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“Si la fuerza material está monopolizada por el régimen, las fuerzas morales, los valores que no se afincan en lo material están de nuestro lado, del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora”. John W. Cooke
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Nacionales - 26-10-2018 / 08:10
DE LA POBREZA 0 DE LA CAMPAÑA, A LA MULTIPLICACIÓN DEL FLAGELO DURANTE EL GOBIERNO DE LOS RICOS

Cada vez cuesta más no ser pobre: en un año, la canasta básica se encareció un 46%

Cada vez cuesta más no ser pobre: en un año, la canasta básica se encareció un 46%
Hasta el gobierno de Macri reconoció que la devaluación provocó una estampida de precios, con mayor incidencia en las canastas de pobreza e indigencia, que no solo descargó sus efectos el mes pasado, sino que en octubre los datos serán igualmente negativos. Se estima que la inflación de este mes rondará el 6 por ciento. La inflación mayorista, a su vez, fue del 16 por ciento en septiembre, lo cual hace prever que las subas de precios continuarán en niveles elevados los próximos meses. Frente a esta situación, la respuesta oficial fue elevar las tasas de interés a niveles record del 72 por ciento. Esa medida agravó la recesión económica. Por lo tanto, se configura un escenario de alta inflación con fuerte caída de los niveles de actividad e incremento de la desocupación y la subocupación. Ese cóctel redundará en mayores niveles de pobreza e indigencia, cada vez más lejos de la promesa electoral de Pobreza Cero que enarboló el Presidente en 2015.
La megadevaluación de Mauricio Macri y el FMI provocó una estampida de precios, con mayor incidencia en las canastas de pobreza e indigencia, y no solo descargó sus efectos el mes pasado, sino que en octubre los datos serán igualmente negativos. Esta inflación causa estragos en las capas medias, pero sobre todo en las familias indigentes y pobres que destinan la mayor parte de sus ingresos a los alimentos.
 
De ahí que el mes pasado, los sectores populares hayan sido los más golpeadas: los precios de la canasta de alimentos básicos aumentaron 8,5% - dos puntos más que la inflación promedio- y los de la canasta de pobreza - que incluye bienes y servicios no alimentarios- el 8,1%.
 
De acuerdo al Indec, en nueve meses la inflación de los sectores más pobres ya está en el 36,3% y la de los pobres en el 35,3%, frente a una inflación promedio del 32,4%. Y en 12 meses, la inflación de los indigentes acumula un 43,1% y la de los pobres el 46%, contra un 40,5% de inflación promedio. Así, si para fin de año la proyección de la inflación promedio ronda entre el 45% y 50%, entre los más vulnerables cerraría por encima de 53%, lo que da por descontado una oleada de nuevos pobres.
 
Ya la Universidad Católica Argentina advirtió que el combo explosivo de una inflación que le gana a los salarios y las jubilaciones más el aumento de la desocupación dará como resultado un preocupante crecimiento de la pobreza, que el semestre pasado afectaba a más de 12 millones de compatriotas.
 
Para el Indec, una familia tipo (un matrimonio con dos hijos menores) necesitó en septiembre $9.059,51 para no ser indigente, $2.726,89 más que un año atrás. Y $22.558,17 para no ser pobre ($ 7.107 más que en septiembre de 2017). Pero hoy, más de la mitad de los argentinos -entre ellos médicos, docentes, policías, jubilados que apenas perciben haberes por poco más de $8.600- no llegan a cubrir esos costos básicos. Es decir, aún teniendo trabajo se puede estar en la pobreza o rozar la indigencia. ¿Entonces, qué queda para los desocupados?
 
Hasta Cambiemos reconoce que la inflación continuará alta en octubre, mientras las tasas de interés se disparan por encima del 75%, encareciendo el financiamiento, enfriando el consumo y agravando la recesión. El cóctel de alta inflación, caída de la actividad y aumento de la desocupación redunda en mayor pobreza e indigencia, que sepultan aquella promesa de la Pobreza 0 que lanzó Macri en su campaña.
 
Estamos en un contexto de caída de salarios, tarifazos de todo tipo y una presión inflacionaria galopante que obligan a resignar necesidades básicas e indispensables: las cuatro comidas, dos duchas de agua caliente al día, aquello mínimo que hace a la dignidad humana.
 
