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Nacionales - 07-10-2018 / 10:10

Corrupción K e impericia M, ¿qué es peor?

Corrupción K e impericia M, ¿qué es peor?
El cristinismo niega la corrupción evidente que muestran los famosos cuadernos con la misma pasión que Mauricio Macri niega su fracaso. Votamos a Macri para salir de Cristina, y ahora es tan malo el gobierno que hay peligro de un ataque de nostalgia.
El cristinismo niega la corrupción evidente que muestran los famosos cuadernos con la misma pasión que Mauricio Macri niega su fracaso. Votamos a Macri para salir de Cristina, y ahora es tan malo el gobierno que hay peligro de un ataque de nostalgia.
 
La condena al pasado intenta suplantar la miseria y los errores del presente. Los Kirchner utilizaron la expresión revolucionaria de los odios para encubrir la corrupción, Macri heredó el gobierno de ese pecado, pecado que ahora intentan eternizar para encubrir su extravío.
 
Los errores del Gobierno son indiscutibles, atroces en relación a sus promesas, triste cuando apostamos a una esperanza y llegó esto, un egoísmo de ricos despreciando el esfuerzo y las necesidades de un pueblo.
 
La línea dura, fanatizada por mantener el odio al peronismo y la culpa de Cristina, pareciera que ahí se les agota el talento.
 
Es cierto que el pasado tuvo corrupción, tan cierto como que la política actual se cansó de sumarle los errores propios. Y tan duros los atroces dislates actuales que le devuelven alguna vigencia a un ayer que sembraba conflictos tanto como los de hoy expanden desesperanza.
 
Los gobiernos al equivocarse generan disidentes, el de Macri esta tan escaso de propuestas que solo discuten sobre sí Cristina tiene que ir presa o no, en ellos el rencor se impone al proyecto.
 
Tampoco el peronismo abunda en ideas, los Kirchner no solo son el ayer, es el fanatismo del que no logramos salir, el odio sin sentido ni razón de ser, la caricatura del peronismo y de la revolución, el uso de los sueños para ocultar los desfalcos.
 
La dirigencia política elige sustitutos para disimular su extravío sin rumbo ni destino. Una jubilada me detuvo en la calle para decirme, "me gustaba más como me robaban los anteriores".
 
Si algún peronista acuerda con Cristina y ella es candidata, de nada le va a servir, porque como siempre, ni siquiera lo va a escuchar; si acuerda y ella no es candidata, mucho menos, ya que nadie podrá heredar ese amontonamiento de votos sin propuesta.
 
La inflación, el endeudamiento y la caída de la producción y el consumo, toda esa carga brutal sobre nuestra sociedad carecen de explicación y frente a ella, el gobierno nos ofrece debatir si la prisión preventiva es necesaria, imprescindible o exagerada.
 
Decadencia a toda orquesta, en un mundo que cerró hace años la globalización financiera y está hoy clausurando la productiva, en ese mundo nosotros caminamos de rodillas como si al prestarnos dinero nos prestaran un destino.
 
Por Julio Bárbaro

 
Endeudamos y hambreamos a la vez, como si achicando el consumo de los necesitados se pudiera terminar de cerrar el círculo de enriquecimiento infinito de los que nada producen y se quedaron con todo.
 
Hablemos de la distribución de la riqueza aun cuando en muchos lugares esto sea mal visto por los vencedores, ahora que por suerte muchos de ellos, de los intocables, están pidiendo pista en el barrio privado de la justicia.
 
La ley de medios era grotesca, la libertad es aquella que forjamos al pensar distinto del permitido, de los dos grandes fanatismos y fracasos que insisten en convertirse en nuestra única opción. A veces se disfraza de impericia algunas variantes de la corrupción.
 
Necesitamos un esfuerzo entre todos, en especial de los que tienen mucho para ayudar a los que menos tienen, al revés de lo que intenta el gobierno, de este injusto camino de ajustar los salarios para mejorar las empresas.
 
Primero privatizaron los servicios públicos, luego dieron vía libre a sus tarifas, y ahora solo sueñan con imponerlas sobre los salarios. Estamos gestando una sociedad que se degrada día a día, ni siquiera somos responsables de nuestros actos.
 
Amor a la Patria, voluntad y decisión de unidad nacional, recuperar un proyecto, una idea clara de que vamos a producir y como integrar a los caídos, políticas de estado, confrontación y acuerdo entre adversarios.
 
Si tenemos ideas habrá "inversores", si salimos del enfrentamiento ingresaremos a la recuperación.
 
Hay que apoyar la democracia y asegurarnos que los que parasitan nuestros conflictos agoten su ciclo histórico, estamos a pocos meses de poder imponer un gran acuerdo nacional, de poder asumir la herencia de aquel abrazo entre Perón y Balbín que todavía no terminamos de entender. Falta poco para la próxima elección.
 
Por Julio Bárbaro
Politólogo y Escritor. Fue diputado nacional, secretario de Cultura e interventor del Comfer.
 
Fuente: Infobae
 

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17-02-2019 / 09:02
La aceleración de los precios en el comienzo del año hizo saltar las alarmas en la Casa Rosada.
 
Es que las consecuencias del repunte inflacionario registrado por el INDEC durante enero (2,9% versus 2,6% de diciembre) van más allá del offside presidencial de Macri, quien dijo que "está empezando a bajar la inflación" un día antes de ser desmentido por el dato oficial.
 
El hecho es que la inflación vuelve a crecer como la principal preocupación de los argentinos y, a la par, baja la imagen del Gobierno y se perjudican sus perspectivas para las elecciones.
 
Según una encuesta de la consultora Synopsis, el 34,9% de los argentinos consideran hoy al alza de precios como el principal problema del país. Así, el tema vuelve al primer plano (subió 4,3% en el último sondeo) luego de haber venido en baja desde noviembre, acompañando el freno a la inflación que se vio en el último bimestre de 2018.
 
El desempleo (19,1%) es otra cuestión económica que escala como amenazante en el imaginario de los encuestados, escoltado por la corrupción (19,7%) y la inseguridad (13,1), dos temas que dan más comodidad a Cambiemos de cara a la disputa en las urnas.
 
Ante los precios que no detienen su marcha, la valoración negativa del desempeño de la administración nacional registró un fuerte incremento (+6,5%) y una leve caída de la valoración positiva (-1,1%). De esta manera, un 58% evalúa de manera negativa al Gobierno y se reducen a un 25,6% los que lo ven bajo una luz positiva.
 
Si existe un vínculo entre el nivel de la inflación y la valoración de la gestión, las cosas podrían empeorar para Macri. Distintas consultoras anticipan que en febrero los precios no se aplacarán, sino que su trepada será todavía más importante que la de enero.
 
Desde LG -fundada por Martín Lousteau- prevén un índice de 3,5%, mientras que Elypsis calcula una suba del 3,8%. Las más moderadas, como Eco Go, postulan un 3%.
 
En medio de la recesión que marcan los indicadores de actividad en la industria, construcción y comercio, el ánimo de los votantes no evoluciona de la mejor manera para Cambiemos.

17-02-2019 / 08:02
El miércoles por la tarde, el presidente Mauricio Macri sostuvo que la inflación estaba bajando y que comenzaba el tiempo de volver a crecer en la Argentina. Un día después, el Indec -o sea, la realidad- lo desmintió: la inflación está subiendo y, dentro de ella, lo que más sube es el precio de los alimentos.
 
No se trató de un episodio aislado. Pocos días antes de asumir, el Presidente anunció que eliminaría los controles de cambios y que eso no tendría efectos sobre los precios porque "ya están al nivel del dólar a 15": la respuesta de la realidad fue tremenda.
 
En aquellos días felices, el Gobierno pronosticó también que la inflación sería de 24 puntos en 2016 y de un dígito este año: la realidad volvió a responder con violencia.
 
En esa seguidilla de derrotas se puede percibir un problema histórico del país -su dificultad para vencer la inflación- y otro del presidente -su limitación para entender los motivos de su propio fracaso, la persistencia en el error, su rigidez extrema.
 
En unos años, este problema podría ser motivo de un interesante debate teórico titulado "¿por qué la Argentina fracasó nuevamente?". Pero en estos días, se trata de un asunto serio, en parte porque, al menos hasta hoy, Mauricio Macri sigue siendo, por leve margen, el favorito para gobernar la Argentina en el período que viene.
 
En el Gobierno, algunas personas repiten como un mantra que los primeros mandatos de Macri -en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires- fueron muy turbulentos y los segundos compensaron con resultados sorprendentes.
 
Si no aplica nuevos enfoques, ese eventual segundo mandato puede ser aun más accidentado que el primero. Pero además, si llega a perder las elecciones, los fracasos de Macri encierran lecciones para quien lo suceda.
 
Quien recorra brevemente hacia atrás la lucha del Presidente contra la inflación, deberá rendirse ante cierta perplejidad. En el principio, el Presidente anunció que la liberación del cepo no produciría un aumento precios.
 
¿De dónde salió semejante idea, en un país donde la relación entre la suba del dólar y la de los precios es un clásico, una constante, una patología? Gran parte del mundo económico -Espert, la UIA, Ferreres, Melconian- le advirtió que estaba equivocado. Era una obviedad. Él decidió apretar el botón.
 
Luego, pronosticó que la tasa de inflación del primer año sería del 24 por ciento. Otro contrasentido. Ese había sido el aumento de precios del 2015. Y el Gobierno le echaría nafta con un aumento fuerte de tarifas y una bruta devaluación. ¿Por qué razón la inflación no iba a aumentar si se tomaban medidas que, para cualquier principiante, tendrían ese efecto? 

16-02-2019 / 09:02
A continuación, las palabras del excelentísimo señor presidente de la Nación, don Mauricio Macri: "Tras el golpe duro del año pasado, ya está bajando la inflación". El hombre habla porque es gratis. El miércoles, un día antes de que el Indec anunciara que la inflación de enero fue casi del ¡¡¡treees por ciento!!! (2,9), Macri largó suelto de cuerpo que el flagelo va en descenso.
 
No hay salario que aguante y el mayor responsable se hace el oso. Las cifras de la economía parecen un campo de batalla con la industria que funciona al 56 por ciento de su capacidad, con 750 Pymes y 2550 comercios que cierran por mes.
 
Un escenario dramático que los medios del oficialismo tratan de ocultar como pueden aunque esas cifras destrozan la economía familiar, aumentan el desempleo, la pobreza y la marginalidad. "Estamos mejor que en el 2015", repitió con desparpajo en esa entrevista a una radio de San Luis.
 
La clase media que ha sido el principal argumento del triunfo electoral del macrismo es fuertemente agredida por este bombardeo persistente sobre su calidad de vida. Una clase media que se dispone a votar en este año con la cabeza repartida entre la tragedia concreta de la economía y el imaginario casi infantil que le propone el discurso macrista contra viento y marea.
 
Las encuestas pivotean sobre esa disputa sorprendente entre el imaginario emotivo y la inteligencia y muestran todavía que una parte significativa de esa misma clase media se resiste a abandonar los sueños incumplidos. Es la puja fascinante entre la carga subjetiva que la pinta rubia y de ojos celestes y una economía que la está mandando al tacho.
 
En el plano de la política pareciera que la mayoría apuesta a los efectos destructivos de la economía macrista por sobre lo subjetivo. Así, los aliados del oficialismo se alejan cada vez más o se muestran más reacios. Y los aliados más débiles, aprovechan para comer de las sobras.
 
El radicalismo, que le ha dado territorialidad a la alianza de gobierno empieza a sacudirse la subordinación que mantuvo con el PRO y está logrando imponer sus candidatos a gobernador. Al mismo tiempo desdobló las elecciones en sus distritos para no ser arrastrado por la presumible caída de la imagen de Macri.
 
El protagonismo que adquirió el radicalismo, tras ser el amigo sumiso del gobierno, ahora lo lleva a insistir con una interna con Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta en la CABA, al mismo tiempo que interviene a la regional Santa Fe porque no quiso separarse de los socialistas. Son movimientos en los que apuestan al debilitamiento de Macri como candidato, pero no para confrontarlo, sino para disputar espacio en la interna oficialista.
 
La base radical conservadora, que ha sido fiel a la alianza con el macrismo, es la que expresa con más claridad esa dualidad entre el imaginario y la economía, o entre la subjetividad y la razón. La cúpula partidaria oscila en esa dicotomía esquizofrénica y la representa en la política con el riesgo de convertirse ante la historia en responsable de los desatinos del PRO.

15-02-2019 / 11:02
El presidente Mauricio Macri volvió a ser cacheteado por el INDEC. Luego de asegurar -otra vez- que "la inflación está bajando", contra todos los pronósticos del Gobierno la inflación en lugar de caer volvió a acelerarse.
 
El Indec reconoció una suba del 2,9%, muy por encima del 2,6% de diciembre. Si se toman los últimos doce meses, llega a 49,3%, la más alta desde enero de 1992. Los alimentos empujaron la escalada. En la Ciudad de Buenos Aires, la suba de los precios minoristas fue de 3,8 por ciento en enero.
 
La inflación de enero fue impulsada por alimentos y bebidas, servicios públicos, comunicación y turismo. En alimentos y bebidas, que compone el centro de la canasta básica, el aumento de los precios en los últimos doce meses es del 53%, lo cual explica el fuerte aumento de los indicadores de pobreza e indigencia en la última parte del año pasado.
 
La inercia inflacionaria de 2018, junto a los aumentos de costos derivados de la devaluación que todavía no se trasladaron a los precios minoristas y la catarata de aumentos de servicios públicos determinan que la expectativa de inflación para este año no baje del 30%.
 
La inflación de 2,9% en enero es sorprendente en una economía en donde el consumo interno está muy debilitado y el dólar no registró mucha movilidad en el marco de un profundo ajuste fiscal y monetario. Sin embargo, la suba del dólar de 120% el año pasado junto a los grandes tarifazos sobre una economía cuyos precios se movía al 25 % anual antes de la crisis cambiaria multiplicó la inercia inflacionaria.
 
Esto quiere decir que los actores económicos incorporaron la indexación de los precios con números cada vez más grandes. Además, todavía existe una brecha de 20 puntos entre la suba que registran los precios mayoristas y el incremento de los minoristas.
 
El dato del 49,3% es horrible porque pone en tela de juicio el sentido del enorme sacrificio que Macri le pide a la sociedad, con el único objetivo visible de equilibrar el déficit para bajar la inflación. Sería difícil esperar que febrero muestre un incremento de precios menor al de enero. Este mes empezaron a regir nuevos aumentos en el transporte, la luz, las prepagas y la garrafa social. También se preparan nuevos aumentos en el gas (de 35 %).
 
Aunque los medios afines al gobierno se empeñan en pronosticar para el año una inflación por debajo de 30 %, las decisiones oficiales le meten fuerte presión a los precios. Según transcendidos periodísticos, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne le advirtió a Macri que no va a bajar hasta mayo pero, ¿si tampoco baja en mayo?
 
La Opinión Popular

14-02-2019 / 10:02
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