La Opinión Popular
                  15:45  |  Sábado 20 de Abril de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
"El resultado electoral nos genera una gran responsabilidad". Gustavo Bordet
Recomendar Imprimir
Nacionales - 20-10-2018 / 10:10
PANORAMA POLÍTICO

¿Se vienen el fachismo?

¿Se vienen el fachismo?
El batacazo ultra derechista del facho Jair Bolsonaro en Brasil, está sacando fachistas de adentro del placar en toda la región. Intolerancia y violencia, los nuevos invitados del macrismo, no tan lejos de Bolsonaro, son mensajeros de la sociedad que se avecina. Esta semana, la opinión pública –incluyendo a los macristas de Cambiemos– se escandalizó por situaciones similares generadas en Brasil por simpatizantes del candidato ganador de la primera vuelta, el fascista Bolsonaro.
Intolerancia y violencia, los nuevos invitados del macrismo, no tan lejos de Bolsonaro, son mensajeros de la sociedad que se avecina.
 
El chofer que fue detenido en Ezeiza por el cartel "Pan para el mundo", el juez y el abogado que fueron agredidos por policías en Mar del Plata porque estaban en "actitud sospechosa", las chicas del Pellegrini que fueron encerradas por los patovicas del boliche Mandarine Park por llevar pañuelos verdes...
 
También, el grupo de supuestos padres que irrumpió en la escuela número 8 de La Plata para impedir que se dictara la materia de educación sexual fueron noticias secundarias que aparecieron esta semana desparramadas en las páginas interiores de algunos medios o circularon por las redes.
 
Aparecen como hechos secundarios, pero están en el corazón de la sociedad autoritaria, intolerante y regresiva que comienza a instalarse a partir del discurso neoliberal traducido por el amarillismo excluyente de los medios oficialistas y las campañas informáticas.
 
Son señales de algo que está sucediendo en la sociedad. Hacía mucho tiempo que estas situaciones no se veían en un país que vivió tiempos de dictaduras durante las que se medía el largo de las polleras de las chicas y del pelo de los varones.
 
Una sociedad cuya policía se dedicaba a allanar hoteles para sorprender a maridos o esposas infieles y donde se iba preso por dejarse la barba, el pelo largo o simplemente por no llevar el documento de identidad. El país de los prejuicios, de los guardianes de la moral y los hipócritas, que es el país de la violencia y el atraso de las dictaduras militares.
 
Hubo treinta años donde el país se esforzó por poner distancia de esas aberraciones cavernícolas y ahora están aquí, naturalizadas, imbricadas en un sentido común hegemónico que otorga ese poder arbitrario a la represión porque todo su esquema se organiza alrededor de esa idea de orden maniatado y amordazado.
 
Hoy, la lógica binaria y amarillista de los grandes medios no acepta grises ni matices y engendra un pensamiento tosco y elemental y las políticas neoliberales agudizan al extremo los conflictos en la sociedad. Esa mezcla es altamente inflamable, incluso para ellos.

 
Fue chistoso que mandaran al chofer a buscar a dos miembros de una ONG internacional denominada "Pan para el mundo" y que lo detuvieran para interrogarlo por sospechoso de subversión. Pero no fue chistoso.
 
En Mar del Plata, Claudio Spinelli trató de defender a un hombre que había sido interpelado y maltratado por los policías Héctor Gutiérrez y Daniel Salerno. Y Spinelli terminó aplastado en el suelo, con el brazo retorcido mientras lo esposaban.
 
Entonces intervino el juez laboral Humberto Noel que se encontraba allí por casualidad. El juez llamó la atención de los policías porque Spinelli es un conocido abogado local. Y los policías, al igual que las personas que se encontraban en el lugar, insultaron al juez. "Corrupto", "garantista", "vergüenza de la Nación", le dijeron a coro.
 
En el boliche Mandarine Park, en la CABA, se iba a realizar una fiesta de egresados. Cuatro chicas, dos de ellas menores, fueron interceptadas por los gorilas de la puerta y encerradas en un cuarto donde fueron maltratadas mientras los tipos reivindicaban a la dictadura. El ultraje a las pibas, estudiantes del Carlos Pellegrini, fue porque llevaban el pañuelo verde en sus mochilas.
 
