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                  10:43  |  Lunes 18 de Junio de 2013  |  Entre Ríos
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Lo dijo el doctor René Favaloro hace 20 años: “Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar”.
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Entre Ríos - 12-06-2018 / 09:06
PANORAMA POLÍTICO PROVINCIAL

Bordet, en medio del ajuste que Macri le quiere imponer a las provincias

Bordet, en medio del ajuste que Macri le quiere imponer a las provincias
Hace 2 meses la reelección de Macri para muchos era un trámite. Hoy nadie la puede asegurar. Y en la contracción que imponen las necesidades de la Casa Rosada, es difícil imaginar a Cambiemos disputándole el poder provincial al PJ. La definición del candidato opositor en 2019, para enfrentar a Bordet, coincidirá con la discusión del nuevo esquema fiscal, que será el reparto del ajuste con las provincias.
El presidente Mauricio Macri y la alianza Cambiemos se concentran en intentar convencer a los argentinos de que los 50 mil millones de dólares del FMI echarán luz sobre la oscuridad creciente que cubre la economía. El resplandor financiero que baja desde Washington es muy poderoso, pero luego de iluminar a la Casa Rosada, sobre las provincias sólo proyecta las sombras del ajuste fiscal y el freno a la actividad económica en el interior federal que traerá consigo.
 
En Casa Rosada, piensan que hará falta un nuevo pacto con las provincias para hacerle lugar al ajuste que exige el FMI (no se trata sólo del reparto de menos recursos, sino de discutir la responsabilidad de cada jurisdicción sobre servicios y prestaciones).
 
Macri necesita del acompañamiento de mandatarios que antes fueron pragmáticos y que ahora parece que se pintaron la cara para el combate. Podría ser un exceso de confianza en medio de la convulsión social y la capacidad de daño que empieza a mostrar la oposición, que abroquelada en el Congreso parece dispuesta a darle varios dolores de cabeza a la alianza gobernante.
 
El deseo del gobernador Gustavo Bordet, de tener la mente puesta en el día a día de la Provincia, se ve alterado constantemente por la marcha de la crisis económica nacional y sus repercusiones locales. Aunque hay que tener en cuenta que, en estos tiempos, la relación con la Nación es indispensable para pensar en la ejecución de la gestión provincial.
 
Las exigencias del Fondo Monetario, en materia de ajuste, llevan a Macri a mirar hacia las provincias. De todos modos, nada es novedoso para Bordet cuando lo que se plantea es ver qué tipo de achique se puede hacer, ya que tiene como carta de presentación el acomodamiento de las cuentas provinciales que debió realizar tras asumir y recibir el mando de manos de Sergio Urribarri.
 
Pese a todo, lo que no deja de preocupar es saber hasta qué punto el recorte terminará afectando los tiempos de ejecución de las obras públicas en Entre Ríos, tan necesarias para quienes gobiernan cuando llegan los tiempos electorales.
 
El peronismo territorial, que venía articulándose con las gestiones de los gobernadores del PJ y los oficios del senador Ángel Pichetto, enfrenta el desafío de permanecer unido en el momento del ajuste a las provincias. El Presupuesto 2019 será "la madre de todas las batallas". Y el Congreso será infranqueable sin el apoyo de los gobernadores del PJ.
 
Para conseguir algo que le permita al macrismo ganar las elecciones en 2019 necesita del aval de los gobernadores opositores. Esto podría haber sido una realidad si al gobierno de Macri le iba más o menos bien, como para instalar la idea de que no hay otra alternativa política en 2019. La fuerte caída en las encuestas tras la crisis cambiaria, el achicamiento del salario real frente a la inflación y el aumento de tarifas pone en escena otra realidad.
 
La Opinión Popular

 Bordet, en medio del ajuste que Macri le quiere imponer a las provincias

Brutal ajuste a los sectores populares
 
El país se encuentra inmerso en la profundización de un proceso de ajuste contra el pueblo, como los que hemos sufrido en distintas ocasiones de nuestra historia. En cada crisis nacional de envergadura, las ganancias de los grandes empresarios y especuladores financieros, las quieren hacer pagar a los trabajadores, jubilados y vastos sectores de las clases medias.
 
Desbordado por una sangría externa de dólares imparable (fuga de capitales, déficit en las balanzas comercial y de turismo, intereses de la deuda), que en los primeros dos años había compensado con endeudamiento creciente, el gobierno de Mauricio Macri se encontró, al tercer año, con que había perdido la rueda de auxilio de los préstamos externos.
 
Fallaron en todo, fueron a pedir una reforma laboral a los sindicatos y no consiguieron nada, intentaron con el campo y les advirtieron que ni se les ocurra, quisieron postergar el aumento de las naftas y terminaron aumentando tres veces más... Cuando no vinieron las lluvias de inversiones, los brotes verdes y cuestiones por el estilo, "el mejor equipo de los últimos 50 años" tuvo que recurrir a la gastada fórmula del crédito stand by con el FMI.
 
Después de dos años de gestión sin los resultados anunciados por ellos mismos (nadie puede alegar su propia torpeza, decían los romanos), con una inflación indomable, sin el crecimiento esperado, con una tercera parte de la población en la pobreza, la salida fue tomar una deuda de u$s 50.000 millones, que dejaría al país como el principal deudor mundial del Fondo. Claro que, nada es gratis, la meta de reducción del déficit fiscal es ambiciosa, que es lo mismo que decir que el ajuste será brutal.
 
Los economistas neoliberales y las corporaciones mediáticas (Clarín, La Nación e Infobae, por ejemplo) intentan convencer a la población de la inevitabilidad del ajuste con el cuento de que la Argentina es en realidad un país pobre que gasta más riqueza de la que genera. Lo que no dicen es que hay alrededor de u$d 500.000 millones, de los ricos de este país, fugados al exterior.
 
El costo político puede ser grande, pero las anteojeras ideológicas del Gobierno no le permiten reconocer otra opción. Ajuste será la palabra clave de los meses que vienen, lo que amenaza con profundizar la etapa de protestas sociales impulsadas por sectores del peronismo, la CGT, la izquierda y las organizaciones sociales, que ven en Macri al enemigo que busca bajar salarios y quitar derechos, para permitirles mayores ganancias a los grandes empresarios.
 
En un país cuyo PBI depende en un 70% del consumo, el monetarismo macrista para achicar el déficit y bajar la inflación abruptamente afectará el consumo popular y, por lo tanto, el crecimiento económico.
 
¿Se utilizarán los millones del Fondo para emprender un plan económico productivo? No. ¿Para atacar la especulación financiera, frenar la fuga de dólares y promover el ingreso genuino de divisas? No. ¿Se hará algo para enfrentar los problemas que el acuerdo alcanzado con el FMI generará en la gente de a pie? No.
 
El PJ, desde los ultra K hasta los gobernadores peronistas, con la fuerte presencia movilizadora de la CGT, parece empezar a convencerse de que, unido, tiene chances de recuperar el poder en 2019. Esa sospecha puede terminar uniendo el agua y el aceite en un partido que históricamente supo acomodarse con tal de acceder al poder.
 
Con el nuevo recorte de gastos anunciado por el ministro Nicolás Dujovne, más el congelamiento de vacantes en el Estado y el fuerte ajuste a aplicarse para lograr el auxilio del FMI, es esperable que el escenario de tensión social en el país no haga más que complicarse.
 
El riesgo, para el Gobierno de los CEOs, es que distintos sectores apuesten a la radicalización y eso extreme la bronca ya vista cuando el Congreso trató la reforma previsional a fines de 2017. Casi desde que asumió, a Macri le vienen augurando un mal final de su mandato y esa lógica puede agudizarse a partir del fuerte ajuste que se viene.
 
Aún no trascendieron demasiados detalles de las "condiciones" que impondrá el FMI para liberar unos 15.000 millones de dólares del préstamo, pero sus recetas recesivas son archiconocidas y cumplirlas implicará altos costos sociales.
 
 Bordet, en medio del ajuste que Macri le quiere imponer a las provincias

El cuento del FMI "bueno" inventado por la CEOcracia macrista
 
La alianza Cambiemos propone el retorno a "un nuevo FMI" que sería más bueno. La idea es ridícula, no solo por la actuación del organismo a escala internacional. Las consecuencias y los condicionamientos del polémico acuerdo Macri-FMI ya se empezaron a sentir en el país con más devaluación, más inflación y un poder adquisitivo que pierde cada vez más fuerza, cuando el último viernes el dólar retomó la flotación libre y volvió a dispararse.
 
Lo que sigue, también podemos anticiparlo: achicamiento del gasto recortando la obra pública, enfriando la economía, ejecutando despidos masivos en el Estado, pero también en el sector privado, donde las pymes no van a resistir los avatares de una coyuntura que incluye tasas altísimas, aumento en todos los costos y favorece la apertura importadora, asfixiando más el mercado interno y la producción nacional.
 
Recortar el gasto también implicará una "revisión" en las jubilaciones, ya castigadas con la reforma previsional aprobada por el Congreso el año pasado. Habrá, también, subas impositivas para los sectores asalariados y tarifas más altas.
 
No habrá ninguna medida que permita estimular exportaciones, sustituir importaciones ni desestimular las entradas y salidas especulativas de capitales golondrinas. Y se les pedirá a los gobernadores que ajusten en sus provincias.
 
 
Gobierno para los Ricos
 
Desde que asumió Macri, lo que hizo fue transferir recursos que iban al financiamiento del Estado hacia los grandes empresarios, con la quita y/o baja de retenciones a los sectores agrarios y de la minería y con la baja de contribuciones patronales y en el impuesto a las ganancias que pagan las empresas. Un verdadero gobierno para los ricos.
 
Las metas están establecidas. Sabemos quiénes pagarán el costo del ajuste. El mayor problema será la dependencia hacia el FMI y contener el conflicto social. Lo central del acuerdo no es lo fiscal, sino que el mismo es un arma de dominación política para configurar una Argentina neoliberal y dependiente más allá de 2019, aunque triunfe la oposición. Un acuerdo neocolonial, injusto y antidemocrático.
 
 
¿Los gobernadores del PJ respaldarán el recorte a sus propias finanzas?
 
¿Dónde se harán los otros recortes? El macrismo muestra la intención de quién deberá pagar el costo del ajuste prometido al FMI. Así, repartieron el esfuerzo en los otros, y poco a nivel del gobierno nacional. La Casa Rosada derivará gran parte del ajuste a las provincias y a los bolsillos de las familias trabajadoras y de jubilados.
 
Y requerirá de la inversión del sector privado para financiar obras nacionales con los proyectos públicos-privados (PPP), que comenzarán a implementarse desde el año que viene, así mantendrán viva la actividad (con financiamiento privado). Además, el Gobierno propone que sean las provincias las que encaren los planes de obras en sus distritos. La pregunta es ¿con qué recursos?
 
El mayor recorte que harán en el Poder Ejecutivo será sobre los empleados públicos, con la reducción de más de 30.000 puestos de trabajo, sobre una plantilla de 740.000 empleados estatales. Además, pasajes de avión, autos, choferes y negocios contratando consultorías.
 
Las provincias van a tener que renunciar a recibir $133.400 millones en dos años, justo en uno electoral (2019). Alcanzar este "renunciamiento" de fondos será una batalla política enorme para la Casa Rosada, que viene de una derrota aplastante, tal como fue el proyecto para retrotraer los aumentos de las tarifas, que obligó al veto presidencial.
 
Estos números implican una merma de 74% de las transferencias a las provincias, no sobre la coparticipación, sino sobre el dinero adicional que todos los gobernadores necesitan para pagar salario, obras públicas, subsidios, déficit de cajas previsionales locales y otros gastos que, en años electorales, se multiplican. Esta quita afectará a la provincia de Entre Ríos en el 5,4% del total de los ingresos.
 
En el corazón de la negociación estará el presupuesto del año que viene y los gobernadores dan por descontado que una de las principales vías de recorte será la obra pública, un insumo vital para encarar un año electoral. Buena parte de los mandatarios del PJ buscarán su reelección el año que viene. La lista incluye a Juan Schiaretti (Córdoba), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Sergio Uñac (San Juan), Sergio Casas (La Rioja), Lucía Corpacci (Catamarca) y Rosana Bertone (Tierra del Fuego).
 
¿Van a votar Senadores y Diputados esos recortes en los Presupuestos 2019, 2020 y 2021? Porque no se trata sólo del Presupuesto del próximo ejercicio, sino de los otros dos siguientes, momentos en que nadie, a ciencia cierta, podrá decir cuál será el balance de fuerzas políticas en esos años. Será un desafío muy difícil, en tiempos de resentimientos, no de diálogo ni de pactos.
 
El presidente de la Nación sigue diciendo que hay gestos irresponsables por parte de los gobernadores del PJ, pero parece ingenuo pretender lograr consensos para ajustar el gasto, en un año electoral y al final de un periodo de gobierno, cuando todos estarán pensando en los votos. De lo que podemos estar seguros es que estas negociaciones serán muy mezquinas dado que ni el macrismo ni la oposición se pondrán de acuerdo en lo que significa administrar racionalmente recursos muy escasos.
 
