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“Han venido a saquear al país, y lo saquearon: deuda externa eterna, fuga de capitales, condonación de deudas privadas, bicicleta financiera y un plan de Macri con el FMI que es irrealizable”. “Pino” Solanas
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Nacionales - 26-10-2018 / 09:10

El 50,4% de los argentinos preferiría irse del país

El 50,4% de los argentinos preferiría irse del país
La devaluación del poder adquisitivo de los ingresos y la inestabilidad laboral que acentuaron las corridas cambiarias, los traslados a precios y los insistentes tarifazos a partir de la segunda mitad del año dañaron a la mayoría de la población mucho más allá que en el aspecto puramente material: sembraron una incertidumbre e insatisfacción generalizadas de tal magnitud que se manifiesta bajo la forma de agresividad y desánimo.
La mayoría de la población no sólo ve afectado su bolsillo por el retroceso en sus ingresos provocado por la devaluación, traslado a precios y tarifazos que ya venían de antes, sino también esta crisis desatada con virulencia a partir de la segunda parte del año pegó de lleno en su estado de ánimo.
 
A punto tal que 20% más de gente que el año pasado manifestó que querría irse a trabajar a otro país. Abarca a un universo superior a la mitad de los encuestados por el Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21 para elaborar un índice de bienestar emocional.
 
El 50,4% de los argentinos preferiría irse del país, y no tanto por el deterioro infligido por la inflación a su salario, sino por no sentirse bien en el trabajo, especialmente en la relación con su jefe en el 60% de los casos.
 
Campean en las respuestas la disconformidad y la insatisfacción por la calidad de vida resultante mucho más que la pérdida de poder adquisitivo del salario propiamente dicha.
 
Pero todo junto se potencia y repercute en las vidas personales y vuelven como boomerang al trabajo bajo la forma de sentirse cada vez menos comprometido en el 21,8% de los casos; en dudar que lo que se hace contribuya en algo interesante, en el 21,1%, y en admitir que una jornada laboral canse tanto que imposibilite realizar otra actividad.

 
La devaluación del poder adquisitivo de los ingresos y la inestabilidad laboral que acentuaron las corridas cambiarias, los traslados a precios y los insistentes tarifazos a partir de la 2da mitad del año dañaron a la mayoría de la población mucho más allá que en el aspecto puramente material: sembraron una incertidumbre e insatisfacción generalizadas de tal magnitud que se manifiesta bajo la forma de agresividad y desánimo.
 
No extrañó que ejecutivos de empresas extranjeras, quienes como sucedía con deportistas provenientes de ligas internacionales percibían sus haberes en moneda nacional con la paridad del dólar como referencia, empezaran a plantear en las casas matrices que querían retirarse del país ante la desvalorización de sus remuneraciones, ya que estas reacciones repetían las suscitadas por la crisis de fines del 2001.
 
Pero, en esta oportunidad, el malestar y el consecuente deseo de emigrar también se hicieron extensivos a argentinos disconformes e insatisfechos por la calidad de vida y la falta de perspectivas de mejoría en algún plazo.
 
Lo revela un Índice de bienestar emocional y estrés construido por el Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21 sobre la base de la opinión de más de 1000 personas de distintas partes del país en relación de dependencia según el cual 50,4% preferiría irse del país, y no tanto por el deterioro infligido por la inflación a su salario, sino por no sentirse bien en el trabajo, especialmente en la relación con su jefe en el 60% de los casos.
 
En apenas un año, la desazón invade a cada vez más gente: el 42,4% de los trabajadores consultados que se manifestaban satisfechos con su vida en 2017, descendió en 2018 al 34,3%; es decir que se sumó 20% más de contrariados.
 
Es una palpable demostración del error de lectura que hizo el oficialismo de la elección de medio término ganada hace exactamente un año, al creer que sería suficiente para reoxigenar las expectativas favorables al bienestar económico generadas al inicio de la gestión, en diciembre de 2015, cuando significaron apenas una prórroga a la coalición gobernante para que definiera un plan económico que contuviera rumbo cierto y creíble para la sociedad, con administración idónea. Jamás lo hubo, ni con el gradualismo, ni con la salida de las metas monetarias ni ahora con la intervención del FMI.
 
