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El clima en Paraná
“Reflexionemos antes lo que corresponde hacer y no imitemos a los atenienses, que primero atacan y luego discurren”. Pantagruel
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Entre Ríos - 16-09-2018 / 09:09
MURIÓ JOSÉ MANUEL DE LA SOTA EN UN ACCIDENTE DE TRÁNSITO

¡Hasta siempre, Gallego!

¡Hasta siempre, Gallego!
El día que Jorge Busti asumió su tercer mandato como gobernador vino José Manuel De la Sota hasta Paraná para acompañarlo. Después cruzaron el túnel y estuvieron en la jura de otro gran compañero: Jorge Obeid. En la imagen: Jorge Busti, José Manuel De la Sota, Gonzalo García, Atilio Martinez y Jorge Obeid. Foto: Blas García para La Opinión Popular
Mi amistad con José Manuel De la Sota viene de larga data. En el camino, compartimos momentos muy complicados, de lucha y batallas perdidas. Luego, el tiempo y el retorno de la democracia, nos recompensó. Hoy, con su inesperada partida, me embarga una profunda tristeza.
 
Lo conocí promediando la década del sesenta en los pasillos de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. En aquellos difíciles años, sobre todo a partir del golpe de Onganía, en los que repartíamos nuestro tiempo entre los libros y la militancia, el "Gallego" inexorablemente ya se destacaba.
 
Nunca olvido el deslumbramiento que nos causó a todos los que presenciamos su exposición en un examen final de Derecho Político en la cátedra del Dr. Alfredo Rossetti. La descosió; ya entonces parecía un docente más que un alumno.
 
Después de graduarnos, integramos la Agrupación de Abogados Peronistas, desde la que -con humildad e inexperiencia- intentábamos desafiar los atropellos que la dictadura militar de aquel entonces cometía con compañeros militantes. 
 
En 1976 a José Manuel lo secuestraron y desaparecieron. Fue torturado por orden de Luciano Benjamín Menéndez y hasta sufrió un simulacro de fusilamiento. Luego lo blanquearon como preso político. En todos los años que pasaron desde la vuelta de la democracia jamás lo escuché utilizar esa terrible experiencia para victimizarse o sacar algún rédito político. Tampoco nunca advertí en él siquiera una pizca de rencor.
 
Con Antonio Cafiero fue uno de los jóvenes baluartes de la llamada Renovación Peronista, que acompañé, con mucho entusiasmo, desde Entre Ríos. Allí también compartimos los mismos sueños.
 
Sin lugar a dudas, se trató de uno de los dirigentes más lúcidos de mi generación. Siempre fue un hombre del diálogo y la tolerancia; un luchador contra los pensamientos únicos. Como a Lincoln, como a Lula, le tocó perder muchas veces en su querida tierra cordobesa. Lejos de amedrentarse, aprendió de esas caídas, y llegó a ser tres veces gobernador, entre muchos otros honores.
 
"En política nunca hay derrotas ni victorias permanentes", solía decir con absoluta razón. La vida lo había golpeado de un modo indescriptible y sabía distinguir lo verdaderamente importante.
 
El día que asumí mi tercer mandato como gobernador vino hasta Paraná para acompañarme. Después cruzamos el túnel y estuvimos en la jura de otro gran compañero: Jorge Obeid. En esos cuatro años, desde el 2003 al 2007, logramos cumplir uno de los objetivos que siempre habíamos anhelado: potenciar el federalismo fortaleciendo la Región Centro como un gran legado a las futuras generaciones de cordobeses, santafesinos y entrerrianos.
 
Se nos va un político de raza y un estadista. De los que desafortunadamente no abundan. Un hombre que deja una huella imborrable en una generación de cordobeses y en millones de peronistas. ¡Hasta siempre, querido Gallego! ¡Se te va a extrañar!
 
Por Jorge Busti

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La decisión del justicialismo de confirmar a Sergio Urribarri como presidente de la Cámara de Diputados, cristalizó el acuerdo interno entre el sector de Gustavo Bordet y el peronismo K, bajo la lógica de conservar el poder que se pondrá en juego este año en la provincia. Cambiemos, que se ilusionaba con dividir al peronismo local profundizando su interna y poniendo una cuña entre ambos sectores, reaccionó destempladamente.
 
La obstinación de los integrantes de la alianza antiperonista Cambiemos tras la reelección de Sergio Urribarri como presidente de la Cámara de Diputados de la provincia es desproporcionada. Vaciar la Asamblea Legislativa tiene consecuencias institucionales y políticas que van más allá del clima de campaña que se empieza a vivir.
 
Esta reacción es excesiva: ningún efecto es mayor que su causa, dice la matemática. No se corresponde la respuesta con el fenómeno al que se pretende contestar: que Urribarri haya sido reelecto era una de las posibilidades concretas. En su momento, Jorge Busti, enfrentado con el entonces gobernador Urribarri, no fue desalojado de la Presidencia de la Cámara.
 
El jefe de Estado provincial omitió en su discurso oficial cualquier referencia a la inasistencia de los legisladores de la oposición. Sólo respondió sobre el tema cuando fue abordado por la prensa al final de su mensaje. Definió como "lamentable" la actitud de la coalición opositora y rechazó el argumento que habían esgrimido desde la UCR y el PRO al anunciar el faltazo.
 
El faltazo de Cambiemos a la Asamblea es un acto de irresponsabilidad institucional. La Constitución exige al Gobernador rendir cuentas del estado de la provincia ante la Legislatura y, por consiguiente, impone a los legisladores anoticiarse de tal situación a fin de actuar en consecuencia.
 
¿Cuál debería ser la actitud de los concejales deperonistas de Paraná cuando el intendente Sergio Varisco inaugure las sesiones del Concejo Deliberante? Varisco enfrentará este año dos juicios: uno por defraudación a la administración pública (causa "Mutual Modelo") y otro por narcotráfico (en el Juzgado Federal). En ambas causas, el intendente está procesado.
 
Varisco y Urribarri son hasta ahora inocentes. Y su culpabilidad deberá ser probada sin ninguna duda en la Justicia. De lo contrario, se mantendrá su presunción de inocencia. Esto se llama Estado de Derecho.
 
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