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Sociedad e Interés General - 27-08-2018 / 20:08
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 28 DE AGOSTO DE 1948 EVA PERÓN PROCLAMA LOS DERECHOS DE LA ANCIANIDAD

Con Eva Perón los ancianos tuvieron derechos

Con Eva Perón los ancianos tuvieron derechos
La preocupación permanente de Eva Perón por los ancianos hizo que escribiera y anunciara, el 28 de agosto de 1948, el Decálogo de la Ancianidad, una lista de derechos de los ancianos que fueron incorporados luego en la Constitución en 1949.
La preocupación permanente de Eva Perón por los ancianos hizo que escribiera y anunciara, el 28 de agosto de 1948, el Decálogo de la Ancianidad, una lista de derechos de los ancianos que fueron incorporados luego en la Constitución en 1949.
 
Los diez Derechos de la Ancianidad eran: asistencia, vivienda, alimentación, vestido, cuidado de la salud física, cuidado de la salud moral, esparcimiento, trabajo, tranquilidad y respeto.
 
En 1956, la Constitución de 1949 fue derogada por una proclama de la dictadura militar "libertadora" y los derechos de la ancianidad dejaron de tener jerarquía constitucional.
 
Escribe: Blas García

El Día de los Trabajadores y una tradición de conquistas sociales logradas por la lucha popular 
Blas García
 
El Día de la Ancianidad se celebra el 28 de agosto, porque, si nos remontamos a la historia, ese día, pero del año 1948, Eva Perón proclama los "Derechos de la Ancianidad" que se incluirían en la Reforma Constitucional.
 
En esa oportunidad Evita dio lectura, en el Ministerio de Trabajo, a la declaración de los Derechos de la Ancianidad, que puso en manos del Presidente Juan Perón, solicitando que fuera incorporada a la legislación y a la práctica institucional de la Nación.
 
 
El decálogo de la ancianidad 
 
El 28 de agosto de 1948 Evita presentó su redacción del Decálogo de la Ancianidad, una serie de derechos de las personas mayores que al año siguiente fueron incorporados a la Constitución de 1949.
 
1) Derecho a la Asistencia: Todo anciano tiene derecho a su protección integral por cuenta de su familia. En caso de desamparo, corresponde al Estado proveer a dicha protección, ya sea en forma directa o por intermedio de los institutos o fundaciones creados, o que se crearen, con ese fin, sin perjuicio de subrogación del Estado o de dichos institutos para demandar a los familiares remisos y solventes los aportes correspondientes. 
 
2) Derecho a la Vivienda: El derecho a un albergue higiénico con un mínimo de comodidades hogareñas es inherente a la condición humana. 
 
3) Derecho a la Alimentación: La alimentación sana y adecuada a la edad y estado físico de cada uno debe ser contemplada en forma particular. 
 
4) Derecho al Vestido: El vestido decoroso y apropiado al clima completa el derecho anterior. 
 
5) Derecho al Cuidado de la Salud Física: El cuidado de la salud física de los ancianos ha de ser preocupación especialista y permanente. 
 
6) Derecho al Cuidado de la Salud Moral: Debe asegurarse el libre ejercicio de las expansiones espirituales, concordes con la moral y el culto. 
 
7) Derecho al Esparcimiento: Ha de reconocerse a la ancianidad el derecho de gozar mesuradamente de un mínimo de entretenimientos para que pueda sobrellevar con satisfacción sus horas de espera. 
 
8) Derecho al Trabajo: Cuando su estado y condiciones lo permitan, la ocupación por medio de laborterapia productiva ha de ser facilitada. Se evitará así la disminución de la personalidad. 
 
9) Derecho a la Expansión: Gozar de tranquilidad, libre de angustias y preocupaciones en los últimos años de existencia, es patrimonio del anciano. 
 
10) Derecho al Respeto: La ancianidad tiene derecho al respeto y consideración de sus semejantes.
 
Escribe: Blas García

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15-02-2019 / 11:02
14-02-2019 / 17:02
Camilo Torres Restrepo fue un sacerdote católico colombiano, pionero de la Teología de la Liberación, cofundador de la primera Facultad de Sociología de Colombia y miembro del grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN).
 
Durante su corta vida, promovió el diálogo entre el marxismo y el catolicismo. Su trabajo en los Llanos Orientales con campesinos, y su participación en la junta del Instituto Colombiano de Reforma Agraria, entre 1962 y 1964, terminaron por convencerlo de la necesidad de un cambio social radical en Colombia.
 
Entre mayo y octubre de 1965 realizó actividad de agitación popular: recorrió el país, participó en manifestaciones y encuentros, dirigió el periódico Frente Unido y aglutinó un grupo de simpatizantes y aliados que incluían al partido comunista, a los grupos urbanos del ELN, a marxistas e izquierdistas independientes y a dirigentes sindicales.
 
A pesar de las prohibiciones del estado de sitio, grandes manifestaciones lo recibían, en las que su figura carismática y su lenguaje sencillo ganaron el compromiso popular para su propuesta política.
 
El éxito de sus primeros actos se conjugó con una visión romántica y optimista del papel de la guerrilla para convencerlo de que el país estaba al borde de una revolución, en la que triunfarían las guerrillas del ELN.
 
Por ello, en vez de tratar de construir un movimiento político alternativo con una perspectiva de largo plazo, entendió su acción como una preparación de la opinión para su gesto de adhesión a la guerrilla.
 
Esta se produjo en octubre de 1965, cuando anunció públicamente su compromiso con la guerrilla. El 15 de febrero de 1966, tropas de la Quinta Brigada, dieron muerte al cura guerrillero, cuando trataba de apoderarse del fusil de un soldado.
 
Su impacto sobre la Iglesia latinoamericana fue amplio y prolongado. Influyó en la opción guerrillera de muchos sacerdotes y religiosos durante los años siguientes, y sus ideas marcaron la mentalidad de los teólogos de la Liberación y de grupos guerrilleros.
 
Su rechazo de los mecanismos electorales desvió de la acción democrática a los nuevos movimientos de izquierda. Su honestidad y carisma, reforzados por su muerte como martirio, sirvieron para consolidar y dar un aura heroica y de generosidad a esa alternativa que ha sido tan costosa: la insurrección armada y la violencia como formas de lucha política. 
 
Por Carlos Morales

14-02-2019 / 09:02
14-02-2019 / 09:02
El golpe de estado militar del 29 de marzo de 1962, liderado por el teniente general Raúl Poggi, el almirante Agustín Penas y el brigadier general Cayo Alsina, tuvo elementos tragicómicos que determinaron que no fuera un militar, sino un civil, José María Guido, quien accediera al gobierno luego de derrocar al presidente Arturo Frondizi.
 
Los militares golpistas convocaron a Guido en la Casa Rosada para comunicarle que sería reconocido como presidente, en tanto y en cuanto se comprometiera por escrito a ejecutar las medidas políticas indicadas por las Fuerzas Armadas, siendo la primera de ellas anular las elecciones en las que había ganado el peronismo.
 
Guido aceptó las imposiciones militares, firmó un acta dejando constancia de ello y fue entonces habilitado por los militares gorilas para instalarse con el título de presidente, pero clausurando el Congreso Nacional e interviniendo todas las provincias.
 
El peronismo había sido proscripto por la dictadura militar de 1955, pero Frondizi volvió a habilitarlo electoralmente, aunque manteniendo la prohibición a Juan Perón de presentarse como candidato y volver al país.
 
Pero, el 14 de febrero  de 1963, la dictadura del civil Guido da fuerza de ley al Decreto 7165/62, que restablece la plena vigencia del tristemente célebre Decreto 4161 de la dictadura del general Aramburu: vuelve a quedar prohibido pronunciar el nombre del "tirano prófugo" (Juan Perón, exiliado en España).
 
Poco después, el 24 de julio de 1963, Guido dictó un Estatuto de los Partidos Políticos que sirvió de instrumento para mantener al peronismo  en la proscripción y la ilegalidad.
 
Por Blas García para La Opinión Popular

14-02-2019 / 09:02
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