El equilibrio emocional ha pasado a primer plano en las ponderaciones, sobre todo para las nuevas generaciones, cuyo rango de edad se encuentra entre 25 y 40 años, inclusive por encima de la propia remuneración.
 
La consultora en RRHH Adecco Group, en su última compulsa, extrajo como conclusión que la principal motivación laboral sigue siendo el "gusto" por el trabajo, a punto tal que casi el 51% de los encuestados se inclinó por ese motor de satisfacción; el 42,3% priorizó la remuneración y otros beneficios adicionales al salario, en tanto que el 37% se inclinó por las posibilidades de desarrollo profesional.
 
Coincide esa priorización de la salud mental de las personas en las organizaciones para las que se desempeñan con un informe de la Federación Argentina de Empresas de Trabajo Temporario (FAETT), de acuerdo con el cual 7 de cada 10 consultoras de servicios eventuales del país, señalan como los factores más influyentes: buen ambiente de trabajo (70%), reconocimiento por parte de los superiores (20%) y buenas relaciones interpersonales (10%).
 
El reporte establece también que cuando un empleado se siente feliz en su ámbito de trabajo: es más productivo (50%), se compromete más con la organización (30%), está más motivado (10%) y afianza su sentido de pertenencia (10%), en contraste con el mal trato por parte de superiores (60%) y las deficientes relaciones interpersonales (40%). 
 
Las capacidades y aptitudes más promovidas a partir de esta orientación son: la flexibilidad (50%), el optimismo (30%) y la adaptación (20%).
 
Asimismo, la investigación realizada por la Universidad Siglo 21 llega a la conclusión de que la cuestión salarial no es una motivación determinante, y que, de hecho, las variables que impactan negativamente y a la vez las que más valoran son: los niveles de satisfacción, la dedicación y el orgullo del trabajo, como también la aceptación con los recursos laborales que tienen y hasta la valoración que perciben por parte de la organización.
 
De modo que así como la motivación es fundamental para el bienestar, un factor clave serían los niveles de felicidad y satisfacción de cada argentino.
 
 
Dos tercios de insatisfechos
 
El Índice de Bienestar Emocional y Estrés en trabajadores argentinos 2018 reveló que 1 de cada 3 trabajadores se encuentra satisfecho con su vida actual.
 
"Con frases como 'en general, estoy satisfecho con mi vida' y 'en la mayoría de los aspectos mi vida es como quisiera que sea', hubo una disminución en los valores promedios con respecto a años anteriores", comentó Leonardo Medrano, secretario de investigación del Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la casa de estudios.
 
Cuando algo no anda bien en la salud mental y emocional de las personas, los síntomas de malestar emocional, tales como dolor o tensión, que en 1 de cada 4 casos se experimentan la mayor parte de los días son de índole:
 
-emocional (25,4%),
-sentirse ansiosos (24,7%), c
-cansancio físico (19,3%),
-inquietud motora (18,7%),
-sensación de poco energía (16,6%),
-dificultades para concentrarse (11,8%) y
-dificultades para controlar la preocupación (10%).
 
En 1 de cada 3 trabajadores se presentan otros síntomas, como el de Burnout. "Este es un sentimiento muy claro, como el agotamiento, y otro al que deben prestar vital atención es al cinismo, cuando una persona siente que su propósito en el trabajo perdió todo tipo de sentido", enfatizó Medrano.
 
El relevamiento se llevó a cabo en distintas partes del país. La Ciudad de Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Córdoba, Corrientes, Mendoza, Rosario y San Miguel de Tucumán fueron las elegidas para realizar la investigación y comparar los niveles de estrés, motivación laboral y satisfacción con la vida.
 
Las provincias de Mendoza, Tucumán y la Ciudad de Buenos Aires presentan los mayores niveles de estrés, es decir, mayor agotamiento, cinismo por el trabajo y sintomatología emocional.
 
Por otro lado, los niveles más bajos de motivación laboral se observaron en Córdoba, Ciudad de Buenos Aires y Tucumán, mientras que Corrientes y Rosario se aprecian los mayores niveles de motivación. Respecto a la satisfacción con la vida, los niveles más bajos se encuentran en Córdoba, Ciudad de Buenos Aires y Tucumán.
 
Por  Rubén Chorny
 
Fuente: Urgente24
 

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18-11-2018 / 09:11
La semana del peronismo terminó muy diferente a como había arrancado. De la fractura en el Senado por la votación del Presupuesto, cerró con la muestra de unidad exhibida para darle un golpe a la alianza Cambiemos y evitar que se quedara con los dos tercios de los miembros del Consejo de la Magistratura.
 
Es un nuevo error de cálculo político por parte de Mauricio Macri, Marcos Peña y de los operadores macristas en el Congreso que le causaron a Cambiemos una enorme derrota política en el Congreso de la Magistratura.
 
¿Qué ocurrió? Lo que los "PRO Puros" dijeron que no podía ocurrir: Todas los sectores peronistas olvidaron sus diferencias para ganar dos sillas en el poderoso Consejo de la Magistratura. La Casa Rosada creía que eso era imposible y que tenían aseguradas las poltronas de Pablo Tonelli y Mario Negri, con lo cual, tendrían aseguradas 8 de las 13 bancas necesarias para controlar el organismo judicial que selecciona y destituye jueces, y manipular así la justicia.
 
Lo ocurrido confirma que el entorno de Macri ha exagerado al minimizar la posibilidad de unidad de todos los peronistas para las elecciones del año que viene, lo que obliga a replantear toda la estrategia electoral que se elaboró y aplicó hasta ahora. En caso contrario, hay un riesgo cierto de derrota en las urnas en 10 meses.
 
Otra señal de unidad: el peronismo en su conjunto se reunió en Buenos Aires y lanzó un llamado a un gran frente opositor. "Se acabó definitivamente la mentira, el jolgorio y la fiesta amarilla en la Argentina", sentenció el presidente del Partido Justicialista nacional, José Luis Gioja, en el cierre del acto por el Día del Militante Peronista que conmemoró el regreso del ex presidente Juan Perón al país tras 17 años en el exilio.
 
El encuentro, organizado por el presidente del PJ bonaerense e intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, reunió en el Club Deportivo de esa localidad a Gioja, Magario, Scioli, Moyano, Yasky, entre otros dirigentes políticos y gremiales, de todo el arco peronista y dejó una foto histórica de unidad de cara a las elecciones presidenciales del próximo año.
 
Igual, pese al paso adelante, prevaleció la cautela acerca de si lo que sucedió es un indicativo acerca de que la oposición marcha hacia un proceso de unidad en 2019. "Es un paso importante, pero no sacaría conclusiones apresuradas. Todavía falta recorrer mucho para saber si va a haber unidad", definió el jefe del bloque de diputado del FpV-PJ, Agustín Rossi, uno de los anotados en la carrera presidencial.
 
De hecho, hasta ahora resultaron negativas las gestiones realizadas desde el PJ Nacional que encabeza Gioja para sumar a los referentes del sector Alternativa Argentina a la Mesa de Acción Política. El camino hacia la unidad no está libre de escollos, pero hay indicios favorables.
 
La Opinión Popular

17-11-2018 / 10:11
El Presupuesto 2019 en rojo que aprobó el Senado, en vez de asignar partidas, las retira. Es un presupuesto al revés. Se trata de una lista que enumera cuánto se saca de cada rubro, un anti presupuesto.
 
El país está en rojo pero no por comunista sino por quebrado. El gobierno de Cambiemos aprobó un presupuesto que es la expresión más clara de su dramático fracaso. Dramático para la gente de a pie, a la que los mismos que han hecho este desastre le reclaman sacrificios.
 
Muchos de ellos lo votaron, engañados, seducidos por promesas que nunca se cumplieron o por razones en las que cada uno habrá creído, pero ya no se trata de creer, las consecuencias están a la vista, duelen en el alma, en la panza y en el bolsillo: casi 50 por ciento de inflación en 2018 y cien por ciento de devaluación, con un 20 por ciento de pérdida de capacidad adquisitiva del salario y el cierre de miles de empresas y comercios.
 
Eso fue 2018, pero el Presupuesto que se aprobó el miércoles anuncia un 2019 aun peor. Ni siquiera lo pueden ocultar los medios y los periodistas del oficialismo.
 
La quiebra del país es indefendible, 2019 será un año difícil para la clase media y los sectores más humildes. La caída de la industria, más del 11 por ciento, es un dato que arrastra a miles de familias a la miseria. En todo el planeta hubo un sólo país con peor resultado en ese andarivel y fue Burundi.
 
No se está pagando ninguna fiesta. El gobierno de radicales y macristas asumió con muy poca deuda. Si hubo una fiesta, ya estaba pagada cuando asumió Mauricio Macri.
 
En cambio el país que recibirán los que ganen las próximas elecciones arrastrará la deuda inmensa que se tomó en estos años y que solamente sirvió para enriquecer a unos pocos.
 
Una deuda que el Fondo Monetario no tendría que haber concedido en condiciones claramente impagables. En el nuevo presupuesto bajan las partidas para salud y educación y la única que aumenta es para el pago de deuda externa.
 
Los medios, incluso los oficialistas, cuentan las monedas que habrá para ciencia y técnica, imaginan lo que faltará en los hospitales o los precios a los que volará el transporte y los demás servicios dolarizados y sin subsidios. Ha sido el avispón que molestó al gobierno. Empieza el año electoral y cada vez es más evidente que el eje de los opositores será la demolición de la gestión de Cambiemos

16-11-2018 / 10:11
Un estudio privado estimó que el promedio de los trabajadores perdió este año $57.500 por la suba de los precios no trasladada a los salarios. Con $57.500 una familia tipo cubre dos meses y medio el costo de la Canasta Básica Total que calculó el Indec para setiembre pasado.
 
Como alternativa, con esos $57.500 esa familia también podría pasar por una tienda de electrodomésticos y comprar por $19.000 una heladera de 280 litros y un televisor de 32 pulgadas a un precio de 11.000 pesos.
 
El resto les alcanzaría para aprovechar este fin de semana largo y hacerse una escapada a Mar del Plata a un Apart de 4 estrellas les cobraría $11.877 por 3 noches con desayuno incluido en habitaciones separadas para padres e hijos, y en el Bus de larga distancia pagarían algo menos de $7.000 por los viajes ida y vuelta en coche cama.
 
Haciendo las cuentas les sobraría suficiente dinero para las comidas y alguna comprita.
 
Cualquiera de las dos alternativas ilustra el poder de compra que en promedio perderá un trabajador asalariado en 2018, según un estudio realizado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP).
 
El cálculo es muy sencillo: sumaron la diferencia entre el salario promedio que efectivamente cobraron los trabajadores registrados del sector privado en cada uno de los meses y lo que hubieran cobrado si el salario se hubiera ajustado mensualmente de acuerdo a la inflación.
 
Ese cálculo arrojó $57.500, el equivalente a dos canastas y media o a ese paquete de electrodomésticos y fin de semana de miniturismo.
 
Para cuando termine el año la pérdida puede llegar a ser incluso algo mayor a $57.500, porque el estudio estimó que la inflación de octubre sería del 4,5%  pero resultó del 5,4%, según difundió el Indec. Para noviembre y diciembre estimaron 3% y 3,5%, respectivamente.
 
Con el mismo método, el trabajo coordinado por Ana Rameri y Claudio Lozano también calculó la merma del poder adquisitivo acumulada desde que asumió Mauricio Macri. La reducción en esos tres años asciende a 117.581 pesos.
 
En comparación con esas pérdidas, el bono de $5.000 tiene el efecto de una aspirina para un enfermo grave. Compensa menos del 10% del perjuicio de 2018 y equivale a menos del 5% de lo que se les esfumó desde diciembre de 2015.

16-11-2018 / 09:11
Ayer quedó en claro, una vez más, el fracaso de la política económica neoliberal de Mauricio Macri. El índice de precios al consumidor del Indec registró en octubre un alza del 5,4% a nivel nacional, empujado por alimentos y bebidas, las tarifas del gas, el transporte y las prepagas. En la comparación anual, la inflación de octubre se ubica en el 45,9%.
 
En diez meses, la inflación asciende al 39,5% y puntualmente los rubros esenciales de la canasta básica muestran en promedio un incremento del 43,7%, cuya contracara es el grave deterioro del poder adquisitivo de los sectores trabajadores y jubilados.
 
El año cerraría con una inflación del orden del 48%, la más alta desde 1991, y se calcula que el año que viene, si las variables financieras no se vuelven a disparar, la inflación no bajaría de del 30%. Los números de inflación se dan en el marco de una dura caída de la producción, inversión y empleo, tasas de interés siderales y aumento record de la deuda externa, de la pobreza y la indigencia.
 
Los precios en el promedio de toda la economía se multiplicaron por 2,5 en apenas tres años de gestión Cambiemos, lo cual está bastante alejado del slogan de campaña de Macri acerca de que "en mi gobierno la inflación no va a ser un problema". Una mentira más para engañar a los votantes y llegar al poder.
 
El Gobierno preparó los ingredientes para el caldo ideal de inflación: brutal devaluación, violenta suba de tarifas y tasas de interés siderales. Así, en octubre los precios de alimentos y bebidas avanzaron un 5,9% a nivel nacional, acumulan un 43,7 en diez meses y el 46,4% en la comparación interanual. El traslado de la suba del dólar de fines de agosto y septiembre a bienes de consumo masivo, como por ejemplo la harina y panificados, aceites, carnes y lácteos, fue letal.
 
Según los datos del Indec, en el último año el kilo de pan francés subió un 84% y los fideos guiseros lo hicieron en un 80%, ambos empujados por la harina, que avanzó un 173%. El arroz subió un 66% y el aceite de girasol lo hizo en un 79%. Entre los lácteos, la leche en sachet subió un 40% y el queso cremoso, un 31%. La sal fina creció un 60%.
 
Los incrementos de precios de alimentos y bebidas, el colectivo, tren y subte, naftas y los servicios esenciales para el funcionamiento del hogar fue muy fuerte en el último año, lo cual, conjugado con un escenario de caída del empleo, paritarias a la baja, recorte de horas extra, suspensiones, caída del poder adquisitivo de jubilaciones y asignaciones familiares, configura un delicado escenario social.
 
Los creadores de "pobreza cero", "en mi gobierno la inflación no va a ser un problema", "el segundo semestre", "no vamos a ajustar", " se viene la lluvia de inversiones"... ahora dicen que "después de la próxima cosecha todo va a cambiar"  y "en noviembre la inflación se va a reducir a menos del 3 % mensual". Para diciembre frutean con un guarismo similar. Se trata del nivel más elevado desde 2002.
 
La Opinión Popular

15-11-2018 / 10:11
La declaración reciente del ministro de Hacienda Nicolás Dujovne: "Nunca se hizo un ajuste de esta magnitud sin que caiga el Gobierno", es una forma de sincericidio del que no se tiene memoria en las últimas décadas en el país.
 
Hay una excepción: la del radical Juan Carlos Pugliese, quien tomó las riendas del ministerio en el último tiempo del gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín. Se dirigió entonces al mundo de las finanzas, pidiendo respaldo y comprensión: "Yo les hablo con el corazón -dijo- pero ustedes me responden con el bolsillo".
 
Dujovne pudo decir lo que dijo hace horas porque los militares argentinos no son una amenaza, por suerte. Fueron los golpes de Estado en la segunda mitad del siglo XX los que ayudaron a perturbar la economía. No dejaban hacer, nadie podía tomar previsiones ni asumir políticas de largo plazo.
 
Sólo Arturo Frondizi fue víctima de 32 planteos militares. Uno de sus ministros de Economía, Álvaro Alsogaray, pudo remontar la instancia crítica sólo porque estaba respaldado por los militares (entre ellos el general Julio Alsogaray, su hermano).
 
José Alfredo Martínez de Hoz, ministro con el siniestro Golpe Militar de 1976, pudo concretar su modelo de apertura de la economía, más las privatizaciones, más el amparo de la timba financiera, más su lucha contra la industria nacional, el tiempo de "la plata dulce", porque lo apoyaba la mayoría de los militares.
 
Los ministros de Economía acompañaron el paso de los años con engaños, con mentiras y ocultamientos. La sorpresa de Dujovne es que está diciendo la verdad. En otro momento, habida cuenta de la actual realidad económica, la aflicción de la clase media, la imposición de un programa que sólo genera víctimas, el crecimiento de la pobreza, ya habrían bastado para acorralar a cualquier gobierno de cualquier signo político.
 
Así, el ministro puede decir lo que dice porque en la vereda política de la oposición no hay unidad, ni candidato, ni organización de ninguna naturaleza. El peronismo está dividido. Y no hay otra cosa.
 
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