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Nacionales - 13-05-2018 / 08:05

¿Se dará cuenta Maccri lo que está haciendo en estos días?

¿Se dará cuenta Maccri lo que está haciendo en estos días?
TODO PUEDE DESCONTROLARSE. La devaluación generará un suba de precios, eso se trasladará hacia las tarifas que se calculan en dólares y, tal vez esa escalada de dólar, tarifas y precios, se salga de cauce. Lo que está claro es que, sea cual fuere la índole de la cuestión, Macri no la pudo resolver en estos dos años, y no se entiende lo que está haciendo en estos días. ¿Se dará cuenta él?
Un ejercicio interesante para hacer estos días consiste en repasar los informes que los economistas de bancos y fondos de inversión difundían hace cuatro meses y compararlos con los que circulan ahora, firmados por las mismas personas. Parecen escritos por esquizofrénicos.
 
Hace pocos meses, sostenían enfáticamente que la Argentina era un buen lugar para invertir, que Mauricio Macri era el nuevo líder del mundo emergente y que, si bien existían problemas menores, el Gobierno tenía tiempo para resolverlos.
 
Ahora, como lo dijo la revista Forbes en un artículo que alimentó decididamente la corrida, "parece ser tiempo de huir de la Argentina". Nada cambió demasiado en la economía del país entre unos informes y los otros. Si la Argentina es un desastre que no merecía confianza, lo era hace cuatro meses. Si, con los mismos indicadores, la Argentina es un paraíso para la inversión financiera lo debería seguir siendo. ¿Por qué, entonces, cambiaron así?
 
Ese comportamiento está muy estudiado y ha causado catástrofes en el mundo aun más graves que lo que ocurre hoy en la Argentina, lo que es mucho decir.
 
El mundo financiero instala cada tanto una idea artificial: determinado bien, o acción, o país se pone de moda. Invierten allí en masa, recomiendan a otros hacer lo mismo y eso genera ganancias que no tienen nada que ver con la realidad material: da ganancia aquello que ellos dicen que da ganancia.
 
Prestarle a la Argentina porque ganó Macri, por ejemplo. Un día, por una razón menor que no lo justifica, alguien grita que el rey está desnudo. Y así como todos llegaron en masa, en masa se van. En el medio, queda un tendal de víctimas. En este caso, ese páramo, se llama Argentina.
 
En este circuito, claro, hay una responsabilidad que es externa al mundillo financiero. Mauricio Macri, probablemente sea el presidente que mejor conozca ese ambiente, al menos, desde la llegada de la democracia y, probablemente, en toda la historia argentina.
 
Nunca antes un gobierno incorporó tantas personas destacadas del mundo del dinero. En YPF, por ejemplo, reinan los financistas y faltan petroleros. En la jefatura de Gabinete está lleno de genios de las finanzas que decidieron repatriarse como un generoso aporte al país.
 
Casi no hay nadie en el gobierno que desconozca dónde ir para armar una offshore. ¿De dónde provienen "Nico", "Toto" y Alfonso, los tres protagonistas de este drama? Y, sin embargo, cada uno en su medida y armoniosamente, celebraron el proceso por el cual la Argentina decidía convertirse en el principal tomador de deuda del mundo en 2016 y 2017. No era un problema serio: al contrario, era la demostración de la confianza que generaban ellos mismos. Debe ser lindo sentirse así.

 Â¿Se dará cuenta Maccri lo que está haciendo en estos días?

En el mundo capitalista se discute mucho, desde las grandes crisis financieras de los años noventa, cómo deben controlar los países el flujo de dinero.
 
En el año 2004, la prestigiosa revista británica The Economist fue muy categórica. "Por más incoherente que parezca, los economistas liberales deberíamos reconocer que los controles de capitales -restringidos, en ciertos casos y solo de determinada manera- tienen un rol. ¿Por qué el comercio de capital es diferente del comercio de bienes? Por dos razones fundamentales. Primero, los mercados de capitales son propensos al error, mientras que los de bienes no lo son. Segundo, el castigo por grandes errores financieros puede ser draconiano y hiere a gente inocente".
 
No es una posición aislada, ni extrema, ni kirchnerista, ni populista. Es, cómo decirlo, sentido común.
 
Sin embargo, Mauricio Macri ignoró esos reparos. Era tanta su magia, tanto el atractivo que su estrella provocaba, tanto su halo, que no había nada que temer. "Tenías que ver lo que pasa con Mauricio en Davos. Es la estrella", celebraban altos funcionarios.
 
Si llega al poder un hombre del mundo del dinero, ¿no sería apoyado por los suyos, los que crecieron con él, los que hablan su lenguaje? Macri es un hombre inteligente: por eso es realmente extraño que los pilares de su estrategia se apoyaron en esos gestos.
 
Cristina Kirchner pensaba que había una conspiración en su contra. Macri imaginó, finalmente, lo mismo y que la conspiración terminaría cuando él llegara a la Casa Rosada.
 
Esa liviandad no se redujo a la relación con los capitales financieros. La cantidad de episodios de mala praxis que construyeron el camino a la crisis es infinita.
 
Macri, por ejemplo, anunció que liberaría el cepo al día siguiente de la asunción. Eso generó un gran debate donde muchos economistas advirtieron sobre los efectos inflacionarios de la medida.
 
No sucedería, dijo el Presidente, porque los precios ya estaban alineados con el dólar blue. La inflación el primer año sería de 25. Fue de 40. En 2017 sería de 17. Fue de 25. En 2018 sería de 10. No. Sería de 15. ¿Será de 25? ¿De 30? ¿De cuánto?
 
El petróleo iba a bajar luego de la desregulación del precio de las naftas. Subió un 35 por ciento. La relación deuda PBI es muy baja y eso es lo que miran los inversores, decían. No importa que crezca a velocidad crucero. El nivel récord del déficit de la balanza de pagos no es relevante: muchos países conviven con eso. Parece el festival del blooper.
 
Así las cosas, todo queda patas para arriba. Por ejemplo, se le pagaron miles de millones a los fondos buitres para conseguir financiamiento. Ahora el financiamiento no está más. ¿Tuvo sentido hacerlo así?
 
A la devaluación se le agregó un bruto descenso de las retenciones para que el sector agropecuario aumentara la exportación y aportara al país las divisas que le hacían falta. Eso generó un alto costo fiscal que no tuvo la compensación esperada: otra vez, como en los años del kirchnerismo, se espera una liquidación que no llega, o que tarda en llegar.
 
El "campo" para liquidar ganancias se parece al famoso general Alais. "Liquiden la soja, vacíen los silos, nosotros estuvimos con ustedes en la 125″, rogó Elisa Carrió esta semana. En inflación, déficit fiscal, déficit de cuenta corriente, el país está igual o peor que en el 2015. Se pueden discutir en los márgenes algunas de estas afirmaciones: solo en los márgenes.
 
Y uno de los problemas más inquietantes de todo esto es que no hay fusibles. En otros momentos, Carlos Menem podía cambiar a Antonio Erman González por Domingo Cavallo, Raúl Alfonsín a Bernardo Grinspun por Juan Sourrouille, o Nestor Kirchner a Felisa Micelli por Martín Lousteau.
 
¿A quién debería echarle la culpa Macri de todo lo que ocurrió? ¿Quién es el que no supo coordinar las crecientes desavenencias entre la Jefatura de Gabinete y la presidencia del Banco Central? Todo era sencillo, todo era liviano: un enfoque raro en un país donde los adultos hemos sobrevivido a cinco crisis terminales y donde los presidentes se dividen entre los que terminan mal y los que terminan muy mal. Si era tan sencillo, ¿por qué esta genialidad no se le ocurrió a otro?
 
El problema es que estos antecedentes se vuelven a expresar en el manejo de la crisis, cuando esta aparece.
 
