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“Si la fuerza material está monopolizada por el régimen, las fuerzas morales, los valores que no se afincan en lo material están de nuestro lado, del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora”. John W. Cooke
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Nacionales - 09-09-2018 / 11:09

El fracaso de Macri ya es innegable. ¿Qué viene ahora?

El fracaso de Macri ya es innegable. ¿Qué viene ahora?
Los que hoy gobiernan no saben qué es el patriotismo, al dinero propio lo guardan afuera. Es notorio que cultos no son y es evidente que no saben qué significa ser liberal aquí y ahora. Con Cristina se acabaron para siempre los setentistas y con Mauricio Macri se agotan los del otro bando, los enamorados del parasitismo bancario.
El error es de amplio espectro, abarca ideas y actividades de las personas. Los equivocados no tienen limitaciones, ni morales ni de principios.
 
El mundo conoce infinitas versiones del fracaso y nosotros las vamos probando todas, ahora encarnamos en el Gobierno un liberalismo de barrio cerrado, una visión del mundo según la gente elegante que se cree superior.
 
Veníamos del estatismo provinciano con acompañamiento universitario, ya que tenían sus aportes intelectuales; estos también los tienen, entonces vamos de "Carta Abierta" a "Barrio Cerrado". Los anteriores tenían mayor formación filosófica y sociológica, estos de ahora son más economicistas, con algún literato enojado y no mucho más.
 
Los anteriores eran más pragmáticos, unos soñaban mientras otros manoteaban lo que podían; los actuales pecan de una inocencia un poco perversa, imaginan que la concentración de la riqueza va a producir un derrame.
 
Aclaro que lo del derrame es aristocrático, se la reparten los ricos, toda, y luego, si no se les cae nada, es un error de cálculo, pero ya se quedaron con todo.
 
El Presidente dice "setenta años", todos ellos repiten ese mantra, quiere decir que desde que los pobres comen mucho el país se hunde.
 
Pero hace cuarenta años la pobreza era del 5%, la deuda de seis mil millones y no había inseguridad, ni rejas, ni barrios cerrados. Ni tomábamos el café en vasos de cartón, ni los ricos y los bancos se quedaban con todo el comercio minorista.
 
Venimos cayendo hace 40 años, desde la Dictadura para aquí, si quieren lo iniciamos con Celestino Rodrigo, la culpa peronista, luego Martínez de Hoz, culpa liberal y luego Menem-Cavallo, culpa compartida.
 
Ahora viene este "liberalismo de enamorados de Miami", gente que imagina gobernar para eliminar las regulaciones que les impiden quedarse con todo.
 
Mauricio Macri piensa así, no cree en la pequeña empresa ni en la defensa del trabajo nacional y se propone apoyar la concentración. Los otros robaban, estos tienen las empresas y los bancos, se pueden quedar con todo por la vía legal.
 
Para el ciudadano es peor, estos lo someten a una mayor miseria, algo de culpa tuvieron los anteriores, pero robaban y no nos endeudaban; estos dicen que no roban pero nos endeudan para varias generaciones.

 
Tenían un dólar para importar mucho y destruir el sistema productivo, el mercado lo puso en su lugar, ellos aprovecharon para endeudarnos tratando de impedirlo.
 
El estatismo de los Kirchner era tramposo, apoyaron la privatización de YPF, duplicaron el juego en manos privadas, se enfrentaban con los medios de comunicación solo porque odiaban que los criticaran, se asociaban a los grandes grupos mientras los participaban en los negocios.
 
El estatismo y la izquierda eran un disfraz, aun cuando para muchos ocupaba el lugar de la esperanza. Terminaron heredando la demencia de marxistas y violentos atacados por la esclerosis.
 
Ahora también hay convencidos fanatizados, cada vez menos, tienen más deserciones que los Kirchner y esto es grave -muy-; los dejan mientras gobiernan, más democrático, pero más patético.
 
Los Kirchner mantuvieron el poder hasta perder las elecciones, solo ahí surgieron los desertores y los arrepentidos; estos son más incompetentes, ni estando en el Gobierno logran mantener sus seguidores.
 
El Fondo nos puede financiar la demencia, pero nunca sirvió para recuperar la cordura.
 
Las ideologías son como los deportes o las artes, se pueden recorrer con talento o sufrir en manos de aficionados. Hubo liberales brillantes, los de ahora son una camada fallida.
 
El problema no es la ideología, ya Menem destruyó el peronismo y el libre mercado a la vez; estos son más especializados, solo dejan mal parado para siempre a los mercados.
 
Creían que la riqueza fluía de solo quitar las regulaciones a los ricos y que luego les tocaba a los pobres. Hijos de padres esforzados suelen salir así, un poco desubicados, sin encontrar su "lugar en el mundo".
 
Nos sobran ejemplos de liberales talentosos: Federico Pinedo puso en marcha la regulación del Estado para enfrentar una crisis, Raúl Prébisch sentó las bases teóricas del desarrollo por la industrialización y Adalbert Krieger Vasena usó las retenciones pro industria y la política de ingresos para estabilizar y reactivar la economía.
 
Los tres fueron firmes creyentes en las bondades del mercado y se confesaban liberales pero, como Carlos Pellegrini, sabían que "sin industria no hay nación". Liberales argentinos y cultos.
 
Los que hoy gobiernan no saben qué es el patriotismo, al dinero propio lo guardan afuera. Es notorio que cultos no son y es evidente que no saben qué significa ser liberal aquí y ahora.
 
Con Cristina se acabaron para siempre los setentistas y con Mauricio Macri se agotan los del otro bando, los enamorados del parasitismo bancario.
 
Quedamos como después de una guerra, cruenta, obligados a asumir el camino de la cordura. Lo que no encarnamos por lucidez termina imponiéndose por obligación. No hay otra salida. Ya volverá la política.
 
Por Julio Bárbaro. Politólogo y Escritor. Fue diputado nacional, secretario de Cultura e interventor del Comfer.
 
Fuente: Infobae
 

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21-01-2019 / 09:01
"Voy a ser candidato a presidente y quiero ser el presidente de la Argentina del crecimiento para salir de este fracaso", señaló Sergio Massa, líder del Frente Renovador y ahora precandidato de Alternativa Federal, ante las voces que impulsan la postulación del ex ministro de Economía Roberto Lavagna como candidato de un armado peronista sin el cristinismo.
 
"De ninguna manera voy a ser candidato a gobernador", afirmó el ex intendente de Tigre y así descartó bajar su precandidatura que por ahora disputaría con el senador del PJ Miguel Ángel Pichetto y el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey.
 
Con el año electoral ya corriendo a los candidatos y al propio gobierno, Massa apuntó que "el próximo presidente, y sin dudas yo lo tengo claro e impregnado en la piel, después de recorrer parte del país con el auto y tomar contacto con la gente, va a tener que llamar a un gran acuerdo por la unidad".
 
Alternativa Federal nació una vez que el camino de unidad encarado por el peronismo comenzó a concretarse y los dirigentes de Alternativa Federal tomaron la vía de diferenciarse confrontando con el cristinismo.
 
Integrado por gobernadores justicialistas, descartan a la ex presidenta Cristina Fernández como candidata, se declaman como un agrupamiento "superador" de la disyuntiva macrismo- cristinismo. Los dirigentes promueven que las candidaturas se resuelvan a través de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias.
 
"Cuando vos mirás las serie histórica de la Argentina y... ¿viste que se habla mucho de los últimos 50 años? Roberto (Lavagna), Martín Redrado, José Ignacio de Mendiguren, Aldo Pignanelli, y yo mismo en ese momento desde la seguridad social, pusimos una serie histórica, que cruzó dos gobiernos, el de (Eduardo) Duhalde y el de la primera etapa del de (Néstor) Kirchner", señaló Massa sobre algunos de los funcionarios que pasaron o forman parte del Frente Renovador (FR).
 
"Con Lavagna vamos a ser parte de la solución a los problemas de la Argentina", agregó, buscando mostrar cercanía con el economista. El líder del FR insistió en mostrar su buena relación con Lavagna, con quien dijo reunirse cada quince días, y de quien dijo que es "el faro más importante que tienen aquellos que creen en la Argentina del desarrollo y el crecimiento".
 
La Opinión Popular

20-01-2019 / 09:01
Chico conoce chica, la comedia de Hollywood le saca el jugo. Presidente conoce presidente, las Cancillerías y los medios afines abusan del paralelismo: hablan de "química", "empatía", "onda" y otras simplezas. Como en las comedias o en la vida real el primer encuentro puede influir, pero la larga convivencia siempre es crucial.
 
El presidente brasileño, Jair Messias Bolsonaro, recibió a su colega argentino Mauricio Macri en Brasilia. Dos desaires anteriores (ahora dicen) quedaron atrás: Bolsonaro no vino para el G-20, Macri veraneaba cuando asumió su par. Sobreactuaron amistad aunque a Macri (cultor de la doctrina Chocobar) sus asesores le aconsejan no fotografiarse "disparando" con las manos.
 
Objetivamente tienen un destino común, una frontera gigantesca, un intercambio comercial único. Ningún país es soberano del todo, en la aldea global. Pero hay mandatarios o visiones ideológicas que se empeñan en ampliar los márgenes nacionales de decisión. Otros prefieren el alineamiento con los países hegemónicos aunque jamás hablen de dependencia.
 
A los contertulios de Brasilia no los unen el amor ni el espanto, sí intereses  y la subordinación al Departamento de Estado.
 
Como Aníbal Troilo, Estados Unidos nunca se fue de este Sur, pero su política exterior posterior al atentado a las Torres Gemelas permitió un resuello. Coincidió con la llegada de experiencias populares variadas, más o menos radicales pero muchas antagónicas con la herencia neoconservadora de los '90.
 
Prevalecieron la paz y la no intervención en otros Estados, por un lapso prolongado y con una intensidad tal vez sin precedentes. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) medió exitosamente para frenar sangrientos intentos golpistas contra el presidente boliviano, Evo Morales, y contra el ecuatoriano Rafael Correa que incluso fue secuestrado por fuerzas de seguridad.
 
Las coincidencias políticas gravitaban pero todos los gobiernos cooperaban en un organismo flamante, de nimia institucionalidad cuyas resoluciones exigen unanimidad de los presidentes. O, cuanto menos, inexistencia de vetos así fuera de uno solo.
 
Diplomacia presidencial al rojo vivo que eleva el protagonismo de los mandatarios y confina a las Cancillerías. Néstor Kirchner fue electo presidente del organismo con la anuencia de todos sus integrantes: una sola bolilla negra bastaba para dejarlo afuera.
 
Las derechas autóctonas, con la cooperación recurrente de "la Embajada" de EE.UU. le coparon la parada a Unasur. Cambiaron la correlación de fuerzas mediante golpes de Estado atípicos, novedosos: en Paraguay, Honduras, Brasil y ahora van por Venezuela. Macri y Bolsonaro 2019 se contraponen a Lula da Silva-Néstor Kirchner en 2003. Pasaron cosas, caramba. 

19-01-2019 / 11:01
19-01-2019 / 10:01
Es cada vez mayor la cantidad de personas que se suman a la protesta callejera contra la suba de los servicios públicos que implementa el gobierno de Mauricio Macri. Por cuarto viernes consecutivo, miles de porteños cortaron anoche las avenidas Rivadavia, Corrientes o Cabildo, entre otras, para protagonizar un nuevo "ruidazo" por los padecimientos derivados de las políticas de la alianza Cambiemos. También hubo manifestaciones en el conurbano bonaerense y en ciudades del interior de la provincia.
 
Las quejas por los aumentos de tarifas, por sueldos y jubilaciones cada vez más insignificantes frente a la inflación, se combinaron con reclamos puntuales de docentes por el cierre de las escuelas nocturnas resuelto por el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta.
 
De fondo se alternaba el ya tradicional "Mauricio Macri la puta que te parió", como el menos usual "fuera, fuera, fuera Macri fuera". "Macri son un fracaso como presidente. La inflación es un cáncer. Sos un inepto, le mentís a la gente", se expresa un vecino desde su cartel. "Nos sacaron el Fútbol para Todos para hacer 3000 jardines. ¿Dónde están?", indaga otro.
 
Anoche volvieron a sentirse las cacerolas, los bocinazos y ruidazos en distintas ciudades del país. Se dan después de la segunda marcha de la multisectorial contra los tarifazos que este jueves se realizó en Rosario y que continuará en Mar del Plata y Mendoza. Así como los ruidazos seguirán todos los viernes por la noche.
 
El motivo central de las protestas es el mismo: la crisis económica del modelo neoliberal macrista. La gente se une para marchar o golpear cacerolas, para reclamar por los despidos, los bajos salarios, los aumentos del transporte y de los servicios públicos, porque la plata ya no alcanza.
 
La bronca se acumula de la misma manera que los gastos para llegar a fin de mes. La gente se junta por un reclamo, por una inconformidad que la unifica. Es una queja por el presente, pero con la esperanza de lograr un cambio en el futuro. Protestan porque entienden que quedarse en la comodidad de sus casas se convierte en un silencio cómplice del ajuste macrista.
 
Las protestas continuarán, con mayor o menor presencia en las esquinas de las ciudades, o terminar diluyéndose ante la falta de respuestas positivas. O pueden aumentar, si este año vuelven a golpear los bolsillos populares de manera intolerable. ¿Influirán en las elecciones? Es una pregunta difícil de responder. Por ahora, el ruido sigue. La gente está harta de Macri.
 
La Opinión Popular

18-01-2019 / 09:01
Con Mauricio Macri, se profundizó un fenómeno que había arrancado en la primera mitad del 2018 y que muestra de lleno cuál fue el sector más perjudicado por la crisis económica: los trabajadores asalariados perdieron otra vez participación en el reparto de la torta de ingresos y así se alejan cada vez más del famoso fifty fifty.
 
El fifty-fifty (cincuenta y cincuenta) que impulsó el primer peronismo proponía que trabajadores y empresas se repartieran en partes iguales los ingresos que genera el país.
 
Esta vez la caída de su porción fue de 4,7 puntos durante el tercer trimestre: pasaron de recibir el 50,6% de la torta al 45,9%. Así, volvió a niveles distributivos del 2010.
 
A la par, eso significó un crecimiento de la parte del producto que se quedaron los empresarios, a costa del salario de los trabajadores. Ahí el salto fue casi en espejo y los dueños de las empresas pasaron a recibir el 45,7% del total, lo que implicó un crecimiento de 4,8% puntos.
 
Es decir que el 4% de los que participan en la producción, o sea los empresarios tal como señala el propio Indec, se quedaron con una porción casi idéntica a la del 74% representado por los asalariados.
 
La cuestión del fifty-fifty tiene un poder simbólico fuerte en la Argentina, aunque en los países desarrollados la distribución capital-trabajo es bastante más favorable para los asalariados: la participación asalariada ronda el 60% y durante los 70 giraba en torno al 65%, tal el caso de Estados Unidos.
 
Aunque en 1945 esta proporción era vista como una conquista social, en la actualidad es insuficiente. Para reducir la pobreza y aumentar la equidad es necesario impulsar reformas para que los trabajadores aumenten su participación a niveles más parecidos a los observados en los países desarrollados. Todo lo contrario de lo que está haciendo el gobierno de Mauricio Macri.
 
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