace horas porque los militares argentinos no son una amenaza, por suerte. Fueron los golpes de Estado en la segunda mitad del siglo XX los que ayudaron a perturbar la economía. No dejaban hacer, nadie podía tomar previsiones ni asumir políticas de largo plazo.
 
Sólo Arturo Frondizi fue víctima de 32 planteos militares. Uno de sus ministros de Economía, Álvaro Alsogaray, pudo remontar la instancia crítica sólo porque estaba respaldado por los militares (entre ellos el general Julio Alsogaray, su hermano).
 
José Alfredo Martínez de Hoz, ministro con el siniestro Golpe Militar de 1976, pudo concretar su modelo de apertura de la economía, más las privatizaciones, más el amparo de la timba financiera, más su lucha contra la industria nacional, el tiempo de "la plata dulce", porque lo apoyaba la mayoría de los militares.
 
Los ministros de Economía acompañaron el paso de los años con engaños, con mentiras y ocultamientos. La sorpresa de Dujovne es que está diciendo la verdad. En otro momento, habida cuenta de la actual realidad económica, la aflicción de la clase media, la imposición de un programa que sólo genera víctimas, el crecimiento de la pobreza, ya habrían bastado para acorralar a cualquier gobierno de cualquier signo político.
 
Así, el ministro puede decir lo que dice porque en la vereda política de la oposición no hay unidad, ni candidato, ni organización de ninguna naturaleza. El peronismo está dividido. Y no hay otra cosa.
 
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