En La Plata, un grupo de personas con el pañuelo celeste intentó interrumpir por la fuerza las clases en la escuela media Pedro Benoit para impedir que se impartiera la materia Educación Sexual Integral. Fueron interceptados en el patio y retirados hasta la puerta por alumnas y profesores, con los que discutieron.
 
"Si sos mujer, tenés vagina y si sos hombre tenés pene, andá al baño a mirarte", le dijo un hombre a una piba que le discutía. "Vamos a perseguir a los aborteros como se persigue a los narcotraficantes", dijo otro en medio del griterío.
 
Los hechos se produjeron en una semana donde la opinión pública -incluyendo a los macristas de Cambiemos- se escandalizó por situaciones similares generadas en Brasil por simpatizantes del candidato ganador de la primera vuelta, el fascista Jair Bolsonaro.
 
Es gracioso cómo a la derecha argentina le molesta verse reflejada en la imagen de Bolsonaro, al punto de que un columnista de La Nación no pudo reprimirse y, para evitar cualquier equívoco, afirmó que la Bolsonaro argentina es Cristina Kirchner cuando, a todas luces, es lo opuesto, pero también es lo opuesto a ellos, lo cual los pone a ellos junto al fascista del país hermano.
 
El kirchnerismo (y el peronismo en general) es un espejo que les devuelve una imagen que no les gusta. Les agrada imaginarse modernos, democráticos, campeones de la tolerancia, y algunos hasta como progresistas, pero ese espejo los desnuda como lo que son.
 
Se dice con bastante razón que no hay que abusar del término fascista. Pero es difícil encontrar otra palabra para calificar a un tipo que avala la tortura y las dictaduras militares, que considera inferiores a los negros y las mujeres y que prefiere a sus hijos muertos antes que homosexuales.
 
También se dice que la mayoría de las personas que votaron a Bolsonaro no son fascistas, pero lo serán a medida que el poder político y mediático vayan naturalizando ese discurso. Así pasó en Italia y en la Alemania nazi.
 
Hay una tendencia a la derechización en todo el mundo, salvo pocas excepciones que resisten a esta nueva noche de la humanidad caracterizada por una restauración conservadora que provoca grandes cataclismos económicos y profundas desigualdades.
 
Pero es cierto que muchas de las personas que votaron a Bolsonaro todavía no son fascistas. Se dice también que el aterrizaje de los gobiernos conservadores se debe a los límites de los gobiernos populares que los precedieron y a la falta de sensibilidad o capacidad para dar respuesta a reclamos muy instalados en la sociedad sobre la corrupción y la seguridad.
 
Pero esos reclamos constituyen solamente una parte de la realidad. Los gobiernos del PT en Brasil impulsaron políticas de salud, educación, vivienda y distribución de la riqueza que duplicaron la clase media y sacaron a millones de personas de la pobreza en un fenómeno que nunca antes se había producido en ese país.
 
El que va a votar pone esos dos aspectos en la balanza. Algo interviene para que a los reclamos sobre corrupción y seguridad se les atribuya una prioridad que anula todos los beneficios obtenidos en todos los planos de la vida de una persona, no solamente económicos.
 
Seguramente no hay sólo una causa. En realidad, el PT de Lula siempre fue minoritario y ganaba las elecciones gracias a una alianza con el PMDB, que constituye una especie de liga de caudillos provinciales conservadores. En las últimas elecciones, el PT solo, sin alianzas, mantuvo prácticamente la cantidad de sus diputados y seguirá como la primera minoría en la Cámara baja.
 
Los que desaparecieron fueron los dos grandes partidos de la derecha, el PSDB, de Fernando Henrique Cardoso y el PMDB, ex aliado del PT. Bolsonaro, cuyo partido no existía, al punto de que el único diputado que lo representaba era el mismo candidato, atrajo el voto histórico de las dos grandes agrupaciones de la derecha.
 
No quiere decir que el mapa político se mantuviera, sino que ese movimiento hacia Bolsonaro convirtió a la derecha y a su ala más extrema en uno de los principales focos de creación de sentido común. Y, si gana, será normal lo que hoy se escucha con terror.
 
Hubo una maniobra de la derecha para producir este efecto porque las encuestas mostraban, por el contrario, que crecía el candidato del PT, Fernando Haddad. La maniobra fue evidente: con un sospechoso y oportuno atentado sacaron de circulación a Bolsonaro cuyas declaraciones lo habían llevado a una meseta en las encuestas.
 