En estos días, muchas personas discuten en los medios si correspondía contener el dólar con 1.500 millones de dólares en el primer día, si no fue apresurada la decisión de ir al Fondo Monetario, si la comunicación del Gobierno es acertada, si Elisa Carrió no debería callar en lugar de echar leña al fuego en cada aparición, si tiene lógica esa sucesión de intervenciones donde un día se vende dólar futuro y otro no, se levanta la tasa, se va al Fondo, se venden reservas, no se venden reservas, mientras el dólar responde de igual modo a todos los estímulos: sube, sube y sube.
 
Aun con las preocupaciones que revelan estas preguntas, hay una que engloba y supera a todas ellas. ¿Qué está pasando en estos días en la Argentina? La versión optimista, por llamarla de alguna manera, es que el país está viviendo una violenta devaluación de su moneda.
 
Es una dinámica impuesta por una súbita y masiva salida de capitales: no fue programada por las autoridades. Pero, al fin y al cabo, sería un proceso similar al de 2014 o 2016: un ajuste por vía del tipo de cambio. Todo el mundo será un poco más pobre a cambio de que el país mejore sus números.
 
La versión pesimista es que todo puede descontrolarse. Si no se procede bien, la devaluación generará un suba de precios, eso se trasladará hacia las tarifas que se calculan en dólares y, tal vez, si no se actúa con precisión, esa escalada de dólar, tarifas y precios, se salga de cauce.
 
¿Evalúa el Gobierno esos riesgos cuando deja subir el dólar? ¿Es esto un plan calculado o se está actuando con los criterios de estos últimos dos años?
 
Un simpático, fresco y sonriente Francisco Cabrera, explicó el viernes, mientras el dólar batía récords, que el Gobierno no es partidario de los controles de precios porque han fracasado "en los últimos cuatro mil años". ¿Será demasiado ofensivo preguntarle cómo le está yendo al país con el descontrol de precios o en qué otro lugar o momento tuvo éxito esa estrategia?
 
Macri tiene, una coartada frente a todo lo que pasa. La crisis podrá ser controlada, o no. Pero, en todo caso, no será la primera. Si en los últimos cincuenta años, ningún presidente pudo liderar un proceso de crecimiento moderado pero continuo, si hemos caído en crisis cíclicas una y otra vez con militares, civiles, neoliberales, estatistas, "Chicago boys", keynessianos, probablemente el problema lo exceda a él.
 
Algunas personas creían en un tiempo que los problemas del país se llamaban Menem y Cavallo. Bastó con reemplazarlos para percibir que no se limitaba a ellos. Otros creyeron que solo era cuestión de correr a Cristina Kirchner. No alcanzó. Ahora, hay quienes sostienen que el problema se acaba con Mauricio Macri. No será así. Es algo que trasciende a cada uno de ellos.
 
Lo que está claro es que, sea cual fuere la índole de la cuestión, Macri no la pudo resolver en estos dos años, y no se entiende lo que está haciendo en estos días.
 
¿Se dará cuenta él?
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente. Infobae
 

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23-03-2019 / 09:03
Una actividad cerrada y de gestión volvió a traerle complicaciones a Mauricio Macri. El Presidente terminó ofuscado con un obrero que hizo el gesto de la "V" peronista mientras se fotografiaba en el Paseo del Bajo.
 
El enojo y posterior reto ocurrieron ayer, pero la escena se viralizó hoy y muestra una faceta de Macri desconocida para el público.
 
Al percatarse del gesto del obrero, un Macri visiblemente enojado le ordena que se aparte y salga de la foto. Mientras, Horacio Rodríguez Larreta observa la escena junto a María Eugenia Vidal.
 
Si bien la imagen circula sin audio, parece una verdadera pesadilla para los asesores del PRO que durante años se esforzaron por cambiar la imagen del Macri frío y distante. "Faltó una sonrisa", se resignó uno de sus más fieles laderos que vivió la transformación que le permitió llegar a la Presidencia.
 
"Lo que pasa que antes no te podías acercar a un Presidente y ahora cualquiera le falta el respeto", analizó un dirigente macrista que pidió mantener su nombre en reserva.
 
Un mes atrás el mandatario fue escrachado por otro obrero que lo abordó en medio de un acto oficial del plan Procrear en el sur de la Ciudad y le reclamó que hiciera "algo".
 
"Soy un laburante, vivo día a día, todos los días a las 5 de la mañana me levanto", sorprendió el obrero a Macri, que intentaba meter un bocado. "Perdón que se lo tengo que decir, con respeto, no me importa el Gobierno pasado, ahora es el problema", advirtió el trabajador.
 
"Tratemos de hacer rápido las cosas, se lo pido por favor presidente, estamos peor", aseveró el obrero. Macri intentó darle un final al episodio al buscar un abrazo de compromiso con el trabajador de la Uocra. "Hagan algo, la concha de mi hermana", fue el último comentario que deslizó el trabajador.
 
La Opinión Popular

23-03-2019 / 09:03
El espía Marcelo D'Alessio puso por primera vez al macrismo a la defensiva desde que asumió el gobierno. Hostigado por la crisis, la alianza Cambiemos contraatacó siempre con alguna denuncia amplificada por la corporación mediática.
 
Esta vez, al tiempo que la crisis es devastadora, la denuncia surgió con una potencia inusitada desde la oposición y logró romper el blindaje mediático para impactar de lleno en el ámbito judicial. El gobierno aparece inerme ante la espiral ascendente de una crisis que no puede controlar y el frente judicial se le desmorona.
 
En medios políticos ya se habla de que Mauricio Macri no está para ninguna reelección en este contexto. Y se espera que la movilización del 24 sea de una gran masividad por el clima de fuerte malestar. "Por la Patria que soñamos, contra la miseria planificada", es la consigna.
 
Con el dólar que sube, las tasas de interés más altas del planeta y una inflación que está entre las primeras de todo el mundo, el gobierno ya no puede recurrir a su bazooka judicial para distraer la atención porque tiene en aprietos a uno de sus principales alfiles, el fiscal macrista Carlos Stornelli.
 
La reacción frente a la investigación del juez Alejo Ramos Padilla y la detención de D'Alessio fue casi instintiva o impulsada por el pánico. Cambiemos no la derivó hacia ninguno de sus operadores subterráneos.
 
El disparo salió directamente de la Casa Rosada. Y hubo otras defensas también a la desesperada, mientras el jueves se producían grandes movilizaciones espontáneas en Buenos Aires, Dolores y Mar del Plata, pero en defensa del juez.
 
Si la Magistratura o la Corte aceptaban ese acto intervencionista casi brutal de Macri hubieran quedado en evidencia. No solamente como agentes de un poder que tendría que ser independiente, sino que también hubiera dado todo el aspecto de reacción corporativa en defensa del fiscal. El Ejecutivo trató de atacar desde la Magistratura y la Corte a un juez que está investigando al poder político. Ese desmanejo tuvo fuerte repercusión en el exterior.
 
No fue solamente el gobierno el que se salió de caja. La reacción de Elisa Carrió está entre las más desquiciadas de su curriculum. Y hasta la misma diputada Graciela Camaño -del ala del massismo que resiste cualquier contacto con el PJ y los K- atinó a salir en defensa del fiscal Carlos Stornelli, cuyo proceso puede embarrar a gran parte del mundo político que se benefició de las andanzas de D'Alessio con el fiscal.
 
El rechazo de la Cámara de Mar del Plata a la recusación del juez, planteada por Stornelli y la respuesta afirmativa de la Corte al pedido del juez de respaldo material, más el probable fracaso del pedido de juicio político en la Magistratura, dan cuenta de que el ámbito judicial optó por un camino más complejo que el propuesto por el macrismo.
 
Entre la crisis económica y este escándalo de espionaje ilegal para alimentar causas judiciales, el lawfare o guerra jurídica, una práctica muy usada por el macrismo para reemplazar a la política, perdió credibilidad.

22-03-2019 / 12:03
El rebrote inflacionario, la ola de despidos y la nueva corrida al dólar le llegaron al Gobierno de Mauricio Macri en el peor momento político posible, con su imagen pública en picada y la pólvora de la corrupción K mojada por el creciente escándalo del espía Marcelo Dalessio.
 
Desesperado por huir hacia adelante, el Presidente apeló esta semana al viejo truco de mostrar autoridad con un puñetazo a la mesa. Pero el efecto fue, como suele pasar cuando se sobreactúa, el contrario: el establishment lo mira perplejo, Wall Street espera sin jugar una sola ficha, la Corte Suprema lo ignora, sus aliados toman distancia, la CGT se despereza y el peronismo sonríe, al fin, ante la perspectiva ahora menos remota de que el ballotage termine enfrentando a dos opositores.
 
La metáfora desafortunada de la semana corrió por cuenta del presidente del Banco Nación, Javier González Fraga, a quien secundará por lo que le quede de mandato el fallido exvice de Federico Sturzenegger en el Central, Lucas Llach. "¿Qué prefieren, estar en un auto a más de 100 kilómetros por hora que va hacia la pared o haber chocado ya con la pared y no tener más que un par de huesos rotos?", preguntó González Fraga a un auditorio de financistas, quienes por las dudas no arriesgaron respuesta.
 
Muerte o dunga-dunga. Casi tan alentador como el "estamos bailando en la cubierta del Titanic" que soltó Dante Sica ante bodegueros.
 
En el campo rumian su malestar por el regreso de las retenciones y la suba de costos, dos coletazos de la devaluación de fines de septiembre. Hasta reaparecieron juntos los referentes de la vieja Mesa de Enlace de 2008, aunque esta vez para castigar a Macri. Fue un lamento muy sintomático del momento que se vive en el empresariado.
 
Conmovidos o irónicos, los integrantes del Comité Ejecutivo de la UIA se cansaron de reenviar por whatsapp el video del reencuentro ruralista. "Parecen industriales", comentó con sorna uno de los tres que envió el recorte a BAE Negocios. ¿Y el Grupo de los Siete, donde hasta hace un año compartían amables almuerzos? Bien, gracias.
 
A los industriales, anteayer, Sica los reprendió por primera vez en un tono similar al que usaba su antecesor que los trató de "llorones", Francisco Cabrera. Sica se enojó porque un rotario cuchicheó que su discurso era "puro piripipí" y acusó entonces al empresariado de asociarse con los sindicatos para después pedirle prebendas al Estado. "Ya nos ponen en la misma bolsa a todos. Están en la fase yo contra el mundo", comentó un dueño de fábrica presente en el salón.
 
Más allá de las intenciones, gobernar bajo emoción violenta empieza a granjearle enemigos al macrismo.

22-03-2019 / 08:03
La funesta política económica neoliberal de Mauricio Macri, dirigida por el FMI, aumentó la desocupación urbana que alcanzó en el último trimestre de 2018 al 9,1 por ciento de la población económicamente activa, lo cual representa un aumento de casi dos puntos con respecto al 7,2 por ciento registrado por el Indec en el mismo período del año anterior.
 
Esto significa que 1.752.000 personas se encuentran desempleadas y en busca de trabajo, de un total de casi 13 millones que representan la población activa en núcleos urbanos de todo el país. El aumento de la tasa de desempleo representaría que, a lo largo de 2018, se sumaron unos 260 mil personas al ejército de desocupados.  Si se proyecta al total de la población laboral, la cantidad de desempleados nuevos sería del orden de los 400 mil sobre un total de 1 millón 750 mil.
 
La proporción de ocupados demandantes de empleo llegó en el cuarto trimestre de 2018 al 17,3 por ciento, lo cual representa un salto importante con respecto a un año atrás, cuando medía 14,7 por ciento. Esta cifra refleja los subocupados que buscan otro empleo sin conseguirlo, o bien ocupados plenos en busca de sumar otro trabajo o reemplazar el que tienen, presumiblemente por insuficiencia de ingresos.  
 
En el período informado por el Indec, también aumentó la tasa de subocupados con respecto a la de un año atrás. La proporción de trabajadores que, si bien tienen empleo, no llegan a cubrir una jornada completa, representa el 12 por ciento de la población activa, cuando a fines de 2017 representaba el 10,2 por ciento.
 
De acuerdo a las cifras del Indec, los subocupados sumaban un millón 557 mil personas a fines de 2018, unos 260 mil más que en el cuarto trimestre del año anterior. Por sexo y edad, la franja de población con mayores problemas de desempleo son los jóvenes de hasta 29 años. Entre las mujeres, el desempleo llega al 21,4 por ciento. Entre los varones, la tasa es del 15,4 por ciento.
 
En el primer caso, el aumento en relación al año anterior es de 2,6 puntos (era de 18,8 por ciento a fines de 2017). El desempleo joven de los varones creció en un año cuatro puntos, a partir del 11,4 por ciento en la medición del último cuarto de 2017.
 
De los 31 aglomerados urbanos, en cinco la desocupación alcanzó a los dos dígitos (es decir, que superó el 10 por ciento). Ellos son: Gran Rosario (12,8 por ciento), Mar del Plata (12,8), partidos del conurbano bonaerense (11,4), San Nicolás-Villa Constitución (11,3) y Santa Rosa-Toay (10,1). Mar del Plata es, además, el aglomerado urbano con mayor subocupación: 17,5 por ciento. En 2019 el mercado de trabajo no se recuperará y el desempleo volverá a subir.
 
La Opinión Popular

21-03-2019 / 12:03
Jaime Durán Barba, consultor de imagen y asesor político ecuatoriano de Mauricio Macri, en noviembre de 2013 declaró que "¡Hitler era un tipo espectacular! ¡Era muy importante en el mundo!". Descontamos que esa admiración no es por las atrocidades cometidas por la dictadura nazi, el antisemitismo que llevó al holocausto o el culto a la violencia que provocó la Segunda Guerra Mundial, sino por sus aporte a la propaganda.

Es así que el esquema macrista funciona gracias al doble principio que enuncia la propaganda nazi: a) la gente cree más rápido una gran mentira que una pequeña, b) una mentira repetida insistentemente acaba siendo creída.

Durán Barba le hizo decir a Macri, entre otras promesas de campaña: "Yo no he hablado nunca de ajustar", "El dólar no va a estar a más de 15 pesos", "Creemos que hay que desarrollar la economía", "Nuestra prioridad es la Pobreza Cero", "Vamos a crear dos millones de puestos de trabajo", "Ningún trabajador pagará impuesto a las ganancias" y "Vamos a dar un millón de créditos a 30 años".
 
Todas mentiras que en ningún momento pensaron cumplir y que siguen repitiendo hasta el cansancio y hasta que ellos mismos, ingenuamente, acaban creyendo.
 
La falsedad macrista no es algo que requiera más pruebas de las que están a la vista, sólo que hay muchos que las pasan por alto, sea por fanatismo ideológico, por interés de clase o por cooptación. En relación con el engaño, por ejemplo, se expone el brutal endeudamiento como un supuesto logro: "El mundo confía en nosotros". Un favor a los actuales funcionarios, pero en desmedro de los futuros gobiernos y de las generaciones venideras.
 
Una de las últimas muletillas del gobierno macrista es repetir y repetir "nosotros siempre decimos la verdad". Después de haber mentido en casi todo durante la campaña y convencido a más de un incauto con que no perderían nada de lo que tenían, asumen que está todo mal. Y encima hay que agradecerles la "valentía" de decirlo.

La habilidad dialéctica de argumentar lo imposible es apreciada por el macrismo. Durán Barba utilizó las técnicas de manipulación goebbeliana a todo nivel en la estrategia comunicacional de Cambiemos y toda su parafernalia mediática y orquestada, que evita el razonamiento o la prueba y convoca a la reacción emotiva, fanática o prejuiciosa.
 
Por Blas García


Columnista, Ingeniero, ex diputado en Córdoba, ex funcionario en Santiago del Estero y Entre Ríos.

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