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Sociedad e Interés General - 03-06-2018 / 22:06
EFEMÉRIDES POPULARES. LA REVOLUCIÓN DEL 4 DE JUNIO DEL 43, ENCABEZADA POR MILITARES NACIONALISTAS, PONE FIN A LA "DÉCADA INFAME" Y ABRE PASO AL ASCENSO DE PERÓN

El ocaso del Radicalismo como Movimiento Popular y el surgimiento del Peronismo

El ocaso del Radicalismo como Movimiento Popular y el surgimiento del Peronismo
La Revolución del 43 fue el movimiento militar, producido el 04 de junio de ese año, que derrocó al gobierno fraudulento de Ramón S. Castillo, poniendo fin a la llamada "Década Infame", un período de gobiernos autoritarios, ilegítimos y corruptos, signados por la trampa electoral sistemática, la represión a opositores, la proscripción del yrigoyenismo y la entrega económica de la Patria.
La Revolución del 43 fue el movimiento militar, producido el 04 de junio de ese año, que derrocó al gobierno fraudulento de Ramón S. Castillo, poniendo fin a la llamada "Década Infame", un período de gobiernos autoritarios, ilegítimos y corruptos, signados por la trampa electoral sistemática, la represión a opositores, la proscripción del yrigoyenismo y la entrega económica de la Patria.  
 
La serie de gobiernos militares que resultaron del mismo terminaron con la vieja argentina oligárquica, semicolonial y dependiente y culminaron con la asunción del gobierno electo democráticamente de Juan Perón, el 04 de junio de 1946. En su transcurso emergió la figura del entonces coronel Perón originándose el peronismo.
 
Con la Revolución, todo muere y todo nace en 1943. Y así como los caudillos federales se continuaron en el movimiento de Hipólito Yrigoyen, don Arturo Jauretche, a través de FORJA, fue el eslabón que conectó a Perón con  el yrigoyenismo del declinante radicalismo, en una íntima relación de continuidad entre ambos movimientos populares. 
 
Esta continuación superadora, integra a los mejores hombres e ideas del viejo movimiento en el nuevo y le trasmiten al justicialismo la tradición del nacionalismo democrático, procedente de las antiguas raíces federales de la Patria.
 
Escribe: Blas García


El Cordobazo, crónica de una insurrección popular
Por Blas Garcia

El fin de la década infame 
 
La vieja argentina oligárquica, semicolonial y dependiente, expresión de los intereses de los terratenientes de la pampa húmeda y de la burguesía comercial porteña, asociadas al capital extranjero, recuperó el control del aparato gubernamental tras al golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 que derrocó al gobierno popular y democrático de Hipólito Yrigoyen y se mantuvieron hasta el 4 de junio de 1943.  
 
En 1943 debían realizarse elecciones para elegir a un nuevo presidente mediante el conocido método del "fraude electoral patriótico" que daría la presidencia al oligarca Robustiano Patrón Costas, empresario azucarero de Salta, asegurando la continuidad y profundización del régimen entreguista, conservador y fraudulento, pero abriendo la posibilidad cierta de que Argentina participara en la Segunda Guerra Mundial, cambiando así su tradicional posición "neutralista".  
 
Con el golpe militar del 04 de junio de 1943 se puso fin al gobierno oligárquico de Ramón Castillo y a la llamada "década infame", signada por el fraude electoral sistemático, la represión a los opositores, la proscripción de la UCR, los negociados vergonzosos, el predominio conservador y la sumisión económica al Reino Unido. 
 
Concluyó una década en donde un vicepresidente, Julio A. Roca (hijo), había declarado públicamente que la Argentina era "desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico".  
 
Se terminó así un período de gobiernos autoritarios, fraudulentos y corruptos y un modelo económico agro-exportador basado exclusivamente en la renta diferencial de la tierra.  
 
En el ámbito militar, el GOU, del cual el coronel Perón es uno de sus líderes, tuvo un papel trascendente en dicho pronunciamiento, ya que Perón es el autor y redactor de puño y letra de la proclama revolucionaria del 04 de junio.
 
 
Crecimiento industrial  
 
La crisis capitalista mundial de 1929 obligó a proteger la economía nacional, permitiendo el surgimiento y desarrollo de pequeñas y medianas empresas industriales y luego, el aislamiento producido por la Segunda Guerra Mundial, alentó el crecimiento industrial basado en la sustitución de importaciones.  
 
Debido a lo anterior, comenzó la migración masiva del campo a la ciudad y de las provincias del norte hacia Buenos Aires y el desarrollo del sector industrial que, en 1943, superaría al sector agropecuario por primera vez en la Historia Argentina. 
 
 
Crecimiento social  
 
Como resultado del desarrollo económico y de las migraciones internas del campo a las grandes ciudades, en el seno de la sociedad, creció:  
 
-una burguesía fabril de pequeños y medianos propietarios;  
 
-una clase media vinculada al mercado interno; 
 
-una poderosa clase trabajadora, como nueva fuerza social.  
 
 
Ejercito industrialista  
 
El proceso de industrialización que se desarrolló en esa década se efectuó de un modo íntimamente relacionado con las Fuerzas Armadas y sus necesidades de la defensa nacional en épocas de guerra mundial, lo que cambió su relación con el poder oligárquico y modificó su composición social interna, sobre todo en el Ejercito.  
 
Todo ello permitió el advenimiento de sectores del nacionalismo popular en sus filas, integrado por nuevos grupos de oficiales provenientes de sectores medios y medios bajos, con nuevas ideas sobre la defensa vinculadas a la exigencia de la industrialización y las empresas militares y a la necesidad de un rol activo del Estado para promover estas actividades. 
 
 
Coronel nacionalista y "obrerista
 
La política desarrollada por el gobierno militar en 1943 es contradictoria, consecuencia de la integración de distintos sectores en el golpe militar: desde liberales a nacionalistas de derecha, radicales, católicos ultramontanos, etc.  
 
Por una parte: implementación de precios máximos, rebajas de alquileres, eliminación de aranceles en los hospitales, castigo a la usura, pero, por otro lado: intervención a los sindicatos, detención de dirigentes gremiales, cierre de periódicos, política universitaria reaccionaria a cargo de católicos ultra conservadores, etc.  
 
Sin embargo, en un sector del gobierno comienza a perfilarse una política nueva: un grupo de militares, el Grupo de Oficiales Unidos (GOU) cuyo orientador en el Coronel Juan Perón, estiman que uno de los objetivos fundamentales de la revolución consiste en establecer una alianza entre el Ejército y la clase trabajadora.  

Perón asume como Secretario de Trabajo y Bienestar Social generando, desde allí, las condiciones para expresar los anhelos del pueblo y darle cohesión y contenido diferenciado a un movimiento masivo de trabajadores, en oposición al viejo gremialismo proveniente del socialismo, el sindicalismo y el comunismo, que bajo el signo del reformismo o del ultraizquierdismo obraba como ala izquierda del orden semicolonial y dependiente. 
 
Para ello, en abierta oposición a los sectores militares que reprimen al movimiento obrero, lleva a cabo reuniones permanentes con sindicalistas, comienza a intervenir en los conflictos a favor de los trabajadores, impulsa el movimiento sindical, promulga nuevas leyes sociales, reforma las existentes y crea nuevos sindicatos. Alcanza prestigio y apoyo entre los sectores obreros. 
 
 
Arturo Jauretche y Perón  
 
A partir de 1943 se establece una relación estrecha entre Juan Perón y Arturo Jauretche. En el momento trascendental cuando Perón deja de ser un soldado para pasar a ser el conductor de un Pueblo, se encuentra con Jauretche, la más consecuente expresión de aquel irigoyenismo que constituyó el primer movimiento popular de masas del siglo XX. 
 
Dialogaron casi todas las mañana, durante aquel año 43, sobre que "no hay nacionalismo sin pueblo", que solo los "descamisados" podían aplastar a los "vendepatrias" y "los cipayos", que "la independencia económica y la soberanía política no se plasman sin la justicia social", que permitieron a Perón elaborar un designio antioligárquico y antiimperialista; y sentar las bases de una doctrina política destinada a remover los cimientos de la vieja Argentina agro-exportadora. 
 
 
Resurgimiento de las masas populares  
 
Esta búsqueda de la clase trabajadora por parte de un alto oficial del Ejército es insólita. Pero es el resultado del conocimiento de la injusticia social que Perón ha adquirido: en su deambular militar por todo el país y su trato personal con soldados provenientes de las zonas mas desamparadas, y de su experiencia en Europa, donde reparó en importantes concentraciones populares; lo que provocó en él la convicción de que había llegado la hora de las masas populares.  

Esas masas populares eran el instrumento fundamental para un proceso de cambio como el que necesitaba la Argentina, cuya tarea principal era la creación de un país autárquico e independiente.
 
Eran las masas populares que hicieron la patria con San Martín, las montoneras bravías del interior que acompañaron a los caudillos federales y los revolucionarios y votantes de Hipólito Irigoyen.  
 
Estas nuevas masas populares, empleadas en las nacientes industrias y sin antecedentes políticos ni de sindicalización, son las que constituirán, a mediado de la década del 40, las bases del naciente movimiento peronista. 
 
 
Continuidad superadora  
 
Así como los caudillos federales se continuaron en el movimiento de Hipólito Yrigoyen, Jauretche, a través de FORJA, fue el eslabón vivo que enlazó al irigoyenismo del ya declinante radicalismo, con el naciente peronismo. 
 
Jauretche primero, y luego Perón, establecieron con sus actos, sus palabras y sus plumas, una íntima relación de continuidad entre ambos movimientos nacionalistas populares. Fue la expresión de que todo moría y todo nacía en 1943.
 
Esta continuidad superadora, que integraba a los mejores hombres e ideas del viejo movimiento en el nuevo, sería inconcebible sin el pensamiento y la acción de Forja y Jauretche, que le trasmiten al justicialismo la tradición del nacionalismo democrático, procedente de las más antiguas raíces federales de la Patria.
 
Escribe: Blas García

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21-10-2018 / 09:10
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El 21 de octubre de 1886 muere José Rafael Hernández y Pueyrredón. Fue un militar, periodista, poeta y político argentino, especialmente conocido como el autor del Martín Fierro, obra máxima de la literatura gauchesca.
 
Entre 1852 y 1872, época de gran agitación política, José Hernández defendió, con las armas en la mano, la postura federal de que las provincias no debían permanecer dominadas por las autoridades centrales establecidas en Buenos Aires.
 
Participó en la última rebelión gaucha del interior federal, la de López Jordán, un movimiento que finalizó en 1871 con la derrota de los gauchos y el exilio de Hernández.
 
A su regreso a Argentina en 1874, continuó su lucha por otros medios tales como el periodismo y el desempeño de varios cargos oficiales. Pero fue, sin embargo, a través de su poesía como consiguió un gran eco para sus propuestas, y la más valiosa contribución a la causa de los gauchos.
 
El gaucho Martín Fierro (1872) es un poema épico popular y está considerado una de las grandes obras de la literatura argentina. Tras la onceava edición, en 1879, publicó La vuelta de Martín Fierro. El gran mérito del autor del Martín Fierro fue el de llevar a la literatura la vida de un gaucho, contándola en primera persona, con sus propias palabras e imbuido de su espíritu.
 
José Hernández luchó por la autonomía de los gauchos. Curiosamente lo que no consiguió en su actividad política lo obtuvo por medio de la literatura.
 
 La Opinión Popular

18-10-2018 / 19:10
18-10-2018 / 19:10
Este 19 de octubre se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Julio Argentino Roca, una figura molesta para algunos que lo ven como un genocida porque derrotó militarmente a los indios que ocupaban parte del territorio nacional. Fue antes de su presidencia, cuando Roca era ministro, encabezó la llamada Conquista del Desierto, en base a una ley aprobada por el Congreso.
 
La pelea contra los indios venía ya desde la época de la Independencia; el objetivo de la ley del Congreso fue ocupar esas tierras para atraer a los millones de inmigrantes que el país necesitaba. Que no iban a venir si persistían los malones indígenas.
 
Roca derrotó a los mapuches e incorporó al Estado nacional el sur y sudoeste de Buenos Aires, el sur de Córdoba, San Luis y Mendoza, y las actuales provincias de La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Sin esos territorios, no habría, además, Antártida argentina ni Malvinas argentinas.
 
Es básico tener en cuenta que los mapuches no eran pueblos originarios en la zona sino que habían derrotado militarmente a otras tribus. Ellos  habían venido de Chile y tenían contacto permanente con sus hermanos que vivían del otro lado de los Andes.
 
Es decir que, con Roca, la Argentina consolidó su dominio territorial y construyó el Estado nacional. Un solo Estado en una sola Nación porque los millones de inmigrantes pobres se convirtieron en argentinos gracias al ley 1.420, sancionada por Roca, que introdujo la enseñanza primaria obligatoria, universal, gratuita y laica. Para ello, debió derrotar políticamente a la Iglesia Católica, que controlaba la educación.
 
La infraestructura, especialmente los ferrocarriles, recibió un impulso decisivo. En lo social, el inicio del sistema de seguridad social y de jubilación estatales. Leyes laicas como la de registro y matrimonio civil lo enfrentaron nuevamente con la Iglesia. Por la vastedad del proyecto de Roca, hubo una ruptura diplomática con la Santa Sede, que se solucionó recién en su segundo mandato.
 
A nivel internacional, los límites con Chile, la presencia en la Antártida y la Doctrina Drago, que impide el cobro de deudas mediante fuerza militar. Roca no estuvo solo sino que formó parte de una clase dirigente notable. Y fue esa Generación del 80 la que transformó un país pobre, vulnerable y despoblado en una de las economías más pujantes de su época. 
 
La Opinión Popular

18-10-2018 / 19:10
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