La Opinión Popular
                  10:45  |  Lunes 18 de Junio de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
Lo dijo el doctor René Favaloro hace 20 años: “Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar”.
Recomendar Imprimir
Nacionales - 10-06-2018 / 11:06
CRISIS Y OFICIALISMO NACIONAL

Macri en el tobogán y aún no pisó el arenero

Macri en el tobogán y aún no pisó el arenero
Una encuesta del Centro de Estudios de Opinión Pública revela que dos de cada tres argentinos evalúan mal la gestión del Gobierno de Macri, tres de cuatro ven mal la situación económica y no quieren un acuerdo con el FMI y más de seis sobre diez cree que el tarifazo no fue necesario.
La mesa chica que toma las decisiones políticas-electorales del gobierno de Mauricio Macri sufrió varios cortocircuitos en las últimas semanas. Idas y vueltas que tuvieron a dos facciones en permanente enfrentamiento.
 
La grieta al interior del gabinete: el ala económica, tendiente a atacar el problema del déficit fiscal a toda costa y velocidad, encarnada en Peña-Quintana-Lopetegui; y el ala política, que personifican el dúo Frigerio-Monzó, propone metas más graduales, de corto plazo y que las negocia con el sector de la oposición que mejor se predispone para eso.
 
La lucha es cruel y es mucha y sus consecuencias están a la vista. En un principio el ala económica se impuso en detrimento del ministro del interior y del presidente de la Cámara Baja, lo que derivó en una tormenta económica que arrastró a la política: una imparable bicicleta financiera con una tasa de interés de 40%, una corrida cambiaria que liquidó más de 10 mil millones de dólares de reservas internacionales, el aumento de tarifas de servicios y el acuerdo con el FMI escurrieron lo que quedaba del capital político obtenido tras las elecciones de medio término.
 
La imagen positiva de Macri y la aprobación de gestión del gobierno nacional pasan por su momento más delicado. Los números del balance de la gestión difieren por cuestiones metodológicas e ideológicas. Lo que nadie se atreve a discutir es que la popularidad del presidente está sobre un tobogán y que aún no pisó el arenero.
 
Una encuesta del Centro de Estudios de Opinión Pública revela que dos de cada tres argentinos evalúan mal la gestión del Gobierno de Macri, tres de cuatro ven mal la situación económica y no quieren un acuerdo con el FMI y más de seis sobre diez cree que el tarifazo no fue necesario.
 
La crisis que atraviesa el Gobierno se transforma en una oportunidad para la oposición: ofrecerle al electorado una opción competitiva que enriquezca nuestra democracia, para gobernar a favor del pueblo y no de los ricos.
 
La Opinión Popular

 
EL ACUERDO CON EL FMI ACENTÚA LA CAÍDA EN LA APROBACIÓN POPULAR DEL PRESIDENTE
 
Para tres de cada cuatro es mala gestión y no ganga
 
Tres de cada cuatro argentinos afirman que es perjudicial para el país el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El ciudadano común tiene en claro que las consecuencias de esos acuerdos son mayores ajustes, caída en los sueldos, recortes en jubilaciones y pensiones, recesión y retrocesos en educación y salud.
 
Aunque hasta ahora el Gobierno intentó presentar lo firmado como una especie de ganga, casi un regalo, la gente lo percibe como un elemento más en lo que considera mala o muy mala gestión de Mauricio Macri.
 
Apenas una de cada tres personas aprueba lo hecho por la administración Cambiemos y la cuestión ya repercute en el panorama electoral del oficialismo: los ciudadanos que dicen que van a votar a candidatos opositores superan hoy en 16 puntos a quienes dicen que votarán a candidatos del oficialismo.
 
No faltan quienes acuerdan con la idea de que el préstamo del FMI tiene primordialmente un ingrediente político: apunta a que Cambiemos tenga el dinero y el aire para ganar el año próximo.
 
Las conclusiones surgen de la encuesta que mes a mes realiza, en forma exclusiva para PáginaI12,  el Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP), la consultora que lidera Roberto Bacman. En total fueron entrevistadas 1200 personas de todo el país. Los técnicos respetaron las proporciones por edad, sexo y nivel económico-social. Las encuestas fueron telefónicas.
 
"Las opiniones sobre Mauricio Macri perforaron un nuevo piso en este estudio -señaló Bacman-. Está en su peor nivel desde que asumió. Apenas un 32,8 por ciento aprueba la gestión del Gobierno. Pero lo más preocupante para el oficialismo reside en el factor negativo: más de seis de cada 10 argentinos tiene imagen negativa o desaprueba lo gestionado por el actual Presidente."
 