Es cierto que la nueva política económica convenida con el Fondo tiene en el horizonte el embudo del nuevo Presupuesto. Como no es menos cierto que ahora los ajustes llegarán también a las transferencias de recursos a las provincias, para apretar gobernadores.
  
 Bordet, en medio del ajuste que Macri le quiere imponer a las provincias

¿Podrá Macri ganar con ajuste, inflación alta y recesión económica?
 
Las metas que el FMI exige se extienden por tres años, es decir, más allá del mandato de Macri. ¿Sueña el Gobierno con alcanzar la reelección? ¿Podrá hacerlo aún con la soga del ajuste ciñendo el cuello de sus votantes?
 
Hace 2 meses la reelección de Macri para muchos era un trámite. Hoy nadie la puede asegurar. Y en la contracción que imponen las necesidades de la Casa Rosada, es difícil imaginar a Cambiemos disputándole el poder provincial al PJ. La definición del candidato opositor en 2019, para enfrentar a Bordet, coincidirá con la discusión del nuevo esquema fiscal, que será el reparto del ajuste con las provincias.
 
El peronismo entrerriano se frota las manos. Ahora, se ve muy complejo el escenario para un candidato macrista en la provincia hacer campaña con el FMI manejando la economía nacional. Paraná detonada por el narco escándalo institucional que sacude la Municipalidad, y la UCR relegada, que no quiere pagar el costo político de defender un ajuste brutal como discurso de campana. También, para muchos dirigentes del PRO ganar la provincia era un trámite, pero igualmente se complicó el panorama para el macrismo provincial.
 
Desaparecieron los candidatos de Cambiemos, ya nadie defiende a Macri. Sergio Varisco está solo, y no hay candidato muleto en Paraná. Rogelio Frigerio ya no viene tan seguido a la provincia. Bordet, por su parte, conserva su buena imagen, y espera que decante la crisis que puede hacer una "misión imposible" la campaña del Pro en la provincia.
 
A Bordet le falta ordenar la interna del PJ provincial, cerrar el candidato en Paraná, acomodar los postulantes en algunas ciudades y departamentos. Es una tarea compleja, pero en buena medida depende de él. En Cambiemos, por su parte, son muchos más los problemas y casi todos escapan del poder de solución de los actores provinciales.
 
En fin, aquella situación que se dio en las legislativas de 2017, con Cambiemos triunfando cómodamente, hoy se modificó. De repente, y en el momento de mayor debilidad política e institucional del macrismo, peronistas y opositores entrerrianos se despabilaron y se dieron cuenta que, para 2019, no falta tanto como pensaban.
 
 Bordet, en medio del ajuste que Macri le quiere imponer a las provincias

Imágenes de una fuerza política en declinación
 
Como si la Argentina de Macri se encaminara hacia un nuevo default de su deuda, de modo sorpresivo, el gobierno dominado por un susto irracional, más cercano al pánico político, decidió en su soberbia soledad pedir dinero al FMI, pese a que tenía reservas por u$s 50.000 millones.
 
El FMI, más la presión política de los gobiernos de los países centrales, le adicionó un tiempo de descuento. Con el acuerdo Macri-FMI ahora se encamina inevitablemente a una profunda recesión con inflación, en un camino alcista para el dólar y para las tasas de interés.
 
El segundo semestre del 2018 estará muy lejos del deseo oficial. Lo que se asoma es un gobierno debilitado y enfrentado a la compleja tarea de aplicar el ajuste fiscal que acordó y propagandiza. La caída en las encuestas responde al deterioro en la vida de amplias capas de la población. En término de apoyos, el macrismo parece quedar reducido a su núcleo más duro, centrado en las capas medias altas de las grandes urbes y las zonas agropecuarias.
 
Intentar cumplir con las metas pautadas es un virtual suicidio político que se estrellará contra el descontento social y la movilización callejera. La gente en la calle es un estilo de la democracia argentina. Hay una condición beligerante en la sociedad argentina. Y esta película pareciera que ya la hemos visto, tenemos esa sensación como quien está frente al televisor, y duda, ¿la vimos o no la vimos? No me acuerdo el final, sigamos viéndola.
 
La Argentina no está para festejar el mayor endeudamiento de un gobierno, que no ha hecho nada bueno en materia económica. La relación con el FMI remite al crítico período de la Alianza. Es una película que empieza a tomar los colores del período que culminó en diciembre de 2001. Esos tonos son los que preocupan a la nueva Alianza oficialista de radicales y conservadores. En tanto, el peronismo, en sus diversas alas, se prepara para capitalizar el declive macrista y recuperar la gestión del Estado a partir de 2019.
 
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