La Opinión Popular
                  18:36  |  Domingo 20 de Enero de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“Si la fuerza material está monopolizada por el régimen, las fuerzas morales, los valores que no se afincan en lo material están de nuestro lado, del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora”. John W. Cooke
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Nacionales - 25-10-2018 / 09:10
EMPIEZAN A LLEGAR SEÑALES PREOCUPANTES

El Gobierno de Macri espera del campo más dólares e inversión, pero es una apuesta riesgosa

El Gobierno de Macri espera del campo más dólares e inversión, pero es una apuesta riesgosa
El campo es la gran carta del Gobierno para motorizar la salida de la recesión. Para el macrismo esta campaña todavía puede ser la gran "revancha". Sin embargo, algunos reportes alertan que el camino no será tan fácil. Por las dudas, Macri y los funcionarios miran al cielo para pedir por el clima. Y también a Estados Unidos, para que no pinche más los precios.
En medio del plan de austeridad fiscal, la obra pública viene sacando el pie del acelerador. Sectores industriales, especialmente aquellos orientados al mercado interno, tampoco atraviesan su mejor momento. Incluso ramas de actividad que dependen de la exportación muestran sus altibajos, como ocurre con el sector automotor.
 
Así, en momentos en que organismos multilaterales como el FMI prevén una caída del PBI del 2,6% para este año y de 1,6% para 2019, el macrismo apuesta a pleno por el agro para que vuelva a asumir el rol de "locomotora" de la economía.
 
Cuando al campo le va bien, su efecto derrame sobre las economías regionales y entramados industriales es notable. De hecho, un relevamiento de la Bolsa de Rosario preveía tiempo atrás que el campo iba a invertir la friolera u$s10.000 millones en la campaña agrícola 2018-2019.
 
Maquinaria agrícola, servicios logísticos, silobolsas, agroinsumos y hasta pick-ups son algunos de los rubros que siempre se ven impulsados cuando la cosecha es buena y los altos precios acompañan.
 
Claro que la esperanza de un nuevo boom sojero por parte del macrismo no está relacionada únicamente con la necesidad de darle empuje a una economía ahogada por la inflación, los bajos niveles de inversión y un pobre comportamiento del consumo; el interés también está basado en el importante flujo de dólares.
 
En general, la proyección para la campaña 2018-2019 luce alentadora, pero hay una serie de variables sensibles que empiezan a preocupar y que están siendo monitoreadas día a día:
 
-Clima: la falta de lluvias en áreas estratégicas de la zona núcleo, que aporta los mayores rindes, sumado a algunos frentes fríos en momentos clave de la siembra, están afectando a algunos cultivos.
 
-Producción: como consecuencia de esto, se vienen recortando las hectáreas plantadas con trigo y ya se está registrando un retraso de la campaña maicera. Si bien no se pone en tela de juicio que será una campaña con un buen volumen, analistas anticipan que la cifra sería ser menor a la prevista.
 
-Costos y rentabilidad: productores alertan que los costos se dispararon, no sólo por la devaluación, sino porque también los fertilizantes sufrieron un incremento de precios medido en divisas.
 
-Precios de los granos: con altibajos, el valor de la soja se movieron en un rally descendente desde marzo: tras llegar a cotizar a u$s392 la tonelada, actualmente se ubica en los u$s315, casi 20% menos.
 
-Incertidumbre: fondos agrícolas vienen alertando que, debido a que se inicia la carrera electoral, los inversores están más reacios a anclar su capital en una actividad a la que le podrían cambiar las reglas de juego si sobreviene una derrota del oficialismo.
 
En definitiva, para el macrismo esta campaña todavía puede ser la gran "revancha". Pero por las dudas, los funcionarios miran al cielo para pedir por el clima. Y también a Estados Unidos, para que no pinche más los precios.

 
En el Banco Central miran con buenos ojos el nivel de ajuste de las cuentas externas, propiciado por la suba del dólar. Y si bien el año próximo está pactado el ingreso de más de u$s25.000 millones en concepto de préstamos del FMI y otros organismos, el Gobierno va por más: el flujo de divisas "cosecha 2019" que provenga de la liquidación del agro tendrá un papel decisivo en la recta hacia los comicios.
 
A esto se suma el aporte a nivel retenciones, tras el brusco cambio de dirección por parte del macrismo, que decidió "repartir" un poco con el sector rural el esfuerzo para cerrar el déficit fiscal.
 
 
¿Estará el campo "a la altura"?
 
Más allá del malestar que hubo entre las cúpulas de las organizaciones rurales por la amenaza de una mayor presión impositiva, tranqueras adentro, productores y responsables de pooles de siembra se enfrentan a una situación ambigua.
 
 
Preocupación en la zona núcleo
 
El trigo, sin dudas, luce como el cultivo más amenazado por la situación climática. El combo conformado por escasez de lluvias, heladas y granizo, derivó en que la Bolsa de Rosario haya recortado en 2 millones de toneladas la producción prevista, lo que equivale a un 10% menos que lo que se proyectaba hace apenas dos meses.
 
"Han quedado atrás las posibilidades de alcanzar las 21 millones de toneladas trigueras que se preveían", a raíz de la sequía que domina en gran parte del oeste y centro de la región pampeana, advirtió la entidad.
 
"Las pérdidas por los lotes que empiezan a dejarse de lado por la falta de agua y el efecto de las bajas temperaturas ya suman 190.000 hectáras", marcaron.
 
En tanto, el consultor Salvador Di Stéfano, especializado en agronegocios, planteó un escenario más pesimista: "La cosecha de trigo sufrió muchos recortes y sumatoria de problemas. Hay que ponerse contentos si llegamos a las 18 millones de toneladas".
 
En paralelo, desde la BCR señalaron que la campaña de maíz, que está en pleno desarrollo, "se sigue atrasando y aumenta la incertidumbre".
 
La intención de siembra contempla cubrir unas 6,6 millones de hectáreas. Sin embargo, "la falta de agua pone en duda la concreción final de esa cifra", alertaron.
 
Así las cosas, "el área de siembra maicera, que prometía ser la más importante de todos los tiempos, ahora se tambalea en la cuerda floja", advirtieron desde la entidad rosarina.
 
Di Stéfano coincidió en señalar que "el maíz de primera no se está sembrando en muchas zonas. No va a haber una súper cosecha de este cultivo, justo cuando los stocks están cayendo en el mundo".
 
Y, por si faltara un condimento extra, agregó que "la retención le quita una gran rentabilidad a este producto".
 
 
Soja: incertidumbre por el precio
  
La expectativa está entonces en la soja: se prevé una producción de 53 millones de toneladas, un número positivo, de no mediar inconvenientes climáticos. Además, la proyección viene en franco aumento de la mano de ruralistas que están abandonando el maíz, debido a los mayores costos.
 
"La soja podría incrementar el área a sembrarse, por los problemas con el maíz. La gran dificultad es que Estados Unidos viene con una cosecha récord", estimó Di Stéfano, quien agregó que si esto ocurre y en Brasil la campaña marcha bien, habrá un sobrestock que presionará a la baja sobre los precios.
 
Por lo pronto, la tonelada de porotos hoy cotiza a unos u$s312, un 20% por debajo del último pico, registrado a comienzos de marzo, al tiempo que resulta casi 30% menor que el nivel de mediados de 2016.
 
Pero no es el único cultivo que está sufriendo magras cotizaciones. Por el contrario, este flagelo afecta a todo el complejo agrícola.
 
Para Gustavo López, director de la consultora AgriTrend, "no podemos decir que los precios son muy buenos o excelentes. Si promediamos el valor de todos los granos y subproductos, como harina y aceite, obtenemos un promedio de u$s305 por tonelada, es una cifra bastante baja respecto de los últimos diez años, principalmente por una soja que hoy está sufriendo la incertidumbre por el conflicto entre China y los Estados Unidos". En la última década, el valor promedio de exportación fue de u$s385 por tonelada. Es decir que hoy se ubica u$s80 por debajo.
 
Cabe destacar que el último récord de precios -que benefició al gobierno de Cristina Kirchner- se dio en el período 2011-2012: en ese entonces, el precio por tonelada de granos, harina y aceites puesta en barcos equivalía a u$s464, nada menos que un 52% por encima de la cifra actual.
 
 
Costos y rentabilidad, en la mira
  
Otro gran foco de incertidumbre está vinculado con las débiles espaldas que, en general, tienen los productores tras los problemas que dejó la sequía y que ahora deben enfrentar tasas de interés por las nubes.
 
"El que tiene que salir a buscar financiamiento bancario o de proveedores está muy, muy complicado. Este nivel de interés terminará comiéndose una buena parte de la rentabilidad. Por eso, el que alquila campo en una zona promedio y necesita efectivo para arrancar, está corriendo el riesgo de terminar cambiando la plata cuando finalice la campaña", planteó Guillermo Villagra, director de la consultora OpenAgro.
 
El problema en años así, en los que hay poca espalda financiera y el costo del dinero es elevado, es que termina recortándose el nivel de inversión: "Es típico que los productores, al no poder fondearse, apliquen un paquete tecnológico menor. Entonces fertilizan menos o no usan semillas de última generación. Esto va a pegar en los rindes y puede sentirse mucho en el resultado final del maíz, que es el cultivo más sensible", afirmó el experto.
 
La razón, en parte, según Villagra, "es que hubo insumos clave se encarecieron mucho en dólares: por ejemplo, la urea granulada, fundamental para el maíz, hoy vale u$s500 la tonelada, cuando el año pasado costaba unos u$370. Esto es un 35% más en divisas".
 
Lo mismo pasó con el fósforo, otro fertilizante que se aplica apenas arranca la siembra: "De los u$s450 que costaba la tonelada hoy se están pidiendo u$s600, un 27% más. A lo que hay que sumar, lógicamente, el impacto de la devaluación", explicó el experto.
 
¿Y cómo queda la rentabilidad? Según Villagra, en una zona núcleo con muy buenos rendimientos; con una baja necesidad de financiamiento, menor al 30% sobre los gastos totales para cubrir toda la siembra; y de no mediar grandes sorpresas climáticas, entonces un productor en un planteo de mediana escala podrá aspirar a sacar un retorno del 20% en pesos, descontada la inflación y post pago de impuestos.
 
La cifra resulta interesante, considerando que un plazo fijo hoy está rindiendo un 47%, a lo que hay que restarle la evolución del índice de precios, estimado hoy en un rango cercano al 45% anual.
 
El problema, advirtió Villagra, es que este año la apuesta luce arriesgada: los precios de los granos en dólares no dan señales de firmeza y el factor climático hoy muestra algunas señales de incertidumbre. De modo que cualquier alteración sobre algunas de estas variables terminará achicando esa cifra.
 
 
¿Habrá cosecha récord?
  
Tras las últimas complicaciones climáticas, las visiones se van dividiendo. Por lo pronto, analistas como Di Stéfano plantean que el verano no vendrá tan cargado de billetes verdes como se preveía, de modo que adelanta un verano menos holgado a nivel divisas que el que esperaba el macrismo.
 
"No habrá cosecha récord, y el oxígeno de dólares que el Gobierno espera en enero por el trigo será muy escaso. Hay vendida en los mercados de futuros 7 millones de toneladas, y muchos de los que cosechen van a tratar de retener para comercializar recién en marzo, o más adelante", advirtió el experto.
 
López, en tanto, es de los que ve el vaso medio lleno: "Es verdad que se fue recortando un poco el área, pero vamos a estar mejor que el último ciclo, cuando por la sequía se perdieron 20 millones de toneladas. Es más, se prevé que la campaña terminará con 30 millones de toneladas por encima de la anterior".
 
En septiembre, durante el Tercer Congreso de Perspectivas Agrícolas, organizado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), se planteó que el incremento del Producto Bruto Agrícola equivaldría a u$s7.600 millones. Es una buena cifra. Sin embargo, esto fue antes del importante recorte que sufrió la proyección para el trigo.
 
Por Juan Diego Wasilevsky
 
Fuente: iProfesional
 

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20-01-2019 / 09:01
Chico conoce chica, la comedia de Hollywood le saca el jugo. Presidente conoce presidente, las Cancillerías y los medios afines abusan del paralelismo: hablan de "química", "empatía", "onda" y otras simplezas. Como en las comedias o en la vida real el primer encuentro puede influir, pero la larga convivencia siempre es crucial.
 
El presidente brasileño, Jair Messias Bolsonaro, recibió a su colega argentino Mauricio Macri en Brasilia. Dos desaires anteriores (ahora dicen) quedaron atrás: Bolsonaro no vino para el G-20, Macri veraneaba cuando asumió su par. Sobreactuaron amistad aunque a Macri (cultor de la doctrina Chocobar) sus asesores le aconsejan no fotografiarse "disparando" con las manos.
 
Objetivamente tienen un destino común, una frontera gigantesca, un intercambio comercial único. Ningún país es soberano del todo, en la aldea global. Pero hay mandatarios o visiones ideológicas que se empeñan en ampliar los márgenes nacionales de decisión. Otros prefieren el alineamiento con los países hegemónicos aunque jamás hablen de dependencia.
 
A los contertulios de Brasilia no los unen el amor ni el espanto, sí intereses  y la subordinación al Departamento de Estado.
 
Como Aníbal Troilo, Estados Unidos nunca se fue de este Sur, pero su política exterior posterior al atentado a las Torres Gemelas permitió un resuello. Coincidió con la llegada de experiencias populares variadas, más o menos radicales pero muchas antagónicas con la herencia neoconservadora de los '90.
 
Prevalecieron la paz y la no intervención en otros Estados, por un lapso prolongado y con una intensidad tal vez sin precedentes. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) medió exitosamente para frenar sangrientos intentos golpistas contra el presidente boliviano, Evo Morales, y contra el ecuatoriano Rafael Correa que incluso fue secuestrado por fuerzas de seguridad.
 
Las coincidencias políticas gravitaban pero todos los gobiernos cooperaban en un organismo flamante, de nimia institucionalidad cuyas resoluciones exigen unanimidad de los presidentes. O, cuanto menos, inexistencia de vetos así fuera de uno solo.
 
Diplomacia presidencial al rojo vivo que eleva el protagonismo de los mandatarios y confina a las Cancillerías. Néstor Kirchner fue electo presidente del organismo con la anuencia de todos sus integrantes: una sola bolilla negra bastaba para dejarlo afuera.
 
Las derechas autóctonas, con la cooperación recurrente de "la Embajada" de EE.UU. le coparon la parada a Unasur. Cambiaron la correlación de fuerzas mediante golpes de Estado atípicos, novedosos: en Paraguay, Honduras, Brasil y ahora van por Venezuela. Macri y Bolsonaro 2019 se contraponen a Lula da Silva-Néstor Kirchner en 2003. Pasaron cosas, caramba. 

19-01-2019 / 11:01
19-01-2019 / 10:01
Es cada vez mayor la cantidad de personas que se suman a la protesta callejera contra la suba de los servicios públicos que implementa el gobierno de Mauricio Macri. Por cuarto viernes consecutivo, miles de porteños cortaron anoche las avenidas Rivadavia, Corrientes o Cabildo, entre otras, para protagonizar un nuevo "ruidazo" por los padecimientos derivados de las políticas de la alianza Cambiemos. También hubo manifestaciones en el conurbano bonaerense y en ciudades del interior de la provincia.
 
Las quejas por los aumentos de tarifas, por sueldos y jubilaciones cada vez más insignificantes frente a la inflación, se combinaron con reclamos puntuales de docentes por el cierre de las escuelas nocturnas resuelto por el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta.
 
De fondo se alternaba el ya tradicional "Mauricio Macri la puta que te parió", como el menos usual "fuera, fuera, fuera Macri fuera". "Macri son un fracaso como presidente. La inflación es un cáncer. Sos un inepto, le mentís a la gente", se expresa un vecino desde su cartel. "Nos sacaron el Fútbol para Todos para hacer 3000 jardines. ¿Dónde están?", indaga otro.
 
Anoche volvieron a sentirse las cacerolas, los bocinazos y ruidazos en distintas ciudades del país. Se dan después de la segunda marcha de la multisectorial contra los tarifazos que este jueves se realizó en Rosario y que continuará en Mar del Plata y Mendoza. Así como los ruidazos seguirán todos los viernes por la noche.
 
El motivo central de las protestas es el mismo: la crisis económica del modelo neoliberal macrista. La gente se une para marchar o golpear cacerolas, para reclamar por los despidos, los bajos salarios, los aumentos del transporte y de los servicios públicos, porque la plata ya no alcanza.
 
La bronca se acumula de la misma manera que los gastos para llegar a fin de mes. La gente se junta por un reclamo, por una inconformidad que la unifica. Es una queja por el presente, pero con la esperanza de lograr un cambio en el futuro. Protestan porque entienden que quedarse en la comodidad de sus casas se convierte en un silencio cómplice del ajuste macrista.
 
Las protestas continuarán, con mayor o menor presencia en las esquinas de las ciudades, o terminar diluyéndose ante la falta de respuestas positivas. O pueden aumentar, si este año vuelven a golpear los bolsillos populares de manera intolerable. ¿Influirán en las elecciones? Es una pregunta difícil de responder. Por ahora, el ruido sigue. La gente está harta de Macri.
 
