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Nacionales - 13-05-2018 / 09:05
"NO HAY HECHOS QUE AYUDEN A LOS MENOS PROTEGIDOS"

La Iglesia cuestionó decisión del Gobierno de Macri de negociar con el FMI

La Iglesia cuestionó decisión del Gobierno de Macri de negociar con el FMI
El presidente de la Comisión de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Jorge Lugones, cuestionó el pedido de finanaciación al Fondo Monetario Internacional y aseguró que "no hay nada" de gradualismo en Macri.
Entre las voces que cuestionaron la polémica decisión del gobierno de Mauricio Macri de acudir al nefasto FMI por auxilio financiero, se sumó la Iglesia Católica. Lo hizo a través de la Comisión de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.
 
Monseñor Jorge Lugones, quien encabeza la comisión, aseguró que "sabemos a lo que aspira" el Fondo Monetario, y que "lo ha demostrado en nuestra historia, una triste historia de deuda externa argentina". Por lo tanto, señalo, "nosotros no vemos que sea una salida inteligente". "Cuando se cierran los caminos de este modo y sólo se apuesta a ese protagonismo financiero, entonces creemos que así no hay salida", agregó.
 
Lugones comparó el nuevo préstamo que se gestiona ante el FMI, con la situación que se puede atravesar en un hogar y dijo que "si en una casa no entran sueldos pero se hacen gastos innecesario la solución no es pedir un préstamos con altos intereses, porque así no se puede prosperar y salir adelante".
 
También criticó la política económica neoliberal del macrismo y las declaraciones de sus dirigentes: "Los funcionarios nos están hablando de la gradualidad, como que nos hubieran robado el término. Nosotros somos los que pedimos la gradualidad en el aumento de las tarifas, gradualidad en la inflación; de gradualidad acá no hay nada". Y remarcó: "Hay un sufrimiento de la gente drástico y un aumento de las cosas y de la inflación drásticos".
 
Por último, reclamó "un diálogo sincero y honesto sobre la realidad como propone el papa Francisco", en vez de promover "un discurso político en el mal sentido para que alguien se quede tranquilo con lo que se dice. No nos quedamos tranquilos con lo que se dice. Estamos muy, muy tristes y realmente preocupados porque estamos acompañando muchas comunidades que están sufriendo en este momento este flagelo de la inflación y, además, de la pobreza".
 
La Opinión Popular

 
El titular de la Pastoral Social de la Iglesia, Jorge Lugones, cercano al papa Francisco, cuestionó la decisión del Gobierno de establecer negociaciones con el FMI al considerar que "no es una salida inteligente", a la vez que advirtió sobre "un sufrimiento de la gente drástico".
 
"Si nosotros tuviéramos mayor índice de Producto Bruto Interno, mayor comercialización, menor inflación se podría ver la posibilidad de pedir préstamos tan importantes, nada más y nada menos que al FMI, que sabemos a lo que aspira; lo ha demostrado en nuestra historia, en una triste historia de deuda externa argentina", sostuvo el referente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA).
 
El monseñor advirtió que "hay un sufrimiento de la gente drástico y un aumento de la inflación drástico".
 
"Nosotros no vemos que ésta sea una salida inteligente", manifestó Lugones, quien realizó una comparación: "En una casa, cuando no entran sueldos y estamos gastando y haciendo gastos que necesitamos hacer, y encima pedimos un préstamos con alto interés, esa casa no va a prosperar de ningún modo porque de este modo no se puede salir adelante".
 
Asimismo, el purpurado criticó "el discurso de varios funcionarios" nacionales: "Nos están hablando de la gradualidad, es como que nos hubieran robado el término. Nosotros somos los que ponemos la gradualidad en el aumento de las tarifas, gradualidad en la inflación... de gradualidad acá no hay nada".
 
E insistió: "Lamentablemente vemos que hay un diálogo, que hay buenos modales, que hay buena conversación, pero no hay hechos realmente visibles que ayuden a los sectores menos protegidos".
 
"Entonces esto no es así como se presenta. Esto no es un diálogo realmente sincero. Acá tenemos que sincerar las cosas. No hacer un discurso político, en el mal sentido, para que alguien se quede tranquilo con lo que se dice. No nos quedamos tranquilos con lo que se dice", añadió el presidente de la Pastoral Social.
 
"Estamos muy, muy tristes y realmente preocupados porque estamos acompañando muchas comunidades que están sufriendo en este momento este flagelo de la inflación y de la pobreza. Vemos que hablan mucho de la pobreza, pero el trato que les estamos dando a los pobres, que son un cuarto de la población del país, no es favorable", remarcó.
 
Fuente: Hoy en la Noticia
 

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20-05-2018 / 11:05
No fue un descuido ni un fallido de Mauricio Macri cuando, recién asomando su candidatura, desestimó a la inflación cómo un problema, asegurando que era un asunto de solucionar, y su existencia era solamente la manifestación de "la incapacidad para gobernar".
 
Y es que entre sus economistas más cercanos, entre los que se destaca desde hace ya un tiempo Federico Sturzenegger, le sugerían que bastaba con manejar la cantidad de dinero en circulación para estabilizar los precios.
 
Ellos, el PRO, harían lo que nunca otros habían hecho: frenar la emisión monetaria. Si la solución era tan sencilla, la inflación no sería un problema, reflexionó el entonces candidato a presidente. Y así lo transmitió. A dos años y medio de gobierno de Cambiemos, la realidad económica le dio un mazazo en la frente a semejante simplificación.
 
El modelo económico impuesto a partir de diciembre de 2015 llevó a que la apertura comercial, la desregulación (descontrol) de los movimientos de capitales internacionales y las altas tasas de interés convirtieran la economía argentina en un pequeño casino para los grandes jugadores de las finanzas internacionales.
 
Y ubicara al país, por vía del endeudamiento externo y los múltiples déficit en las cuentas externas (balanza comercial, turismo, fuga de capitales, pagos de dividendos e intereses) en "uno de los países más vulnerables" ante las turbulencias financieras externas, como el propio Macri admitió al anunciar que iniciaba negociaciones con el FMI.
 
El modelo elegido para "la vuelta al mundo" que proclama el Gobierno de los Ricos también le impuso al país una muy elevada dependencia del dólar al momento de determinar sus precios internos.
 
Dolarizó tarifas, dolarizó el precio de los combustibles, eliminó retenciones (vinculando el precio de exportación al que debe pagar el mercado interno por los mismos productos), desreguló (perdió el control) sobre precios de insumos básicos y abrió el mercado interno a la importación de todo tipo de productos, permitiendo que desplazara a la producción interna.
 
Por lo dicho más arriba, el desequilibrio permanente en las cuentas externas genera tensión en el mercado cambiario y una tendencia constante al aumento del tipo de cambio. Por momentos, como el actual, en  forma abrupta. Por lo dicho en el párrafo anterior, eso está llamado a producir shocks inflacionarios periódicamente.
 
El gobierno de Cambiemos, con su fórmula simple para "gobiernos capaces", no logró resolver la inflación heredada. Pero creó otra mucho peor, por lo dañina en términos de desarrollo económico y costos sociales.
 
En el actual esquema económico, el dólar se cuela en los precios por todos los agujeros que deja la falta de controles. 

19-05-2018 / 17:05
19-05-2018 / 09:05
19-05-2018 / 09:05
Están el jeringozo, el esperanto y el mauribol. El primero ya se sabe que se arma con un juego de sílabas; el segundo con palabras de distintos idiomas y el último lleva la primera fracción de su nombre en homenaje a su principal promotor y el "bol" del final es porque, al hablar ese idioma, se trata de hacerse el tonto. Como los chicos.
 
Por ejemplo cuando se dice: "este es otro FMI". Todos saben que nunca hubo otro, más que el tristemente famoso representante de las economías centrales que ponen la mayor parte del dinero de sus préstamos.
 
Como es lenguaje de tontos, hay que ponerse en ese lugar e imaginar que si las potencias prestan 25 o 30 mil millones de dólares a un país en crisis -pongamos Argentina- no le impondrán ninguna condición. En el mauribol hay que entenderlo así. Por eso los de Cambiemos, que ya van por el decimoquinto nivel de ese lenguaje tontón, dicen: "este es un FMI distinto", niños.
 
Ellos saben que no es así -por eso hablan mauribol-, porque lo que cambió del FMI es que ahora no quiere pagar los costos políticos de sus medidas y las impone en forma secreta. El Gobierno se hace cargo. Es la nueva condición.
 
Por eso Macri dijo, mauriboludeando, que "la gente quiere que le saquen la mochila de encima", dando a entender como mochila el presupuesto para políticas sociales, educativas o de salud, los subsidios a los servicios y bajar el alto costo salarial, entre otras cuestiones.
 
O sea, el que entiende mauribol, traduce que la gente quiere que la revienten, que ya está cansada de vivir así, quiere que le rebajen el salario, la jubilación y los maten con el precio de los alimentos y las tarifas. Hay que sacarle esa mochila de encima a la gente, dice Macri. Y algunos le creen. Por eso lo de mauribol, es una lengua ad hoc para un público especial.
 
Todos en Cambiemos hablan mauribol para un público mauriboleado. Por ejemplo, la disculpa del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne: "Nos cuesta bajar la inflación porque estamos haciendo muchas cosas a la vez".
 
En la primaria la profe te arrancaba la cabeza si ibas con esa excusa. Y lo dice un ministro al que la inflación -de la que es responsable- no lo perjudica porque tiene su fortuna millonaria en dólares y en el exterior.
 
En otro país, la vergüenza le impediría hablar de inflación con sus dólares afuera, pero aquí, como se habla mauribol, es lo natural.

19-05-2018 / 08:05
Fronteras adentro, el gobierno de Mauricio Macri se alista para una negociación aún más delicada que la que sostiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI): el Presidente pretende trasladar a las provincias una carga significativa del ajuste adicional al que se comprometerá a cambio del auxilio financiero.
 
La obsesión de Macri consiste en cerrar cuanto antes el objetivo de déficit fiscal primario para 2019. Ese será el número mágico que el Gobierno debe llevar a Washington para acordar con el FMI. La crisis cambiaria incendió la previsión anterior, del 2,2% del PBI. "Vamos a presentar una meta creíble. No nos pedirán déficit 0, pero tampoco será el 2,2%. Será seguro una cifra que empiece con 1", dijo una fuente de máxima confianza del Presidente.
 
Cada decimal representa millones de pesos de ahorro (un punto del PBI equivale a unos US$6000 millones). El "gran acuerdo nacional" del que habló esta semana el jefe de Gabinete, Marcos Peña, anticipa una etapa de fuertes tensiones políticas.
 
Detrás de la intención declarada de abrir una etapa de desarrollo real de la Argentina, subyace la urgencia de decidir cómo se reparte el recorte.
 
Macri estableció dos parámetros, según relatan fuentes de su entorno íntimo. Uno: la tijera no se aplicará sobre el presupuesto social (jubilaciones, AUH y otras partidas que se llevan el 75% de la masa total). Dos: llegó la hora de que las provincias -en su mayoría en manos del peronismo- reduzcan fuerte el gasto.
 
"La clave pasa por revisar responsabilidades -añaden en la Casa Rosada-. A los gobernadores les transferimos una masa fenomenal de recursos y ahora les toca asumir las funciones que van atadas".
 
Aluden a la devolución pactada en 2016 del 15% de la coparticipación de impuestos que la administración central retenía desde la estatización en 2008 de las jubilaciones privadas. Gracias a esos fondos, la mayoría de las provincias roza el equilibrio fiscal.
 
El Gobierno imagina recortes de partidas nacionales que financian planes de vivienda provinciales, obras públicas y regímenes jubilatorios especiales (como ya sugirió Macri). Le tocaría a cada gobernador determinar cómo cuadra sus números sin ese dinero.
 
Por su parte, los gobernadores peronistas cerraron filas este miércoles en Tucumán, donde definieron que se sentarán a negociar con Macri pero se pondrán firmes para que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no implique un ajuste en sus provincias. No quieren que repitan sus recetas en provincias en las que el empleo público forma parte de su "estructura".
 
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