La Opinión Popular

 
En septiembre, la inflación de los pobres fue 8,5% y acumula 46% en un año
 
En lo que va del año el costo de vida para los más pobres aumentó 35,3%. Una familia necesita unos $22.000 para no entrar en la pobreza.
 
En septiembre, por la suba de los precios de los alimentos básicos, las familias indigentes y pobres fueron las más golpeadas por la inflación. Los precios de la canasta de alimentos básicos aumentaron 8,5% - dos puntos más que la inflación promedio- y los de la canasta de pobreza - que incluye bienes y servicios no alimentarios-- el 8,1%.
 
De acuerdo al Informe del INDEC, en base a los precios de Capital y Gran Buenos Aires, en nueve meses la inflación de los sectores más pobres ya está en el 36,3% y la de los pobres en el 35,3%, frente a una inflación promedio del 32,4%. Y en 12 meses, la inflación de los indigentes acumula un 43,1% y la de los pobres el 46%, contra un 40,5% de inflación promedio.
 
Estos números anticipan - descontando las cifras de octubre, noviembre y diciembre - que la inflación de los más pobres cerraría a fin de año por encima de 53%.
 
También anticipan un incremento de la pobreza y de la indigencia teniendo en cuenta que los ingresos de la población y en especial, los salarios y las jubilaciones y pensiones, aumentaron menos que la inflación promedio y mucho menos que la inflación "de los pobres" e "indigentes" en un contexto de caída del empleo y la ocupación.
 
La ultima medición del Indec del primer semestre arrojó una pobreza de 27,3% (más de 11,1 millones de pobres) que con estos datos de inflación podría superar 30% (12.300.000 de personas) en esta segunda mitad del año.
 
Para el Indec, una familia tipo (matrimonio y dos hijos menores) necesitó en septiembre $9.059,51 para no ser indigente, $2.726,89 más que un año atrás. Y $22.558,17 para no ser una familia pobre. ($ 7.107 más que en septiembre de 2017). 
 
Estos valores contrastan con los niveles salariales y de jubilación. Y marcan lo que se denomina pobreza por ingresos al margen de las condiciones de vida y privaciones en materia de vivienda, salud o educación.
 
La mitad de los asalariados "en blanco" ganan en mano - luego de los descuentos de jubilación y salud-- menos de $ 25.000. Los informales están por debajo de los $10.000 promedio.
 
En tanto, el salario mínimo vital y móvil desde septiembre es de  $10.700 para los trabajadores mensualizados que cumplen la jornada legal de trabajo a tiempo completo y de $ 53,50 por hora para los trabajadores jornalizados.
 
Descontando el aporte de jubilación y salud, y sumando el salario familiar de esposa y dos hijos menores, el ingreso de bolsillo redondea los $12.650 efectivos, apenas el 56% de la "línea de pobreza".
 
Por su parte, a septiembre, las jubilaciones y demás prestaciones de la Seguridad Social - que abarca a 17,8 millones de personas-- tuvieron un aumento del 19,2% con relación a igual mes de 2017, contra una inflación de la canasta de pobreza de 46%.
 
De aquí se desprende que, aun con un empleo registrado de jornada completa no evita vivir por debajo de la "linea de pobreza". Y que se puede estar en la indigencia con un trabajo informal. 
 
La canasta básica de los más pobres incluye alimentos básicos, como  pan, galletitas, leche, papa, batata, aceite, fideos, arroz, papa, batata, carnes, pollo y yerba,
 
Por Ismael Bermúdez
 
Fuentes: Clarín y Diario Hoy

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21-01-2019 / 09:01
"Voy a ser candidato a presidente y quiero ser el presidente de la Argentina del crecimiento para salir de este fracaso", señaló Sergio Massa, líder del Frente Renovador y ahora precandidato de Alternativa Federal, ante las voces que impulsan la postulación del ex ministro de Economía Roberto Lavagna como candidato de un armado peronista sin el cristinismo.
 
"De ninguna manera voy a ser candidato a gobernador", afirmó el ex intendente de Tigre y así descartó bajar su precandidatura que por ahora disputaría con el senador del PJ Miguel Ángel Pichetto y el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey.
 
Con el año electoral ya corriendo a los candidatos y al propio gobierno, Massa apuntó que "el próximo presidente, y sin dudas yo lo tengo claro e impregnado en la piel, después de recorrer parte del país con el auto y tomar contacto con la gente, va a tener que llamar a un gran acuerdo por la unidad".
 
Alternativa Federal nació una vez que el camino de unidad encarado por el peronismo comenzó a concretarse y los dirigentes de Alternativa Federal tomaron la vía de diferenciarse confrontando con el cristinismo.
 
Integrado por gobernadores justicialistas, descartan a la ex presidenta Cristina Fernández como candidata, se declaman como un agrupamiento "superador" de la disyuntiva macrismo- cristinismo. Los dirigentes promueven que las candidaturas se resuelvan a través de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias.
 
"Cuando vos mirás las serie histórica de la Argentina y... ¿viste que se habla mucho de los últimos 50 años? Roberto (Lavagna), Martín Redrado, José Ignacio de Mendiguren, Aldo Pignanelli, y yo mismo en ese momento desde la seguridad social, pusimos una serie histórica, que cruzó dos gobiernos, el de (Eduardo) Duhalde y el de la primera etapa del de (Néstor) Kirchner", señaló Massa sobre algunos de los funcionarios que pasaron o forman parte del Frente Renovador (FR).
 
"Con Lavagna vamos a ser parte de la solución a los problemas de la Argentina", agregó, buscando mostrar cercanía con el economista. El líder del FR insistió en mostrar su buena relación con Lavagna, con quien dijo reunirse cada quince días, y de quien dijo que es "el faro más importante que tienen aquellos que creen en la Argentina del desarrollo y el crecimiento".
 
La Opinión Popular

20-01-2019 / 09:01
Chico conoce chica, la comedia de Hollywood le saca el jugo. Presidente conoce presidente, las Cancillerías y los medios afines abusan del paralelismo: hablan de "química", "empatía", "onda" y otras simplezas. Como en las comedias o en la vida real el primer encuentro puede influir, pero la larga convivencia siempre es crucial.
 
El presidente brasileño, Jair Messias Bolsonaro, recibió a su colega argentino Mauricio Macri en Brasilia. Dos desaires anteriores (ahora dicen) quedaron atrás: Bolsonaro no vino para el G-20, Macri veraneaba cuando asumió su par. Sobreactuaron amistad aunque a Macri (cultor de la doctrina Chocobar) sus asesores le aconsejan no fotografiarse "disparando" con las manos.
 
Objetivamente tienen un destino común, una frontera gigantesca, un intercambio comercial único. Ningún país es soberano del todo, en la aldea global. Pero hay mandatarios o visiones ideológicas que se empeñan en ampliar los márgenes nacionales de decisión. Otros prefieren el alineamiento con los países hegemónicos aunque jamás hablen de dependencia.
 
A los contertulios de Brasilia no los unen el amor ni el espanto, sí intereses  y la subordinación al Departamento de Estado.
 
Como Aníbal Troilo, Estados Unidos nunca se fue de este Sur, pero su política exterior posterior al atentado a las Torres Gemelas permitió un resuello. Coincidió con la llegada de experiencias populares variadas, más o menos radicales pero muchas antagónicas con la herencia neoconservadora de los '90.
 
Prevalecieron la paz y la no intervención en otros Estados, por un lapso prolongado y con una intensidad tal vez sin precedentes. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) medió exitosamente para frenar sangrientos intentos golpistas contra el presidente boliviano, Evo Morales, y contra el ecuatoriano Rafael Correa que incluso fue secuestrado por fuerzas de seguridad.
 
Las coincidencias políticas gravitaban pero todos los gobiernos cooperaban en un organismo flamante, de nimia institucionalidad cuyas resoluciones exigen unanimidad de los presidentes. O, cuanto menos, inexistencia de vetos así fuera de uno solo.
 
Diplomacia presidencial al rojo vivo que eleva el protagonismo de los mandatarios y confina a las Cancillerías. Néstor Kirchner fue electo presidente del organismo con la anuencia de todos sus integrantes: una sola bolilla negra bastaba para dejarlo afuera.
 
Las derechas autóctonas, con la cooperación recurrente de "la Embajada" de EE.UU. le coparon la parada a Unasur. Cambiaron la correlación de fuerzas mediante golpes de Estado atípicos, novedosos: en Paraguay, Honduras, Brasil y ahora van por Venezuela. Macri y Bolsonaro 2019 se contraponen a Lula da Silva-Néstor Kirchner en 2003. Pasaron cosas, caramba. 

19-01-2019 / 11:01
19-01-2019 / 10:01
Es cada vez mayor la cantidad de personas que se suman a la protesta callejera contra la suba de los servicios públicos que implementa el gobierno de Mauricio Macri. Por cuarto viernes consecutivo, miles de porteños cortaron anoche las avenidas Rivadavia, Corrientes o Cabildo, entre otras, para protagonizar un nuevo "ruidazo" por los padecimientos derivados de las políticas de la alianza Cambiemos. También hubo manifestaciones en el conurbano bonaerense y en ciudades del interior de la provincia.
 
Las quejas por los aumentos de tarifas, por sueldos y jubilaciones cada vez más insignificantes frente a la inflación, se combinaron con reclamos puntuales de docentes por el cierre de las escuelas nocturnas resuelto por el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta.
 
De fondo se alternaba el ya tradicional "Mauricio Macri la puta que te parió", como el menos usual "fuera, fuera, fuera Macri fuera". "Macri son un fracaso como presidente. La inflación es un cáncer. Sos un inepto, le mentís a la gente", se expresa un vecino desde su cartel. "Nos sacaron el Fútbol para Todos para hacer 3000 jardines. ¿Dónde están?", indaga otro.
 
Anoche volvieron a sentirse las cacerolas, los bocinazos y ruidazos en distintas ciudades del país. Se dan después de la segunda marcha de la multisectorial contra los tarifazos que este jueves se realizó en Rosario y que continuará en Mar del Plata y Mendoza. Así como los ruidazos seguirán todos los viernes por la noche.
 
El motivo central de las protestas es el mismo: la crisis económica del modelo neoliberal macrista. La gente se une para marchar o golpear cacerolas, para reclamar por los despidos, los bajos salarios, los aumentos del transporte y de los servicios públicos, porque la plata ya no alcanza.
 
La bronca se acumula de la misma manera que los gastos para llegar a fin de mes. La gente se junta por un reclamo, por una inconformidad que la unifica. Es una queja por el presente, pero con la esperanza de lograr un cambio en el futuro. Protestan porque entienden que quedarse en la comodidad de sus casas se convierte en un silencio cómplice del ajuste macrista.
 
Las protestas continuarán, con mayor o menor presencia en las esquinas de las ciudades, o terminar diluyéndose ante la falta de respuestas positivas. O pueden aumentar, si este año vuelven a golpear los bolsillos populares de manera intolerable. ¿Influirán en las elecciones? Es una pregunta difícil de responder. Por ahora, el ruido sigue. La gente está harta de Macri.
 
La Opinión Popular

18-01-2019 / 09:01
Con Mauricio Macri, se profundizó un fenómeno que había arrancado en la primera mitad del 2018 y que muestra de lleno cuál fue el sector más perjudicado por la crisis económica: los trabajadores asalariados perdieron otra vez participación en el reparto de la torta de ingresos y así se alejan cada vez más del famoso fifty fifty.
 
El fifty-fifty (cincuenta y cincuenta) que impulsó el primer peronismo proponía que trabajadores y empresas se repartieran en partes iguales los ingresos que genera el país.
 
Esta vez la caída de su porción fue de 4,7 puntos durante el tercer trimestre: pasaron de recibir el 50,6% de la torta al 45,9%. Así, volvió a niveles distributivos del 2010.
 
A la par, eso significó un crecimiento de la parte del producto que se quedaron los empresarios, a costa del salario de los trabajadores. Ahí el salto fue casi en espejo y los dueños de las empresas pasaron a recibir el 45,7% del total, lo que implicó un crecimiento de 4,8% puntos.
 
Es decir que el 4% de los que participan en la producción, o sea los empresarios tal como señala el propio Indec, se quedaron con una porción casi idéntica a la del 74% representado por los asalariados.
 
La cuestión del fifty-fifty tiene un poder simbólico fuerte en la Argentina, aunque en los países desarrollados la distribución capital-trabajo es bastante más favorable para los asalariados: la participación asalariada ronda el 60% y durante los 70 giraba en torno al 65%, tal el caso de Estados Unidos.
 
Aunque en 1945 esta proporción era vista como una conquista social, en la actualidad es insuficiente. Para reducir la pobreza y aumentar la equidad es necesario impulsar reformas para que los trabajadores aumenten su participación a niveles más parecidos a los observados en los países desarrollados. Todo lo contrario de lo que está haciendo el gobierno de Mauricio Macri.
 
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