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Nacionales - 13-06-2018 / 08:06

El peligroso doble juego de Macri sobre el aborto

El peligroso doble juego de Macri sobre el aborto
Van a decidir es si una mujer embarazada que no fue violada y cuya salud no está en peligro, puede decidir abortar sin que esto la convierta en una criminal ya que 45 mil mujeres por año son atendidas en hospitales porque son obligadas a someterse a abortos clandestinos.
¿Macri es el presidente liberal y democrático que decidió habilitar la discusión legislativa sobre la despenalización del aborto cuando otros líderes políticos no se atrevieron?
 
¿O es el líder de un partido cuyos diputados votarán por inmensa mayoría, como en ningún otro bloque, para que se cumpla la voluntad de la iglesia? ¿Es sensato para un líder generar una expectativa que luego se frustra por voluntad de los legisladores propios?
 
Cambiemos, como se sabe, se nutre de distintas corrientes históricas. Una de ellas es claramente conservadora y proclerical, y se expresa en dirigentes que acompañan a Macri desde su desembarco en la política.
 
Los principales exponentes de ese pensamiento son la vicepresidente Gabriela Michetti, el presidente del bloque del Pro en el Senado Federico Pinedo, el de Diputados Nicolas Massot y el ex ministro de Educación, Esteban Bullrich.
 
A ellos se ha sumado, en los últimos tiempos, la titular de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, con un discurso donde no se reconoce la dirigente democrática y liberal que fue en sus comienzos.
 
Una vez más, como muchas otras, el Presidente aparece atrapado entre lo que es, lo que quiere ser, lo que le demanda la sociedad, lo que fue. Será interesante ver qué salida la encuentra a ese laberinto donde todas las opciones tienen un costo, aunque una de ellas lo pagan las 45 mil mujeres por año que, según el ministro de Salud, son atendidas en hospitales porque son obligadas a someterse a abortos clandestinos.

 
El desenlace de la votación sobre la despenalización del aborto está destinado aportar nuevos elementos en un debate que es permanente en cualquier país democrático. Ese debate trata sobre la verdadera naturaleza de su Presidente.
 
Los líderes políticos suelen ser personalidades complejas, y eso tal vez es uno de los condimentos que los transforma en quienes son, porque ese rasgo les permite dirigirse a públicos diversos.
 
Si el aborto es aprobado, por más que Macri no lo haya apoyado públicamente, nadie podrá quitarle el mérito por el coraje de haber abierto el debate sobre un tema tan controversial.
 
En cambio, si el aborto es rechazado, especialmente en la Cámara Baja y por la actitud mayoritaria del oficialismo, la actitud del Presidente podría ser mirada desde una perspectiva distinta.
 
Desde que regresó la democracia, cada uno de los presidentes importantes incorporó algún elemento relevante en términos de ampliación de derechos.
 
Raúl Alfonsín, por ejemplo, impulsó el juicio a los ex comandantes y la aprobación de la ley de divorcio vincular. Carlos Menem dinamitó para siempre el rol de los militares como amenaza a la democracia -algo que había marcado la historia del país desde su nacimiento- y eliminó el servicio militar obligatorio.
 
El matrimonio Kirchner dio nuevo impulso a los juicios a los militares y aprobó la ley de matrimonio igualitario. Así las cosas, un país donde, en 1983, los habitantes no podían divorciarse cuando dejaban de amarse se transformó en otro donde pueden casarse entre sí las personas del mismo sexo.
 
En sus treinta meses de Gobierno, Mauricio Macri no realizó ningún aporte significativo en este derrotero, hasta que en febrero de este año anunció que había decidido abrir el debate legislativo sobre la despenalización del aborto. Ese gesto gratificó a muchos de sus simpatizantes, los que pertenecen al sector más liberal y democrático de la fuerza gobernante, que no son pocos.
 
Cambiemos, como se sabe, se nutre de distintas corrientes históricas. Una de ellas es claramente conservadora y proclerical, y se expresa en dirigentes que acompañan a Macri desde su desembarco en la política.
 
Los principales exponentes de ese pensamiento son la vicepresidente Gabriela Michetti, el presidente del bloque del Pro en el Senado Federico Pinedo, el de Diputados Nicolas Massot y el ex ministro de Educación, Esteban Bullrich.
 
A ellos se ha sumado, en los últimos tiempos, la titular de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, con un discurso donde no se reconoce la dirigente democrática y liberal que fue en sus comienzos.
 
Si Macri se hubiera congelado a sí mismo en las ideas de esos dirigentes jamás hubiera llegado al poder. Como todo político triunfador, ha sido un hombre que supo cambiar. El ejemplo más ilustrativo de eso fue su posición frente al matrimonio igualitario.
 
-La homosexualidad es una enfermedad, no es una persona ciento por ciento sana -había dicho Macri en 1997 en una entrevista publicada por el diario Página/12.
 
En noviembre de 2009, una jueza porteña había decidido habilitar que una pareja gay se casara. El cardenal Jorge Bergoglio presionaba por entonces a Macri para que apelara esa decisión. Pero este decidió grabar un mensaje que decía:
 
"Tuve un debate interno, sopesando mi formación y mi historia con mi búsqueda de las mejores costumbres y las mejores libertades para la sociedad . Y siento que es un paso importante, porque hay que aprender a vivir en libertad, sin vulnerar los derechos de los otros. El mundo va en esta dirección, así que estoy contento. Y espero que sean felices".
 
Ese tipo de actitudes le sumó a Macri un sector social nuevo, de tradición liberal y alfonsinista, que lo fue adoptando a medida que realizaba obras públicas en barrios populares, confrontaba con el Papa y con el kirchnerismo a la vez, y mantenía los niveles de gasto social de los períodos anteriores. Ese sector aplaudió la decisión de febrero.
 
El problema, ahora, es que el aborto puede ser rechazado en la Cámara de Diputados, y si uno mira con frialdad quiénes votan una cosa y quiénes la otra, lo que se ve es que en ningún otro bloque la posición pro clerical es tan mayoritaria como en Cambiemos. La relación de fuerzas en contra de la despenalización es casi de 2 contra 1 en ese bloque. Ningún espacio aporta tantos votos en el sentido que pide la iglesia como el oficialismo. Dentro del Pro, ha habido diputados que militaron con mucha valentía a favor del proyecto de despenalización. Pero Silvia Lospenato y Daniel Lipovetsky están a punto de ser derrotados por Carrió, Massot y Michetti.
 
El comportamiento de Macri es poco usual. En todos los avances que se produjeron anteriormente, los presidentes jugaron un rol decisivo. Alfonsín impulsó activamente el divorcio, Menem la eliminación del servicio militar y los Kirchner el matrimonio igualitario. ¿Y Macri? ¿Su rol consiste apenas en decir que está a favor de la vida? Sus partidarios sostienen que es un gesto democrático que contrasta con el verticalismo kirchnerista. Es una visión poco memoriosa. Durante el debate sobre el matrimonio igualitario también hubo libertad de acción para los legisladores. Eso no quiere decir que el Ejecutivo haya sido neutral.
 
Así las cosas, si Diputados archiva el proyecto habrá dos miradas sobre Macri. Unos dirán que cumplió el rol histórico de abrir un debate. Otros destacarán que es el jefe de un partido cuyos diputados votaron en contra de que Argentina se ponga al nivel de las democracias más estables y desarrolladas del mundo. Dentro de la corriente liberal que nutre a Cambiemos, algunos quedarán conformes y otros dañados. ¿Será un buen momento para abrir un nuevo flanco, para permitir que la base más conservadora de Cambiemos se muestre tan dominante, para desanimar votantes en duda o a personalidades tan cercanas como las que se han expresado en estos días a favor de la despenalización y en contra del aborto clandestino? Adolfo Rubinstein es el médico que Macri eligió para proteger la vida de los argentinos. ¿No sería coherente que lo escuche más que a Michetti y Carrió, que no fueron designadas en ese área?
 
Encima, el bloque del Frente para la Victoria será el que más votos aporte para la despenalización. Hasta la madrugada de mañana jueves, Macri será el presidente que reabrió el debate cerrado por Cristina. Desde entonces, dependiendo del resultado de la votación, las cosas habrán cambiado.
 
Una vez más, como muchas otras, el Presidente aparece atrapado entre lo que es, lo que quiere ser, lo que le demanda la sociedad, lo que fue. Será interesante ver qué salida la encuentra a ese laberinto donde todas las opciones tienen un costo, aunque una de ellas lo pagan las 45 mil mujeres por año que, según el ministro de Salud, son atendidas en hospitales porque son obligadas a someterse a abortos clandestinos.
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 

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17-02-2019 / 09:02
La aceleración de los precios en el comienzo del año hizo saltar las alarmas en la Casa Rosada.
 
Es que las consecuencias del repunte inflacionario registrado por el INDEC durante enero (2,9% versus 2,6% de diciembre) van más allá del offside presidencial de Macri, quien dijo que "está empezando a bajar la inflación" un día antes de ser desmentido por el dato oficial.
 
El hecho es que la inflación vuelve a crecer como la principal preocupación de los argentinos y, a la par, baja la imagen del Gobierno y se perjudican sus perspectivas para las elecciones.
 
Según una encuesta de la consultora Synopsis, el 34,9% de los argentinos consideran hoy al alza de precios como el principal problema del país. Así, el tema vuelve al primer plano (subió 4,3% en el último sondeo) luego de haber venido en baja desde noviembre, acompañando el freno a la inflación que se vio en el último bimestre de 2018.
 
El desempleo (19,1%) es otra cuestión económica que escala como amenazante en el imaginario de los encuestados, escoltado por la corrupción (19,7%) y la inseguridad (13,1), dos temas que dan más comodidad a Cambiemos de cara a la disputa en las urnas.
 
Ante los precios que no detienen su marcha, la valoración negativa del desempeño de la administración nacional registró un fuerte incremento (+6,5%) y una leve caída de la valoración positiva (-1,1%). De esta manera, un 58% evalúa de manera negativa al Gobierno y se reducen a un 25,6% los que lo ven bajo una luz positiva.
 
Si existe un vínculo entre el nivel de la inflación y la valoración de la gestión, las cosas podrían empeorar para Macri. Distintas consultoras anticipan que en febrero los precios no se aplacarán, sino que su trepada será todavía más importante que la de enero.
 
Desde LG -fundada por Martín Lousteau- prevén un índice de 3,5%, mientras que Elypsis calcula una suba del 3,8%. Las más moderadas, como Eco Go, postulan un 3%.
 
En medio de la recesión que marcan los indicadores de actividad en la industria, construcción y comercio, el ánimo de los votantes no evoluciona de la mejor manera para Cambiemos.

17-02-2019 / 08:02
El miércoles por la tarde, el presidente Mauricio Macri sostuvo que la inflación estaba bajando y que comenzaba el tiempo de volver a crecer en la Argentina. Un día después, el Indec -o sea, la realidad- lo desmintió: la inflación está subiendo y, dentro de ella, lo que más sube es el precio de los alimentos.
 
No se trató de un episodio aislado. Pocos días antes de asumir, el Presidente anunció que eliminaría los controles de cambios y que eso no tendría efectos sobre los precios porque "ya están al nivel del dólar a 15": la respuesta de la realidad fue tremenda.
 
En aquellos días felices, el Gobierno pronosticó también que la inflación sería de 24 puntos en 2016 y de un dígito este año: la realidad volvió a responder con violencia.
 
En esa seguidilla de derrotas se puede percibir un problema histórico del país -su dificultad para vencer la inflación- y otro del presidente -su limitación para entender los motivos de su propio fracaso, la persistencia en el error, su rigidez extrema.
 
En unos años, este problema podría ser motivo de un interesante debate teórico titulado "¿por qué la Argentina fracasó nuevamente?". Pero en estos días, se trata de un asunto serio, en parte porque, al menos hasta hoy, Mauricio Macri sigue siendo, por leve margen, el favorito para gobernar la Argentina en el período que viene.
 
En el Gobierno, algunas personas repiten como un mantra que los primeros mandatos de Macri -en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires- fueron muy turbulentos y los segundos compensaron con resultados sorprendentes.
 
Si no aplica nuevos enfoques, ese eventual segundo mandato puede ser aun más accidentado que el primero. Pero además, si llega a perder las elecciones, los fracasos de Macri encierran lecciones para quien lo suceda.
 
Quien recorra brevemente hacia atrás la lucha del Presidente contra la inflación, deberá rendirse ante cierta perplejidad. En el principio, el Presidente anunció que la liberación del cepo no produciría un aumento precios.
 
¿De dónde salió semejante idea, en un país donde la relación entre la suba del dólar y la de los precios es un clásico, una constante, una patología? Gran parte del mundo económico -Espert, la UIA, Ferreres, Melconian- le advirtió que estaba equivocado. Era una obviedad. Él decidió apretar el botón.
 
Luego, pronosticó que la tasa de inflación del primer año sería del 24 por ciento. Otro contrasentido. Ese había sido el aumento de precios del 2015. Y el Gobierno le echaría nafta con un aumento fuerte de tarifas y una bruta devaluación. ¿Por qué razón la inflación no iba a aumentar si se tomaban medidas que, para cualquier principiante, tendrían ese efecto? 

16-02-2019 / 09:02
A continuación, las palabras del excelentísimo señor presidente de la Nación, don Mauricio Macri: "Tras el golpe duro del año pasado, ya está bajando la inflación". El hombre habla porque es gratis. El miércoles, un día antes de que el Indec anunciara que la inflación de enero fue casi del ¡¡¡treees por ciento!!! (2,9), Macri largó suelto de cuerpo que el flagelo va en descenso.
 
No hay salario que aguante y el mayor responsable se hace el oso. Las cifras de la economía parecen un campo de batalla con la industria que funciona al 56 por ciento de su capacidad, con 750 Pymes y 2550 comercios que cierran por mes.
 
Un escenario dramático que los medios del oficialismo tratan de ocultar como pueden aunque esas cifras destrozan la economía familiar, aumentan el desempleo, la pobreza y la marginalidad. "Estamos mejor que en el 2015", repitió con desparpajo en esa entrevista a una radio de San Luis.
 
La clase media que ha sido el principal argumento del triunfo electoral del macrismo es fuertemente agredida por este bombardeo persistente sobre su calidad de vida. Una clase media que se dispone a votar en este año con la cabeza repartida entre la tragedia concreta de la economía y el imaginario casi infantil que le propone el discurso macrista contra viento y marea.
 
Las encuestas pivotean sobre esa disputa sorprendente entre el imaginario emotivo y la inteligencia y muestran todavía que una parte significativa de esa misma clase media se resiste a abandonar los sueños incumplidos. Es la puja fascinante entre la carga subjetiva que la pinta rubia y de ojos celestes y una economía que la está mandando al tacho.
 
En el plano de la política pareciera que la mayoría apuesta a los efectos destructivos de la economía macrista por sobre lo subjetivo. Así, los aliados del oficialismo se alejan cada vez más o se muestran más reacios. Y los aliados más débiles, aprovechan para comer de las sobras.
 
El radicalismo, que le ha dado territorialidad a la alianza de gobierno empieza a sacudirse la subordinación que mantuvo con el PRO y está logrando imponer sus candidatos a gobernador. Al mismo tiempo desdobló las elecciones en sus distritos para no ser arrastrado por la presumible caída de la imagen de Macri.
 
El protagonismo que adquirió el radicalismo, tras ser el amigo sumiso del gobierno, ahora lo lleva a insistir con una interna con Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta en la CABA, al mismo tiempo que interviene a la regional Santa Fe porque no quiso separarse de los socialistas. Son movimientos en los que apuestan al debilitamiento de Macri como candidato, pero no para confrontarlo, sino para disputar espacio en la interna oficialista.
 
La base radical conservadora, que ha sido fiel a la alianza con el macrismo, es la que expresa con más claridad esa dualidad entre el imaginario y la economía, o entre la subjetividad y la razón. La cúpula partidaria oscila en esa dicotomía esquizofrénica y la representa en la política con el riesgo de convertirse ante la historia en responsable de los desatinos del PRO.

15-02-2019 / 11:02
El presidente Mauricio Macri volvió a ser cacheteado por el INDEC. Luego de asegurar -otra vez- que "la inflación está bajando", contra todos los pronósticos del Gobierno la inflación en lugar de caer volvió a acelerarse.
 
El Indec reconoció una suba del 2,9%, muy por encima del 2,6% de diciembre. Si se toman los últimos doce meses, llega a 49,3%, la más alta desde enero de 1992. Los alimentos empujaron la escalada. En la Ciudad de Buenos Aires, la suba de los precios minoristas fue de 3,8 por ciento en enero.
 
La inflación de enero fue impulsada por alimentos y bebidas, servicios públicos, comunicación y turismo. En alimentos y bebidas, que compone el centro de la canasta básica, el aumento de los precios en los últimos doce meses es del 53%, lo cual explica el fuerte aumento de los indicadores de pobreza e indigencia en la última parte del año pasado.
 
La inercia inflacionaria de 2018, junto a los aumentos de costos derivados de la devaluación que todavía no se trasladaron a los precios minoristas y la catarata de aumentos de servicios públicos determinan que la expectativa de inflación para este año no baje del 30%.
 
La inflación de 2,9% en enero es sorprendente en una economía en donde el consumo interno está muy debilitado y el dólar no registró mucha movilidad en el marco de un profundo ajuste fiscal y monetario. Sin embargo, la suba del dólar de 120% el año pasado junto a los grandes tarifazos sobre una economía cuyos precios se movía al 25 % anual antes de la crisis cambiaria multiplicó la inercia inflacionaria.
 
Esto quiere decir que los actores económicos incorporaron la indexación de los precios con números cada vez más grandes. Además, todavía existe una brecha de 20 puntos entre la suba que registran los precios mayoristas y el incremento de los minoristas.
 
El dato del 49,3% es horrible porque pone en tela de juicio el sentido del enorme sacrificio que Macri le pide a la sociedad, con el único objetivo visible de equilibrar el déficit para bajar la inflación. Sería difícil esperar que febrero muestre un incremento de precios menor al de enero. Este mes empezaron a regir nuevos aumentos en el transporte, la luz, las prepagas y la garrafa social. También se preparan nuevos aumentos en el gas (de 35 %).
 
Aunque los medios afines al gobierno se empeñan en pronosticar para el año una inflación por debajo de 30 %, las decisiones oficiales le meten fuerte presión a los precios. Según transcendidos periodísticos, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne le advirtió a Macri que no va a bajar hasta mayo pero, ¿si tampoco baja en mayo?
 
La Opinión Popular

14-02-2019 / 10:02
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