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“Si la fuerza material está monopolizada por el régimen, las fuerzas morales, los valores que no se afincan en lo material están de nuestro lado, del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora”. John W. Cooke
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Nacionales - 27-10-2018 / 09:10
PANORAMA POLÍTICO

En Luján se mostró un modelo de confluencia popular para una propuesta de poder

En Luján se mostró un modelo de confluencia popular para una propuesta de poder
La masiva marcha de los gremios a Luján el 20 de octubre, con la presencia de algunos obispos, de la Corriente Federal de Trabajadores y la CTA, en las que participan agrupaciones cercanas al kirchnerismo, de los gremios del moyanismo y de los grandes gremios de la industria como el SMATA, así como la mayoría de los intendentes peronistas del conurbano fue otra señal muy fuerte del rumbo más caudaloso que va tomando el reordenamiento de la oposición.
La masiva marcha de los gremios a Luján el 20 de octubre, con la presencia de algunos obispos, de la Corriente Federal de Trabajadores y la CTA, en las que participan agrupaciones cercanas al kirchnerismo, de los gremios del moyanismo y de los grandes gremios de la industria como el SMATA, así como la mayoría de los intendentes peronistas del conurbano fue otra señal muy fuerte del rumbo más caudaloso que va tomando el reordenamiento de la oposición.
 
Durante parte de los gobiernos kirchneristas,  el oficialismo, el moyanismo y el obispo Jorge Bergoglio discurrían por andariveles diferentes. De alguna manera, el acto de Luján implicó esa confluencia que tuvo un mensaje muy claro hacia la interna peronista y hacia el gobierno de Macri. La inmensa manifestación a Luján fue un acto esencialmente político, por su contenido y por su composición.
 
En su homilía, el arzobispo de Mercedes-Luján, Agustín  Radrizzani, apuntó a que "el futuro de la Nación no está únicamente en manos de los dirigentes: está fundamentalmente en manos de nuestro pueblo, en su capacidad de organizarse para lograr este proceso de auténtico cambio". Y subrayó: "No nos dejemos robar el entusiasmo. No nos dejemos robar la esperanza. No nos dejemos robar la alegría permanente. No nos dejemos robar la comunidad".
 
Los medios oficialistas, Clarín y La Nación, mostraron al acto como un chantaje a la justicia por el pedido de prisión para Pablo Moyano. Puede ser una explicación que el acto hubiera sido convocado ante una medida judicial irregular de persecución política contra un gremialista como las que abundan en esta época.
 
Pero en todo caso esa explicación daría cuenta de un aspecto parcial de la convocatoria. El consenso mostrado en el acto, junto con los intendentes del conurbano y los movimientos sociales tenía que expresarse en un gran acto contra la política económica y el Presupuesto exigido por el Fondo Monetario.
 
En las reglas de juego de la Iglesia, no podía haber un discurso confrontativo con el gobierno, pero la fecha próxima al debate del Presupuesto en el Congreso y al acuerdo con el FMI fueron el contexto que dio contenido, al igual que las declaraciones de dirigentes y manifestantes.
 
El otro hecho cercano fue el acto por el 17 de octubre que organizó en Tucumán otro sector del peronismo, con el massismo y algunos gobernadores, pero sin el kirchnerismo ni el moyanismo. La idea de dejar fuera al kirchnerismo o de aislarlo y limitar su posibilidad de alianzas se dejó traslucir en las declaraciones de algunos de sus participantes.
 
Fue una semana donde se mostró en Luján un modelo de confluencia popular para una propuesta de poder y otro modelo en el debate por el presupuesto en el Congreso, de debilidad ante el poder económico y el mandato del Fondo. Entre esos dos caminos se empieza a definir la disputa del 2019.

 
Santos demonios
 
"Monseñor, aquí no tenemos tiempo para leer tantas cosas. No venga aquí con tantos papeles", respondió en 1979 Juan Pablo II al obispo Oscar Arnulfo Romero, que había viajado al Vaticano a denunciar la masacre en El Salvador. La curia le había negado audiencia con el Papa.
 
El obispo había madrugado para estar entre el público que llega los domingos al Vaticano para recibir el saludo papal. Le tomó la mano y le rogó que le diera una audiencia. "En Roma me trataron como si fuera un mendigo solicitando la audiencia" relató más tarde.
 
Cuando entregó al Papa los documentos con testimonios de los crímenes de la dictadura, Juan Pablo II soltó la frase de que no tenía tiempo para leer. Un año después Romero fue asesinado por un comando paramilitar mientras daba misa en la Catedral.
 
Casi 40 años más tarde, el pasado 14 de octubre, el Papa Francisco declaró santo al obispo salvadoreño y en la ceremonia utilizó el cinturón ensangrentado que llevaba el religioso cuando fue asesinado. Esta semana, el Vaticano anunció que el 27 de abril de 2019 el obispo argentino Enrique Angelelli, será confirmado oficialmente como beato, primer paso para declararlo santo de la Iglesia Católica.
 
La reivindicación de Romero y Angelelli, antes demonizados y ahora santificados, ubica a la Iglesia Católica en América Latina en un lugar diferente.
 
Por un lado reconoce en el caso Angelelli, que fue asesinado por militares y no fallecido en un accidente, como lo quiso presentar la dictadura y la mayoría de los obispos.  Y además revierte en su contra lo que los represores consideraban su sustento ideológico.
 
El ex general Luciano Benjamin Menéndez y el ex comodoro Luis Estrella fueron condenados por este crimen y pasarán a la historia como los responsables del martirio de un santo. Un dato importante para represores y torturadores pasados y futuros.
 
Para entender la importancia de esta decisión del Vaticano, basta con el furioso editorial que le dedicó La Nación: "Angelelli de ninguna manera constituye el modelo de ejemplaridad cristiana que la Iglesia exige para iniciar un proceso de canonización" señaló el editorial.
 
"Con una beatificación o la canonización -agregó- la Iglesia proclama la ejemplaridad cristiana de la vida de una persona y autoriza su culto. Nunca se debe proponer un modelo violento y sectario. Por esta razón, no encontramos acertadas las palabras del actual obispo de La Rioja, Marcelo Colombo, quien afirmó: 'Es un reconocimiento a los testigos valientes del Reino de Dios'".
 
El ex obispo castrense Antonio Baseotto difundió una carta en la que rechazó la beatificación de Angelelli y como si justificara su asesinato afirmó que "claramente, si hubiera sido muerto por los militares, no habría sido por su Fe, sino por su compromiso con las fuerzas de izquierda".
 
Baseotto fue removido como obispo castrense por Néstor Kirchner cuando el cura dijo que al ministro de Salud Ginés González García había "que atarle una piedra al cuello y echarlo al mar" en una patética metáfora del sistema de eliminación de secuestrados que se practicaba en la ESMA.
 
La importancia que han tomado en los últimos años las políticas de género frente la posición secular y retrógrada que mantiene la Iglesia en estos temas hizo que este movimiento que asume como ejemplares para el mundo cristiano las vidas de los obispos Romero y Angelelli, fuera más valorado (para repudiarlo) por los sectores conservadores que históricamente han controlado estas decisiones de gran peso simbólico en la Iglesia Católica.
 
Son debates que van por cuerda separada, al igual que sucede con muchos de los curas villeros, que pueden coincidir en algunos temas y en otros no. Sería un error mezclarlos y darle la espalda a estos gestos que se incorporan a una tradición que ya desde hace muchos años sostienen los curas villeros y los de la opción por los pobres como parte de las luchas populares.
 
Y el debate en el Congreso, mientras decenas de miles de trabajadores se manifestaban en la Plaza, algunos gobernadores peronistas le dieron 18 votos al oficialismo para aprobar el Presupuesto. Fue una demostración de que en la Argentina no existe federalismo y dejó a los mandatarios provinciales en una encrucijada.
 
En la intensa negociación con el gobierno, algunos consiguieron que la Casa Rosada les hiciera algunas concesiones, como no retirar los subsidios al transporte, por ejemplo. De esa manera evitaron un  impacto fuerte en la economía doméstica provincial, pero quedan como corresponsables del cataclismo que sacudirá sus economías con los fuertes ajustes que incluye el Presupuesto del año próximo.
 
Otro mito que se derrumba. El peronismo en la oposición resultó más amigable de lo que fue el antiperonismo supuestamente republicano cuando los peronistas fueron gobierno con el kirchnerismo.
 
Durante todos los años posteriores a la caída de Perón en el 55, el peronismo fue el único obstáculo para que los gobiernos que le siguieran no destruyeran las conquistas sociales, la educación y la salud pública y el aparato estatal. Eso cambió. Hubo mucha gente en la calle, manifestaciones y actos, pero en el Congreso hubo dispersión.
 
El mecanismo de chantaje entre el ejecutivo nacional y los provinciales, que poco tiene que ver con la gobernabilidad, ha permitido que este gobierno, que tiene menos legisladores de los que tenían el anterior y sus aliados, haya conseguido, paradójicamente, que le aprueben más leyes con menos obstáculos.
 
Y no son leyes secundarias o con poco impacto directo en cada ciudadano. Han dado sus votos al pago a los fondos buitres que disparó un endeudamiento astronómico, al saqueo de las jubilaciones y al ajuste dramático del Presupuesto.
 
Esa táctica de los gobernadores, que se alejan de su alineación política nacional y forman sus propios bloques después de llegar en una misma lista, tendrá un efecto en las alianzas futuras y en la elaboración de las listas de legisladores nacionales.
 
Aunque parezcan más independientes, el mecanismo actual los hace más dependientes del poder central a cambio de migajas. La coherencia a nivel nacional los independiza más, aunque disminuya esa capacidad de negociar en los márgenes en forma individual. Un ejemplo es que con ese mecanismo pragmático o "negociador" habilitaron el endeudamiento que después llevó al ajuste salvaje que ahora castiga a todas las provincias. 
 
Fue una semana donde se mostró en Luján un modelo de confluencia popular para una propuesta de poder y otro modelo en el debate por el presupuesto en el Congreso, de debilidad ante el poder económico y el mandato del Fondo. Entre esos dos caminos se empieza a definir la disputa del 2019.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página 12
 

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20-01-2019 / 09:01
Chico conoce chica, la comedia de Hollywood le saca el jugo. Presidente conoce presidente, las Cancillerías y los medios afines abusan del paralelismo: hablan de "química", "empatía", "onda" y otras simplezas. Como en las comedias o en la vida real el primer encuentro puede influir, pero la larga convivencia siempre es crucial.
 
El presidente brasileño, Jair Messias Bolsonaro, recibió a su colega argentino Mauricio Macri en Brasilia. Dos desaires anteriores (ahora dicen) quedaron atrás: Bolsonaro no vino para el G-20, Macri veraneaba cuando asumió su par. Sobreactuaron amistad aunque a Macri (cultor de la doctrina Chocobar) sus asesores le aconsejan no fotografiarse "disparando" con las manos.
 
Objetivamente tienen un destino común, una frontera gigantesca, un intercambio comercial único. Ningún país es soberano del todo, en la aldea global. Pero hay mandatarios o visiones ideológicas que se empeñan en ampliar los márgenes nacionales de decisión. Otros prefieren el alineamiento con los países hegemónicos aunque jamás hablen de dependencia.
 
A los contertulios de Brasilia no los unen el amor ni el espanto, sí intereses  y la subordinación al Departamento de Estado.
 
Como Aníbal Troilo, Estados Unidos nunca se fue de este Sur, pero su política exterior posterior al atentado a las Torres Gemelas permitió un resuello. Coincidió con la llegada de experiencias populares variadas, más o menos radicales pero muchas antagónicas con la herencia neoconservadora de los '90.
 
Prevalecieron la paz y la no intervención en otros Estados, por un lapso prolongado y con una intensidad tal vez sin precedentes. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) medió exitosamente para frenar sangrientos intentos golpistas contra el presidente boliviano, Evo Morales, y contra el ecuatoriano Rafael Correa que incluso fue secuestrado por fuerzas de seguridad.
 
Las coincidencias políticas gravitaban pero todos los gobiernos cooperaban en un organismo flamante, de nimia institucionalidad cuyas resoluciones exigen unanimidad de los presidentes. O, cuanto menos, inexistencia de vetos así fuera de uno solo.
 
Diplomacia presidencial al rojo vivo que eleva el protagonismo de los mandatarios y confina a las Cancillerías. Néstor Kirchner fue electo presidente del organismo con la anuencia de todos sus integrantes: una sola bolilla negra bastaba para dejarlo afuera.
 
Las derechas autóctonas, con la cooperación recurrente de "la Embajada" de EE.UU. le coparon la parada a Unasur. Cambiaron la correlación de fuerzas mediante golpes de Estado atípicos, novedosos: en Paraguay, Honduras, Brasil y ahora van por Venezuela. Macri y Bolsonaro 2019 se contraponen a Lula da Silva-Néstor Kirchner en 2003. Pasaron cosas, caramba. 

19-01-2019 / 11:01
19-01-2019 / 10:01
Es cada vez mayor la cantidad de personas que se suman a la protesta callejera contra la suba de los servicios públicos que implementa el gobierno de Mauricio Macri. Por cuarto viernes consecutivo, miles de porteños cortaron anoche las avenidas Rivadavia, Corrientes o Cabildo, entre otras, para protagonizar un nuevo "ruidazo" por los padecimientos derivados de las políticas de la alianza Cambiemos. También hubo manifestaciones en el conurbano bonaerense y en ciudades del interior de la provincia.
 
Las quejas por los aumentos de tarifas, por sueldos y jubilaciones cada vez más insignificantes frente a la inflación, se combinaron con reclamos puntuales de docentes por el cierre de las escuelas nocturnas resuelto por el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta.
 
De fondo se alternaba el ya tradicional "Mauricio Macri la puta que te parió", como el menos usual "fuera, fuera, fuera Macri fuera". "Macri son un fracaso como presidente. La inflación es un cáncer. Sos un inepto, le mentís a la gente", se expresa un vecino desde su cartel. "Nos sacaron el Fútbol para Todos para hacer 3000 jardines. ¿Dónde están?", indaga otro.
 
Anoche volvieron a sentirse las cacerolas, los bocinazos y ruidazos en distintas ciudades del país. Se dan después de la segunda marcha de la multisectorial contra los tarifazos que este jueves se realizó en Rosario y que continuará en Mar del Plata y Mendoza. Así como los ruidazos seguirán todos los viernes por la noche.
 
El motivo central de las protestas es el mismo: la crisis económica del modelo neoliberal macrista. La gente se une para marchar o golpear cacerolas, para reclamar por los despidos, los bajos salarios, los aumentos del transporte y de los servicios públicos, porque la plata ya no alcanza.
 
La bronca se acumula de la misma manera que los gastos para llegar a fin de mes. La gente se junta por un reclamo, por una inconformidad que la unifica. Es una queja por el presente, pero con la esperanza de lograr un cambio en el futuro. Protestan porque entienden que quedarse en la comodidad de sus casas se convierte en un silencio cómplice del ajuste macrista.
 
Las protestas continuarán, con mayor o menor presencia en las esquinas de las ciudades, o terminar diluyéndose ante la falta de respuestas positivas. O pueden aumentar, si este año vuelven a golpear los bolsillos populares de manera intolerable. ¿Influirán en las elecciones? Es una pregunta difícil de responder. Por ahora, el ruido sigue. La gente está harta de Macri.
 
La Opinión Popular

18-01-2019 / 09:01
Con Mauricio Macri, se profundizó un fenómeno que había arrancado en la primera mitad del 2018 y que muestra de lleno cuál fue el sector más perjudicado por la crisis económica: los trabajadores asalariados perdieron otra vez participación en el reparto de la torta de ingresos y así se alejan cada vez más del famoso fifty fifty.
 
El fifty-fifty (cincuenta y cincuenta) que impulsó el primer peronismo proponía que trabajadores y empresas se repartieran en partes iguales los ingresos que genera el país.
 
Esta vez la caída de su porción fue de 4,7 puntos durante el tercer trimestre: pasaron de recibir el 50,6% de la torta al 45,9%. Así, volvió a niveles distributivos del 2010.
 
A la par, eso significó un crecimiento de la parte del producto que se quedaron los empresarios, a costa del salario de los trabajadores. Ahí el salto fue casi en espejo y los dueños de las empresas pasaron a recibir el 45,7% del total, lo que implicó un crecimiento de 4,8% puntos.
 
Es decir que el 4% de los que participan en la producción, o sea los empresarios tal como señala el propio Indec, se quedaron con una porción casi idéntica a la del 74% representado por los asalariados.
 
La cuestión del fifty-fifty tiene un poder simbólico fuerte en la Argentina, aunque en los países desarrollados la distribución capital-trabajo es bastante más favorable para los asalariados: la participación asalariada ronda el 60% y durante los 70 giraba en torno al 65%, tal el caso de Estados Unidos.
 
Aunque en 1945 esta proporción era vista como una conquista social, en la actualidad es insuficiente. Para reducir la pobreza y aumentar la equidad es necesario impulsar reformas para que los trabajadores aumenten su participación a niveles más parecidos a los observados en los países desarrollados. Todo lo contrario de lo que está haciendo el gobierno de Mauricio Macri.
 
La Opinión Popular

18-01-2019 / 08:01
Gracias a la política económica neoliberal del inepto gobierno de Mauricio Macri, la inflación mayorista fue de 73,5% en 2018, las más alta desde la crisis de 2002, explicadas ambas por el impacto directo e indirecto de la devaluación de la moneda en sus respectivos momentos.
 
Según informó ayer el Indec, el aumento interanual en el índice de precios mayoristas del año pasado fue consecuencia de la suba de 104,8% de los productos importados, una cifra casi calcada al alza del dólar en 2018, y del incremento de 71,2% en los precios de los bienes nacionales.
 
Así, alcanzó su nivel más alto desde 2002, cuando a la salida de la convertibilidad marcó 77,1%. Entre los rubros relevados que más subieron el año pasado se destaca el petróleo crudo y gas, con el 105,5 por ciento, empujados por el alza del dólar y la cotización internacional de esos commodities.
 
La dolarización de tarifas impactó en manufacturados y energía eléctrica, con un aumento de 67,6%, mientras que la industria automotriz dejó en evidencia la alta participación de componentes importados y unidades terminadas del exterior, dado que los precios de este segmento aumentaron 90,6% promedio.
 
El costo de la construcción, por su parte, fue de 44,8%, impulsado casi en su totalidad por la remarcación en materiales.
 
Esta semana se conoció la cifra oficial de inflación minorista del año pasado, la cual se ubicó en 47,6%, el mayor registro en 27 años, producto de la duplicación en el precio del dólar, los tarifazos y la desregulación de precios sensibles al bolsillo. Sin embargo, el aumento de la inflación mayorista fue 25,9 puntos porcentuales superior que la registrada al público.
 
Esta diferencia se explica por la decisión de absorber márgenes empresarios de algunos sectores, en los que aún había sido posible, para no trasladar todo el aumento ante el actual escenario de recesión económica.
 
No todos los precios fueron trasladados, primordialmente porque, por ejemplo, al almacenero, se le cayó la demanda y hay menos poder adquisitivo. Si sube los precios no vende nada.


Conclusión: con Macri hay inflación para rato. En este 2019, existirá una fuerte inercia inflacionaria, la pesada herencia de 2018. La brecha entre inflación mayorista y minorista deja un arrastre de precios que se irá trasladando a los bolsillos de pueblo y que se sumará a los brutales tarifazos del Gobierno de los Ricos.
 
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