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Sociedad e Interés General - 02-09-2018 / 22:09
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 03 DE SEPTIEMBRE DE 1971

Los militares antiperonistas devuelven el cadáver secuestrado de Evita

Los militares antiperonistas devuelven el cadáver secuestrado de Evita
En la noche del 22 de noviembre de 1955, el teniente coronel Carlos Eugenio Moori Koenig, jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), y su lugarteniente el mayor Eduardo Antonio Arandía ordenaron a los capitanes Lupano, Alemán y Gotten que abandonaran sus puestos de guardia en la CGT sobre la puerta que separaba al cadáver de Eva Perón del mundo exterior. El coronel, el mayor y la patota que los acompañaba traían la orden emanada de las más altas autoridades de la llamada “Revolución Libertadora” de secuestrar el cadáver de Evita. Y así, por aquellas cosas de la “obediencia debida” y del propio odio de clase, cumplieron acabadamente con su misión.
Evita, querida por el Pueblo hasta el misticismo y odiada por la oligarquía hasta la profanación de su cadáver, legó a su Patria una extraordinaria obra de justicia social, los derechos de los trabajadores y de la mujer, y el ejemplo de su fuerte compromiso militante por el bienestar de los más humildes.
 
Pero, la "vida" de Eva Perón no terminó con su muerte. No sólo por la notable persistencia de la memoria en el cariño del Pueblo sino por el resentimiento de la oligarquía, porque su cuerpo embalsamado fue secuestrado en 1955, en el primer piso de la CGT, por un comando militar gorila de la llamada "Revolución Libertadora".
 
En 1971, durante la presidencia del dictador militar Alejandro Agustín Lanusse y en plena formación del Gran Acuerdo Nacional, como gesto de reconocimiento, se devolvió el cuerpo de Evita a Juan Perón. El capellán Francisco Rotger viajó a Milán y obtuvo el cadáver. Cabanillas y Sorolla viajaron a Italia para cumplir con el "Operativo Devolución". El cuerpo fue exhumado,  llevado a España y entregado a Perón en Puerta de Hierro, dos días después, el 03 de septiembre de 1971, por el embajador Rojas Silveyra.
 
Por Blas García

Secuestro y desaparición del cadáver de Eva Perón
 
Autor: Felipe Pigna
 
Como se sabe, la "vida" de Evita no terminó con su muerte. No sólo por la notable persistencia de la memoria sino porque su cuerpo embalsamado fue secuestrado en el primer piso de la CGT por un comando de la llamada "Revolución Libertadora". La decisión se tomó tras arduos debates sobre qué debía hacerse con el cadáver que incluyeron proposiciones premonitorias, como arrojarla al mar desde un avión de la Marina o incinerar el cadáver.
 
Finalmente se decidió que, ante todo, debía sacársela de la CGT para evitar que el edificio de la calle Azopardo se transformara en un lugar de culto y por lo tanto de reunión de sus fervientes partidarios. Como se le escuchó decir al subsecretario de Trabajo del gobierno golpista: "Mi problema no son los obreros. Mi problema es 'eso' que está en el segundo piso de la CGT". 5
 
En la noche del 22 de noviembre de 1955, el teniente coronel Carlos Eugenio Moori Koenig -su apellido significa "rey de la ciénaga"-, jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), y su lugarteniente el mayor Eduardo Antonio Arandía ordenaron a los capitanes Lupano, Alemán y Gotten que abandonaran sus puestos de guardia en la CGT sobre la puerta que separaba al cadáver de Eva Perón del mundo exterior.
 
El coronel, el mayor y la patota que los acompañaba traían la orden emanada de las más altas autoridades de la llamada "Revolución Libertadora" de secuestrar el cadáver de la mujer más amada y más odiada -aunque no en las mismas proporciones- de la Argentina. Y así, por aquellas cosas de la "obediencia debida" y del propio odio de clase, cumplieron acabadamente con su misión ante la mirada atónita del doctor Pedro Ara, que veía cómo se llevaban junto con Evita a su obra más perfecta.
 
Las órdenes dadas por los jefes golpistas, curiosamente denominados "libertadores", al teniente coronel y su grupo eran muy precisas: había que darle al cuerpo "cristiana sepultura", lo cual no podía significar otra cosa que un entierro clandestino. Pero el "rey de la ciénaga" no era sólo el jefe de aquel servicio de inteligencia, era un fanático antiperonista que sentía un particular odio por Evita.
 
Ese odio se fue convirtiendo en una necrófila obsesión que lo llevó a desobedecer al propio presidente Aramburu y a someter el cuerpo a insólitos paseos por la ciudad de Buenos Aires en una furgoneta de florería. Intentó depositarlo en una unidad de la Marina y finalmente lo dejó en el altillo de la casa de su compañero y confidente, el mayor Arandía.
 
A pesar del hermetismo de la operación, la resistencia peronista parecía seguir la pista del cadáver y por donde pasaba, a las pocas horas aparecían velas y flores. La paranoia no dejaba dormir al mayor Arandía.
 
Una noche, escuchó ruidos en su casa de la avenida General Paz al 500 y, creyendo que se trataba de un comando peronista que venía a rescatar a su abanderada, tomó su 9 milímetros y vació el cargador sobre un bulto que se movía en la oscuridad: era su mujer embarazada, quien cayó muerta en el acto.
 
Moori Koenig intentó llevar el cuerpo a su casa; pero su esposa, María, se opuso terminantemente. Así lo recordaba hace unos años junto a su hija, Susana Moori Koenig: "Susana: papá lo iba a traer a nuestra casa, pero mamá se puso celosa. María (interrumpe): Y cuando lo quiso traer, yo dije no, en casa el cadáver no. Todo tiene un límite". 1
 
El hombre tenía una pasión enfermiza por el cadáver. Los testimonios coinciden en afirmar que colocaba el cuerpo -guardado dentro de una caja de madera que originalmente contenía material para radiotransmisiones- en posición vertical en su despacho del SIE; que manoseaba y vejaba el cadáver y que exhibía el cuerpo de Evita a sus amigos como un trofeo.
 
Una de sus desprevenidas visitantes, la futura cineasta María Luisa Bemberg, no pudo creer lo que vio; azorada por el desparpajo de Moori Koenig, corrió espantada a comentarle el hecho al amigo de la familia y jefe de la Casa Militar, el capitán de navío Francisco Manrique.
 
Enterado Aramburu del asunto, dispuso el relevo de Moori Koenig, su traslado a Comodoro Rivadavia y su reemplazo por el coronel Héctor Cabanillas, quien propuso sacar el cuerpo del país y organizar un "Operativo Traslado".
 
Allí entró en la historia el futuro presidente de facto y entonces jefe del Regimiento de Granaderos a caballo, teniente coronel Alejandro Lanusse, quien pidió ayuda a su amigo, el capellán Francisco "Paco" Rotger.
 
El plan consistía en trasladar el cuerpo a Italia y enterrarlo en un cementerio de Milán con nombre falso. La clave era la participación de la Compañía de San Pablo, comunidad religiosa de Rotger, que se encargaría de custodiar la tumba. El desafío para Rotger era comprometer la ayuda del superior general de los paulinos, el padre Giovanni Penco, y del propio Papa Pío XII.
 
Rotger viajó a Italia y finalmente logró su cometido. A su regreso, Cabanillas puso en práctica el Operativo Traslado. Embarcaron el féretro en el buque Conte Biancamano con destino a Génova; acompañaban la misión el oficial Hamilton Díaz y el suboficial Manuel Sorolla. En Génova los esperaba el propio Penco. El cuerpo de Evita fue sacado del país bajo el nombre de "María Maggi de Magistris".
 
Evita fue inhumada en el Cementerio Mayor de Milán en presencia de Hamilton Díaz y Sorolla, quien hizo las veces de Carlo Maggi, hermano de la fallecida. Una laica consagrada de la orden de San Pablo, llamada Giuseppina Airoldi, conocida como la "Tía Pina", fue la encargada de llevarle flores durante los 14 años que el cuerpo permaneció sepultado en Milán. Pina nunca supo que le estaba llevando flores a Eva Perón.
 
La operación eclesiástico-militar fue un éxito y uno de los secretos de la historia argentina mejor guardados.
 
El asunto volvió a los primeros planos cuando en 1970 Montoneros secuestró a Pedro Aramburu y exigió el cuerpo de Evita. En los interrogatorios se le preguntó insistentemente por el destino del cadáver de Evita. Según declaraciones de Mario Firmenich: "Nosotros le preguntábamos a Aramburu por el cadáver de Evita. Dijo que estaba en Italia y que la documentación estaba guardada en una caja de seguridad del Banco Nación, y después de dar muchas vueltas y no querer decir las cosas, finalmente dijo que el cadáver de Evita tenía cristiana sepultura y que estaba toda la documentación del caso en manos del coronel Cabanillas, y además se comprometió a que si nosotros lo dejábamos en libertad él haría aparecer el cadáver de Evita. Pero nosotros decíamos que esto no era una negociación, que era un juicio. Para nosotros no estaba en discusión la pena [de muerte]. Pero además nos interesaba averiguar sobre el cadáver de Eva Perón. Por eso, no planificamos un simple atentado callejero, sino una acción de más envergadura, de más audacia, que era como decir: 'nos vamos a jugar, vamos a hacer lo que el pueblo ha sentenciado'". 2
 
El Comunicado Número 3 de Montoneros, fechado el 31 de mayo de 1970, dice que Aramburu se declaró responsable "de la profanación del lugar donde descansaban los restos de la compañera Evita y la posterior desaparición de los mismos para quitarle al pueblo hasta el último resto material de quien fuera su abanderada".
 
