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Sociedad e Interés General - 08-09-2018 / 18:09
EFEMÉRIDES POPULARES: EL 09 DE SEPTIEMBRE DE 1997 MUERE CARPANI, EL PINCEL DE LAS LUCHAS OBRERAS

Ricardo Carpani, un militante revolucionario de la política y la pintura argentina

Ricardo Carpani, un militante revolucionario de la política y la pintura argentina
El 09 de septiembre de 1997, muere Ricardo Carpani, un artista plástico que acompañó siempre la lucha de los trabajadores. Fue el pintor de las luchas obreras y populares, el que dibujaba los afiches de la CGT de los Argentinos, el que pedía con su arte por la libertad de los dirigentes obreros presos durante las numerosas dictaduras que le tocó vivir.
 
El 09 de septiembre de 1997, muere Ricardo Carpani, un artista plástico que acompañó siempre la lucha de los trabajadores. Fue el pintor de las luchas obreras y populares, el que dibujaba los afiches de la CGT de los Argentinos, el que pedía con su arte por la libertad de los dirigentes obreros presos durante las numerosas dictaduras que le tocó vivir.

También combatió contra el "coloniaje cultural y artístico", producto de la sumisión del país al imperialismo y al control que "la oligarquía ejerce sobre los principales resortes de nuestra cultura", con su "mentalidad extranjerizante, despreciativa de todo lo genuinamente nacio­nal y popular". Fue, indiscutiblemente, uno de los más grandes artistas plásticos de América Latina.

Escribe Blas García para La Opinión Popular

El 17 de octubre, Perón, el proletariado nacional y el quiebre del modelo dependiente
Blas García
 
Comenzó los estudios de abogado pero los abandonó cuando en 1951 decidió radicarse en París, en la ciudad francesa comenzó a interesarse seriamente en la pintura, tomando cursos que luego continuó en Buenos Aires.

A su regreso dedicó un tiempo a viajar por Chile y el interior de nuestro país. Una vez asentado en Buenos Aires retomó los estudios de pintura, esta vez con el maestro Emilio Pettoruti.

Expuso por primera vez en 1957 junto a Juan Manuel Sánchez (1930) y Mario Mollari (1930) Su compromiso con la causa de los trabajadores lo expresó en obras como "Huelga" de 1958, en tanto que en 1961 realizó un mural para el sindicato de la Alimentación al que tituló: "Trabajo. Solidaridad. Lucha".

Carpani expuso sus obras en varios países: México (1960), Roma (1960), Londres (1961), Río de Janeiro (1961), Estocolmo (1962).
 
Sus primeras obras aparecen en 1956 ("Pescadores") y 1957 ("Desocupados"), en plena concurrencia con "la resisten­cia" peronista. Temática social y forma vanguardista se aúnan en su primera exposición. Pero no se trata de la habitual plás­tica de la izquierda, ni del "realismo socialista". No es reflejo ni fotografía, ni reproduce los rasgos de un trabajador, sino que recrea a los trabajadores tal cual él los siente, ampliando sus dimensiones, acentuando su combatividad, deformando su figura -con ayuda del cubismo y el expresionismo- imbuyendo a la imagen de un sentido colectivo y amenazante.
 
 

 
El grupo Espartaco

En 1959 conformó el Grupo Espartaco que planteó la necesidad de un arte con raíces en el país y atento a las necesidades y lucha del pueblo trabajador. Su filiación política puede inscribirse en la llamada izquierda nacional que durante un largo período lideró Jorge Abelardo Ramos.
El grupo fue expresión de la nacionalización de una porción de las clases medias que hasta 1955 había sido masivamente contraria al Movimiento Nacional Peronista.

Luego del golpe de estado autodenominado "Revolución Libertadora", importantes sectores de la clase media detectaron las mentiras de la oligarquía liberal y su falsa democracia que condenaba a la mayoría del pueblo, particularmente a los más humildes, a una difícil situación económico-social y que además no les permitía expresarse políticamente, por la proscripción de movimiento mayoritario, el peronismo.

En 1959 lanza su Manifiesto, un documento redactado por Carpani, que arremete contra el "coloniaje cultural y artístico", producto de la sumisión del país al imperialismo y al control que "la oligarquía ejerce sobre los principales resortes de nuestra cultura", con su "mentalidad extranjerizante, despreciativa de todo lo genuinamente nacio­nal y popular".

"Espartaco" se constituye en rotundo antagonista de la plástica oficial, ya fuese tradicionalista, vanguar­dista o del "realismo socialista". Sobre el grupo cae la discrimi­nación, el silencio de los críticos, las puertas que se cierran en las escuelas de arte.

Sostiene Norberto Galasso, en el libro "Los Malditos" (volumen I) que militancia y labor artística se confunden cada vez más en el artista. En 1961, Carpani concreta su primer mural en el Sindicato de Sanidad, presidido por Amado Olmos. Ese mismo año, publica dos ensayos en la Editorial Coyoacán: "La política en el arte" y "Arte y revolución en América Latina".

Ricardo Carpani nació el 11 de febrero de 1930 en la localidad de Tigre, provincia de Buenos Aires, murió el 9 de septiembre de 1997 en Buenos Aires.

En 1963, un afiche de obreros corpulentos, brazos en alto, puños cerrados, ojos amenazantes, con letras enormes que expresan la bronca popular: "BASTA", aparece en los muros de Buenos Aires y de allí, se difunde hacia el interior. Los trabajadores empapelan las paredes del país con ese afiche de Carpani.


Militancia política 

En 1964, participa de la creación del grupo "Cóndor", con J. J. Hernández Arregui, Rodolfo Ortega Peña y otros. Poco después, ilustra la revista "Programa". Así acompaña a esas expresiones de avanzada de la Izquierda Nacional.

Al mismo tiempo, incursiona en el ensayo político: "Nacionalismo bur­gués y nacionalismo revolucionario" y "Nacionalismo, peronismo y socialismo nacional".

En esos años de alza de la lucha de masas, cuyo punto inicial es el Cordobazo, en mayo de 1969, Carpani acompaña, como siempre, el combate de los trabajadores. Su mano maestra de dibujante excepcional traza imágenes indelebles, desde el "Martín Fierro", hasta "Libertad a Ongaro y Tosco", desde el reclamo por Felipe Vallese hasta el "Cámpora al gobierno, Perón al poder", desde los centauros gauchos hasta "Desocupados" y "En huelga".

También recrea a las gran­des figuras que en la política y la cultura acompañaron la larga lucha de los argentinos, desde San Martín, El Chacho y Felipe Varela hasta Perón, Evita y Cooke, desde Roberto Arlt a Atahualpa Yupanqui.

Más tarde, al producirse el golpe militar del 24 de marzo de 1976, se encuentra en Europa exponiendo sus cuadros y deci­de no regresar. Allí, permanece exiliado varios años dando a conocer su obra e incursionando en nuevos temas: el del por­teño de los años treinta, el del mundo del tango. Sus hombres colosales, de manos gigantescas, no protagonizan ahora gran­des huelgas, sino que permanecen, en profunda introspec­ción, perseguidos, angustiados, desconcertados por la derrota.


A su regreso a la Argentina, al retornar la democracia for­mal bajo la presidencia del Dr. Alfonsín, Carpani incorpora el color a sus obras y coloca a su hombre en medio de la selva del capitalismo salvaje que impone la flexibilización laboral y lanza a la desocupación a los trabajadores, ahora acechado por serpientes y tigres.

Son "los hombres en la jungla", entre­gados a la "ilusión, la duda, la esperanza". El clima del país, a su vuelta, es todavía de temor por el genocidio reciente.

Más tarde, ya preso del cáncer, afirma que "si tuviera que volver a vivir mi vida elegiría el mismo camino de lucha...Sin ningún tipo de concesión, sin haberle chupado las medias a nadie, alcancé un reconocimiento que ahora tengo".

El 09 de setiembre de 1997 fallece en Buenos Aires. Indiscutiblemente, es uno de los más grandes plásticos de América Latina.

Escribe Blas García para La Opinión Popular

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15-06-2019 / 17:06
15-06-2019 / 17:06
En un 16 de junio como hoy, pero del año 1955, un jueves al mediodía, mucha gente estaba concentrada en la Plaza de Mayo en Buenos Aires, porque se haría un desagravio a la bandera nacional, el cual consistiría en vuelo de aviones para derramar flores sobre la Catedral. Pero cayeron bombas.
 
Se producía el Bombardeo a Plaza de Mayo. Esa mañana, una parte de las fuerzas armadas, coordinados por el almirante Samuel Toranzo Calderón y comandados por el capitán de navío Enrique Noriega, sublevadas contra el gobierno constitucional, utilizó armas destinadas a la defensa del pueblo y de la Nación contra el mismo pueblo. Como siempre, la misma víctima y también el mismo agresor: la oligarquía.
 
El objetivo del bombardeo fue asesinar a Juan Perón y derrocar el gobierno popular, instalar el terror y disciplinar al pueblo, pero lo real es que ese día sangre de inocentes fue derramada. Una escuadra de treinta aviones de la Marina de Guerra argentina, que había estado sobrevolando la ciudad, inició sus bombardeos y ametrallamientos al área de la Plaza de Mayo. La primera bomba cayó sobre un trolebús repleto de niños, muriendo todos sus ocupantes.
 
Al enterarse de que la Casa Rosada estaba bajo ataque, miles de obreros se movilizaron para respaldar a Perón, pero fueron agredidos al llegar por una segunda ola de bombardeos. Los militares antiperonistas mataron, hirieron o mutilaron a más de dos mil civiles. Pero, al no estar Perón entre todos esos cadáveres y sin haber podido completar el propósito del golpe, los atacantes escaparon cobardemente al Uruguay buscando asilo político.
 
Sorprendentemente, la reacción de Perón fue moderada: no fusiló a nadie, proclamó la conciliación y tendió la mano a la oposición, que pudo expresarse públicamente. Le respondieron meses después, el 16 de septiembre de 1955, con un golpe de Estado oligárquico, duro y revanchista.
 
El triunfo de la "Revolución Libertadora" hizo que este crimen quedara impune. Fue la masacre más grande de la historia argentina y no hay duda que se trató de un crimen de lesa humanidad, ya que se lanzó un ataque generalizado y sistemático con total intencionalidad contra una población civil desprotegida.
 
El infame bombardeo fue el huevo de la serpiente, la antesala del terrorismo de Estado en nuestro país, inauguró la violencia política contra el Pueblo, para sembrar el terror, a través de la matanza indiscriminada de inocentes, que permitiera la entrega del patrimonio nacional y el avasallamiento de los derechos sociales.


Propaganda macrista: De Goebbels a Durán Barba
Escribe: Blas García



14-06-2019 / 20:06
14-06-2019 / 20:06
13-06-2019 / 18:06
El 14 de junio de 1986, en Ginebra, Suiza, moría Jorge Luis Borges (86 años). Fue un escritor argentino, uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX. Publicó ensayos breves, cuentos y poemas. Su obra, fundamental en la literatura y el pensamiento universal, además de objeto de minuciosos análisis y múltiples interpretaciones, trasciende cualquier clasificación y excluye todo tipo de dogmatismo.
 
Es considerado uno de los eruditos más reconocidos del siglo XX. Ontologías fantásticas, genealogías sincrónicas, gramáticas utópicas, geografías novelescas, múltiples historias universales, bestiarios lógicos, éticas narrativas, matemáticas imaginarias, dramas teológicos, invenciones geométricas y recuerdos inventados son parte del inmenso paisaje que las obras de Borges ofrecen tanto a los estudiosos como al lector casual.
 
Y sobre todas las cosas, la filosofía, concebida como perplejidad, el pensamiento como conjetura, y la poesía, la forma suprema de la racionalidad. Siendo un literato puro pero, paradójicamente, preferido por los semióticos, matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, Borges ofrece -a través de la perfección de su lenguaje, de sus conocimientos, del universalismo de sus ideas, de la originalidad de sus ficciones y de la belleza de su poesía- una obra que hace honor a la lengua española y la mente universal.
 
Galardonado con numerosos premios, Borges fue un personaje políticamente polémico, con posturas antipopulares y simpatías por regímenes autoritarios que se estima fueron un obstáculo para que ganara el Premio Nobel de Literatura al que fue candidato durante casi treinta años.
 
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