José Alfredo Martínez de Hoz, hizo del Estado un monstruo, cargándolo sobre las espaldas de quienes producen, generan empleo y pagan impuestos con una presión fiscal que se asemeja a la de países europeos, pero sin devolver sus servicios. 
 
El actual Gobierno asumió con la promesa de cambio, pero los problemas se acentuaron. Dijeron, también, que no perderíamos los derechos adquiridos, pero hoy el status quo de quienes con mucho esfuerzo lograron superarse camina sobre una cornisa y mantener un digno nivel de vida cuesta el doble que antes. Frente a tal estado de cosas, será tarea de todos luchar para torcer el rumbo de esta política que excluye a sectores medios y bajos, beneficiando solo a los ricos.
 
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                  10:47  |  Lunes 18 de Junio de 2013  |  Entre Ríos
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Lo dijo el doctor René Favaloro hace 20 años: “Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar”.
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Nacionales - 28-05-2018 / 08:05

Macri está haciendo pelota a la clase media que lo votó

Macri está haciendo pelota a la clase media que lo votó
Las últimas medidas oficiales han perjudicado especialmente a los sectores medios. Los mismos que podrían volver a darle una victoria al gobierno en las urnas el próximo año. ¿Es verdad que ninguna clase se suicida? No hay regla sin excepción. La clase media es el principal apoyo electoral, junto a los jubilados, del gobierno de Mauricio Macri. Es trágico, porque la reconversión neoliberal que comenzó la dictadura militar y culmina Cambiemos tiene por principal víctima precisamente a los sectores medios.
"El ajuste nos va a doler un poco", admitió jornadas atrás el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Va a doler, es cierto, pero no a él que la tiene en dólares y fuera del país, ni a sus millonarios pares, ni a las élites económicas beneficiadas por las políticas de Mauricio Macri.
 
Es la clase media a la que están haciendo pelota. Es ella la que ya sufre por este modelo neoliberal que no genera riqueza productiva ni crecimiento y, en cambio, se endeuda, va a los brazos del FMI, sube las tasas de interés para evitar que los dólares se fuguen del país. Pero los dólares se van y aquí estamos, empezando a pagar los platos rotos.
 
Ya no son solo los pobres, los rezagados de todos los gobiernos, los hundidos en el fango. Se le suma ahora el malestar de una clase media temerosa de desaparecer; los partidarios de Cambiemos, aquellos a los que el Gobierno de los Ricos debe la mayor parte de sus votos, siente el impacto de la devaluación, el aumento en las tarifas, en los precios de la canasta básica, desde el pan hasta la carne.
 
Desde la asunción de Macri, según indica la consultora Delfos, la clase media se redujo en cinco puntos, pasando del 30% al 25%. La movilidad social ascendente se resquebraja y, de continuar por este rumbo, en poco tiempo más pasará a ser un mito de otras épocas. De los años en que el peronismo le dio identidad a una clase que no existía, haciendo realidad el pregonado anhelo de las familias obreras: "Mi hijo, el doctor".
 
Eran años, aquellos, en que lo público funcionaba; las escuelas del Estado formaban; los hospitales curaban; los trenes conectaban, unían la Argentina llevando los productos de un mercado interno pujante; nos autoabastecíamos en petróleo, gas y luz, servicios eficientes, que valían lo que se pagaba; la inflación, la pobreza y la inseguridad no eran temas de conversación. Hoy es de lo único que se habla.
 
En cambio, no hablamos ya de aquella Argentina poderosa, en la que el obrero, el profesional y sus hijos podían proyectarse, elegir qué comer, tener una buena obra social, un auto o veranear sin que nada de esto fuera un "lujo". Ni de aquel país en que Pymes e industrias importaban apenas para sumar valor agregado a los productos que luego exportaban. O del granero del mundo que alimentaba a propios y extranjeros.
 
Podemos ver el borroso recuerdo de aquel país, malherido desde que en los '70 los militares lo tomaron por asalto y el ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, hizo del Estado un monstruo, cargándolo sobre las espaldas de quienes producen, generan empleo y pagan impuestos con una presión fiscal que se asemeja a la de países europeos, pero sin devolver sus servicios. 
 
El actual Gobierno asumió con la promesa de cambio, pero los problemas se acentuaron. Dijeron, también, que no perderíamos los derechos adquiridos, pero hoy el status quo de quienes con mucho esfuerzo lograron superarse camina sobre una cornisa y mantener un digno nivel de vida cuesta el doble que antes. Frente a tal estado de cosas, será tarea de todos luchar para torcer el rumbo de esta política que excluye a sectores medios y bajos, beneficiando solo a los ricos.
 
La Opinión Popular

 

El juego del conejo y la comadreja: Macri y la clase media
 
Dicen que ninguna clase social se suicida. No hay regla sin excepción. La clase media es el principal apoyo electoral, junto a los jubilados, del gobierno de Mauricio Macri. Es trágico, porque la reconversión neoliberal que comenzó la dictadura militar y culmina Cambiemos tiene por principal víctima precisamente a los sectores medios.
 
Con los primeros aumentos, la clase media comenzó a consumir segundas marcas. Después, cambió de supermercados, redujo las porciones de comida y hasta el número de veces que come en el día.
 
Hartos de la "corrupción de todos los políticos". Convencidos de que "cada uno hace lo suyo" y de que lo colectivo es "cosa de zurdos". Apurados porque "se le desate las manos a la policía".
 
Más afectos a los programas de Marcelo Tinelli y sus cuartos traseros que a ejercer el pensamiento crítico, confiaron en un gobierno de CEOs. "Si ellos se enriquecieron sabrán como enriquecernos", pensaron sin plantearse a quiénes les falta lo que alimenta las grandes fortunas, en los miles de millones fugados del país rumbo a los paraísos fiscales.
 
Los últimos aumentos de tarifas afectan especialmente a la clase media: transporte, obras sociales, combustible. Desde los grandes medios, periodistas militantes del ajuste le explican cómo ahorrar electricidad. "Con cinco minutos bajo el agua de la ducha ya está", le dicen.
 
El sector energético, pese a las promesas de reactivación del presidente Macri, no aumentó su producción, importa cada vez más. Algunos mal pensados recuerdan que los amigos presidenciales Nicolás Caputo, Marcelo Mindlin y Rogelio Pagano dueños (o por lo menos a cargo) de Edesur, Edesa, Edelap y casi todas las distribuidoras que embolsaron el año pasado 11.300 millones de pesos.
 
Ganaron 942 mil millones por mes. ¿Cuánto invirtieron? Está a la vista: la electricidad se corta y los apagones afectaron a millones de usuarios el verano pasado.
 
¿Qué paso con las tarifas de gas? Aumentaron en la Ciudad de Buenos Aires entre 2015 y abril de 2018, de un 400 a 920%. Todavía falta el agua, que se incrementará en no menos del 60%. El subte se irá a $11 en mayo y a $12,50 en junio. Subieron los peajes. El precio del combustible está liberado.
 
Cuatro de cada diez personas teme perder el trabajo. A los jubilados se le redujeron los haberes y la reforma laboral sale de a poco en medio de miles de despidos. Carrefour es un ejemplo, Cargill otro. El chantaje es: cierre; o despidos, flexibilización y baja salarial. En algunas oficinas de la Administración Pública reparten folletos que dicen "retiro voluntario". Manera muy cheta de decir: "te damos unos pesos y te vas, o esperás a que te echemos".
 
Los más optimistas opinan que la inflación anual será del 21 por ciento. El Gobierno insiste con su tope del 15, cuando casi todos se están dando cuenta de que ese número es sólo el techo para los salarios que se siguen pulverizando.
 
El jefe de Estado sigue insistiendo en que el ajuste es gradual. Macri y sus asesores no hacen nada nuevo. Noam Chomsky, refiriéndose al control social y el relato del neoliberalismo, afirmó: "para hacer que la gente acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990. Estado mínimo, privatizaciones, flexibilidad laboral, desempleo en masa, salarios que no aseguran ingresos decentes, tantos cambios hubieran provocado una revolución".
 
En sus últimos mensajes, Macri  interpela a la gente, señalando que consumen más de lo que deberían. El multimillonario presidente de un gobierno de CEOs que tienen sus ahorros en guaridas fiscales de todo el mundo reclama "ahorrar".
 
El capitalismo que es sinónimo de consumo llama a reducir el consumo. ¿No era que eso pasaba en Venezuela, el fantasma predilecto? Para Chomsky "hacer creer al individuo que es solamente él el culpable de su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos (meritocracia), logra que en lugar de rebelarse contra el sistema económico se culpe y autoinvalide".
 
¿Fenecerá de a poco la clase media como la ardilla hipnotizada por la comadreja con los ojos puestos en ese mundo feliz que les promete el jefe de Estado a cambio de los sacrificios actuales y que jamás llegará? ¿Y entonces vendrá la violencia del desengaño?
 
Previsores, los  gobiernos neoliberales despiden estatales, maestros, médicos pero no dejan de tomar policías, gendarmes, de comprar balas, gases, helicópteros israelíes.
 
Macri cae en las encuestas. Una mayoría dice que no lo votaría. Pero convengamos  que ese sector del electorado está dividido. Que Macri tenga posibilidades de ganar a esta altura del ajuste, el vaciamiento del Estado, las denuncias de corrupción en su contra y de casi todo "el mejor equipo de los últimos 50 años" -hay que reconocerlo- es un  verdadero éxito.
 
¿Logrará la perversidad neoliberal que sus víctimas le den la victoria? Es muy posible. Después de todo, es la historia del neoliberalismo aún hoy cuando los golpes militares han sido reemplazados por otras formas de control a través del bloqueo informativo, la utilización política de la Justicia que puede voltear presidentes o proscribirlos y todos los recursos de la neurobiología, la psicología aplicada que hace que el sistema conozca al votante mejor de lo que éste se conoce a sí mismo.
 
La comadreja baila alrededor del conejo que la dobla en tamaño y la mira asombrado. Queda como hipnotizado. En medio su danza hipnótica la comadreja se acerca, le salta al cuello y, cuando menos se lo espera, lo asesina.
 
Por Carlos Slagul
 
Fuentes: Indymedia y Diario Hoy
 

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Macri está haciendo pelota a la clase media que lo votó
18-06-2018 / 10:06
Con una pésima gestión del mercado cambiario y sin dólares suficiente en las reservas, el sendero para el tipo de cambio es ascendente. El gobierno de Mauricio Macri no puede frenar la corrida, simplemente porque no hay suficientes dólares disponibles para atender la demanda y se sometió a los dictados del FMI.
 
"Que baje el dólar, la puta que te parió". El cántico, unánime, partió de entre la multitud de argentinos que este fin de semana caminaron por las calles rusas, convocados por la fiebre mundialista para ver a Lionel Messi y equipo. Condenarlo como un insulto o reducirlo a una picardía sería subestimar el poder de la alerta, de esas palabras que dicen mucho más de lo que gritan.
 
Lo que hay, lo que se percibe, es un hartazgo que ni los miles de kilómetros que nos separan de Rusia, ni la euforia mundialista por el debut argentino han podido mitigar. El desastre económico, esta vez, hace mella en la Argentina, sin distinción de capas sociales, castigando ya no solo a los vulnerables de siempre, sino también a las clases medias y medias altas.
 
Precisamente, son estas las que ahora dirigen sus gritos al presidente Macri, clamando por algo más que un dólar estable. Piden lo que todavía no existe: un programa económico razonable y sustentable. Un esquema, algo que vaya más allá del simple cambio de ministros como se pueden cambiar los fusibles de un hogar.
 
Pero la paciencia de la clase media que votó a este Gobierno de los Ricos, por momentos mezquina o adormecida, tiene sus límites y por fin parece advertir que le ha llegado su hora, que el acuerdo neocolonial alcanzado con el FMI es, menos que un rescate, un salvavidas de plomo, no solo para el sector público, o los castigados salarios de los obreros o las jubilaciones de miseria, sino también un ajuste que la incluye.
 
El acuerdo neocolonial con el FMI definirá, para mal, el futuro de la Argentina, afectará a vastos sectores de la sociedad y sobre el que, no obstante, el Presidente no ha abierto la boca para dar una explicación de lo acordado. Hacerlo, implicaría exponer la crudeza de una realidad y unas metas brutales de ajuste, alejadas de las promesas que hizo a sus votantes.
 
Macri se cuida de evitar el sincericidio, pero quienes lo eligieron ya sienten la traición, con un malestar hondo, que viaja kilómetros. Él hace como si no los escuchara, se empecina en su rumbo sin plan y reduce todo a un juego de ajedrez, cambiando figuritas en el mismo álbum.
 
En el tema del dólar, el acuerdo neocolonial Macri-FMI es claro, planea absorber las presiones externas a través de un tipo de cambio flexible y ventas de divisas muy limitadas. O sea, dejar que se devalué la moneda todo lo que el mercado estime o especule, sin mencionar que no habrá botes salvavidas para todos.
 
La Opinión Popular

17-06-2018 / 16:06
Por una mínima diferencia -mínima pero decisiva- la despenalización del aborto fue aprobada en la Cámara de Diputados. Hay indicios para pensar que también podría ser aprobaba en Senadores. Si el señor Pichetto declaró que esto puede ser posible, es porque sabe de lo que está hablando.
 
De todos modos, la batalla por la despenalización del aborto está ganada. La ganó la sociedad, la ganaron las mujeres, la ganó la historia. En todos los países civilizados del mundo se comparte este criterio. Se discuten matices, detalles, pero en lo fundamental el acuerdo acerca del derecho de la mujer a interrumpir su embarazo es fuerte.
 
Agrego algo más: el derecho a interrumpir su embarazo sin que por ello vaya presa. Porque ése es el "detalle" decisivo, lo que a modo de síntesis diría que se debatió hasta la mañana del jueves en Diputados. Esa fue la pregunta que debía responder cada diputado a la hora de intervenir: ¿Va o no va presa? Lo demás se conversa.
 
En realidad, lo que se decidió fue legalizar aquello que de manera sórdida, oscura, culposa, se realizaba en la sociedad con sus consecuencias: muertes, mutilaciones, heridas irreparables. Les guste o no a los objetores, las mujeres abortan y seguirán abortando cuando lo consideren necesario, pero con un detalle: hasta la semana pasada la prohibición transformaba a esta decisión en un delito y habilitaba por bajo cuerda la industria millonaria de los médicos aborteros. Ahora empezará de dejar de ser así.
 
Por supuesto, acá también se establecían diferencias. Las mujeres con recursos podían disponer de algunas garantías; las pobres mujeres padecían las consecuencias de su pobreza. 

17-06-2018 / 11:06
"Hemos acordado un stand by de acceso privado por 50 mil millones de dólares. Esto es un reflejo del apoyo de la comunidad internacional al país", publicaron los diarios el 7 de junio. Antes de eso, el Gobierno no había dado pistas sobre tal acuerdo.
 
Ni los partidos aliados en Cambiemos conocían lo mínimo como para responder sin trastabillar las preguntas del periodismo. El acontecimiento que definirá los próximos años no fue discutido.
 
Un buen político sabe que es peligroso liberar fuerzas que no se está en condiciones de dirigir. En general, Macri no lo hace, por eso hasta hoy no ha puesto en debate público lo que ha firmado con el FMI. Hubo que esperar a la mañana del último viernes para una deslucida exposición y conferencia de prensa del ministro Dujovne, que agregó algunas precisiones.
 
Primero se firmó el acuerdo con el FMI. Luego, a las cansadas, el Gobierno se refirió a sus imposiciones, sus límites y sus consecuencias. Hay palabras que los argentinos preferimos no volver a usar. Pero el pacto fue un blindaje y significa un severo ajuste, esa dupla semántica y económica que nos marcó en los comienzos de este siglo.
 
Como si se tratara de una obra jugada en otro teatro, el pacto con el FMI fue todo lo contrario a los apasionados debates por el aborto de las últimas semanas. Precisamente, el acuerdo firmado con el FMI es un ejemplo de opacidad extrema, no porque el periodismo no acerque los datos de las obligaciones contraídas, sino porque esas mismas obligaciones son complicadas y solo el discurso político democrático puede restaurar un nivel aceptable de inteligibilidad.
 
Macri firmó primero y todavía no abrió la boca ni siquiera frente a sus aliados políticos, mucho menos frente a sus opositores. Reclama un acuerdo en un páramo discursivo. En este caso, la falla política no afecta solo a los excluidos sino a vastos sectores sociales más organizados y, probablemente, mejor preparados para comprender de qué se trata y, en consecuencia, para apoyar u oponerse razonadamente.
 
Todo el mundo está preocupado por alcanzar acuerdos. Pero preocupa otra cosa: cómo se llega a ellos y cómo se los garantiza. Por eso, los acuerdos antes de firmarse deben ser públicos y debatidos. Lo que Macri y su ministro Dujovne hicieron respecto del FMI fue ciertamente lo contrario. Una falla en lo político que no asegura un buen futuro. 

17-06-2018 / 10:06
A pesar de que Mauricio Macri se vanagloriaba de contar con "el mejor equipo económico de los últimos 50 años", ya cambió de ministro de Hacienda y presidente del Banco Central y completó los relevos sacando a los ministros de Producción y de Energía, la cara visible del tarifazo.
 
En medio de la disparada del dólar y la salida del presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, Macri decidió reemplazar a los ministros de Energía, Juan José Aranguren y de Producción, Francisco Cabrera. Mediante un comunicado, la Casa Rosada anunció que sus reemplazantes serán el petrolero Javier Iguacel y el analista Dante Sica, respectivamente.
 
Estos cambios de gabinete no hacen más que confirmar el fracaso total de la política económica de Macri. Este tipo de cambios de nombre por nombre o a modo de manotazo de ahogado, pero que hacia afuera lo quieren mostrar como cambios profundos, no van a servir si la economía no es mirada de otra manera y con distintos ojos.
 
Macri está haciendo un cambio de nombres para sacarse de encima a los ministros más desgastados y seguir reforzando el plan de ajuste del FMI. Pero el problema no es el cambio de nombres, sino el cambio del proyecto económico neoliberal.
 
Sica no va a empezar una política de aliento a las exportaciones, de freno a las importaciones o de aliento a la industria y a la producción nacional. Tampoco se van a retrotraer las tarifas que tanto descontento social han generado. No habrá ningún cambio en el rumbo económico de este gobierno.
 
Como se vienen llevando las políticas de este Gobierno de los Ricos, será imposible y no va ser viable esta economía que lleva a la ruptura más profunda de las clases sociales, con miles de argentinos que día a día caen en la línea de la pobreza y con la clase media tambaleando.
 
Con un país que no tiene un mercado interno robusto, sin pymes protegidas por el gobierno de los CEOs, pretendiendo bajar los salarios y jubilaciones, cosas que ya ocurrió con la abrupta devaluación y la suba del dólar que en breve podría llegar a los 30 pesos y sin control de precios; cuando la cadena de pagos se rompe o cuando termina siendo más productivo dejar de invertir y poner el dinero en la timba financiera como lo son las Lebac, estamos por muy mal camino.
 
Mientras esta crisis parece no tener fin, será preciso enfrentar sus consecuencias. Si con el mejor equipo de los últimos 50 años nos fue tan mal, y terminamos en la B: el FMI, no queremos imaginar cómo nos va a ir ahora que entran los suplentes.
 
La Opinión Popular

16-06-2018 / 16:06
La única discusión es sobre los tiempos y la profundidad, el sentido está descontado: Mauricio Macri aceptó que tiene que hacer una drástica reducción de su gabinete para recuperar la confianza de un mercado que ni pestañeó ante la designación del súper trader Luis "Toto" Caputo en el Banco Central.
 
Las versiones hablan de una reducción de los actuales 20 ministerios a una cifra que va de siete a trece. Medio Ambiente, Modernización y Cultura pasarían a secretarías dependientes de la Presidencia, como fueron tradicionalmente. Y Energía y Producción serían degradadas a ese mismo nivel, sólo que para ubicarse debajo de Nicolás Dujovne, en la construcción por cuotas y a regañadientes que ensaya Macri, de un ministro de Economía tradicional.
 
Mucho más sensible, pero acaso igual de impactante, sería eliminar los ministerios de Salud y Educación y reemplazarlos por algún tipo de organismo de enlace con las provincias, que en rigor asumen toda la carga de la gestión en esas áreas. Son todas versiones que corren por estas horas, al igual que el eventual regreso de una cartera de Obras Públicas tradicional.
 
Lo que nadie discute es que el mercado pidió y pide un ajuste severo de un gabinete diseñado con criterios escandinavos, para un país inmenso e indomable como la Argentina. Llama también la atención el notable perfil bajo que transita Marcos Peña. "Está bastante corrido", afirmó una fuente que conoce muy de adentro el funcionamiento del macrismo.
 
Un deslizamiento que coincide con el protagonismo cada vez mayor de Nicolás "Nicky" Caputo, uno de los que más empuja el cambio profundo del gabinete.

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