En 1971, durante la presidencia de Lanusse y en plena formación del Gran Acuerdo Nacional, como gesto de reconocimiento, devolvió el cuerpo a Perón. Rotger viajó a Milán y obtuvo el cadáver. Cabanillas y Sorolla viajaron a Italia para cumplir con el "Operativo Devolución". El cuerpo fue exhumado el 1° de septiembre de 1971, llevado a España y entregado a Perón en Puerta de Hierro, dos días después, por el embajador Rojas Silveyra.
 
Por pedido de Perón, Pedro Ara revisó el cadáver y lo encontró intacto; pero para las hermanas de Eva y el doctor Tellechea, que lo restauró en 1974, estaba muy deteriorado. Perón regresó al país con Isabel y el "brujo" José López Rega, pero sin los restos de Evita. Ya muerto Perón, la organización Montoneros secuestró el 15 de octubre de 1974 el cadáver de Aramburu para exigir la repatriación del de Eva. Isabel accedió al canje y dispuso el traslado, que se concretó el 17 de noviembre (día del militante peronista). El cuerpo de Evita fue depositado junto al de Perón en una cripta diseñada especialmente en la Quinta de Olivos para que el público pudiera visitarla. Tras el golpe de marzo de 1976, los jerarcas de la dictadura tuvieron largos conciliábulos sobre qué hacer al respecto. El almirante Massera, siguiendo su costumbre, propuso arrojar el cuerpo de Evita al mar, sumándolo a los de tantos detenidos-desaparecidos. 3 Finalmente, los dictadores decidieron acceder al pedido de las hermanas de Eva y trasladar los restos a la bóveda de la familia Duarte en la Recoleta. En la nota citada, María Seoane y Silvana Boschi le preguntaron a un alto jefe de la represión ilegal, muy cercano a Videla, testigo de aquellos conciliábulos: "¿Por qué urgía más a la Junta trasladar el cadáver de Evita que el de Perón?". La respuesta del militar no se hizo esperar: "Tal vez porque a ella es a la única que siempre, aun después de muerta, le tuvimos miedo". 4
 
Referencias:
 
1 Testimonio de María y Susana Moori Koenig en el documental "Evita", dirigido por Roberto Pistarini para la RAI, 1995.
2 Mario Firmenich, reportaje del autor publicado en Felipe Pigna, Lo pasado pensado, Planeta, Buenos Aires, 2005.
 
3 María Seoane y Silvina Boschi, "El último viaje de Evita", Clarín, 30 de julio de 1995.
 
4 Ibídem.
 
5 Se refiere al coronel Manuel Raimundes.
 
Fuente: El Historiador

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18-06-2019 / 16:06
18-06-2019 / 16:06
18-06-2019 / 16:06
El 19 de junio de 2016, a los 99 años de edad, fallece en la ciudad de Buenos Aires Ricardo Obregón Cano, el quincuagésimo tercer gobernador de Córdoba elegido constitucionalmente.
 
El 12 de abril de 1971, después de levantarse la proscripción al peronismo de presentarse a elecciones, impuesta tras el golpe de Estado de 1955 que instauró la dictadura de la Revolución "Libertadora", los partidos políticos inician su etapa de reorganización para las elecciones que restablecerían nuevamente el sistema democrático de gobierno.
 
Elegido por Juan Perón, por sus antecedentes políticos en la provincia y su incondicional lealtad, Obregón Cano fue designado delegado del Consejo Superior Peronista para llevar adelante la tarea de reorganización partidaria en Córdoba; luego de la convocatoria a elecciones del gobierno de facto militar.
 
En virtud del llamado a comicios internos para el 21 de junio de 1972, integrando la Lista encabezada por Obregón Cano (presidente de la Junta promotora provincial del PJ); acompañado como vice por el gremialista Atilio López, máximo dirigente de las 62 Organizaciones. A su alrededor se congregaron distintos dirigentes de la izquierda peronista: Rodolfo Vittar (Juventud Peronista), Blas García (Juventud Revolucionaria Peronista), Norberto Erico Tejada (Peronismo en Lucha) y Fausto Rodríguez (Movimiento Revolucionario Peronista).
 
