La Opinión Popular
                  15:25  |  Domingo 17 de Febrero de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“Reflexionemos antes lo que corresponde hacer y no imitemos a los atenienses, que primero atacan y luego discurren”. Pantagruel
Recomendar Imprimir
Nacionales - 10-08-2018 / 08:08

Macri: de la desconfianza al derrumbe

Macri: de la desconfianza al derrumbe
Hace 48 horas se inició otro capítulo de la corrida cambiaria. Y en cada etapa, la salida de fondos le provoca más daño al Gobierno que en la anterior. El FMI, por error de diagnóstico, no le arrimó una solución, sino que le quitó armas de defensa. No faltan expresiones desquiciadas que le propongan al Gobierno meterse más en el pozo hundiéndose en una dolarización. A quienes tengan alguna responsabilidad en este escenario político, más les valdría ir pensando cómo evitar una catástrofe. No hay posibilidad de sentarse a disfrutar del derrumbe del adversario. Es la economía en la que vivimos la que se resquebraja.
¿Por qué los especuladores desconfían de una conducción monetaria gobernada por "los suyos", mesadineristas de la banca internacional? ¿Por qué los capitales no apuestan por un gobierno que respeta a rajatablas los mandamientos sagrados del neoliberalismo? ¿Qué más podría hacer que entregarle las riendas al FMI como muestra de fe?
 
En el estrecho marco de análisis que se ha planteado a sí mismo el gobierno de Mauricio Macri, y su equipo económico, el conflicto no tiene solución. Un grupo de financistas y administradores de grandes fortunas saltó de la banca privada al gobierno, generó las condiciones para que sus pares hicieran negocios millonarios, pero ahora se sorprende cuando sus compinches los abandonan.
 
¿En qué le fallaron? En que, por estar en el gobierno, olvidaron la lógica con que se manejan esos capitales: la de obtener máxima rentabilidad. Y un deudor riesgoso, con muchos frentes políticos abiertos, y débil, no garantiza rentabilidad, por alta que sea la tasa que ofrece.
 
La semana que hoy se cierra reveló múltiples elementos del deterioro de la confianza en el deudor, el gobierno argentino, y en su garante, el FMI. Las tasas en pesos, a través de las Lebac, no pueden bajar del estante cercano al 50% al que se instalaron. El Tesoro colocó títulos en dólares, Letes, a una tasa del 5 por ciento, muy superior a la previa (del 3,76 por ciento), a sólo seis meses (no pudo colocar a un año), y por sólo 430 millones (contra vencimientos que esperaba renovar por 800 millones). Los prestamistas no confían en el peso (batalla perdida por Luis Caputo), sólo confían en la deuda en dólares por un plazo corto (vencimiento en febrero de 2019). Y se lo cobran caro.
 
La tensión política crece. Socios del Gobierno, muy diferentes entre sí, empiezan a señalar que "es insoportable seguir con tasas del 45 por ciento". Daniel Pellegrina (Sociedad Rural), Jorge Schiaretti (gobernador de Córdoba) y dirigentes de la UIA tuvieron un lenguaje común para reprochar una de las pocas herramientas que les quedan a las autoridades. Todos coinciden en que estas tasas prolongarán una recesión que ya casi nadie niega.
 
Ya corren los tiempos políticos. Y a la turbulencia financiera se le suman las turbulencias políticas que el propio gobierno agita. La operación "cuadernitos Gloria", los presos políticos por encargo y otras expresiones del forum shopping (manipulaciones judiciales varias) alejan a los especuladores, porque no ven claro en qué terminan. Dudan que se fortalezca el Gobierno, sospechan lo contrario.
 
La respuesta: hace 48 horas se inició otro capítulo de la corrida cambiaria. Y en cada etapa, la salida de fondos le provoca más daño al Gobierno que en la anterior. El FMI, por error de diagnóstico, no le arrimó una solución, sino que le quitó armas de defensa. No faltan expresiones desquiciadas que le propongan al Gobierno meterse más en el pozo hundiéndose en una dolarización.


A quienes tengan alguna responsabilidad en este escenario político, más les valdría ir pensando cómo evitar una catástrofe. No hay posibilidad de sentarse a disfrutar del derrumbe del adversario. Es la economía la que vivimos la que se resquebraja.
 
Por Raúl Dellatorre

 
VOLVIÓ LA TENSIÓN AL MERCADO. SEGUNDO DÍA CONSECUTIVO DE DEVALUACIÓN, CON DERRUMBE DE LOS BONOS DE DEUDA
 
Fin de la paz cambiaria; la fuga abre otra etapa
 
Los desequilibrios cambiarios y financieros son cada vez más marcados. El dólar se ubicó ayer en 28,71 pesos, con un incremento de 48 centavos. El lunes ya había subido otros 20 centavos. El equipo económico no pudo sostener la tranquilidad del tipo de cambio de las últimas semanas, cuando la cotización se mantuvo en torno de los 28 pesos.
 
Los inversores no quieren tener riesgo argentino y prefieren dolarizarse frente a la incertidumbre. El acto reflejo es el de vender bonos y acciones locales sin importar los precios. Los títulos en moneda extranjera que cotizan en el mercado interno y en las plazas internacionales registraron ayer caídas de hasta 3 por ciento.
 
El retorno que pagan algunos de estos bonos ya supera el 10 por ciento en dólares por año, cuando antes de la corrida cambiaria iniciada en abril la tasa era del 6 por ciento. El riesgo país alcanzó el nivel más elevado de los últimos tres años.
 
El salto del dólar no fue una sorpresa en la city. El inicio de la semana ya había arrancado con mucha demanda y una oferta en baja, debido a la menor subasta de divisas del Tesoro y la mayor expectativa de devaluación que lleva a los exportadores a no liquidar sus divisas.
 
El tipo de cambio mayorista cerró ayer en 28,11 pesos, al incrementarse 46 centavos. El lunes había avanzado otros 25 centavos. Este dólar con el que operan los bancos, los fondos del extranjero y los inversores institucionales de mayor tamaño, no superaba los 28 pesos desde el 5 de julio, cuando las tasas de interés en pesos, en casi 50 por ciento anual, habían generado un clima de relativa estabilidad cambiaria. Las semanas pasaron y pareciera que no fue suficiente con esta tasa para seguir convenciendo al mercado de no dolarizarse.  
 
 
Bonos desinflados
  
Las tensiones no son sólo cambiarias. Los bonos argentinos recibieron un fuerte castigo esta semana en Nueva York y algunos títulos de largo plazo como el Par, el Discount y el Argentina 2046 ya rinden más del 10 por ciento en moneda dura. Los bonos más cortos como el Bonar 2024 también anotaron pérdidas importantes.
 
En lo que va del año, 8 da cada 10 bonos emitidos en moneda extranjera, sin importar el plazo de vencimiento, registran una disminución de su precio superior al 15 por ciento en dólares. Algunos cayeron hasta casi 30 por ciento. Los títulos públicos nacionales no fueron los únicos afectados. Las emisiones provinciales mostraron efecto réplica. El bono de Jujuy a 2022 ya paga un retorno del 12 por ciento en dólares, mientras que el del Chaco a 2024 arroja una tasa superior al 15 por ciento.
 
La Bolsa porteña, con un muy bajo volumen de operaciones, registró un repunte del 0,9 por ciento, por debajo del aumento del valor del dólar (1,7 por ciento) y escasamente significativa frente a la caída de la jornada anterior (4 por ciento).
 
Las caídas de los bonos provocaron el fuerte aumento del riesgo. El indicador del JP Morgan subió ayer 4,5 por ciento y cerró en 637 puntos, la cifra más alta en 37 meses, al potenciar una tendencia que se viene observando en los últimos meses.
 
Desde diciembre de 2017, el riesgo subió 77 por ciento. Se trata del aumento más importante entre los países emergentes. En Turquía, la suba fue del 55 por ciento, mientras que en Polonia fue del 35 y en Rusia del 20. En el resto de los países de la región el salto fue menor. El riesgo país de Brasil este año aumentó 15 por ciento, en tanto que México lo hizo al 2 por ciento y Colombia, 4 por ciento.
 
El escenario financiero internacional tampoco colaboró para traer tranquilidad en la city. Ayer el índice de volatilidad norteamericana subió casi el 4 por ciento, al tiempo que varios países devaluaron su moneda.
 
En Latinoamérica se destacó la suba del 1,2 por ciento del dólar en Brasil y del 1,1 por ciento de la paridad cambiaria mexicana. En el mundo sobresalió el aumento del 5 por ciento de la divisa en liras turcas.
 
La moneda de Turquía perdió un 30 por ciento de su valor este año y el ministro de Finanzas de Ankara, Berat Albayrak, prometió presentar hoy un nuevo programa económico para reducir los niveles de inflación (en dos dígitos) y estabilizar la moneda. La caída de la lira turca se queda corta contra la del peso argentino, que este año suma 47 por ciento.
 
 
Pasan cosas adentro
  
Pero las tensiones cambiarias y financieras argentinas no se justifican porque "pasan cosas" en el mundo. Los elementos que potencian el problema son internos y estructurales.
 
La economía argentina tiene fuertes desequilibrios en su cuenta corriente y de capital (con déficit comercial, salida de divisas por ahorro y turismo) y no consigue aumentar las divisas de origen genuino (no por endeudamiento).
 
La caída permanente de las reservas es un termómetro de la situación. El stock de divisas del Central se ubicó ayer en 57.516 millones de dólares, con una baja en el día de 64 millones. Las reservas ya bajaron 5758 millones de dólares desde que ingresó el préstamo del FMI el 22 de junio pasado.
 
Por Federico Kucher
 
Fuente: Página 12
 

Agreganos como amigo a Facebook
17-02-2019 / 09:02
La aceleración de los precios en el comienzo del año hizo saltar las alarmas en la Casa Rosada.
 
Es que las consecuencias del repunte inflacionario registrado por el INDEC durante enero (2,9% versus 2,6% de diciembre) van más allá del offside presidencial de Macri, quien dijo que "está empezando a bajar la inflación" un día antes de ser desmentido por el dato oficial.
 
El hecho es que la inflación vuelve a crecer como la principal preocupación de los argentinos y, a la par, baja la imagen del Gobierno y se perjudican sus perspectivas para las elecciones.
 
Según una encuesta de la consultora Synopsis, el 34,9% de los argentinos consideran hoy al alza de precios como el principal problema del país. Así, el tema vuelve al primer plano (subió 4,3% en el último sondeo) luego de haber venido en baja desde noviembre, acompañando el freno a la inflación que se vio en el último bimestre de 2018.
 
El desempleo (19,1%) es otra cuestión económica que escala como amenazante en el imaginario de los encuestados, escoltado por la corrupción (19,7%) y la inseguridad (13,1), dos temas que dan más comodidad a Cambiemos de cara a la disputa en las urnas.
 
Ante los precios que no detienen su marcha, la valoración negativa del desempeño de la administración nacional registró un fuerte incremento (+6,5%) y una leve caída de la valoración positiva (-1,1%). De esta manera, un 58% evalúa de manera negativa al Gobierno y se reducen a un 25,6% los que lo ven bajo una luz positiva.
 
Si existe un vínculo entre el nivel de la inflación y la valoración de la gestión, las cosas podrían empeorar para Macri. Distintas consultoras anticipan que en febrero los precios no se aplacarán, sino que su trepada será todavía más importante que la de enero.
 
Desde LG -fundada por Martín Lousteau- prevén un índice de 3,5%, mientras que Elypsis calcula una suba del 3,8%. Las más moderadas, como Eco Go, postulan un 3%.
 
En medio de la recesión que marcan los indicadores de actividad en la industria, construcción y comercio, el ánimo de los votantes no evoluciona de la mejor manera para Cambiemos.