La Opinión Popular

18-01-2019 / 09:01
Con Mauricio Macri, se profundizó un fenómeno que había arrancado en la primera mitad del 2018 y que muestra de lleno cuál fue el sector más perjudicado por la crisis económica: los trabajadores asalariados perdieron otra vez participación en el reparto de la torta de ingresos y así se alejan cada vez más del famoso fifty fifty.
 
El fifty-fifty (cincuenta y cincuenta) que impulsó el primer peronismo proponía que trabajadores y empresas se repartieran en partes iguales los ingresos que genera el país.
 
Esta vez la caída de su porción fue de 4,7 puntos durante el tercer trimestre: pasaron de recibir el 50,6% de la torta al 45,9%. Así, volvió a niveles distributivos del 2010.
 
A la par, eso significó un crecimiento de la parte del producto que se quedaron los empresarios, a costa del salario de los trabajadores. Ahí el salto fue casi en espejo y los dueños de las empresas pasaron a recibir el 45,7% del total, lo que implicó un crecimiento de 4,8% puntos.
 
Es decir que el 4% de los que participan en la producción, o sea los empresarios tal como señala el propio Indec, se quedaron con una porción casi idéntica a la del 74% representado por los asalariados.
 
La cuestión del fifty-fifty tiene un poder simbólico fuerte en la Argentina, aunque en los países desarrollados la distribución capital-trabajo es bastante más favorable para los asalariados: la participación asalariada ronda el 60% y durante los 70 giraba en torno al 65%, tal el caso de Estados Unidos.
 
Aunque en 1945 esta proporción era vista como una conquista social, en la actualidad es insuficiente. Para reducir la pobreza y aumentar la equidad es necesario impulsar reformas para que los trabajadores aumenten su participación a niveles más parecidos a los observados en los países desarrollados. Todo lo contrario de lo que está haciendo el gobierno de Mauricio Macri.
 
La Opinión Popular

18-01-2019 / 08:01
Gracias a la política económica neoliberal del inepto gobierno de Mauricio Macri, la inflación mayorista fue de 73,5% en 2018, las más alta desde la crisis de 2002, explicadas ambas por el impacto directo e indirecto de la devaluación de la moneda en sus respectivos momentos.
 
Según informó ayer el Indec, el aumento interanual en el índice de precios mayoristas del año pasado fue consecuencia de la suba de 104,8% de los productos importados, una cifra casi calcada al alza del dólar en 2018, y del incremento de 71,2% en los precios de los bienes nacionales.
 
Así, alcanzó su nivel más alto desde 2002, cuando a la salida de la convertibilidad marcó 77,1%. Entre los rubros relevados que más subieron el año pasado se destaca el petróleo crudo y gas, con el 105,5 por ciento, empujados por el alza del dólar y la cotización internacional de esos commodities.
 
La dolarización de tarifas impactó en manufacturados y energía eléctrica, con un aumento de 67,6%, mientras que la industria automotriz dejó en evidencia la alta participación de componentes importados y unidades terminadas del exterior, dado que los precios de este segmento aumentaron 90,6% promedio.
 
El costo de la construcción, por su parte, fue de 44,8%, impulsado casi en su totalidad por la remarcación en materiales.
 
Esta semana se conoció la cifra oficial de inflación minorista del año pasado, la cual se ubicó en 47,6%, el mayor registro en 27 años, producto de la duplicación en el precio del dólar, los tarifazos y la desregulación de precios sensibles al bolsillo. Sin embargo, el aumento de la inflación mayorista fue 25,9 puntos porcentuales superior que la registrada al público.
 
Esta diferencia se explica por la decisión de absorber márgenes empresarios de algunos sectores, en los que aún había sido posible, para no trasladar todo el aumento ante el actual escenario de recesión económica.
 
No todos los precios fueron trasladados, primordialmente porque, por ejemplo, al almacenero, se le cayó la demanda y hay menos poder adquisitivo. Si sube los precios no vende nada.


Conclusión: con Macri hay inflación para rato. En este 2019, existirá una fuerte inercia inflacionaria, la pesada herencia de 2018. La brecha entre inflación mayorista y minorista deja un arrastre de precios que se irá trasladando a los bolsillos de pueblo y que se sumará a los brutales tarifazos del Gobierno de los Ricos.
 
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