Y las grandes corporaciones de medios, coordinados con empresas que se dedican a operar sobre las redes sociales, lanzaron una campaña demoledora contra el PT.
 
No hicieron campaña por Bolsonaro, sino contra el PT. Y a Bolsonaro lo silenciaron. El resultado de esa catarata de odio brutal contra el PT, en la que también participaron las iglesias evangélicas más importantes, fue que el votante menos decidido y menos politizado buscó al candidato que tuviera más posibilidades de derrotar a Haddad, aunque se tratara del mismísimo Diablo.
 
Un detalle llamativo es que el eje en la construcción del discurso engendrador del odio que se bombardeó en las redes, desde WhatsApp hasta Instagram, no fueron la corrupción y la seguridad, que lo conformaron como soportes, sino sobre todo las políticas de género, la homosexualidad, el feminismo, el aborto.
 
Estas temáticas fueron usadas como ariete de provocación. Sucede algo parecido en Argentina, donde las agresiones a las chicas que van con el pañuelo verde se han multiplicado en forma alarmante.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página 12
 

Agreganos como amigo a Facebook
20-04-2019 / 09:04
20-04-2019 / 08:04
Aunque todas las encuestas muestran a Cristina Kirchner ganadora de la primera vuelta y luego en la segunda con más de cinco puntos de diferencia sobre Mauricio Macri, el verdadero problema está en los más de 25 por ciento de indecisos, la mayoría de ellos, ex votantes del macrismo y con marcada inclinación por ideas conservadoras.
 
No es momento de festejo para nadie. Para el macrismo, porque le será muy difícil remontar la cuesta. Tampoco para la tercera vía, porque no mueve el amperímetro. Pero el kirchnerismo tampoco puede estar de fiesta porque le falta disputar una franja del electorado que le ha sido reacia y que, si se vuelca en masa a último momento, puede cambiar cualquier resultado.
 
En ese 25-30 por ciento está el corazón de la batalla. Una minoría recalcitrante que exige mano dura y no simpatiza con la AUH se convierte así en el gran elector. Está fundida, destrozada, por la política económica de Mauricio Macri, pero al mismo tiempo reniega de las políticas distributivas y de ampliación de derechos del peronismo-kirchnerismo.
 
Constituye el emergente del proceso de derechización que se está produciendo en todo el mundo. Hay un video dando vueltas en las redes donde Noam Chomsky dice que esta fotografía del planeta le recuerda el final de la década del '30 con la propagación del nazismo, que parecía indestructible.
 
El desafío para las fuerzas populares y de izquierda es doble porque sin perder su identidad deben disputar con la derecha un electorado que se ha derechizado.
 
Los defensores de la "amplia avenida" del medio, que a esta altura tendría varios representantes, en Sergio Massa, Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey, presentan una salida con personalidad socialdemócrata.
 
Paradójicamente, los tres en algún momento fueron parte del esquema de alianzas del peronismo-kirchnerismo, pero ahora van acompañados por socialistas santafesinos y algunos radicales espantados por el desastre que provocaron con Macri.
 
No aceptan la polarización que revelan las encuestas y se ilusionan con superar a Macri en la primera vuelta para disputar el ballottage con el respaldo de los votos macristas residuales ante Cristina Kirchner.
 
La experiencia europea y norteamericana y aquí en Argentina con la Alianza demostró que esta corriente tuvo su oportunidad y fracasó en ese doble desafío, porque perdió identidad al ser cooptada por las políticas neoliberales. Y porque no supo contener los reclamos populares que provocan esas políticas. Terminaron por convertirse en lo que supuestamente debían confrontar.
 

19-04-2019 / 10:04
Los datos que trascendieron de la última encuesta electoral de la consultora preferida de Marcos Peña y de la alianza antiperonista Cambiemos, 'Isonomía', dieron un verdadero golpe bajo a la Rosada. Ocurre que según la misma, la ex mandataria Cristina Fernández se impondría por 9 puntos sobre Mauricio Macri en un balotaje.
 
'Isonomía' es una de las consultoras que se encuentra entre las líderes en campañas electorales, asesoramiento estratégico, investigación de opinión pública, mercado y asuntos públicos en la Argentina.
 
