La Opinión Popular
                  10:44  |  Lunes 18 de Junio de 2013  |  Entre Ríos
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Lo dijo el doctor René Favaloro hace 20 años: “Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar”.
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Nacionales - 13-06-2018 / 08:06

El peligroso doble juego de Macri sobre el aborto

El peligroso doble juego de Macri sobre el aborto
Van a decidir es si una mujer embarazada que no fue violada y cuya salud no está en peligro, puede decidir abortar sin que esto la convierta en una criminal ya que 45 mil mujeres por año son atendidas en hospitales porque son obligadas a someterse a abortos clandestinos.
¿Macri es el presidente liberal y democrático que decidió habilitar la discusión legislativa sobre la despenalización del aborto cuando otros líderes políticos no se atrevieron?
 
¿O es el líder de un partido cuyos diputados votarán por inmensa mayoría, como en ningún otro bloque, para que se cumpla la voluntad de la iglesia? ¿Es sensato para un líder generar una expectativa que luego se frustra por voluntad de los legisladores propios?
 
Cambiemos, como se sabe, se nutre de distintas corrientes históricas. Una de ellas es claramente conservadora y proclerical, y se expresa en dirigentes que acompañan a Macri desde su desembarco en la política.
 
Los principales exponentes de ese pensamiento son la vicepresidente Gabriela Michetti, el presidente del bloque del Pro en el Senado Federico Pinedo, el de Diputados Nicolas Massot y el ex ministro de Educación, Esteban Bullrich.
 
A ellos se ha sumado, en los últimos tiempos, la titular de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, con un discurso donde no se reconoce la dirigente democrática y liberal que fue en sus comienzos.
 
Una vez más, como muchas otras, el Presidente aparece atrapado entre lo que es, lo que quiere ser, lo que le demanda la sociedad, lo que fue. Será interesante ver qué salida la encuentra a ese laberinto donde todas las opciones tienen un costo, aunque una de ellas lo pagan las 45 mil mujeres por año que, según el ministro de Salud, son atendidas en hospitales porque son obligadas a someterse a abortos clandestinos.

 
El desenlace de la votación sobre la despenalización del aborto está destinado aportar nuevos elementos en un debate que es permanente en cualquier país democrático. Ese debate trata sobre la verdadera naturaleza de su Presidente.
 
Los líderes políticos suelen ser personalidades complejas, y eso tal vez es uno de los condimentos que los transforma en quienes son, porque ese rasgo les permite dirigirse a públicos diversos.
 
Si el aborto es aprobado, por más que Macri no lo haya apoyado públicamente, nadie podrá quitarle el mérito por el coraje de haber abierto el debate sobre un tema tan controversial.
 
En cambio, si el aborto es rechazado, especialmente en la Cámara Baja y por la actitud mayoritaria del oficialismo, la actitud del Presidente podría ser mirada desde una perspectiva distinta.
 
Desde que regresó la democracia, cada uno de los presidentes importantes incorporó algún elemento relevante en términos de ampliación de derechos.
 
Raúl Alfonsín, por ejemplo, impulsó el juicio a los ex comandantes y la aprobación de la ley de divorcio vincular. Carlos Menem dinamitó para siempre el rol de los militares como amenaza a la democracia -algo que había marcado la historia del país desde su nacimiento- y eliminó el servicio militar obligatorio.
 
El matrimonio Kirchner dio nuevo impulso a los juicios a los militares y aprobó la ley de matrimonio igualitario. Así las cosas, un país donde, en 1983, los habitantes no podían divorciarse cuando dejaban de amarse se transformó en otro donde pueden casarse entre sí las personas del mismo sexo.
 
En sus treinta meses de Gobierno, Mauricio Macri no realizó ningún aporte significativo en este derrotero, hasta que en febrero de este año anunció que había decidido abrir el debate legislativo sobre la despenalización del aborto. Ese gesto gratificó a muchos de sus simpatizantes, los que pertenecen al sector más liberal y democrático de la fuerza gobernante, que no son pocos.
 
Cambiemos, como se sabe, se nutre de distintas corrientes históricas. Una de ellas es claramente conservadora y proclerical, y se expresa en dirigentes que acompañan a Macri desde su desembarco en la política.
 
Los principales exponentes de ese pensamiento son la vicepresidente Gabriela Michetti, el presidente del bloque del Pro en el Senado Federico Pinedo, el de Diputados Nicolas Massot y el ex ministro de Educación, Esteban Bullrich.
 
A ellos se ha sumado, en los últimos tiempos, la titular de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, con un discurso donde no se reconoce la dirigente democrática y liberal que fue en sus comienzos.
 
Si Macri se hubiera congelado a sí mismo en las ideas de esos dirigentes jamás hubiera llegado al poder. Como todo político triunfador, ha sido un hombre que supo cambiar. El ejemplo más ilustrativo de eso fue su posición frente al matrimonio igualitario.
 
-La homosexualidad es una enfermedad, no es una persona ciento por ciento sana -había dicho Macri en 1997 en una entrevista publicada por el diario Página/12.
 
En noviembre de 2009, una jueza porteña había decidido habilitar que una pareja gay se casara. El cardenal Jorge Bergoglio presionaba por entonces a Macri para que apelara esa decisión. Pero este decidió grabar un mensaje que decía:
 
"Tuve un debate interno, sopesando mi formación y mi historia con mi búsqueda de las mejores costumbres y las mejores libertades para la sociedad . Y siento que es un paso importante, porque hay que aprender a vivir en libertad, sin vulnerar los derechos de los otros. El mundo va en esta dirección, así que estoy contento. Y espero que sean felices".
 
Ese tipo de actitudes le sumó a Macri un sector social nuevo, de tradición liberal y alfonsinista, que lo fue adoptando a medida que realizaba obras públicas en barrios populares, confrontaba con el Papa y con el kirchnerismo a la vez, y mantenía los niveles de gasto social de los períodos anteriores. Ese sector aplaudió la decisión de febrero.
 
El problema, ahora, es que el aborto puede ser rechazado en la Cámara de Diputados, y si uno mira con frialdad quiénes votan una cosa y quiénes la otra, lo que se ve es que en ningún otro bloque la posición pro clerical es tan mayoritaria como en Cambiemos. La relación de fuerzas en contra de la despenalización es casi de 2 contra 1 en ese bloque. Ningún espacio aporta tantos votos en el sentido que pide la iglesia como el oficialismo. Dentro del Pro, ha habido diputados que militaron con mucha valentía a favor del proyecto de despenalización. Pero Silvia Lospenato y Daniel Lipovetsky están a punto de ser derrotados por Carrió, Massot y Michetti.
 
El comportamiento de Macri es poco usual. En todos los avances que se produjeron anteriormente, los presidentes jugaron un rol decisivo. Alfonsín impulsó activamente el divorcio, Menem la eliminación del servicio militar y los Kirchner el matrimonio igualitario. ¿Y Macri? ¿Su rol consiste apenas en decir que está a favor de la vida? Sus partidarios sostienen que es un gesto democrático que contrasta con el verticalismo kirchnerista. Es una visión poco memoriosa. Durante el debate sobre el matrimonio igualitario también hubo libertad de acción para los legisladores. Eso no quiere decir que el Ejecutivo haya sido neutral.
 
Así las cosas, si Diputados archiva el proyecto habrá dos miradas sobre Macri. Unos dirán que cumplió el rol histórico de abrir un debate. Otros destacarán que es el jefe de un partido cuyos diputados votaron en contra de que Argentina se ponga al nivel de las democracias más estables y desarrolladas del mundo. Dentro de la corriente liberal que nutre a Cambiemos, algunos quedarán conformes y otros dañados. ¿Será un buen momento para abrir un nuevo flanco, para permitir que la base más conservadora de Cambiemos se muestre tan dominante, para desanimar votantes en duda o a personalidades tan cercanas como las que se han expresado en estos días a favor de la despenalización y en contra del aborto clandestino? Adolfo Rubinstein es el médico que Macri eligió para proteger la vida de los argentinos. ¿No sería coherente que lo escuche más que a Michetti y Carrió, que no fueron designadas en ese área?
 
Encima, el bloque del Frente para la Victoria será el que más votos aporte para la despenalización. Hasta la madrugada de mañana jueves, Macri será el presidente que reabrió el debate cerrado por Cristina. Desde entonces, dependiendo del resultado de la votación, las cosas habrán cambiado.
 
Una vez más, como muchas otras, el Presidente aparece atrapado entre lo que es, lo que quiere ser, lo que le demanda la sociedad, lo que fue. Será interesante ver qué salida la encuentra a ese laberinto donde todas las opciones tienen un costo, aunque una de ellas lo pagan las 45 mil mujeres por año que, según el ministro de Salud, son atendidas en hospitales porque son obligadas a someterse a abortos clandestinos.
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 

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18-06-2018 / 10:06
Con una pésima gestión del mercado cambiario y sin dólares suficiente en las reservas, el sendero para el tipo de cambio es ascendente. El gobierno de Mauricio Macri no puede frenar la corrida, simplemente porque no hay suficientes dólares disponibles para atender la demanda y se sometió a los dictados del FMI.
 
"Que baje el dólar, la puta que te parió". El cántico, unánime, partió de entre la multitud de argentinos que este fin de semana caminaron por las calles rusas, convocados por la fiebre mundialista para ver a Lionel Messi y equipo. Condenarlo como un insulto o reducirlo a una picardía sería subestimar el poder de la alerta, de esas palabras que dicen mucho más de lo que gritan.
 
Lo que hay, lo que se percibe, es un hartazgo que ni los miles de kilómetros que nos separan de Rusia, ni la euforia mundialista por el debut argentino han podido mitigar. El desastre económico, esta vez, hace mella en la Argentina, sin distinción de capas sociales, castigando ya no solo a los vulnerables de siempre, sino también a las clases medias y medias altas.
 
Precisamente, son estas las que ahora dirigen sus gritos al presidente Macri, clamando por algo más que un dólar estable. Piden lo que todavía no existe: un programa económico razonable y sustentable. Un esquema, algo que vaya más allá del simple cambio de ministros como se pueden cambiar los fusibles de un hogar.
 
Pero la paciencia de la clase media que votó a este Gobierno de los Ricos, por momentos mezquina o adormecida, tiene sus límites y por fin parece advertir que le ha llegado su hora, que el acuerdo neocolonial alcanzado con el FMI es, menos que un rescate, un salvavidas de plomo, no solo para el sector público, o los castigados salarios de los obreros o las jubilaciones de miseria, sino también un ajuste que la incluye.
 
El acuerdo neocolonial con el FMI definirá, para mal, el futuro de la Argentina, afectará a vastos sectores de la sociedad y sobre el que, no obstante, el Presidente no ha abierto la boca para dar una explicación de lo acordado. Hacerlo, implicaría exponer la crudeza de una realidad y unas metas brutales de ajuste, alejadas de las promesas que hizo a sus votantes.
 
Macri se cuida de evitar el sincericidio, pero quienes lo eligieron ya sienten la traición, con un malestar hondo, que viaja kilómetros. Él hace como si no los escuchara, se empecina en su rumbo sin plan y reduce todo a un juego de ajedrez, cambiando figuritas en el mismo álbum.
 
En el tema del dólar, el acuerdo neocolonial Macri-FMI es claro, planea absorber las presiones externas a través de un tipo de cambio flexible y ventas de divisas muy limitadas. O sea, dejar que se devalué la moneda todo lo que el mercado estime o especule, sin mencionar que no habrá botes salvavidas para todos.
 
La Opinión Popular

17-06-2018 / 16:06
Por una mínima diferencia -mínima pero decisiva- la despenalización del aborto fue aprobada en la Cámara de Diputados. Hay indicios para pensar que también podría ser aprobaba en Senadores. Si el señor Pichetto declaró que esto puede ser posible, es porque sabe de lo que está hablando.
 
De todos modos, la batalla por la despenalización del aborto está ganada. La ganó la sociedad, la ganaron las mujeres, la ganó la historia. En todos los países civilizados del mundo se comparte este criterio. Se discuten matices, detalles, pero en lo fundamental el acuerdo acerca del derecho de la mujer a interrumpir su embarazo es fuerte.
 
Agrego algo más: el derecho a interrumpir su embarazo sin que por ello vaya presa. Porque ése es el "detalle" decisivo, lo que a modo de síntesis diría que se debatió hasta la mañana del jueves en Diputados. Esa fue la pregunta que debía responder cada diputado a la hora de intervenir: ¿Va o no va presa? Lo demás se conversa.
 
En realidad, lo que se decidió fue legalizar aquello que de manera sórdida, oscura, culposa, se realizaba en la sociedad con sus consecuencias: muertes, mutilaciones, heridas irreparables. Les guste o no a los objetores, las mujeres abortan y seguirán abortando cuando lo consideren necesario, pero con un detalle: hasta la semana pasada la prohibición transformaba a esta decisión en un delito y habilitaba por bajo cuerda la industria millonaria de los médicos aborteros. Ahora empezará de dejar de ser así.
 
Por supuesto, acá también se establecían diferencias. Las mujeres con recursos podían disponer de algunas garantías; las pobres mujeres padecían las consecuencias de su pobreza. 

17-06-2018 / 11:06
"Hemos acordado un stand by de acceso privado por 50 mil millones de dólares. Esto es un reflejo del apoyo de la comunidad internacional al país", publicaron los diarios el 7 de junio. Antes de eso, el Gobierno no había dado pistas sobre tal acuerdo.
 
Ni los partidos aliados en Cambiemos conocían lo mínimo como para responder sin trastabillar las preguntas del periodismo. El acontecimiento que definirá los próximos años no fue discutido.
 
Un buen político sabe que es peligroso liberar fuerzas que no se está en condiciones de dirigir. En general, Macri no lo hace, por eso hasta hoy no ha puesto en debate público lo que ha firmado con el FMI. Hubo que esperar a la mañana del último viernes para una deslucida exposición y conferencia de prensa del ministro Dujovne, que agregó algunas precisiones.
 
Primero se firmó el acuerdo con el FMI. Luego, a las cansadas, el Gobierno se refirió a sus imposiciones, sus límites y sus consecuencias. Hay palabras que los argentinos preferimos no volver a usar. Pero el pacto fue un blindaje y significa un severo ajuste, esa dupla semántica y económica que nos marcó en los comienzos de este siglo.
 
Como si se tratara de una obra jugada en otro teatro, el pacto con el FMI fue todo lo contrario a los apasionados debates por el aborto de las últimas semanas. Precisamente, el acuerdo firmado con el FMI es un ejemplo de opacidad extrema, no porque el periodismo no acerque los datos de las obligaciones contraídas, sino porque esas mismas obligaciones son complicadas y solo el discurso político democrático puede restaurar un nivel aceptable de inteligibilidad.
 
Macri firmó primero y todavía no abrió la boca ni siquiera frente a sus aliados políticos, mucho menos frente a sus opositores. Reclama un acuerdo en un páramo discursivo. En este caso, la falla política no afecta solo a los excluidos sino a vastos sectores sociales más organizados y, probablemente, mejor preparados para comprender de qué se trata y, en consecuencia, para apoyar u oponerse razonadamente.
 
Todo el mundo está preocupado por alcanzar acuerdos. Pero preocupa otra cosa: cómo se llega a ellos y cómo se los garantiza. Por eso, los acuerdos antes de firmarse deben ser públicos y debatidos. Lo que Macri y su ministro Dujovne hicieron respecto del FMI fue ciertamente lo contrario. Una falla en lo político que no asegura un buen futuro. 

17-06-2018 / 10:06
A pesar de que Mauricio Macri se vanagloriaba de contar con "el mejor equipo económico de los últimos 50 años", ya cambió de ministro de Hacienda y presidente del Banco Central y completó los relevos sacando a los ministros de Producción y de Energía, la cara visible del tarifazo.
 
En medio de la disparada del dólar y la salida del presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, Macri decidió reemplazar a los ministros de Energía, Juan José Aranguren y de Producción, Francisco Cabrera. Mediante un comunicado, la Casa Rosada anunció que sus reemplazantes serán el petrolero Javier Iguacel y el analista Dante Sica, respectivamente.
 
Estos cambios de gabinete no hacen más que confirmar el fracaso total de la política económica de Macri. Este tipo de cambios de nombre por nombre o a modo de manotazo de ahogado, pero que hacia afuera lo quieren mostrar como cambios profundos, no van a servir si la economía no es mirada de otra manera y con distintos ojos.
 
Macri está haciendo un cambio de nombres para sacarse de encima a los ministros más desgastados y seguir reforzando el plan de ajuste del FMI. Pero el problema no es el cambio de nombres, sino el cambio del proyecto económico neoliberal.
 
Sica no va a empezar una política de aliento a las exportaciones, de freno a las importaciones o de aliento a la industria y a la producción nacional. Tampoco se van a retrotraer las tarifas que tanto descontento social han generado. No habrá ningún cambio en el rumbo económico de este gobierno.
 
Como se vienen llevando las políticas de este Gobierno de los Ricos, será imposible y no va ser viable esta economía que lleva a la ruptura más profunda de las clases sociales, con miles de argentinos que día a día caen en la línea de la pobreza y con la clase media tambaleando.
 
Con un país que no tiene un mercado interno robusto, sin pymes protegidas por el gobierno de los CEOs, pretendiendo bajar los salarios y jubilaciones, cosas que ya ocurrió con la abrupta devaluación y la suba del dólar que en breve podría llegar a los 30 pesos y sin control de precios; cuando la cadena de pagos se rompe o cuando termina siendo más productivo dejar de invertir y poner el dinero en la timba financiera como lo son las Lebac, estamos por muy mal camino.
 
Mientras esta crisis parece no tener fin, será preciso enfrentar sus consecuencias. Si con el mejor equipo de los últimos 50 años nos fue tan mal, y terminamos en la B: el FMI, no queremos imaginar cómo nos va a ir ahora que entran los suplentes.
 
La Opinión Popular

16-06-2018 / 16:06
La única discusión es sobre los tiempos y la profundidad, el sentido está descontado: Mauricio Macri aceptó que tiene que hacer una drástica reducción de su gabinete para recuperar la confianza de un mercado que ni pestañeó ante la designación del súper trader Luis "Toto" Caputo en el Banco Central.
 
Las versiones hablan de una reducción de los actuales 20 ministerios a una cifra que va de siete a trece. Medio Ambiente, Modernización y Cultura pasarían a secretarías dependientes de la Presidencia, como fueron tradicionalmente. Y Energía y Producción serían degradadas a ese mismo nivel, sólo que para ubicarse debajo de Nicolás Dujovne, en la construcción por cuotas y a regañadientes que ensaya Macri, de un ministro de Economía tradicional.
 
Mucho más sensible, pero acaso igual de impactante, sería eliminar los ministerios de Salud y Educación y reemplazarlos por algún tipo de organismo de enlace con las provincias, que en rigor asumen toda la carga de la gestión en esas áreas. Son todas versiones que corren por estas horas, al igual que el eventual regreso de una cartera de Obras Públicas tradicional.
 
Lo que nadie discute es que el mercado pidió y pide un ajuste severo de un gabinete diseñado con criterios escandinavos, para un país inmenso e indomable como la Argentina. Llama también la atención el notable perfil bajo que transita Marcos Peña. "Está bastante corrido", afirmó una fuente que conoce muy de adentro el funcionamiento del macrismo.
 
Un deslizamiento que coincide con el protagonismo cada vez mayor de Nicolás "Nicky" Caputo, uno de los que más empuja el cambio profundo del gabinete.

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