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“Han venido a saquear al país, y lo saquearon: deuda externa eterna, fuga de capitales, condonación de deudas privadas, bicicleta financiera y un plan de Macri con el FMI que es irrealizable”. “Pino” Solanas
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Entre Ríos - 19-06-2018 / 09:06
PANORAMA POLÍTICO PROVINCIAL

El Mundial no logra poner la realidad en el freezer

El Mundial no logra poner la realidad en el freezer
En medio del Mundial, hay dos cuestiones que preocupan a la gestión de Gustavo Bordet. Una tiene que ver con los posicionamientos políticos e institucionales de los principales referentes del peronismo local. El otro está relacionado con la manera de administrar las cuentas públicas en un marco de restricciones y de reducción paulatina de impuestos provinciales. Y la discusión de ambas situaciones se ha desatado con anticipación.
En medio del Mundial, hay dos cuestiones que preocupan a la gestión de Gustavo Bordet. Una tiene que ver con los posicionamientos políticos e institucionales de los principales referentes del peronismo local. El otro está relacionado con la manera de administrar las cuentas públicas en un marco de restricciones y de reducción paulatina de impuestos provinciales. Y la discusión de ambas situaciones se ha desatado con anticipación.
 
Lo primero: la cuestión financiera. El propio Bordet tendrá que sentarse a negociar con el gobierno de Mauricio Macri acerca de cuál será la pauta de ingresos coparticipables que marcará el ritmo del Presupuesto 2019: sí, el del año electoral.
 
Las obras públicas no tendrán la misma velocidad que suele tomar en los años impares, de convocatoria a las urnas. La gestión provincial lo sabe, pero tampoco asoma un escenario razonable para salir a tomar deuda en el mercado de capitales. Todo es caro para una argentina desbordada por la inflación y que ha recurrido al nefasto FMI para intentar enderezar el rumbo económico del país.
 
El Presupuesto Provincial 2019 tendrá un techo acotado. Claro que al cerrar el año, la Provincia puede llegar a tener más excedentes, producto del reajuste de las alícuotas del impuesto a los Ingresos Brutos que, a partir de 2019, tendrán que bajar progresivamente para algunas actividades. El otro efecto favorable, para las cuentas provinciales en los ingresos, es la mejora del giro por coparticipación federal.
 
Sin embargo, Bordet ha decidido sentarse arriba de la caja porque tendrá que abrirla para cumplir aquello que pactó con los gremios de estatales y docentes. "Vamos a cumplir la cláusula gatillo en el tiempo establecido", afirmó el mandatario al momento de acordar el incremento salarial para este año.
 
Si se observa lo que se estimó oficialmente de expansión del nivel de gastos corrientes, quedará poco margen para destinar fondos a otros rubros que no sean el de Personal. La inflación es un estigma que, por un lado, licúa el endeudamiento público, pero por otro lado incrementa el nivel de compromisos a pagar por parte del Estado.
 
La paz social tiene su costo financiero y también político. Y, por esa razón, el gobernador invierte en tranquilidad. ¿Cómo? Abonando regularmente los salarios del sector público. De aquí en más al gobernador que le dice no al ajuste se le presenta un horizonte con dos premisas: evitar disputas políticas en el oficialismo y seguir sentado en la caja para evitar cualquier cirugía mayor en las cuentas públicas.
 
Lo segundo: la irrupción del urribarrismo pidiendo pista en el armado del partido Unidad Ciudadana en la provincia no le ha caído en gracia al gobernador. No porque Sergio Urribarri o sus seguidores tengan alguna posibilidad de retorno al principal despacho de la Casa de Gobierno, sino que una prematura definición de candidaturas puede restarle espacio de poder y margen de maniobra institucional a un año y pico de las elecciones.
 
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Comenzó la fiesta del mundial de fútbol en Rusia, comenzaron los goles en medio del colorido de una celebración deportiva internacional; pero no disimuló y menos tapó -como se suele decir y creer- las malas noticias políticas y económicas de la semana que se llevó puesta la supuesta calma chicha que traerían los goles de la selección nacional.
 
El gobierno del millonario neoliberal, conservador, fugador de divisas y elitista, Mauricio Macri, se encuentra en un momento crítico, inesperado para quienes votaron por Cambiemos en octubre de 2017, pero de difícil resolución, según los propios funcionarios: de lo contrario no habrían recurrido al prestamista de última instancia, el Fondo Monetario Internacional. Las duras condiciones del prestamista ya se conocen, y provocan fuertes resistencias acerca del cumplimiento de la receta.
 

El Mundial no logra poner la realidad en el freezer

Al conjunto del pueblo, el acuerdo con el FMI no le cierra. No comparte la necesidad de haberle pedido asistencia. Y si bien no cree que esto sea equivalente al 2001, dos palabras hacen un mismo significado. FMI + dólar, para la opinión pública, es sinónimo de crisis económica. Una crisis que no ven que el Gobierno tenga capacidad para revertir. Además, la mayoría intuye que el camino elegido es el equivocado.
 
El Gobierno intenta evitar que la conflictividad social crezca sin poder controlar la inflación, aplicando al mismo tiempo la política de ajuste que acordó en el FMI. Todo muy difícil. Hasta Jaime Durán Barba anticipó lo que no se debía hacer. Y lo hizo antes de las elecciones de 2017. "No hay gobierno que haga un ajuste y después no sea percibido como hijo de puta por la población", dijo.
 
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Cambiemos ha fracasado en lo que fue su bandera, la gestión
 
La crisis ingresó en la etapa en que se comienzan a sacrificar funcionarios que antes se consideraban claves e intocables. Al despedir a Juan José Aranguren y a Francisco Cabrera, el Presidente admitió que la economía no marcha bien. La misma lógica aplicó al pedir la renuncia de Federico Sturzenegger al Banco Central, ya que desde el primer día le había confiado la lucha contra la inflación, en la que no obtuvo ninguno de los resultados esperados.
 
Estos funcionarios dejaron sus cargos para aliviar la presión de la creciente imagen negativa sobre la figura de Macri y pérdida de intención de voto a Cambiemos. Por estas horas, pesan más o las encuestas o la campaña electoral antes que buscar una forma para salir de la inmensa crisis en la que se encuentra inmersa la Argentina.
 
Macri falló fiero en la gestión, pese que habría conformado "el mejor equipo de gobierno de los últimos 50 años", tal como se jacta en declamar. Por mala praxis el Banco Central gastó más de US$ 12.000 millones, para financiar un proceso devaluatorio de casi el 35% en poco más de 40 días, lo que ocurrió porque se usó el dólar como ancla inflacionario, hasta que la presión la hizo explotar. Demasiadas idas y vueltas, demasiado amauterismo, demasiadas acciones y decisiones contradictorias.
 
 
El Mundial no logra poner la realidad en el freezer

 
Disparos al corazón electoral del macrismo
 
En este marco complicado, el gobierno de Macri necesita imperiosamente contar con el máximo respaldo político de los gobernadores del PJ en torno al acuerdo con el FMI, que implicará un fuerte ajuste fiscal que recaerá sobre todo en las provincias. Los mandatarios provinciales, por su parte, son reiterativos en reclamar un ajuste "equitativo".
 
Los gobernadores del PJ habrían llevado algunas propuestas para achicar el déficit fiscal del Estado nacional. En esencia, proponen cuatro medidas que representan un ahorro de unos 60 mil millones de pesos en prestaciones o subsidios directos a la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires, los santuarios electorales del macrismo.
 
Insisten en el traspaso de Aysa, Edenor y Edesur, y en bajar subsidios al transporte porteño. No son temas nuevos. Ya hablaron de estas iniciativas. Inclusive, legisladores nacionales ya presentaron proyectos en ese sentido en el Congreso.
 
La primera medida propuesta es que Aysa, Edesur y Edenor, en manos del Estado nacional, pasen a las administraciones de Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, donde estas empresas prestan servicios.
 
Otro de los pedidos que hicieron es que haya equidad con las provincias en los subsidios al transporte que la Nación otorga a esos dos distritos administrados por el macrismo. Se sostiene que el área metropolitana de Buenos Aires recibe unos 40 mil millones de pesos más que todo el resto del país en subsidios al transporte.
 
La tercera medida propuesta es el traspaso a la Ciudad de Buenos Aires del servicio de justicia que hoy le pagan todos los argentinos, mientras que cada provincia solventa su Poder Judicial.
 
La cuarta propuesta apunta a evitar superposiciones entre Nación, provincias y municipios en la prestación de servicios o la realización de obras. En este tema, se apunta a los envíos directos de la Nación a los municipios, en especial los pertenecientes a Cambiemos, para la construcción de obras que son de exclusiva responsabilidad municipal.
 
La idea de que la Nación ajuste por ese lado es impulsada por algunos gobernadores peronistas. Se trata de una movida en defensa de sus propios intereses porque, lo que la administración de Macri achique por ese lado, reducirá el impacto del ajuste sobre el presupuesto que maneja el resto de las provincias.


 El Mundial no logra poner la realidad en el freezer

Cerca de María Eugenia Vidal creen que esa iniciativa tiene chances de prosperar, y en tándem con el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, sobre cuya gestión también impactará las transferencias, pusieron manos a la obra para resistir las medidas.
 
 
En Casa Gris están en guardia
 
El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) implicará un ajuste de gastos nacional que inevitablemente impactará en la Provincia. Y la sombra de esa medida sobrevuela acechando el cielo provincial. En el gobierno entrerriano subieron la guardia. Las municipalidades, obviamente, no se salvarán del guadañazo.
 
En la Casa Gris se respiran aires de preocupación. Algunas recorridas por el interior, que realizaron en los últimos tiempos referentes del oficialismo, dan cuenta de cierto clima de pesada desazón frente a las malas noticias que llegan desde la economía nacional.
 
Bordet no quiere decir nada, pero sus exégetas se animaron a manifestar que "Gustavo está muy caliente". La frase se bisbisea en Casa de Gobierno, pero tiene la certeza de que así piensa el gobernador. Que no grita, no tiene gestos ampulosos, pero, en los últimos tiempos la cuantificación de sus gestos han tomado más valor que el dólar.
 
Bordet no deja de despotricar contra la situación económica del país y se defiende diciendo que se lo acompañó en demasía al gobierno de Macri y que este no sabe reconocer esos apoyos. Por eso advierte que cuando el Ejecutivo Nacional mande el presupuesto habrá que estar atento a la letra chica del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y a las exigencias con las provincias.
 
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En la interna del PJ, hablar no cuesta nada, por ahora
 
En las listas oficialistas hay muchos anotados, aunque varios están postergando sus definiciones a la espera de que la interna se aclare un poco más en cuanto a cuál será finalmente la fórmula gubernamental del PJ entrerriano para el año entrante y, sobre todo, quién será el jefe definitivo del espacio: Bordet o Urribarri, o mejor dicho, que lugar le concederá a Urribarri la jefatura de Bordet. A ese partido lo miran todos.
 
En esta disputa por determinar quién será el Jefe político aparecieron tempranamente los simpatizantes de cada bando. Los ultra K no sólo salieron a ofrecer sus organizaciones al ex gobernador Urribarri, sino que fue el medio elegido por él para advertir que está dispuesto a romper con el oficialismo provincial y obligar al PJ a ir con dos listas para competir en 2019.
 
Es una jugada fuerte, arriesgada, para que los destinatarios del mensaje se anoticien de que está dispuesto a todo con tal de no perder su poder provincial, sobre todo cuando lo acechan una serie interminable de causas penales. La pregunta es si se animará finalmente a ser el artífice del quiebre del PJ. La amenaza fue arrojada al campo de juego, con un esquema directo y muy ofensivo, y por tanto expuesta al contragolpe.
 
Lo que hizo Urribarri se puede reducir a un "si no estoy yo, tampoco estarán ustedes". Tensó la cuerda para apurar definiciones, que por cierto no aparecieron. Por el contrario, Bordet se hizo el desentendido y se limitó a insinuar que los temas electorales se conversen más adelante. Pateó la pelota para el año que viene.
 
Por ahora, Bordet necesita a Urribarri de su lado, por razones políticas y de gobernabilidad. Una cancha embarrada no le conviene. Sería un penal errado, como el de Messi. Unos leerán en el desenlace que Bordet sigue subordinado a Urribarri, otros podrán pensar que el gobernador no quiere que se le arme un partido que no tiene ganas de jugar todavía.
 
Es un tironeo con tensiones internas. Si el primer mandatario terminaba haciendo su apuesta a partir de las presiones a las que lo quieren someter, la inmediata fractura podría afectar su gestión. Y como se ve, la gambetea y sigue poniendo frenos a sus decisiones, le teme al terreno barroso que dificulta las jugadas. En ese marco se entendería su solicitud para que dejen para los meses por venir, o bien para 2019, la disputa interna.
 
Por su parte, Jorge Busti y Urribarri se tienen entre ceja y ceja por viejas peleas, pero con un marco de cierto respeto público, porque es hora de amagar con romper, no de romper. A la orilla de la pelea a cara descubierta aún no han llegado, sólo al de las indirectas.
 
Pero, en la carrera hacia 2019 uno de los dos va a quedar al costado del camino, como sucede cuando comienza la ronda de eliminatorias en el Mundial. Uno de los dos, afuera. Eso va a depender principalmente de Bordet, que es al que tironean con estas advertencias que salen de boca de otros pero que tienen el mismo sentido: pintar un peronismo enfrentado con un par de fórmulas gubernamentales.
 
El titular del Ejecutivo no la tiene sencilla, además, en el medio de todos los tironeos se comenta que al mandatario no le disgustaría un cargo en la fórmula del PJ a nivel nacional, al que podría acceder tras un proceso de reorganización del peronismo para pelearle el poder a Macri el año entrante. Se dice que uno de los más interesados en que se verifique esta posibilidad es el propio Urribarri, que sumaría fichas para que lo tienten a Bordet, y para que solo abandone la cancha provincial.
 
Mejor marco político para Cambiemos, imposible. Si estos "olfatean" que con este panorama de factible quiebre del peronismo entrerriano tienen más chances de llegar al poder jugando pegados a la línea, más les vale que, aunque no arrojen piedras para favorecer el desgaste del peronismo, acerquen la carretilla, como dice un filósofo callejero. Pero en la alianza antiperonista también hay muchos jugadores. Necesitan un conductor político provincial. No lo tienen.
 
Además, el fracaso de la economía macrista es como un pacman, e impide que cualquier buen relato le sirva, al menos, por ahora. Pero, el 2019 ya está en las mentes de los políticos entrerrianos, aunque algunos esperan que los conductores sean más conductores y otros se animen de una vez y por todas a decir yo aspiro a tal o cual cargo.
 
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20-11-2018 / 12:11
19-11-2018 / 22:11
En el peronismo, plantear hoy la consigna de la unidad significa concertar con Cristina Fernández. Porque la ex presidenta, pese a los cargos de corrupción que la salpican, es la que más votos tiene en la interna peronista. Lo harían con la secreta esperanza que no sea la candidata, aunque es lo único que a ella le interesa ser.
 
En Entre Ríos, el cristinismo tiene distintas expresiones; pero cada una defiende y protege su lugar. La senadora nacional es el punto de referencia común, la que los ubica en un mismo plano; nada más. Algunos ven en ella un salvavidas y se le aferran agitando lealtades que nunca antes tuvieron. Otros le son realmente fieles.
 
Sin embargo, hubo un suceso que sintieron todos los K a la vez y que experimentaron de distinta forma: la movida de Sergio Urribarri que, aunque ambigua, alteró a más de uno al decir que Cristina es su candidata para enfrentar a Macri. Su candidata, y para sus fines provinciales.
 
Buscó apostar allá para sumar adeptos acá, jugarse por la ex jefa de Estado para incomodar a Gustavo Bordet, lograr la adhesión de los K entrerrianos para contrarrestar la pérdida de una estructura territorial que ahora está en manos de sus contrincantes peronistas del Ejecutivo provincial.
 
Pese a ello, Urribarri se quedó a medio camino, ya que elogia a Cristina pero no crea un bloque distinto en la Cámara Baja provincial. En ese misma línea, Urribarri también es contradictorio en su discurso confrontativo contra Macri, al integrar el gobierno provincial.
 
Entonces, ¿está a medio camino del cristinismo o a medio camino del antimacrismo? A medio camino de todo, seguro. Además, muchos le refriegan que mientras alude a la unidad en el nivel nacional, en la provincia divide.
 
Urribarri alteró a los cristinistas entrerrianos que, como él, también buscan potenciarse a partir de defender la gestión de la ex mandataria, quien, por cierto, no da señales de lo que hará electoralmente en 2019. Su estratégica indefinición desacomoda a más de uno, sea oficialista o sea opositor.
 
Urribarri vendría a ser el cristinista con más llegada a CFK pero no es el único ni conduce al resto de los K. Es cierto que los otros K no tienen candidato propio para la provincia, pero igual de cierto es que Urribarri no podría ser candidato, por impedimento constitucional, por mala imagen y por las causas de corrupción. Y tampoco encuentra alguien que quiere ser su delfín provincial.
 
Los cristinistas y Urribarri coinciden en una cosa, que las elecciones provinciales y las nacionales vayan juntas porque esa es la única forma que, colgándose de la boleta de CFK van a poder negociar algo con Bordet. O mejorar su performance electoral si Bordet no les da nada y los manda a pelear la interna o se van por fuera. De todos modos es un escenario inestable, falta mucho y no abundan las certezas.
 
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19-11-2018 / 19:11
19-11-2018 / 18:11
19-11-2018 / 18:11
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