"La crisis desatada por la corrida cambiaria, las altas tasas de inflación, el costo de las tarifas y un país recesivo, impactan directamente en la figura y el rol del Presidente y decanta en un importante capital político perdido, que lo posiciona en un nivel difícil de remontar", analizó Bacman.
 
Y añadió: "Hay que pensar que Macri perdió 23 puntos de imagen positiva en relación con diciembre de 2015. Además, y tal como se observó en la encuesta de mayo pasado, la tendencia negativa en el segmento de los independientes se profundizó y de este modo queda más firme la reversión en el clima de época y las opiniones estructurales".
 
Según Bacman, esa reversión es lo que compromete "la ventaja comparativa que por más de dos años logró Cambiemos  en este segmento, tan importante desde el punto de vista electoral". O sea que "una importantísima proporción de los que no se consideran opositores pero tampoco de Cambiemos, los que estaban bastante en el medio, ahora opinan mal o muy mal del Presidente".
 
 
Futuro
  
Uno de los graves problemas que afronta la Casa Rosada es que una mayoría perdió las expectativas sobre un futuro mejor. Siempre el argumento de Cambiemos consistió en que se planteaban dificultades, pero que había que afrontarlas porque el futuro marcaría un avance.
 
En esa línea siempre fueron las consignas del oficialismo relacionadas con "el segundo semestre" o "lo peor ya pasó". Esta última fue repetida en tres tiempos distintos, incluyendo la apertura de sesiones del Congreso tanto en 2017 como en 2018.
 
Bacman refirmó que "el dato obtenido es contundente: casi siete de cada 10 argentinos posee pocas o nulas expectativas de mejoras de la economía para los próximos meses". Para él es "la cifra que no se debe tomar a la ligera, en tanto da cuenta de una sociedad que percibe el futuro económico del país sin esperanza alguna".
 
"Las promesas de campaña, los vientos de cambio y hasta la esperanza de una Argentina con bajo índice de inflación y pobreza cero han quedado en el olvido", dijo el fundador de CEOP. "Lo que fue un diferencial y una fortaleza en tiempos de campaña y en los primeros dos años de gestión, incluso aprovechado al máximo por Cambiemos como para imponerse en la elección legislativa de medio término, ha comenzado a transformarse en una debilidad manifiesta".
 
 
Fondo
 
A todo eso se agrega ahora el acuerdo con el FMI. La encuesta del CEOP se empezó a hacer antes de que el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne y el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, concretaran el anuncio en conferencia de prensa, el jueves 7. Pero como ya se daba por descontado el crédito del Fondo, la consultora incluyó la pregunta.
 
Las respuestas fueron categóricas: nada menos que el 74 por ciento consideró que un eventual acuerdo era perjudicial para el país, frente a un 20,7 que lo vio beneficioso.
 
Lo más preocupante para Cambiemos es que una proporción importante de sus propios votantes, casi el 33 por ciento, también considera el acuerdo perjudicial e igual de serio para el oficialismo es que una gran mayoría de los independientes lo ve con malos ojos: 76,4 por ciento de los que no se consideran ni oficialistas ni opositores dijeron que un pacto con el FMI les parecería malo y perjudicial para la Argentina.
 
 
Urnas
 
En ese marco se empieza a esbozar la cuestión electoral. En estos días no faltaron los analistas que percibieron en el acuerdo con el Fondo una jugada más política que económica: dotar a Cambiemos del dinero para sostener el plan hasta los comicios y evitar así el regreso de lo que ellos llaman "el populismo".
 
Por supuesto que todavía falta un año para la puesta en marcha del proceso. Sin embargo, la campaña bien podría despegar cuando termine el Mundial. Esa es la razón por la que el CEOP empezó a sondear el panorama en la opinión pública.
 
Como todavía no hay candidatos instalados, salvo el propio Macri, la consultora sondeó algo mucho más general, la intención de voto por candidatos oficialistas u opositores. De entrada, los que van a apoyar la opción que hoy está en el Gobierno llegan al 31,5 por ciento, mientras que los que se inclinan por variantes opositoras reunirían el 47,8 por ciento. Hay una enorme diferencia, pero conviene reparar en dos aclaraciones:
 
Los opositores, al menos por ahora, están divididos. De manera que habrá que ver qué sucede en esa franja.
 
Para el oficialismo, la mayor dificultad es que con un número de esa naturaleza quedaría lejos de ganar en primera vuelta  -algo que no era imposible hace dos meses-, de manera que habría que ver las perspectivas en un ballottage.
 
"Es obvio que la gran pelea de Macri es retener sus votantes de 2015", fue la estimación de Bacman, que en ese terreno dice haber detectado tres segmentos distintos:
 
Los fieles: conforman el núcleo duro electoral del oficialismo. En esta encuesta redondean un 56 por ciento de los que votaron por Macri en octubre de 2015. O sea, cerca del 25 por ciento del voto total.
 
Representan el núcleo duro y la periferia cercana de Cambiemos: un piso electoral  interesante, pero que no le alcanza al oficialismo para asegurarse la primera vuelta. Deberá lograr una mayor retención e incluso buscar decepcionados con el peronismo.
 
Los infieles: representan a dos de cada 10 que eligieron al actual Presidente, diez por ciento del voto total. Son los más desilusionados con Cambiemos. La mitad son independientes y la otra mitad se ha pasado a la oposición a este gobierno.
 
Mala imagen de Macri, peor evaluación de su gestión, muy insatisfechos con la economía, más contenidos por la oposición y fuerte rechazo al FMI. Muy difíciles de recuperar.
 
Votantes en transición: se definen como indecisos y son algo más de dos de cada 10. Aunque votaron a Macri hoy no están seguros de volver a hacerlo. Son más independientes que oficialistas u opositores. En ellos la imagen negativa de Macri está por encima del promedio porque se los registra muy enojados con la economía, el valor de las tarifas y el regreso del FMI.
 
¿Los puede recuperar el Gobierno? "Siempre es una chance, pero si este esquema económico no cambia seguramente será muy dificultoso."
 
Respecto de la oposición, la mirada de Bacman insiste en los ingredientes necesarios de cara al 2019: "Existe un dato de la realidad que los dirigentes peronistas deberían tener en cuenta. En la actualidad la mayor parte de la sociedad argentina estaría dispuesta a votar una opción opositora. Pero para respaldar tal predisposición es menester construir una alternativa opositora que incluya de manera ineludible un modelo de gobernabilidad que implique otro proyecto de país, que tenga la capacidad de seducir a los propios opositores y captar nuevamente a los independientes. Mientras la oposición peronista se mantenga dividida, el oficialismo sigue contando con la ventaja comparativa. No sólo por la posibilidad de ir a un ballottage, sino porque Cambiemos podrá trazar estrategias electorales para captar a los votantes peronistas desencantados, una parte de los que en 2015 optaron por Daniel Scioli o por Sergio Massa".
 
Por Raúl Kollmann
 
Fuente: Página 12
 

Agreganos como amigo a Facebook
Macri en el tobogán y aún no pisó el arenero
18-06-2018 / 10:06
Con una pésima gestión del mercado cambiario y sin dólares suficiente en las reservas, el sendero para el tipo de cambio es ascendente. El gobierno de Mauricio Macri no puede frenar la corrida, simplemente porque no hay suficientes dólares disponibles para atender la demanda y se sometió a los dictados del FMI.
 
"Que baje el dólar, la puta que te parió". El cántico, unánime, partió de entre la multitud de argentinos que este fin de semana caminaron por las calles rusas, convocados por la fiebre mundialista para ver a Lionel Messi y equipo. Condenarlo como un insulto o reducirlo a una picardía sería subestimar el poder de la alerta, de esas palabras que dicen mucho más de lo que gritan.
 
Lo que hay, lo que se percibe, es un hartazgo que ni los miles de kilómetros que nos separan de Rusia, ni la euforia mundialista por el debut argentino han podido mitigar. El desastre económico, esta vez, hace mella en la Argentina, sin distinción de capas sociales, castigando ya no solo a los vulnerables de siempre, sino también a las clases medias y medias altas.
 
Precisamente, son estas las que ahora dirigen sus gritos al presidente Macri, clamando por algo más que un dólar estable. Piden lo que todavía no existe: un programa económico razonable y sustentable. Un esquema, algo que vaya más allá del simple cambio de ministros como se pueden cambiar los fusibles de un hogar.
 
Pero la paciencia de la clase media que votó a este Gobierno de los Ricos, por momentos mezquina o adormecida, tiene sus límites y por fin parece advertir que le ha llegado su hora, que el acuerdo neocolonial alcanzado con el FMI es, menos que un rescate, un salvavidas de plomo, no solo para el sector público, o los castigados salarios de los obreros o las jubilaciones de miseria, sino también un ajuste que la incluye.
 
El acuerdo neocolonial con el FMI definirá, para mal, el futuro de la Argentina, afectará a vastos sectores de la sociedad y sobre el que, no obstante, el Presidente no ha abierto la boca para dar una explicación de lo acordado. Hacerlo, implicaría exponer la crudeza de una realidad y unas metas brutales de ajuste, alejadas de las promesas que hizo a sus votantes.
 
Macri se cuida de evitar el sincericidio, pero quienes lo eligieron ya sienten la traición, con un malestar hondo, que viaja kilómetros. Él hace como si no los escuchara, se empecina en su rumbo sin plan y reduce todo a un juego de ajedrez, cambiando figuritas en el mismo álbum.
 
En el tema del dólar, el acuerdo neocolonial Macri-FMI es claro, planea absorber las presiones externas a través de un tipo de cambio flexible y ventas de divisas muy limitadas. O sea, dejar que se devalué la moneda todo lo que el mercado estime o especule, sin mencionar que no habrá botes salvavidas para todos.
 
La Opinión Popular

17-06-2018 / 16:06
Por una mínima diferencia -mínima pero decisiva- la despenalización del aborto fue aprobada en la Cámara de Diputados. Hay indicios para pensar que también podría ser aprobaba en Senadores. Si el señor Pichetto declaró que esto puede ser posible, es porque sabe de lo que está hablando.
 
De todos modos, la batalla por la despenalización del aborto está ganada. La ganó la sociedad, la ganaron las mujeres, la ganó la historia. En todos los países civilizados del mundo se comparte este criterio. Se discuten matices, detalles, pero en lo fundamental el acuerdo acerca del derecho de la mujer a interrumpir su embarazo es fuerte.
 
Agrego algo más: el derecho a interrumpir su embarazo sin que por ello vaya presa. Porque ése es el "detalle" decisivo, lo que a modo de síntesis diría que se debatió hasta la mañana del jueves en Diputados. Esa fue la pregunta que debía responder cada diputado a la hora de intervenir: ¿Va o no va presa? Lo demás se conversa.
 
En realidad, lo que se decidió fue legalizar aquello que de manera sórdida, oscura, culposa, se realizaba en la sociedad con sus consecuencias: muertes, mutilaciones, heridas irreparables. Les guste o no a los objetores, las mujeres abortan y seguirán abortando cuando lo consideren necesario, pero con un detalle: hasta la semana pasada la prohibición transformaba a esta decisión en un delito y habilitaba por bajo cuerda la industria millonaria de los médicos aborteros. Ahora empezará de dejar de ser así.
 
Por supuesto, acá también se establecían diferencias. Las mujeres con recursos podían disponer de algunas garantías; las pobres mujeres padecían las consecuencias de su pobreza. 

17-06-2018 / 11:06
"Hemos acordado un stand by de acceso privado por 50 mil millones de dólares. Esto es un reflejo del apoyo de la comunidad internacional al país", publicaron los diarios el 7 de junio. Antes de eso, el Gobierno no había dado pistas sobre tal acuerdo.
 
Ni los partidos aliados en Cambiemos conocían lo mínimo como para responder sin trastabillar las preguntas del periodismo. El acontecimiento que definirá los próximos años no fue discutido.
 
Un buen político sabe que es peligroso liberar fuerzas que no se está en condiciones de dirigir. En general, Macri no lo hace, por eso hasta hoy no ha puesto en debate público lo que ha firmado con el FMI. Hubo que esperar a la mañana del último viernes para una deslucida exposición y conferencia de prensa del ministro Dujovne, que agregó algunas precisiones.
 
Primero se firmó el acuerdo con el FMI. Luego, a las cansadas, el Gobierno se refirió a sus imposiciones, sus límites y sus consecuencias. Hay palabras que los argentinos preferimos no volver a usar. Pero el pacto fue un blindaje y significa un severo ajuste, esa dupla semántica y económica que nos marcó en los comienzos de este siglo.
 
Como si se tratara de una obra jugada en otro teatro, el pacto con el FMI fue todo lo contrario a los apasionados debates por el aborto de las últimas semanas. Precisamente, el acuerdo firmado con el FMI es un ejemplo de opacidad extrema, no porque el periodismo no acerque los datos de las obligaciones contraídas, sino porque esas mismas obligaciones son complicadas y solo el discurso político democrático puede restaurar un nivel aceptable de inteligibilidad.
 
Macri firmó primero y todavía no abrió la boca ni siquiera frente a sus aliados políticos, mucho menos frente a sus opositores. Reclama un acuerdo en un páramo discursivo. En este caso, la falla política no afecta solo a los excluidos sino a vastos sectores sociales más organizados y, probablemente, mejor preparados para comprender de qué se trata y, en consecuencia, para apoyar u oponerse razonadamente.
 
Todo el mundo está preocupado por alcanzar acuerdos. Pero preocupa otra cosa: cómo se llega a ellos y cómo se los garantiza. Por eso, los acuerdos antes de firmarse deben ser públicos y debatidos. Lo que Macri y su ministro Dujovne hicieron respecto del FMI fue ciertamente lo contrario. Una falla en lo político que no asegura un buen futuro. 

17-06-2018 / 10:06
A pesar de que Mauricio Macri se vanagloriaba de contar con "el mejor equipo económico de los últimos 50 años", ya cambió de ministro de Hacienda y presidente del Banco Central y completó los relevos sacando a los ministros de Producción y de Energía, la cara visible del tarifazo.
 
En medio de la disparada del dólar y la salida del presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, Macri decidió reemplazar a los ministros de Energía, Juan José Aranguren y de Producción, Francisco Cabrera. Mediante un comunicado, la Casa Rosada anunció que sus reemplazantes serán el petrolero Javier Iguacel y el analista Dante Sica, respectivamente.
 
Estos cambios de gabinete no hacen más que confirmar el fracaso total de la política económica de Macri. Este tipo de cambios de nombre por nombre o a modo de manotazo de ahogado, pero que hacia afuera lo quieren mostrar como cambios profundos, no van a servir si la economía no es mirada de otra manera y con distintos ojos.
 
Macri está haciendo un cambio de nombres para sacarse de encima a los ministros más desgastados y seguir reforzando el plan de ajuste del FMI. Pero el problema no es el cambio de nombres, sino el cambio del proyecto económico neoliberal.
 
Sica no va a empezar una política de aliento a las exportaciones, de freno a las importaciones o de aliento a la industria y a la producción nacional. Tampoco se van a retrotraer las tarifas que tanto descontento social han generado. No habrá ningún cambio en el rumbo económico de este gobierno.
 
Como se vienen llevando las políticas de este Gobierno de los Ricos, será imposible y no va ser viable esta economía que lleva a la ruptura más profunda de las clases sociales, con miles de argentinos que día a día caen en la línea de la pobreza y con la clase media tambaleando.
 
Con un país que no tiene un mercado interno robusto, sin pymes protegidas por el gobierno de los CEOs, pretendiendo bajar los salarios y jubilaciones, cosas que ya ocurrió con la abrupta devaluación y la suba del dólar que en breve podría llegar a los 30 pesos y sin control de precios; cuando la cadena de pagos se rompe o cuando termina siendo más productivo dejar de invertir y poner el dinero en la timba financiera como lo son las Lebac, estamos por muy mal camino.
 
Mientras esta crisis parece no tener fin, será preciso enfrentar sus consecuencias. Si con el mejor equipo de los últimos 50 años nos fue tan mal, y terminamos en la B: el FMI, no queremos imaginar cómo nos va a ir ahora que entran los suplentes.
 
La Opinión Popular

16-06-2018 / 16:06
La única discusión es sobre los tiempos y la profundidad, el sentido está descontado: Mauricio Macri aceptó que tiene que hacer una drástica reducción de su gabinete para recuperar la confianza de un mercado que ni pestañeó ante la designación del súper trader Luis "Toto" Caputo en el Banco Central.
 
Las versiones hablan de una reducción de los actuales 20 ministerios a una cifra que va de siete a trece. Medio Ambiente, Modernización y Cultura pasarían a secretarías dependientes de la Presidencia, como fueron tradicionalmente. Y Energía y Producción serían degradadas a ese mismo nivel, sólo que para ubicarse debajo de Nicolás Dujovne, en la construcción por cuotas y a regañadientes que ensaya Macri, de un ministro de Economía tradicional.
 
Mucho más sensible, pero acaso igual de impactante, sería eliminar los ministerios de Salud y Educación y reemplazarlos por algún tipo de organismo de enlace con las provincias, que en rigor asumen toda la carga de la gestión en esas áreas. Son todas versiones que corren por estas horas, al igual que el eventual regreso de una cartera de Obras Públicas tradicional.
 
Lo que nadie discute es que el mercado pidió y pide un ajuste severo de un gabinete diseñado con criterios escandinavos, para un país inmenso e indomable como la Argentina. Llama también la atención el notable perfil bajo que transita Marcos Peña. "Está bastante corrido", afirmó una fuente que conoce muy de adentro el funcionamiento del macrismo.
 
Un deslizamiento que coincide con el protagonismo cada vez mayor de Nicolás "Nicky" Caputo, uno de los que más empuja el cambio profundo del gabinete.

NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar