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“Si la fuerza material está monopolizada por el régimen, las fuerzas morales, los valores que no se afincan en lo material están de nuestro lado, del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora”. John W. Cooke
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Sociedad e Interés General - 14-09-2018 / 20:09
EFEMÉRIDES POPULARES. EL DIARIO QUE SE CONVIRTIÓ EN LEYENDA

A 105 años del lanzamiento del legendario Diario Crítica

A 105 años del lanzamiento del legendario Diario Crítica
El diario Crítica fue un periódico argentino publicado en Buenos Aires, fundado por el periodista uruguayo Natalio Botana el 15 de septiembre de 1913. El diario tenía un tono sensacionalista y llegó a ser uno de los más vendidos del país. Dejó de editarse en 1962.
El diario Crítica fue un periódico argentino publicado en Buenos Aires, fundado por el periodista uruguayo Natalio Botana en 1913. El diario tenía un tono sensacionalista y llegó a ser uno de los más vendidos del país. Dejó de editarse en 1962.
 
Crítica marcó las décadas del 20 y del 30, cambió el periodismo y -junto con su fundador- devino en leyenda con una fórmula irrepetible que mezcló sensacionalismo, pocos escrúpulos, estridente e ingeniosa cobertura de crímenes, batido de agitación golpista con fogosidad antifascista y, a la vez, cobijo de las mayores plumas literarias.
 
El lunes 15 de septiembre de 1913 por la tarde salía a la calle el diario; costaba 10 centavos y la primera tirada fue de apenas 5000 ejemplares. Sólo a mediados de los años 20 alcanzó legendarias marcas de 800.000 ejemplares por día. El apogeo en ventas, con 900.000 fue el 26 de febrero de 1926, con la noticia del primer cruce del Atlántico en avión, y volvió a conseguir récords de circulación muchos años después, en los comienzos de la Segunda Guerra.
 
Evocarlo como el diario amarillo más importante (y el vespertino argentino de mayor tirada de la historia) no sería faltar a la verdad, pero significaría, tal vez, soslayar la riqueza de sus audacias, sus altibajos y contradicciones. El lado más controversial de Crítica fue su papel durante el primer derrocamiento de un presidente constitucional, Hipólito Yrigoyen, en relación al apoyo inicial al general José Félix Uriburu. Y su ataque furibundamente antiobrero el 17 de octubre de 1945.
 
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MEDIOS
 
Crítica, el diario que se convirtió en leyenda
    
Hace cien años, pocas semanas antes de inaugurarse el subte, aparecía Crítica, el diario de Natalio Botana que marcó las décadas del 20 y del 30, cambió el periodismo y -junto con su fundador- devino en leyenda. De fórmula irrepetible, Crítica no encaja en ninguna categoría contemporánea: sensacionalismo, pocos escrúpulos, estridente e ingeniosa cobertura de crímenes, batido de agitación golpista con fogosidad antifascista y, a la vez, cobijo de las mayores plumas literarias.
 
Una mezcla de liderazgo político y cultural con vehículo de expresión de multitudes, cuya alfabetización, en alguna medida, estaba en trámite. Evocarlo como el diario amarillo más importante (y el vespertino argentino de mayor tirada de la historia) no sería faltar a la verdad, pero significaría, tal vez, soslayar la riqueza de sus audacias, sus altibajos y contradicciones.
 
Un año y medio antes de la aparición, Roque Sáenz Peña había promulgado el sufragio universal, secreto y obligatorio que en 1916 llevaría al poder, por primera vez, a un partido de masas, el radicalismo. El fenómeno de la prensa popular se desarrollaba en Estados Unidos de la mano de William Randolph Hearst, virtual creador del amarillismo. Botana, más tarde considerado la versión criolla de Hearst, vislumbró las transformaciones que iban a acompañar acá los grandes cambios políticos.
 
Fenómeno, según observa en Ciudadano Botana el biógrafo Álvaro Abós, algo más amplio que el de la prensa, porque habían comenzado a aparecer dirigentes como Barceló y Fresco que "plebeyizaban" la elite conservadora. Salido de una familia acomodada del interior uruguayo, Botana arrancó en esa constelación ideológica (se cree, incluso, que el conservador Marcelino Ugarte, quien se hallaba entre su primera y su segunda gobernación de Buenos Aires, financió el lanzamiento). Que era antirradical lo dejó bien claro cuando asumió Hipólito Yrigoyen: "Dios salve a la República", tituló.
 
El lunes 15 de septiembre de 1913 por la tarde Crítica salía a la calle (a 10 centavos) con una tirada de apenas 5000 ejemplares. Tardó casi una década -pasó mil desventuras- hasta volverse actor protagónico de la prensa masiva. Sólo a mediados de los años 20 alcanzó legendarias marcas de 800.000 ejemplares por día. Hizo cumbre en los 900.000 el 26 de febrero de 1926, con la noticia del primer cruce del Atlántico en avión, y volvió a conseguir récords de circulación muchos años después, en los comienzos de la Segunda Guerra.
 
Hoy funciona una dependencia de la Policía Federal en el histórico edificio art déco de Crítica, con el cual los arquitectos húngaros Jorge y Andrés Kalnay rompieron en 1927 el estilo neoclásico de la Avenida de Mayo. Por allí pasaron muchos de los personajes más curiosos de Buenos Aires, además de aquellos escritores a quienes las páginas del diario incluyeron en distintos períodos y secciones: Raúl y Enrique González Tuñón, Alfonsina Storni, Ulyses Petit de Murat, el cronista policial Roberto Arlt, el joven Jorge Luis Borges.
 
Cuando alcanzó la edad adulta, además de mudarse a la estratégica sede de Avenida de Mayo 1333 (con sala de armas incluida), Crítica ya había adoptado su célebre apotegma, "Dios me puso sobre la ciudad como a un tábano sobre un noble caballo, para picarlo y tenerlo despierto". Llegó a tener siete ediciones (en 1923 incorporó la quinta para competir con La Razón). La firmeza de sus posiciones se hacía valer tanto para denunciar la corrupción y las torturas policiales como para liderar causas específicas, sea la reacción popular contra la ejecución en la cárcel del militante anarquista Kurt Wilckens o, en forma sostenida, la lucha republicana durante la Guerra Civil Española.
 
 
UN ROLLS-ROYCE EN LA PUNA
 
Visto con ojos de hoy, el lado más controversial de Crítica fue su papel durante el primer derrocamiento de un presidente constitucional. No es necesario remover las entrelíneas para apreciarlo: "¡Váyase!, grita toda la Nación al Sr. Yrigoyen", fustigaba, por ejemplo, la primera plana la tarde anterior al 6 de septiembre de 1930. El apoyo inicial al general José Félix Uriburu no impidió que el dictador clausurara el diario en 1931 y mandara presos a Botana, a su esposa, Salvadora Medina Onrubia, y a unos cuantos redactores. Tras ser liberado, Botana tuvo que esperar en Montevideo el triunfo de Agustín P. Justo -gran amigo suyo- para reabrir Crítica.
 
Extravagante como su vida (ya a los 16 años se había ido a la guerra civil uruguaya con un mucamo), excéntrico como su diario (cuyo juego político y llegada a las masas desconcertaba al poder), tampoco tuvo él la muerte de un magnate común, si los hay. En 1941 su Rolls-Royce se desbarrancó en un camino jujeño. Murió horas más tarde en el hospital, tras fumar su último habano. Sólo tenía 52 años.
 
Crítica ya no fue lo mismo. Varias manos familiares, incluida la de Salvadora, lo condujeron en los años 40, hasta que en 1951 Perón lo puso bajo su control y lo ayudó a languidecer. Ya sin gloria, dejó de salir en 1962.
 
Por Pablo Mendelevich  | Para LA NACIÓN
 
Fuente: LA NACIÓN

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21-01-2019 / 10:01
El 21 de enero de 1897, en Buenos Aires, nace Rodolfo José Ghioldi. Se graduó de maestro y estudió -sin completar- el profesorado en Historia. Fue un político que llegó a ser uno de los dirigentes más importante del comunismo argentino.
 
Militante del Partido Socialista, Ghioldi fue uno de los integrantes originales del Partido Socialista Internacional, que se desprendió del primero tras la Revolución de Octubre en Rusia. Ghioldi fue electo vicepresidente de la Federación de Juventudes Socialistas (ahora Federación Juvenil Comunista) en agosto de 1917.
 
Fue representante del Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista (Komintern). Participó de la insurrección comunista, una sublevación para derrocar al gobierno populista de Getúlio Vargas en Brasil (país donde estaba exiliado por la amenaza contra su vida en la Argentina de esa época).
 
En la Argentina, el dirigente comunista Ghioldi compartió su devoción a Moscú con un profundo antiperonismo, que no hizo más que reflejar el compromiso pestilente que la izquierda antinacional y cipaya mantuvo con la oligarquía. Nunca se apartó, en toda su producción, de mostrar la continuidad histórica de los comunistas argentinos junto a la de los "próceres liberales" del siglo XIX.
 
Fue uno de los responsables -junto a Victorio Codovilla- del sectarismo de una conducción partidaria que asfixió bajo el dogma soviético a otras expresiones creativas que intentaron, sin éxito, modernizar la cultura comunista. Esta actitud llevó a que, a partir de los años 60, el comunismo perdiera su carácter de hegemónico en el conjunto de la izquierda argentina.
 
No supo comprender los movimientos populares argentinos (radicalismo y peronismo) lo que lo encontró como aliado menor de la oligarquía y las fuerzas de la reacción. El 17 de Octubre de 1945, mientras la presencia obrera en aquella histórica plaza abría camino a un importante proceso de liberación nacional, Ghioldi estaba en las antípodas, formando parte de la Unión Democrática.
 
El periódico Orientación, bajo su influencia, hablará de "hordas de desclasados, pequeños clanes con aspecto de murga que recorrieron la ciudad, no representando a ninguna clase de la sociedad argentina. Era el malevaje reclutado por la policía y los funcionarios de la Secretaría de Trabajo y Previsión para amedrentar a la población".
 
Esta terrible equivocación histórica de legitimar "por izquierda" el frente antinacional liderado por los grandes poderes del país oligárquico, será la causa del repudio histórico que recibirán de parte de la clase trabajadora argentina. El gran pensador del marxismo nacional Juan José Hernández Arregui afirmó: "son criaturas dilectas de la semicolonia engendrados por la colonización pedagógica".
 
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21-01-2019 / 10:01
18-01-2019 / 20:01
El Ataque a la guarnición militar de Azul fue realizado el 19 de enero de 1974 contra la unidad ubicada en la ciudad de Azul, Provincia de Buenos Aires,​ que albergaba a Regimiento de Caballería de Tanques 10 "Húsares de Pueyrredón" y al Grupo de Artillería Blindado 1 "Coronel Martiniano Chilavert" por un grupo de unos 80 guerrilleros​ de la Compañía Héroes de Trelew pertenecientes a la organización guerrillera Ejército Revolucionario del Pueblo, que fue repelido y debió retirarse sin apoderarse del armamento pretendido.
 
El ataque se inició a las 23:40 y duró toda la noche. Los atacantes estaban vestidos con uniformes similares a los de los militares del ejército y estaban armados con lanzacohetes, lanzagranadas, escopetas calibre 12.70, fusiles FAP, FAL y ametralladoras PAM, Magsen y MAD y pistolas 9 mm y 11.25 mm.13​
 
Los guerrilleros fueron descubiertos mientras se dirigían hacia el tanque de agua y debieron iniciar el asalto sin haber dominado las guardias, según preveía el plan original. Lo hicieron con fusiles FAL y granadas antitanque. Los atacantes ocuparon la guardia central y el casino de oficiales.
 
Los guerrilleros iban al mando de Enrique Gorriarán Merlo y Hugo Irurzun y tuvieron 5 guerrilleros muertos (dos de ellos capturados con vida fueron desaparecidos) mientras que otros 12 combatientes fueron detenidos y permanecieron presos hasta el final de la dictadura.
 
El llamado grupo Secuestro se dirigió a las viviendas de los coroneles y, al encontrarlos, mataron al coronel Arturo Gay, jefe del regimiento 10 de Caballería y a su esposa, Nilda Cazaux de Gay, y secuestraron al coronel Jorge Roberto Ibarzábal, jefe del Grupo de Artillería Blindado 1. Los guerrilleros no lograron tomar la Plaza de Armas ni la Batería porque no pudieron quebrar la resistencia de los militares ubicados en el tanque de agua.
 
Gorriarán Merlo optó por retirarse sin avisar al otro grupo. Se argumentó que una falla en las comunicaciones motivó que los 17 guerrilleros no recibieran la orden y quedaran atrapados en el cuartel y se rindieran.
 
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18-01-2019 / 20:01
18-01-2019 / 20:01
El 19 de enero de 1906 moría Bartolomé Mitre. Militar, "historiador", periodista y Presidente de la Nación entre 1862 y 1868. Mitre fue el instrumento la política colonial británica en el Río de la Plata. Expresó la utilización del puerto de Buenos Aires contra todo el interior federal, al servicio de intereses, de una mentalidad y designios exclusivamente europeístas.
 
Desde un punto de vista nacional y popular, la actuación de Mitre, para la constitución de la Argentina como Nación independiente, es nefasta. Sus "aportes" a la dependencia del capital extranjero y la obsecuencia a la cultura europea, significaron mandar a la muerte a miles de argentinos, generando además una mentalidad cipaya, liberal y colonial sumamente potente, en la medida que contaba con todo el apoyo de la oligarquía local y el Imperio Británico.
 
Además, Mitre tuvo responsabilidad en los orígenes de la guerra genocida contra el Paraguay. Mitre -y no la Argentina- fue un instrumento consciente de la destrucción del Paraguay. De un Paraguay que era -gracias a Rosas y su política de amistad- considerado parte de nuestra propia tierra, como provincia/nación hermana.
 
El exterminio del pueblo paraguayo se resolvió en el Foreign Office de Londres, y Mitre y el Brasil actuaron de mandatarios de esa decisión. Era el último golpe contra el federalismo criollo, y Mitre tenía plena conciencia de la necesidad de darlo para que su proyecto dependiente pudiera seguir adelante.
 
El Chacho Peñaloza, Ambrosio Chumbita, Aurelio Salazar, Felipe Várela junto a miles de gauchos y campesinos, de condenados de la tierra del noreste argentino se levantaron en armas contra Mitre, en respuesta a la política unitaria y porteñista que "el círculo de Mitre" llevaba a cabo contra el interior provinciano.
 
Con Mitre, las masas populares que pelearon en la guerra de Independencia, en Ituzaingó contra el Imperio esclavista de Brasil, en la Vuelta de Obligado contra británicos y franceses, fueron declaradas raza inferior condenada a la extinción. Las expediciones punitivas porteñas ahogaron a sangre y fuego las protestas de los pueblos del interior.
 
La liquidación del mercado interno era una necesidad básica para la política porteña como intermediaria de la importación de productos británicos. Asimismo, la consolidación de pequeños grupos que se van afirmando como oligarquías provincianas, correas de transmisión de la política mitrista en el interior, jugarán un papel en la represión y dominio liberal de las provincias. La negatividad del ciclo porteñista, mitrista, centralista y unitario se siente todavía hoy en el interior después de 150 años.
 
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