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Nacionales - 17-05-2018 / 11:05
ESTÁN LISTOS PARA DAR LA DISCUSIÓN POR LOS RECORTES

Gobernadores peronistas piden que se empiece por bajar el déficit de Nación

Gobernadores peronistas piden que se empiece por bajar el déficit de Nación
Los gobernadores peronistas resisten el pedido de Macri de acelerar el ajuste. Argumentaron que es la Nación la que debe profundizar la “poda” en los gastos, aunque aclararon que contribuirán a la gobernabilidad.
En el marco de la cumbre de la Zona de Integración Centro Oeste de América del Sur (Zicosur) que sesionó ayer en Tucumán, un grupo de gobernadores peronistas expresaron fuertes críticas al déficit fiscal que arrastra el Estado nacional, se mostraron conscientes del "precio" que se deberá pagar tras la crisis económica del "supermartes", pero al mismo tiempo, se mostraron dispuestos a acompañar al Gobierno a los fines de "garantizar confiabilidad".
 
El cordobés Juan "El Gringo" Schiaretti consideró que la solución a ese dilema radicaría en que "la Nación deje de subsidiar las tarifas del gas y la electricidad a Buenos Aires y al Gran Buenos Aires, porque eso insume 15 mil millones de pesos al presupuesto nacional", por lo que si decide transferirle "los servicios" a esos distritos "como corresponde en un país federal, el déficit comenzará a bajar rápidamente".
 
Así, el peronismo territorial, encarnado por un pack de gobernadores "dialoguistas", desplegó este miércoles su respuesta al llamado de gran acuerdo de Mauricio Macri. Es dual: aportar a la gobernabilidad pero cuestionar la receta oficial de ajuste del FMI.
 
La Opinión Popular

 
En la reunión, que fue la prosecución de un asado que tuvo lugar la noche previa en la casa del anfitrión, Juan Manzur, los mandatarios provinciales buscaron dejar aclarado que más allá de las diferencias de criterio que tienen con el gobierno del presidente Mauricio Macri, la gente "lo eligió y lo vamos a ayudar para que le vaya lo mejor posible".
 
Fue precisamente el cordobés Juan Schiaretti, de buena sintonía con la Casa Rosada, quien señaló que el Gobierno tiene "un déficit del 6 por ciento del PBI, mientras que en las provincias esa cifra se reduce al 0,5 por ciento".
 
Por su parte, el salteño Juan Manuel Urtubey, otro de buena sintonía con Casa de Gobierno, se mostró preocupado con el hecho de que el Ejecutivo "considere que la única política económica es la política cambiaria", al tiempo que advirtió que el martes se logró superar "una crisis importante, pero el precio que vamos a pagar los argentinos será muy alto".
 
Mientras que Manzur, en tren de deslindar responsabilidades, aclaró que la decisión de recurrir al FMI "no es un tema que evaluemos los gobernadores porque esa es una decisión del Presidente".
 
El tucumano consideró que "en el marco de un país federal como el nuestro, las provincias tenemos autonomía para fijar prioridades", tras lo cual aclaró que su distrito no tiene "déficit fiscal", precisó que la "balanza comercial es positiva", dijo que ya cerraron las "paritarias con todos los gremios estatales" e informó que "a lo largo de los tres años" de su gestión no se ha tomado "ni un centavo de dólar de deuda externa".
 
"Estamos a la expectativa de las medidas que va a tomar el Gobierno para ver de qué manera podemos colaborar, porque la prioridad en estos casos es mantener la gobernabilidad", dijo a su turno el chaqueño Domingo Peppo, quien aclaró que aportarán todo lo que de ellos dependa "para garantizar la confiabilidad de nuestro país, porque de esa forma retornarán los créditos para el sector privado".
 
Por Horacio Aranda Gamboa
 
Fuente: BAE Negocios
 

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20-05-2018 / 11:05
No fue un descuido ni un fallido de Mauricio Macri cuando, recién asomando su candidatura, desestimó a la inflación cómo un problema, asegurando que era un asunto de solucionar, y su existencia era solamente la manifestación de "la incapacidad para gobernar".
 
Y es que entre sus economistas más cercanos, entre los que se destaca desde hace ya un tiempo Federico Sturzenegger, le sugerían que bastaba con manejar la cantidad de dinero en circulación para estabilizar los precios.
 
Ellos, el PRO, harían lo que nunca otros habían hecho: frenar la emisión monetaria. Si la solución era tan sencilla, la inflación no sería un problema, reflexionó el entonces candidato a presidente. Y así lo transmitió. A dos años y medio de gobierno de Cambiemos, la realidad económica le dio un mazazo en la frente a semejante simplificación.
 
El modelo económico impuesto a partir de diciembre de 2015 llevó a que la apertura comercial, la desregulación (descontrol) de los movimientos de capitales internacionales y las altas tasas de interés convirtieran la economía argentina en un pequeño casino para los grandes jugadores de las finanzas internacionales.
 
Y ubicara al país, por vía del endeudamiento externo y los múltiples déficit en las cuentas externas (balanza comercial, turismo, fuga de capitales, pagos de dividendos e intereses) en "uno de los países más vulnerables" ante las turbulencias financieras externas, como el propio Macri admitió al anunciar que iniciaba negociaciones con el FMI.
 
El modelo elegido para "la vuelta al mundo" que proclama el Gobierno de los Ricos también le impuso al país una muy elevada dependencia del dólar al momento de determinar sus precios internos.
 
Dolarizó tarifas, dolarizó el precio de los combustibles, eliminó retenciones (vinculando el precio de exportación al que debe pagar el mercado interno por los mismos productos), desreguló (perdió el control) sobre precios de insumos básicos y abrió el mercado interno a la importación de todo tipo de productos, permitiendo que desplazara a la producción interna.
 
Por lo dicho más arriba, el desequilibrio permanente en las cuentas externas genera tensión en el mercado cambiario y una tendencia constante al aumento del tipo de cambio. Por momentos, como el actual, en  forma abrupta. Por lo dicho en el párrafo anterior, eso está llamado a producir shocks inflacionarios periódicamente.
 
El gobierno de Cambiemos, con su fórmula simple para "gobiernos capaces", no logró resolver la inflación heredada. Pero creó otra mucho peor, por lo dañina en términos de desarrollo económico y costos sociales.
 
En el actual esquema económico, el dólar se cuela en los precios por todos los agujeros que deja la falta de controles. 

19-05-2018 / 17:05
19-05-2018 / 09:05
19-05-2018 / 09:05
Están el jeringozo, el esperanto y el mauribol. El primero ya se sabe que se arma con un juego de sílabas; el segundo con palabras de distintos idiomas y el último lleva la primera fracción de su nombre en homenaje a su principal promotor y el "bol" del final es porque, al hablar ese idioma, se trata de hacerse el tonto. Como los chicos.
 
Por ejemplo cuando se dice: "este es otro FMI". Todos saben que nunca hubo otro, más que el tristemente famoso representante de las economías centrales que ponen la mayor parte del dinero de sus préstamos.
 
Como es lenguaje de tontos, hay que ponerse en ese lugar e imaginar que si las potencias prestan 25 o 30 mil millones de dólares a un país en crisis -pongamos Argentina- no le impondrán ninguna condición. En el mauribol hay que entenderlo así. Por eso los de Cambiemos, que ya van por el decimoquinto nivel de ese lenguaje tontón, dicen: "este es un FMI distinto", niños.
 
Ellos saben que no es así -por eso hablan mauribol-, porque lo que cambió del FMI es que ahora no quiere pagar los costos políticos de sus medidas y las impone en forma secreta. El Gobierno se hace cargo. Es la nueva condición.
 
Por eso Macri dijo, mauriboludeando, que "la gente quiere que le saquen la mochila de encima", dando a entender como mochila el presupuesto para políticas sociales, educativas o de salud, los subsidios a los servicios y bajar el alto costo salarial, entre otras cuestiones.
 
O sea, el que entiende mauribol, traduce que la gente quiere que la revienten, que ya está cansada de vivir así, quiere que le rebajen el salario, la jubilación y los maten con el precio de los alimentos y las tarifas. Hay que sacarle esa mochila de encima a la gente, dice Macri. Y algunos le creen. Por eso lo de mauribol, es una lengua ad hoc para un público especial.
 
Todos en Cambiemos hablan mauribol para un público mauriboleado. Por ejemplo, la disculpa del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne: "Nos cuesta bajar la inflación porque estamos haciendo muchas cosas a la vez".
 
En la primaria la profe te arrancaba la cabeza si ibas con esa excusa. Y lo dice un ministro al que la inflación -de la que es responsable- no lo perjudica porque tiene su fortuna millonaria en dólares y en el exterior.
 
En otro país, la vergüenza le impediría hablar de inflación con sus dólares afuera, pero aquí, como se habla mauribol, es lo natural.

19-05-2018 / 08:05
Fronteras adentro, el gobierno de Mauricio Macri se alista para una negociación aún más delicada que la que sostiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI): el Presidente pretende trasladar a las provincias una carga significativa del ajuste adicional al que se comprometerá a cambio del auxilio financiero.
 
La obsesión de Macri consiste en cerrar cuanto antes el objetivo de déficit fiscal primario para 2019. Ese será el número mágico que el Gobierno debe llevar a Washington para acordar con el FMI. La crisis cambiaria incendió la previsión anterior, del 2,2% del PBI. "Vamos a presentar una meta creíble. No nos pedirán déficit 0, pero tampoco será el 2,2%. Será seguro una cifra que empiece con 1", dijo una fuente de máxima confianza del Presidente.
 
Cada decimal representa millones de pesos de ahorro (un punto del PBI equivale a unos US$6000 millones). El "gran acuerdo nacional" del que habló esta semana el jefe de Gabinete, Marcos Peña, anticipa una etapa de fuertes tensiones políticas.
 
Detrás de la intención declarada de abrir una etapa de desarrollo real de la Argentina, subyace la urgencia de decidir cómo se reparte el recorte.
 
Macri estableció dos parámetros, según relatan fuentes de su entorno íntimo. Uno: la tijera no se aplicará sobre el presupuesto social (jubilaciones, AUH y otras partidas que se llevan el 75% de la masa total). Dos: llegó la hora de que las provincias -en su mayoría en manos del peronismo- reduzcan fuerte el gasto.
 
"La clave pasa por revisar responsabilidades -añaden en la Casa Rosada-. A los gobernadores les transferimos una masa fenomenal de recursos y ahora les toca asumir las funciones que van atadas".
 
Aluden a la devolución pactada en 2016 del 15% de la coparticipación de impuestos que la administración central retenía desde la estatización en 2008 de las jubilaciones privadas. Gracias a esos fondos, la mayoría de las provincias roza el equilibrio fiscal.
 
El Gobierno imagina recortes de partidas nacionales que financian planes de vivienda provinciales, obras públicas y regímenes jubilatorios especiales (como ya sugirió Macri). Le tocaría a cada gobernador determinar cómo cuadra sus números sin ese dinero.
 
Por su parte, los gobernadores peronistas cerraron filas este miércoles en Tucumán, donde definieron que se sentarán a negociar con Macri pero se pondrán firmes para que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no implique un ajuste en sus provincias. No quieren que repitan sus recetas en provincias en las que el empleo público forma parte de su "estructura".
 
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