Dentro del macrismo es una encuestadora respetada e incluso ha realizado trabajos para la Jefatura de Gabinete de la Nación y para el propio Marcos Peña, quien en un año le encargó decenas de  investigaciones. Peña, como los principales funcionarios y referentes del macrismo, le creen.
 
Por eso cayó como un balde de agua fría que la consultora preferida de Cambiemos haya realizado una encuesta electoral cuyos resultados no son nada halagüeños para Macri: en un eventual balotaje, Cristina le gana por paliza.
 
La ex presidenta sacaría 45 puntos en segunda vuelta mientras que el Presidente obtiene solo 36, lo que profundiza la diferencia que apenas un punto que Cristina le sacaba hace solo un mes, según un relevamiento de la misma consultora. Es decir, la intención de voto de Macri se desplomó de manera alarmante.
 
La encuesta revela que todavía hay un 17% de votantes indecisos y un 3% que no sabe o no contesta, pero acá surge otro dato importante: día a día crece la tendencia de voto en favor de Cristina, lo que revela en proyección una mayor diferencia sobre Macri.
 
Según el análisis de 'Isonomía', la mayoría de los votantes en primera vuelta de Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey migrarían al voto a Cristina, mientras que lo que votarían por Roberto Lavagna se repartirían en forma pareja.
 
La encuesta cayó como una bomba en la Casa Rosada y los mercados. El riesgo país ya está en 850 puntos, porque Macri no logra imponerse entre los indecisos.
 
No es casual que haya sucedido en el mismo momento que la inflación se disparó al 4,7% y acaso sea la explicación del paquete desesperado de medidas "populistas" de congelamiento de precios, techo a la cotización del dólar y postergación de aumentos de tarifas que apuró el gobierno, acaso la última bala para tratar de mantener en pie la candidatura del Presidente a su reelección.
 
La Opinión Popular
 

19-04-2019 / 09:04
 De todo el paquete de medidas para bajar la inflación, sólo el congelamiento de las tarifas -con la excepción del gas- y el descuento en medicamentos para los sectores más pobres de la sociedad (si es que se cumple eficazmente), pueden considerarse como beneficios seguros e indiscutibles.
 
Con el agregado de que el congelamiento tarifario elimina transitoriamente un encarecimiento futuro, pero no implica una mejora respecto a la situación vigente, lo que diluye la percepción del beneficio.
 
Todo el resto son medidas de muy escaso alcance e impacto macroeconómico - como por ejemplo el inicio de la construcción de 10.000 viviendas dentro del Plan Procrear - o incluso con riesgo de ser perjudiciales para quien las tome,  como los préstamos a tasas exorbitantes que otorgará la Anses.
 
En cuanto a las medidas destinadas al comercio y a las Pymes, son de una magnitud poco significativa para el contexto de crisis que atraviesan.
 
Lo más endeble de todo es el relanzamiento de Precios Cuidados, que se presenta como el elemento estelar. El "acuerdo de caballeros" abarca apenas 64 productos que además van a estar disponibles a partir del lunes con precios que incorporan un aumento promedio del 8% (con "picos" de más del 20% para yerba, arroz y leche).
 
No podía esperarse algo mejor de parte de un Gobierno que descree visceralmente de ese tipo de medidas intervencionistas al punto de exprimir el diccionario para encontrar eufemismos que reemplacen la palabra congelamiento, que según expresó públicamente Marcos Peña es una estrategia "regresiva", "insostenible" y que termina provocando una "inflación más alta".
 
Si con toda la convicción y evidencias que tenía, Galileo Galilei no pudo convencer a la Iglesia Católica de la teoría Copernicana sobre que la tierra gira alrededor del sol, menos podrá un Gobierno atrapado en dogmas de libre mercado generar confianza respecto a una política antiinflacionaria que, para peor, se lanza con un impulso de precios al alza.
 
Por todo lo anterior, es poco probable que el paquete sirva para desacelerar la inflación de manera rápida y considerable, y que contribuya a que la curva descendente del nivel de actividad se revierta de manera significativa.
 
Menos aún si se tiene en cuenta que el "pico" inflacionario de marzo, más lo que se agregará en abril y mayo, asestarán un nuevo mazazo al poder adquisitivo de la sociedad y, en consecuencia, debilitarán el consumo, que es el motor indispensable y requisito necesario para que una economía se recupere.

18-04-2019 / 10:04
NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar