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Nacionales - 03-10-2018 / 10:10
DE "LO PEOR YA PASÓ" A "LO PEOR ESTÁ POR VENIR"

La gran recesión: Macri lo hizo

La gran recesión: Macri lo hizo
DE "LO PEOR YA PASÓ" A "LO PEOR ESTÁ POR VENIR". El FMI, su directora, Christine Lagarde, quien hoy lleva las riendas de la economía argentina, dictó el ultimátum: déficit cero y recesión o default. “El mejor equipo de los últimos 50 años” conseguirá este año un logro memorable: la inflación será la más alta desde 1991. Desde diciembre de 2015 hasta hoy el poder adquisitivo de los salarios se redujo en un 14,7 %. A su vez, la economía caerá un 2,5 % este año. ¿Cuándo mejorará esto? Ni Dujovne se anima a prometer una recuperación económica. Después de las falsas promesas sobre el “segundo semestre”, la “lluvia de inversiones” y muchos versos más, ahora el Gobierno afirmó que “no tenemos que caer en el error de poner fechas” sobre cuándo se reactivará la economía. Fotomontaje: Hoy en la Noticia
En medio del desastre económico que produjo el macrismo, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, confirmó ayer lo obvio: "La economía argentina está en recesión, va a estar en recesión por un tiempo". Y pidió "paciencia" ante el momento "difícil y duro" que se avecina.
 
Es que el camino hacia la meta de déficit cero que impuso el FMI para que el país no entre en default tendrá sus consecuencias ya anticipadas: despidos masivos, caída del consumo, cierre de pymes... y bolsillos flacos, ni para pagar los servicios, ni el transporte, ni los impuestos.
 
Qué otra cosa sino esto es la recesión, que se profundizará con la decisión del Banco Central de convalidar tasas de interés en torno al 73% anual, para "secar" la plaza de pesos y frenar mínimamente el dólar, que ayer cerró a $38,98.
 
Es la convalidación de la especulación contra la producción y el consumo: no hay pyme que pueda financiarse a ese costo, ni ciudadano de a pie que pueda pagar créditos tan altos. Enfriando la actividad económica, licuando salarios, destruyendo el mercado interno, quebrando pymes y echando del sistema a cientos de miles de trabajadores, recién ahí, en la turbulencia de ese círculo vicioso sin final anunciado, apuesta el Gobierno de los Ricos que la inflación bajará.
 
La recesión es la resaca de la fiesta que en todo este tiempo celebraron Mauricio Macri, sus funcionarios y amigos con la bicicleta financiera, vía por la que en pocos meses se fugaron los dólares que prestó el FMI. El Gobierno de millonarios ineptos, que solicitó un rescate para saldar sus deudas, aceleró el endeudamiento y el déficit siguió creciendo.
 
Pudo aprovecharse el acuerdo con el FMI para proyectar un modelo estratégico de país, sostenido en la obra pública, generando empleo y divisas para no continuar condenados a vivir de prestado. Pero la especulación siguió reinando. Entonces, el FMI, su directora, Christine Lagarde, quien al fin y al cabo hoy lleva las riendas de la economía argentina, dictó el ultimátum: déficit cero y recesión o default. Y Dujovne dice que esto es "inevitable", cuando pudo evitarse.
 
Y confirma lo que tantos sufrimos a diario: que el dinero no alcanza, que uno come menos para pagar la luz, el gas, el agua, que se demora en el pago de las expensas o el alquiler porque el salario no se cobra a término, que busca otro trabajo para sumar ingresos porque el que tiene no cubre las necesidades básicas.
 
Dujovne, nos cuenta, nos revela, nos explica que "estamos atravesando una recesión". Entonces nos pide que como este mes será duro, y el próximo también, y el otro... Nos pide que tengamos "paciencia" y destaca al Presidente como un "piloto de tormentas" que acelera hacia el "equilibrio fiscal", esa entelequia.
 
"Paciencia". ¿Cómo la alcanzan los más de 12 millones que argentinos que hoy viven en la pobreza? ¿O aquellos que aún no cayeron pero que, a la luz de la devaluación, el recalentamiento de la inflación o los despidos, la sienten cerca? ¿Cómo pedir paciencia cuando la vida de muchos se reduce a un bolsillo agujereado y un estómago vacío?
 
La Opinión Popular

 
Fortísima caída del poder adquisitivo de los trabajadores
 
El poder adquisitivo de los salarios se redujo en 14,7 por ciento. La cifra corresponde al período acumulado entre noviembre de 2015 y septiembre de este año. Este retroceso del la capacidad de compra fue el más pronunciado desde la crisis de 2002.
 
Así lo detalló un informe del Instituto Estadística de los Trabajadores (IET) de la UMET. En el documento se analizó en profundidad la evolución de los precios y la caída del salario real de los trabajadores registrados.
 
El traslado a precios de la devaluación de agosto y el aumento de las tarifas seguirá diluyendo la capacidad de compra de los asalariados en los próximos meses.
 
El estudio indicó que "la inflación se disparó al 6,7 por ciento en septiembre y este año será la más elevada desde 1991". Consultoras del sector privado también registraron un fuerte salto de los precios el mes pasado. Elypsis, por caso, computó un alza de 7,3 por ciento (ver aparte). 
 
Las proyecciones del IET adelantaron que la inflación de 2018 se ubicará por encima del 45 por ciento y será la más elevada en casi tres décadas. El proceso inflacionario fue un problema constante en los últimos tres años y provocó un efecto regresivo sobre la distribución del ingreso.
 
El documento registró que desde noviembre de 2015, cuando se empezaron a realizar las estimaciones de precios de la UMET, la inflación acumulada del decil de menores ingresos fue 33 puntos más elevada que la del decil de mayores ingresos.
 
Uno de los rubros que más impactó en la capacidad de compra de los segmentos vulnerables fue el de alimentos. Los precios del sector se aceleraron en los últimos meses por la devaluación. Los alimentos subieron 7,5 por ciento en septiembre, con avances superiores al 10 por ciento en aceites y cereales.
 
Los referentes sindicales y académicos vinculados al informe de la UMET se mostraron muy críticos de la situación. "Los números demuestran claramente que los asalariados son los que están más sometidos, de manera brutal, a la lógica del ajuste", dijo el secretario general de la CTA, Hugo Yasky.
 
La política económica del Gobierno no sólo no moderó el proceso inflacionario sino que lo fomentó. La consecuencia fue la redistribución regresiva de la riqueza.
 
El documento precisa que "la inflación fue del 43,8 por ciento para los asalariados con menores ingresos, al tiempo que se ubicó en el 38,1 por ciento para los de mejores ingresos".
 
La investigación detalló que "esto demuestra que la crisis de precios perjudica en mayor medida a quienes destinan un porcentaje mayor de sus gastos a servicios públicos y alimentos. Esto equivale a decir que la inflación está perjudicando a los más humildes".
 
El rector de la UMET, Nicolás Trotta, aseguró que los números de la economía, entre los que destaca la inflación, muestran una fuerte tensión estructural.
 
"Estamos ofreciendo un estudio académico y estadísticas con una metodología clara, transparente y certera. El resultado macro y microeconómico de la política económica fue desastroso y debe ser tenido en cuenta por el Gobierno para modificar el rumbo", planteó.
 
Trotta aseguró que el documento no se basa en opiniones críticas contra el Gobierno, sino en un análisis meticuloso de las tensiones generadas por las decisiones de política.
 
La pérdida del poder de compra de los asalariados y la aceleración inflacionaria, con picos que no se observaban desde los noventa, son algunos de los principales problemas que deberán enfrentarse en el mediano y largo plazo.
 
"El país se dirige a la destrucción del mercado interno por la vía de la licuación salarial. Y sin mercado interno quebrarán cientos de miles de pymes que hoy generan más del 70 por ciento del empleo. Es una rueda viciosa en la que se ha ingresado y si no se sale a tiempo, la crisis económica y social será brutal", cerró Trotta.
 
El IET, con el apoyo logístico de la UMET y el respaldo de 45 gremios de la CGT y la CTA, subrayó que la pérdida del poder adquisitivo de los salarios acumula casi el 15 por ciento desde noviembre de 2015, una pérdida que no se anotaba desde el inicio de la década pasada, con el estallido de la convertibilidad.
 
Fuentes: Página 12, Hoy en la Noticia y La Izquierda Diario
 

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17-02-2019 / 09:02
La aceleración de los precios en el comienzo del año hizo saltar las alarmas en la Casa Rosada.
 
Es que las consecuencias del repunte inflacionario registrado por el INDEC durante enero (2,9% versus 2,6% de diciembre) van más allá del offside presidencial de Macri, quien dijo que "está empezando a bajar la inflación" un día antes de ser desmentido por el dato oficial.
 
El hecho es que la inflación vuelve a crecer como la principal preocupación de los argentinos y, a la par, baja la imagen del Gobierno y se perjudican sus perspectivas para las elecciones.
 
Según una encuesta de la consultora Synopsis, el 34,9% de los argentinos consideran hoy al alza de precios como el principal problema del país. Así, el tema vuelve al primer plano (subió 4,3% en el último sondeo) luego de haber venido en baja desde noviembre, acompañando el freno a la inflación que se vio en el último bimestre de 2018.
 
El desempleo (19,1%) es otra cuestión económica que escala como amenazante en el imaginario de los encuestados, escoltado por la corrupción (19,7%) y la inseguridad (13,1), dos temas que dan más comodidad a Cambiemos de cara a la disputa en las urnas.
 
Ante los precios que no detienen su marcha, la valoración negativa del desempeño de la administración nacional registró un fuerte incremento (+6,5%) y una leve caída de la valoración positiva (-1,1%). De esta manera, un 58% evalúa de manera negativa al Gobierno y se reducen a un 25,6% los que lo ven bajo una luz positiva.
 
Si existe un vínculo entre el nivel de la inflación y la valoración de la gestión, las cosas podrían empeorar para Macri. Distintas consultoras anticipan que en febrero los precios no se aplacarán, sino que su trepada será todavía más importante que la de enero.
 
Desde LG -fundada por Martín Lousteau- prevén un índice de 3,5%, mientras que Elypsis calcula una suba del 3,8%. Las más moderadas, como Eco Go, postulan un 3%.
 
En medio de la recesión que marcan los indicadores de actividad en la industria, construcción y comercio, el ánimo de los votantes no evoluciona de la mejor manera para Cambiemos.

17-02-2019 / 08:02
El miércoles por la tarde, el presidente Mauricio Macri sostuvo que la inflación estaba bajando y que comenzaba el tiempo de volver a crecer en la Argentina. Un día después, el Indec -o sea, la realidad- lo desmintió: la inflación está subiendo y, dentro de ella, lo que más sube es el precio de los alimentos.
 
No se trató de un episodio aislado. Pocos días antes de asumir, el Presidente anunció que eliminaría los controles de cambios y que eso no tendría efectos sobre los precios porque "ya están al nivel del dólar a 15": la respuesta de la realidad fue tremenda.
 
En aquellos días felices, el Gobierno pronosticó también que la inflación sería de 24 puntos en 2016 y de un dígito este año: la realidad volvió a responder con violencia.
 
En esa seguidilla de derrotas se puede percibir un problema histórico del país -su dificultad para vencer la inflación- y otro del presidente -su limitación para entender los motivos de su propio fracaso, la persistencia en el error, su rigidez extrema.
 
En unos años, este problema podría ser motivo de un interesante debate teórico titulado "¿por qué la Argentina fracasó nuevamente?". Pero en estos días, se trata de un asunto serio, en parte porque, al menos hasta hoy, Mauricio Macri sigue siendo, por leve margen, el favorito para gobernar la Argentina en el período que viene.
 
En el Gobierno, algunas personas repiten como un mantra que los primeros mandatos de Macri -en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires- fueron muy turbulentos y los segundos compensaron con resultados sorprendentes.
 
Si no aplica nuevos enfoques, ese eventual segundo mandato puede ser aun más accidentado que el primero. Pero además, si llega a perder las elecciones, los fracasos de Macri encierran lecciones para quien lo suceda.
 
Quien recorra brevemente hacia atrás la lucha del Presidente contra la inflación, deberá rendirse ante cierta perplejidad. En el principio, el Presidente anunció que la liberación del cepo no produciría un aumento precios.
 
¿De dónde salió semejante idea, en un país donde la relación entre la suba del dólar y la de los precios es un clásico, una constante, una patología? Gran parte del mundo económico -Espert, la UIA, Ferreres, Melconian- le advirtió que estaba equivocado. Era una obviedad. Él decidió apretar el botón.
 
Luego, pronosticó que la tasa de inflación del primer año sería del 24 por ciento. Otro contrasentido. Ese había sido el aumento de precios del 2015. Y el Gobierno le echaría nafta con un aumento fuerte de tarifas y una bruta devaluación. ¿Por qué razón la inflación no iba a aumentar si se tomaban medidas que, para cualquier principiante, tendrían ese efecto? 

16-02-2019 / 09:02
A continuación, las palabras del excelentísimo señor presidente de la Nación, don Mauricio Macri: "Tras el golpe duro del año pasado, ya está bajando la inflación". El hombre habla porque es gratis. El miércoles, un día antes de que el Indec anunciara que la inflación de enero fue casi del ¡¡¡treees por ciento!!! (2,9), Macri largó suelto de cuerpo que el flagelo va en descenso.
 
No hay salario que aguante y el mayor responsable se hace el oso. Las cifras de la economía parecen un campo de batalla con la industria que funciona al 56 por ciento de su capacidad, con 750 Pymes y 2550 comercios que cierran por mes.
 
Un escenario dramático que los medios del oficialismo tratan de ocultar como pueden aunque esas cifras destrozan la economía familiar, aumentan el desempleo, la pobreza y la marginalidad. "Estamos mejor que en el 2015", repitió con desparpajo en esa entrevista a una radio de San Luis.
 
La clase media que ha sido el principal argumento del triunfo electoral del macrismo es fuertemente agredida por este bombardeo persistente sobre su calidad de vida. Una clase media que se dispone a votar en este año con la cabeza repartida entre la tragedia concreta de la economía y el imaginario casi infantil que le propone el discurso macrista contra viento y marea.
 
Las encuestas pivotean sobre esa disputa sorprendente entre el imaginario emotivo y la inteligencia y muestran todavía que una parte significativa de esa misma clase media se resiste a abandonar los sueños incumplidos. Es la puja fascinante entre la carga subjetiva que la pinta rubia y de ojos celestes y una economía que la está mandando al tacho.
 
En el plano de la política pareciera que la mayoría apuesta a los efectos destructivos de la economía macrista por sobre lo subjetivo. Así, los aliados del oficialismo se alejan cada vez más o se muestran más reacios. Y los aliados más débiles, aprovechan para comer de las sobras.
 
El radicalismo, que le ha dado territorialidad a la alianza de gobierno empieza a sacudirse la subordinación que mantuvo con el PRO y está logrando imponer sus candidatos a gobernador. Al mismo tiempo desdobló las elecciones en sus distritos para no ser arrastrado por la presumible caída de la imagen de Macri.
 
El protagonismo que adquirió el radicalismo, tras ser el amigo sumiso del gobierno, ahora lo lleva a insistir con una interna con Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta en la CABA, al mismo tiempo que interviene a la regional Santa Fe porque no quiso separarse de los socialistas. Son movimientos en los que apuestan al debilitamiento de Macri como candidato, pero no para confrontarlo, sino para disputar espacio en la interna oficialista.
 
La base radical conservadora, que ha sido fiel a la alianza con el macrismo, es la que expresa con más claridad esa dualidad entre el imaginario y la economía, o entre la subjetividad y la razón. La cúpula partidaria oscila en esa dicotomía esquizofrénica y la representa en la política con el riesgo de convertirse ante la historia en responsable de los desatinos del PRO.

15-02-2019 / 11:02
El presidente Mauricio Macri volvió a ser cacheteado por el INDEC. Luego de asegurar -otra vez- que "la inflación está bajando", contra todos los pronósticos del Gobierno la inflación en lugar de caer volvió a acelerarse.
 
El Indec reconoció una suba del 2,9%, muy por encima del 2,6% de diciembre. Si se toman los últimos doce meses, llega a 49,3%, la más alta desde enero de 1992. Los alimentos empujaron la escalada. En la Ciudad de Buenos Aires, la suba de los precios minoristas fue de 3,8 por ciento en enero.
 
La inflación de enero fue impulsada por alimentos y bebidas, servicios públicos, comunicación y turismo. En alimentos y bebidas, que compone el centro de la canasta básica, el aumento de los precios en los últimos doce meses es del 53%, lo cual explica el fuerte aumento de los indicadores de pobreza e indigencia en la última parte del año pasado.
 
La inercia inflacionaria de 2018, junto a los aumentos de costos derivados de la devaluación que todavía no se trasladaron a los precios minoristas y la catarata de aumentos de servicios públicos determinan que la expectativa de inflación para este año no baje del 30%.
 
La inflación de 2,9% en enero es sorprendente en una economía en donde el consumo interno está muy debilitado y el dólar no registró mucha movilidad en el marco de un profundo ajuste fiscal y monetario. Sin embargo, la suba del dólar de 120% el año pasado junto a los grandes tarifazos sobre una economía cuyos precios se movía al 25 % anual antes de la crisis cambiaria multiplicó la inercia inflacionaria.
 
Esto quiere decir que los actores económicos incorporaron la indexación de los precios con números cada vez más grandes. Además, todavía existe una brecha de 20 puntos entre la suba que registran los precios mayoristas y el incremento de los minoristas.
 
El dato del 49,3% es horrible porque pone en tela de juicio el sentido del enorme sacrificio que Macri le pide a la sociedad, con el único objetivo visible de equilibrar el déficit para bajar la inflación. Sería difícil esperar que febrero muestre un incremento de precios menor al de enero. Este mes empezaron a regir nuevos aumentos en el transporte, la luz, las prepagas y la garrafa social. También se preparan nuevos aumentos en el gas (de 35 %).
 
Aunque los medios afines al gobierno se empeñan en pronosticar para el año una inflación por debajo de 30 %, las decisiones oficiales le meten fuerte presión a los precios. Según transcendidos periodísticos, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne le advirtió a Macri que no va a bajar hasta mayo pero, ¿si tampoco baja en mayo?
 
La Opinión Popular

14-02-2019 / 10:02
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