Pese a la artera campaña del peronismo ortodoxo, la Lista Unidad se impuso con el 60 % de los votos. Inmediatamente, se constituyó el Frejuli (Frente Justicialista de Liberación), bajo el lema «de la resistencia al poder». En las elecciones generales del 11 de marzo de 1973, los candidatos de la coalición peronista obtuvieron el 44,2 % y una diferencia de 12.820 votos sobre el candidato de la Unión Cívica Radical Víctor Martínez, que cosechó el 43,1 %. Y en la segunda vuelta electoral el 15 de abril de 1973, se impuso el Frejuli con el 53,84 % y una diferencia de 86.566 votos.
 
Obregón Cano y Atilio López prestaron juramento el 25 de mayo de 1973. En su mensaje de asunción, el gobernador pidió una tregua política y social. Colocó a la UCR, principal partido opositor, en el lugar del adversario legítimo para «actuar como control y fiscalización» del Gobierno. El día de la toma de posesión hubo un acto en plaza San Martín y esa misma noche fueron liberados los presos políticos en la provincia.
 
Durante su mandato se aprobaron leyes de amnistía política y reparación histórica para beneficiar a aquellas personas que, por causas políticas o gremiales, fueron separadas de sus cargos públicos provinciales o municipales del personal policial.
 
El 27 de febrero de 1974, Obregón Cano ordenó la remoción del jefe de la Policía de Córdoba, el teniente coronel Antonio Domingo Navarro. Al enterarse del relevo, el jerarca policial acuarteló a unos siete mil efectivos a sus órdenes en la ciudad, aduciendo una «infiltración marxista» en el Gobierno.
 
Junto a los mandatarios, los sediciosos detuvieron además a unas 70 personas. Entre ellos estaban Antonio Lombardich (ministro de Bienestar Social) y Elio Alfredo Bonetto (ministro de Gobierno), los diputados Luis Bruno  y  Blas GarcíaJulio Aliciardi (presidente del Banco de Córdoba), Juan Carlos Bruera (fiscal de Estado), y Horacio Obregón Cano (hijo y secretario personal del gobernador).
 
El sábado 2 de marzo al mediodía, el presidente Juan Perón anunció su decisión de intervenir la provincia. Además de Obregón Cano, también fueron desplazados entonces los gobernadores: Oscar Bidegain (Buenos Aires), Miguel Ragone (Salta), Jorge Cepernic (Santa Cruz) y Alberto Martínez Baca (Mendoza).
 
La destitución por la fuerza del gobernador  Obregón Cano, abrió un período de inusitada violencia política en Córdoba que continuó hasta el retorno de la democracia. Por su parte, Atilio López fue brutálmente asesinado por la Triple A, el 16 de septiembre de 1974.
 
La Opinión Popular

18-06-2019 / 16:06
El 19 de junio de 1768 nace en el pueblo de Sauce, cerca de Montevideo, José Gervasio Artigas, el más grande caudillo de ambas márgenes del Río de la Plata, el revolucionario montonero que organizó las Fuerzas Libertadoras en la Banda Oriental y la "Liga de los pueblos libres" contra el centralismo unitario porteño que subordinaba el naciente país a la política de Buenos Aires.
 
Artigas debe ser considerado como el Primer Gran Caudillo Argentino porque fue uno de los más importantes estadistas de la Revolución del Río de la Plata y el fundador del federalismo en nuestra Patria. Es también el generador de todo aquello que llamamos espíritu argentino, independencia absoluta, republicanismo y gobiernos populares.

Luchó contra los realistas en la Batalla de las Piedras y contra la invasión portuguesa en las Batalla de Carumbé, Arapey, Queguay Chico y Santa María. Su lucha por la independencia contra el avance portugués en el Río de la Plata es paralela a la llevada a cabo por José de San Martín contra los españoles.

Nacionalista, popular, republicano, democrático y federal, su férrea defensa de la autonomía de las provincias hizo que fuera perseguido por el centralismo unitario porteño y en 1820 se vio obligado a pedir hospitalidad en Paraguay, donde falleció muchos años después.

Con José Gervasio Artigas reivindicamos una línea histórica que se inicia en el federalismo, continua con el irigoyenismo y culmina en el peronismo, que integra a los mejores hombres e ideas del viejo movimiento en el nuevo y que trasmite las tradiciones nacionalistas, populares y democráticas, originadas en las antiguas raíces de la Patria.
 
Escribe: Blas García


16-06-2019 / 18:06
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