La Opinión Popular
                  10:50  |  Lunes 18 de Junio de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
Lo dijo el doctor René Favaloro hace 20 años: “Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar”.
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Entre Ríos - 05-06-2018 / 09:06
PANORAMA POLÍTICO PROVINCIAL

La rebelión de Urribarri favorece al macrismo entrerriano

La rebelión de Urribarri favorece al macrismo entrerriano
Con la Justicia soplándole la nuca, el ex gobernador Sergio Urribarri salió a armar un partido por fuera del PJ. Si algo le cuesta al ex mandatario es asumir que el sillón de la Casa Gris es parte de su pasado. "Partido de la Victoria distrito Entre Ríos", se llamará el partido en el que se agruparan dirigentes y militantes referenciados en Cristina Fernández. Hubo algarabía en radicales, amarillos y lilitos.
Con la Justicia soplándole la nuca, el vice presidente actual del PJ provincial, Sergio Urribarri, salió a armar un partido por fuera del PJ. Si algo le cuesta al ex mandatario es asumir que el sillón de la Casa Gris es parte de su pasado. "Partido de la Victoria distrito Entre Ríos", se llamará el partido en el que se agruparan dirigentes y militantes referenciados en Cristina Fernández. Hubo algarabía en radicales, amarillos y lilitos.
 
No es sencillo dimensionar si este acto está enmarcado en el propósito de tratar de disputar el poder o es un bluff, fingiendo ser fuerte, apostando a que los restantes jugadores se achiquen. Sí son declaraciones de guerra; o solo tacticaje para que no lo olviden y lo tengan en cuenta en el futuro. Es decir, para negociar.
 
También es una movida para determinar si es fuerte y o es débil. Porque si bien puede significar una forma de ordenar la propia tropa, o de encolumnarla, de lo que realmente se trata es de saber con quiénes se cuenta y con quiénes no. Una manera de contar los porotos propios, pero también de conocer los ajenos. Una treta muy peronista y bastante antigua.
 
Porque los obliga a definirse, a que digan con qué sector van a estar. Los que opten por apoyar la reelección de Gustavo Bordet en 2019 van a tener que escribirlo en las paredes, dejando una huella inconfundible para contabilizarla del lado del oficialismo provincial. Los que no lo hagan, ya sea por omisión, por olvido o porque no están convencidos o identificados, serán contabilizados en el bando contrario.
 
Habrá que salir por las rutas del interior para hacer las cuentas sobre los muros pintados, pero también a ver los despintados y los no pintados. Allí empezará a inclinarse la balanza. La batalla interna comenzará precisamente donde el peronismo es electoralmente más fuerte; los municipios en los que gobierna el PJ y, por el lugar donde todo resuena más fuerte, Paraná.
 
¿Implica que Urribarri ya ha decidido enfrentar resueltamente a Bordet? Por ahora indica que ha resuelto salir a medirse, a observar las reacciones, a otear el horizonte, a determinar si los números le dan para desnudar públicamente sus pretensiones políticas.
 
El gobernador, en tanto, guarda un prudente silencio. Seguro también estará viendo y contabilizando como resuelven jugar esos "porotos", observando las movidas del contrincante; porque, como se suele señalar entre los que no quieren que los agarren desprevenidos: el otro también juega.
 
Ahora las piezas tienen la responsabilidad de decidir dónde se instalarán, si en el lugar de las blancas o el de las negras. Sin estridencias, sin mucho ruido ni definiciones políticas en forma pública, en el peronismo entrerriano ha comenzado la lenta pelea por la conducción futura del espacio partidario.
 
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 La rebelión de Urribarri favorece al macrismo entrerriano

Macri pasa su peor momento
 
Su discurso neoliberal se ha quedado sin luz, tal vez por la suba de las tarifas. Terminó mayo, un pésimo mes para el gobierno. Sin embargo, lejos está de poder estimarse si no habrá otros peores por delante. Porque hubo 3 hechos esta semana que van a condicionar el futuro del ajuste que se negocia con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
 
Por un lado, la relación de Macri con los Gobernadores peronistas está rota. Las idas y vueltas de la negociación por el tema tarifas destrozó la escasa confianza que había entre la Casa Rosada y un conjunto de líderes provinciales. No es casual que Macri se tomara 4 días para recorrer un grupo de provincias del norte, en un vano intento por recomponer las relaciones debilitadas.
 
El segundo dato es que el Gobierno ya no puede contar con alcanzar los votos a favor en ninguna de las dos cámaras del Congreso. Pese a casi tener mayoría propia en Diputados, el tema tarifas no se pudo detener; y en el Senado, no se podrá conseguir muchos más votos si el Peronismo Federal sigue apoyando las posiciones que impulsan los K.
 
El tercero es la inmensa marcha que se realizó el viernes 1 de junio, que juntó sindicatos, organizaciones sociales y de derechos humanos, grupos de izquierda, partidos políticos y agrupaciones diversas que tienen en común el antimacrismo militante, que dejaron en claro con sus discursos.
 
No sólo quieren un plan de Paros Generales contra el Gobierno, sino también, que en esas fechas harán piquetes y se movilizarán para evitar que se traten en el Congreso las medidas que obligue el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
 
Así, además de las falencias propias de gestión, el gobierno de Macri encara los próximos 18 meses con menos imagen positiva, con menor intención de voto, con una oposición que se articula alrededor del concepto "antimacrismo", con Gobernadores menos dialoguistas, con un Congreso que no puede controlar y con un peronismo que no tiene líder, que está dividido por el rol de Cristina Fernández, pero que tiene muy en claro que no quieren otro mandato de Macri ni de Cambiemos y además quieren volver a la Casa Rosada.
 
 
Impulsando la reelección de Macri
 
Los macristas se notificaron entre sí y se han resignado a lo inevitable: a que la crisis económica y social les marque la agenda y les haya hecho acelerar las definiciones políticas apuntando a los comicios de 2019. A Cambiemos, la realidad los encuentra mal parados; tanto que desde el Gobierno nacional han tenido que salir a jurar que Macri irá por la reelección, en un intento por renovar y recuperar la fe entre los fieles de la clase media que, según encuestas, le han comenzado a dar la espalda y han empezado a dar muestras de fastidio.
 
Se vieron así en la obligación de lanzarlo al ruedo para dar señales de una fortaleza que hoy no es tal, ya que tempranamente le están poniendo de "dos" en la fórmula presidencial a la bonaerense María Eugenia Vidal, que mide en las encuestas mejor que él. ¿Desde cuándo el acompañante fortalece y le garantiza "arrastre" al líder? Esto sólo se puede explicar a partir del mal momento que atraviesa Cambiemos, el peor desde que asumiera.
 
 
Futuro incierto
 
Una sociedad con un tercio de pobres, pero con altas expectativas de progreso, ¿puede afrontar un ajuste de gastos que tal vez demandará años sin otra consigna que volverse racional, en una época en que es difícil convencer con la razón? Porque contra el aumento de las tarifas, la inflación y esta última suba de las naftas poco sirven las palabras para atenuar el malestar social.
 
Los "genios" de la estrategia política del macrismo resolvieron no ajustar cuando tenían la más alta imagen positiva, intención de voto y poder político y ahora deberán hacer un ajuste mayor, en medio del derrumbe de la intención de voto, imagen negativa creciente y un peronismo que se une para causar el mayor desgaste posible a las políticas del gobierno de los CEOs y a la figura del Presidente de la Nación.
 
Con un Gobierno cada vez mas sólo, con pérdida de credibilidad, con calles tomadas y una oposición que, pese a no tener candidato, siente que con dejar a Cambiemos realizar el ajuste en soledad, megadevaluar, declinar el salario real, mientras las altas tasas de interés se ocupan de llevar al país a la recesión con inflación y cierre de las pymes que no pueden sostener semejante ritmo de deterioro, les alcanza para, en marzo de 2019, elegir un presidenciable con la infaltable bandera de Eva y Juan Perón y la marcha de fondo.
 
 
Macri versus los gobernadores
 
El Presidente usó el último veto como un signo de fortaleza. Lo hizo en medio de la caída de su imagen y exigiendo responsabilidad a los gobernadores peronistas por los votos en el Senado. Quiso mostrar que es dueño de la iniciativa política y que puede abofetear a la oposición por su "mal" comportamiento.
 
Sin embargo, cada vez lo respetan menos y se le animan más que antes, porque ahora lo ven débil. En las relaciones entre dirigentes sobrevuela una ecuación matemática que adquiere rango de verdad política: la fortaleza de uno es inversamente proporcional a la debilidad del otro.
 
El Gobierno va a mantener inalterable la estrategia de buscar acuerdos con los gobernadores y el peronismo en el Congreso. Pero más por necesidad que por convicción. La falta de mayorías en ambas cámaras obliga a la administración Cambiemos a negociar ante cada proyecto en debate y esa situación de debilidad llevó a que muchas voces oficiales empezarán a pensar mecanismos para fortalecerse en la discusión.
 
Hoy los márgenes de negociación están más acotados para el Gobierno de los CEOs. Es que las cuentas fiscales de la mayoría de las provincias están mucho más ordenadas que las de la Nación, en gran parte por cambios que se hicieron en el reparto de la coparticipación en los últimos dos años.
 
El Ejecutivo puede presionar, por ejemplo, con la autorización a las provincias para tomar deuda. Otras opciones son el financiamiento que algunos distritos reciben a través de fondos fiduciarios para cubrir algunos agujeros, o podrán trabar los adelantos de coparticipación que se giran al principio de cada mes.
 
 
El nuevo precio de la gobernabilidad
 
El debate tarifario en el Congreso marcó un punto de inflexión en el plano político: los gobernadores, que tantas veces habían "salvado" al macrismo con sus votos en el Senado, ahora cambiaron su postura y dejaron en claro que tienen su propio criterio sobre cómo debe darse el "gran acuerdo nacional" que propuso Marcos Peña.
 
Este contexto, sumado al escenario económico complicado por la inflación y el dólar -y en plena cuenta regresiva para las urnas-, sólo puede traer una consecuencia: el "precio" del apoyo de los gobernadores del PJ a Macri será más alto de lo que fue hasta ahora.
 
Para el Presidente, que está embarcado en la cruzada por el recorte del gasto público exigida por el FMI, se limita la posibilidad de ceder a las demandas económicas de los mandatarios provinciales. Y Macri sólo sabe negociar repartiendo dinero.
 
 La rebelión de Urribarri favorece al macrismo entrerriano

¿Qué pasa en la Provincia?
 
En este escenario, Gustavo Bordet debe diferenciarse muy fuerte de Macri. ¿Por qué? Porque Macri no suma, por el contrario, resta. Está asociado a los conflictos, a los aumentos y a un discurso de solo reproche al pasado, sin presente ni futuro.
 
El gobernador debe advertir que quiere otro trato. "Yo apoyé todo, me dejé maltratar por los operadores macristas y sin embargo se ninguneó a la provincia", debe repetir... y eso le dará resultado. Tiene que llamar a Rogelio Frigerio para barajar y dar de nuevo.
 
También debe cumplir su rol como una pieza más dentro del engranaje del peronismo, que se observa a sí mismo como alternativa electoral con chances para el año que viene. Y además está obligado a reivindicar las posturas justicialistas en el Congreso.
 
Varios intendentes entrerrianos, que parecían casi resignados a ceder sus distritos a la ola amarilla de Cambiemos, ahora miran un horizonte más despejado. Sin embargo, no pueden sustraerse de una inquietud: cómo terminará presentándose a elecciones el peronismo. Si irá dividido del cristinismo o habrá alguna fórmula de unidad.
 
Esa alternativa está rodeada de incógnitas. Por lo pronto, cómo hacerla coincidir con los dirigentes K que tienen otros planes para la Provincia. Los intendentes peronistas sacan cuentas. ¿Tendrán margen los K para ir en contra de una nómina que lleve el apellido del Gobernador en el lugar más destacado de la boleta? Es uno de los dilemas que quedará para más adelante, pero que trae incertidumbre a un peronismo con nuevos bríos.
 
 
La rebelión de Urribarri
 
Bordet no ha definido un destino para Urribarri aun, eso dicen sus más cercanos. Desde el bordetismo entienden que el ex gobernador deberá pensar que tiene que acompañar a Bordet sin pretender imponer condiciones fuera de lugar.
 
Los números de las encuestas y su presente judicial nos muestran un Urribarri que ya no tiene poder para imponer nada, y que parece que está gozando de los códigos de Bordet, pese a no estar conforme con el trato que le otorga el actual mandatario. El gran problema de Urribarri es que hoy mide muy mal en las encuestas, en especial en Paraná. Su imagen está muy desgastada y eso dinamiza el avance de las causas judiciales.
 
En este contexto de debilidad de Urribarri pretender presionar a Bordet puede ser un error, y así lo entienden los bordetistas. Hace unas semanas compartimos el siguiente análisis de un importante dirigente provincial: "¿Presionarlo a Bordet? No tienen con qué, hablan algunos de bloquear leyes, tumbar la reforma electoral, etc., cantan falta envido y truco con dos cuatros y una vieja".
 
Y continúa: "De profundizar un enfrentamiento con Bordet el único perjudicado sería Urribarri, que experimentará en carne propia como la Justicia avanza más rápido cuando ve la soledad política del ex gobernador. Si quieren que le garanticen diputados propios, una senaduría nacional para el 2019 y cargos y más cargos no entienden como viene la cosa. No hay margen electoral ni político para estas pretenciones. Si a Gustavo le va mal, pensando en la amenaza que le pueden hacer, al que peor le irá es al Pato, de eso no hay dudas".
 
En medio de esto, aparece lo del partido cristinista. No es serio, pero hace a los alineamientos previos, de una batalla o de un arreglo. Y el tema es que muchos dirigentes cristinistas desconfían de Urribarri. "Ya vimos esto, nos embala para pelear pero después arregla solo él. Así fue como metió a Gaillard en la lista y como mantiene muchos funcionarios que son de él -y no del espacio K- dentro del gobierno", analiza un referente de Unidad Ciudadana.
 
Urribarri ha sido funcional a Bordet, y mientras siga así el gobernador no lo bajará del proyecto oficial, no tendría razones para hacerlo ¿Algo de eso son las fotos con Cresto y Giano en Concordia? Si Urribarri presiona o deja de hacer su aporte, ahí se verá que dispone el gobernador.
 
Lo que sí existe es un contraste dentro de las alas del PJ entrerrriano. Busti recorre la provincia con la reelección de Bordet como bandera; Urribarri, por su lado, impulsa un partido que podría enfrentar al PJ ¿o confluir en un Frente con el PJ provincial?
 
 
El peronismo viene con viento de cola
 
Los dirigentes del PJ disfrutan de este presente porque sienten que avisaron que estas cosas le iban a ocurrir al país. El tiempo les ha dado la razón. Lo único seguro que se ve al final del túnel es el futuro electoral. Las elecciones están a 17 meses de distancia. Por ahora, es lo único que está allá, adelante.
 
El macrismo no puede prometer un mañana mejor; por lo tanto recurre al pasado y ataca como un perro enardecido. Los problemas macroeconómicos son graves. Las soluciones que quieren aplicar, dolorosas desde el punto de vista socioeconómico y con un altísimo costo político.
 
Ningún mandatario ganó una elección, legislativa o presidencial, en medio de un brutal ajuste económico y social. Es cierto que ninguno tuvo "La Grieta" a su favor. Sin embargo, con polarizar con Cristina, no alcanza. Puede que permita recuperar algunos votos anti K, pero la verdadera pelea por el 2019 será en la calle, en medio del conflicto social.
 
La Opinión Popular
 

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