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“Si la fuerza material está monopolizada por el régimen, las fuerzas morales, los valores que no se afincan en lo material están de nuestro lado, del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora”. John W. Cooke
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Nacionales - 03-09-2018 / 10:09
¡A AJUSTARSE LOS CINTURONES!

Debilitado e incumplidor: al Gobierno de Macri le esperan duras condiciones del FMI

Debilitado e incumplidor: al Gobierno de Macri le esperan duras condiciones del FMI
El ministro de Hacienda y Finanzas, Nicolás Dujovne, comunicará un paquete de medidas de ajuste para cumplir con las exigencias del FMI y llevar el déficit fiscal al 0%, lo que implicaría de aquí al año próximo un recorte de más de $400.000 millones; la conformación del nuevo gabinete presidencial; y un esquema de retenciones a todas las exportaciones (campo, economías regionales, industriales).
La corrida cambiaria que comenzó en abril ha obligado a acelerar el plan de ajuste; por estas horas se impone un golpe fuertísimo que empezará a sentirse inmediatamente y que en las próximas semanas se profundizará. Son el resultado del acuerdo del Gobierno neoliberal con el FMI: está en curso una cirugía mayor y sin anestesia.
 
Si algo faltaba a la grave crisis política y económica que atraviesa el Gobierno de Mauricio Macri se suma una complicada negociación con el Fondo Monetario Internacional. El organismo tuvo que salir a respaldar a la Argentina el miércoles pasado después de que el Presidente anunciara públicamente un acuerdo que no existía.
 
Además, tras haber entregado US$15.000 en junio, el Banco Central ya vendió US$ 10.600 de reservas. A eso se suman los incumplimientos del acuerdo original y las serias dudas del Fondo sobre la factibilidad y el respaldo político de las nuevas promesas que esta semana llevará Nicolás Dujovne, el hombre del FMI en el Gobierno.
 
Las versiones que corrieron este fin de semana sobre el posible ingreso de Carlos Melconian como ministro de Economía, sumadas a las que indicaban que Dujovne habría presentado más de una vez su renuncia al presidente, hicieron tambalear a un ministro que a esta altura resulta difícil desplazar.
 
Ocurre que Dujovne se encuentra en una encrucijada: es uno de los artífices del acuerdo con el organismo internacional y el que debería poner la cara por no haber pasado la primera revisión, pero a la vez, es un ministro muy debilitado para renegociar ese acuerdo que "lo salvó".
 
El devaluado ministro de Hacienda, Dujovne, ya anticipó lo que el organismo exigirá a cambio de un nuevo acuerdo y un anticipo de desembolsos de dinero. Dijo que será necesaria una aceleración del cronograma de reducción del déficit fiscal.
 
Además, la conformación del nuevo gabinete presidencial, cambios para no cambiar nada; y un esquema de retenciones a todas las exportaciones (campo, economías regionales, industriales). Con el acuerdo anterior, el Gobierno y las provincias tenían que recortar $300.000 millones, ahora la cifra se acercaría a los $500.000 millones.

Aunque Cambiemos está en terapia intensiva, entre los fanáticos del Pro, el núcleo duro de los sectores medios que todavía apoyan al Gobierno de los Ricos, perdura la ilusión que lo que está en desarrollo puede ser una crisis pasajera, que se va a terminar más o menos rápido y que luego vendrá una recuperación en el "segundo semestre".
 
No es una crisis coyuntural, parcial o pasajera: es comparable con otras grandes crisis nacionales, como las de 1976, 1989 o 2001. Esos "cambios" hicieron retroceder los derechos de las grandes mayorías y un descenso en las condiciones de vida que, en los años siguientes, pese a las expansiones económicas nunca se recuperaron.
 
La Opinión Popular

 
Cambios para no cambiar nada
 
Cambios para no cambiar nada. Eso es lo que anunciará el Gobierno hoy, lo que subyace bajo la danza de nombres, rumores de renuncias e incorporaciones que durante el fin de semana poblaron los titulares de los medios.
 
Tal como anticipamos, el ministro de Hacienda y Finanzas, Nicolás Dujovne, comunicará un paquete de medidas de ajuste para cumplir con las exigencias del FMI y llevar el déficit fiscal al 0%, lo que implicaría de aquí al año próximo un recorte de más de $400.000 millones; la conformación del nuevo gabinete presidencial; y un esquema de retenciones a todas las exportaciones (campo, economías regionales, industriales).
 
El Gobierno tratará de disfrazar ese ajuste adicionando un refuerzo en la ayuda social y el regreso de programas como precios cuidados. La intención es inyectar dinero entre los beneficiarios de planes sociales como la Asignación Universal por Hijo (AUH), que recibirán un aumento.
 
Todo -hasta esa "salvaguarda" de último momento- estaba previsto en las negociaciones con el Fondo si la crisis se aceleraba. Empero, lo que no contempla el acuerdo es un cambio en la política económica del Presidente, un plan de desarrollo que acompañe y a través del empleo bien remunerado -en una fábrica, en la obra pública- vaya devolviendo la dignidad al tercio pobre de argentinos que hoy viven en los márgenes del sistema, eternamente dependientes del Estado y sus propinas, a la intemperie y sin futuro.
 
Como recuerda el Papa Francisco, los planes sociales, que atienden ciertas urgencias, deben pensarse como respuestas pasajeras, como puente hacia una situación mejor, a la inclusión dentro del sistema, al "progreso" de la movilidad social.
 
Resulta perverso cuando se aplica como política de parche, y condena a vivir en el fango a millones de compatriotas.
 
El modelo actual, el que propone el FMI y ejecuta el Gobierno, solo cierra de este modo: con maquillajes para la misciadura, repartiendo prebendas que son pan duro para hoy y hambre para mañana entre pobres a los que no se les ofrecen armas para que dejen de serlo, se ganen la vida.
 
Conviene mantenerlos a la sombra de un poder político que los desprecia y los somete con la changa, la ayuda exigua.
 
Esa senda, que es incapaz de mejorar la condición de quienes dependen del plan social o el comedor para alimentarse, es perfecta para los requerimientos del FMI: bajar el déficit, por ejemplo, pero a costa del consumo cero de gente con el poder adquisitivo estrangulado, de un mercado interno cada vez más débil.
 
En ese contexto, al que se agregan la suba en todos los costos, las altas tasas de interés que imposibilitan el financiamiento y la apertura de importaciones que favorece a empresas extranjeras y desaparece a la industria nacional, no hay producción que aguante. La especulación triunfa, la recesión se impone y es probable que en pocos meses más la inflación se desacelere producto del bajo consumo.
 
También es posible que la devaluación se estanque: licuados ya en demasía los salarios y la deuda interna del país, un dólar en el rango de los $36 o $38 resulta competitivo para las producciones primarias de los grandes agroexportadores que, si bien deberán aceptar la continuidad de las retenciones, seguirán sacando tajada en medio del ajuste.
 
Nada de lo que anunciará hoy Dujovne se apartará de lo previamente acordado con el FMI. Todo es parte del examen que el Gobierno debe rendir ante el Fondo y que mañana, en Washington, presentará el ministro frente a la directora del organismo, Christine Lagarde. Es de esperar que el funcionario regrese con una muy buena nota y que a la brevedad el Gobierno, que ha cumplido a rajatabla con las exigencias del país del Norte, reciba los desembolsos que restan del préstamo por US$50.000 millones.
 
Pues, por medio de este ajuste que tiene mucho de mediático y previsible, han hecho los deberes para contar con el dinero fresco necesario de cara a la campaña electoral que se avecina.
 
Ambos se necesitan: el jefe de Estado para ser reelegido, y el Fondo, al que le conviene que contar con la sumisión de un Macri en estas tierras.
 
El plan seguirá como siempre. Pero el Gobierno hablará de "cambio". Lo hará entre ruidosos bombos y platillos. Con el silencio de un importante sector de la oposición, que siempre otorgó y otorga.
 
Fuente: Hoy en la Noticia
 

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21-01-2019 / 09:01
"Voy a ser candidato a presidente y quiero ser el presidente de la Argentina del crecimiento para salir de este fracaso", señaló Sergio Massa, líder del Frente Renovador y ahora precandidato de Alternativa Federal, ante las voces que impulsan la postulación del ex ministro de Economía Roberto Lavagna como candidato de un armado peronista sin el cristinismo.
 
"De ninguna manera voy a ser candidato a gobernador", afirmó el ex intendente de Tigre y así descartó bajar su precandidatura que por ahora disputaría con el senador del PJ Miguel Ángel Pichetto y el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey.
 
Con el año electoral ya corriendo a los candidatos y al propio gobierno, Massa apuntó que "el próximo presidente, y sin dudas yo lo tengo claro e impregnado en la piel, después de recorrer parte del país con el auto y tomar contacto con la gente, va a tener que llamar a un gran acuerdo por la unidad".
 
Alternativa Federal nació una vez que el camino de unidad encarado por el peronismo comenzó a concretarse y los dirigentes de Alternativa Federal tomaron la vía de diferenciarse confrontando con el cristinismo.
 
Integrado por gobernadores justicialistas, descartan a la ex presidenta Cristina Fernández como candidata, se declaman como un agrupamiento "superador" de la disyuntiva macrismo- cristinismo. Los dirigentes promueven que las candidaturas se resuelvan a través de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias.
 
"Cuando vos mirás las serie histórica de la Argentina y... ¿viste que se habla mucho de los últimos 50 años? Roberto (Lavagna), Martín Redrado, José Ignacio de Mendiguren, Aldo Pignanelli, y yo mismo en ese momento desde la seguridad social, pusimos una serie histórica, que cruzó dos gobiernos, el de (Eduardo) Duhalde y el de la primera etapa del de (Néstor) Kirchner", señaló Massa sobre algunos de los funcionarios que pasaron o forman parte del Frente Renovador (FR).
 
"Con Lavagna vamos a ser parte de la solución a los problemas de la Argentina", agregó, buscando mostrar cercanía con el economista. El líder del FR insistió en mostrar su buena relación con Lavagna, con quien dijo reunirse cada quince días, y de quien dijo que es "el faro más importante que tienen aquellos que creen en la Argentina del desarrollo y el crecimiento".
 
La Opinión Popular

20-01-2019 / 09:01
Chico conoce chica, la comedia de Hollywood le saca el jugo. Presidente conoce presidente, las Cancillerías y los medios afines abusan del paralelismo: hablan de "química", "empatía", "onda" y otras simplezas. Como en las comedias o en la vida real el primer encuentro puede influir, pero la larga convivencia siempre es crucial.
 
El presidente brasileño, Jair Messias Bolsonaro, recibió a su colega argentino Mauricio Macri en Brasilia. Dos desaires anteriores (ahora dicen) quedaron atrás: Bolsonaro no vino para el G-20, Macri veraneaba cuando asumió su par. Sobreactuaron amistad aunque a Macri (cultor de la doctrina Chocobar) sus asesores le aconsejan no fotografiarse "disparando" con las manos.
 
Objetivamente tienen un destino común, una frontera gigantesca, un intercambio comercial único. Ningún país es soberano del todo, en la aldea global. Pero hay mandatarios o visiones ideológicas que se empeñan en ampliar los márgenes nacionales de decisión. Otros prefieren el alineamiento con los países hegemónicos aunque jamás hablen de dependencia.
 
A los contertulios de Brasilia no los unen el amor ni el espanto, sí intereses  y la subordinación al Departamento de Estado.
 
Como Aníbal Troilo, Estados Unidos nunca se fue de este Sur, pero su política exterior posterior al atentado a las Torres Gemelas permitió un resuello. Coincidió con la llegada de experiencias populares variadas, más o menos radicales pero muchas antagónicas con la herencia neoconservadora de los '90.
 
Prevalecieron la paz y la no intervención en otros Estados, por un lapso prolongado y con una intensidad tal vez sin precedentes. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) medió exitosamente para frenar sangrientos intentos golpistas contra el presidente boliviano, Evo Morales, y contra el ecuatoriano Rafael Correa que incluso fue secuestrado por fuerzas de seguridad.
 
Las coincidencias políticas gravitaban pero todos los gobiernos cooperaban en un organismo flamante, de nimia institucionalidad cuyas resoluciones exigen unanimidad de los presidentes. O, cuanto menos, inexistencia de vetos así fuera de uno solo.
 
Diplomacia presidencial al rojo vivo que eleva el protagonismo de los mandatarios y confina a las Cancillerías. Néstor Kirchner fue electo presidente del organismo con la anuencia de todos sus integrantes: una sola bolilla negra bastaba para dejarlo afuera.
 
Las derechas autóctonas, con la cooperación recurrente de "la Embajada" de EE.UU. le coparon la parada a Unasur. Cambiaron la correlación de fuerzas mediante golpes de Estado atípicos, novedosos: en Paraguay, Honduras, Brasil y ahora van por Venezuela. Macri y Bolsonaro 2019 se contraponen a Lula da Silva-Néstor Kirchner en 2003. Pasaron cosas, caramba. 

19-01-2019 / 11:01
19-01-2019 / 10:01
Es cada vez mayor la cantidad de personas que se suman a la protesta callejera contra la suba de los servicios públicos que implementa el gobierno de Mauricio Macri. Por cuarto viernes consecutivo, miles de porteños cortaron anoche las avenidas Rivadavia, Corrientes o Cabildo, entre otras, para protagonizar un nuevo "ruidazo" por los padecimientos derivados de las políticas de la alianza Cambiemos. También hubo manifestaciones en el conurbano bonaerense y en ciudades del interior de la provincia.
 
Las quejas por los aumentos de tarifas, por sueldos y jubilaciones cada vez más insignificantes frente a la inflación, se combinaron con reclamos puntuales de docentes por el cierre de las escuelas nocturnas resuelto por el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta.
 
De fondo se alternaba el ya tradicional "Mauricio Macri la puta que te parió", como el menos usual "fuera, fuera, fuera Macri fuera". "Macri son un fracaso como presidente. La inflación es un cáncer. Sos un inepto, le mentís a la gente", se expresa un vecino desde su cartel. "Nos sacaron el Fútbol para Todos para hacer 3000 jardines. ¿Dónde están?", indaga otro.
 
Anoche volvieron a sentirse las cacerolas, los bocinazos y ruidazos en distintas ciudades del país. Se dan después de la segunda marcha de la multisectorial contra los tarifazos que este jueves se realizó en Rosario y que continuará en Mar del Plata y Mendoza. Así como los ruidazos seguirán todos los viernes por la noche.
 
El motivo central de las protestas es el mismo: la crisis económica del modelo neoliberal macrista. La gente se une para marchar o golpear cacerolas, para reclamar por los despidos, los bajos salarios, los aumentos del transporte y de los servicios públicos, porque la plata ya no alcanza.
 
La bronca se acumula de la misma manera que los gastos para llegar a fin de mes. La gente se junta por un reclamo, por una inconformidad que la unifica. Es una queja por el presente, pero con la esperanza de lograr un cambio en el futuro. Protestan porque entienden que quedarse en la comodidad de sus casas se convierte en un silencio cómplice del ajuste macrista.
 
Las protestas continuarán, con mayor o menor presencia en las esquinas de las ciudades, o terminar diluyéndose ante la falta de respuestas positivas. O pueden aumentar, si este año vuelven a golpear los bolsillos populares de manera intolerable. ¿Influirán en las elecciones? Es una pregunta difícil de responder. Por ahora, el ruido sigue. La gente está harta de Macri.
 
La Opinión Popular

18-01-2019 / 09:01
Con Mauricio Macri, se profundizó un fenómeno que había arrancado en la primera mitad del 2018 y que muestra de lleno cuál fue el sector más perjudicado por la crisis económica: los trabajadores asalariados perdieron otra vez participación en el reparto de la torta de ingresos y así se alejan cada vez más del famoso fifty fifty.
 
El fifty-fifty (cincuenta y cincuenta) que impulsó el primer peronismo proponía que trabajadores y empresas se repartieran en partes iguales los ingresos que genera el país.
 
Esta vez la caída de su porción fue de 4,7 puntos durante el tercer trimestre: pasaron de recibir el 50,6% de la torta al 45,9%. Así, volvió a niveles distributivos del 2010.
 
A la par, eso significó un crecimiento de la parte del producto que se quedaron los empresarios, a costa del salario de los trabajadores. Ahí el salto fue casi en espejo y los dueños de las empresas pasaron a recibir el 45,7% del total, lo que implicó un crecimiento de 4,8% puntos.
 
Es decir que el 4% de los que participan en la producción, o sea los empresarios tal como señala el propio Indec, se quedaron con una porción casi idéntica a la del 74% representado por los asalariados.
 
La cuestión del fifty-fifty tiene un poder simbólico fuerte en la Argentina, aunque en los países desarrollados la distribución capital-trabajo es bastante más favorable para los asalariados: la participación asalariada ronda el 60% y durante los 70 giraba en torno al 65%, tal el caso de Estados Unidos.
 
Aunque en 1945 esta proporción era vista como una conquista social, en la actualidad es insuficiente. Para reducir la pobreza y aumentar la equidad es necesario impulsar reformas para que los trabajadores aumenten su participación a niveles más parecidos a los observados en los países desarrollados. Todo lo contrario de lo que está haciendo el gobierno de Mauricio Macri.
 
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