17-02-2019 / 08:02
El miércoles por la tarde, el presidente Mauricio Macri sostuvo que la inflación estaba bajando y que comenzaba el tiempo de volver a crecer en la Argentina. Un día después, el Indec -o sea, la realidad- lo desmintió: la inflación está subiendo y, dentro de ella, lo que más sube es el precio de los alimentos.
 
No se trató de un episodio aislado. Pocos días antes de asumir, el Presidente anunció que eliminaría los controles de cambios y que eso no tendría efectos sobre los precios porque "ya están al nivel del dólar a 15": la respuesta de la realidad fue tremenda.
 
En aquellos días felices, el Gobierno pronosticó también que la inflación sería de 24 puntos en 2016 y de un dígito este año: la realidad volvió a responder con violencia.
 
En esa seguidilla de derrotas se puede percibir un problema histórico del país -su dificultad para vencer la inflación- y otro del presidente -su limitación para entender los motivos de su propio fracaso, la persistencia en el error, su rigidez extrema.
 
En unos años, este problema podría ser motivo de un interesante debate teórico titulado "¿por qué la Argentina fracasó nuevamente?". Pero en estos días, se trata de un asunto serio, en parte porque, al menos hasta hoy, Mauricio Macri sigue siendo, por leve margen, el favorito para gobernar la Argentina en el período que viene.
 
En el Gobierno, algunas personas repiten como un mantra que los primeros mandatos de Macri -en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires- fueron muy turbulentos y los segundos compensaron con resultados sorprendentes.
 
Si no aplica nuevos enfoques, ese eventual segundo mandato puede ser aun más accidentado que el primero. Pero además, si llega a perder las elecciones, los fracasos de Macri encierran lecciones para quien lo suceda.
 
Quien recorra brevemente hacia atrás la lucha del Presidente contra la inflación, deberá rendirse ante cierta perplejidad. En el principio, el Presidente anunció que la liberación del cepo no produciría un aumento precios.
 
¿De dónde salió semejante idea, en un país donde la relación entre la suba del dólar y la de los precios es un clásico, una constante, una patología? Gran parte del mundo económico -Espert, la UIA, Ferreres, Melconian- le advirtió que estaba equivocado. Era una obviedad. Él decidió apretar el botón.
 
Luego, pronosticó que la tasa de inflación del primer año sería del 24 por ciento. Otro contrasentido. Ese había sido el aumento de precios del 2015. Y el Gobierno le echaría nafta con un aumento fuerte de tarifas y una bruta devaluación. ¿Por qué razón la inflación no iba a aumentar si se tomaban medidas que, para cualquier principiante, tendrían ese efecto? 

16-02-2019 / 09:02
A continuación, las palabras del excelentísimo señor presidente de la Nación, don Mauricio Macri: "Tras el golpe duro del año pasado, ya está bajando la inflación". El hombre habla porque es gratis. El miércoles, un día antes de que el Indec anunciara que la inflación de enero fue casi del ¡¡¡treees por ciento!!! (2,9), Macri largó suelto de cuerpo que el flagelo va en descenso.
 
No hay salario que aguante y el mayor responsable se hace el oso. Las cifras de la economía parecen un campo de batalla con la industria que funciona al 56 por ciento de su capacidad, con 750 Pymes y 2550 comercios que cierran por mes.
 
Un escenario dramático que los medios del oficialismo tratan de ocultar como pueden aunque esas cifras destrozan la economía familiar, aumentan el desempleo, la pobreza y la marginalidad. "Estamos mejor que en el 2015", repitió con desparpajo en esa entrevista a una radio de San Luis.
 
La clase media que ha sido el principal argumento del triunfo electoral del macrismo es fuertemente agredida por este bombardeo persistente sobre su calidad de vida. Una clase media que se dispone a votar en este año con la cabeza repartida entre la tragedia concreta de la economía y el imaginario casi infantil que le propone el discurso macrista contra viento y marea.
 
Las encuestas pivotean sobre esa disputa sorprendente entre el imaginario emotivo y la inteligencia y muestran todavía que una parte significativa de esa misma clase media se resiste a abandonar los sueños incumplidos. Es la puja fascinante entre la carga subjetiva que la pinta rubia y de ojos celestes y una economía que la está mandando al tacho.
 
En el plano de la política pareciera que la mayoría apuesta a los efectos destructivos de la economía macrista por sobre lo subjetivo. Así, los aliados del oficialismo se alejan cada vez más o se muestran más reacios. Y los aliados más débiles, aprovechan para comer de las sobras.
 
El radicalismo, que le ha dado territorialidad a la alianza de gobierno empieza a sacudirse la subordinación que mantuvo con el PRO y está logrando imponer sus candidatos a gobernador. Al mismo tiempo desdobló las elecciones en sus distritos para no ser arrastrado por la presumible caída de la imagen de Macri.
 
El protagonismo que adquirió el radicalismo, tras ser el amigo sumiso del gobierno, ahora lo lleva a insistir con una interna con Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta en la CABA, al mismo tiempo que interviene a la regional Santa Fe porque no quiso separarse de los socialistas. Son movimientos en los que apuestan al debilitamiento de Macri como candidato, pero no para confrontarlo, sino para disputar espacio en la interna oficialista.
 
La base radical conservadora, que ha sido fiel a la alianza con el macrismo, es la que expresa con más claridad esa dualidad entre el imaginario y la economía, o entre la subjetividad y la razón. La cúpula partidaria oscila en esa dicotomía esquizofrénica y la representa en la política con el riesgo de convertirse ante la historia en responsable de los desatinos del PRO.

15-02-2019 / 11:02
El presidente Mauricio Macri volvió a ser cacheteado por el INDEC. Luego de asegurar -otra vez- que "la inflación está bajando", contra todos los pronósticos del Gobierno la inflación en lugar de caer volvió a acelerarse.
 
El Indec reconoció una suba del 2,9%, muy por encima del 2,6% de diciembre. Si se toman los últimos doce meses, llega a 49,3%, la más alta desde enero de 1992. Los alimentos empujaron la escalada. En la Ciudad de Buenos Aires, la suba de los precios minoristas fue de 3,8 por ciento en enero.
 
La inflación de enero fue impulsada por alimentos y bebidas, servicios públicos, comunicación y turismo. En alimentos y bebidas, que compone el centro de la canasta básica, el aumento de los precios en los últimos doce meses es del 53%, lo cual explica el fuerte aumento de los indicadores de pobreza e indigencia en la última parte del año pasado.
 
La inercia inflacionaria de 2018, junto a los aumentos de costos derivados de la devaluación que todavía no se trasladaron a los precios minoristas y la catarata de aumentos de servicios públicos determinan que la expectativa de inflación para este año no baje del 30%.
 
La inflación de 2,9% en enero es sorprendente en una economía en donde el consumo interno está muy debilitado y el dólar no registró mucha movilidad en el marco de un profundo ajuste fiscal y monetario. Sin embargo, la suba del dólar de 120% el año pasado junto a los grandes tarifazos sobre una economía cuyos precios se movía al 25 % anual antes de la crisis cambiaria multiplicó la inercia inflacionaria.
 
Esto quiere decir que los actores económicos incorporaron la indexación de los precios con números cada vez más grandes. Además, todavía existe una brecha de 20 puntos entre la suba que registran los precios mayoristas y el incremento de los minoristas.
 
El dato del 49,3% es horrible porque pone en tela de juicio el sentido del enorme sacrificio que Macri le pide a la sociedad, con el único objetivo visible de equilibrar el déficit para bajar la inflación. Sería difícil esperar que febrero muestre un incremento de precios menor al de enero. Este mes empezaron a regir nuevos aumentos en el transporte, la luz, las prepagas y la garrafa social. También se preparan nuevos aumentos en el gas (de 35 %).
 
Aunque los medios afines al gobierno se empeñan en pronosticar para el año una inflación por debajo de 30 %, las decisiones oficiales le meten fuerte presión a los precios. Según transcendidos periodísticos, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne le advirtió a Macri que no va a bajar hasta mayo pero, ¿si tampoco baja en mayo?
 
La Opinión Popular

14-02-2019 / 10:02
NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar