José Alfredo Martínez de Hoz, hizo del Estado un monstruo, cargándolo sobre las espaldas de quienes producen, generan empleo y pagan impuestos con una presión fiscal que se asemeja a la de países europeos, pero sin devolver sus servicios. 
 
El actual Gobierno asumió con la promesa de cambio, pero los problemas se acentuaron. Dijeron, también, que no perderíamos los derechos adquiridos, pero hoy el status quo de quienes con mucho esfuerzo lograron superarse camina sobre una cornisa y mantener un digno nivel de vida cuesta el doble que antes. Frente a tal estado de cosas, será tarea de todos luchar para torcer el rumbo de esta política que excluye a sectores medios y bajos, beneficiando solo a los ricos.
 
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“Si la fuerza material está monopolizada por el régimen, las fuerzas morales, los valores que no se afincan en lo material están de nuestro lado, del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora”. John W. Cooke
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Nacionales - 28-05-2018 / 08:05

Macri está haciendo pelota a la clase media que lo votó

Macri está haciendo pelota a la clase media que lo votó
Las últimas medidas oficiales han perjudicado especialmente a los sectores medios. Los mismos que podrían volver a darle una victoria al gobierno en las urnas el próximo año. ¿Es verdad que ninguna clase se suicida? No hay regla sin excepción. La clase media es el principal apoyo electoral, junto a los jubilados, del gobierno de Mauricio Macri. Es trágico, porque la reconversión neoliberal que comenzó la dictadura militar y culmina Cambiemos tiene por principal víctima precisamente a los sectores medios.
"El ajuste nos va a doler un poco", admitió jornadas atrás el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Va a doler, es cierto, pero no a él que la tiene en dólares y fuera del país, ni a sus millonarios pares, ni a las élites económicas beneficiadas por las políticas de Mauricio Macri.
 
Es la clase media a la que están haciendo pelota. Es ella la que ya sufre por este modelo neoliberal que no genera riqueza productiva ni crecimiento y, en cambio, se endeuda, va a los brazos del FMI, sube las tasas de interés para evitar que los dólares se fuguen del país. Pero los dólares se van y aquí estamos, empezando a pagar los platos rotos.
 
Ya no son solo los pobres, los rezagados de todos los gobiernos, los hundidos en el fango. Se le suma ahora el malestar de una clase media temerosa de desaparecer; los partidarios de Cambiemos, aquellos a los que el Gobierno de los Ricos debe la mayor parte de sus votos, siente el impacto de la devaluación, el aumento en las tarifas, en los precios de la canasta básica, desde el pan hasta la carne.
 
Desde la asunción de Macri, según indica la consultora Delfos, la clase media se redujo en cinco puntos, pasando del 30% al 25%. La movilidad social ascendente se resquebraja y, de continuar por este rumbo, en poco tiempo más pasará a ser un mito de otras épocas. De los años en que el peronismo le dio identidad a una clase que no existía, haciendo realidad el pregonado anhelo de las familias obreras: "Mi hijo, el doctor".
 
Eran años, aquellos, en que lo público funcionaba; las escuelas del Estado formaban; los hospitales curaban; los trenes conectaban, unían la Argentina llevando los productos de un mercado interno pujante; nos autoabastecíamos en petróleo, gas y luz, servicios eficientes, que valían lo que se pagaba; la inflación, la pobreza y la inseguridad no eran temas de conversación. Hoy es de lo único que se habla.
 
En cambio, no hablamos ya de aquella Argentina poderosa, en la que el obrero, el profesional y sus hijos podían proyectarse, elegir qué comer, tener una buena obra social, un auto o veranear sin que nada de esto fuera un "lujo". Ni de aquel país en que Pymes e industrias importaban apenas para sumar valor agregado a los productos que luego exportaban. O del granero del mundo que alimentaba a propios y extranjeros.
 
Podemos ver el borroso recuerdo de aquel país, malherido desde que en los '70 los militares lo tomaron por asalto y el ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, hizo del Estado un monstruo, cargándolo sobre las espaldas de quienes producen, generan empleo y pagan impuestos con una presión fiscal que se asemeja a la de países europeos, pero sin devolver sus servicios. 
 
El actual Gobierno asumió con la promesa de cambio, pero los problemas se acentuaron. Dijeron, también, que no perderíamos los derechos adquiridos, pero hoy el status quo de quienes con mucho esfuerzo lograron superarse camina sobre una cornisa y mantener un digno nivel de vida cuesta el doble que antes. Frente a tal estado de cosas, será tarea de todos luchar para torcer el rumbo de esta política que excluye a sectores medios y bajos, beneficiando solo a los ricos.
 
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El juego del conejo y la comadreja: Macri y la clase media
 
Dicen que ninguna clase social se suicida. No hay regla sin excepción. La clase media es el principal apoyo electoral, junto a los jubilados, del gobierno de Mauricio Macri. Es trágico, porque la reconversión neoliberal que comenzó la dictadura militar y culmina Cambiemos tiene por principal víctima precisamente a los sectores medios.
 
Con los primeros aumentos, la clase media comenzó a consumir segundas marcas. Después, cambió de supermercados, redujo las porciones de comida y hasta el número de veces que come en el día.
 
Hartos de la "corrupción de todos los políticos". Convencidos de que "cada uno hace lo suyo" y de que lo colectivo es "cosa de zurdos". Apurados porque "se le desate las manos a la policía".
 
Más afectos a los programas de Marcelo Tinelli y sus cuartos traseros que a ejercer el pensamiento crítico, confiaron en un gobierno de CEOs. "Si ellos se enriquecieron sabrán como enriquecernos", pensaron sin plantearse a quiénes les falta lo que alimenta las grandes fortunas, en los miles de millones fugados del país rumbo a los paraísos fiscales.
 
Los últimos aumentos de tarifas afectan especialmente a la clase media: transporte, obras sociales, combustible. Desde los grandes medios, periodistas militantes del ajuste le explican cómo ahorrar electricidad. "Con cinco minutos bajo el agua de la ducha ya está", le dicen.
 
El sector energético, pese a las promesas de reactivación del presidente Macri, no aumentó su producción, importa cada vez más. Algunos mal pensados recuerdan que los amigos presidenciales Nicolás Caputo, Marcelo Mindlin y Rogelio Pagano dueños (o por lo menos a cargo) de Edesur, Edesa, Edelap y casi todas las distribuidoras que embolsaron el año pasado 11.300 millones de pesos.
 
Ganaron 942 mil millones por mes. ¿Cuánto invirtieron? Está a la vista: la electricidad se corta y los apagones afectaron a millones de usuarios el verano pasado.
 
¿Qué paso con las tarifas de gas? Aumentaron en la Ciudad de Buenos Aires entre 2015 y abril de 2018, de un 400 a 920%. Todavía falta el agua, que se incrementará en no menos del 60%. El subte se irá a $11 en mayo y a $12,50 en junio. Subieron los peajes. El precio del combustible está liberado.
 
Cuatro de cada diez personas teme perder el trabajo. A los jubilados se le redujeron los haberes y la reforma laboral sale de a poco en medio de miles de despidos. Carrefour es un ejemplo, Cargill otro. El chantaje es: cierre; o despidos, flexibilización y baja salarial. En algunas oficinas de la Administración Pública reparten folletos que dicen "retiro voluntario". Manera muy cheta de decir: "te damos unos pesos y te vas, o esperás a que te echemos".
 
Los más optimistas opinan que la inflación anual será del 21 por ciento. El Gobierno insiste con su tope del 15, cuando casi todos se están dando cuenta de que ese número es sólo el techo para los salarios que se siguen pulverizando.
 
El jefe de Estado sigue insistiendo en que el ajuste es gradual. Macri y sus asesores no hacen nada nuevo. Noam Chomsky, refiriéndose al control social y el relato del neoliberalismo, afirmó: "para hacer que la gente acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990. Estado mínimo, privatizaciones, flexibilidad laboral, desempleo en masa, salarios que no aseguran ingresos decentes, tantos cambios hubieran provocado una revolución".
 
En sus últimos mensajes, Macri  interpela a la gente, señalando que consumen más de lo que deberían. El multimillonario presidente de un gobierno de CEOs que tienen sus ahorros en guaridas fiscales de todo el mundo reclama "ahorrar".
 
El capitalismo que es sinónimo de consumo llama a reducir el consumo. ¿No era que eso pasaba en Venezuela, el fantasma predilecto? Para Chomsky "hacer creer al individuo que es solamente él el culpable de su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos (meritocracia), logra que en lugar de rebelarse contra el sistema económico se culpe y autoinvalide".
 
¿Fenecerá de a poco la clase media como la ardilla hipnotizada por la comadreja con los ojos puestos en ese mundo feliz que les promete el jefe de Estado a cambio de los sacrificios actuales y que jamás llegará? ¿Y entonces vendrá la violencia del desengaño?
 
Previsores, los  gobiernos neoliberales despiden estatales, maestros, médicos pero no dejan de tomar policías, gendarmes, de comprar balas, gases, helicópteros israelíes.
 
Macri cae en las encuestas. Una mayoría dice que no lo votaría. Pero convengamos  que ese sector del electorado está dividido. Que Macri tenga posibilidades de ganar a esta altura del ajuste, el vaciamiento del Estado, las denuncias de corrupción en su contra y de casi todo "el mejor equipo de los últimos 50 años" -hay que reconocerlo- es un  verdadero éxito.
 
¿Logrará la perversidad neoliberal que sus víctimas le den la victoria? Es muy posible. Después de todo, es la historia del neoliberalismo aún hoy cuando los golpes militares han sido reemplazados por otras formas de control a través del bloqueo informativo, la utilización política de la Justicia que puede voltear presidentes o proscribirlos y todos los recursos de la neurobiología, la psicología aplicada que hace que el sistema conozca al votante mejor de lo que éste se conoce a sí mismo.
 
La comadreja baila alrededor del conejo que la dobla en tamaño y la mira asombrado. Queda como hipnotizado. En medio su danza hipnótica la comadreja se acerca, le salta al cuello y, cuando menos se lo espera, lo asesina.
 
Por Carlos Slagul
 
Fuentes: Indymedia y Diario Hoy
 

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Macri está haciendo pelota a la clase media que lo votó
22-01-2019 / 10:01
La fuga de capitales volvió a dar malas noticias en diciembre y rebotó tras un noviembre en el que había caído con fuerza. Si bien siguió en niveles relativamente bajos, en comparación con la dinámica que había tomado durante la crisis cambiaria, se duplicó en un mes estacionalmente complicado y fue de u$s862 millones.
 
Con todo, el año pasado fue récord de fuga y llegó a $27.230 millones, casi la misma cantidad que ingresó de la mano de los desembolsos del FMI. El trienio Cambiemos totalizó 59.329 millones de dólares. La expectativa es que en 2019, por ser un año electoral bastante cargado de incertidumbres, continúe la aceleración registrada en diciembre.
 
El gobierno de Mauricio Macri emitió deuda por 60.464 millones de dólares. Eso sin contar Letes por 13.724 millones de dólares y el préstamo del FMI por 56.300 millones de dólares.
 
Los dólares no fueron destinados a infraestructura o industrialización sino para cubrir la fuga de capitales que, durante la gestión Macri, alcanza los 59.329 millones de dólares y un déficit comercial acumulado del orden de los 12.420 millones de dólares, estimulados ambos por las políticas neoliberales de apertura comercial y financiera de Cambiemos.
 
La deuda contraída es uno de los grandes motores de la crisis porque hoy depende exclusivamente de la gerencia del FMI y de Donald Trump. El día en que ese apoyo externo se resquebraje o termine, como en algún momento podría ocurrir, el país estará sometido a dificultades de gran magnitud.
 
La Opinión Popular

22-01-2019 / 09:01
La campaña electoral de la alianza Cambiemos pasó del eje de la seguridad a otro de sus preferidos: la corrupción K. El presidente Mauricio Macri anunció que, mediante un decreto de necesidad y urgencia (DNU), habilitará a extinguir la propiedad sobre los bienes de personas que todavía no hayan sido condenadas penalmente. Sostuvo que lo saca por decreto porque el Congreso tardó mucho en discutir los proyectos que enviaron.
 
Es un acto de campaña que deja en claro que las medidas de Gobierno de este año buscarán cualquier línea que aleje la discusión del desastre de la economía. En este caso, volvió a sacar de la galera el proyecto de extinción de dominio, que había enviado al Congreso. El proyecto original había sido escrito por Sergio Massa y había tenido media sanción en Diputados en 2016.
 
En el Senado, luego de un fuerte rechazo en comisión por parte de distintos especialistas, el proyecto fue modificado y volvió a Diputados. El oficialismo quería insistir con la redacción original. Ayer el Presidente justificó la necesidad y la urgencia a partir de no poder esperar los tiempos legislativos.
 
¿Qué significa esta norma? Básicamente que el que Estado puede pedir al Poder Judicial que determinados bienes sean incautados por el solo hecho de estar vinculados a un delito y sin necesidad de condena penal. Este decreto es abiertamente inconstitucional. Los temas penales no pueden ser legislados en un DNU, deben ser aprobados en el Congreso.
 
Las críticas contra la norma apuntan en varias direcciones. La más importante es que termina negando el principio de inocencia que rige el funcionamiento de la Justicia. Al posibilitar que incautación de bienes sean sin condena penal, avala la posibilidad de que el Estado pueda avanzar contra quienes no han sido declarados culpables.
 
Es decir, la normativa la otorga un poder discrecional enorme al Gobierno, al permitirle accionar contra bienes que considera parte de una "actividad ilícita", sobre todo de opositores políticos.
 
Precisamente una segunda crítica recae sobre la definición de "actividades ilícitas", un concepto tan amplio como vago, difícil de determinar. Por esa característica es pasible de ser también usado de manera arbitraria.
 
La norma demagócica que el Gobierno impulsará está lejos de atacar la corrupción estructural que anida en la estrecha relación entre el poder político -más allá del signo político del partido gobernante- y los grandes empresarios. Una corrupción estructural que Cambiemos no quiere y no puede tocar.
 
La Opinión Popular

21-01-2019 / 17:01
21-01-2019 / 09:01
"Voy a ser candidato a presidente y quiero ser el presidente de la Argentina del crecimiento para salir de este fracaso", señaló Sergio Massa, líder del Frente Renovador y ahora precandidato de Alternativa Federal, ante las voces que impulsan la postulación del ex ministro de Economía Roberto Lavagna como candidato de un armado peronista sin el cristinismo.
 
"De ninguna manera voy a ser candidato a gobernador", afirmó el ex intendente de Tigre y así descartó bajar su precandidatura que por ahora disputaría con el senador del PJ Miguel Ángel Pichetto y el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey.
 
Con el año electoral ya corriendo a los candidatos y al propio gobierno, Massa apuntó que "el próximo presidente, y sin dudas yo lo tengo claro e impregnado en la piel, después de recorrer parte del país con el auto y tomar contacto con la gente, va a tener que llamar a un gran acuerdo por la unidad".
 
Alternativa Federal nació una vez que el camino de unidad encarado por el peronismo comenzó a concretarse y los dirigentes de Alternativa Federal tomaron la vía de diferenciarse confrontando con el cristinismo.
 
Integrado por gobernadores justicialistas, descartan a la ex presidenta Cristina Fernández como candidata, se declaman como un agrupamiento "superador" de la disyuntiva macrismo- cristinismo. Los dirigentes promueven que las candidaturas se resuelvan a través de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias.
 
"Cuando vos mirás las serie histórica de la Argentina y... ¿viste que se habla mucho de los últimos 50 años? Roberto (Lavagna), Martín Redrado, José Ignacio de Mendiguren, Aldo Pignanelli, y yo mismo en ese momento desde la seguridad social, pusimos una serie histórica, que cruzó dos gobiernos, el de (Eduardo) Duhalde y el de la primera etapa del de (Néstor) Kirchner", señaló Massa sobre algunos de los funcionarios que pasaron o forman parte del Frente Renovador (FR).
 
"Con Lavagna vamos a ser parte de la solución a los problemas de la Argentina", agregó, buscando mostrar cercanía con el economista. El líder del FR insistió en mostrar su buena relación con Lavagna, con quien dijo reunirse cada quince días, y de quien dijo que es "el faro más importante que tienen aquellos que creen en la Argentina del desarrollo y el crecimiento".
 
La Opinión Popular

20-01-2019 / 09:01
Chico conoce chica, la comedia de Hollywood le saca el jugo. Presidente conoce presidente, las Cancillerías y los medios afines abusan del paralelismo: hablan de "química", "empatía", "onda" y otras simplezas. Como en las comedias o en la vida real el primer encuentro puede influir, pero la larga convivencia siempre es crucial.
 
El presidente brasileño, Jair Messias Bolsonaro, recibió a su colega argentino Mauricio Macri en Brasilia. Dos desaires anteriores (ahora dicen) quedaron atrás: Bolsonaro no vino para el G-20, Macri veraneaba cuando asumió su par. Sobreactuaron amistad aunque a Macri (cultor de la doctrina Chocobar) sus asesores le aconsejan no fotografiarse "disparando" con las manos.
 
Objetivamente tienen un destino común, una frontera gigantesca, un intercambio comercial único. Ningún país es soberano del todo, en la aldea global. Pero hay mandatarios o visiones ideológicas que se empeñan en ampliar los márgenes nacionales de decisión. Otros prefieren el alineamiento con los países hegemónicos aunque jamás hablen de dependencia.
 
A los contertulios de Brasilia no los unen el amor ni el espanto, sí intereses  y la subordinación al Departamento de Estado.
 
Como Aníbal Troilo, Estados Unidos nunca se fue de este Sur, pero su política exterior posterior al atentado a las Torres Gemelas permitió un resuello. Coincidió con la llegada de experiencias populares variadas, más o menos radicales pero muchas antagónicas con la herencia neoconservadora de los '90.
 
Prevalecieron la paz y la no intervención en otros Estados, por un lapso prolongado y con una intensidad tal vez sin precedentes. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) medió exitosamente para frenar sangrientos intentos golpistas contra el presidente boliviano, Evo Morales, y contra el ecuatoriano Rafael Correa que incluso fue secuestrado por fuerzas de seguridad.
 
Las coincidencias políticas gravitaban pero todos los gobiernos cooperaban en un organismo flamante, de nimia institucionalidad cuyas resoluciones exigen unanimidad de los presidentes. O, cuanto menos, inexistencia de vetos así fuera de uno solo.
 
Diplomacia presidencial al rojo vivo que eleva el protagonismo de los mandatarios y confina a las Cancillerías. Néstor Kirchner fue electo presidente del organismo con la anuencia de todos sus integrantes: una sola bolilla negra bastaba para dejarlo afuera.
 
Las derechas autóctonas, con la cooperación recurrente de "la Embajada" de EE.UU. le coparon la parada a Unasur. Cambiaron la correlación de fuerzas mediante golpes de Estado atípicos, novedosos: en Paraguay, Honduras, Brasil y ahora van por Venezuela. Macri y Bolsonaro 2019 se contraponen a Lula da Silva-Néstor Kirchner en 2003. Pasaron cosas, caramba. 

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